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ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

en Cultura Celta/Espiritualidad/Historia por
ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

La conquista romana de Britania es uno de los episodios de la Historia Antigua, que mayor fascinación puede generar entre aquellos que todavía encuentran en el pasado, claves para entender el presente y la propia identidad.

Los druidas en Inis Mona, la revuelta de Boadicea, la sempiterna rebeldía de los galeses y por supuesto, las campañas en la brumosa y lejana Caledonia; en la actual Escocia. Y aquí el muro de Adriano, la misteriosa desaparición de la legión novena, en campaña al norte del muro y en el interior de las “Highlands”, y claro está los pictos, desde finales del siglo III d.C. asaltando el muro, en sucesivas guerrillas y luchas hasta el abandono definitivo de éste, a comienzos del siglo V. Con la caída del propio Imperio Romano…

En esta “última frontera” de Roma, la más septentrional de su Imperio, los “últimos hombre libres”, alzan su voz contra el invasor: Es el año 83 d.C. y el general romano Agrícola avanza sobre Caledonia. El resto de Britania ha sido mayormente sometida y sólo la actual Escocia ha quedado libre de las garras del águila romana. Los caledonios dejarán entonces a un lado sus disputas intestinas y se unirán en una gran coalición para hacer frente al invasor. Es la batalla del monte Graupius, en la que a pesar del coraje “escocés”, Roma se impondrá de nuevo de manera arrolladora. Para la posteridad quedará el discurso arengando a sus tropas del líder caledonio Calgaco. Recogido por Tácito y fuente como veremos, de enjundiosas lecciones de Honor y Libertad…

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(Agrícola) llegó hasta el monte Graupius, que el enemigo ya había ocupado. Y es que los Britanos (…) se daban cuenta de que un peligro común sólo podían rechazarlo mediante la unidad, y habían reunido así fuerzas de todas las ciudades mediante legaciones y pactos. Se podían ver de este modo más de treinta mil hombres armados afluyendo en aquella dirección; toda clase de jóvenes y aún ancianos con energía y vigor, ilustres veteranos que lucían cada uno sus condecoraciones…

Entonces, se dice que un general, que destacaba entre todos por su valor y su linaje y de nombre Calgaco, habló de esta manera a la apretada multitud que allí se congregaba:

ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

«Cuantas veces reflexiono sobre las causas de esta guerra y sobre cuál será la actitud de los dioses para con nosotros, me siento bien seguro de que vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud; y no os queda ya tierra a vuestra espalda para retroceder y ni siquiera el mar, con el acecho de la flota romana, ofrece seguridad. Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes.

 

Las batallas anteriores que con fortuna variada se han sostenido contra los romanos, dejaban de nuestro lado la esperanza de estar a salvo, pues al ser el pueblo más noble y antiguo de toda Britania, y vivir apartados sin vista alguna a las costas de los esclavos (se refiere a las costas de la Galia), no llegábamos a imaginar siquiera una invasión. En el último baluarte de la libertad, la propia distancia y las incógnitas sobre nuestra fama, nos han defendido hasta hoy (…) Pero ahora Britania queda completamente al descubierto, pues tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”…

 

Por naturaleza, cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos.

 

Los esclavos nacidos para la esclavitud, son puestos a la venta una sola vez y además, sus amos los alimentan: Britania compra y sustenta su propia servidumbre diariamente… (…) en un mundo así a nosotros nos buscan para renovar el servicio y, baratos que somos, para exterminarnos; y es que ya no nos quedan campos, ni minas, ni puertos para cuya explotación nos guarden. Por otra parte, a los invasores no les gusta el valor y el orgullo de las gentes. La distancia y la independencia, cuanto más seguras parezcan, más desconfianza les provocan. No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria. Recordad a los brigantes, que a la ordenes de una mujer (se refiere al alzamiento de Boadicea), incendiaron una colonia, tomaron un campamento, y si su dicha no se hubiera convertido en negligencia, habrían podido liberarse definitivamente del yugo romano. Nosotros vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello; mostremos desde el primer evite qué clase de hombres se había guardado Caledonia para defenderse…

 

¿Creéis que a los romanos les asiste en la guerra un valor parejo a la molicie que les acompaña en la paz?… Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…

 

Todos los estímulos para la victoria están así de nuestra parte: no hay esposas que animen a los romanos, ni padres que vayan a reprochar su fuga; la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma. Los dioses nos los han entregado (…) temblando de ignorancia, mirando a su alrededor incluso un cielo y un mar, unos bosques, que desconocen por completo (…). No os asuste entonces su aspecto vano, el fulgor de sus oros y platas, que ni protegen ni hieren. Entre las filas del enemigo encontraremos ayuda: los Britanos reconocerán su causa, los Galos recordarán la libertad perdida, y los Germanos desertarán (…).

 

Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

Recibieron el discurso con vehemencia, al estilo de los bárbaros, entre bramidos, cantos y voces desacordes. Y ya se iniciaba el avance y refulgían las armas con el impulso de los más audaces…

(Tácito. Agr. 30-32, 4)

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Sin entrar en las disquisiciones historiográficas sobre la mayor o menor veracidad histórica de este discurso, o sobre las fuentes que pudo manejar Tácito para elaborarlo, posiblemente adornándolo con elementos de su propia cosecha, lo cierto es que resulta realmente conmovedor…

En este sentido, las arengas a las tropas, tanto por parte de bárbaros como de romanos, están plenamente constatadas a lo largo de la Historia Antigua y es obvio, que para una ocasión tan señalada, el cabecilla de los rebeldes caledonios, no dejaría de dirigirse a sus hombres buscando elevar la moral y predisponerlos al combate.

Distinta es la cuestión de cómo Tácito documenta el discurso y lo elabora, muy posiblemente y como ya hemos señalado adornándolo; pero también muy posiblemente basándose en una realidad. Basándose en algo que ocurrió.

En cualquier caso, a nosotros lo que nos va a interesar aquí, es señalar algunas ideas que consideramos importantes sobre dignidad, honor, patriotismo y libertad. También sobre tiranía y despotismo, que se recogen en la arenga de Calgaco contra los romanos.

Fijémonos entonces en el primer párrafo, donde dice: vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud”. Para después añadir: “Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes”.

 

Tenemos aquí una primera idea interesante en torno a la unión de gentes afines, de lazos comunes y pueblos hermanos, que dejando a un lado sus diferencias, se unen para defender la libertad de todos. No la de caledonios, silures o brigantes, sino la de toda Britania. Gentes que nunca han vivido en esclavitud y que marchan juntas para seguir así.

Por otra parte otra idea también interesante en torno a las armas, a la lucha; a la idea de la necesidad de estar dispuestos a defendernos. No como cuestión ya de valientes o cobardes, sino como cuestión de evidente necesidad.

En el segundo párrafo nos encontramos después lo siguiente: “tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”.

 

Quizás este sea el fragmento más intenso y conmovedor. También el de connotaciones más románticas y evocadoras: Los “últimos hombres”, arrinconados en el extremo norte, lejos de las “costas de los esclavos”, a su espalda los acantilados y el mar pero enfrente, una amenaza aún peor: Roma. Una Roma que es descrita como un “Imperio del Mal”, de codicia y prepotencia. De avaricia y desmesura. De ansía ciega e innoble que con cinismo llama a sus matanzas y saqueos “Imperio”, y a la desolación que deja a su paso “Paz”.

Siglos después san Agustín nos dirá que si un estado no se consagra a la búsqueda del bien común y la verdad, no se diferencia de una partida de piratas más que en el tamaño…

Las peores imágenes que podamos hacernos de un estado inspirado únicamente en la “voluntad de poder”, se concentran así en la Roma insaciable que describe Calgaco. Y en la misma línea más adelante se nos dice: “cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos”.

 

En definitiva, un horror de imperio que puede tener la fuerza pero al que no acompaña la razón. Que puede tener “poder”, pero no tiene nada más… De hecho, frente a la descripción de su tiranía y estragos, no quedará sino la lucha a brazo partido y sin cuartel: “No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria (…) vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello”.

 

Nadie se arrepiente de ser valiente. Nadie se arrepiente de reconocida la tiranía, hacerla frente; aunque sea a costa de la propia vida: “alcanzar la Gloria”.

Seguidamente encontramos otro fragmento interesantísimo donde se dice: “Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…”

 

Los desacuerdos y discrepancias entre quienes tenían que estar unidos para hacerlo frente, son la fuerza del “Enemigo”. Enemigo cuyo ejército no se mantiene leal por adhesión y compromiso, sino por miedo y terror. El “Imperio de la Codicia” no genera así amor y lealtad verdadera y sus ejércitos, los une el “débil vínculo” del miedo, y quien un día deja de temer, “empieza pronto a odiar”…

También se señala aquí una interesante referencia al patriotismo, con esos britanos que “da vergüenza decirlo”, luchan del lado de Roma. De nuevo la idea de una Britania que diversa en pueblos y gentes, debe sin embargo unirse frete al invasor, pues todos ellos son al fin y a la postre britanos, son al fin y a la postre pueblos hermanos.

En esa misma línea más adelante se nos dirá refiriéndose al ejército romano: “la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma”.

 

La figura del apátrida y del “mercenario” como una figura despreciable. Sin honor.

Finalmente en el último párrafo de la arenga de Calgaco, la elección determinante. La decisión que marca el ser o no ser: La Libertad o la Esclavitud. Y el combate como escenario en el que dicha cuestión queda dilucidada. Con los antepasados y las generaciones futuras como inspiración para dicho combate: “Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

 

La rotundidad de las palabras finales del líder “escocés” no solo tienen la fuerza de la épica, de la poética de la guerra, sino que sobre todo tendrán la fuerza del ideal de “Libertad”. Entendido éste como una de esas “verdades de la vida” que solo se alcanza y puede vivir, luchando…

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Respecto del tema del Imperio Romano y los Bárbaros nosotros mismos en nuestra tesis doctoral, incluimos un capítulo, y ciertamente el maniqueísmo que destila el discurso de Calgaco, no sería mayormente la mejor manera de afrontar la comprensión de qué cosa fue Roma, y qué supuso para los pueblos bárbaros de Europa. Pero es que esa no es la cuestión aquí. Es decir, no nos interesa tanto la arenga de Calgaco en tanto que arenga contra Roma, sino en tanto que arenga que recoge arquetipos: El poder tiránico, déspota y esclavizador; “El Imperio del Mal”, hecho de codicia y ambición ciega. En frente, los pueblos hermanos y libres, que deben dejar atrás sus diferencias para unirse, para hacer verdadero patriotismo y dejando a un lado el “nacionalismo”, hacerse fuertes y enfrentar a la amenaza de la tiranía. Son los “Rebeldes”, los “Patriotas” y claro está, vinculado a éstos, el ideal de “Libertad”. Una Libertad que no se consigue sin lucha, que es fruto del valor y el coraje y por la que morir merece la pena y se otorga la Gloria. Y aquí entonces el “Espíritu de Combate” como valor. Como principio dador de sentido y forjador del alma. Y finalmente los “traidores”… los apátridas y mercenarios, los soldados de un “Imperio” que no merece adhesión ni lealtad y sólo se mantiene a costa del miedo y la dominación. Traidores que quizás algún día despierten y conviertan su antiguo miedo, en odio…

Todo ello a la vista está, imágenes arquetípicas que acompañan desde siempre los mitos y leyendas del Mundo de la Tradición, que a través de cuentos de hadas y literatura fantástica llegan hasta el día de hoy, y que incluso el cine no pudiendo ser de otra manera en nuestra época, usa para algunas de sus superproducciones.

Y sin embargo, no estamos dejando de hablar de un episodio histórico recogido por Tácito en sus Anales.

En este sentido, el valor de este tipo de arquetipos o quizás sería mejor decir “mitemas”, estará en su dimensión simbólica y alegórica. Ahí es donde residiría su riqueza, entendemos espiritual. Pero también ocurrirá a veces que la propia Historia se parecerá al Mito, o mejor aún, que el Mito nos ayudará a leer la Historia con mayor hondura. Atendiendo entonces a las fuerzas profundas que a través de los avatares de la Historia y su infinita casuística, pudieran estar entrando en liza. Quizás eso es lo que indirectamente pudo recogerse en la arenga de Calgaco antes de la batalla, y en la manera que tuvo Tácito de guardarla para la posteridad. Como si hablando de un episodio de la con  quista romana de Britania, se nos pudiera estar a su vez lanzando un mensaje que trasciende a Roma y a Britania, y nos habla a los hombres y mujeres de todas la épocas…

DRUIDESAS

en Cultura Celta/Historia por
Mujeres Druidas - Druidesas La forja y la espada, Gonzalo Rodríguez

¿ DRUIDESAS ?

Nuestro anterior artículo sobre la isla Inis Mona y los druidas ha generado que algunos de vosotros nos hayáis preguntado por la existencia de «druidesas». Por el acceso de la mujer a la condición druídica.

No es una cuestión que a día de hoy esté resuelta y las referencias que recibimos de las fuentes clásicas y el registro arqueológico, resultan en ocasiones contradictorias. En todo caso nosotros nos aventuramos a plantear que muy posiblemente sí que existieron, si bien quizás de una manera minoritaria o subsidiaria y un modo difícil de dilucidar…

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Hay que pensar en este sentido que en las sociedades célticas de Britania, encontraremos mujeres de papel preponderante en el ámbito político y militar; caso de la reina rebelde Boadicea o de la reina Cartimandua, esta última aliada de los romanos. Del mismo modo y tal como vimos en el caso de Inis Mona, la presencia de mujeres en la isla de los druidas, apunta también a la relevancia de la mujer en los niveles más preponderantes del ámbito religioso y sacerdotal. Por otro lado, en los ciclos mitológicos irlandeses, especialmente en los que desprenden un aroma más antiguo y pagano, la figura de la «druidesa» parecerá ser hasta cierto punto cosa habitual. Si bien mayormente referida a la función de «vate» o «profetisa».

Las fuentes clásicas también parecerán apuntar en esta dirección, poniendo además el acento precisamente en la función de «vate», «profetisa» o «maga/hechicera», de la «druidesa». Esto aunque César, en sus «Comentarios a las Guerras de las Galias», no mencione la existencia de mujeres druidas en ningún momento.

Encontramos así cómo en el siglo III una «druidesa» gala le predice a Diocleciano: «no serás emperador hasta que mates un jabalí» (Vopisco. Numeriano XXX, 14, 2). Y efectivamente fue así, pues Diocleciano se hizo emperador después de matar con sus propias manos a Aper («jabalí»), prefecto del pretorio…

Del mismo modo en el 235 d.C. una druidesa predice la muerte cercana del emperador Alejandro Severo: «Una druidesa, cruzándose en su camino, gritó en lengua gala: ve, pero no esperes vencer ni confíes en tus soldados» (Lamprido. Vida de Alejandro Severo LX).

Más sintomática es la anécdota recogida en tiempos de Aureliano (Vopisco. Vida de Aureliano XLIV) en la que se nos cuenta cómo: «Aureliano había consultado a druidesas galas, con el fin de saber si el Imperio seguiría siendo de sus descendientes».

Es decir, en una época ya tardía, como sería el Bajo Imperio, y en un momento en que posiblemente la religión de los druidas estaba ya mayormente laminada de las Galias, la «druidesa» seguía sin embargo vigente, en su función de «vate», y con prestigio suficiente como para ser consultada por los emperadores de Roma…

Al mismo tiempo, la referencia sobre Aureliano nos habla de «druidesas», en plural, lo que nos hace pensar no tanto en que consultara a varías mujeres, como en que consultó a una «escuela» o «cónclave» de «druidesas».

En definitiva, es muy poco lo que podemos saber de la figura de la «druidesa», si bien hay pistas suficientes como para suponer su existencia verdadera. Posiblemente con status o funciones propias y diferenciadas del druida propiamente dicho, y quizás también más volcadas a la magia y la adivinación. Si bien con la información que disponemos hoy día, es difícil aventurarse más allá…

En todo caso, cuando en las leyendas irlandesas encontramos que la hija del gran rey Cormac, Ailbe, fue la primera mujer juez de Irlanda; o que en Irlanda hasta el siglo VIII, las mujeres propietarias de un terreno, estaban obligadas al servicio militar, la idea de la mujer como mera comparsa pasiva del hombre, resultará insostenible para las sociedades de cultura céltica.

Siendo así, aún con cualidades y funciones diferenciadas, creemos que la figura de la druidesa no puede negarse y su presencia en el imaginario romántico del mundo celta, no sería una impostura, sino un vago recuerdo de una antigua tradición…

 

Inis Mona…la isla de los Druidas

en Cultura Celta/Espiritualidad/Historia por
La forja y la espada, Gonzalo Rodríguez

Ante la orilla estaba desplegado el ejército enemigo, denso en armas y hombres; por medio corrían mujeres que, con vestido de duelo, a la manera de las Furias y con los cabellos sueltos, blandían antorchas; en torno los druidas, pronunciaban imprecaciones terribles con las manos alzadas al cielo”.

(Tácito, Anales, XIV, 29-30)

El “santuario” de Anglesey, la isla de Mona, la “isla de los druidas”, es sin lugar a dudas unos de los enclaves mágicos de la geografía europea. En los confines de la costa occidental de Gales y con sus druidas y “druidesas” llamando al alzamiento contra Roma, hace parte importante del imaginario histórico de la antigüedad europea. Su “bosque sagrado” de “feroces supersticiones”, talado por los romanos, “pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos” (Tácito, Anales, XIV, 29-30), es un referente lírico de no pocas recreaciones románticas sobre el mundo celta. Conocerlo y comprenderlo hace parte fundamental del estudio de la antigua céltica europea.

 

1-El Druida y la Autoridad Espiritual:

1-El Druida y la Autoridad Espiritual:

“En la Galia hay dos clases de hombres entre los que gozan de relevancia y prestigio (…) De las dos clases, una es la de los Druidas, otra es la de los Caballeros. Aquellos se ocupan de todo lo que tiene que ver con los dioses, están al cargo de los sacrificios públicos y privados y regulan el culto. Son muchos los adolescentes que acuden a ellos para aprender, y se les tiene en gran consideración. De hecho, dictaminan en casi todas las disputas (…) (y) si alguien, lo mismo un particular que un pueblo, no se aviene a su decisión, le prohíben tomar parte en los sacrificios, lo que para ellos es el castigo más grave. (…) Al frente de todos estos druidas se encuentra uno solo, el que tiene más autoridad entre ellos. Cuando muere, si alguno de entre los restantes destaca por su prestigio, le sucede; y si hay varios igualados, se elige en una votación (…) Algunas veces la primacía se dirime por las armas”.

(César. Comentario a la Guerra de las Galias VI, 13-14).

“En términos generales, se puede decir que para todos ellos hay tres grupos que gozan de especial distinción: los bardos, los vates y los druidas. Los bardos son poetas cantores. Los vates tienen funciones sagradas y estudian la naturaleza. Los druidas se dedican también al estudio de la naturaleza, pero añaden a ésta el estudio de la filosofía moral. Son considerados así los más justos por lo cual se les confían los conflictos privados y públicos, e incluso el arbitraje en caso de guerra, llegando a detener a los que se estaban alineando ya para el combate”.

(Estrabón. Geografía IV. 4,4).

“Entre ellos se encuentran poetas que ellos llaman bardos. Estos poetas cantan con el acompañamiento de la lira (…) También hay unos filósofos y teólogos que son objeto de honores extraordinarios y que reciben el nombre de druidas. También recurren a adivinos (vates), a los que consideran merecedores de gran reconocimiento; estos adivinos predicen el futuro mediante la observación del vuelo de los pájaros y el sacrificio de víctimas (…) apuñalan con una daga en un lugar situado encima del diafragma, y cuando cae el hombre acuchillado, a partir de la observación de la caída, la convulsión de los miembros, y también de la efusión de sangre, comprenden el futuro”.

(Diodoro de Sicilia, Historia V, 31, 2-5)

“Tienen a los druidas como maestros de sabiduría y éstos aseguran conocer el tamaño y la forma de la tierra y el firmamento, el movimiento del cielo y de los astros y el destino trazado por los dioses. Enseñan muchas cosas a los más ilustres de su pueblo (…) en grutas o en recónditas montañas (…) Una de las ideas que les imbuyen en común a todos es que las almas son imperecederas y que hay otra vida después de la muerte”.

(Pomponio Mela, Corografía III, 2, 18-19)

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César y las fuentes clásicas en general, distinguen para el mundo céltico tres clases sociales: los druidas, los caballeros y los villanos o pueblo llano.

Los druidas serán este sentido los representantes de la autoridad espiritual. Siendo los caballeros los representantes de la autoridad política y militar, los encargados de la defensa y gobierno de la comunidad. El pueblo llano por su parte, será el representante de la llamada “tercera función” o función económica y puramente material.

Esta distinción en tres funciones, es un clásico del mundo Indoeuropeo y puede rastrearse en nuestra civilización hasta bien entrada la Edad Moderna.

Los druidas cuentan entonces entre sus atribuciones con todo lo relativo a la religión, las creencias y el culto; la justicia, tanto en el ámbito del derecho público como el ámbito del derecho privado; y la enseñanza y transmisión del saber tradicional. Son por decirlo así, “guardianes de la Tradición”. Su autoridad es relativa a los principios, las creencias, los ritos y el “espíritu” de sus sociedades.

Al mismo tiempo, dará la impresión, de que este estamento del Druida, podrá a su vez subdividirse en tres clases: el bardo, el vate, y el druida propiamente dicho.

El druida encarnará el “arquetipo” de la Sabiduría, y su función será la de la enseñanza, la filosofía, la ética, la teología, la religión, la justicia…

El bardo encarnará el “arquetipo” de la Poesía, con el poder de la lírica, la música, el canto, la alabanza, la sátira, la épica…

El vate encarnará el “arquetipo” de la Magia, con la referencia a la adivinación, el augurio, el sacrificio, la interpretación de la naturaleza, quizás la profecía…

En todo caso esta subdivisión quizás haya que tomarla con algo de precaución, pues pudiera ser que todo druida fuera a la vez y en cierta medida vate y bardo, y todo vate y bardo, fuera a su vez y en cierta medida, también druida. Las fuentes tradicionales irlandesas parecerán apuntar en esta dirección si bien nosotros no entraremos aquí a desarrollar este punto.

Lo que si queremos destacar y tomar como punto de partida, es esa idea del druida como representante de la Autoridad Espiritual. De la llamada “primera función”; esa que cultiva, custodia y transmite los principios, valores y creencias de una sociedad. Su concepción del Mundo o welstanchaaung.

En este sentido, hay que pensar, que en el mundo tradicional, el representante de la autoridad espiritual, aspira a encarnar en el ámbito terrenal, la autoridad divina. Autoridad que entonces, traslada a la sociedad por la que vela, una dirección y molde para encarnar por decirlo así, la “ciudad celestial”. Esto es, el cosmos u “orden” querido por los dioses.

De esta manera, no será sólo que la sociedad tradicional, en este caso céltica, genere una religión; sino que la religión, será también la que determine la forma de dicha sociedad.

César nos dirá “que la nación de los galos está entregada por completo a las prácticas religiosas” (Comentarios VI, 16).

2-Britania y la isla de los Druidas:

“Se piensa que las enseñanzas de los druidas fueron adquiridas en Britania y desde allí llevadas a la Galia. De hecho en la actualidad, quienes desean conocerlas más a fondo marchan allá para instruirse (…) Se cuenta que aprenden allí una cantidad ingente de versos. De esta manera, más de uno pasa veinte años instruyéndose, no considerando lícito poner sus enseñanzas por escrito”.

(César, Comentarios a las Guerras de las Galias VI, 13-14)

“(Suetonio Paulino) se dispuso a atacar la isla de Mona, poderosa por su población y guarida de fugitivos (…) ante la orilla estaba desplegado el ejército enemigo, denso en armas y hombres; por medio corrían mujeres que, con vestido de duelo, a la manera de las Furias y con los cabellos sueltos, blandían antorchas; en torno, los druidas, pronunciaban imprecaciones terribles con las manos alzadas al cielo. Lo extraño de aquella visión impresionó a los soldados hasta el punto de que, como si sus miembros se hubieran paralizado, ofrecían su cuerpo inmóvil a los golpes del enemigo. Luego, movidos por las arengas de sus jefe, y animándose a sí mismos a no temer a un ejército mujeril y fanático, abatieron a los que encontraron a su paso y los envolvieron en su propio fuego. Después se impuso a los vencidos una guarnición y se talaron los bosques consagrados a feroces supersticiones. Pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos y consultar a los dioses, en las entrañas humanas”.

(Tácito, Anales, XIV, 29-30)

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La campaña de Suetonio Paulino contra la isla de Mona se encuadra en la sublevación de los britanos contra Roma de la segunda mitad del siglo I. Es en el año 58 d.C. que Suetonio, habiendo recibido el encargo de suprimir la rebelión britana, atacará y se ensañará con el santuario de Mona.

La impresión que se tiene es que siendo la campaña contra Mona la primera acción militar que lleva a cabo Paulino en Britania, el alzamiento contra los romanos, habría sido auspiciado por los propios druidas. Como si a modo de predica, hubieran movido a silures y ordovices (en el actual País de Gales) a la sedición.

Esta idea de los druidas predicando la lucha y resistencia contra Roma, no nos debe de extrañar, no solo por su función de autoridad espiritual, sino porque ya había ocurrido anteriormente en las Galias en tiempos de César, y porque posteriormente Tiberio, llegará a prohibir y perseguir el druidismo hasta su eliminación (Plinio, Historia Natural, XXX, 13). En la misma línea y en la Celtiberia, tendremos el caso de Olíndico, suerte de “druida hispánico”[1] que portando una lanza de plata, predicará el alzamiento contra Roma en tierras de Numancia (Floro, 1, 33, 13).

Lo interesante entonces en el caso de Britania, es que Roma atacará una especie de “santuario de los druidas”. Una suerte de “Isla Sagrada” del druidismo en la que las legiones romanas, son recibidas con un auténtico ceremonial mágico. Ceremonial capaz de paralizar de terror aunque sea en un primer momento, a los duros legionarios.

duros legionarios

Las imágenes que trasmite el texto de Tácito (Anales, XIV, 29-30), con esa referencia a mujeres vestidas como de duelo, con los cabellos sueltos y “a la manera de las furias”, blandiendo antorchas; mientras en torno suyo los druidas pronuncian imprecaciones terribles, nos retrata deliberadamente una “atmosfera ominosa” que deja poco lugar a dudas sobre lo especial del lugar.

En la misma línea apuntará dicho texto cuando nos diga, que “se talaron bosques consagrados a feroces supersticiones. Pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos”.

Es decir, la campaña de Suetonio Paulino contra el alzamiento britano, comenzará con el ataque a un enclave vinculado a los druidas y sus cultos. Lugar que parecerá haber ejercido de instigador de la rebelión contra Roma.

La isla de Mona (actualmente isla de Anglesey en el País de Gales), aún estando ubicada en una zona relativamente remota de la geografía britana, se convierte de este modo, en el punto de partida de la campaña romana contra los rebeldes.

Viendo así la importancia del lugar, no será difícil llegado este punto recordar las palabras de César cuando dice: “Se piensa que las enseñanzas de los druidas fueron adquiridas en Britania y desde allí llevadas a la Galia. De hecho en la actualidad, quienes desean conocerlas más a fondo marchan allá para instruirse” (Comentarios VI, 13-14).

En todo caso la campaña de Paulino contra la isla de Mona no se pudo completar, pues mientras destruía los santuarios de Mona y masacraba a sus druidas, la rebelión se desató con inusitada ferocidad al otro lado del país…

Sobre la colonia romana de Camalodunum (próxima a Londinum, en el actual Londres), venían cerniéndose desde hacía tiempo negros presagios: una estatua consagrada a la Victoria cayó al suelo sin motivo aparente y con el rostro en contrario a por donde podía venir el enemigo; se oyeron ruidos y bramidos espantosos en las casas del Ayuntamiento, terribles aullidos también en el teatro, una visión como fantasmal se pudo ver en el reflujo del mar y éste, se tiñó de un tono rojo sangre que atemorizó a los veteranos (Tácito, Anales, XIV, 33, 1-2).

Por otra parte, las insolencias y desprecios de las tropas romanas a la población local, los abusos de los veteranos sobre las propiedades y rentas de los britanos, así como la construcción de un templo dedicado al emperador Claudio (señal para los britanos del domino de Roma sobre sus tierras y gentes), alimento la llama de la sedición y “el anhelo de comprar la libertad aún con el pago de la propia vida” (Tácito, Anales, XIV, 33, 1-2).

Finalmente, la violación por parte de unos centuriones de las hijas de Boadicea, reina de los icenos, y tras azotar a ésta y despojarla de su herencia, terminó por encender la mecha del alzamiento.

Boadicea, los icenos extendieron su revuelta como la pólvora, arrastrando en su rebelión a otras tribus

Dirigidos por la propia Boadicea, los icenos extendieron su revuelta como la pólvora, arrastrando en su rebelión a otras tribus, incluidos los trinobantes, cuya capital Londinum, era una de las ciudades más importantes de Britania.

Camalodunum, capital romana en Britania, fue asediada a sangre y fuego y cayó en manos de los rebeldes. En Londinum, los romanos consideraron que no disponían de defensas suficientes como para resistir y abandonaron la ciudad, entregándola al ejército de Boadicea. Éste continuó su marcha avanzando ahora sobre Verulamium (actual St. Albans), la cual arrasaron.

El alzamiento no estaba siendo así una cuestión baladí o menor, y a tenor de las fuentes, los rebeldes se enseñaron con especial crueldad. Como si la guerra la estuvieran llevando a cabo fanatizados por el odio contra Roma: “en los lugares que se ha indicado cayeron cerca de setenta mil ciudadanos y aliados. Se entregaban no a tomar cautivos y venderlos, ni a ningún otro comercio de guerra, sino a la matanza. Todo eran muertes, tormentos, fuegos y cruces (…) vengaron las injurias hechas y por hacer” (Tácito, Anales, XIV, 33, 2).

En la misma línea el historiador Dion Casio (LXII, 9) nos dirá: “colgaron a las mujeres más distinguidas, les cortaron los pechos y les cosieron la boca (…) tras lo cual les clavaron estacas afiladas a través el cuerpo de abajo a arriba. Y se entregaban a todas estas fechorías durante sus sacrificios y sus festines, en sus templos y en sus bosques”. Más adelante y en el mismo párrafo nos recogerá como Paulino exhortando a sus tropas contra los rebeldes les dirá: “más vale caer con bravura en el campo de batalla que caer prisioneros para que nos empalen, para que nos arranquen las entrañas, para que nos traspasen con estacas en llamas, para perecer escaldados, como si hubiéramos caído en medio de bestias salvajes, sin ley ni dioses”.

Ciertamente, el ataque y destrucción de un centro espiritual no trae nunca nada bueno, y los desprecios, violaciones y abusos, son semilla segura de futuras violencias. Una guerra de odio, sin prisioneros, repleta de suplicios horribles, nos pone en la tesitura de plantearnos hasta qué punto esta guerra, pudiera haber tenido trazas de una guerra religiosa. En este sentido las fuentes guardan silencio sobre lo que los romanos hicieron por su lado…

En todo caso Suetonio Paulino consiguió regresar de la lejana costa de Gales y hacer frente a los rebeldes en la batalla Watling Street, donde a pesar de lo numeroso del ejército britano, éste fue terriblemente derrotado. La propia reina Boadicea murió en la batalla, suicidándose con un veneno, y en la conmovedora arenga que dio a sus tropas antes de tan tremenda jornada, nos dejó el reflejo de su admirable coraje y pundonor. Hoy día sus palabras siguen sonando aleccionadoras:“no es cosa nueva para los britanos pelear bajo el gobierno de una mujer; más procedo aquí no como descendiente de famosos y ricos progenitores, sino como una mujer más a la que se le ha quitado la libertad, el cuerpo molido a azotes, y robado la virginidad a sus pobres hijas; llegando tan lejos los apetitos desordenados de los romanos, que ni a los cuerpos, ni a la vejez, ni a la virginidad perdonan, violándolo y contaminándolo todo… Más los dioses favorecen las venganzas justas, como lo muestra la legión degollada que se atrevió a pelar (…) Vosotros, si consideráis bien los soldados de ambos bandos y las causas de la guerra, haréis resolución clara de vencer o morir en esta batalla; las mujeres a lo menos hecha tenemos esta cuenta. Vivan los varones si quieren en perpetua servidumbre” (Tácito, Anales, XIV, 33, 2-3).

*

La revuelta de Boadicea y los icenos fue así desbaratada y habiendo quedado entonces inacabada la conquista de la isla de Mona, veinte años después, en el 78 d.C., los romanos volverán a la carga contra ella.

Durante este tiempo la mayor parte del territorio de la actual Inglaterra quedó pacificado y bajo la órbita romana. Siendo sólo al oeste y al norte, en Gales y Caledonia (la actual Escocia), que quedaron libres del poder de Roma.

El encargado de completar la conquista de Britania fue el gobernador Agrícola, que por sus campañas en Caledonia y su victoria contra el “líder escocés” Calgaco, se convertirá en uno de los generales romanos más afamados (hablaremos en otra ocasión y en otro artículo de dicho episodio). Antes de emprender estas campañas en el norte de Britania, Agrícola tuvo que poner fin a la secular rebeldía de los ordovices (en la actual Gales), e igual que anteriormente hizo Suetonio Paulino, atacó en primero lugar y como foco de la rebelión a la Isla de Mona.

En otoño del 78 d.C. Agrícola y sus hombres, aprovechando la bajamar, cruzaron el estrecho de Menai y atacaron por sorpresa la Isla de Mona; no encontrando el “recibimiento” que en su momento encontró Paulino. Mona fue conquistada, ahora sí, y los ordovices sometidos. Gales quedaba definitivamente integrada en la órbita romana.

Al año siguiente y antes de emprender la conquista de Escocia, Agrícola someterá a los brigantes, en el norte de Inglaterra, en el entorno de la actual Yorkshire, siendo ésta la última resistencia britana antes de las luchas de Roma contra los caledonios.

Las actuales Inglaterra y País de Gales quedaban así bajo el manto de Roma y el centro sagrado del druidismo, posiblemente tanto para Britania como para la Galia, desaparecía…

La isla de Mona, actual isla de Anglesey, andando el tiempo irá olvidando su pasado druídico si bien conservará importantes restos arqueológicos de la prehistoria; siendo también el lugar de Gales donde más se hablará y conservará la antigua lengua céltica del país, así como el folclore más ancestral. Por otro lado y de un tiempo a esta parte, se habrá convertido en centro de peregrinación para amantes del universo celta y recreacionistas más o menos afortunados del druidismo…

3-El simbolismo del Druida:

La figura del Druida ha terminado por convertirse en la cultura popular europea, en símbolo de la sabiduría antigua y ancestral. De una manera ciertamente mitificada, el druida ha terminado por ser la imagen emblemática del Wizard, del “sabio-mago” guardián de la Tradición. Un arquetipo fundamental de las sociedades premodernas que ya en la Antigüedad se vinculó a los druidas, y que posteriormente, podemos encontrar en ese “aroma” innegablemente druídico del Mago Merlín, o del mismísimo Gandalf de la Tierra Media. Tanto entonces en la cultura medieval, como en la propia cultura contemporánea, el “mito del druida” como símbolo representativo de un principio espiritual de la Tradición.

simbolismo del Druida

En este sentido y a nuestro entender, en el “mito del druida”, si sabemos acercarnos a él con prudencia y acompañándolo de la lectura crítica de las fuentes clásicas, podemos encontrar paradójicamente, las claves del propio druida histórico. Pues si el druida histórico, del que realmente sabemos tan poco, se “refugió” finalmente en los mitos y leyendas europeos, es porque en dichos mitos y leyendas, pudo conservar las esencias que le eran propias. Esto independientemente de que dichas esencias, hubieran tenido una mayor o menor plasmación en la propia realidad histórica.

*

El “santuario” de Anglesey, la isla de Mona, la “isla de los druidas”, es sin lugar a dudas unos de los enclaves mágicos de la geografía europea. En los confines de la costa occidental de Gales y con sus druidas y “druidesas” llamando al alzamiento contra Roma, hace parte importante del imaginario histórico de la antigüedad europea. Su “bosque sagrado” de “feroces supersticiones”, talado por los romanos, “pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos” (Tácito, Anales, XIV, 29-30), es un referente lírico de no pocas recreaciones románticas sobre el mundo celta.

El Bosque como templo, noción fundamental de la cultura celta, termina así por ser el espacio por excelencia del druida. El lugar donde imparte sus enseñanzas y se le busca en pos de consejo. No es su lugar de refugio, sino directamente, su lugar…

No podemos entonces resistirnos a cerrar este artículo más que con el fragmento de Lucano sobre “el bosque de los druidas”. Tan cargado de ideas románticas como “tenebrosas” y en el que el misterio y fascinación por los druidas, se hará manifiesto directamente en la propia Antigüedad…

“Había un bosque sagrado, jamás profanado desde tiempos remotos, que con sus ramas entrelazadas encerraba un espacio tenebroso y una gélidas sombras en cuyas profundidades, no penetraba el sol. Este bosque no lo ocupaban los Panes ni los Silvanos, señores del bosque; tampoco las ninfas, sino que era el santuario de sus dioses bárbaros: con aras construidas para siniestros altares y todos los árboles purificados con sangre humana. Si merece crédito la antigüedad (…) incluso las aves temen posarse en aquellas ramas y las fieras acostarse en aquellos cubiles; ni siquiera el viento se abate sobre aquellas espesuras ni los rayos que saltan de los negros nubarrones. Un horror especial anida en aquellos árboles, que no ofrecen sus follajes a las caricias de brisa alguna. Además, cae el agua en abundancia de los sombríos manantiales y las lúgubres imágenes de los dioses carecen de valor artístico y se alzan, como bosques informes, de los troncos cortados. La propia impresión de abandono y el tinte pálido de los troncos podridos produce estupefacción; no se teme así a las deidades veneradas bajo figuras familiares: ¡tanto incrementa la sensación de terror no conocer a los dioses a los que se teme! Ya la fama contaba que a menudo mugían con terremotos las cóncavas cavernas, que los tejos se abatían hasta el suelo y de nuevo se levantaban, que brillaban incendios de malezas que no se quemaban, que se deslizaban dragones enroscados a los troncos. No lo frecuentan las gentes acercándose para celebrar cultos, sino que se lo han dejado a los dioses. Tanto si está el sol en medio del firmamento como si ocupa el cielo la noche sombría, el propio sacerdote tiene pavor a acercarse y teme toparse de repente, con el señor del bosque…”

(Lucano, Farsalia, III, 399-425).

Lucano, Farsalia, III, 399-425

[1] La cuestión del druidismo en la Hispania prerromana, sigue siendo objeto de estudio e investigación. Véase aquí nuestro artículo “Espacios Sagrados y Druidismo en la Hispania Céltica” (https://gonzalorodriguez.info/espacios-sagrados-y-druidismo-en-la-hispania-celtica/). En este sentido, posiblemente un druidismo organizado al modo del que se daba en Britania o la Galia, no llegó a existir en Hispania, si bien parece bastante loable que se diera una suerte de sacerdos o “autoridad espiritual”, oficiante del rito y la magia. Las referencias a Olíndico en la Celtiberia o los sacrificios humanos entre los lusitanos, apuntarán claramente en esta dirección, dándose llamativas similitudes respecto de lo recogido en la Galia o Britania: «Los lusitanos hacen sacrificios y examinan las vísceras pero sin extirparlas. También observan las venas del pecho y adivinan palpándolas. Asimismo predicen mediante las entrañas de los prisioneros de guerra cubriéndolas con un sago. Luego, cuando la víctima cae por mano del hieroskópou, lo golpean por encima de las entrañas y predicen según la forma en la que cae el cuerpo” (Estrabón, III, 6).

Espacios sagrados y Druidismo en la Hispania Céltica

en Cultura Celta/Historia por
El árbol Sagrado.

El “Bosque Sagrado” y la “Guerra”. El rito y el sacrificio. La naturaleza como santuario y la batalla como sacramento. La Magia y la Areté. Y “el Druida”, Maestro y depositario de la Tradición. Quizás también en la Hispania Céltica, de Lusitania a Celtiberia… En este fragmento de nuestra tesis doctoral y en un capítulo en el que nos acercábamos al tema de los dioses, y la posible existencia de un sacerdocio hispano céltico. Haciendo una disquisición previa imprescindible que hemos querido recoger aquí por lo interesante, para nuestro blog.

En el antiguo mundo celta, al igual que en general en el mundo cultural del Hierro, parecerá afirmase la presencia de lo sagrado en la realidad natural (Guyonbarc´h y Le Roux 2009: 326-332), de lo “Trascendente en lo Inmanente”. El Universo se contempla así como “Manifestación” y todo se convierte en potencial reflejo de la “Trascendencia”, sin que ningún todo agote la “Trascendencia”. El Absoluto puede ser así inabarcable e inasible, y sin embargo residir en el “alma” de las cosas. De ahí la relación espiritual que las religiones célticas establecen con determinado elementos del paisaje, especialmente con bosques y árboles, con el “bosque sagrado” o nemeton: nemora alta remotis incolitis lucis-“habitáis profundos santuarios en bosques remotos”-señalará Lucano sobre los druidas en su Farsalia (I, 453-454) (Guyonbarc´h y Le Roux 2009: 330).

Los Dioses célticos aparecerán de este modo y generalmente asociados con elementos de la naturaleza: Cumbres, fuentes, cuevas, ríos, bosques, árboles, buitres, caballos, lobos, toros, jabalís…todos ellos distintos elementos del mundo natural en los que parecerán presentarse de modo simbólico, las potencias del “mundo Invisible” (Marco Simón 2005: 217). Tendremos así que la noción de santuario al aire libre, de espacio natural como espacio de comunicación entre el mundo de los Dioses y el mundo de los Hombres, será fundamental dentro de las religiones célticas y así aparecerá recogido por dicha tradición a través del concepto de “bosque sagrado”, del anteriormente señalado nemeton (Marco Simón 2005: 219, Peralta Labrador: 239-241, Guyonbarc´h y Le Roux 2009: 326-332 o De Vries 1988: 195-196)[1]. Dándose la misma idea también entre los germanos al indicarnos Tácito cómo éstos: “no consideraban digno de la grandeza de los Dioses encerrarlos entre paredes ni representarlos bajo forma humana, consagrándoles bosques y arboledas” (Germ. IX, 3)[2].

Esta idea del nemeton o “bosque sagrado” nos estará señalando como lo “Invisible”, se “trasparentaría” o “comunicaría” con los Hombres a través de determinados escenarios del mundo visible, escenarios de especial fuerza y evocación como puedas ser los parajes naturales. Siendo de esta manera posible la comunicación y relación con dichas potencias invisibles y de manera predilecta, en el nemeton.

A nuestro parecer y como ya hemos indicado cabrán para el mundo céltico e indoeuropeo don niveles de acercamiento a “lo Invisible”[3]. Por un lado mediante determinados ritos y fórmulas por las cuales se renuevan los pactos, las armonías o se propicia el favor de las “fuerzas ocultas” del universo (Más allá Telúrico). Estaríamos aquí en el ámbito del reverso ritual y mágico de la religiosidad hispano céltica, y su escenario más propio sería el “paraje sagrado”.

Por otra parte, conforme a una orientación espiritual de participación y apertura del sujeto a las “esferas superiores” de la realidad invisible, mediante el seguimiento de un determinado ethos. Siendo estas esferas superiores el plano propiamente Sobrenatural (Más allá Celestial) con el que la relación que se establece nos es ya la de los rituales y formulaciones mágicas (Techné), sino la de un  ethos formativo forjador del alma de acuerdo a un ideal heroico orientador de la existencia hacia la Trascendencia, a través de la Areté. Obviamente aquí el escenario más propio de dicho ethos no es ya el nemeton sino la guerra y el combate, que serán tenidos como un lugar predilecto para el sacrum facere y “la Gloria” (Sopeña 1987: 131-138)[4].

De este modo en el “bosque sagrado” o nemeton, en la guerra y en la batalla, y también como hemos visto anteriormente en el banquete, encontraremos tres escenarios predilectos del mundo céltico. Escenarios que precisamente a través de las cofradías y élites guerreras se articularán conformando el universo propio de la cultura de las mannerbünde. Tenemos así y respectivamente un ámbito mágico y ritual, un ámbito ético y espiritual de vocación heroica, y un escenario de comunidad, encuentro e intercambio.

Por otro parte y conforme a esa doble vertiente-mágica y heroica-del mundo espiritual y religioso de las culturas hispano célticas y célticas en general, encontraremos diversas pistas que nos señalaran la posible existencia de personas especialmente vinculadas a la interacción respecto con el mundo invisible. Un ejemplo interesante se dará en el ámbito lusitano-galaico a través de su conocido hieróskopos, encargado de llevar a cabo sacrificios adivinatorios con víctimas humanas y animales: Silio Itálico (III, 344) nos dirá que durante la Segunda Guerra Púnica los jóvenes galaicos enviados  luchar con Aníbal “eran expertos en adivinar a través de las entrañas, los vuelos de las aves, y los divinos relámpagos”. La misma idea la recogerá Estrabón (III, 3, 6-7) al hablar de los sacrificios de los lusitanos. Siendo en esta cita donde se nos mencionará un hieroskópos u “observador de las cosas sagradas”, lo que podría ser interpretado como prueba de la existencia entre los lusitanos de especialistas de lo religioso, oficiantes de sacrificios y expertos en vaticinar a través de inmolaciones (González García 2007: 391-392). Por otra parte la práctica de los sacrificios humanos estará atestiguada entre las poblaciones de la Hispania céltica, caso de los bletonenses en la actual Salamanca (Plut. Quaest. rom. 83) de los lusitanos (Liv. Per. 49; Str. III, 3, 6) o de los pueblos del norte (Estr. III. 3, 7). No teniéndose referencias a la existencia de dichos sacrificios humanos entre los celtíberos y si obviamente y en general en el resto de la céltica europea, recogiéndose incluso en la mitología irlandesa (Blázquez Martín 2005: 227).

Si podremos reconocer entre los celtíberos y a través de sus repertorios cerámicos, escenas rituales oficiadas por personajes ataviados con gorros cónicos, similares por otra parte a los de determinadas divinidades y sacerdotes del mundo céltico. Personajes que portan jarras con clara función libatoria, que nos estarían señalando quizás la presencia de una posible función sacerdotal (fig. 5-7).

Por otra parte la existencia de dicho sacerdocio, pudiera no tener que extrañarnos, pues esta atestiguada la existencia de druidas entre galos y britanos (Guyonbarc´h y Le Roux 2009)[5], y para ambos pueblos podría inferirse una complejidad análoga a la de los celtíberos.

Entendemos en todo caso que la función esencial del sacerdote sería la función de mediación, de mediación entre lo visible y lo Invisible, entre los “Dioses y Daemones” por un lado, y los Hombres por otro. Esta mediación se desarrollará a su vez en dos niveles: alrededor de los sacrificios y el ritual[6], y alrededor de la salvaguarda de la “tradición”. Es decir, el sacerdote también como depositario del legado espiritual, religioso, cultural e ideológico de su comunidad (Sopeña 1987: 151- 153).

Escena de sacrificio con oficiante. Cerámica numantina

Figura 5-7: Escena de sacrificio con oficiante. Cerámica numantina. Obsérvese el vaso libatorio y el gorro cónico del “sacerdote” (Según Jimeno 1999).

Transmisor de los mitos, la historia y las leyendas que orientarán la formación ética y espiritual de los miembros de su sociedad, voz así de la conciencia de la misma: “(los druidas) disertan y enseñan a sus jóvenes sobre numerosas cuestiones, referidas a los astros y sus movimientos, el tamaño del orbe y de las tierras, la naturaleza, la esencia y el poder de los Dioses inmortales” (César, B.G. VI, 13-14). Un tipo de sacerdocio cargado de este modo de presencia y liderazgo dentro de sus comunidades y que podría estar también recogiéndose en la Celtiberia a través de la figura de Olíndico (Floro, Epit. II, 17,9), líder celtibérico que portando una lanza de plata que le habría “enviado el cielo” (la lanza como arma por excelencia del dios pancéltico Lug) y haciendo gala de facultades proféticas y mágicas, exhorta a los celtíberos a luchar contra Roma provocando un nuevo alzamiento en el 143 a.C. Un episodio éste similar a otros recogidos en la céltica centroeuropea y en los que los druidas dirigen revueltas militares contra Roma (Tác. Ann. III, 40-46). Siendo sintomático en este sentido el hecho de que el druidismo fuera rigurosamente prohibido por los gobernantes romanos: “Durante el principado de Tiberio César se eliminó a los druidas galos, esa ralea de adivinos-médicos” (Plinio el Viejo, Historia Natural, XXX, 13).

En definitiva, entenderemos que la existencia de una función sacerdotal de tipo druídico, más o menos desarrollada, podría estar dándose también en la Hispania céltica. Si bien no nos será posible a día de hoy y con la información de que disponemos, perfilar los extremos últimos de dicho y posible “druidismo” hispano céltico.

Por otra parte, volviendo a la idea de los espacios naturales como espacios propicios para la comunicación “con los Dioses”,  debemos entender que entre pueblos como los lusitanos, galaicos, astures, cántabros, celtíberos, vettones o vacceos; los montes, ríos y bosques, no serían solamente barreras naturales y fronteras privilegiadas entre diferentes comunidades. Sino que al igual que para muchos otros pueblos célticos europeos, constituirían verdaderos santuarios. Es decir, lugares puestos bajo el patrocinio de una determinada divinidad. Viriato pasa así los inviernos y según la interpretatio romana en un monte consagrado a la diosa Afrodita cercano al Tajo (Apiano, Iber. 64-66), y hace al tiempo de un espacio sagrado un refugio y guarida. Posiblemente la misma idea se encuentre en la huida a las montañas de los lusitanos perseguidos por Bruto (Iber. 71), y en los cántabros de Bergidum, que acosados por los ejércitos de Augusto se guarecen en el Mons Vidius (Floro II, 33, 49-50; Orosio VI 21, 4-7 y Dion Casio LIII 25, 2) (González García 2007: 408). En la misma línea podemos recordar la referencia de Marcial a un monte sagrado en la Celtiberia llamado Mons Caius (4, 55, 1-3), o el Mons Herminius en el que se refugiará frente a Julio César la última resistencia lusitana (Dion Casio 37, 52).

Estamos de nuevo frente a ese concepto tan característicamente céltico del nemeton o “bosque sagrado”, del paraje natural que es limítrofe entre el mundo visible y el mundo Invisible,  entre el mundo de los Dioses y Daemones y el mundo de los Hombres.

Un caso interesantísimo de este tipo de espacios y para la Hispania céltica será el santuario al aire libre de Peñalba de Villastar, en Teruel. Donde se encuentran alrededor de una veintena de epígrafes paleohispánicos de entre el siglo I a.C. y el I d.C. siendo de especial interés la inscripción referida al dios pancéltico Lug. Dios asociado desde la interpretatio romana a Mercurio-Hermes, y considerado el dios más popular entre los celtas. También será muy destacable su localización, fundamentada exclusivamente en el paraje y no en ningún tipo construcción que pueda dar lugar al surgimiento del santuario. Este lugar presenta un paisaje imponente de barrancos y crestas rocosas, que bien pudo servir de lugar de peregrinación para diversos pueblos, y que estaría situado estratégicamente en una zona fronteriza entre el mundo ibérico, y el mundo celtibérico (Alfayé Villa 2005).

Con respecto a esas inscripciones votivas grabadas en la roca, encontraremos lo que parece una ofrenda de campos y tierras de labor a Lug. Se mencionan también los nombres de los meses en los cuales se llevará a cabo dicha ofrenda, meses que podrían coincidir con la fiesta céltica del Lughnasadh de acuerdo al calendario celta de Coligny, calendario proveniente de las Galias y verdadero documento de ciencia druídica de época ya romana (Blázquez Martín 2005: 223-224). Indudablemente esta información relativa a Lug, y a este santuario ubicado en territorio celtibérico, nos ponen frente a la dimensión religiosa de la Celtiberia así como frente a elementos fundamentales de su panteón. Elementos que presentarán entonces interesante analogías respecto de lo que se ha podido documentar para el mundo céltico de las Galias o Britania.

[1] Marcial nos hablará de un encinar sagrado en Hispania, en el Mons Burado (4, 55, 23); de un monte sagrado en la Celtiberia, el Mons Caius (4, 55, 1-3) y de otro bosque sagrado en Hispania en Vadavero (I, 49, 5 ss). Justino por su parte nos señalará la existencia de un bosque sagrado en Galicia (XLIV, 3, 6).(Peralta Labrador 2000: 240).
 [2] El encontrarnos con la idea de “bosque o paraje sagrado” tanto en el mundo céltico como en el mundo germánico, nos induce a pensar en el nemeton como una idea espiritual propia de las culturas de la Edad del Hierro.
 [3] Estos dos niveles corresponderían a eso que hemos llamado “Más allá Celestial” y “Más allá Telúrico”. El primero de ellos Sobrenatural y  Trascendente y objeto de una vindicación ética. Y el segundo, preternatural y mágico y objeto del rito propiciatorio. El primero por decirlo así pone el acento en la Trascendencia y el segundo en la Inmanencia. Una inmanencia que hay que entender no en términos materialistas sino por decirlos así “animistas”: Esto es, escenario de “númenes” (numina)  o “genios y espíritus”  de las cosas. De una concepción del Mundo en la que las fuerzas de la Naturaleza “tienen Alma” (Anima Mundi).  Son “alguien y no algo”.
Allá donde las religiones tiendan a bandear hacia la Trascendencia de manera cada vez más unilateral, surgirán los monoteísmos. Allá donde las religiones tiendas a bandear hacia la Inmanencia, surgirá el panteísmo. Desviaciones el uno y el otro respecto de la relación y jerarquía entre “Cielos y Tierra”.
 [4] Sacrum facere: Mediante el sacrificio heroico el guerrero soltaría lastre de lo meramente natural y se elevaría hasta asociarse íntimamente con la Divinidad. Dando cumplida realización a una cierta metamorfosis por la cual el guerrero deviene en Héroe y por ende en “Hombre Superior” o semidiós (Sopeña 1987: 132-135).
 [5] “También hay unos filósofos o teólogos que son objeto de honores extraordinarios y reciben el nombre de druidas” (Diodoro de Sicilia, Hist. V, 31, 2-5); “(los druidas) se ocupan de todo lo que tiene que ver con los Dioses, están al cargo de los sacrificios públicos y privados y regulan el culto (…) se piensa que sus enseñanzas fueron adquiridas en Britania y desde aquí llevadas a la Galia” (César, B.G. VI, 13-14) ó “(los druidas) aseguran conocer el tamaño y la forma de la Tierra y el firmamento, el movimiento del cielo y los astros y el destino trazado por los Dioses (Pomponio Mela, Corog. III, 2, 18-19).
 [6] Sobre los conceptos de Religión, Ritual y Sacrificio ver Cabrera Díez 2010: 29-65 y Alfayé Villa 2011.
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