Saber quienes somos, conocer nuestra Historia, entender nuestra época…

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Gonzalo Rodríguez

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Enseñanzas de la Tierra Media: Hay que ser como Gandalf…

en Espiritualidad por
Enseñanzas de la Tierra Media

“¿Quieres conocer la historia/ por mucho tiempo secreta de los Cinco que vinieron/ desde un remoto país?

Sólo uno regresó. /Los otros nunca de nuevo bajo el dominio del Hombre/ andarán la Tierra Media hasta que sobrevengan Dagor Dagorath/ y el Día del Juicio Final”

J.R.R. Tolkien.

La Tierra Media y su historia, está llena de enseñanzas espirituales, que son verdadero alimento para el alma. Más aún en estos tiempos en los que parecerá que “Sauron”, ha conseguido oscurecer el Mundo y la necesidad de orientación y buen consejo, se hace perentoria…

Destacará aquí la figura de Gandalf y la misteriosa “Orden de los Magos” a la que pertenece. La historia de la misma y el valor de su figura, así como la de sus pares Radagast y Saruman, será en este sentido interesantísima. Pues parecerá que con ese lenguaje tan evocador del mito y la leyenda, se nos estarán trasladando verdades fundamentales del Espíritu. Verdades sobre qué somos y qué debemos hacer, así como cual es la verdadera lucha en la que debemos comprometer nuestras vidas…

Los textos originales están extraídos de la edición de los “Cuentos Inconclusos” de Minotauro 2016. Adaptados y seleccionados por nosotros.

*

La Orden de lo Magos:

Enseñanzas de la Tierra Media

Mago [Wizard] es una traducción de la palabra quenya “Istari”: uno de los miembros de una «orden» (como ellos la llamaban) que pretendía poseer —y exhibía— un amplio conocimiento de la historia y la naturaleza del Mundo. La traducción, aunque adecuada en cuanto se relaciona con «sabio» [wise], no es quizá feliz, pues la “Heren Istarion” u «Orden de los Magos», era algo muy distinto de los «magos» de las leyendas posteriores. En todo caso pertenecieron exclusivamente a la Tercera Edad y luego partieron, y nadie, salvo quizá Elrond, Círdan y Galadriel, descubrieron su especie o de dónde venían…

(pág: 485)

La Orden de los Magos es una pieza fundamental del universo de la Tierra Media. No son hombres, tampoco elfos y claro está nada tienen que ver ni con los orcos ni con los simpáticos hobbits. Y sin embargo, no se puede entender el desarrollo de los acontecimientos de la Guerra del Anillo sin ellos y tres de sus miembros: Gandalf, Saruman y Radagast.

Como bien señala el fragmento seleccionado, ellos encarnarán el arquetipo del Sabio, entendido éste en su sentido más ancestral y en cierta medida pagano; es decir, esa sabiduría que va unida a la magia, la guarda de la Tradición y el conocimiento profundo y metafísico de las cosas, y que tan bién describe el término inglés Wizard.


Entre los Hombres, los que tuvieron trato con ellos, se creyó (en un principio) que eran Hombres que habían aprendido las ciencias y las artes mediante un prolongado estudio secreto. Aparecieron por primera vez en la Tierra Media aproximadamente en el año 1000 de la Tercera Edad, pero durante largo tiempo vivieron de manera sencilla como si fueran Hombres ya avanzados en años, pero de cuerpo sano, viajeros y trotamundos que adquirían conocimiento de la Tierra Media y de todo lo que allí vivía, pero que a nadie revelaban sus poderes y sus propósitos. En ese tiempo los Hombres los veían rara vez y les hacían poco caso. Pero cuando la sombra de Sauron empezó a crecer y a cobrar forma otra vez, se volvieron más activos e intentaron de continuo entorpecer el crecimiento de la Sombra y lograr que Elfos y hombres se precavieran del peligro (…) y los Hombres advirtieron que no morían y que no cambiaban (aunque envejecían un tanto su apariencia), mientras que los padres y los hijos de los Hombres morían todos. Los Hombres, por tanto, los temieron, aun cuando los amaran (…)

(pág: 486)

Llegaron en el año 1000 de la Tercera Edad, en tiempos en los que Melkor (“padre de todos los males”) ya había sido derrotado y Númenor, había sido tragada por las olas del mar tras dejarse corromper por Sauron, el discípulo de Melkor.

En principio pasan casi desapercibidos y simplemente parecen hombres estudiosos y trotamundos, de edad avanzada pero buena salud, que recorren la Tierra Media aprendiendo de ellas y de sus gentes. Sin embargo, una vez Sauron vuelva a dar señales de vida, los “magos” comenzarán hacerse notar de verdad, tratando de impedir el ascenso de Sauron y prevenir y unir a Hombres y Elfos frente al peligro que se cernía sobre la Tierra Media. También será en ese momento cuando su evidente longevidad y vitalidad, como más allá de la vejez y la muerte, terminará por rebelar su naturaleza extraordinaria a los Hombres y éstos efectivamente, comenzarán no solo a respetarlos y quererlos, si también a temerlos…

Enviados de los Dioses:

Venían de ultramar desde el Más Extremo Oeste; aunque durante mucho tiempo esto lo supo solamente Círdan, el Guardián del Tercer Anillo, el amo de los Puertos Grises, que fue testigo del desembarco de los Istari en las costas occidentales. Eran emisarios de los Señores del Oeste, los Valar, que todavía se reunían para el gobierno de la Tierra Media, y cuando la Sombra de Sauron empezó a agitarse otra vez, adoptaron medidas para oponerle resistencia. Con el consentimiento de Eru enviaron a miembros de su elevada orden, pero investidos en el cuerpo de Hombres, reales y no fingidos, sujetos a los temores y los dolores y las fatigas de la tierra, vulnerables al hambre, la sed y la muerte; aunque a causa de sus nobles espíritus no morían, y sólo envejecían por los cuidados y los trabajos de los largos años. Y esto hicieron los Valar en el deseo de poner remedio a los errores de antaño (…) (y) sus emisarios tenían prohibido mostrarse con una forma majestuosa, o tratar de gobernar la voluntad de los Hombres y de los Elfos por despliegues manifiestos de poder, y se les ordenó que, asumiendo una forma débil y humilde, orientaran hacia el bien con consejo y persuasión a los Hombres y a los Elfos, e intentaran unir en amor y comprensión a todos aquellos a los que Sauron, si volvía, trataría de dominar y corromper.

(pág: 489)

¿Quiénes eran entonces los Magos?

El fragmento que acabamos de recoger responderá con claridad a esta cuestión: los Magos son “enviados de los Dioses”…

En el mundo de Tolkien existirá una divinidad primera y suprema, origen y padre de todas las cosas, a la que se llamará Eru (“el Único”). Existiendo a su vez unas divinidades segundas, “hijas” de Eru, que serán los Valar, cuya sede en Valinor, al otro lado del mar Occidental, será el “Reino Bendecido o Reino de los Dioses”. Al servicio de los Valar estarán los Maiar, siendo éstos entidades espirituales por decirlo así de naturaleza “angélica”, que sirviendo a los Valar, tienen encomendada la labor de ayudar a “crear y cuidar” la Tierra Media.

Tanto los Valar como los Maiar serán conocidos como los Ainur, que en quenya significa “los sagrados”. Y por encima de ellos siempre estará Eru, el dios supremo más allá de todas las cosas.

Sin embargo, el Valar más poderoso, Melkor, se corromperá… Querrá la Tierra Media sólo para sí y arrastrará en su ambición a otros Ainur como el Maiar Sauron. Provocando entonces que la Tierra Media se convierta en campo de batalla entre la Luz y las Tinieblas…

En este marco de la Tierra Media como lugar de lucha contra las potencias de la corrupción y el mal, los “Dioses” (los Valar) enviaran la ayuda de “los Magos”. Siendo éstos Maiar “encarnados” y como tales, seres que aún manteniendo su “esencia espiritual”, son seres sometidos a las fatigas y tentaciones del mundo material. Se nos dice literalmente: “sujetos a los temores y los dolores y las fatigas de la tierra, vulnerables al hambre, la sed y la muerte”.

Del mismo modo se debe destacar, cómo en la misión que tienen encomendada, la lucha contra Sauron, se debe llevar a cabo dejando intacto el libre albedrio de las gentes y pueblos de la Tierra Media. Orientando con “consejo y persuasión a los Hombres y los Elfos. Y uniendo en amor y comprensión a todos aquellos a los que Sauron trataría de dominar y corromper”. No deben así imponerse sino convencer. No deben “gobernar la voluntad de los Hombres y de los Elfos por despliegues manifiestos de poder”, sino que deben hacer ver cuál es el verdadero Bien…

En El Señor de los Anillos, en el apéndice B, en “La cuenta de los Años” de la Tercera Edad, se nos dice:

“Cuando quizá mil años hubieron transcurrido y la primera sombra hubo caído sobre el Gran Bosque Verde, los Istari o Magos aparecieron en la Tierra Media. Se dijo después que venían del Lejano Oeste y que eran mensajeros enviados para contrarrestar el poder de Sauron y unir a todos los que tenían la voluntad de oponerle resistencia; pero les estaba prohibido oponerse a su poder con poder, o intentar dominar a Elfos u Hombres por la fuerza o el miedo.

(pág: 489)

De nuevo la misma idea: Enviados desde el “Lejano Oeste” (Valinor) para contrarrestar el poder de Sauron, pero bajo la prohibición de hacerlo sometiendo y dominando a su vez “por la fuerza o el miedo”, a los habitantes de la Tierra Media.

Más adelante también se nos dice:

Debemos suponer que los Magos eran todos Maiar, es decir, personas de orden «angélico», aunque no necesariamente de la misma jerarquía. Los Maiar eran «espíritus», pero capaces de autoencarnarse, y podían adoptar formas «humanas».

(pág: 492)

Estos Maiar fueron enviados por los Valar en un momento crucial de la historia de la Tierra Media para apoyar la resistencia de los Elfos del Oeste, cuyo poder se desvanecía, y de los Hombres incorruptos del Oeste, mucho menos numerosos que los del Este y el Sur. Cada uno era libre de hacer lo que le pareciera adecuado en la misión; pues no recibían órdenes ni debían actuar juntos como un pequeño núcleo de poder y sabiduría; y cada cual tenía diferentes poderes e inclinaciones y los Valar los escogieron precisamente teniendo esto en cuenta.

(pág: 493)

En definitiva, seres de “orden angélico” y “esencia espiritual”, encarnados en forma de Hombres, conforme al arquetipo del Sabio (del Wizard), para hacer frente a las fuerzas ascendentes de Sauron. Sometidos a todas las flaquezas de la encarnación y si bien con una misión clara y definida, libres para actuar cada uno por su cuenta y conforme a sus propias virtudes e inclinaciones.

Esto es lo que fueron los Istari u Orden de los Magos.

¿Cuántos y quiénes fueron? Lo vemos a continuación…

¿Cuántos y quiénes fueron?:

De esta Orden el número de miembros no se conoce; pero de los que fueron al Norte de la Tierra Media (…) los principales eran cinco. El primero en llegar fue uno de noble rostro y buen porte, de negros y brillantes cabellos y una bella voz, e iba vestido de blanco; gran habilidad tenía para las obras de las manos, y era considerado casi por todos, incluidos los Eldar, como el principal de la Orden[1] Otros había también: dos vestidos de azul marino y uno de color pardo como la tierra; y un último llegó que parecía el menos importante, menos alto que los demás, de aspecto más envejecido, de cabellos y vestido grises y apoyado en un cayado. Pero Círdan, desde el primer encuentro en los Puertos Grises, descubrió en él el espíritu más grande y más sabio; y le dio la bienvenida con reverencia, y le entregó en custodia el Tercer Anillo, Narya el Rojo[2].

(págs: 486-487)

A la Tierra Media llegan cinco magos: El Blanco, el Pardo, el Gris y los dos Azules. El Blanco será Saruman y será considerado el “más grande” de los Istari. Sin embargo será al Gris (que no es otro que Gandalf) al que Cirdan entregará el Anillo Rojo (Narya). Pues Cirdan ve “más lejos y con mayor profundidad que nadie”:

“Porque grandes trabajos y peligros os aguardan, y por temor de que vuestra misión no sea excesiva y fatigosa, tomad este Anillo para ayuda y consuelo. Me fue confiado sólo para guardar el secreto y aquí en las costas occidentales permanece ocioso; pero me parece que en días que no tardarán en llegar debe estar en manos más nobles que las mías, que puedan emplearlo para dar coraje a todos los corazones”. —Y el Mensajero Gris cogió el Anillo y lo guardó en secreto.

(pág: 487)

Sin embargo andando el tiempo Saruman sabrá de este hecho y ya ahí la debilidad del orgullo y la envidia prenderán en su corazón:

“No obstante, el Mensajero Blanco (muy hábil en el descubrimiento de todo lo secreto) supo al cabo de un tiempo de este regalo, y se resintió por esta causa, y ése fue el principio de la animadversión oculta que experimentó por el Gris, que luego se hizo manifiesta”.

(pág: 487)

En todo caso Saruman continuó con la labor de su misión y se nos dice:

(Que) “el Mensajero Blanco fue conocido entre los Elfos con el nombre de Curunír, el Hombre Hábil, o Saruman, en la lengua de los Hombres del Norte, pero eso fue después de sus muchos viajes, cuando volvió al reino de Gondor y se estableció allí.

(pág: 487)

Y también:

Se dijo de Saruman (el mismo Gandalf lo hizo) que era el principal de los Istari, esto es, de estatura valinóreana más elevada que la de los demás. Gandalf era evidentemente el que lo seguía. A Radagast se lo presenta como persona de mucho menos poder y conocimiento.

(pag: 492-493)

Saruman será así el principal de los Magos y Gandalf le seguía y pedía consejo. Radagast por su parte y aún siendo también un Istari, se nos presentará como menos dotado que ellos.

De los Azules poco se supo en el Oeste, y no tuvieron más nombre que Ithryn Luin, «los Magos Azules»; porque fueron al Este con Curunír, pero luego nunca retornaron, y no se sabe si se quedaron en el Este en cumplimiento de la misión que les fuera encomendada o perecieron o fueron capturados por Sauron, como sostuvieron algunos, y convertidos en sus sirvientes[3]. Pero ninguna de estas contingencias era imposible; porque, aunque parezca extraño, los Istari, encarnados en cuerpos de la Tierra Media, como los Hombres y los Elfos, podían tomar caminos desviados y abrazar el mal, olvidados del bien y buscando el poder para llevar el mal a la práctica…

(pags: 486-487)

Los Magos Azules no hicieron así parte de los acontecimientos de la Guerra del Anillo, y casi nada sabemos de ellos si bien la referencia a que quizás fracasaron en su misión, perecieron o incluso fueron “convertidos en sirvientes” de Sauron, no estará señalando cuan peligrosa era la vida del “Maiar encarnado”. Pues aún teniendo esencia y origen divino, al encarnar y “bajar a la Tierra Media”, “podían tomar caminos desviados y abrazar el mal, olvidados del bien”…

Tres son en definitiva los Magos que harán parte de los acontecimientos narrados en El Hobbit y El Señor de los Anillos y cada uno de ellos, habrá sido a su vez escogido por un Vala (por uno de los “dioses” de Valinor) para ir a la Tierra Media a luchar contra Sauron.

Saruman será el escogido de Aulë (pág: 491): señor de las entrañas de la tierra, los metales, los minerales, las rocas y la obras e ingenios que se hacen con las manos. Señor de todos los artesanos, creador de joyas y creador de los Enanos.

Radagast será el escogido de Yavanna (pág: 491): Esposa de Aulë y “dadora de frutos”, “señora de las cosas que crecen” y los seres que viven en ellas. Platas, aves, animales… “diosa” de la naturaleza en su dimensión de vida y fertilidad.

Gandalf será el escogido de Manwë (pág: 492): El más grande de los Valar tras la caída de Melkor, representante de Eru en “Arda” (el mundo en el que se desarrollan los acontecimientos de la obra de Tolkien) y señor del viento. “Aliento de Arda” y “Primer Rey” en la cima de Taniquetil, la montaña más alta.

Tres magos para la Guerra del Anillo, elegidos por los “dioses” para hacer frente a Sauron. Con una misión que cumplir, pero también con unos riesgos y peligros que hacer frente. No sólo respecto del fracaso en su misión, sino también respecto de la “salvación” de sus propias almas…

La prueba de la Encarnación:

Porque se dice en verdad que, al estar encarnados, los Istari tenían que aprender muchas cosas de nuevo por lenta experiencia, y aunque sabían de dónde venían, el recuerdo del Reino Bendecido era para ellos una visión lejana por la que sentían (en tanto permanecieran fieles a su misión) una nostalgia intensa. Así, soportando por libre voluntad las angustias del exilio y los engaños de Sauron, podrían poner remedio a los males de ese tiempo.

(pág: 488)

Los Magos al “encarnar” tienen que volver a aprender… su naturaleza espiritual queda disminuida y tienen de nuevo mediante la experiencia y el estudio, que “despertar” a sus dones y virtudes, conocimiento y sabiduría.

Del mismo modo el recuerdo de su vida “junto a los Dioses”, en el “Reino Bendecido”, deja en su alma una profunda nostalgia. Como de saberse “exiliados” en la Tierra Media y llamados así a algún día a volver a su verdadero hogar. Toda vez que no olviden su misión y permanezcan fieles al encargo que se les dio, sin caer en los engaños de Sauron ni en las debilidades de la vida encarnada.


Pero en verdad, de todos los Istari, sólo uno permaneció fiel, y ése fue el último en llegar. Porque Radagast se enamoró de muchas bestias y pájaros que moraban en la Tierra Media, y abandonó a los Elfos y a los Hombres, y pasó sus días entre las criaturas silvestres.

(pág: 488)

Radagast

Radagast fracasa. Se embelesa con la belleza natural de la Tierra Media y termina por retirarse a los bosques para vivir rodeado de aves y animales, a los que termina por profesar un amor y atención mayor que el debería profesar a los propios Hombres y Elfos. El verdadero objetivo de su misión, el ayudar a éstos en su lucha contra Sauron, queda así relegado y Radagast, termina por descuidar su encomienda por entregarse a aquello que le ha “enamorado”, sin recordar a qué vino realmente a la Tierra Media…

El fracaso de Radagast resultará en este sentido altamente aleccionador. Pues por un lado olvida la natural jerarquía entre los seres pensantes y conscientes, y los meros animales, dando mayor atención y cuidado a los segundos que a los primeros; y por otro, ofuscado por su “enamoramiento”, olvida cuál en su tarea y misión y a qué debe dedicarse. Prefiriendo entonces retirarse a vivir con aquello que ama y entregarse a su pasión, antes que cumplir con su deber y la tarea que se le encomendó.

Como si la conciencia de la maravilla y belleza del mundo natural, pudiera hacernos olvidar quiénes son los verdaderos protagonistas del argumento de “la Creación”; trastocándose entonces el orden de prioridades de nuestra atención. Y como si el “enamoramiento”, que tantas veces idealizamos como plenitud de felicidad, no fuera sino en ocasiones una trampa segura al fracaso vital y el olvido de nuestra más alta misión…

*

Respecto de Saruman el fracaso será obviamente bastante peor:

Saruman el Blanco, tomó un camino errado, y volviéndose orgulloso e impaciente y enamorado del poder, intentó imponer su voluntad por la fuerza y suplantar a Sauron, pero cayó en la trampa de ese espíritu oscuro, más poderoso que él…

(pág: 488)

Saruman se deja corromper por el “ansia de Poder”… La misma ansia que le vuelve orgulloso e impaciente y que lo “enamora” del imponer por la fuerza su voluntad. Tal como el mismo Sauron pretende y al que Saruman finalmente va a querer suplantar, porque en el fondo de su corazón lo admira y envidia. Siendo así que cae en la trampa del “espíritu oscuro”, que un juego como ese, es siempre más poderoso que tú, pues su corrupción es total y absoluta y con sus mismas armas, no se le puede ganar. Nada queda dentro de él que no sea un ansia ciega que no descansa y que lo convierte, en “el ojo sin párpado”…

saruman4

El último en llegar fue llamado entre los Elfos Mithrandir, el Peregrino Gris, porque no moraba en sitio alguno y no acumulaba riquezas ni tenía seguidores, sino que iba siempre de aquí para allá en las Tierras del Oeste, de Gondor a Angmar, y de Lindon a Lórien, trabando amistad con todos los pueblos en tiempos de necesidad. Cálido y vivaz era su espíritu (intensificado por el anillo Narya) (…) oponiendo al fuego que devora y marchita, el fuego que anima y socorre en la desesperanza y la aflicción; pero su alegría y su rápida ira se ocultaban tras hábitos grises como la ceniza, de modo que sólo los que lo conocían bien alcanzaban a percibir su llama interior. Solía mostrarse alegre y bondadoso con los jóvenes y los simples, pero también era rápido para la respuesta mordaz y la reprensión de los desatinos, pero no era orgulloso y no buscaba el poder ni la alabanza, y así, en todas partes lo querían todos los que a su vez no eran orgullosos. Casi siempre viajaba infatigable a pie, apoyándose en un cayado; y por ello era llamado entre los Hombres del Norte, Gandalf, «el Elfo de la Vara». Pues lo creían de la especie élfica, porque obraba a veces maravillas, y estaba enamorado en especial de la belleza del fuego, y sin embargo, estas maravillas las obraba sobre todo por alegría y deleite, y no deseaba que nadie le tuviera un temor reverente o siguiera su consejo por miedo.

(pág: 488-489)

Gandalf la forja y la espada

Obviamente tenemos aquí a quién realmente cumplió con su misión y ni se despistó ni se corrompió. No se “enamoró” ni del Mundo ni del Poder y no olvidó así su verdadera labor. Trató a todos sin embargo con amor y atención, dando calor y ánimo y no queriendo que nadie le siguiera por mero miedo o temor reverencial, liberándose así de la debilidad del orgullo. Liberación que le abrira a la fuerza de saber ver la fortaleza que pueden esconder las gentes sencillas…

(Fue) el principal instigador de la resistencia a Sauron, resultó al final victorioso, y concentró todo, con vigilancia y trabajo, en el propósito que le habían designado los Valar bajo la égida del Único que está por encima de ellos. No obstante, se dice que (para) culminar la tarea para la cual había venido, sufrió grandemente (…). Y cuando todo hubo acabado y la Sombra de Sauron se hubo extinguido, se fue por el mar para siempre. Mientras que Saruman fue abatido y humillado por completo, y pereció finalmente en manos de un esclavo oprimido.

(pág: 489)

“Resultó al final victorioso”… Gandalf será el principal instigador de la lucha contra Sauron y jamás se desvió de su misión, manteniéndose focalizado en el propósito que se le había asignado. Más allá de las dificultades y sufrimientos, sin cejar en su misión, hasta el final, para una vez cumplida, volver al lugar del que vino, al “Reino Bendecido” más allá del mar…

Gandalf será la “contra imagen” de Saruman y del propio Sauron y de lo que ambos simbolizan, siendo a su vez el contraste de un Radagast “embobado” que malogra sus virtudes tanto como su misión.

Y sin embargo, en un principio, Gandalf no lo tenía nada claro…


Afrontar nuestros miedos:

En un concilio de los Valar, convocado por Manwë se decidió enviar a tres emisarios a la Tierra Media.

—¿Quiénes irán? Porque han de ser poderosos, pares de Sauron, pero no han de ejercitar ningún poder, y vestirse de carne para tratar así con igualdad a Elfos y Hombres y ganarse la confianza de todos. Pero esto los haría peligrar, pues disminuirían en sabiduría y en conocimiento, y los confundirían los temores, los cuidados y las fatigas de la carne. —


Sólo dos se adelantaron: Curumo, que fue elegido por Aulë, y Alatar, que fue enviado por Oromë. Entonces Manwë preguntó dónde se encontraba Olórin. Y Olórin, que estaba vestido de gris, y recién llegado de un viaje se había sentado en el extremo del concilio, preguntó qué quería Manwë de él. Manwë contestó que deseaba que Olórin fuera como tercer mensajero a la Tierra Media. Pero Olórin se declaró demasiado débil para la misión, y afirmó que temía a Sauron. Entonces Manwë dijo que ésa era la razón justamente por la que debía ir…

(pag: 491)

Los “dioses” deciden en un concilio enviar tres emisarios a la Tierra Media[4]. Han de ser poderosos, “pares de Sauron” se nos dice (es decir deber ser Maiar) y deben “vestirse de carne”, deben “encarnar”, con todos los peligros que esto conlleva: disminuirían en sabiduría y en conocimiento, y los confundirían los temores, los cuidados y las fatigas de la carne”.

No es una prueba cualquiera…

Sólo dos se adelantan: Curumir y Alatar (el futuro Saruman y uno de los futuros Mágos Azules). Manwë pregunta entonces por Olórin, quiere que vaya a la Tierra Media en tan arriesgada misión. Pero Olórin se declara demasiado débil, no se ve capaz y confiesa que teme a Sauron. “Precisamente esa es la razón por la que debes ir” le contestará Manwë.

Olórin obviamente es el futuro Gandalf…

Resultará interesantísimo plantear, cómo es precisamente el que más temores tenía para con la misión encomendada, el que sin embargo finalmente no fracasa. Es la sabiduría de Manwë, la que parece ver que el alma profunda y noble del futuro Gandalf, reconociendo humildemente sus temores respecto de Sauron, es precisamente quien tiene más posibilidades de saber manejarse con prudencia y tesón frente a él. Como si allá donde hay un alma virtuosa, capaz a su vez de reconocer humildemente sus temores, hay también entonces un alma sabia, capaz de afrontar los peligros con la debida atención, sensatez, perseverancia e inteligencia.

Gandalf vuelve así engrandecido de su misión en la Tierra Media, se convierte allá en Gandalf “el Blanco” (más poderoso aún que cuando se le conocía como el “Peregrino Gris”) y cuando marcha de vuelta a Valinor desde los Puertos de Mithlond, marchará crecido en sabiduría y virtud.

Aún a pesar de su temor inicial a enfrentarse a Sauron, habrá sabido convertir su miedo en acicate para trabajar precisamente de manera más vigilante, firme, despierta, consciente, prudente, tenaz, decidida, irredenta… Todo lo que sus pares Saruman y Radagast no supieron hacer… Y es que la nobleza de alma puede dar sus mejores frutos precisamente, allá donde se encuentran sus temores, pues el afrontar éstos, es lo que nos lleva a hacer nuestras las verdaderas virtudes del Espíritu.

Hay que ser como Gandalf:

Llegado este punto de nuestra exposición la enseñanza es bastante clara…

Hay que ser como Gandalf.

Enviados a la “vida terrenal”, con todas las dificultades que esto implica pero dotados de una “esencia divina”, que es nuestro verdadero ser y nuestro origen y destino, estamos llamados a “despertar y recordar”, y ponernos manos a la obra…

No cejar en la misión encomendada y perseguirla sin desfallecer y sin dudar. Sin despistarnos ni corrompernos. Sin embobarnos embelesados con un deleite o pasión, y perdernos “enamorados” lejos del rumbo que debíamos seguir. Ni dejarnos corromper por los “poderes” y “bajezas” del Mundo. No olvidar ni subestimar los riesgos de la “vida encarnada”, y vivir vigilantes, atentos, despiertos, conscientes, decididos… esforzados en el cultivo de la sabiduría y la virtud y entregados sin rendirnos, a la tarea encomendada.

Dar amor y calor a todos, sin quedar prendados de nadie ni nada, llenando de ánimo los corazones pero también sondeándolos. Para saber de las fortalezas y debilidades, de las acechanzas del enemigo en nuestras almas, y saber así ayudar, comprender, perdonar, aconsejar, liderar, reprender o incluso apartar y enfrentar. Pues algunos habrán “vendido el alma al Diablo” y ya no podrán sino luchar a las órdenes del Enemigo….

Ser “Guerreros del Espíritu” frente a la Oscuridad, a pesar del miedo y la dificultad, y precisamente por ello, vivir más lúcidos, prudentes, observadores, comprometidos, valientes y resueltos. Aspirando a esa Sabiduría que es Fuerza y esa Fuerza que es Libertad, frente a las cadenas con las que el Enemigo quiere domeñar el Mundo y nuestros corazones.

“Estamos en Guerra”, por nuestras almas y por la “Tierra Media”, y no vale ponerse de perfil. Con energía y decisión, con inteligencia y discernimiento, con calor humano y vocación de encuentro, con compromiso y lealtad. Por nosotros y por un Mundo en el que “Sauron”, parece haber pervertido todas las cosas y corrompido corazones y entendimientos. Hasta el punto de que ser esclavos nos parece normal y vivir en el caos nos parece de orden. Por todo ello y en definitiva… “Hay que ser como Gandalf”.

Hay que ser como Gandalf

[1] En Las Dos Torres, III, 8, se dice que a Saruman «muchos lo consideraban el Mago de los Magos» y en el Concilio de Elrond (La Comunidad del Anillo, II, 2) Gandalf explícitamente afirma: «Saruman el Blanco es el más grande de mi orden».

[2] En el Apendice B del “Señor de los Anillos” en “La Cuenta de los Años de la Tercera Edad”, se dice que Círdan dio el Anillo Rojo a Gandalf cuando éste llegó del Mar por primera vez: «porque Círdan veía más lejos y con mayor profundidad que nadie en la Tierra Media».

[3] En una carta escrita en 1958 mi padre decía que no tenía conocimiento claro de «los otros dos», pues no intervenían en la historia del Noroeste de la Tierra Media. «Creo —escribió— que fueron como emisarios a regiones distantes, al Este y al Sur, lejos del alcance de los númenóreanos: misioneros en tierras ocupadas por el enemigo, quizá. En qué grado salieron triunfantes, lo ignoro; pero me temo que fracasaron, como Saruman fracasó, aunque indudablemente de manera diferente; y sospecho que fueron los fundadores o iniciadores de cultos secretos y tradiciones “mágicas” que sobrevivieron a la caída de Sauron.»

[4] En principio los Valar querrán enviar tres “emisarios” a la Tierra Media, pero por intercesión de Yavanna, Radagast irá junto a Saruman, y después a Alatar (el primer Mago Azul), se le unirá por iniciativa propia un compañero de nombre Pallando (el segundo Mago Azul).

Magia y Épica en la literatura medieval (III)

en España por
Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Las “Mocedades de don Rodrigo” es un cantar de gesta de la Edad Media española en lengua castellana, un tanto tardío y desconocido, pero tremendamente interesante. Fechado a mediados del siglo XIV, en él encontramos ecos evidentes de la más ancestral tradición épica europea. Todo ello acompañado y como suele ocurrir en estos casos, de escenas cargadas de una atmosfera mágica tan fascinante como de innegable sabor pagano…

En el caso que queremos tratar en este artículo, nos encontraremos con que las antiguas prácticas de magia guerrera del mundo celta y germánico, parecerán tener eco en las aventuras de un joven Cid Campeador…

Fragmentos del cantar recogidos a partir de la edición José María Viña Liste.

*

El voto del Cid Campeador:

Un joven Rodrigo Díaz de Vivar venga las afrentas sufridas por su padre a manos del conde don Gómez, matándolo en duelo singular. En reparación por la culpa contraída tras la muerte del conde, el rey Fernando obligará al joven guerrero a contraer matrimonio con doña Jimena; hija del conde don Gómez que ha quedado huérfana y desprotegida tras la muerte de éste. En un motivo típico del más ancestral folclore europeo, el héroe aplazará la obligación impuesta mediante el voto de cumplir previamente una difícil hazaña: salir victorioso en cinco lides…

Desposorio de Rodrigo y Jimena y voto de las cinco lides:


Essas horas dijo el rey al conde don Ossorio:
–Dadme vós acá essa doncella; despossaremos este lozano.–
Aún non lo creyó don Diego, tanto estava espantado.
Salió la doncella, tráela el conde por la mano;
ella tendió los ojos et a Rodrigo comenzó de catarlo.


Dijo: –Señor, muchas mercedes, ca este es el conde que yo demando.–
Allí despossavan a doña Jimena Gómez con Rodrigo el Castellano.
Rodrigo respondió muy sañudo contra el rey castellano:
–Señor, vós me despossastes, más a mi pessar que de grado;
mas prométolo a Cristo que vos non besse la mano,
ni me vea con ella en yermo ni en poblado,
hasta que venza cinco lides en buena lid en campo.–

(versos 430-443)

*

El desafío de Aragón y la lid de Calahorra:

El conde navarro Martín González instigará al rey de Aragón para en nombre de éste, retar al rey Fernando a un duelo de campeones por la posesión de Calahorra. El propio justador navarro viajará con credenciales de Aragón y hasta Zamora, a la corte del rey, para desafiar en persona a León y Castilla por la plaza de Calahorra.

El Cid Campeador obviamente será quien se ofrezca como campeón de Castilla en este duelo en la que será a su vez, la segunda lid de su voto; tras haber previamente puesto fin a las correrías del moro Burgos de Ayllón.

El mitema de la “Lucha de Campeones”, que podemos rastrear en las leyendas europeas desde época pagana, aparecerá así en este cantar de gesta del Medievo español encarnado en la figura del héroe por excelencia de nuestra Edad Media. Todo ello en el contexto interesantísimo de las luchas intestinas entre los reinos cristianos de España, por la posesión de tierras, esferas de poder y anhelos de fama, prestigio y gloria guerrera. Contexto que será fruto de estructuras políticas deudoras del feudalismo, la cultura del vasallaje y la idealización caballeresca del oficio de las armas.

Por otra parte el Cid Campeador, aún ofreciéndose sin temor alguno al duelo contra el campeón de Aragón, pedirá aplazar el combate para poder ir en peregrinación a Santiago. Peregrinación que cómo veremos en el siguiente apartado, no estará demás para el desarrollo de los acontecimientos; pues será precisamente a la vuelta de dicha peregrinación, que sucederá el “hecho sobrenatural” que protagoniza este artículo…

La lid de Calahorra


Sópolo el conde don Martín González de Navarra; cavalgó muy privado,
et fuésse para el rey: –Señor, péssete del tu daño;
Calahorra e Tudela forzada te la ha el buen rey don Fernando;
señor, dame tus cartas et iré a desafiarlo;
yo seré tu justador, combaterlo he privado.–
Essas horas dijo el rey: –Séate otorgado.–


Las cartas dan al conde, al camino es entrado;
allegava a Zamora, al buen rey don Fernando;
entró por la corte, al buen rey bessó la mano,

Dijo: –Oítme, rey de gran poder, un poco sea escuchado;
mensagero con cartas non debe tomar mal ni recebir daño;
embíavos desafiar el rey de Aragón, a vós e a todo vuestro reinado;
vedes aquí sus cartas, yo vos traigo el mandado;
si non, datme un justador de todo vuestro reinado,
yo lidiaré por el rey de Aragón, que soy su vassallo.–

()


Rodrigo, a los tres días, a Zamora ha llegado;
vio estar al rey muy triste, ante él fue parado;
sonrisando se iba e de la boca hablando:
Rey que manda a Castilla e a León non debe ser desconfortado;
Rey, ¿quién vos fizo pessar o cómmo fue dello ossado?;
de presso o de muerto non vos saldrá de la mano.–


Essas horas dijo el rey: –Seas bien aventurado;
a Dios mucho agradesco por ver que eres aquí llegado;
a ti digo la mi cuita donde soy cuitado;
embiome desafiar el rey de Aragón e nunca lo hube buscado;
embiome dezir que le diesse a Calahorra amidos o de grado,
o que le diesse un justador de todo el mi reinado.
Querelleme en mi corte a todos los fijosdalgo;
non me respondió omne nado;
respóndele tú, Rodrigo, mi pariente e mi vasallo;
()


Essas horas dijo Rodrigo: –Señor, pláceme de grado;
a tal plazo nos dudes que pueda ser tornado,
que quiero ir en romería al padrón de Santiago
et a Santa María de Rocamador, si Dios quisiere guissarlo.–

Essas horas dijo el rey: –En treinta días avrás afarto.–

(versos 518-559)

*

El Cid Campeador y el leproso:

Con treinta días de plazo marcha el Cid de romería a Santiago y a la vuelta confirma que en escasos tres días se cumple el tiempo acordado, con lo que debe cabalgar sin dilación si no quiere que se pierdan tanto su honra como Calahorra.

De camino y en un vado encontrarán a un pobre leproso (“malato” en el texto) que pide ayuda para cruzar el río. Todos le ignoran excepto el Cid que tomando su mano, ofreciendo una capa y con la ayuda de una mula, le cruzará al otro lado.

Llegada la noche y una vez acampados en lo que quizás sean unas ruinas o un antiguo castro (“sobre unas piedras cavadas, que era el poblado) y mientras el Cid duerme, el leproso le susurrará al oído indicándole que realmente es san Lázaro, enviado por Dios para concederle un don: Un soplo como en la espalda y que le pasa al pecho (“Dióle un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado) que le provocará una “calentura” o estado febril (“que en calentura seas tornado) que una vez encendida, le permitirá enfrentar arrebatador y victorioso cualquier lucha que deba emprender (“cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano).

El Cid despertará sobresaltado pero el leproso habrá desaparecido y será imposible encontrarle. Don Rodrigo quedará impresionado y pensativo (Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado) marchando ya sin descanso rumbo a Calahorra…

Todo el episodio es fascinante y cargado de hondas resonancias en el mundo de la Tradición. El héroe antes de la prueba hace peregrinación, a la vuelta cruzando un río ayuda a un leproso al que todos previamente han ignorado, a la noche y “como en sueños”, mientras el Cid duerme, el leproso le revela que es un “enviado de Dios” y que le va a conceder un don. Una suerte de “furor”, “calor” o “ímpetu” de combate que lo hará invencible en las pruebas que te haga afrontar a partir de ese momento. El héroe despertará sobresaltado pero el leproso “como por arte de magia” habrá desaparecido…

Arquetipos e imágenes propias de todo el universo tradicional de la Europa premoderna, envueltas en las vestiduras paganizantes que tantas veces tienen las leyendas medievales europeas, aun a pesar del contexto cristiano en el que se escriben.

Y por otra parte, la descripción tan literal y física de los efectos de dicho “resuello mágico”. La referencia a la espalda y el pecho, al calor… referencias que como vamos a ver en el último apartado, nos traen el recuerdo de las antiguas magias guerreras de la Europa celto-germánica…

Romería de Rodrigo a Santiago

 

Complió su romería; por San Salvador de Oviedo fue tornado.
A la condessa doña Teresa Núñez apriessa hubo preguntado:
–Señora, ¿cuántos días ha passados que yo fue en romería a Santiago?–
Et dijo la condessa: –Oy passan veinte e seis días,
cras serán los veinte e siete días llegados.–
Cuando esto oyó Rodrigo fue mal amanzellado
e dijo: –Cavalgat, mis cavalleros, e non querades tardarlo;
vayámosnos servir al buen rey don Fernando,
que tres días ha, no más, para complirse el plazo.–

(versos 569-577)

 

Rodrigo y el leproso


A los caminos entró Rodrigo con trecientos fijosdalgo.
Al vado de Cascajar, a do Duero fue apartado
–fuerte día fazía de frío–, a la posiesta en llegando,
a la orilla del vado estava un pecador de malato
a todos pediendo piedat, que le passasen el vado.
Los cavalleros todos escopían et ívanse d’él arredrando.


Rodrigo ovo d’él duelo et tomolo por la mano
so una capa verde aguadera passolo por el vado
en un mulo andador que su padre le avía dado,
e fuésse para Grejalva, do es Cerrato llamado;
so unas piedras cavadas, que era el poblado,
so la capa verde aguadera, alvergó el Castellano al malato.


E en siendo dormiendo, a la oreja le fabló el gafo:
–¿Dormides, Rodrigo de Bivar? Tiempo has de ser acordado;
mensagero soy de Cristo, que no soy malato;
sant Lázaro soy, a ti me hubo Dios embiado,
que te dé un resollo en las espaldas, que en calentura seas tornado;
que cuando esta calentura ovieres, que te sea membrado,
cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano.–
Diol’ un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado.


Rodrigo despertó e fue muy mal espantado;
cató en derredor de sí et non pudo hallar el gafo.
Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado;
fuésse para Calahorra de día et de noche andando.

(versos 578-601)

*

El Cid Campeador y la Magia Guerrera:

El Cid llegará al duelo con el tiempo justo y el propio rey Fernando le apremiará para salir al combate, sin embargo el Cid aún lo retrasará un poco más. La “calentura” no termina de llegarle y no está listo para la lucha, pedirá entonces una sopa de vino y justo en ese momento, como de manera sobrevenida, le llegará el “calor”… Tomará entonces las riendas del caballo, el pendón del rey y el escudo y saldrá decidido a librar el combate. Cargando el uno contra el otro el Cid derribará a su oponente y en una escena tan sobria como explícita, antes de que el campeón de Aragón pueda levantarse, el Cid descenderá de su caballo y le cortará el cuello…

El resuello de san Lázaro

Cavalgar quería Rodrigo, non quería tardarlo;
non le venía la calentura que le avía dicho el malato.
Dijo al rey: –Señor, dadme una sopa en vino,
Cuando quisso tomar la sopa, la calentura ovo llegado;
en logar de tomar la sopa tomó la rienda del cavallo,
enderezó el pendón et el escudo ovo embrazado,
e fuésse para allí do estava el Navarro.


El Navarro llamó «¡Aragón!», et «¡Castilla!» el Castellano.
Ívanse dar seños golpes, los cavallos encostaron.
()

et erró el conde navarro; non lo erró Rodrigo de Bivar
un golpe le fue dar que le abatió del cavallo;
enante que el conde se levantase, descendió a degollarlo.
D’esta guissa ganó a Calahorra Rodrigo el Castellano

(versos 618-636)

Obviamente tenemos aquí un interesantísimo reflejo en plena Edad Media española, de una lejana memoria, que hunde sus raíces en las “magias guerreras” de la Europa pagana.

Tanto a través de las fuentes grecolatinas, como a través de las leyendas irlandesas y escandinavas, nos llegan noticias de guerreros furibundos que como en estado febril, entran en batalla dotados de una fuerza arrolladora. Siendo conocidos los “calores” del héroe celto-irlandés Cu Chulainn cuando entra en combate; calores que deben aplacarse metiéndole en una tinaja de agua fría. En la misma línea como de un calor que inunda al guerrero haciéndole terriblemente feroz e indómito, las referencias de la cultura vikinga serán abundantísimas. Mayormente en torno a los conocidos “guerreros berserk”. Y mucho antes en la antigua Grecia, encontraremos noticias similares referidas en este caso a los jóvenes espartanos.

Hoy día todas las líneas de investigación que trabajan este tema, apuntan a que detrás de este tipo de referencias, estaría la presencia de ritos de magia e iniciación guerrera en las culturas bárbaras de la Europa de la Edad del Hierro. Ritos tendentes a hacer de los jóvenes neófitos, auténticos guerreros miembros de las mannerbünde.

También y muy posiblemente el hecho de que en el ámbito de los mitos y leyendas, el don del “furor” sea propio o de los héroes o de una minoría especial y cualificada de guerreros, lleva a pensar que este tipo de prácticas mágicas, serían exclusivas de una élite especialmente formada y seleccionada.

En España, las referencias de las fuentes clásicas sobre lusitanos, celtíberos y cántabros, parecerán apuntar en muchas ocasiones en la dirección que aquí venimos indicando. Y de igual manera, los restos arqueológicos refrendarán aún más esta idea, al haberse encontrado en solar de la península Ibérica, restos de antiguas saunas de iniciación guerrera para baños de vapor y calor extremo. Caso de la sauna del castro de Ulaca en la provincia de Ávila.

Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).
Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).

No cabe descartar claro está, que en el caso de las Mocedades de don Rodrigo, a parte de la antigua presencia de una tradición de magia guerrera en la Hispania prerromana, el “resuello de san Lazaro”, encuentre también su origen en la propia cultura germánica del mundo visigodo. Cultura que será el molde fundamental de los reinos cristianos del norte de España, ya sea en León, Castilla, Navarra o Aragón.

En definitiva, un episodio en un cantar de gesta del Medievo español, que cargado con elementos fundamentales del imaginario mágico de la Europa más ancestral, convierte a uno de nuestros héroes más emblemáticos, en portador del antiguo don del “furor”. Don que le llegará a través de esa escena tan fascinante como evocadora, en la que tras ayudar a un leproso a cruzar un río, éste a la noche le susurrará al oído y mientras el héroe duerme, que le ha sido concedido un “poder” que le convertirá en un guerrero formidable…

*

El voto de las cinco lides, el desafío a una lucha de campeones, la peregrinación a Santiago, el leproso, el vado del río, la noche en unas ruinas, san Lázaro y el don guerrero, el duelo contra el campeón navarro, los “calores” del Cid, su victoria inapelable… Una secuencia completa que conecta la cultura popular de la Edad Media española, con temas e imágenes esenciales de la más antigua tradición heroica europea. Una vez más los tesoros olvidados de nuestra literatura mostrando un antiguo camino, hoy día mayormente perdido…

 

Magia y Épica en la literatura medieval (II)

en Blog/España/Espiritualidad por
El cantar de Mío Cid

Magia y Épica en la literatura medieval: El cantar de Mío Cid

El cantar de mio Cid, es nuestro gran cantar de gesta… escrito por un autor anónimo a principios del siglo XIII en plena Edad Media, y en la gran época de la épica medieval, en él las leyendas y romances que trenzaron los juglares durante cien años, alrededor de la figura histórica del Cid Campeador, tomarán cuerpo en una gran “saga”. Un gran relato en el que el héroe desterrado y su mesnada, a golpe de espada, razias y cabalgadas (“si con moros no lidiamos nadie nos dará el pan” verso 34-673), consiguen finalmente el triunfo de conquistar Valencia y hacer del Cid su señor.

El héroe cumplirá de este modo un gran destino y su honra quedará recuperada y engrandecida. La nobleza de título pero sin hazañas que conspiró contra él y que después quedará retratada en los cobardes y viles infantes de Carrión, se contrastará con el humilde infanzón castellano que por “sus obras”, merecerá la fama y la gloria.

El Cid es así uno de los grandes arquetipos de la tradición española en lengua castellana. Un héroe a través de cuya figura todo un ideal antropológico de hondas raíces identitarias y espirituales, se manifiesta con esplendor y fuerza aleccionadora. No podía faltar entonces en “La Forja y la Espada”…

Los fragmentos del cantar están elaborados a partir de la versión del texto antiguo de Ramón Menéndez Pidal y de la prosificación moderna llevada a cabo por Alfonso Reyes.

*

Según la leyenda y el romancero, fue en la jura de santa Gadea, que se sembró la enemistad entre el rey Alfonso y el Cid Campeador. Obligado el rey por el propio Cid a jurar ante los “espatarios” del finado Sancho II, que nada había tenido que ver en el asesinato de éste, el recelo que aquel día se sembró, será el que finalmente propiciará el destierro del Campeador… Destacados miembros de la nobleza leonesa, envidiosos de la fama y buen nombre del héroe castellano, aprovecharán el desencuentro del rey Alfonso con el antiguo armiger regis de Sancho II, para intrigar contra él. Siendo entonces que tomando como excusa el enfrentamiento del Cid con el noble leonés García Ordoñez, por el cobro de las parias de la taifa de Sevilla, se declarará la “ira real” y el Cid será desterrado de Castilla…

Es precisamente con el “cantar del destierro” que comenzará la gesta o “saga” del Cid Campeador. Todo ello conforme a una línea argumental en la que a la deshonra del destierro con la que comienza el cantar, se contrapondrá la honra final, recuperada y enaltecida, de casar a sus hijas con los reyes de Navarra y de Aragón. Hasta el punto de decirse que los “reyes de España” a partir de ese momento, serán descendientes del Cid (versos 152, 3722-3724).

En el camino, los buenos augurios al partir al destierro. Después la vida montaraz a la intemperie acompañado de su leal mesnada, haciendo la guerra por su cuenta contra los moros. Ganando riquezas y plazas y sabiendo mantenerlas. Finalmente la conquista de Valencia, convirtiéndose en señor de ésta. Defendiéndola contra los reyes moros de Marruecos y los imponentes ejércitos que mandan para recuperarla. Saliendo siempre victorioso y cada vez más grande en fama, tierras, hombres y riquezas.

Todo un hilo argumental que parecerá hundir sus raíces no sólo en la propia historia del Cid, sino también en tramas de antiguos relatos tradicionales a lo largo y ancho de toda Europa, en diferentes sagas y leyendas tanto del Medievo, como de la Europa pagana. Como si en la vida del Cid y a partir de la idealización inevitable de un cantar de gesta, lejanos ecos de la Tradición, pudieran aún hoy estar llegándonos…

*

El Cid sale al destierro: Primer augurio.

El Cid cabalga al destierro y al salir de Vivar y entrar en Burgos una señal… Un córvido de alas negras. El pájaro de Lug y Wotan. El augurio del antiguo mundo celto-germano que al comenzar el héroe su aventura, le reconforta y da confianza. “¡Albricias!”-exclama el Cid-“ahora somos desterrados pero algún día, volveremos cargados de honra”…

A la salida de Vivar vieron la corneja a diestra, e entrando en Burgos la vieron a siniestra; Meció mío Cid los hombros y sacudiendo la cabeza: “¡Albricias Alvar Fañez que echados somos de tierra, más a gran honra tornaremos a Castiella!”

(versos 2, 10)

*

Llanto y ánimo en el destierro y confianza en la Providencia:

El Cid deja atrás mujer e hijas. Se le arruga el corazón ¡Cuándo volverán a verse! No termina de partir y va girando la cabeza para verlas una vez más. Pero su leal camarada Minaya le anima el corazón y devuelve el coraje: “¡Dejémoslo estar!”. Confiemos en la Providencia y hagamos nuestro camino. Espoleemos los caballos y vayamos adelante. Si Dios nos dio un alma, también nos dio fuerza. Las penas por eso algún día pueden tornarse en alegrías…

El Cid a doña Jimena íbala a abrazar, doña Jimena al Cid la mano va a besar, llorando de los ojos non sabe que se far (…) agora nos partimos ¡Dios sabe el ajuntar! (…) Mío Cid de los vasallos va ya a cabalgar, todos esperando tornando la cabeza va…

A la sazón fabló Minaya Alvar Fañez: “Mío Cid, nacido de madre en buena hora ¿qué es de vuestro ánimo? Pensemos sólo en aguijar y dejémoslo estar. Aun todos estos duelos en gozo se tornarán. Que Dios nos dio las almas, consejo nos dará”

(versos 18, 368-382)

*

Última noche en Catilla: Segundo augurio.

Es la última noche antes de salir definitivamente de Castilla y el Cid a pesar de las tribulaciones, queda dormido de manera plácida y profunda. Tiene entonces en sueños una visión “sobrenatural”. Un ángel se le aparece y reconforta: “¡Cabalgad mío Cid! Confiad en vosotros mismos. Todo ha de salir bien”. Un episodio malhadado de nuestra vida puede no ser, sino el camino que conduce a la Gloria…

Venida la noche, el Cid se acostó y un dulce sueño lo invadió. El ángel Gabriel a él vino en visión: “Cabalga Cid, el buen Campeador, que nunca en tan buen punto cabalgó varón. ¡Todo te ha de salir bien mientras vivas!”. Cuando el Cid despertó, la cara se santiguó.

(versos 19, 404-410)

*

El Cid y sus 300 saquean por libre tierras de moros:

Sin más bienes y riquezas que su coraje, sus armas y sus trescientos leales, el Cid se adentra en tierras de moros buscando fortuna. Como una mannerbünde de guerreros libres en pos de mejor ventura, la noche será su aliada y la razia, el espíritu resuelto y el ataque relámpago, su oportunidad…

El Cid y su mesnada cabalgan vagabundos por tierras de moros y pronto toda España estará sobre aviso, de que aquel que pueda ser su presa, estará en serio peligro…

Pasaremos la sierra, que es harto escabrosa y empinada, y así podremos dejar esta noche las tierras del rey Alfonso. Al que después quiera buscarnos, no le constará trabajo encontrarnos (…) en medio de un bosque maravilloso y tupido, mando el Cid parar y dar cebada. Allí manifestó a sus hombres que quería caminar de noche (…) toda la noche anduvieron sin descansar y cerca de un lugar que llaman Castejón de Henares, el Cid se puso a preparar una emboscada…

(versos 22, 422-436)

Mío Cid-le dice Minaya-tú que en buena hora ceñiste espada, puesto que ponemos a Castejón celada, conviene que os quedéis aquí con cien de los nuestros; a mí me daréis doscientos para ir en vanguardia. Con Dios y ventura ¡saldremos bien de la empresa!

Decís bien Minaya. Abrid vanguardia con doscientos hombres (…) arremeted con osadía, nos haga el miedo perder la presa. Por Hita abajo y por Guadalajara hasta Alcalá, asegurad toda la ganancia, que no por miedo a los moros se vaya a perder nada. Yo quedaré de retaguardia en Castejón que es buen abrigo. Si ocurriese peligro en vanguardia, presto mandadme aviso. De aqueste hecho va hablar toda España…

(versos 23, 439-453)

Ya rompían albores y venía la mañana ¡cuán hermoso Dios, el sol despuntaba! Los de Castejón se levantan, abren sus puertas y salen a sus labores y sus heredades. Todos se han marchado ya, dejando las puertas abiertas, y muy pocos quedan y los demás se han diseminado. El Campeador abandona entonces su escondite y cae sobre Castejón (…) se encamina a la puerta de la ciudad y los que la guardan cuando ven venir tanta gente, llenos de terror, la desamparan. El Cid entra entonces por la puerta franca, la espada desnuda en la mano y da muerte a quince moros que encuentra a su paso. Gana Castejón y su oro y su plata. Sus hombres se le acercan con el botín y sin preciarlo en nada, lo dejan en sus manos.

En tanto los doscientos que van en la vanguardia, corren y saquean toda la tierra. Hasta Alcalá llega la enseña de Minaya, y de allí vuelve con el botín Henares arriba y por Guadalajara. Traen grandes ganancias, rebaños de ovejas y vacas (…) Y donde se ve pasar la orgullosa enseña, no hay quien se atreva a asaltarlos por la espada. Vuelven con todo lo ganado hasta Castejón donde el Cid les esperaba.

(versos 23, 456-485)

*

El Cid reparte el botín entre sus hombres y Minaya renuncia a su parte con voto solemne:

Como una fratría guerrera del antiguo mundo celto-germánico, el Cid ejerce de “jefe redistributivo” y entre sus hombres reparte el botín. Pero efectivamente, como si el antiguo mundo de las mannerbünde indoeuropeas siguiera presente en la España Medieval, uno de sus hombres renuncia al botín. Como los guerreros consagrados a su jefe hasta la muerte de la antigua devotio hispánica, Minaya bien se paga su esfuerzo con la propia lealtad y entrega que profesa a su señor; y por ahora, no necesita más…

“Ilustre Campeador, mucho os lo agradezco. De esta quinta que me ofrecéis, hasta el rey Alfonso quedaría bien pagado, pero yo os lo devuelvo. Y aquí prometo a Dios que está en lo Alto, que yo no me satisfaga de lidiar en campo contra los moros sobre mi caballo, empleando mi lanza y metiendo mano a la espada, hasta que chorree la sangre por el codo, delante de Ruy Díaz, el gran combatiente, no he de aceptar ningún dinero. Cuando yo os haya ganado algo realmente valioso, aceptaré mi parte; entre tanto, tomadla toda para vos…”

(versos 24, 493-505)

Se satisface y paga con el luchar contra los moros a las órdenes del Cid. Consagrado totalmente a su señor. Y si más adelante algo destacable gana, entonces sí aceptará su parte, hasta entonces, la misma guerra junto al Cid es el pago que recibe por su lealtad…

*

Los moros cercan al Cid en Alcocer y éste sale a la carga para romper el cerco:

La vida de cabalgadas, venturas y saqueos acrecienta el poder y fama del Cid así como el temor de que pueda ir a más. Pronto tratarán de impedírselo…

El rey moro de Valencia está prevenido de las razias del Cid por tierras de moros en Castejón, la Alcarria, Ariza, Cetina y ahora Alcocer. Y se decide a pararle los pies enviando un gran ejército para cercarlo allí y acabar con él. El “desterrado” del rey Alfonso sin embargo, no se dejará amedrentar… Y al amanecer sale en tromba con sus huestes por las puertas de Alcocer, dispuesto a luchar a brazo partido contra los moros:

Abrieron las puertas y salieron, y las avanzadas moras al verlos, corrieron a dar la voz de alarma. ¡Con que prisa se arman los moros! Tanto es el ruido de sus tambores que se estremece la tierra…

(…)

Embrazan frente a los pechos los escudos, enristran las lanzas, envuelven los pendones y se inclinan sobre los arzones con ánimo de acometer denodadamente. El que en buena hora nació dice a grandes voces: “¡A ellos, mis caballeros, en el nombre de Dios! ¡Yo soy Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador!

(…)

Allí vierais subir y bajar lanzas, pasar y romper adargas, lorigas quebrantarse y perder las mallas, tantos pendones blancos salir enrojecidos de sangre, tantos hermosos caballos sin jinete. Los moros invocan a Mahoma los cristianos a Santiago, y a poco ha, yacían en el campo no menos de mil trescientos moros.

(versos 34, 693-696; 35, 715-721 y 36, 726-732)

A Minaya Alvar Fañez matáronle el caballo, lo acorren entonces mesnadas de cristianos. La lanza ha quebrado a la espada metió mano, y aunque va a pie buenos tajos va dando.

Violo el Cid Ruy Díaz el Castellano, y acercándose a un general moro que traía un buen caballo, tiróle de diestra tal espadazo, que cortóle por la mitad y el otro medio cayó al campo. Después se acercó a Alvar Fañez para darle el caballo: “Cabalgad Minaya que vos sois el mi diestro brazo y hoy en este día de vos haré gran bando. Ved que los moros están firmes, aún no los echamos del campo. Menester es que lo acometamos de cabo”.

(versos 38, 744-756)

A Minaya Alvar Fañez le salió bueno el caballo, de aquestos moro mató treinta y cuatro; ¡Oh tajante espada, cuan ensangrentado trae el brazo! Por el codo la sangre le va chorreando: “Ahora si estoy satisfecho, ahora llegarán a Castilla buenas nuevas de que el Cid Ruy Díaz en batalla campal ha ganado. Hay tantos moros muertos que pocos vivos ha dejado”.

(…)

Veíase al Cid sobre su caballo, espada en mano, fruncida la cofia y caída sobre la espalda la capucha de la loriga ¡Oh Dios cómo es de buen barbado!

A los suyos va diciendo: “¡Gracias a Dios que está en los cielos, nuestra es la victoria!”

(versos 40, 778-793)

*

El Cid, conquistador y señor de Valencia:

En tierras de moros, prendiendo y ganando, durmiendo los días y las noches trasnochando, ganando villa a villa Mío Cid pasó tres años.

(versos 71, 1167-1169)

Quien quiera perder cuitas y venir a ganar, vengase con el Cid que sabe batallar, que cercar quiere Valencia para a los cristianos dar.

(versos 72, 1189-1191)

El Cid continúa su carrera de “guerrero libre e independiente” en lucha contra los moros y si bien no ceja en mandar presentes al rey Alfonso (tratando así de lavar su buen nombre y recuperar el favor real) sus sucesivas victorias le conducen hasta Valencia, a la que finalmente pondrá cerco y tras diez meses de asedio conquistará.

La caída de Valencia en manos del Cid; conseguida por un caballero que salió desterrado de Castilla con 300 hombres y que a base de razias, batallas y victorias, ha conseguido juntar en torno suyo un ejército de 3600 (versos 77, 1263-1265), e incluso conquistar la propia ciudad de Valencia, se convierte en una notica que llegará hasta el último rincón de España… Tanto así que cruzará el estrecho de Gibraltar y llegará a oídos del rey de Marruecos. Éste juntando un imponente ejército de 50000 hombres (versos 88, 1625-1626), se decidirá entonces a desembarcar en las playas de Valencia dispuesto a poner fin para siempre con el Cid Campeador. El héroe castellano le recibe sin embargo sin temor alguno e incluso con alegría…

¡Loado sea el Creador y Padre Espiritual! (…) Con grandes afanes gané a Valencia que hoy tengo por heredad; no la he de dejar mientras viva (…) hoy están conmigo mi mujer y mis hijas (…) No puedo menos, he de empuñar las armas, mi mujer y mis hijas me verán lidiar; ahora verán cómo se vive en tierras extrañas; ahora van a ver con sus propios ojos cómo se gana el pan.

Suben al Alcázar su mujer y sus hijas y al alzar los ojos ven éstas el campamento y tiendas de los moros:

-“¿Qué es esto mío Cid en el nombre de Dios?”

-“Ea, honrada mujer ¡no os aflijáis!. Esto es la riqueza maravillosa y grande que viene a buscarnos. Apenas habéis llegado y ya quieren haceros presentes. Ahí os traen el ajuar para vuestras hijas…”

(versos 90, 1633-1650)

Izadas están las tiendas. Tañen presurosamente los tambores. Ya rompe el alba. El Cid exclama lleno de júbilo: “Gran día será este”.

Pero su mujer tiene miedo y quiere rompérsele el corazón, otro tanto acontece a sus damas y a sus dos hijas (…) Acariciándose la barba el Cid Campeador les dice: “No tengáis miedo (…) antes de quince días, si Dios quiere, estarán en nuestras manos aquellos tambores que ahora oís y os los traerán para que veáis como están hechos, y luego serán dados al obispo don Jerónimo para que cuelguen en el templo de santa María, Madre del Creador”.

(versos 91, 1657-1668)

Las tropas del Cid y las huestes moras del rey de Marruecos, tienen un primer enfrentamiento en la huerta de Valencia, donde los moros recibirán un primer correctivo perdiendo frente a las mesnadas del Cid a 500 hombres (versos 92 1675-1678). Sin embargo la verdadera batalla será al día siguiente…

“Oídme caballeros-les dice el Cid-hoy es un buen día, mejor será el de mañana. Antes de que aclare armaos todos; el obispo don Jerónimo nos dará la absolución, nos dirá misa… y a cabalgar. Iremos a atacarlos (…) en nombre del Creador y del apóstol Santiago (…) todos responden: “De voluntad y de corazón lo haremos”.

(versos 93, 1685-1698)

Cae el día y entrada es la noche. La gente cristiana se está aprestando sin tardanza. Al segundo canto del gallo, antes de que amanezca, les dice misa el obispo don Jerónimo (…): “Al que muera hoy lidiando de cara yo le absuelvo de todos sus pecados y Dios recibirá su alma”.

(versos 94, 1699-1710)

El Cid salta sobre su caballo Babieca, que provisto va de toda guarnición. Sale con ellos la enseña (…) con el Cid casi cuatro mil y denodadamente van a atacar a cincuenta mil contrarios (…) El Cid empleó la lanza y a la espada metió mano, mato innumerables moros, la sangre por el codo le está chorreando. Tres golpes le asesta al rey Yusuf pero éste escapa a caballo. Se oculta en el castillo de Cullera y hasta allí le sigue el Cid para alcanzarlo. De allá volvió el bienhadado, muy complacido de capturarlo. Entonces supo lo que valía Babieca de la cabeza hasta el rabo.

(…)

Alegre está el Cid, no menos sus vasallos, que Dios les hubo merced, que vencieron el campo (…) Con cien caballeros a Valencia es entrado, fruncida trae la cofia y el yelmo se ha quitado, así entró sobre Babieca, la espada trae en la mano. Recibiéronlo las damas que lo estaban esperando (…) “Me humillo ante vosotras, buen botín he ganado. Vos guardando Valencia yo venciendo en el campo. Así lo quiso Dios y todos los sus santos (…) Ved la espada sangrienta y el sudoroso caballo, así se vence a los moros cuando se lucha en el campo (…) Así dijo mío Cid, después se apeo del caballo…

(versos 95, 1714-1753)

La “saga” del Cid como la de un “héroe de antaño” le lleva finalmente a conquistar una gran ciudad y proclamarse señor de ésta. Allí recibe con alegría el desafío de defenderla y el orgullo de mostrar su modo de vida, espada en mano, manchado de la sangre de sus enemigos y sobre su sudoroso caballo. Hecho a sí mismo en la virtudes guerreras del honor y el valor…

Posteriormente los moros volverán a atacar Valencia esta vez con el rey Bucar al frente. De nuevo serán derrotados y en esta ocasión el obispo don Jerónimo se adelantará para arremeterlos, matando a dos moros con sus primeros golpes, rompiendo su lanza y continuando entonces con la espada, hasta matar otros cinco (versos 117, 2383-2389). El Cid y sus hombres por su parte, cargarán abriendo brecha en el campamento del rey Bucar, llegando a quebrar las estacas y rodar los postes que rodean las tiendas del rey moro, obligando a éste a escapar (versos 117, 2399-2402). Lo persigue entonces el Cid hasta alcanzarlo…

Mío Cid al rey Bucar llegó a alcanzar: “Vuelve acá Bucar, que veniste allende el mar y ahora has de habértelas con el Cid, el de la luenga barba. Tenemos que besarnos y pactar amistad”. A lo que Bucar responde: “¡Dios confunda tales amistades! Que traes espada en mano y te veo aguijar, o mucho me equivoco o en mis carnes la quieres probar

(…)

Al fin, a tres brazas del mar, logra el Cid emparejarle, levanta en alto la Colada y le descarga un furioso tajo que, arrancándole los carbunclos del yelmo, le abre la cabeza abajo hasta la cintura (…) Así venció la maravillosa y gran batalla. Así se honró el Cid y todos los que estaban de su parte.

(versos 118, 2409-2428)

Como la de un guerrero furibundo y barbado la espada del Cid golpea con una violencia inusitada, abriendo en canal a su enemigo de la coronilla hasta el vientre… Ya le hemos visto anteriormente en escena de similar violencia, cortando por la mitad a un general moro en el cerco de Alcocer.

El Cid espada en mano a hecho su camino. Del destierro y la deshonra a la conquista de Valencia y la victoria contra los reyes moros de Marruecos. Los buenos augurios y el sueño profético de los días de su partida se han cumplido. Sus esfuerzos y fatigas, vagabundo y saqueador desterrado de Castilla, han tenido su fruto, y ahora ya es señor de Valencia. Con su mujer y sus hijas orgullosas de nuevo a su lado.

El cantar continuará con el perdón real y su reconciliación con el rey Alfonso. Y finalmente incluso irá un paso más allá y tal como decíamos al empezar este artículo, tras la afrenta de Corpes y la derrota de los infantes de Carrión, las hijas del Cid se casarán con los reyes de Navarra y Aragón. Su humilde linaje acabará emparentado con el de los reyes de España y éstos, tendrán en su haber que sus hijos y nietos, llevarán la sangre del Cid en sus venas…

*

El héroe por excelencia de la España Medieval reflejará así en la “saga” de su cantar, no sólo los ideales de la sociedad medieval española, sino también algunos de los mitemas esenciales del mundo de la Tradición y su vis heroica. Uniéndose lo perenne y contingente en la vida y leyenda de un héroe castellano cuya saga, estará en los orígenes mismos de la tradición literaria española. Haciendo entonces de ésta, reflejo, lección y enseñanza, de las Verdades del Espíritu…

 

Magia y Épica en la literatura medieval (I)

en Blog/Cultura Celta/Espiritualidad por
Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

El poema de Fernán González es un verdadero tesoro de la literatura medieval española. Escrito en el siglo XIII, a partir de un posible cuerpo de antiguas leyendas que cantaban los juglares y que configuraban la “saga” del conde don Fernando; el poema las reelabora en un único relato coherente y ordenado, que es reivindicación tanto de los valores caballerescos y guerreros que encarna Fernán González, como de la propia Castilla, la Reconquista y España.

Dotado de toda una dimensión mágica y épica realmente sugestiva e inspiradora, en la que no faltan la Profecía, la Caza Salvaje o la Mesnada Celestial, no podía dejar de estar presente en La Forja y la Espada…

*

El destino del Héroe:

El Héroe, está destinado a cumplir un gran destino. A hacer de su vida y obra referente y ejemplo para las generaciones venideras así como fundación de un “nuevo tiempo” que simbólicamente, se recoge en muchas ocasiones en la idea del “reino bienaventurado” o “reino elegido”. El héroe así en este mitema, recibe en algún momento del comienzo de su saga, una señal que le indica ya su horizonte futuro de grandeza; las grandes gestas a las que está llamado y que a partir de ese momento, le espolearán para no desfallecer en su ventura y seguir confiado y decidido la misión encomendada.

Del mismo modo, esta señal que recibe, no la recibe de cualquier manera, sino que es siempre fruto de una situación inesperada, en ocasiones aparentemente casual, pero mayormente dotada del sello de lo providencial.

Tal será el caso de Fernán González, héroe fundador del Reino de Castilla que través de leyendas y romances, se nos presentará tanto como adalid de la Reconquista, como ejemplo palmario de virtudes guerreras y caballerescas. Siendo entonces que al comienzo de su saga, y en un episodio cargado de la imaginería propia del antiguo mundo celta, el héroe, se extraviará en una cacería persiguiendo un gran jabalí, llegando de este modo a una antigua y apartada ermita, cubierta por la vegetación, en la que un solitario monje, le rebelará su destino…

Para cazar un puerco metiose en las montañas (…) cabalgó en su caballo lejos de sus compañas (…) El puerco se acogió en un fiero lugar (…) huyo hasta una ermita, entró tras el altar. Aquella ermita estaba por la yedra cercada, por lo cual toda ella no se veía nada (…) No pudo por la peña el conde aguijar; reteniendo las riendas túvose que apear, por donde el mismo puerco entró en ese lugar, penetró en la ermita, llegó hasta el altar. Cuando vio don Fernando tan honrado lugar, dejó tranquilo al puerco, no lo quiso matar…

Imbuido de respeto por lugar que ha encontrado, Fernán González no puede evitar pronunciar una oración:

“Señor, a quien temen los vientos y la mar, si yo he errado en esto, me debes perdonar. A ti me manifiesto, Virgen Santa María, que de esta santidad Señora, no sabía; para hacer yo enojo aquí no entraría sino para dar ofrenda o a hacer romería”.

Acabada su oración aparece en la ermita un monje, habitante solitario del lugar que ha oído la plegaria de Fernán González. Su nombre es Pelayo y habiéndose apartado nuestro héroe de sus hombres y habiendo caído ya el atardecer, Pelayo le invita a hacer noche en la ermita.

Comparten para cenar un humilde pan de centeno que le ofrece el monje y ya en la oscuridad de la noche fray Pelayo profetiza el destino de Fernán González:

“Hágote, oh buen conde, de esto sabedor: que quiere tus acciones guiar el Creador (…) Harás grandes batallas en la grey descreída, muchas serán las gentes a quienes quites la vida, ganarás de la tierra una buena partida, la sangre de los reyes por ti será vertida”…

(versos 227-239)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ermita de san Pelayo. Donde a Fernán González se le habría profetizado su destino. Foto de Photoletum.

Efectivamente el fragmento seleccionado se comenta casi por sí mismo. El héroe, tal como ocurre en numerosas leyendas paganas de la Europa precristiana, extraviado en una cacería en un paraje agreste o boscoso, acaba por encontrar allí la clave de su destino, que a partir de ese momento, será el argumento definitivo de su vida…

*

La Caza Salvaje:

El continuo guerrear del conde con unos y otro aún a pesar de las heridas y fatigas acaba por hastiar a sus hombres que lamentan la vida sin tregua a la que se ven sometidos…

Estaban contra el conde fuertemente airados (…) porque debían siempre, por fuerza, andar armados. Holgar no los dejaba ni estarse sosegados; decían: “No es tal vida sino para pecados, que andan de noche y día y nunca están cansados; él parece Satán, nosotros sus criados.

Porque lidiar queremos y tanto lo amamos, no reposamos más que cuando almas sacamos; los de la Hueste Antigua, a éstos nos semejamos, pues todas cosas cansan y nunca nos cansamos”.

Los hombres de Fernán González deciden entonces decírselo. Están cansados de tanto batallar y quieren parar:

“Los vientos que son fuertes los vemos descansar; la mar que es airada, la vemos amansar; el diablo no se cansa, pues nunca puede holgar, nuestra vida a la suya se quiere asemejar”.

(versos 340-341)

El fragmento es interesantísimo, pues en un contexto de literatura medieval española, estamos encontrando y así lo hemos subrayado, la referencia a uno de los mitos fundamentales del antiguo mundo céltico y germánico. El mito de la “Caza Salvaje”, que obviamente aquí se nos presentará desde la perspectiva cristiana, asemejándose entonces “la cabalgata de Odín”, al mismísimo diablo…

La Caza Salvaje, conocida en Castilla como “Hueste Antigua”, hace referencia a la interpretación que desde el cristianismo medieval se hace del mito pagano de la mesnada espectral que acompaña al dios de la guerra. Mesnada espectral que a su vez estará referida a las antiguas mannerbünde o cofradías guerreras del mundo celto-germánico. Fratrías de hombres armados consagrados al dios de los muertos en combate y la magia guerrera del “furor”.

Desde el cristianismo, estas antiguas creencias y prácticas de magia guerrera, serán asemejadas al diablo y en las leyendas medievales referidas a la Caza Salvaje, la idea de lo infernal estará siempre presente. Si bien la idea de “condenación” no se encontrará como tal en los orígenes del mito.

En la misma línea y muy posiblemente, muchas de las mascaradas de invierno que aún se conservan en España y Europa, estén referidas también a los mitos de la “Caza Salvaje”, la magia guerrera y el “séquito de Odín”…

En todo caso, que en el poema de Fernán González, su mesnada no pueda sino asemejarse a la “Hueste Antigua”, con el propio conde don Fernando como líder de la hueste guerrera y “maldita” de las antiguas leyendas paganas, no dejará de ser altamente significativo…

*

La vida como Milicia:

Los hombres de Fernán González y como hemos visto, se quejan de la vida sin tregua que están llevando y quieren parar. Tanto batallar les ha hastiado y piden descanso. La réplica del conde será aleccionadora: la vida misma es lucha, la muerte es el descanso definitivo, el tiempo corre inexorable y no tiene marcha atrás, las grandes obras requieren grandes esfuerzos y hombres dispuestos a afrontarlos, la memoria de las hazañas y grandes venturas es el mejor legado que se puede dejar; nuestras vidas están llamadas a tener resonancia en los siglos por llegar…

“Nunca debe, el que puede, una lid aplazar, quien tiene buena hora otra quiere esperar; nunca un día perdido se puede recobrar, jamás en aquel día nos podemos tornar. Cuando el hombre su tiempo quiere en balde pasar, no quiere de este mundo otra cosa llevar sino el estar ocioso y dormir y holgar; de tal muere la fama cuando llega a finar.

El dichoso y el mísero ambos han de morir, ni uno ni el otro pueden de ello huir; quedan los buenos hechos: estos han de vivir, de ellos toman ejemplo los que han de venir.

Todos los que un gran hecho quisieron realizar, por muy grandes trabajos tuvieron que pasar; no comen cuando quieren ni cena ni yantar, los vicios de la carne débenlos olvidar. No cuentan de Alejandro las noches ni los días, cuentan sus buenos hechos y sus caballerías (…) si tan buenos no fueron, hoy serían olvidados; serán los buenos hechos hasta el fin contados.

Por tanto es necesario que los días contemos, los días y las noches en qué los expendemos; cuantos en balde pasan no los recobraremos; amigos bien lo veis, que mal juicio hacemos”…

(versos 351-360)

Con argumentos similares y previamente a este discurso, en la primera lucha que libra Fernán González contra Almanzor (derrotándolo en Lara), encontramos una situación similar. En este caso, teniendo que responder a algunos de sus hombres que se encuentran amedrentados, frente al poderío del ejército moro que comanda Almanzor. La réplica del héroe castellano será de nuevo antológica y en ella el ideal de la vida como milicia, se verá aderezado con el deber de recordar a los antepasados y tener presente su legado a la hora de afrontar las adversidades y amenazas, que puedan cernirse sobre la patria…

“No puede el Hombre la muerte excusar, bien sabe que no puede escapar, horada muerte debe a la su carne dar.

Si tributo pagamos y la tregua obtenemos, de señores que somos vasallos nos haremos; en vez de que a Castilla de su aflicción saquemos, la aflicción en que era se la duplicaremos.

Nuestros antepasados lealtad siempre guardaron, sobre las otras tierras ellos la heredaron; por guardar lealtad, sus muertes olvidaron; todo cuanto quisieron con ella lo lograron.

(…)

Fueron nuestros abuelos mucho tiempo afrentados, pues los tenían los moros muy fuerte arrinconados, eran en poca tierra pocos hombres juntados, por el hambre y la guerra eran muy azotados.

Aunque mucha aflicción, mucha cuita sufrieron, de otros siempre ganaron, lo suyo no perdieron, por miedo de la muerte nunca yerros hicieron, a los sus adversarios por esto los vencieron.

¿Cómo se nos habría todo esto de olvidar? Lo que ellos tuvieron debémoslo heredar; si recordamos esto, no podremos errar, puedemos todo aquesto de mala acción librar.

Esforzad, castellanos, y no tengáis pavor; venceremos las huestes de ese rey Almanzor; libraremos Castilla de aflicción y de error: él será vencido, yo seré vencedor.

(…)

De todos los de España me haréis a mí el mejor, será grande mi honra, la vuestra será mayor”.

(versos 210-224)

De nuevo las mismas ideas que hemos visto anteriormente pero en este caso acompañadas de la idea del deber patriótico. La vida como milicia y la muerte como horizonte seguro que paradójicamente, da sentido a la existencia y la espolea, más allá de la molicie o la cobardía. Todo un compendio así de principios tradicionales de sabiduría perenne para el Hombre de alma guerrera. Tanto frente al hastío de las luchas de la vida, como frente al temor a la muerte…

*

La épica de la muerte en combate y la ayuda celestial:

En la “saga” de Fernán González destaca su lucha contra Almanzor. Primero en Lara y después en Hacinas. A través de sendos episodios el gusto por la “poética de la guerra”, tan propio de la cultura medieval y antigua, se expresará con especial brillo, enmarcándose a su vez en la mistificación de la Reconquista y de la propia idea de España.

Esta idea mistificadora del combate, la lucha contra los moros, la Reconquista, Castilla y España, alcanzará especial relieve con la figura del apóstol Santiago y su Mesnada Celestial; que a modo de apoteosis final cerrará la primera parte de la “saga” de Fernán González.

A través de todo ello y de nuevo, toda una concepción del mundo ajena a la Modernidad, se nos mostrará con especial belleza y fuerza evocadora…

En el primer enfrentamiento entre Fernán González y Almanzor se nos dice así:

Ponían toda su fuerza en guardar a su señor, no tenían de la muerte ni pesar ni dolor, el deber les quitaba de la muerte el pavor; no había para buenos otro mundo mejor.

(…)

Caballeros y peones firmemente lidiaban, todos, cuanto podían, a su señor guardaban; al decir él ¡Castilla! todos se esforzaban; los moros con todo esto, las espaldas tornaban.

(…)

Fue Almanzor vencido con sus caballerías: allí fue demostrado el poder del Mesias; el conde fue David, Almanzor fue Golías.

(versos 266-272)

Sin embargo, tras esta derrota de Almanzor en Lara, el líder mahometano, volverá al ataque en son de yihad con un ejército imponente traído de África:

Cuando fue Almanzor la otra vez vencido con el pesar que tuvo a Marruevos fue ido; fue el llamamiento en toda África difundido; fue, como a guerra santa, todo el pueblo movido.

Los turcos y los árabes, esas gentes ligeras, que son en las batallas unas gentes certeras, con sus arcos de nervios y ballestas certeras, de éstos venían llenos senderos y carreras.

Venían los almohades y los benimerinos, trayendo en los camellos sus hornos y molinos; venían también moros del oriente vecinos: de todos estos eran cubiertos los caminos.

De estas gentes venían allá sin cuenta ni tiento, no eran del mismo origen ni de un entendimiento, más feos que Satán con todo su convento al salir del Infierno sucio y carboniento.

(versos 388-391)

Frente a la amenaza del Almanzor y su renovado ejército traído de África, Fernán González se retirará al monasterio de san Pedro de Arlanza a orar. Preparándose así para el terrible desafío que se cierne sobre él y sobre Castilla:

“Señor, Tú dame esfuerzo, buen juicio y poder, para que Almanzor logre matar o vencer”

(…)

El espíritu del monje que en su día le profetizo un destino glorioso, se le aparecerá entonces en sueños anunciándole de que el día de la lucha, recibirá la ayuda del apóstol Santiago y su mesnada Celestial:

De paños como de sol todo venía vestido, nunca cosa más bella viera hombre nacido (…) “Despierta, ve adelante, que hoy aumenta tu bando; vete para tu pueblo que ya te está esperando”.

“Otorgate el Creador cuanto pedido has: en los pueblos infieles gran mortandad harás, de tus buenas compañas muchas ahí perderás, pero con todo el daño, el campo vencerás”

(…)

“Yo estaré allí contigo, Él me lo ha otorgado, allí estará el apóstol Santiago llamado; Cristo nos enviará a ayudar su criado; será con tal ayuda Almanzor abrumado.

Otros muchos vendrán como en una visión, con blancas armaduras: ángeles de Dios son; cada uno traerá la cruz en su pendón; al vernos perderán los moros el corazón…”

(versos 407-414)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ruinas de san Pedro de Arlanza. Donde Fernán González se retira a orar antes de su lucha contra Almanzor. Foto de Photoletum.

Llegada la batalla contra Almanzor en Hacinas y tras dos días de lucha denodada, castellanos y moros siguen en tablas aún a pesar de lo crudo del combate. Fernán González lucha al frente de sus tropas y hace tan gran mortandad entre los moros, que ninguno osa ponérsele delante.

Sin embargo llegado el tercer día, los castellanos sufrirán el tremendo revés de perder al campeón castellano Gustio González al tiempo que los moros, conseguirán cercar al propio conde don Fernando. Lo apurado de la situación llevará a Fernán González a contemplar su propia muerte y claro está, a hacerla frente espada en mano…

Tenía fuerte cuita el conde don Fernando, iba por si ocurría, su muerte preparando; alzó arriba los ojos al Creador rogando; como si con Él fuera, así le está llamando:

“Pues no tengo la dicha de esta lucha ganar, aunque escapar pudiera, yo no quiero escapar, ni he de ver nunca yo más cuita ni pesar: me pondré en un lugar donde me han de matar”.

“Castilla quebrantada quedará sin señor; me iré con esta rabia, mezquino pecador, pues será ella cautiva del moro Almanzor: por no ver ese día la muerte es lo mejor”.

“Señor ¿por qué nos tienes a todos tanta saña?; por los nuestros pecados, no destruyas España. Su pérdida sería, por culpa nuestra, extraña, pues de buenos cristianos no había otra tamaña”.

(…)

“Pero no moriré así desamparado: antes tendrán de mí los moros mal mercado; tales cosas hará antes este cuerpo penado, que, mientras dure el mundo, siempre será contado”.

“Si me quisieras Tú tanta gracia otorgar que me pudiera yo a Almanzor allegar, no creo que pudiera vivo de mí escapar, yo mismo cuidaría de mi muerte vengar”.

(versos 551-558)

Preparado para la muerte, preparado para morir matando y pidiendo a Dios que le concede llegar hasta al moro Almanzor para matarlo con sus propias manos, el conde don Fernando lamenta a su vez el destino de Castilla y de España, en ciernes de ser destruidas por Almanzor.

Sin embargo, ha llegado el momento de que la promesa que se le hizo en sueños en san Pedro de Arlanza se cumpla. Y el apóstol Santiago y su mesnada de ángeles cruzados bajarán de lo Alto para ayudar a Fernán González y sus castellanos, a derrotar a los moros:

Oyó una gran voz que lo estaba llamando: “¡Fernando de Castilla, hoy aumenta tu bando!”

Alzó arriba los ojos a ver quién le llamaba, y vio que el santo apóstol encima de él estaba, con él de caballeros gran compañía llevaba, todos armas cruzadas, según le semejaba.

Fueron contra los moros las haces preparadas, nunca vio ningún hombre gentes tan esforzadas; el moro Almanzor con todas sus mesnadas fueron luego con ellos fuertemente embargadas.

Viendo en la misma enseña tantos pueblos armados, tuvieron muy gran miedo, fueron mal espantados; de cuál parte venían eran maravillados; lo que más les pesaba: que eran todos cruzados…

Dijo el rey Almanzor: “Esto no puede ser; ¿de donde creció al conde un tan fuerte poder? Pensaba yo hoy sin duda matarle o prender, y es él quien con sus gentes nos ha de acometer”.

(versos 561-564)

Almanzor y su imponente ejército, serán así estrepitosamente derrotados, y la ayuda celestial de Santiago y su hueste de ángeles guerreros, salvarán a Castilla y España de ser destruidas a manos de los moros. Al frente del ejército vencedor, Fernán González, en quien las promesas anunciadas para él en “la profecía” del monje Pelayo se habrán cumplido; al tiempo que a lo largo de la saga del héroe castellano, episodios e imágenes propias del legendarium de la antigua Europa, se habrán hecho presentes como eco de una esencia perenne, mantenida a lo largo de los siglos…

*

El poema de Fernán González es en definitiva, un regalo de la tradición literaria española, en este caso en lengua castellana, que nos acerca a los principios y valores, ética y estética, no ya del Medievo, sino de la propia Europa pre moderna. Encontrando en ésta, esa pureza, autenticidad, magia y épica que tantas veces se echa de menos, en los malhadados días de la Edad Oscura…

Son ruinas del pasado, cierto es que es así, y cierto es que no tiene sentido querer hacer revivir dichas ruinas. Pero su papel en el Kali Yuga no es ser revividas sino recordadas. Para a partir de dicho recuerdo, recibir la inspiración necesaria para buscar lo perenne y eterno que las ruinas señalan; y entonces sí, “hacer cruzada” para traerlo de vuelta a nuestro a tiempo…

 

El fin de la conquista romana de Hispania

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
El fin de la conquista romana de Hispania: Las Guerras Cántabras (29-19 a.C.)

El fin de la conquista romana de Hispania: Las Guerras Cántabras
(29-19 a.C.)

Las Guerras Cántabras son el último episodio de la conquista romana de Hispania. Y junto con las guerras de Viriato y de Numancia, el episodio más épico y representativo de la tradición guerrera de la Hispania céltica. No podía faltar así en La Forja y la Espada.

 

Recogemos de este modo con un breve repaso dicha guerra, y completamos también así nuestra serie de artículos sobre las luchas de nuestros antepasados contra Roma…

*

Los cántabros y los astures vivieron fundamentalmente al margen de la agitada situación del resto de Hispania, durante los casi dos siglos de lucha y conquista romana. Cierto es que participaron desde el principio como mercenarios y auxiliares en las diversas guerras que se fueron sucediendo en el solar hispano, pero siempre y en todo caso manteniendo su independencia y sin sufrir el avance de las legiones romanas en su propio territorio. Sin embargo, llegado el poder de Roma a la línea del Duero y la zona de la actual Galicia, en el noroeste, a las minas y riquezas de dicho territorio, era cuestión de tiempo que la amenaza de las razzias cántabras (como anteriormente ocurrió las razzias lusitanas) propiciará la intervención de Roma.

Asegurar la línea del Duero y las minas del noroeste de Hispania, será así la intención principal que parecerá vislumbrarse en las campañas romanas en Asturias y Cantabria; más tendentes a frenar la belicosidad indígena, que a establecer allí un verdadero foco de colonización y romanización. Cosa que si ocurrió en la Bética, el valle del Ebro o el Levante.

-La guerra comenzó 15 años después de la muerte de Cesar (29 a.C.) y dos años después de la batalla de Actium (31 a.C.). Y será dirigida en un primer momento por Statilio Tauro, legado de Augusto en Hispania. Los primeros enfrentamientos implicarán todavía a algunas tribus vacceas aún reticentes a Roma, y por supuesto a astures y cántabros. Y tras una primera victoria inicial romana, los vacceos ahora sí, no volverán a sublevarse. Circunscribiéndose entonces la lucha al centro-norte y noroeste de Hispania. La capital de los astures será tomada en este momento (la actual Astorga) y en ella quedará acampada la correspondiente guarnición.

Siendo derrotados en los llanos de la meseta norte, los hispanos se retirarán entonces a sus montañas…

-Para el año siguiente (28 a.C.) es enviado a Hispania Calvisio Sabino, que contendrá en los bordes de la Meseta a astures y cántabros, concediéndosele el triunfo al volver a Roma.

Lo mismo hará un año después (27 a.C.) su sucesor Sexto Apuleyo. Lo que supondrá establecer en torno a Astorga, un área de dominación segura para Roma, con un punto de fuerza al norte del Duero, a los pies mismos de las montañas de la cornisa cantábrica.

Del 26 al 24 a.C.-Augusto en Cantabria

-Llegado el 26 a.C. y en vista del afianzamiento de Astorga para las fuerzas romanas, el propio Augusto ira a Hispania. Desembarcando en Tarraco (en Tarragona) y dirigiéndose directamente hacia territorio cántabro-astur, dispuesto a ponerse él mismo al frente de la lucha contra los “bárbaros” y entrar con sus legiones, en las tierras de los últimos hispanos “libres”…

La campaña sin embargo se complicará mucho y se hará durísima para los romanos, que deben luchar contra unos pueblos cuya vida era fundamentalmente las armas y la guerra, y contra una geografía terriblemente abrupta, intrincada y carente de vías de comunicación, uniéndose a todo ello un clima inhóspito, con abundante nieve en las montañas y constantes lluvias….

Los cántabros y astures conocerán por el contrario el terreno y se moverán cómodamente en él, y del mismo modo estarán hechos al clima y el paisaje, lo que les ayudará a realizar una intensa y efectiva guerra de guerrillas. Para más inri, el frente de campaña será amplísimo, extendiéndose a lo largo de 400 kilómetros. Esto en una zona que no destacará precisamente por proveer de demasiados recursos a las tropas romanas.

Augusto contemplará la situación no sin preocupación, y llevará hasta Hispania, frente a cántabros, astures y galaicos, a nada menos que siete legiones, haciéndose acompañar de una importante intendencia para disponer de víveres traídos de otros lugares. El frente de guerra se dividió en tres campamentos: Segisamo; frente a los principales promotores de la guerra, los cántabros, y cuartel personal de Augusto. Asturica (Astorga); frente a los Astures y ubicado más al oeste. Punto fuerte de Roma frente a la cornisa cantábrica. Y Bracara; frente a los galaicos y límite occidental del frente de guerra. Finalmente y desde el otro lado de las montañas, encontraremos también Portus Blendius, en el actual Suances, que servirá de punto de abastecimiento desde la costa cantábrica.

Las mismas líneas de penetración que encontramos actualmente en la cornisa cantábrica, serán las que trazará Roma para adentrarse en territorio cántabro-astur. Siendo durante dos años, que Augusto dirigirá personalmente la campaña. A pie de las montañas pero también desde Tarraco, lo que favorecerá a la ciudad, que erigirá estatuas en su honor para el culto al Emperador. Allí mientras planeé la guerra contra los cántabros, será donde lea los primeros versos de la Eneida…

Contra los cántabros se llevará a cabo una inmensa operación militar que a modo de pinza, tratará de asfixiarlos en sus mismas montañas. Desde el sur por tierra, y desde el norte por mar, los romanos avanzarán hacia el interior del territorio bárbaro dividiendo su acción en tres cuerpos, que irán haciendo huir a los cántabros a su paso, los cuales se emboscaran y hostigarán a los romanos con una insistente guerra de guerrillas; obligando a Roma en muchas ocasiones a casi cazarlos, como si de una batida de lobos se tratara…

La dinámica de la campaña, a base de guerrillas y persecuciones, unido a lo accidentado de la geografía y lo incómodo del clima, llevará a Augusto a caer enfermo, agotado por las calamidades y dureza de la guerra. Destacándose aquí la anécdota referida por Schulten a partir de una cita de Dión Casio (56, 43, 3) sobre un jefe cántabro, de nombre Corocotta, al que Augusto habría puesto precio a su cabeza y que enterado de la recompensa que se ofrecía por él, fue en persona al campamento de Augusto a cobrarla. Augusto maravillado del valor y la “desfachatez” del bárbaro, no solo le dio su recompensa, sino que además le dejo marchar sin apresarlo….

En cualquier caso, el “primer emperador de Roma”, fatigado y enfermo por la dureza de la campaña, volverá a Tarraco a sanar de las penurias de la guerra. Mientras en el frente, continuarán las hostilidades y los cántabros lucharán contra los romanos en Aracillum, cerca de la actual Reinosa; dándose allí un correoso enfrentamiento entre ambas fuerzas por el dominio de este enclave. Los asaltos y asedios se sucederán y desde el norte en Portus Victoriae (Santander) y desde el sur en Segisamos, los romanos irán acorralando a los bárbaros hasta tomarles finalmente la plaza de Aracillum, pero también la de Amaya, sitiándolos después en el Monte Cildá y el Monte Bernorio. Es de estos asedios y luchas que después las fuentes clásicas y como hemos visto en capítulos anteriores, señalarán el heroísmo fanático de los cántabros, que matan a sus hijos antes que entregarlos a Roma o que mientras son crucificados, cantan himnos de victoria…

En la misma línea y en el ámbito galaico tendremos el asedio de Mons Medullius al norte de Lugo, donde los sitiados viendo imposible la salvación, se quitarán ellos mismos la vida tras un gran banquete (Floro, II, 33, 50); siendo entonces que desde ese mismo punto los romanos, establecerán una base en el centro de Galicia. Dejando allí una guarnición y quedando la franja occidental del frente de guerra a partir de ese momento, mayormente pacificada.

-Son así entre el 26 y el 24 a.C. dos años de campaña continuada que si bien supusieron innumerables fatigas para los romanos, también fueron durísimos para los bárbaros que en algunas áreas, como el centro-noroeste de Galicia y tras el suicidio colectivo de Mons Medullius, depondrán su beligerancia definitivamente.

Sin embargo los dos años de campaña no serán suficientes y las fuerzas cántabras no quedarán agotadas, del mismo modo que los astures, que durante el 26 a.C. habían permanecido al margen de las luchas contra Roma, se alzarán en armas al año siguiente lo que obligará a los romanos a tomarles por asedio la ciudad de Lancia, en la actual Villasabariego. Lo que aún debilitando su resistencia, no impedirá que la insurrección astur se reproduzca en los años siguientes.

Del 24 al 19 a.C.-La última resistencia hispana a la conquista romana.

-Tras dos años de campaña Augusto abandonará Hispania queriendo creer que la guerra está concluida. Sin embargo, en cuanto haya marchado de las costas de Tarraco, los cántabros volverán a las armas reproduciéndose los asaltos y las guerrillas por todo el centro-norte Peninsular, incluyéndose tanto el área cántabra como el área de los astures. Para los cuales, no parecerá servir el simple hecho de tomarles las ciudades, pues se refugiaban en el monte y en las aldeas y desde allí volvían de inmediato al ataque.

El caso de los cántabros será si cabe más llamativo, pues vendidos muchos de ellos como esclavos en la Galia, matarán a sus amos y armándose de nuevo, volverá a su tierra para continuar la guerra…

Frente a tal situación, lo prolongado de la guerra, así como el empecinamiento de los bárbaros, Augusto tomará la decisión de enviar al mando de las operaciones contra los cántabros y los astures a uno de sus mejores hombres: Agrippa.

Este parecerá recibir órdenes de llevar la represión hasta genocidio si fuera necesario…

Agrippa llegará a Hispania el año 19 a.C. dispuesto a llevar la guerra hasta el paroxismo, convirtiendo la ofensiva en el norte Peninsular en una verdadera guerra de aniquilación. Persiguiendo sin tregua a los bárbaros hasta en sus más recónditos “escondrijos”, como si de una cacería de alimañas se tratase. La guerra traerá numerosas bajas para ambos bandos pero la despiadada represión de Agrippa, terminará por laminar la resistencia bárbara, que quedará totalmente desbaratada. Dándose de nuevo e incluso con mayor intensidad el fenómeno del heroísmo fanático de los cántabros, que impresionará a los propios romanos que no podrán sino señalar cómo éstos, no aceptarán bajo ningún concepto la pérdida de la libertad, prefiriendo la muerte a la esclavitud: Cantabrum indoctum iuga ferre nostra (Horacio, Carm, II, 6, 2).

La guerra concluirá posiblemente, con el mayor baño de sangre de la conquista romana de Hispania y en él, quedará testimonio tanto del coraje hispano, como de la fría determinación romana.

-Augusto para pagar a los veteranos de guerra hará acuñar moneda y los licenciará otorgándoles propiedades en Mérida y Zaragoza. Terminaba una de las más terribles guerras de la Historia de Roma y con ella, concluía la pacificación de Hispania y su inclusión al completo en la órbita romana. Casi 200 años de avance lento y fatigoso sobre unos pueblos y un territorio que andando el tiempo, se convertirá posiblemente, en la provincia más romanizada del Imperio. Si bien esta romanización no será homogénea, manteniéndose hasta el Bajo Imperio amplias áreas del territorio Peninsular (mayormente la franja norte), con un limitado nivel de romanización.

-En conclusión, las guerras cántabras fueron la última etapa de la conquista romana de Hispania y en ella los cántabros, se cubrirán como actores de un último acto de resistencia heroica, con toda la gloria guerrera que cabe esperar para un pueblo noble y valeroso. El fin de las guerras cántabras fue así “el fin de la Hispania Bárbara y Prerromana” y el comienzo definitivo de la Hispania romana, una nueva etapa histórica de la que todavía hoy, somos herederos…

*

Doscientos años de conquista romana de Hispania…

 

Aquellos fueron nuestros antepasados. Desde el punto de vista genético somos fundamentalmente descendientes de ellos[1]. Y esto independientemente de nuestras diferencias regionales y del propio recorrido histórico de España. Léase aquí Roma, la cristianización, los godos, la invasión islámica y la Reconquista, el Imperio y la conquista de América… Siendo así que a través de dicho y arduo recorrido, en gran medida no hemos dejado de ser las mismas gentes, la misma sangre…

Tengamos entonces en la memoria la Hispania prerromana. Quizás podamos aprender algo de quiénes somos y a partir de ahí, de qué debemos hacer y cómo debemos convivir…

 

[1] Tal como hemos señalado en la nota a pie de página número 14 del capítulo 1, los estudios genéticos llevados a cabo por la universidad de Oxford y dirigidos por el catedrático de genética humana Brian Skyes, indican que el ADN de los españoles del siglo XXI, viene caracterizado por el halogrupo R1B, con una media del 72% para el conjunto de España. Dicho “marcador genético” sería compartido por todos los españoles, sean de una región u otra, y estaría asociado a las primerísimas y más antiguas poblaciones del oeste de Europa, de época paleolítica. Matriz genética de pueblos posteriores como celtas e íberos. De tal manera, que la “huella genética” de los pueblos prerromanos de Hispania, seguiría siendo así aún a día de hoy, la huella principal de los españoles del siglo XXI. Huella que por otra parte, nos emparentaría con las gentes de Gales, Escocia e Irlanda, y en general, con los pueblos del oeste de Europa.

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ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

en Cultura Celta/Espiritualidad por
ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

La conquista romana de Britania es uno de los episodios de la Historia Antigua, que mayor fascinación puede generar entre aquellos que todavía encuentran en el pasado, claves para entender el presente y la propia identidad.

Los druidas en Inis Mona, la revuelta de Boadicea, la sempiterna rebeldía de los galeses y por supuesto, las campañas en la brumosa y lejana Caledonia; en la actual Escocia. Y aquí el muro de Adriano, la misteriosa desaparición de la legión novena, en campaña al norte del muro y en el interior de las “Highlands”, y claro está los pictos, desde finales del siglo III d.C. asaltando el muro, en sucesivas guerrillas y luchas hasta el abandono definitivo de éste, a comienzos del siglo V. Con la caída del propio Imperio Romano…

En esta “última frontera” de Roma, la más septentrional de su Imperio, los “últimos hombre libres”, alzan su voz contra el invasor: Es el año 83 d.C. y el general romano Agrícola avanza sobre Caledonia. El resto de Britania ha sido mayormente sometida y sólo la actual Escocia ha quedado libre de las garras del águila romana. Los caledonios dejarán entonces a un lado sus disputas intestinas y se unirán en una gran coalición para hacer frente al invasor. Es la batalla del monte Graupius, en la que a pesar del coraje “escocés”, Roma se impondrá de nuevo de manera arrolladora. Para la posteridad quedará el discurso arengando a sus tropas del líder caledonio Calgaco. Recogido por Tácito y fuente como veremos, de enjundiosas lecciones de Honor y Libertad…

*

(Agrícola) llegó hasta el monte Graupius, que el enemigo ya había ocupado. Y es que los Britanos (…) se daban cuenta de que un peligro común sólo podían rechazarlo mediante la unidad, y habían reunido así fuerzas de todas las ciudades mediante legaciones y pactos. Se podían ver de este modo más de treinta mil hombres armados afluyendo en aquella dirección; toda clase de jóvenes y aún ancianos con energía y vigor, ilustres veteranos que lucían cada uno sus condecoraciones…

Entonces, se dice que un general, que destacaba entre todos por su valor y su linaje y de nombre Calgaco, habló de esta manera a la apretada multitud que allí se congregaba:

ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

“Cuantas veces reflexiono sobre las causas de esta guerra y sobre cuál será la actitud de los dioses para con nosotros, me siento bien seguro de que vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud; y no os queda ya tierra a vuestra espalda para retroceder y ni siquiera el mar, con el acecho de la flota romana, ofrece seguridad. Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes.

 

Las batallas anteriores que con fortuna variada se han sostenido contra los romanos, dejaban de nuestro lado la esperanza de estar a salvo, pues al ser el pueblo más noble y antiguo de toda Britania, y vivir apartados sin vista alguna a las costas de los esclavos (se refiere a las costas de la Galia), no llegábamos a imaginar siquiera una invasión. En el último baluarte de la libertad, la propia distancia y las incógnitas sobre nuestra fama, nos han defendido hasta hoy (…) Pero ahora Britania queda completamente al descubierto, pues tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”…

 

Por naturaleza, cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos.

 

Los esclavos nacidos para la esclavitud, son puestos a la venta una sola vez y además, sus amos los alimentan: Britania compra y sustenta su propia servidumbre diariamente… (…) en un mundo así a nosotros nos buscan para renovar el servicio y, baratos que somos, para exterminarnos; y es que ya no nos quedan campos, ni minas, ni puertos para cuya explotación nos guarden. Por otra parte, a los invasores no les gusta el valor y el orgullo de las gentes. La distancia y la independencia, cuanto más seguras parezcan, más desconfianza les provocan. No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria. Recordad a los brigantes, que a la ordenes de una mujer (se refiere al alzamiento de Boadicea), incendiaron una colonia, tomaron un campamento, y si su dicha no se hubiera convertido en negligencia, habrían podido liberarse definitivamente del yugo romano. Nosotros vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello; mostremos desde el primer evite qué clase de hombres se había guardado Caledonia para defenderse…

 

¿Creéis que a los romanos les asiste en la guerra un valor parejo a la molicie que les acompaña en la paz?… Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…

 

Todos los estímulos para la victoria están así de nuestra parte: no hay esposas que animen a los romanos, ni padres que vayan a reprochar su fuga; la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma. Los dioses nos los han entregado (…) temblando de ignorancia, mirando a su alrededor incluso un cielo y un mar, unos bosques, que desconocen por completo (…). No os asuste entonces su aspecto vano, el fulgor de sus oros y platas, que ni protegen ni hieren. Entre las filas del enemigo encontraremos ayuda: los Britanos reconocerán su causa, los Galos recordarán la libertad perdida, y los Germanos desertarán (…).

 

Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

Recibieron el discurso con vehemencia, al estilo de los bárbaros, entre bramidos, cantos y voces desacordes. Y ya se iniciaba el avance y refulgían las armas con el impulso de los más audaces…

(Tácito. Agr. 30-32, 4)

*

Sin entrar en las disquisiciones historiográficas sobre la mayor o menor veracidad histórica de este discurso, o sobre las fuentes que pudo manejar Tácito para elaborarlo, posiblemente adornándolo con elementos de su propia cosecha, lo cierto es que resulta realmente conmovedor…

En este sentido, las arengas a las tropas, tanto por parte de bárbaros como de romanos, están plenamente constatadas a lo largo de la Historia Antigua y es obvio, que para una ocasión tan señalada, el cabecilla de los rebeldes caledonios, no dejaría de dirigirse a sus hombres buscando elevar la moral y predisponerlos al combate.

Distinta es la cuestión de cómo Tácito documenta el discurso y lo elabora, muy posiblemente y como ya hemos señalado adornándolo; pero también muy posiblemente basándose en una realidad. Basándose en algo que ocurrió.

En cualquier caso, a nosotros lo que nos va a interesar aquí, es señalar algunas ideas que consideramos importantes sobre dignidad, honor, patriotismo y libertad. También sobre tiranía y despotismo, que se recogen en la arenga de Calgaco contra los romanos.

Fijémonos entonces en el primer párrafo, donde dice: vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud”. Para después añadir: “Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes”.

 

Tenemos aquí una primera idea interesante en torno a la unión de gentes afines, de lazos comunes y pueblos hermanos, que dejando a un lado sus diferencias, se unen para defender la libertad de todos. No la de caledonios, silures o brigantes, sino la de toda Britania. Gentes que nunca han vivido en esclavitud y que marchan juntas para seguir así.

Por otra parte otra idea también interesante en torno a las armas, a la lucha; a la idea de la necesidad de estar dispuestos a defendernos. No como cuestión ya de valientes o cobardes, sino como cuestión de evidente necesidad.

En el segundo párrafo nos encontramos después lo siguiente: “tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”.

 

Quizás este sea el fragmento más intenso y conmovedor. También el de connotaciones más románticas y evocadoras: Los “últimos hombres”, arrinconados en el extremo norte, lejos de las “costas de los esclavos”, a su espalda los acantilados y el mar pero enfrente, una amenaza aún peor: Roma. Una Roma que es descrita como un “Imperio del Mal”, de codicia y prepotencia. De avaricia y desmesura. De ansía ciega e innoble que con cinismo llama a sus matanzas y saqueos “Imperio”, y a la desolación que deja a su paso “Paz”.

Siglos después san Agustín nos dirá que si un estado no se consagra a la búsqueda del bien común y la verdad, no se diferencia de una partida de piratas más que en el tamaño…

Las peores imágenes que podamos hacernos de un estado inspirado únicamente en la “voluntad de poder”, se concentran así en la Roma insaciable que describe Calgaco. Y en la misma línea más adelante se nos dice: “cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos”.

 

En definitiva, un horror de imperio que puede tener la fuerza pero al que no acompaña la razón. Que puede tener “poder”, pero no tiene nada más… De hecho, frente a la descripción de su tiranía y estragos, no quedará sino la lucha a brazo partido y sin cuartel: “No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria (…) vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello”.

 

Nadie se arrepiente de ser valiente. Nadie se arrepiente de reconocida la tiranía, hacerla frente; aunque sea a costa de la propia vida: “alcanzar la Gloria”.

Seguidamente encontramos otro fragmento interesantísimo donde se dice: “Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…”

 

Los desacuerdos y discrepancias entre quienes tenían que estar unidos para hacerlo frente, son la fuerza del “Enemigo”. Enemigo cuyo ejército no se mantiene leal por adhesión y compromiso, sino por miedo y terror. El “Imperio de la Codicia” no genera así amor y lealtad verdadera y sus ejércitos, los une el “débil vínculo” del miedo, y quien un día deja de temer, “empieza pronto a odiar”…

También se señala aquí una interesante referencia al patriotismo, con esos britanos que “da vergüenza decirlo”, luchan del lado de Roma. De nuevo la idea de una Britania que diversa en pueblos y gentes, debe sin embargo unirse frete al invasor, pues todos ellos son al fin y a la postre britanos, son al fin y a la postre pueblos hermanos.

En esa misma línea más adelante se nos dirá refiriéndose al ejército romano: “la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma”.

 

La figura del apátrida y del “mercenario” como una figura despreciable. Sin honor.

Finalmente en el último párrafo de la arenga de Calgaco, la elección determinante. La decisión que marca el ser o no ser: La Libertad o la Esclavitud. Y el combate como escenario en el que dicha cuestión queda dilucidada. Con los antepasados y las generaciones futuras como inspiración para dicho combate: “Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

 

La rotundidad de las palabras finales del líder “escocés” no solo tienen la fuerza de la épica, de la poética de la guerra, sino que sobre todo tendrán la fuerza del ideal de “Libertad”. Entendido éste como una de esas “verdades de la vida” que solo se alcanza y puede vivir, luchando…

*

Respecto del tema del Imperio Romano y los Bárbaros nosotros mismos en nuestra tesis doctoral, incluimos un capítulo, y ciertamente el maniqueísmo que destila el discurso de Calgaco, no sería mayormente la mejor manera de afrontar la comprensión de qué cosa fue Roma, y qué supuso para los pueblos bárbaros de Europa. Pero es que esa no es la cuestión aquí. Es decir, no nos interesa tanto la arenga de Calgaco en tanto que arenga contra Roma, sino en tanto que arenga que recoge arquetipos: El poder tiránico, déspota y esclavizador; “El Imperio del Mal”, hecho de codicia y ambición ciega. En frente, los pueblos hermanos y libres, que deben dejar atrás sus diferencias para unirse, para hacer verdadero patriotismo y dejando a un lado el “nacionalismo”, hacerse fuertes y enfrentar a la amenaza de la tiranía. Son los “Rebeldes”, los “Patriotas” y claro está, vinculado a éstos, el ideal de “Libertad”. Una Libertad que no se consigue sin lucha, que es fruto del valor y el coraje y por la que morir merece la pena y se otorga la Gloria. Y aquí entonces el “Espíritu de Combate” como valor. Como principio dador de sentido y forjador del alma. Y finalmente los “traidores”… los apátridas y mercenarios, los soldados de un “Imperio” que no merece adhesión ni lealtad y sólo se mantiene a costa del miedo y la dominación. Traidores que quizás algún día despierten y conviertan su antiguo miedo, en odio…

Todo ello a la vista está, imágenes arquetípicas que acompañan desde siempre los mitos y leyendas del Mundo de la Tradición, que a través de cuentos de hadas y literatura fantástica llegan hasta el día de hoy, y que incluso el cine no pudiendo ser de otra manera en nuestra época, usa para algunas de sus superproducciones.

Y sin embargo, no estamos dejando de hablar de un episodio histórico recogido por Tácito en sus Anales.

En este sentido, el valor de este tipo de arquetipos o quizás sería mejor decir “mitemas”, estará en su dimensión simbólica y alegórica. Ahí es donde residiría su riqueza, entendemos espiritual. Pero también ocurrirá a veces que la propia Historia se parecerá al Mito, o mejor aún, que el Mito nos ayudará a leer la Historia con mayor hondura. Atendiendo entonces a las fuerzas profundas que a través de los avatares de la Historia y su infinita casuística, pudieran estar entrando en liza. Quizás eso es lo que indirectamente pudo recogerse en la arenga de Calgaco antes de la batalla, y en la manera que tuvo Tácito de guardarla para la posteridad. Como si hablando de un episodio de la con  quista romana de Britania, se nos pudiera estar a su vez lanzando un mensaje que trasciende a Roma y a Britania, y nos habla a los hombres y mujeres de todas la épocas…

LET THERE BE ROCK

en Blog/Espiritualidad por
LET THERE BE ROCK

“Tengo la vida cogida del cuello y la llevo siempre conmigo, pocas veces se me escapa…”

Henry Rollins.

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Cuando se juntaron los Hard Ons con Henry Rollins para grabar el clásico de los AC/DC de Bon Scott Let There be Rock, las “fuerzas indómitas del Rock n´ Roll” se desataron sin remisión…

Se puede insistir así una y otra vez en que la vida es poco más que una cosa burguesita y meliflua, de horizontes pequeñitos donde todo a la postre se remite a la casita, la parejita, el trabajo, los niños y la aburridísima “felicidad”… Y se puede incluso dar una vuelta de turca a la ecuación compensando los tonos grises, con ridículos entretenimientos y hedonismos que no dejan de hacernos parecer gilipollas y cada vez más perdidos. Pero al final los hechos se imponen y nada de eso es verdad. La vida va en serio y su fuego no se puede escamotear aunque se construya una civilización entera alrededor de todas esas vaciedades. El auténtico “Espíritu del Rock” así lo sabe y así lo proclama, mostrándolo en ocasiones con deslumbrante y contagiosa claridad…

Así ocurre con la maravillosa versión que del clásico de AC/DC grabaron los Hard Ons con Henry Rollins. Una feroz descarga de fuerza y poderío, surgida de lo más hondo y más puro, que para todo aquel que no esté definitivamente emasculado, no puede ser sino fuente perenne de inspiración…

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A veces cumplir años tiene una significación especial…

Atrás quedan etapas que debían quedar atrás, y se cruzan líneas que encaminan como nunca antes, hacia donde debíamos marchar.

Son ocasiones para celebrar y para hacer de la celebración, marca indeleble de compromiso con nosotros mismos, y con la vida que queremos llevar.

Compromiso que nos hace fuertes y nos guía, y que nos permite reír con grandeza ante las estupideces del Mundo, y apretar los dientes orgullosamente, antes de arrojarnos con alegría a la batalla…

 

 

NO SURRENDER

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NO SURRENDER

“Demostraba que era posible clavar una bandera rebelde en el corazón del asfalto (…) y hacer que se mantuviera erguida… si lo hacías con la suficiente magia e integridad personal. Si eras lo bastante poderoso podías ser diferente, podías ser tú mismo. Los que trabajaban de nueve a cinco, los convencionales, los niños de papa con pasta, tendrían que tragárselo. Podías ser quien eras y el resto tendrían que echarse atrás…”

Bruce Springsteen. Born to Run. Random House 2016.

*

El legendarium del Rock n´ Roll tiene en la actitud irredenta e indomable uno de los pilares fundamentales de su mitología.

No es posible concebir el auténtico “Espíritu del Rock” si este se desarrolla en los lugares comunes de las aspiraciones y felicidad burguesas, o en el vivir sin brío, sin presencia de ánimo y sin cierta épica personal. Todo ello en una concepción de las cosas en la que la sociedad común y su gente, no son el lugar al que se quiera o necesite pertenecer, sino el mundo que por el contrario se quiere dejar atrás: por falaz e hipócrita, por vulgar y mediocre, por estúpido y gris. Por no tener verdadera actitud vital y reducir la existencia a lo más mundano y convencional, escamoteando el “fuego secreto” a los corazones que sueñan los “Romantic Dreams of Rock n´ Roll”…

Dicho esto, y dicho claro está muy a grosso modo, será patente para quien conozca su carrera, que Bruce Springsteen durante más o menos la primera década de su vida profesional como músico, se hizo abanderado de ese “No Surrender” rockero. Un “No Surrender” que brilló con luz especialmente viva en numerosísimas ocasiones y canciones en aquel tiempo y que a pesar de los años, es la esencia que le ha permitido mantenerse a lo largo de más de cuatro décadas, aun cuando posteriormente no siempre, ha vuelto a hacer brillar “la Llama” con la misma intensidad…

Él mismo parece de manera indirecta señalarlo así en su autobiografía, si bien serán sus fans más devotos, los que entendemos pueden realmente valorarlo; nosotros aquí no entraremos entonces en dicha cuestión y nos quedaremos así en cuando el “fuego secreto del Rock n´ Roll”, fue realmente suyo…

Es en ese momento cuando el “No Surrender” que venimos señalando, adquiere en sus canciones no solo la llamada romántica a una vida auténtica y verdadera, plena de anhelo de verdad y fuerza, sino también un aliento de resistencia, de no rendirse jamás, de no dejarse machacar por la vida y sus inevitables heridas, decepciones, flaquezas y pesadumbres; convirtiéndonos nosotros mismos, en “bastiones del espíritu indomable del Rock n´ Roll”.

Aun cuando el correr de los años inevitablemente nos gaste, marque y haga cicatrices, el mensaje será que esto no debe apagar nuestros corazones, no debe apagar nuestra Fe. No debe hacernos olvidar, que hicimos “un Juramento”…

*

We made a promise we swore we’d always remember
No retreat, baby, no surrender


Like soldiers in the winter’s night with a vow to defend
No retreat, baby, No surrender

“Sin retroceder ni rendirse”…

Así canta Bruce Springsteen en No Surrender. Una de sus canciones más emblemáticas en la que nos habla de sueños juveniles que no caben en la escuela y que sin embargo, encuentran su latido en canciones de tres minutos…

Had to get away from those fools… Un mundo lleno de “tontos” que había que dejar atrás para empezar realmente a vivir, pero en el que pasados los años encuentras “young faces grow sad and old, and hearts of fire grow cold”: rostros jóvenes que ha crecido tristes y viejos, y corazones de fuego que se han enfriado…

La vida misma, tantas veces repetida en tantas personas a las que el correr de los años, “apaga el alma”… no así al protagonista de la canción que recuerda y afirma con vehemencia: “We swore blood brothers against the wind,
I’m ready to grow young again”.

Hermanos de sangre contra el viento… “Estoy listo para ser joven otra vez”.

La canción concluye con un tono más reflexivo: al caer la noche las luces en la calle se hacen tenues y las paredes del dormitorio pesan sobre el protagonista. Quizás ya no es cosa suya la “batalla de la vida”, quizás solo quiera quedarse dormido bajo cielos tranquilos, “with a wide open country in my heart, and these romantic dreams in my head”…

Pero hicimos una promesa…“juramos que siempre la recordaríamos”:

No retreat, baby, no surrender

 

*

Solo es una canción, bien es verdad que es así, de un artista ya clásico de la cultura popular de nuestro tiempo, pero solo eso… una canción. Pero también ocurre a veces que sin pretenderlo, humildes expresiones de cultura popular contemporánea, sorprenden atisbando verdades perennes del Espíritu:

Para quien sabe discernir entre lo esencial y lo accesorio, entre lo importante y lo necesario, entre la libertad y la esclavitud; desesperar y rendirse carece de sentido…

La vida es tan corta, pasa tan rápido, es tan nada lo que de este mundo nos llevamos a la muerte, y puede sin embargo el alma humana brillar tanto antes de morir, que ciertamente no tiene ningún sentido “rendirse”.

No se viene a la vida a hacer cuenta en ese mundo de “fools” que el rock quiere dejar atrás. Ni las inevitables adversidades, errores y heridas de la vida, tienen verdadero poder sobre el fuego que anima los corazones despiertos. Ese fuego es al que se invoca en el “No Surrender” del auténtico rock, y ese sí es el argumento de la vida. Y nada ni nadie excepto nosotros mismos en nuestra ofuscación, estupidez o rendición, puede realmente apagarlo.

El vivir esa “Llama” es de lo que realmente va la existencia humana; por eso, para quien así lo sabe, independientemente de todo lo demás y sea cual sea la circunstancia, rendirse, no tiene lugar

A los que así lo saben, así lo dicen y así lo cantan, dedicamos esta entrada.

ARIADNA ABANDONADA

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ARIADNA ABANDONADA - La forja y la espada, Gonzalo Rodríguez

Ariadna abandonada

No por conocida la historia de Ariadna es siempre puesta valor en todo lo que nos puede enseñar…

Los mitos y leyendas guardan tesoros de sabiduría que a modo de “mensajes en la botella” lanzados al océano del tiempo, pueden aún hoy iluminar nuestras vidas.

Ariadna abandonada, desconsolada en una isla solitaria tras haberlo perdido todo, es una de las historias más fascinantes del genio humano. Tratar de extraer de ella la enseñanza que la antigua Grecia nos legó, puede que haga parte de las tareas de nuestro tiempo. Si es que nuestro tiempo aspira a sacudirse el nihilismo y desazón que lo atenazan…  

*

1-Ariadna, Teseo y el Minotauro:

Ariadna es la hija de Minos, rey de Creta. Su padre a su vez es hijo de Zeus y de Europa, raptada ésta por Zeus adoptando la forma de un toro blanco y llevada hasta la isla de Creta, donde Zeus revelará su auténtica identidad y hará de ella su amante.

El reino cretense de Minos llegará a convertirse en un poderoso imperio marítimo que somete bajo a su égida, a ciudades griegas como Atenas. Poseidón, señor de los mares, enviará entonces un gran toro salido de las aguas para que le sea sacrificado por Minos, en señal de gratitud. Sin embargo Minos, maravillado con el esplendor y fuerza del animal, decidirá quedárselo para él y no sacrificarlo. Poseidón responderá a la ofensa e ingratitud despertando en Pasifae, la esposa de Minos, un deseo sexual irrefrenable hacia el toro. De la pasión contra natura de la reina hacia al toro, nacerá el Minotauro…

Mitad hombre y mitad toro, de fuerza y furia temibles, el fruto monstruoso de la impiedad de Minos será encerrado en un laberinto. Alimentando a la bestia todos los años con siete chicos y siete chicas, que a modo tributo, la ciudad de Atenas deberá pagar al reino de Creta. Chicos y chicas que son introducidos en el Laberinto para que sean cazados y devorados por el Minotauro…

Durante años la ciudad de Atenas cumplió con el sangriento tributo, pero finalmente el propio Teseo, hijo de Egeo rey de Atenas, se ofrecerá voluntario para formar parte del tributo. Dispuesto a enfrentarse él mismo al Minotauro y acabar con él.

Oculto y de incognito entre los jóvenes que llegan a Creta para ser entregados al laberinto y su bestia, Teseo desembarca en Creta y allí, al ser expuestos frente a Minos, Ariadna se fija en él. Lo ve en la distancia, apenas desapercibido entre los chicos y chicas que van a ser víctimas del Minotauro, y quizás movida por la claridad que a veces dan las distancias, donde no caben ni mascaras ni juegos de seducción y se ve el alma tal cual es, Ariadna se enamora perdidamente de Teseo…

En secreto llegará entonces hasta él y le ofrecerá ayuda. Entregándole un ovillo de lana que desenrollándolo al avanzar por el laberinto, le permitirá después encontrar la salida. A cambio de su ayuda le hace prometer que la llevará consigo a Atenas y se casará con ella.

Teseo promete ese amor y con el “hilo de Ariadna” como bitácora en las vueltas y revueltas del laberinto, se adentra en éste buscando al Minotauro. Teseo se enfrentará al hermano bastardo de Ariadna y lo matará con sus propias manos.

A la salida del laberinto lo estará esperando Ariadna y juntos escaparán de Creta rumbo a Atenas. Sin embargo, a la historia de amor de Ariadna y Teseo, le quedaba un episodio más…

A mitad de camino Teseo decide parar en la solitaria isla de Naxos, para descansar del viaje y aprovisionarse de agua. Ariadna desembarcará en la isla y agotada de tantas emociones se recostará en la playa, quedando placida y profundamente dormida.

Al despertar encontrará que está sola. Nadie responde a sus llamadas y Teseo y sus naves parecen haber desaparecido. Nadie queda allí excepto ella. Entonces lo ve, en la raya del horizonte, a punto de perderse en la distancia, el barco de Teseo… “el héroe” la ha abandonado.

2-Ariadna abandonada:

Ariadna se derrumba, cae sobre la playa rota de dolor y llora desconsolada. Ha traicionado a su padre y dejado atrás su patria por el amor de Teseo, y éste sin embargo la ha abandonado. Engañada ha dormido confiada en la playa con el murmullo de las olas acunando su sueño, y Teseo ha aprovechado el momento para abandonarla sin más. Sin una palabra, sin un gesto. Nada le queda ya, en su amor por Teseo lo puso todo, y todo lo ha perdido…

Al atardecer Ariadna se pone en pie. Aunque por sus mejillas todavía caen lágrimas tiene el gesto sereno y la mirada limpia. No hay arrobo en su pecho ni nudo en sus entrañas. Contempla serena el sol ponerse y frente a las últimas horas del peor día de su vida, se afirma sin embargo en sí misma y en su vida. No negará al mundo ni al destino aun a pesar del dolor y los sin sabores de la existencia, y con dignidad de reina, se mantendrá en pie en las horas del ocaso…

Es en ese momento que frente a las costas de la isla de Naxos pasa el barco de Dionisio. El alegre dios del vino, del gozo y el éxtasis. De la exuberancia de la vida, y de la vitalidad de las cosas que crecen y dan frutos rojos…

Dionisio contempla entonces maravillado a Ariadna. Queda prendado de su belleza y su entereza. De su dignidad sostenida por encima de la soledad y el desconsuelo. De la mirada serena y la quietud del gesto.

Dionisio se enamora de Ariadna y con honores de reina, la invita a subir su barco y hacerla su esposa. Dionisio la regalará una corona, forjada por Hefestos, el dios orfebre y herrero del fuego subterráneo; y con ella coronada subirá al Olimpo a celebrar las nupcias del dios de lo embriagador de la vida, con la princesa abandonada que tras llorar su lamento, se puso pie…

ARIADNA ABANDONADA

*

Los mitos y leyendas, no son “cuentos para niños”… no son meras fantasías caprichosas con las que distraer nuestro tiempo o entretener a los más pequeños.

Los mitos y leyendas son el lenguaje del símbolo y el arquetipo. La enseñanza de la alegoría en pos de las “verdades de la vida”.

Verdades que por su propia condición espiritual, no pueden conocerse en laboratorios o fórmulas matemáticas, siendo entonces que el mundo de la Tradición supo acercarse a ellas, a través de mitos y leyendas. Mitos y leyendas que aun hoy, pueden enseñarnos cosas sobre nosotros mismos, y sobre nuestra propia existencia.

La historia de “Ariadna abandonada” resultará en este sentido profundamente aleccionadora e interesante pues en ella, lo que parecía un “cuento” abocado a un final feliz, se tuerce con el episodio del abandono. Siendo en dicho episodio que a poco que nos fijemos en él, parecerá estar queriéndosenos decir algo importante…

Fijémonos así en cómo en un primer momento Ariadna se derrumba. Cae al suelo desconsolada y desesperada. Abandonada y sin camino posible de vuelta ni futuro esperanzador al que mirar. Ariadna se sume en la desolación.

En una segunda escena Ariadna se pone en pie. Atardece ya y el sol se esconde, y frente a la puesta de sol Ariadna se levanta y permanece serena y tranquila. Con lágrimas en los ojos pero sin angustia en el corazón. Ha asumido su destino fatal, sin desesperación ni rabia, como encontrando en sí misma la columna que la sostiene aun pesar de que en torno suyo, todo parece estar perdido o no tener sentido.

Seguidamente y ya en un tercer momento, aparece navegando frente a la playa la nave de Dionisio. El dios queda prendado de Ariadna. De su belleza serena y su dignidad dolida pero entera. Y se enamora de ella. Y fijémonos que quien se enamora no es otro que Dionisio. No es un héroe tipo Teseo o Perseo, ni un dios tonante y supremo como Zeus, es Dionisio. Y Dionisio no es un dios cualquiera… Es el dios de la dimensión embriagadora de la existencia. De la vida en efervescencia que tiene en el vino su símbolo y en la música del aulós, la conjura para las desazones del alma y la celebración de la alegría.

Finalmente Ariadna sube al barco de Dionisio, éste la corona y llevándola consigo al Olimpo, allí la desposa. Andando el tiempo la corona de Ariadna podrá verse en el cielo nocturno en la “Corona Boreal”. “Diadema” de siete estrellas que apunta siempre al norte y que como constelación, será justo en el mes de mayo, en la apoteosis de la primavera, que alcanzará su punto álgido en el firmamento…

Ciertamente los mitos y leyendas son algo más que un mero juego ocioso de la imaginación, y conociendo la historia de “Ariadna abandonada”, parece difícil poder pensar lo contrario. Pues todos de algún modo en algún momento de nuestras vidas, nos hemos podido sentir como “Ariadna Abandonada”… Y ¡ojo! no estamos haciendo referencia aquí al mal de amores o al fracaso sentimental, cosa que por obvia nos parece superflua. Tampoco a las disquisiciones que respecto del “Eterno Femenino” se han hecho en relación a la figura de Ariadna. No, nosotros estamos haciendo referencia aquí por decirlo así, a la “angustia existencial”. Sobrevenida ésta por el motivo que sea, pero en la que en definitiva se experimenta esa sensación de abandono, en un lugar solitario y sin sentido, como pueda ser la propia vida…

El mito trasciende así la lectura meramente relativa al desamor y nos señala con mayor profundidad, hacia la existencia en su vertiente necesariamente dolorosa, a veces incluso desesperada, en la que todos de un modo u otro, podemos en ocasiones arribar. Derrumbándonos como Ariadna en la playa de Naxos al ver marchar para siempre, en la lejanía, la velas de las naves en las que viajaba nuestra más alta esperanza…

Es aquí donde el mito de Ariadna nos maravilla por su enseñanza:

Ariadna en pie, entera y serena, aun con lágrimas todavía en los ojos, nos sugerirá la afirmación de un “Yo superior” que se sobrepone a los aspectos contingentes de la existencia, encontrado dentro de sí, no un vacío que la angustia y que necesariamente tiene que mirar fuera para llenarse (llámese Teseo o de cualquier otra manera), sino una fuerza que la sostiene y la libera. Una fuerza que la pone pie, le serena el alma y que hace de las inevitables heridas de la vida, fuente de dignidad y fortaleza. Adquiriendo entonces el porte y la presencia de una Reina…

Frente a la “angustia” del dasein de los existencialistas modernos y su “ser arrojado al mundo”, para la muerte, para la nada; Ariadna ofrece desde el mundo de la Tradición una imagen antitética, en la que la inevitabilidad del dolor y el aparente sin sentido de éste, es superado con la afirmación de un “Yo Central y Regio”. Un Yo en el que ya no cabrá ni angustia ni sufrimiento, aunque el dolor pueda seguir haciendo brotar lágrimas de nuestros ojos…

Pero hay más, la sabiduría de la antigua Grecia tiene incluso otra enseñanza más que trasladarnos, pues esa entereza y dignidad, esa fuerza interior y liberación respecto de nosotros mismos y nuestro “yo inferior”, blando e inmaduro, todavía preso de las pasiones del mundo, termina por enamorar ¡al mismísimo Dionisio! Al dios de la vida alegre y embriagadora. Al dios del gozo y el éxtasis, de la danza y el don de los frutos de la vid.

Es decir, en el mito de “Ariadna abandonada”, se nos estará indicando que en ese sobreponernos a los sin sabores de la existencia y a nuestra propia angustia o sufrimiento, adquirimos la mirada serena y la dignidad de quienes se hacen “Reyes de sí mismos”. Siendo entonces que dejando atrás ese yo doliente y angustiado, “el espíritu de la vida”, se enamora de nosotros…

Como si mientras dependamos o estemos condicionados por algo externo a nosotros mismos (Teseo), para considerarnos rumbo a nuestro destino, la vida en su sentido más profundo y mágico (Dionisio), pasara de largo frente a nosotros. Siendo por el contrario, que cuando nos sobreponemos a dicha vida condicionada y dependiente, cuando aún con lágrimas en los ojos dejamos atrás el corazón angustiado de quien no ha hallado dentro de sí su fuerza y su camino, entonces sí, “la magia de la vida” se enamora de nosotros, nos hace suyos, y nos corona como Reyes…

*

En la mirada de Ariadna en Naxos, al atardecer del día de su abandono, serena y fuerte aún pesar de la herida, se nos podrán estar dando quizás las claves esenciales de la antigua Hélade: “Luz y Afirmación”.

Luz que no depende de ningún “sol” o “llama” ajena a nosotros mismos pues está perenne en el centro de nuestra alma. Como un “fuego secreto” que debemos saber despertar y hacer nuestro. Una “Luz de lo Alto” que anidada en nuestro corazón una vez se enciende, nos otorga dignidad y libertad de Reyes.

Y afirmación. Afirmación de nosotros y de la propia vida. Aún a pesar de dolor y la angustia. Aún pesar de la propia estupidez y ofuscación. Más allá de los sin sabores y sufrimientos de la existencia. Afirmación capaz de hacer válida nuestra ventura independientemente de todo lo demás si a través de ella, somos capaces de aún con lágrimas en los ojos, ponernos en pie…

Y si es así, el dios mismo “de la vida embriagadora y el gozo”, vendrá enamorado hasta nosotros. Para ponernos “la corona del norte”. Esa que engalana los cielos boreales y que llegado el esplendor de la primavera, sube hasta lo más alto de su cenit…

 

DRUIDESAS

en Cultura Celta por
Mujeres Druidas - Druidesas La forja y la espada, Gonzalo Rodríguez

¿ DRUIDESAS ?

Nuestro anterior artículo sobre la isla Inis Mona y los druidas ha generado que algunos de vosotros nos hayáis preguntado por la existencia de “druidesas”. Por el acceso de la mujer a la condición druídica.

No es una cuestión que a día de hoy esté resuelta y las referencias que recibimos de las fuentes clásicas y el registro arqueológico, resultan en ocasiones contradictorias. En todo caso nosotros nos aventuramos a plantear que muy posiblemente sí que existieron, si bien quizás de una manera minoritaria o subsidiaria y un modo difícil de dilucidar…

*

Hay que pensar en este sentido que en las sociedades célticas de Britania, encontraremos mujeres de papel preponderante en el ámbito político y militar; caso de la reina rebelde Boadicea o de la reina Cartimandua, esta última aliada de los romanos. Del mismo modo y tal como vimos en el caso de Inis Mona, la presencia de mujeres en la isla de los druidas, apunta también a la relevancia de la mujer en los niveles más preponderantes del ámbito religioso y sacerdotal. Por otro lado, en los ciclos mitológicos irlandeses, especialmente en los que desprenden un aroma más antiguo y pagano, la figura de la “druidesa” parecerá ser hasta cierto punto cosa habitual. Si bien mayormente referida a la función de “vate” o “profetisa”.

Las fuentes clásicas también parecerán apuntar en esta dirección, poniendo además el acento precisamente en la función de “vate”, “profetisa” o “maga/hechicera”, de la “druidesa”. Esto aunque César, en sus “Comentarios a las Guerras de las Galias”, no mencione la existencia de mujeres druidas en ningún momento.

Encontramos así cómo en el siglo III una “druidesa” gala le predice a Diocleciano: “no serás emperador hasta que mates un jabalí” (Vopisco. Numeriano XXX, 14, 2). Y efectivamente fue así, pues Diocleciano se hizo emperador después de matar con sus propias manos a Aper (“jabalí”), prefecto del pretorio…

Del mismo modo en el 235 d.C. una druidesa predice la muerte cercana del emperador Alejandro Severo: “Una druidesa, cruzándose en su camino, gritó en lengua gala: ve, pero no esperes vencer ni confíes en tus soldados” (Lamprido. Vida de Alejandro Severo LX).

Más sintomática es la anécdota recogida en tiempos de Aureliano (Vopisco. Vida de Aureliano XLIV) en la que se nos cuenta cómo: “Aureliano había consultado a druidesas galas, con el fin de saber si el Imperio seguiría siendo de sus descendientes”.

Es decir, en una época ya tardía, como sería el Bajo Imperio, y en un momento en que posiblemente la religión de los druidas estaba ya mayormente laminada de las Galias, la “druidesa” seguía sin embargo vigente, en su función de “vate”, y con prestigio suficiente como para ser consultada por los emperadores de Roma…

Al mismo tiempo, la referencia sobre Aureliano nos habla de “druidesas”, en plural, lo que nos hace pensar no tanto en que consultara a varías mujeres, como en que consultó a una “escuela” o “cónclave” de “druidesas”.

En definitiva, es muy poco lo que podemos saber de la figura de la “druidesa”, si bien hay pistas suficientes como para suponer su existencia verdadera. Posiblemente con status o funciones propias y diferenciadas del druida propiamente dicho, y quizás también más volcadas a la magia y la adivinación. Si bien con la información que disponemos hoy día, es difícil aventurarse más allá…

En todo caso, cuando en las leyendas irlandesas encontramos que la hija del gran rey Cormac, Ailbe, fue la primera mujer juez de Irlanda; o que en Irlanda hasta el siglo VIII, las mujeres propietarias de un terreno, estaban obligadas al servicio militar, la idea de la mujer como mera comparsa pasiva del hombre, resultará insostenible para las sociedades de cultura céltica.

Siendo así, aún con cualidades y funciones diferenciadas, creemos que la figura de la druidesa no puede negarse y su presencia en el imaginario romántico del mundo celta, no sería una impostura, sino un vago recuerdo de una antigua tradición…

 

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