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El Hobbit, hay que salvar a los Hobbit. La forja y la Espada

Hay que salvar a los Hobbits

en Espiritualidad por

El valor del relato fantástico reside en su capacidad para trasladarnos símbolos y metáforas. En su capacidad entonces para convertirse en “leyenda y mito” y a través de un lenguaje sugestivo de personajes y episodios de resonancias arquetípicas, darnos lecciones de vida.

Nosotros humildemente pensamos que eso es lo que ocurre con el universo de Tolkien. Siendo así, de todos los errores que comete Sauron en la Guerra del Anillo Único, quizás el más importante sea el de haber menospreciado a los hobbits…

Que los sencillos, pequeños e “insignificantes” hobbits, tengan un papel fundamental en la Guerra del Anillo Único, es algo que Sauron parece incapaz de imaginar.

Y sin embargo, resultará que son los hobbits, los pequeños e “insignificantes” hobbits, esos que Sauron despreció y ni si quiera contempló en sus planes de guerra, los que terminaron por ser su talón de Aquiles…

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De todos los errores que comete Sauron en la Guerra del Anillo Único, quizás el más importante es el de haber menospreciado a los hobbits…

Forja anillos para corromper y someter a hombres, elfos y enanos, pero los humildes hobbits, pareciera que le resultan tan insignificantes y simples que no hace cuenta de ellos en su estrategia general por dominar la Tierra Media. Como si pudiera ignorarlos sin más contando con que su sometimiento a la Sombra será cosa segura, y que su papel en la Guerra del Anillo será nulo.

Por el contrario, quizás el mayor acierto de Gandalf y Aragorn, es fijarse precisamente en los hobbits y contar con ellos. Especialmente Gandalf, que desde el principio se siente intrigado por la sencillez y aparente mundanidad de sus vidas, como si detrás de ellas, pudiera encontrarse una fuente de fortaleza y bondad imprescindible para los días oscuros que estaban por llegar…

Y es que podemos suponer que Sauron, en las cuentas generales que hace de su estrategia de guerra, cuenta con que quizás aún corrompiendo a Saruman, alguno de los subordinados de éste (como Gandalf), sea capaz de resistir y hacerle frente. Y del mismo modo, aún contado con alienar o desesperar a los senescales de Rohan y Gondor, posiblemente cuenta con que pueda surgir un líder capaz de aunar a los hombres en su lucha contra Sauron (obviamente aquí hablamos de Aragorn). Es decir, que “un mago y un rey” puedan estar en el tablero de juego, aún a pesar del poder de Sauron para corromper, alienar o desesperar a los habitantes de la Tierra Media, parece que hace parte de los planes del Señor Oscuro. Por decirlo así, cuenta con ello…

Ahora, que los sencillos, pequeños e insignificantes hobbits, tengan un papel fundamental en la Guerra del Anillo Único, es algo que Sauron parece incapaz de imaginar. Cabe pensar en una soberbia tan demoniaca, que frente a los humildes hobbits, solo contempla desprecio. Siendo entonces que su arrogancia, le impide ver cómo detrás de esa sencillez, se esconde esa fuente de fortaleza y bondad que sí que supo ver Gandalf, y que los convierte en pieza fundamental de la lucha contra Sauron.

Hasta tal punto es así que Sauron, desconociendo las potencialidades que podía guardar el alma de un buen hobbit, “ni se le pasa por la cabeza” la posibilidad de que haya alguien capaz de cargar con el Anillo hasta el Monte del Destino y destruirlo. Sea lo que sea lo que hagan aquellos que encuentren el Anillo Único, más tarde o más temprano éste los corromperá y sin apenas percatarse de ello, terminarán por servir al Señor Oscuro. Es así como piensa Sauron, y por eso, aún sabiendo que el Anillo Único ha sido encontrado, no protege ni guarda el acceso al Monte del Destino. Como si ese flanco en cualquier caso, estuviera cubierto…

Obviamente estaba equivocado y todos sabemos que es así. Que esa fue su perdición. Que si en lugar de despreciar a los hobbits hubiera hecho por conocerlos, se habría dado cuenta que si había alguien capaz de sobreponerse al poder corruptor del Anillo y cargar con él hasta Amon Amarth, ese alguien, sería un buen hobbit…

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El valor del relato fantástico está en su capacidad para ser símbolo, metáfora, alegoría… Para convertirse en “leyenda y mito” y entonces a través de un lenguaje sugestivo de personajes y episodios de resonancias arquetípicas, dar lecciones de vida.

Nosotros humildemente, pensamos que eso es lo que ocurre con el universo de Tolkien. Siendo así, en este artículo queremos resaltar que en “El señor de los Anillos”, los antagonistas principales de Sauron son tres. Dos de ellos figuras paradigmáticas del mundo del mito y la leyenda que de siempre, hemos podido encontrar en este tipo de relatos. Nos referimos a la figura del Sabio y a la figura del Héroe. Gandalf y Aragorn respectivamente. Ahora, el tercero, y éste sería el gran acierto de Tolkien, el tercer antagonista del Señor Oscuro, resulta que son los hobbits. Esos humildes e “insignificantes” hobbits que Sauron despreció y ni si quiera contempló en sus planes de guerra, esos que sin embargo, terminaron por ser su talón de Aquiles…

Dicho esto ¿Qué son los hobbits? ¿Qué imagen o arquetipo se nos sugiere a través de ellos?

Todos entendemos y valoramos la figura del Sabio. Todos si tenemos un alma mínimamente avivada de Espíritu, aspiramos a la sabiduría y la fuerza que deriva de ésta. Y del mismo modo, si tenemos ese alma mínimamente tradicional o avivada de Espíritu, sentimos admiración hacia el Héroe y aspiramos a emularle, tratando de hacer nuestro su valor, su integridad, su entrega y su nobleza. “El Sabio y el Héroe” son así figuras paradigmáticas del mundo tradicional y siempre están presentes en todo gran ciclo mítico o legendario, no siendo posible concebir la “la lucha contra las Tinieblas” sin ellos. Ahora ¿y los hobbits? ¿Cómo es que Tolkien hace de ellos pieza esencial de esa lucha y cómo que está depende en última instancia de ellos? ¿Qué se nos está sugiriendo a través de esto?

Aquí diremos, que a nuestro entender, los hobbits son la grandeza de alma que se esconde en las gentes sencillas. La fortaleza y bondad muchas veces irreductible, que encontramos en gentes de vida sencilla y cotidiana entreverada sin embargo, de profunda espiritualidad. Una espiritualidad natural y espontanea, que no nace de ninguna formación o catequesis, y que tiene mayormente su origen en un fuerte sentimiento de comunidad. De hacer comunidad y encuentro. De convivir y conllevar con alegría y sana compañía la existencia. Ese es el mundo del que surgen Sam y Frodo y que los hace fuertes a pesar de ser pequeños. Ese es el mundo que seduce al sabio Gandalf y que le lleva a bailar divertido en las fiestas de los hobbits. El mismo mundo que desde la soberbia, desprecia Sauron…

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La lección a partir de aquí parece clara:

Cultivemos la Sabiduría y la Vocación Heroica. Sin ellas la lucha por “El Retorno del Rey” no puede llevarse a cabo. Incluso el “Señor Oscuro” sabe que a pesar de sus acechanzas, siempre habrá un mínimo de sabiduría y heroísmo que no podrán ser corrompidos y a los que tendrá que hacer frente.

Pero Tolkien nos enseña que no basta con esto… que hay que cultivar también el espíritu de comunidad. Que hay que saber hacer comunidad y admirar la fuerza que reside en las cosas sencillas, y en las vidas llenas de afecto mutuo, de quienes se juntan y comparten esas cosas sencillas. Sin esperar nada a cambio, por puro amor al calor y alegría que surgen del encuentro auténtico con el otro. Hacer comunidad es así pieza fundamental de la lucha contra “las fuerzas del Mal”, y cultivar al hobbit que llevamos dentro, junto al ideal del sabio y el héroe, se convierte de este modo en parte imprescindible del camino de transformación interior que debemos recorrer, si queremos que Sauron no haga presa en la Tierra Media de nuestro corazón…

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El Sabio, el Héroe y los Hobbits…

E ahí toda una bitácora para este mundo loco que tenemos hoy día.

Ahora, llegado este punto no podemos evitar plantearnos, que ocurriría entonces si Sauron contará con los hobbits en su plan y estrategia general. Si no los despreciara y sospechará que detrás de su sencillez y humildad, puede esconderse una fortaleza y bondad formidables. Un auténtico antagonista capaz de propiciar su derrota.

Trataría entonces y suponemos de corromperlos. De “gollumizarlos”, de envilecerlos y hacerlos vivir enfrentados. De romper su comunidad…

Si así fuera, la historia de la Guerra del Anillo Único podría haber sido otra. Quizás hubiera faltado un Frodo y sobre todo un Sam capaz de acompañarle, y el Anillo Único no habría sido destruido. Sauron podría haber vencido.

Volviendo entonces a valor simbólico y alegórico de este tipo de relatos, cabría preguntarse si no vivimos hoy día una época en la que el “Señor Oscuro”, ha reparado en los hobbits y está moviendo sus hilos para corromperlos…

De ser así nos lleva ventaja. No una ventaja cualquiera. Una ventaja que podría llegar a ser determinante: Si consigue romper los quicios naturales que llevan al ser humano a hacer comunidad y tener en las cosas sencillas una fuente de fuerza y sensatez, su “reino de oscuridad” podría llegar a imponerse.

Es así imprescindible salvar a los Hobbits.

Y para ello hay que cultivar nuestra propia “faceta hobbit” y tratar de hacer comunidad. Y hacerlo a conciencia. Pues hoy día, pudiera ser que la manera espontanea y natural de hacer comunidad y disfrutar y compartir las cosas sencillas, hubiera sido ya intoxicada por Sauron. Siendo entonces necesario actuar a conciencia y con esfuerzo y dedicación. Con el mismo esfuerzo y dedicación con el que cultivamos la sabiduría y la vocación heroica. Con el mismo esfuerzo con el que se forja la espada del Héroe y el Sabio comprende y se hace cargo del alma y naturaleza de las cosas. Sin los hobbits, el Sabio y el Héroe no podrán por si solos derrotar al Señor Oscuro. Sin el concurso de los hobbits la Guerra del Anillo no puede ganarse. Es perentorio entonces salvar a los hobbits. Quizás el Enemigo nos lleve ya ventaja y no haya tiempo que perder. Pongámonos entonces manos a la obra y nos esperemos más. Rencontrémonos con las cosas sencillas y la fuente de fuerza, alegría y cordura que éstas atesoran. Y hagamos de nuevo comunidad en torno a ellas. Hagamos calor, amistad, afecto mutuo, lealtad y autenticidad… Levantando con tan en apariencia humilde aspiración, un bastión que sin embargo una vez construido, ningún Señor Oscuro podrá doblegar.

 

CC BY-NC-SA 4.0 Hay que salvar a los Hobbits por Gonzalo Rodríguez está licenciado bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Gonzalo Rodríguez Gonzalo Rodríguez García es doctor en Historia por la Universidad de Castilla-la Mancha. Su tesis doctoral trató sobre la antigua Hispania céltica y su cultura guerrera. Formado en filosofía e historia sigue la línea doctrinal de la Sophia Perennis y la Escuela Tradicionalista.

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