Saber quienes somos, conocer nuestra Historia, entender nuestra época…

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Gonzalo Rodríguez - page 6

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Los orígenes antropológicos del mito del Hombre Lobo

en Cultura Celta por
Los orígenes antropológicos del mito del Hombre Lobo

El mito del Hombre Lobo es un clásico de la cultura popular de nuestro tiempo del que pocas veces se sospecha, su larga memoria en las tradiciones europeas… Vinculado a los ritos de iniciación de las cofradías guerreras del la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, el recuerdo del guerrero furibundo y funesto del pasado, vestido con pieles de lobo u oso y preso de un furor terrible y arrollador, se convirtió a lo largo del Medievo en la simiente de las leyendas de Hombres Lobo de las que surgió el licántropo cinematográfico de nuestro tiempo.

Colaboración en el programa “Espacio en Blanco” de RNE. Con Miguel Blanco al cargo del programa y junto a nuestro compañero de trabajo Julio César Pantoja Torrijos.

Itunes

Muerte Triunfal, Trascendencia e Inmortalidad

en Cultura Celta por
La llamada de la España Mágica

Nuestra tesis doctoral pretendió conocer el alma misma de la Hispania céltica a través de su tradición guerrera. Tanto a nivel de organización sociopolítica y económica, como a nivel de principios, valores y creencias. La tesis doctoral la hemos adaptado al ámbito de editorial para poder publicarla y de dicha adaptación extraemos este fragmento que aquí os presentamos.

 

En él mismo planteamos la tradición guerrera de la Hispania céltica, como una tradición heroica en la que la figura idealizada del Héroe, será el referente fundamental que oriente el ethos guerrero de los pueblos hispano célticos. Ethos en el que la concepción agonística de la batalla y la muerte en combate, harán de los caídos en la lucha  merecedores de en un lugar en el Más allá Celestial, junto al Héroe fundador y los Dioses.

 

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Tal como ya hemos visto, el escenario socioeconómico en el que nos movemos a la hora de estudiar la Hispania céltica, nos remite en general a unas sociedades de base fundamentalmente ganadera, necesitadas de pastos y dispuestas a competir por los recursos asociados a dicha actividad ganadera, con agriculturas de subsistencia enfocadas fundamentalmente al autoabastecimiento familiar, y con un comercio todavía de pequeña importancia pero en proceso de muy posible y creciente expansión.

Al frente de estas sociedades habremos encontrado unas élites guerreras, detentadoras del poder político, organizadas en grupos armados alrededor de jefaturas, y articuladas a través de las instituciones de la clientela y la devotio, las cuales a su vez se fundamentarán en un alto concepto de la fidelidad y el honor. Concepto que habremos sintetizado con la palabra Areté, entendida ésta como excelencia conforme a virtudes guerreras. Areté que a nuestro parecer, fundamentará todo el entramado ideológico de estos pueblos y  hará del ideal heroico el elemento protagonista y esencial de sus creencias. Este ideal heroico será el que trataremos de desgranar a continuación.

Por desgracia los pueblos de la Hispania céltica e indoeuropea apenas nos habrán dejado testimonio escrito de su historia o religión, con lo que básicamente a la hora de investigar tendremos los restos materiales, las referencias de las fuentes clásicas y las analogías y paralelismos con el resto de la Europa de la Edad del Hierro. Siendo a partir de aquí que deberemos encontrar los indicios de cual pudo ser el fondo último que animó el espíritu del mundo hispano céltico.

En este sentido, planteamos para la Hispania céltica un universo de “Principios, Valores y Creencias” en el que los atributos ideales del “Guerrero”, serán tenidos como las virtudes propias de la más alta valía y realización personal, colectiva y espiritual[1].

Este tipo de planteamiento alcanzará su más alta plasmación simbólica en la figura ideal del Héroe. Guerrero divinizado tras su muerte que alcanza la Inmortalidad tras una vida de gestas y una “muerte triunfal” en el campo de batalla. Héroe que será así referente ejemplar de la comunidad, antepasado fundador de la estirpe y merecedor de un lugar junto a los “Dioses Inmortales”. El Héroe cumplirá también de este modo la función de intermediario entre la esfera Sobrenatural de los Dioses, y el mundo natural de los Hombres, siendo el “Camino del Héroe”, la vía de realización espiritual que conecta ambos mundos.

El “Camino del Héroe” se convierte de este modo en una vía de realización personal y espiritual orientada hacia la Trascendencia, en la que el propio ámbito de la Divinidad y lo Sobrenatural, son horizonte último de referencia así como garante de dichos valores e ideales heroicos. Elevando más allá de su condición mortal a todo guerrero que sea capaz de recorrer dicho “camino”-y tras morir luchando en la batalla- hacerlo merecedor de la Inmortalidad[2].

En este camino del Héroe,  la exaltación  de los valores propios de una “tradición guerrera” y el ensalzamiento de la “bella muerte” (de la muerte en combate) serán categorías esenciales. Produciéndose de este modo la idealización del valor, la disciplina, la lealtad, la jerarquía, la magnanimidad, el desprecio por la propia muerte así como un especial concepto de la libertad, entendida ésta, como la superación del miedo a la muerte y el apego a la propia vida.

Es la ética agonística que poetiza la batalla final y la muerte heroica, y en la que bajo los compromisos de Honor y Fidelidad, se da testimonio de la superación de uno mismo con la entrega generosa de la propia vida en la lucha. Siendo entonces que las puertas de la Trascendencia se abren para el “caído en la batalla” y la “muerte heroica”, se convierte en prueba definitiva del temple del guerrero y de su merecimiento de la Inmortalidad.

Estamos así frente a la idea de la mors triumphalis o “muerte triunfal”, en la que la muerte en batalla, espada en mano, consuma el ideal de una vida guerrera y abre las puertas de la Trascendencia y la Inmortalidad a la simple naturaleza humana. La cual ya no será tal, pues en virtud de dicha muerte en combate, el Guerrero se elevará sobre las contingencias y condicionamientos propios su mera existencia terrenal, alcanzando el plano de “lo Eterno e Inmutable”.

Nos vamos a encontrar así con una ética agonística y guerrera tras la cual, se nos desvela un planteamiento de fondo de gran calado. Una ética y espiritualidad que denominaremos heroica y en la cual el Guerrero, estará llamado a superar su mera contingencia terrenal de mano del ideal heroico. Siendo entonces que adquiere los atributos propios de lo divino y se hace partícipe de la Eternidad.

Este Héroe, guerrero divinizado post mortem, a su vez se convierte en referente y protector de su comunidad así como continuador del ejemplo dado por el padre de la estirpe. Esto es, el ejemplo del Héroe fundador e inspirador del “Camino del Héroe”, intermediario primero entre el mundo Sobrenatural de los Dioses, y el mundo natural de los Hombres. Por decirlo de alguna manera, el “pionero” de esa vía que permite elevar la naturaleza humana y por medio del ideal heroico, hacerla análoga a la de los “Dioses Inmortales”.

Este planteamiento cuyas líneas generales acabamos de sintetizar y que será el que trataremos de desgranar a lo largo de los dos siguientes capítulos de nuestro estudio, podrá rastrearse en el solar de la Península Ibérica y de manera especial, a partir de la concepción agonística de la propia muerte que tan señaladamente encontramos en la Hispania céltica (Sopeña Genzor 1987, 1995, 2004, 2005a y 2010a y Sopeña Genzor y Ramón Palerm 2002). Agonística que como no podrá ser de otra manera, para poder sostenerse, demandará de una determinada ética y espiritualidad que la fundamente y dé sentido. La ética y espiritualidad heroica que vamos a tratar de perfilar y que podremos encontrar refrendada por las pistas que nos dan las propias fuentes literarias, el estudio del registro arqueológico, y en general los paralelismos y analogías que encontraremos en el mundo de valores y creencias de la Edad del Hierro europea.

En este sentido resultarán sintomáticas a la hora de rastrear esa ética agonística del mundo hispano céltico, las referencias de las fuentes a los suicidios rituales: “Al ver llegado el fin de su resistencia, a porfía se dan muerte (…) en medio de una comida, con un veneno que extraen del tejo” (Floro II, 33, 50).  “Existe entre los hispanos la costumbre de que los hombres que forman la guardia personal del general mueren con él si éste sucumbe. Los bárbaros de allí lo llaman el supremo sacrificio”. (Plutarco, Sert. XIV) ó “llevan un veneno obtenido de cierta planta (…) que mata sin dolor, con lo que tienen un remedio siempre pronto contra acontecimientos imprevistos; e igualmente es costumbre suya la de consagrarse a aquellos a quienes se unen, hasta sufrir la muerte por ellos (Estrabón, III, 4, 19). Del mismo son destacables las referencias de las fuentes clásicas a las resistencias desesperadas: “Incendiaron sus murallas y unos se degollaron y otros prefirieron perecer en las mismas llamas” (Dion Casio, LIV, 5, 1) ó “habían acordado que muchos todavía aspiraban a la libertad y deseaban quitarse la vida ellos mismos (antes que entregarse a los romanos). Así pues, solicitaron un día para disponerse a morir”  (Apiano, Iber. 96). Estas mismas actitudes tendrán refrendo en la negativa a entregar las armas bajo ningún concepto: “Se suicidaban convencidos de que sin armas nada valía la pena”  (Tito Livio 34, 17) y “Los caballos y las armas les son más queridos que su propia vida”  (Trogo Pompeyo 44, 2, 3). Y finalmente tendremos en la exposición de los caídos en combate a los buitres, la máxima expresión de todo lo que venimos señalando: “Les es un honor caer en combate y un sacrilegio incinerar un cuerpo de este modo. Pues creen que son retornados a los cielos, junto a los Dioses de lo alto, si el buitre hambriento devora sus miembros yacentes” (Silio Itálico 3, 340-342) ó “A los que han perdido la vida en la guerra los consideran nobles, valientes y dotados de valor y, en consecuencia, los entregan a los buitres porque creen que éstos son animales sagrados” (Claudio Eliano X, 22).

Del mismo modo el mundo funerario que se muestra en los restos arqueológicos de la Hispania céltica, nos indicará una visón del Más allá en la que los hombres se hacen acompañar a la pira funeraria con sus armas, que se convierten en el elemento más claramente definidor de su personalidad. De su estatus, de la imagen que tienen de sí mismos. Identificándose con sus lanzas, puñales y espadas, que se llevarán con ellos a la “otra vida”. Convirtiéndose así el armamento, la actividad guerrera, el combate singular y las virtudes asociadas a éstos, en elementos principales de prestigio y de valoración personal y social.

Indudablemente todo esto no serán sino indicios de una cultura guerrera que alcanzará su cima expresiva en la mors triunphalis del guerrero muerto en combate. El cual, mediante ese morir luchando, testimonia una liberación con respecto a lo que no es sino mero apego a la vida terrenal. Materializando entonces un ideal heroico que fundamenta y da sentido a esa concepción agonística de la muerte a través de la cual, se abren las puertas de la Trascendencia y la Inmortalidad.

En el mundo celtibérico podremos encontrar escenificada ritualmente la “trascendencia” de los caídos en combate a través de la acción de los buitres. A cuyos picos y garras se abandonarán los cadáveres de los muertos en batalla. Siendo entonces consumida la “envoltura material” del guerrero y elevada después su alma a las “Alturas”, en las alas de esos mismos buitres.

Este ritual de exposición de los cadáveres de los caídos en combate a los buitres, nos indicará que no es necesaria la purificación del cuerpo mediante la correspondiente cremación, para aquellos que ya se han purificado con el “fuego” de la batalla. Para aquellos que han concluido el supremo “sacrificio” y han entregado su vida en aras del heroísmo (Sopeña Genzor 1987).  Es la idea de la “bella muerte”, de la “muerte heroica”, de la “muerte triunfal”. Tras la cual el guerrero puede dejar atrás su mera condición humana, contingente y terrenal; y conquistar un estatus de grandeza espiritual propia de los que merecen la Inmortalidad. Se convierte así en Héroe, par de los mismísimos Dioses en el Cielo: “creen que son retornados a los Cielos, junto a los Dioses de lo Alto” (Silio Itálico 3, 340-342).

Los Héroes se convierten de esto modo en intermediarios de los Dioses y los Hombres, en protectores a su vez de los suyos, y en los “ancestros sagrados” de sus respectivos pueblos y estirpes. Ancestros que indican el camino que conduce a “los Cielos” y que serán de este modo, fuerzas de lo Alto que cada pueblo podrá invocar antes de un nuevo combate para recalar el apoyo del mundo sobrenatural y hacer que a los vivos, les acompañe en la batalla el “espíritu” de sus antepasados. Se mantiene también así una cadena invisible que une las generaciones de una misma estirpe a través de ritos y sacrificios que ligan a los vivos con sus ancestros, tomando los primeros de los segundos no solo inspiración y ejemplo, sino también verdadera fuerza espiritual y mágica.

En este orden de cosas debemos insistir tanto en la idea de la exposición de los caídos en combate a los buitres, como en la idea de la cremación de los muertos, pues para ambos casos, tendremos una idea principal que no podemos dejar de señalar: La idea de la reducción del envoltorio o soporte material de la personalidad humana-el cuerpo-y la elevación subsiguiente del elemento espiritual-el alma. Elevación que debe ser entendida como acceso a regiones Superiores descondicionadas de la mera terrenalidad, y para las cuales el cuerpo del difunto, parece convertirse en un mero  residuo material. Una carcasa vacía que debe ser purificada por el fuego para que el alma pueda desprenderse de las adherencias propias de la vida meramente terrena, y roto el vínculo del alma con lo que no es sino mera fisis, dejar vía libre a ésta para el “retorno a los cielos” (sic) que hemos visto en la cita de Silio Itálico.

Hay detrás de todo este planteamiento un obvio y verdadero ejercicio de ascesis, de ascesis guerrera. De pretensión de descondicionamiento del sujeto conforme a principios y fines  totalmente espirituales, pero articulada a través del ejercicio activo de la vida del guerrero, de la vida de las mannerbünde o “cofradías guerreras”. Es así un planteamiento que podrá estar prefigurando el concepto de “Orden”. De orden “ascético-guerrera”.  Esto será especialmente rastreable en distintos momentos de las fuentes clásicas. En las descripciones que nos llegan de los funerales de Viriato: “Tras haber adornado a Viriato del modo más espléndido le prendieron fuego sobre lo alto de una pira y le inmolaron numerosas víctimas. Por secciones la infantería y la caballería marcharon alrededor del cadáver, iban entonando cánticos al modo bárbaro y todos se sentaron en torno a él hasta que el fuego se extinguió” (Apiano, Iber. 75). En lo que se nos dice del fin de Retógenes en Numancia: “Retógenes, jefe numantino, rendida ya la ciudad, ordena a sus hombres luchar a muerte por parejas frente a una gran hoguera mientras él observa con su espada clavada en el suelo. Los vencedores, tras arrojar los cuerpos de los compañeros muertos al fuego, dirigen sus armas contra ellos mismos y también se arrojan al fuego. Finalmente Retógenes también se clava su propia espada y acto seguido se arroja al fuego con el resto de sus camaradas” (Floro 1, 34, 11). En lo que se señala sobre comunidades de vida “espartana” en el Duero: “Se dice que algunos de los que habitan junto al río Duero viven como espartanos, ungiéndose dos veces al día con grasa y utilizando saunas de piedras candentes, bañándose en agua fría, y tomando una sola vez al día alimentos puros y sobrios” (Estrabón III, 3, 6). O de las referencias a las propias clientelas que siguen a Sertorio: “A Sertorio le seguían decenas de miles de Hombres dispuestos a hacer por él este tipo de sacrificio” (se refiere en el texto a la devotio) (Plutarco, Sert. XIV).

En este sentido parece interesante plantear como esta idea de ascesis guerrera, no solo nos mostrará el fondo espiritual que anima las culturas de la Hispania céltica, y quizás en general las culturas europeas de la Edad del Hierro. Sino que además, podría estar mostrándonos la semilla y germen de la tradición medieval de las órdenes monástico-guerreras. Obviamente el desarrollo en profundidad de este planteamiento, se escapa a los límites e intenciones de este estudio. Si bien, señalamos aquí esa línea de indagación para mostrar cuan amplias son las posibilidades que nos brinda el estudio del mundo cultural de la Edad del Hierro, a la hora de dar cuenta y comprender diversos fenómenos de la historia de Europa. Especialmente en el ámbito de la Plena Edad Media así como en el ámbito de la Roma imperial. Volveremos sobre estas ideas al final de nuestro estudio.

En definitiva y cerrando esta introducción, la propia ética agonística que encontramos en las costumbres guerreras de la Hispania céltica, nos estará señalando una ética heroica en el sentido más espiritual del término heroico. Esto es,  la afirmación de una realidad Superior y Sobrenatural-un “Más allá celestial”-a la que se podría acceder a través del cumplimiento de un ideal heroico de vida y de muerte. Ideal que elevaría al sujeto por encima de la condición mortal y simplemente terrena, y le haría merecedor de la Inmortalidad. Conquistando entonces una “naturaleza” análoga a la de los Dioses, convirtiéndose así en un Héroe. Héroe que funcionará a su vez como una verdadera “divinidad” protectora de su comunidad a la cual incluso, se podrá invocar antes del combate recabando de ese modo fuerzas desde el “Más allá Celestial”.

Al tiempo, se dará la figura de un Héroe primero y fundador, situado en la raíz misma de la estirpe, de la gens, y que será el antepasado heroico, semidivino y primordial del cual desciende esa comunidad. Siendo dicha figura el modelo ejemplarizante que sintetiza e inspira la “vía del guerrero”, el “Camino del Héroe”.

Para dicho “camino” la formación y ordenación del alma y la vida de acuerdo a los conceptos de Areté, de Fides, de mors triunphalis. De honor, de lealtad, de bella muerte.  De ascesis guerrera y purificación con respecto a la vida condicionada de la terrenalidad y el miedo a la muerte. Y entonces sí, la liberación consecuente del alma y su acceso a la Trascendencia junto a los “Dioses Inmortales”.  Lo vemos ya de modo pormenorizado en el siguiente apartado…

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[1] Este planteamiento que vamos a sintetizar seguidamente en esta introducción, lo recogemos ahora sin entrar a penas al detalle de los correspondientes refrendos bibliográficos, siendo en el siguiente apartado que desarrollando las ideas aquí presentadas, dichos refrendos quedarán debidamente señalados.

[2] Entenderemos el término Inmortalidad no como una mera supervivencia postmortem del sujeto y su individualidad, sino como una superación de dicha individualidad meramente humana, mediante el merecimiento y la adquisición a través de la gesta heroica, de la esencia misma de lo divino.

La llamada de la España Mágica

en España/Espiritualidad por
GORGONA Muerte Triunfal, Trascendencia e Inmortalidad

Con motivo del “Congreso de la España Mágica” (tercero que habríamos organizado en Toledo en los últimos años), tuvimos la oportunidad de participar en  la conferencia inaugural con una ponencia breve pero concisa y directa, sobre los contenidos fundamentales de la Tradición. Entendida ésta en su sentido perenne y sapiencial. Las claves de la Escuela Tradicional como camino de formación personal y argumento de vida. También quizás como levadura revolucionaria frente al nihilismo moderno…

Itunes

EMBOSCADOS – THE WYRM

en Espiritualidad por

En todo Hombre hay dos fuerzas que pugnan por dar forma y orientación a su alma. Y es de mano del propio Hombre que una de esas fuerzas termina por imperar.

La fuerza de la Trascendencia, el Espíritu y la Libertad. O la fuerza del nihilismo y la ignorancia, el ansia, la codicia, la estupidez y la esclavitud…

Debemos tomar conciencia en este sentido de que nuestra época es la de la sed insaciable, la de la tiranía del ansia bajo el sol abrasador del desierto del Mundo Moderno. La época de los hombres frenéticos y exhaustos corriendo en círculos alrededor de su propio ego, sin saber realmente por qué y para qué, mientras el desierto crece y seca sus propios corazones.

Sin embargo, éste es también el tiempo de la siembra del Hombre Nuevo. Del Hombre que mira más allá y hace del Espíritu la corriente central de su Ser, y de la Trascendencia el Origen y Destino de su singladura vital.

Un siembra y Hombre por llegar, que no venderá su alma al diablo ni aceptará componendas de ningún tipo. Qué es en sí mismo el sentido de toda verdadera lucha una vez arribados a la era de la confusión, y cuya presencia entre nosotros, será el anuncio de una Revolución como nunca antes vieron los ojos del los Hombres…

Sea esta humilde obra una llamada a dicha labor.

Siembra, anuncio y profecía de la Revolución de la Raza del Espíritu.

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Textos: Gonzalo Rodríguez García.

Música: Luís Navas. http://thewyrmband.jimdo.com/

GH Records: http://www.gh-records.com/

Grabado con la colaboración de R.E.O. https://reservaespiritualdeoccidente.bandcamp.com/

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Textos elaborados a partir de ideas y fragmentos de Julius Evola, Ernst Jünger, Claus Von Stauffenberg y un soldado anónimo de la primera guerra mundial.

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EMBOSCADOS

Necesitaremos de mística, de almas sublimadas por el Ideal. Necesitaremos de voluntad, de compromiso acerado e irrenunciable. Necesitaremos de doctrina sapiencial, de sabiduría perenne que sea brújula en el Laberinto. Pero sobre todo, necesitaremos de ti, que caminas solitario en los márgenes del mundo y guardas en tu corazón, la pureza del diamante del Espíritu.

Aquellos que están hechos para la Trascendencia y el Honor, poco quieren saber de alegrías mundanas ahora que el mundo ha sido robado por las sombras del Nihilismo. Ellos guardan en su alma el antídoto contra la ceguera y en su mirada el anhelo que convierte el asco en hierro forjado. Son portadores del fuego secreto y del hielo azul e inmutable, de quien puede vivir más allá de la simple vida y más allá de la simple muerte. De ellos es el futuro, aunque ahora permanezcan emboscados a la espera de una señal…

 

Puedes escuchar la lista de reproducción completa en: EL HOMBRE Y EL ESPÍRITU EN YOUTUBE

Enlace a la web donde se puede comprar el cd THE WYRM EL HOMBRE Y EL ESPÍRITUhttp://www.gh-records.com/340-the-wyrm-el-hombre-y-el-espiritu.html

Jefatura, aristocracias guerreras y bandas armadas

en Cultura Celta por
Guerrero cántabro, fase celtibérica. Siglos II y I a. C. (Según Peralta Labrador 2000: 167)

La Tradición Guerrera de la Hispania Céltica.

Nuestra tesis doctoral pretendió conocer el alma misma de la Hispania céltica a través de su tradición guerrera. Tanto a nivel de organización sociopolítica y económica, como a nivel de principios, valores y creencias. La tesis doctoral la hemos adaptado al ámbito de editorial para poder publicarla y de dicha adaptación extraemos este fragmento que aquí os presentamos.

En el mismo plateamos la organización sociopolítica de la Hispania céltica haciendo hincapié en su carácter de “sociedad de jefaturas”. De jefaturas y caudillajes guerreros que ejercen de vector ideológico, redistributivo y vertebrador, en sociedades jerárquicas y aristocráticas. La formación alrededor de estas jefaturas, de grupos clientelares, armados y de cultura guerrera, como vamos a tratar de mostrar, constituirá el nervio mismo de las sociedades hispano célticas.

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 Jefatura, aristocracias guerreras y bandas armadas.

Hemos aproximado en el primer capítulo de este estudio el perfil étnico y el perfil socioeconómico de los pueblos prerromanos del área celta o celtizada. En el ámbito de lo socioeconómico el escenario resultante es a grandes líneas el de una economía fundamentalmente ganadera, en una sociedad gentilicia fuertemente jerarquizada, y con una preponderancia cultural de todo lo que tiene que ver con la defensa, el control y la competencia por pastos, fuentes, vías pecuarias, cabezas de ganado, zonas de influencia… Una sociedad así belicosa y armada, de marcado carácter guerrero, en la que ocupando la cúspide de esta jerarquía encontraríamos a las élites ecuestres (Almagro-Gorbea 2005a, Lorrio 2005, Sánchez Moreno 2005 ó Quesada Sanz 2010).

Tenemos así que al frente de estas sociedades de la Hispania céltica que queremos estudiar, se encuentra una élite de guerreros a caballo que centralizarán el poder y generarán en torno suyo, toda una serie de instituciones destinadas a articular dichas élites ecuestres y dar cohesión a la “clase” guerrera. En ésta y como tendremos oportunidad de ver, al poder político se unirá una fuerte carga espiritual y religiosa que podremos estudiar más adelante, cuando hablemos de la ética heroica y las creencias en torno a ésta.

En todo caso respecto a estas élites guerreras debemos entender que su mera existencia, nos sugiere una realidad social en la que difícilmente se podrá hablar de sociedad igualitaria, y sí parecerán presentes de forma necesaria los conceptos de jerarquía y aristocracia. Es decir, resulta difícilmente imaginable desde nuestra perspectiva, una sociedad de la Edad del Hierro vertebrada en torno a la primacía del concepto de igualdad. Ahora bien, deberemos entender que la expresión de la desigualdad en estas sociedades no tendrá porque implicar necesariamente la acumulación de bienes o de grandes riquezas. No conocemos así los palacios de las aristocracias guerreras del mundo castreño de los lusitanos y galaicos, como tampoco conocemos las residencias de Dumnorix o Diviciaco en la relativamente bien excavada Bribacte, capital de los eduos, ya en la Galia. No conocemos grandes palacios en la arqueología de la Edad Oscura griega, pero los héroes de las epopeyas homéricas son todos reyes de sus lugares de procedencia. Debemos entender así que hay formas de diferenciación social que no pasan necesariamente por la acumulación de bienes inmuebles, sino por el acceso por un lado a bienes muebles-principalmente joyas y ganado-así como por otro, a la adquisición de reconocimiento y prestigio. A niveles de autoridad y mando a los que irán acompañadas funciones redistributivas. Entendiendo que en las sociedades célticas y de raíz indoeuropea, el acceso al poder y el prestigio se producirá a través de la demostración de la valía y el carisma personal, conforme a un ideal heroico y guerrero, conforme a un ideal de Areté (Torres Martínez 2005: 253 y 344 y Sánchez Moreno 2002).

Es el modelo de las que denominaremos “sociedades de jefaturas”. En las que el jefe es quien controla los bienes obtenidos mediante tributo o mediante botín de guerra, quien reparte después esos bienes entre sus hombres consolidando o incrementando la lealtad y el número de éstos, y quien de forma correlativa acumula un poder que implica prestigio social. Estos jefes para alcanzar su posición y mantenerla deberán ser merecedores de un reconocimiento, de una valía personal que estará cifrada principalmente en valores propios de sociedades guerreras: nobleza, valor, generosidad… debiendo al tiempo ser capaces de acrecentar la riqueza de sus seguidores con sistemáticas campañas guerreras o razzias. Siendo aquí donde hacen su aparición esas “bandas guerreras”, “bandas de saqueadores”, que tan insistentemente nos refieren las fuentes clásicas con respecto a la Hispania prerromana (Sánchez Moreno 2002 y 2005, y Salinas de Frías 2008).

Con la llegada de la romanización estas dinámicas guerreras, por definición inestables, encontrarán un árbitro de sus disputas. Pues será ahora Roma la que ejercerá de juez y parte desde su propia administración velando y actuando para que los procesos sociopolíticos indígenas, incluidas esas jefaturas y bandas guerreras, encuentren una solución favorable a los intereses de Roma. Estamos hablando del traslado de los asentamientos del monte al llano, de la fijación de unos impuestos y de quien los paga, pero sobre todo y en lo que más nos interesa, del reclutamiento de tropas auxiliares al servicio de Roma (Abascal 2009c y 2009b). Del establecimiento de “clientelas armadas” al servicio de los “jefes” y administradores romanos, así como de la vinculación personal de las élites guerreras indígenas a los mismos.

Dentro de estas élites ecuestres y guerreras, encontraremos como vehículos de su articulación interna tres instituciones fundamentales: El Hospitum, la Clientela y la Devotio. Mediante las dos últimas los “jefes guerreros” constituirán sus bandas armadas, sus “clientelas”, para las que parecerán ser no solo un vector fundamental de redistribución de riquezas, sino también líderes carismáticos y ejemplarizantes: el caso de Viriato sería aquí especialmente representativo (Pastor Muñoz 2001 y 2003, Salinas de Frías 2008 y Sánchez Moreno 2002) (fig. 3-1).

Figura 3-1: Representación idealizada de un jefe celta según grabado de Guizot de 1870. (Reproducido de Ruiz Zapatero 1993: 29).
Figura 3-1: Representación idealizada de un jefe celta según grabado de Guizot de 1870. (Reproducido de Ruiz Zapatero 1993: 29).

Es aquí donde las élites guerreras entrarán definitivamente en la nueva situación. El concepto mismo de “guerra” a partir de ese momento rebasará los límites de su mundo cultural, y los bienes y riquezas circularán ahora por unos canales vinculados también a la actividad guerrera, pero con destino final en Roma (González García 2007: 374-375). En la “jefatura superior” que es Roma y que terminará por personalizarse y sacralizarse con la llegada de Augusto y la Roma Imperial.

Por su parte los pactos de hospitium permitirán crear una comunidad de colaboración y alianza entre distintas familias, “clanes”, ciudades o populi. La necesidad de protección y defensa mutua, así como de seguridad en los desplazamientos, especialmente los de los pastores y sus rebaños, fundamentará estos pactos. El hospitium, pacto así de amistad y colaboración, se formalizará a través de las famosas téseras de hospitalidad y en cierta medida, se podrá decir que supondrá el establecimiento de alianzas basadas en la igualdad entre las partes (Peralta Labrador 2000: 142).

Esta igualdad entre partes no aparecerá en las antes mencionadas clientela y devotio, pues principalmente mediante la clientela, un individuo o una comunidad, se ponen bajo la protección de otro individuo o comunidad más poderosa. Los “jefes guerreros” aumentarán así su poder reuniendo alrededor suyo a la mayor cantidad de “clientes”, y estos reciben en contraprestación sustento y protección (Peralta Labrador 2000: 147 y 151). Esta filiación clientelar no es algo hereditario, si no personal y libre, pudiendo hacerse cada cual cliente de quien más la convenga y fundamentándose dicha adhesión en un altísimo concepto de la fidelidad-de la Fides-la cual habrá de ser recíproca entre el “jefe” y sus seguidores. Esta fidelidad o lealtad adquiere aquí un sentido espiritual. Entendiéndose como un compromiso y valor de la palabra dada en el que se va cifrar la valía personal y el propio respeto hacia uno mismo. La Fides como veremos, hará parte fundamental del mundo ideológico hispano celta.

El carácter guerrero de las sociedades hispano célticas favorecerá el desarrollo de esta institución y ayudará a fortalecer el culto los jefes, el desarrollo de los “caudillajes”. Dando también salida a los sectores más desfavorecidos de la sociedad que encontrarán en dichas “mesnadas guerreras”, un modo de vida. (Peralta Labrador 2000: 147).

Las clientelas podrán ser individuales o colectivas, afectando a individuos concretos pero también a ciudades, e incluso pueblos enteros. Siendo esto quizás lo que encontraremos entre los celtíberos y su federación de arévacos y belos, Numancia y Segeda, así como en la propia fuerza expansiva del mundo celtibérico (Peralta Labrador 2000: 151 y Burillo 1998 y 2006).

Por otra parte la devotio será un tipo extremo de clientela, una Fides en la que el compromiso es total y llega incluso a la entrega de la propia vida. Existiendo así unas “clientelas normales”, la mesnada de los jefes guerreros; y los “devoti”, la guardia personal de esos mismos señores de la guerra. Guardia personal que se hará matar antes que abandonar a su señor, y que se quitará la vida por su propia mano en el caso de que su señor muera en combate antes que ellos mismos (Peralta Labrador 2000: 153-159). Obviamente en el caso de los “devoti”, de los “consagrados”, ese jefe al que consagran sus vidas será algo más que un mero jefe guerrero, y de mano del propio rito y juramento de la devotio se convierte en el vehículo y canal de una vivencia espiritual (Peralta Labrador 2000: 159-162). Vivencia que basada en esa Fides propia de los sistemas de jefaturas, exacerbará una ética agonística y heroica que como veremos, será característica de la tradición guerrera hispano céltica. Generándose entonces a nuestro parecer, un marco en el que “la lealtad sin fisuras y hasta la muerte”, se convertirá en escenario de trascendencia personal. Es decir, en un escenario en el que esa entrega de la propia vida, supone una ruptura de nivel con respecto a una existencia puramente mundana, y una apertura del alma a un nivel espiritual superior. A un nivel de merecimiento y adquisición del derecho a una Vida más allá de la mera vida terrenal. El derecho a lo que llamaremos “Inmortalidad”. Pudiendo funcionar entonces la devotio como una experiencia profundamente espiritual, como una experiencia y conocimiento “trasfigurante” en función de la propia muerte.

La devotio supone así la formación en torno a los jefes militares de un círculo de fieles seguidores comprometidos en su seguridad personal hasta la muerte. Esto círculos funcionarán como “cofradías guerreras” y poseen correlatos en el ámbito mítico con un Rómulo que es el jefe latino de los Lupercos, Odín que es el “mentor” de los Berserk de la tradición escandinava, o Varuna que en la India es jefe de los Ghandarva. De la devotio podremos decir que es una institución conocida a través de las fuentes clásicas entre latinos, germanos, celtas e hispanos (González García 2007: 424). Lo que no son sino algunos de los pueblos principales de la tradición indoeuropea en Occidente.

La devotio será así esencialmente, una forma de clientela que llevará la ligazón entre el jefe y sus hombres hasta la muerte. La relación personal libremente asumida propia de la clientela, se transforma aquí en una entrega total la cual por otra parte, solo podrá tener sentido entonces desde una dimensión espiritual que inherente al propio rito de la devotio, avala y justifica dicha adhesión hasta la muerte. La devotio conllevará en este sentido una verdadera sublimación religiosa de la fidelidad al jefe (Peralta Labrador 2000: 159). La Fides parecerá convertirse de este modo, en una vía para la Trascendencia, en un camino para la superación de la propia muerte, de la propia condición mortal.

Obviamente la existencia de la devotio estará necesariamente asociada a las sociedades de jefaturas, y de alguna manera sería la institución que coronaría ese mismo sistema. Sistema vertebrado a través del concepto de Fides y en el que a partir de un determinado punto, dicha lealtad, se situará más allá del mero interés económico que pudiera derivarse de la simple clientela. Respondiendo entonces a un rico trasfondo espiritual que hace de la devotio, una pista fundamental para comprender el sistema de creencias del mundo hispano céltico.

En la Celtiberia el caso de Retogenes y su sequito será el más sintomático de la devotio, si bien podrá ser rastreado en otros muchos casos de la Historia de la Hispania prerromana: Indibil, Viriato o el propio Sertorio (Peralta Labrador 2000: 154-156). Tenemos así y en cualquier caso que las instituciones de la clientela y la devotio, serán fundamentales para comprender el funcionamiento y formación de bandas armadas unidas hasta la muerte a sus jefes, y entregadas a campañas cíclicas de razzia y saqueo. Del mismo modo unido a esa dimensión espiritual inherente a la devotio, podremos encontrar rituales asociados a divinidades guerreras y de tránsito al Más allá, garantes del pacto de fidelidad extrema de los “devoti”, así como dispensadores de lo que llamaremos el “Furor”. Esto es, la magia guerrera que aterroriza y paraliza al enemigo, otorgando al “iniciado” una ferocidad, empuje y arrojo sobrehumanos. Ferocidad y arrojo propios de una clase especial de guerreros. Los guerreros “consagrados”, verdadera élite de las bandas armadas (Peralta Labrador 2000: 153- 162 y 164-166).

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Del Cantar de Mio Cid a las leyendas de Bequer

en Cultura Celta/España por
DEL CANTAR DE MIO CID A LAS LEYENDAS DE BEQUER

El Fenómeno del Celtismo.

La Cultura Celta, más allá de su realidad histórica, ha llegado a ser un referente de determinadas formas de cultura popular de nuestro tiempo. Es lo que nosotros llamamos “El fenómeno del Celtismo”. A dicho “Celtismo” del siglo XXI y su relación tanto con la cultura celta propiamente dicha, como con las pervivencias que de ésta puedan quedar en Europa así como de uso espurio que pueda hacerse de la misma, hemos dedicado un anexo de nuestra tesis doctoral. A partir de dicho anexo hemos podido escribir un libro llamado precisamente “El fenómeno del Celtismo” del cual extraemos este fragmento para colgarlo en nuestro blog.

 

En este fragmento traemos a colación los interesantísimos planteamientos de Martín Almagro-Gorbea sobre la presencia de elementos de la cultura celta, en obras fundamentales de la literatura tradicional premoderna española, así como en las leyendas de Bequer de temática soriana.  

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Del Cantar de Mio Cid a las leyendas de Bequer:

No podemos en este capítulo dejar de hacer referencia al ensayo de Almagro-gorbea Literatura hispana prerromana (2013), en el que se aborda la posibilidad de rastrear mitemas propios del mundo hispano céltico, a través del Cantar de mío Cid, el Códice Calixtino, el libro del Buen Amor, el Romance del conde Arnaldos o las leyendas de Bequer…

La idea que se plantea es así, que en la literatura tradicional y premoderna de España, así como en las reelaboraciones literarias de antiguas leyendas populares, se estarían recogiendo personajes, tramas, imágenes y creencias del antiguo sustrato céltico y prerromano de la Península. No siendo la presencia de dichos elementos de la Hispania céltica deliberada, sino fruto de una larga pervivencia de la cual los propios autores no tienen conocimiento pero son partícipes.

Es de este modo que en el Cantar de Mío Cid se describirá al comenzar su destierro, un doble augurio a través del vuelo de sendas cornejas: A la exida de Bivar vieron la corneja a diestra y entrando en Burgos ovieronla a siniestra (Mío Cid, I, 11-12). Augurios vinculados a córvidos que podremos encontrar íntimamente unidos al imaginario celta, casi siempre en contextos de guerra, pruebas o adversidades que debe afrontar y superar un héroe. Contextos análogos al que se plantea en el Mío Cid (Almagro-Gorbea 2013: 323-331).

En el códice Calixtino y de las leyendas surgidas en torno a la llegada del cuerpo del apóstol Santiago a Galicia, destacarán las leyendas de la Reina Lupa, el Bosque Ilicino y el Monte Sacro. Leyendas embebidas de elementos clásicos del imaginario celta que en Galicia, estarían perfectamente vigentes en pleno siglo XII. Perdurando en ocasiones en algunos de sus imágenes y personajes, incluso hasta época presente, lo que convierte las leyendas en torno a la tumba del apóstol Santiago y el “paisaje mágico” que lo rodea, en un ejemplo característico de la pervivencia prácticamente hasta nuestros días, de una narrativa propia del imaginario céltico (Almagro-Gorbea 2013: 344-360).

De igual modo la “triple muerte” o threefold death (ahogado, colgado y quemado), mitema clásico del mundo céltico, aparecerá recogido en el Libro del Buen Amor en el relato del hijo del rey de Alcaraz (Almagro-Gorbea 2013: 376-378 y 396-402). Pudiendo encontrarse por otro lado y en el Romance del conde Arnaldos, la tradición de los Ímmarama irlandeses.   Leyendas de “navegaciones mágicas” al Más allá o embarcaciones maravillosas capaces de llevaros al “Otro Mundo”, en travesías de no siempre regreso seguro (Almagro-Gorbea 2013: 361-375).

Finalmente podremos también traer a colación las leyendas sorianas de Bequer, llamando la atención los numerosos elementos del imaginario celta conservados en las mismas. Dichas leyendas, ubicadas también en el entorno del Moncayo, se basarán en cuentos y leyendas populares en los que el imaginario celta resultará incuestionable, lo que las convierte en prueba fehaciente de cómo la literatura popular, puede ser una fuente de conocimiento para la Hispania céltica (Almagro-Gorbea 2013: 332).

La leyenda del “Rayo de Luna” y sus “seres sobrenaturales” del aire, los bosques, las peñas y las aguas. La leyenda de “Los ojos verdes”, con el cazador que persigue al ciervo herido en los bosques del Moncayo y llega hasta una fuente en la que vive un “espíritu del mal”… Una mujer de ojos verdes, cabellos de oro y voz semejante a la más hermosa música, que castiga al que osa turbar la paz de la fuente. La leyenda de “La corza blanca”, historia relacionada con la caza y el “espíritu del bosque”, encarnado en una cierva blanca con capacidad para hablar, reír y conocer el futuro y de cuya existencia conocen los pastores del lugar si bien éstos, la relacionan con el diablo. La leyenda del “Gnomo”, donde reaparece el elemento de la fuente encantada y a través de la cual se llega a las profundas simas del Moncayo. Simas en las que al igual que en sus cumbres más solitarias, viven “espíritus del lugar”, que en este caso conocen las entrañas de los montes y sus caminos subterráneos y advierten: “Remonta mi corriente y… osa traspasar los umbrales de lo desconocido”. Y la leyenda del “Monte de las Ánimas”, con el mitema céltico como protagonista de los espíritus de los Muertos y su capacidad para relacionarse con los vivos la Noche de Ánimas. Todo en el contexto de una batalla funesta del pasado, un cazador perdido en el Monte de las Ánimas, situado junto al río donde están enterrados los difuntos y llegada la noche… Todo ello elementos reconocibles del imaginario celta (Almagro-Gorbea 2013: 333-341).

En consecuencia, las leyendas sorianas de Bequer ofrecen elementos inspirados en el imaginario tradicional que procede y refleja la mentalidad e ideología ancestral de las gentes celtas que habitaron la Celtiberia. Más allá de las recreaciones románticas del autor, el imaginario céltico de las tierras de Soria y el Moncayo, estaría manifestando una larga pervivencia y memoria que de nuevo y como ocurría en los casos anteriores del Mío Cid y demás, nos aproximará el universo mítico de los celtas de Hispania (Almagro-Gorbea 2013: 341-343).

El estudio así del “alma” de la Hispania céltica pasará también por saber leer las leyendas, romances y clásicos tradicionales premodernos de la literatura española. Muchos ellos imbuidos de un sustrato de tramas, imágenes y personajes que tendrán su origen no tanto en la mera imaginación de los autores, como en paradigmas ideológicos del antiguo mundo hispano celta. La obra de Almagro-Gorbea que en este capítulo hemos querido mínimamente glosar, puesta en relación con lo que hemos venido diciendo sobre el folclore popular en apartados anteriores, nos invita a un renovado horizonte de trabajo en el que a lo que nos llega a través de las fuentes clásicas y el registro arqueológico, se le añaden nuevos elementos de estudio, indagación e interpretación. Nuevos elementos que ahora sí y conforme a un trabajo multidisciplinar, pueden dejar atrás las estrecheces del empirismo y sin perder rigor, afrontar ese “estudio de las esencias” que como hemos indicado, será fundamental para una auténtica puesta en valor del Celtismo más allá de toda deriva espuria.

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Antes de cerrar este capítulo una última reflexión que en cierta medida está relacionada con lo que hemos venido diciendo en el mismo. Una reflexión en torno a lo que personalmente nos gusta llamar “El Hechizo del Sidhe”

Dentro de la fascinación que despierta la cultura celta entre el público aficionado, ocupa un lugar muy especial todo lo relativo al universo feérico de “seres mágicos” que vinculados a fuentes, bosques, pozos o cuevas, configuran una suerte “Más allá Telúrico” en el que pareciera que el agua, el viento, el fuego o los árboles, serían “seres animados” dotados de “alma” u hogar de seres invisibles de un “Otro Mundo Encantado”. Del “Reino de las Hadas” a los mouros gallegos, hemos hecho una breve referencia a ello en un apartado anterior. En la misma línea se encontrará la idea de fechas concretas: Todos los Santos, Noche de san Juan…. en las que dicho “Mas allá Telúrico” quedaría más próximo a nosotros y sería posible comunicarse o acercarse a él. La cantidad de leyendas populares a lo largo y ancho de Europa sobre dichos seres y dicho “Otro Mundo” es grandísima, siendo las más conocidas las leyendas irlandesas sobre duendes, si bien también serán muy abundantes en España. Principalmente en Galicia y Asturias.

Todos tenemos incluso una idea aproximada de las temáticas e imágenes propias de dichas leyendas: riquezas subterráneas custodiadas por “gnomos” o “hadas”. El paso a “Otro Mundo maravilloso” donde deleites y gozos pueden tornarse en pesadilla conforme al capricho de hadas y duendes. Los “niños robados” por las hadas o el volver del protagonista al mundo real, creyendo haber estado no más de una noche el “Reino Escondido”, y encontrar que en realidad han pasado cien años… Podríamos continuar deshilando las diversas temáticas de este tipo de relatos pero no creemos que sea necesario, pues en sus líneas generales son cosa conocida por todos.

Este universo feérico, sus “habitantes”, imaginería, fechas especiales y “santas compañas”, todo ello plasmado casi siempre con una estética entre “prerrafaelita” y romántica, configura un escenario altamente sugestivo que hace parte fundamental de las fascinación y reelaboración popular que desde el siglo XIX, se viene haciendo del mundo celta. El Sidhe del celtismo histórico y su concepción “mágica” del mundo natural, el Más allá y los difuntos, se convierte de este modo y por parte del hombre moderno, en una suerte de “reencuentro” con la idea de un “Universo Animado”. Un universo por decirlo así, “espiritualmente vivo”. Un “reencantamiento” del Mundo en el que el mecanicismo cartesiano queda atrás y el mundo natural y el universo, vuelven a responder más a la imagen de un inmenso ser vivo dotado de alma, que a la de un inmenso mecano similar a un reloj de cuerda…

En palabras de Platón: “Este mundo es de hecho, un ser viviente dotado con alma e inteligencia (…) una entidad única y tangible que contiene, a su vez, a todos los seres vivientes del universo, los cuales por naturaleza propia están todos interconectados” (Timeo 29, 30).

Esta idea de un Anima Mundi, tan cara en general al mundo pagano y ya en tiempos del cristianismo dejada mayormente atrás, parece volver así al hombre europeo de la Modernidad a través de la “antigua creencia celta en el Sidhe”. Creencia que es recibida como un reencuentro en algunas personas profundamente conciliador, consigo mismas y con la naturaleza. Como un volver a mirar el Mundo como un paraje encantado…

La literatura, el arte, la poesía, el cine…. son innumerables las obras culturales que reflejarían este “Hechizo del Sidhe” que es ya, una de las facetas más típicas del Celtismo contemporáneo. Loreena McKennit, con su aspecto de pelirroja prerrafaelita, tocando el arpa mientras canta con envolvente melodía el “Stolen Child” de William. B. Yeats, sería a nuestro humilde entender una plasmación clara de lo que venimos diciendo. En este caso de una manera especialmente acertada y hermosa en la que un autor de finales del XIX y “enamorado del Sidhe”, como Yeats, se convierte en música de nuestro tiempo de mano de una mujer también “hechizada” por el “mundo mágico” del Sidhe, como parece serlo la señora McKennit ¿Pero acaso no es ese el mismo hechizo que parece sostener las leyendas sorianas de Bequer? ¿Y no es acaso este mismo hechizo el que está detrás de ese marinero misterioso del Romance del conde Arnaldos, que “solo dice su canción a quien con él va”? ¿Y no hay algo de todo esto en las cornejas que a diestra y siniestra auguran al Cid cuando éste parte al destierro?…

La concepción del Mundo como un paraje animado y espiritualmente vivo subyace a todos estos planteamientos y frente a la aridez mecanicista que tanto éxito ha tenido en la Modernidad, se ofrece como un bálsamo purificador que parece invitar a una manera más profunda y empática de ver la Naturaleza. Una manera que de nuevo y más allá de las lamentables derivas espurias que tanto ha llegado a proliferar en según qué ambientes, puede ser puesta en valor como uno de los activos que debidamente entendido y encauzado, hacen del Celtismo un fenómeno que a pesar de todo, puede merecer la pena.

Muerte en combate en la antigua Hispania Céltica

en Cultura Celta/Espiritualidad por
Muerte en combate en la antigua Hispania céltica

La ética heroica y la idealización de la muerte en combate, hicieron parte fundamental de la concepción del Mundo de la antigua Hispania Céltica. Las fuentes clásicas en este sentido llegan a ser especialmente e incluso, conmovedoramente gráficas. Nosotros trataremos aquí no solo de dar cuenta de dicha ética heroica, sino además de entenderla en su sentido espiritual, tratando de encontrar lecciones de sabiduría, fuerza y virtud para el Hombre del siglo XXI.

Conferencia impartida en el festival “Raíz Ibérica”. Festival multidisciplinar de música, ponencias, cultura popular y folclore que reivindica la herencia de la Hispania prerromana y quiere ponerla en valor como elemento cultural e identitario de nuestro tiempo.

Al comienzo de la ponencia el ruido y ajetreo de la barra próxima a la sala de la conferencia nos obligo a alzar la voz, posteriormente se fue silenciando tanto la sala como la barra próxima y la ponencia se desarrollo sin mayor complicación.

Itunes

El problema del nacionalismo en España.

en España por
problema del nacionalismo en España

España parece no terminar de saber si es una raíz común de la que surgen regiones y nacionalidades, o si por el contrario, es una suerte de “comunidad de vecinos” en la que cada región o nacionalidad pudiera libremente adherirse o separarse a voluntad. Sin embargo, la realidad histórica, antropológica y étnico-cultural es tozuda, siendo entonces que el nacionalismo, de un signo u otro, parece tener poco que decir más allá de su propio interés particularista.

España tiene un problema de conciencia identitaria común y de confusión entre el sano patriotismo y el nacionalismo en España, buscar el “Hilo de Ariadna” que nos saque de tanta confusión, no será así cuestión baladí…

Conferencia impartida en las segundas jornadas de pensamiento alternativo de la asociación cultural “Libertas”.

Itunes

Proceso Histórico de España: fracaso o esperanza

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España a lo largo de su proceso histórico-político y étnico-cultural decanta una tradición propia, diversa y heterogénea, pero de raíces comunes y compartidas. Raíces que llegado el siglo XXI pudiera ser que estuvieran enfilando hacia su agotamiento y fracaso o por el contrario, pudiera ser que estuvieran gestando una nueva oportunidad de regeneración y esperanza…

Proceso Histórico de España: fracaso o  esperanza

Conferencia impartida con ocasión de las jornadas de pensamiento alternativo organizadas por la asociación cultural “Libertas”.

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La Tradición Guerrera de la Hispania Céltica

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Representación de guerrero vacceo y del armamento aparecido en los distintos enterramientos.

De modo profuso y extenso recorremos nuestro trabajo de tesis doctoral en el que hemos querido conocer, tanto la organización sociopolítica y socioeconómica de la Hispania céltica. Como sobre todo, los principios, valores y creencias que la tradición guerrera de dicha Hispania Céltica, pudiera transmitirnos.

Conferencia impartida como invitados en la Librería Europa. Más allá de las polémicas que rodean dicha librería, acudimos a la invitación con la misma pretensión de estudio y divulgación con la que siempre llevamos a cabo nuestras actividades.

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