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Magia y Épica en la literatura medieval (III)

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Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Las “Mocedades de don Rodrigo” es un cantar de gesta de la Edad Media española en lengua castellana, un tanto tardío y desconocido, pero tremendamente interesante. Fechado a mediados del siglo XIV, en él encontramos ecos evidentes de la más ancestral tradición épica europea. Todo ello acompañado y como suele ocurrir en estos casos, de escenas cargadas de una atmosfera mágica tan fascinante como de innegable sabor pagano…

En el caso que queremos tratar en este artículo, nos encontraremos con que las antiguas prácticas de magia guerrera del mundo celta y germánico, parecerán tener eco en las aventuras de un joven Cid Campeador…

Fragmentos del cantar recogidos a partir de la edición José María Viña Liste.

*

El voto del Cid Campeador:

Un joven Rodrigo Díaz de Vivar venga las afrentas sufridas por su padre a manos del conde don Gómez, matándolo en duelo singular. En reparación por la culpa contraída tras la muerte del conde, el rey Fernando obligará al joven guerrero a contraer matrimonio con doña Jimena; hija del conde don Gómez que ha quedado huérfana y desprotegida tras la muerte de éste. En un motivo típico del más ancestral folclore europeo, el héroe aplazará la obligación impuesta mediante el voto de cumplir previamente una difícil hazaña: salir victorioso en cinco lides…

Desposorio de Rodrigo y Jimena y voto de las cinco lides:


Essas horas dijo el rey al conde don Ossorio:
–Dadme vós acá essa doncella; despossaremos este lozano.–
Aún non lo creyó don Diego, tanto estava espantado.
Salió la doncella, tráela el conde por la mano;
ella tendió los ojos et a Rodrigo comenzó de catarlo.


Dijo: –Señor, muchas mercedes, ca este es el conde que yo demando.–
Allí despossavan a doña Jimena Gómez con Rodrigo el Castellano.
Rodrigo respondió muy sañudo contra el rey castellano:
–Señor, vós me despossastes, más a mi pessar que de grado;
mas prométolo a Cristo que vos non besse la mano,
ni me vea con ella en yermo ni en poblado,
hasta que venza cinco lides en buena lid en campo.–

(versos 430-443)

*

El desafío de Aragón y la lid de Calahorra:

El conde navarro Martín González instigará al rey de Aragón para en nombre de éste, retar al rey Fernando a un duelo de campeones por la posesión de Calahorra. El propio justador navarro viajará con credenciales de Aragón y hasta Zamora, a la corte del rey, para desafiar en persona a León y Castilla por la plaza de Calahorra.

El Cid Campeador obviamente será quien se ofrezca como campeón de Castilla en este duelo en la que será a su vez, la segunda lid de su voto; tras haber previamente puesto fin a las correrías del moro Burgos de Ayllón.

El mitema de la “Lucha de Campeones”, que podemos rastrear en las leyendas europeas desde época pagana, aparecerá así en este cantar de gesta del Medievo español encarnado en la figura del héroe por excelencia de nuestra Edad Media. Todo ello en el contexto interesantísimo de las luchas intestinas entre los reinos cristianos de España, por la posesión de tierras, esferas de poder y anhelos de fama, prestigio y gloria guerrera. Contexto que será fruto de estructuras políticas deudoras del feudalismo, la cultura del vasallaje y la idealización caballeresca del oficio de las armas.

Por otra parte el Cid Campeador, aún ofreciéndose sin temor alguno al duelo contra el campeón de Aragón, pedirá aplazar el combate para poder ir en peregrinación a Santiago. Peregrinación que cómo veremos en el siguiente apartado, no estará demás para el desarrollo de los acontecimientos; pues será precisamente a la vuelta de dicha peregrinación, que sucederá el “hecho sobrenatural” que protagoniza este artículo…

La lid de Calahorra


Sópolo el conde don Martín González de Navarra; cavalgó muy privado,
et fuésse para el rey: –Señor, péssete del tu daño;
Calahorra e Tudela forzada te la ha el buen rey don Fernando;
señor, dame tus cartas et iré a desafiarlo;
yo seré tu justador, combaterlo he privado.–
Essas horas dijo el rey: –Séate otorgado.–


Las cartas dan al conde, al camino es entrado;
allegava a Zamora, al buen rey don Fernando;
entró por la corte, al buen rey bessó la mano,

Dijo: –Oítme, rey de gran poder, un poco sea escuchado;
mensagero con cartas non debe tomar mal ni recebir daño;
embíavos desafiar el rey de Aragón, a vós e a todo vuestro reinado;
vedes aquí sus cartas, yo vos traigo el mandado;
si non, datme un justador de todo vuestro reinado,
yo lidiaré por el rey de Aragón, que soy su vassallo.–

()


Rodrigo, a los tres días, a Zamora ha llegado;
vio estar al rey muy triste, ante él fue parado;
sonrisando se iba e de la boca hablando:
Rey que manda a Castilla e a León non debe ser desconfortado;
Rey, ¿quién vos fizo pessar o cómmo fue dello ossado?;
de presso o de muerto non vos saldrá de la mano.–


Essas horas dijo el rey: –Seas bien aventurado;
a Dios mucho agradesco por ver que eres aquí llegado;
a ti digo la mi cuita donde soy cuitado;
embiome desafiar el rey de Aragón e nunca lo hube buscado;
embiome dezir que le diesse a Calahorra amidos o de grado,
o que le diesse un justador de todo el mi reinado.
Querelleme en mi corte a todos los fijosdalgo;
non me respondió omne nado;
respóndele tú, Rodrigo, mi pariente e mi vasallo;
()


Essas horas dijo Rodrigo: –Señor, pláceme de grado;
a tal plazo nos dudes que pueda ser tornado,
que quiero ir en romería al padrón de Santiago
et a Santa María de Rocamador, si Dios quisiere guissarlo.–

Essas horas dijo el rey: –En treinta días avrás afarto.–

(versos 518-559)

*

El Cid Campeador y el leproso:

Con treinta días de plazo marcha el Cid de romería a Santiago y a la vuelta confirma que en escasos tres días se cumple el tiempo acordado, con lo que debe cabalgar sin dilación si no quiere que se pierdan tanto su honra como Calahorra.

De camino y en un vado encontrarán a un pobre leproso (“malato” en el texto) que pide ayuda para cruzar el río. Todos le ignoran excepto el Cid que tomando su mano, ofreciendo una capa y con la ayuda de una mula, le cruzará al otro lado.

Llegada la noche y una vez acampados en lo que quizás sean unas ruinas o un antiguo castro (“sobre unas piedras cavadas, que era el poblado) y mientras el Cid duerme, el leproso le susurrará al oído indicándole que realmente es san Lázaro, enviado por Dios para concederle un don: Un soplo como en la espalda y que le pasa al pecho (“Dióle un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado) que le provocará una “calentura” o estado febril (“que en calentura seas tornado) que una vez encendida, le permitirá enfrentar arrebatador y victorioso cualquier lucha que deba emprender (“cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano).

El Cid despertará sobresaltado pero el leproso habrá desaparecido y será imposible encontrarle. Don Rodrigo quedará impresionado y pensativo (Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado) marchando ya sin descanso rumbo a Calahorra…

Todo el episodio es fascinante y cargado de hondas resonancias en el mundo de la Tradición. El héroe antes de la prueba hace peregrinación, a la vuelta cruzando un río ayuda a un leproso al que todos previamente han ignorado, a la noche y “como en sueños”, mientras el Cid duerme, el leproso le revela que es un “enviado de Dios” y que le va a conceder un don. Una suerte de “furor”, “calor” o “ímpetu” de combate que lo hará invencible en las pruebas que te haga afrontar a partir de ese momento. El héroe despertará sobresaltado pero el leproso “como por arte de magia” habrá desaparecido…

Arquetipos e imágenes propias de todo el universo tradicional de la Europa premoderna, envueltas en las vestiduras paganizantes que tantas veces tienen las leyendas medievales europeas, aun a pesar del contexto cristiano en el que se escriben.

Y por otra parte, la descripción tan literal y física de los efectos de dicho “resuello mágico”. La referencia a la espalda y el pecho, al calor… referencias que como vamos a ver en el último apartado, nos traen el recuerdo de las antiguas magias guerreras de la Europa celto-germánica…

Romería de Rodrigo a Santiago

 

Complió su romería; por San Salvador de Oviedo fue tornado.
A la condessa doña Teresa Núñez apriessa hubo preguntado:
–Señora, ¿cuántos días ha passados que yo fue en romería a Santiago?–
Et dijo la condessa: –Oy passan veinte e seis días,
cras serán los veinte e siete días llegados.–
Cuando esto oyó Rodrigo fue mal amanzellado
e dijo: –Cavalgat, mis cavalleros, e non querades tardarlo;
vayámosnos servir al buen rey don Fernando,
que tres días ha, no más, para complirse el plazo.–

(versos 569-577)

 

Rodrigo y el leproso


A los caminos entró Rodrigo con trecientos fijosdalgo.
Al vado de Cascajar, a do Duero fue apartado
–fuerte día fazía de frío–, a la posiesta en llegando,
a la orilla del vado estava un pecador de malato
a todos pediendo piedat, que le passasen el vado.
Los cavalleros todos escopían et ívanse d’él arredrando.


Rodrigo ovo d’él duelo et tomolo por la mano
so una capa verde aguadera passolo por el vado
en un mulo andador que su padre le avía dado,
e fuésse para Grejalva, do es Cerrato llamado;
so unas piedras cavadas, que era el poblado,
so la capa verde aguadera, alvergó el Castellano al malato.


E en siendo dormiendo, a la oreja le fabló el gafo:
–¿Dormides, Rodrigo de Bivar? Tiempo has de ser acordado;
mensagero soy de Cristo, que no soy malato;
sant Lázaro soy, a ti me hubo Dios embiado,
que te dé un resollo en las espaldas, que en calentura seas tornado;
que cuando esta calentura ovieres, que te sea membrado,
cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano.–
Diol’ un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado.


Rodrigo despertó e fue muy mal espantado;
cató en derredor de sí et non pudo hallar el gafo.
Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado;
fuésse para Calahorra de día et de noche andando.

(versos 578-601)

*

El Cid Campeador y la Magia Guerrera:

El Cid llegará al duelo con el tiempo justo y el propio rey Fernando le apremiará para salir al combate, sin embargo el Cid aún lo retrasará un poco más. La “calentura” no termina de llegarle y no está listo para la lucha, pedirá entonces una sopa de vino y justo en ese momento, como de manera sobrevenida, le llegará el “calor”… Tomará entonces las riendas del caballo, el pendón del rey y el escudo y saldrá decidido a librar el combate. Cargando el uno contra el otro el Cid derribará a su oponente y en una escena tan sobria como explícita, antes de que el campeón de Aragón pueda levantarse, el Cid descenderá de su caballo y le cortará el cuello…

El resuello de san Lázaro

Cavalgar quería Rodrigo, non quería tardarlo;
non le venía la calentura que le avía dicho el malato.
Dijo al rey: –Señor, dadme una sopa en vino,
Cuando quisso tomar la sopa, la calentura ovo llegado;
en logar de tomar la sopa tomó la rienda del cavallo,
enderezó el pendón et el escudo ovo embrazado,
e fuésse para allí do estava el Navarro.


El Navarro llamó «¡Aragón!», et «¡Castilla!» el Castellano.
Ívanse dar seños golpes, los cavallos encostaron.
()

et erró el conde navarro; non lo erró Rodrigo de Bivar
un golpe le fue dar que le abatió del cavallo;
enante que el conde se levantase, descendió a degollarlo.
D’esta guissa ganó a Calahorra Rodrigo el Castellano

(versos 618-636)

Obviamente tenemos aquí un interesantísimo reflejo en plena Edad Media española, de una lejana memoria, que hunde sus raíces en las “magias guerreras” de la Europa pagana.

Tanto a través de las fuentes grecolatinas, como a través de las leyendas irlandesas y escandinavas, nos llegan noticias de guerreros furibundos que como en estado febril, entran en batalla dotados de una fuerza arrolladora. Siendo conocidos los “calores” del héroe celto-irlandés Cu Chulainn cuando entra en combate; calores que deben aplacarse metiéndole en una tinaja de agua fría. En la misma línea como de un calor que inunda al guerrero haciéndole terriblemente feroz e indómito, las referencias de la cultura vikinga serán abundantísimas. Mayormente en torno a los conocidos “guerreros berserk”. Y mucho antes en la antigua Grecia, encontraremos noticias similares referidas en este caso a los jóvenes espartanos.

Hoy día todas las líneas de investigación que trabajan este tema, apuntan a que detrás de este tipo de referencias, estaría la presencia de ritos de magia e iniciación guerrera en las culturas bárbaras de la Europa de la Edad del Hierro. Ritos tendentes a hacer de los jóvenes neófitos, auténticos guerreros miembros de las mannerbünde.

También y muy posiblemente el hecho de que en el ámbito de los mitos y leyendas, el don del “furor” sea propio o de los héroes o de una minoría especial y cualificada de guerreros, lleva a pensar que este tipo de prácticas mágicas, serían exclusivas de una élite especialmente formada y seleccionada.

En España, las referencias de las fuentes clásicas sobre lusitanos, celtíberos y cántabros, parecerán apuntar en muchas ocasiones en la dirección que aquí venimos indicando. Y de igual manera, los restos arqueológicos refrendarán aún más esta idea, al haberse encontrado en solar de la península Ibérica, restos de antiguas saunas de iniciación guerrera para baños de vapor y calor extremo. Caso de la sauna del castro de Ulaca en la provincia de Ávila.

Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).
Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).

No cabe descartar claro está, que en el caso de las Mocedades de don Rodrigo, a parte de la antigua presencia de una tradición de magia guerrera en la Hispania prerromana, el “resuello de san Lazaro”, encuentre también su origen en la propia cultura germánica del mundo visigodo. Cultura que será el molde fundamental de los reinos cristianos del norte de España, ya sea en León, Castilla, Navarra o Aragón.

En definitiva, un episodio en un cantar de gesta del Medievo español, que cargado con elementos fundamentales del imaginario mágico de la Europa más ancestral, convierte a uno de nuestros héroes más emblemáticos, en portador del antiguo don del “furor”. Don que le llegará a través de esa escena tan fascinante como evocadora, en la que tras ayudar a un leproso a cruzar un río, éste a la noche le susurrará al oído y mientras el héroe duerme, que le ha sido concedido un “poder” que le convertirá en un guerrero formidable…

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El voto de las cinco lides, el desafío a una lucha de campeones, la peregrinación a Santiago, el leproso, el vado del río, la noche en unas ruinas, san Lázaro y el don guerrero, el duelo contra el campeón navarro, los “calores” del Cid, su victoria inapelable… Una secuencia completa que conecta la cultura popular de la Edad Media española, con temas e imágenes esenciales de la más antigua tradición heroica europea. Una vez más los tesoros olvidados de nuestra literatura mostrando un antiguo camino, hoy día mayormente perdido…

 

Magia y Épica en la literatura medieval (II)

en Blog/España/Espiritualidad por
El cantar de Mío Cid

Magia y Épica en la literatura medieval: El cantar de Mío Cid

El cantar de mio Cid, es nuestro gran cantar de gesta… escrito por un autor anónimo a principios del siglo XIII en plena Edad Media, y en la gran época de la épica medieval, en él las leyendas y romances que trenzaron los juglares durante cien años, alrededor de la figura histórica del Cid Campeador, tomarán cuerpo en una gran “saga”. Un gran relato en el que el héroe desterrado y su mesnada, a golpe de espada, razias y cabalgadas (“si con moros no lidiamos nadie nos dará el pan” verso 34-673), consiguen finalmente el triunfo de conquistar Valencia y hacer del Cid su señor.

El héroe cumplirá de este modo un gran destino y su honra quedará recuperada y engrandecida. La nobleza de título pero sin hazañas que conspiró contra él y que después quedará retratada en los cobardes y viles infantes de Carrión, se contrastará con el humilde infanzón castellano que por “sus obras”, merecerá la fama y la gloria.

El Cid es así uno de los grandes arquetipos de la tradición española en lengua castellana. Un héroe a través de cuya figura todo un ideal antropológico de hondas raíces identitarias y espirituales, se manifiesta con esplendor y fuerza aleccionadora. No podía faltar entonces en “La Forja y la Espada”…

Los fragmentos del cantar están elaborados a partir de la versión del texto antiguo de Ramón Menéndez Pidal y de la prosificación moderna llevada a cabo por Alfonso Reyes.

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Según la leyenda y el romancero, fue en la jura de santa Gadea, que se sembró la enemistad entre el rey Alfonso y el Cid Campeador. Obligado el rey por el propio Cid a jurar ante los “espatarios” del finado Sancho II, que nada había tenido que ver en el asesinato de éste, el recelo que aquel día se sembró, será el que finalmente propiciará el destierro del Campeador… Destacados miembros de la nobleza leonesa, envidiosos de la fama y buen nombre del héroe castellano, aprovecharán el desencuentro del rey Alfonso con el antiguo armiger regis de Sancho II, para intrigar contra él. Siendo entonces que tomando como excusa el enfrentamiento del Cid con el noble leonés García Ordoñez, por el cobro de las parias de la taifa de Sevilla, se declarará la “ira real” y el Cid será desterrado de Castilla…

Es precisamente con el “cantar del destierro” que comenzará la gesta o “saga” del Cid Campeador. Todo ello conforme a una línea argumental en la que a la deshonra del destierro con la que comienza el cantar, se contrapondrá la honra final, recuperada y enaltecida, de casar a sus hijas con los reyes de Navarra y de Aragón. Hasta el punto de decirse que los “reyes de España” a partir de ese momento, serán descendientes del Cid (versos 152, 3722-3724).

En el camino, los buenos augurios al partir al destierro. Después la vida montaraz a la intemperie acompañado de su leal mesnada, haciendo la guerra por su cuenta contra los moros. Ganando riquezas y plazas y sabiendo mantenerlas. Finalmente la conquista de Valencia, convirtiéndose en señor de ésta. Defendiéndola contra los reyes moros de Marruecos y los imponentes ejércitos que mandan para recuperarla. Saliendo siempre victorioso y cada vez más grande en fama, tierras, hombres y riquezas.

Todo un hilo argumental que parecerá hundir sus raíces no sólo en la propia historia del Cid, sino también en tramas de antiguos relatos tradicionales a lo largo y ancho de toda Europa, en diferentes sagas y leyendas tanto del Medievo, como de la Europa pagana. Como si en la vida del Cid y a partir de la idealización inevitable de un cantar de gesta, lejanos ecos de la Tradición, pudieran aún hoy estar llegándonos…

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El Cid sale al destierro: Primer augurio.

El Cid cabalga al destierro y al salir de Vivar y entrar en Burgos una señal… Un córvido de alas negras. El pájaro de Lug y Wotan. El augurio del antiguo mundo celto-germano que al comenzar el héroe su aventura, le reconforta y da confianza. “¡Albricias!”-exclama el Cid-“ahora somos desterrados pero algún día, volveremos cargados de honra”…

A la salida de Vivar vieron la corneja a diestra, e entrando en Burgos la vieron a siniestra; Meció mío Cid los hombros y sacudiendo la cabeza: “¡Albricias Alvar Fañez que echados somos de tierra, más a gran honra tornaremos a Castiella!”

(versos 2, 10)

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Llanto y ánimo en el destierro y confianza en la Providencia:

El Cid deja atrás mujer e hijas. Se le arruga el corazón ¡Cuándo volverán a verse! No termina de partir y va girando la cabeza para verlas una vez más. Pero su leal camarada Minaya le anima el corazón y devuelve el coraje: “¡Dejémoslo estar!”. Confiemos en la Providencia y hagamos nuestro camino. Espoleemos los caballos y vayamos adelante. Si Dios nos dio un alma, también nos dio fuerza. Las penas por eso algún día pueden tornarse en alegrías…

El Cid a doña Jimena íbala a abrazar, doña Jimena al Cid la mano va a besar, llorando de los ojos non sabe que se far (…) agora nos partimos ¡Dios sabe el ajuntar! (…) Mío Cid de los vasallos va ya a cabalgar, todos esperando tornando la cabeza va…

A la sazón fabló Minaya Alvar Fañez: “Mío Cid, nacido de madre en buena hora ¿qué es de vuestro ánimo? Pensemos sólo en aguijar y dejémoslo estar. Aun todos estos duelos en gozo se tornarán. Que Dios nos dio las almas, consejo nos dará”

(versos 18, 368-382)

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Última noche en Catilla: Segundo augurio.

Es la última noche antes de salir definitivamente de Castilla y el Cid a pesar de las tribulaciones, queda dormido de manera plácida y profunda. Tiene entonces en sueños una visión “sobrenatural”. Un ángel se le aparece y reconforta: “¡Cabalgad mío Cid! Confiad en vosotros mismos. Todo ha de salir bien”. Un episodio malhadado de nuestra vida puede no ser, sino el camino que conduce a la Gloria…

Venida la noche, el Cid se acostó y un dulce sueño lo invadió. El ángel Gabriel a él vino en visión: “Cabalga Cid, el buen Campeador, que nunca en tan buen punto cabalgó varón. ¡Todo te ha de salir bien mientras vivas!”. Cuando el Cid despertó, la cara se santiguó.

(versos 19, 404-410)

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El Cid y sus 300 saquean por libre tierras de moros:

Sin más bienes y riquezas que su coraje, sus armas y sus trescientos leales, el Cid se adentra en tierras de moros buscando fortuna. Como una mannerbünde de guerreros libres en pos de mejor ventura, la noche será su aliada y la razia, el espíritu resuelto y el ataque relámpago, su oportunidad…

El Cid y su mesnada cabalgan vagabundos por tierras de moros y pronto toda España estará sobre aviso, de que aquel que pueda ser su presa, estará en serio peligro…

Pasaremos la sierra, que es harto escabrosa y empinada, y así podremos dejar esta noche las tierras del rey Alfonso. Al que después quiera buscarnos, no le constará trabajo encontrarnos (…) en medio de un bosque maravilloso y tupido, mando el Cid parar y dar cebada. Allí manifestó a sus hombres que quería caminar de noche (…) toda la noche anduvieron sin descansar y cerca de un lugar que llaman Castejón de Henares, el Cid se puso a preparar una emboscada…

(versos 22, 422-436)

Mío Cid-le dice Minaya-tú que en buena hora ceñiste espada, puesto que ponemos a Castejón celada, conviene que os quedéis aquí con cien de los nuestros; a mí me daréis doscientos para ir en vanguardia. Con Dios y ventura ¡saldremos bien de la empresa!

Decís bien Minaya. Abrid vanguardia con doscientos hombres (…) arremeted con osadía, nos haga el miedo perder la presa. Por Hita abajo y por Guadalajara hasta Alcalá, asegurad toda la ganancia, que no por miedo a los moros se vaya a perder nada. Yo quedaré de retaguardia en Castejón que es buen abrigo. Si ocurriese peligro en vanguardia, presto mandadme aviso. De aqueste hecho va hablar toda España…

(versos 23, 439-453)

Ya rompían albores y venía la mañana ¡cuán hermoso Dios, el sol despuntaba! Los de Castejón se levantan, abren sus puertas y salen a sus labores y sus heredades. Todos se han marchado ya, dejando las puertas abiertas, y muy pocos quedan y los demás se han diseminado. El Campeador abandona entonces su escondite y cae sobre Castejón (…) se encamina a la puerta de la ciudad y los que la guardan cuando ven venir tanta gente, llenos de terror, la desamparan. El Cid entra entonces por la puerta franca, la espada desnuda en la mano y da muerte a quince moros que encuentra a su paso. Gana Castejón y su oro y su plata. Sus hombres se le acercan con el botín y sin preciarlo en nada, lo dejan en sus manos.

En tanto los doscientos que van en la vanguardia, corren y saquean toda la tierra. Hasta Alcalá llega la enseña de Minaya, y de allí vuelve con el botín Henares arriba y por Guadalajara. Traen grandes ganancias, rebaños de ovejas y vacas (…) Y donde se ve pasar la orgullosa enseña, no hay quien se atreva a asaltarlos por la espada. Vuelven con todo lo ganado hasta Castejón donde el Cid les esperaba.

(versos 23, 456-485)

*

El Cid reparte el botín entre sus hombres y Minaya renuncia a su parte con voto solemne:

Como una fratría guerrera del antiguo mundo celto-germánico, el Cid ejerce de “jefe redistributivo” y entre sus hombres reparte el botín. Pero efectivamente, como si el antiguo mundo de las mannerbünde indoeuropeas siguiera presente en la España Medieval, uno de sus hombres renuncia al botín. Como los guerreros consagrados a su jefe hasta la muerte de la antigua devotio hispánica, Minaya bien se paga su esfuerzo con la propia lealtad y entrega que profesa a su señor; y por ahora, no necesita más…

“Ilustre Campeador, mucho os lo agradezco. De esta quinta que me ofrecéis, hasta el rey Alfonso quedaría bien pagado, pero yo os lo devuelvo. Y aquí prometo a Dios que está en lo Alto, que yo no me satisfaga de lidiar en campo contra los moros sobre mi caballo, empleando mi lanza y metiendo mano a la espada, hasta que chorree la sangre por el codo, delante de Ruy Díaz, el gran combatiente, no he de aceptar ningún dinero. Cuando yo os haya ganado algo realmente valioso, aceptaré mi parte; entre tanto, tomadla toda para vos…”

(versos 24, 493-505)

Se satisface y paga con el luchar contra los moros a las órdenes del Cid. Consagrado totalmente a su señor. Y si más adelante algo destacable gana, entonces sí aceptará su parte, hasta entonces, la misma guerra junto al Cid es el pago que recibe por su lealtad…

*

Los moros cercan al Cid en Alcocer y éste sale a la carga para romper el cerco:

La vida de cabalgadas, venturas y saqueos acrecienta el poder y fama del Cid así como el temor de que pueda ir a más. Pronto tratarán de impedírselo…

El rey moro de Valencia está prevenido de las razias del Cid por tierras de moros en Castejón, la Alcarria, Ariza, Cetina y ahora Alcocer. Y se decide a pararle los pies enviando un gran ejército para cercarlo allí y acabar con él. El “desterrado” del rey Alfonso sin embargo, no se dejará amedrentar… Y al amanecer sale en tromba con sus huestes por las puertas de Alcocer, dispuesto a luchar a brazo partido contra los moros:

Abrieron las puertas y salieron, y las avanzadas moras al verlos, corrieron a dar la voz de alarma. ¡Con que prisa se arman los moros! Tanto es el ruido de sus tambores que se estremece la tierra…

(…)

Embrazan frente a los pechos los escudos, enristran las lanzas, envuelven los pendones y se inclinan sobre los arzones con ánimo de acometer denodadamente. El que en buena hora nació dice a grandes voces: “¡A ellos, mis caballeros, en el nombre de Dios! ¡Yo soy Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador!

(…)

Allí vierais subir y bajar lanzas, pasar y romper adargas, lorigas quebrantarse y perder las mallas, tantos pendones blancos salir enrojecidos de sangre, tantos hermosos caballos sin jinete. Los moros invocan a Mahoma los cristianos a Santiago, y a poco ha, yacían en el campo no menos de mil trescientos moros.

(versos 34, 693-696; 35, 715-721 y 36, 726-732)

A Minaya Alvar Fañez matáronle el caballo, lo acorren entonces mesnadas de cristianos. La lanza ha quebrado a la espada metió mano, y aunque va a pie buenos tajos va dando.

Violo el Cid Ruy Díaz el Castellano, y acercándose a un general moro que traía un buen caballo, tiróle de diestra tal espadazo, que cortóle por la mitad y el otro medio cayó al campo. Después se acercó a Alvar Fañez para darle el caballo: “Cabalgad Minaya que vos sois el mi diestro brazo y hoy en este día de vos haré gran bando. Ved que los moros están firmes, aún no los echamos del campo. Menester es que lo acometamos de cabo”.

(versos 38, 744-756)

A Minaya Alvar Fañez le salió bueno el caballo, de aquestos moro mató treinta y cuatro; ¡Oh tajante espada, cuan ensangrentado trae el brazo! Por el codo la sangre le va chorreando: “Ahora si estoy satisfecho, ahora llegarán a Castilla buenas nuevas de que el Cid Ruy Díaz en batalla campal ha ganado. Hay tantos moros muertos que pocos vivos ha dejado”.

(…)

Veíase al Cid sobre su caballo, espada en mano, fruncida la cofia y caída sobre la espalda la capucha de la loriga ¡Oh Dios cómo es de buen barbado!

A los suyos va diciendo: “¡Gracias a Dios que está en los cielos, nuestra es la victoria!”

(versos 40, 778-793)

*

El Cid, conquistador y señor de Valencia:

En tierras de moros, prendiendo y ganando, durmiendo los días y las noches trasnochando, ganando villa a villa Mío Cid pasó tres años.

(versos 71, 1167-1169)

Quien quiera perder cuitas y venir a ganar, vengase con el Cid que sabe batallar, que cercar quiere Valencia para a los cristianos dar.

(versos 72, 1189-1191)

El Cid continúa su carrera de “guerrero libre e independiente” en lucha contra los moros y si bien no ceja en mandar presentes al rey Alfonso (tratando así de lavar su buen nombre y recuperar el favor real) sus sucesivas victorias le conducen hasta Valencia, a la que finalmente pondrá cerco y tras diez meses de asedio conquistará.

La caída de Valencia en manos del Cid; conseguida por un caballero que salió desterrado de Castilla con 300 hombres y que a base de razias, batallas y victorias, ha conseguido juntar en torno suyo un ejército de 3600 (versos 77, 1263-1265), e incluso conquistar la propia ciudad de Valencia, se convierte en una notica que llegará hasta el último rincón de España… Tanto así que cruzará el estrecho de Gibraltar y llegará a oídos del rey de Marruecos. Éste juntando un imponente ejército de 50000 hombres (versos 88, 1625-1626), se decidirá entonces a desembarcar en las playas de Valencia dispuesto a poner fin para siempre con el Cid Campeador. El héroe castellano le recibe sin embargo sin temor alguno e incluso con alegría…

¡Loado sea el Creador y Padre Espiritual! (…) Con grandes afanes gané a Valencia que hoy tengo por heredad; no la he de dejar mientras viva (…) hoy están conmigo mi mujer y mis hijas (…) No puedo menos, he de empuñar las armas, mi mujer y mis hijas me verán lidiar; ahora verán cómo se vive en tierras extrañas; ahora van a ver con sus propios ojos cómo se gana el pan.

Suben al Alcázar su mujer y sus hijas y al alzar los ojos ven éstas el campamento y tiendas de los moros:

-“¿Qué es esto mío Cid en el nombre de Dios?”

-“Ea, honrada mujer ¡no os aflijáis!. Esto es la riqueza maravillosa y grande que viene a buscarnos. Apenas habéis llegado y ya quieren haceros presentes. Ahí os traen el ajuar para vuestras hijas…”

(versos 90, 1633-1650)

Izadas están las tiendas. Tañen presurosamente los tambores. Ya rompe el alba. El Cid exclama lleno de júbilo: “Gran día será este”.

Pero su mujer tiene miedo y quiere rompérsele el corazón, otro tanto acontece a sus damas y a sus dos hijas (…) Acariciándose la barba el Cid Campeador les dice: “No tengáis miedo (…) antes de quince días, si Dios quiere, estarán en nuestras manos aquellos tambores que ahora oís y os los traerán para que veáis como están hechos, y luego serán dados al obispo don Jerónimo para que cuelguen en el templo de santa María, Madre del Creador”.

(versos 91, 1657-1668)

Las tropas del Cid y las huestes moras del rey de Marruecos, tienen un primer enfrentamiento en la huerta de Valencia, donde los moros recibirán un primer correctivo perdiendo frente a las mesnadas del Cid a 500 hombres (versos 92 1675-1678). Sin embargo la verdadera batalla será al día siguiente…

“Oídme caballeros-les dice el Cid-hoy es un buen día, mejor será el de mañana. Antes de que aclare armaos todos; el obispo don Jerónimo nos dará la absolución, nos dirá misa… y a cabalgar. Iremos a atacarlos (…) en nombre del Creador y del apóstol Santiago (…) todos responden: “De voluntad y de corazón lo haremos”.

(versos 93, 1685-1698)

Cae el día y entrada es la noche. La gente cristiana se está aprestando sin tardanza. Al segundo canto del gallo, antes de que amanezca, les dice misa el obispo don Jerónimo (…): “Al que muera hoy lidiando de cara yo le absuelvo de todos sus pecados y Dios recibirá su alma”.

(versos 94, 1699-1710)

El Cid salta sobre su caballo Babieca, que provisto va de toda guarnición. Sale con ellos la enseña (…) con el Cid casi cuatro mil y denodadamente van a atacar a cincuenta mil contrarios (…) El Cid empleó la lanza y a la espada metió mano, mato innumerables moros, la sangre por el codo le está chorreando. Tres golpes le asesta al rey Yusuf pero éste escapa a caballo. Se oculta en el castillo de Cullera y hasta allí le sigue el Cid para alcanzarlo. De allá volvió el bienhadado, muy complacido de capturarlo. Entonces supo lo que valía Babieca de la cabeza hasta el rabo.

(…)

Alegre está el Cid, no menos sus vasallos, que Dios les hubo merced, que vencieron el campo (…) Con cien caballeros a Valencia es entrado, fruncida trae la cofia y el yelmo se ha quitado, así entró sobre Babieca, la espada trae en la mano. Recibiéronlo las damas que lo estaban esperando (…) “Me humillo ante vosotras, buen botín he ganado. Vos guardando Valencia yo venciendo en el campo. Así lo quiso Dios y todos los sus santos (…) Ved la espada sangrienta y el sudoroso caballo, así se vence a los moros cuando se lucha en el campo (…) Así dijo mío Cid, después se apeo del caballo…

(versos 95, 1714-1753)

La “saga” del Cid como la de un “héroe de antaño” le lleva finalmente a conquistar una gran ciudad y proclamarse señor de ésta. Allí recibe con alegría el desafío de defenderla y el orgullo de mostrar su modo de vida, espada en mano, manchado de la sangre de sus enemigos y sobre su sudoroso caballo. Hecho a sí mismo en la virtudes guerreras del honor y el valor…

Posteriormente los moros volverán a atacar Valencia esta vez con el rey Bucar al frente. De nuevo serán derrotados y en esta ocasión el obispo don Jerónimo se adelantará para arremeterlos, matando a dos moros con sus primeros golpes, rompiendo su lanza y continuando entonces con la espada, hasta matar otros cinco (versos 117, 2383-2389). El Cid y sus hombres por su parte, cargarán abriendo brecha en el campamento del rey Bucar, llegando a quebrar las estacas y rodar los postes que rodean las tiendas del rey moro, obligando a éste a escapar (versos 117, 2399-2402). Lo persigue entonces el Cid hasta alcanzarlo…

Mío Cid al rey Bucar llegó a alcanzar: “Vuelve acá Bucar, que veniste allende el mar y ahora has de habértelas con el Cid, el de la luenga barba. Tenemos que besarnos y pactar amistad”. A lo que Bucar responde: “¡Dios confunda tales amistades! Que traes espada en mano y te veo aguijar, o mucho me equivoco o en mis carnes la quieres probar

(…)

Al fin, a tres brazas del mar, logra el Cid emparejarle, levanta en alto la Colada y le descarga un furioso tajo que, arrancándole los carbunclos del yelmo, le abre la cabeza abajo hasta la cintura (…) Así venció la maravillosa y gran batalla. Así se honró el Cid y todos los que estaban de su parte.

(versos 118, 2409-2428)

Como la de un guerrero furibundo y barbado la espada del Cid golpea con una violencia inusitada, abriendo en canal a su enemigo de la coronilla hasta el vientre… Ya le hemos visto anteriormente en escena de similar violencia, cortando por la mitad a un general moro en el cerco de Alcocer.

El Cid espada en mano a hecho su camino. Del destierro y la deshonra a la conquista de Valencia y la victoria contra los reyes moros de Marruecos. Los buenos augurios y el sueño profético de los días de su partida se han cumplido. Sus esfuerzos y fatigas, vagabundo y saqueador desterrado de Castilla, han tenido su fruto, y ahora ya es señor de Valencia. Con su mujer y sus hijas orgullosas de nuevo a su lado.

El cantar continuará con el perdón real y su reconciliación con el rey Alfonso. Y finalmente incluso irá un paso más allá y tal como decíamos al empezar este artículo, tras la afrenta de Corpes y la derrota de los infantes de Carrión, las hijas del Cid se casarán con los reyes de Navarra y Aragón. Su humilde linaje acabará emparentado con el de los reyes de España y éstos, tendrán en su haber que sus hijos y nietos, llevarán la sangre del Cid en sus venas…

*

El héroe por excelencia de la España Medieval reflejará así en la “saga” de su cantar, no sólo los ideales de la sociedad medieval española, sino también algunos de los mitemas esenciales del mundo de la Tradición y su vis heroica. Uniéndose lo perenne y contingente en la vida y leyenda de un héroe castellano cuya saga, estará en los orígenes mismos de la tradición literaria española. Haciendo entonces de ésta, reflejo, lección y enseñanza, de las Verdades del Espíritu…

 

Magia y Épica en la literatura medieval (I)

en Blog/Cultura Celta/Espiritualidad por
Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

El poema de Fernán González es un verdadero tesoro de la literatura medieval española. Escrito en el siglo XIII, a partir de un posible cuerpo de antiguas leyendas que cantaban los juglares y que configuraban la “saga” del conde don Fernando; el poema las reelabora en un único relato coherente y ordenado, que es reivindicación tanto de los valores caballerescos y guerreros que encarna Fernán González, como de la propia Castilla, la Reconquista y España.

Dotado de toda una dimensión mágica y épica realmente sugestiva e inspiradora, en la que no faltan la Profecía, la Caza Salvaje o la Mesnada Celestial, no podía dejar de estar presente en La Forja y la Espada…

*

El destino del Héroe:

El Héroe, está destinado a cumplir un gran destino. A hacer de su vida y obra referente y ejemplo para las generaciones venideras así como fundación de un “nuevo tiempo” que simbólicamente, se recoge en muchas ocasiones en la idea del “reino bienaventurado” o “reino elegido”. El héroe así en este mitema, recibe en algún momento del comienzo de su saga, una señal que le indica ya su horizonte futuro de grandeza; las grandes gestas a las que está llamado y que a partir de ese momento, le espolearán para no desfallecer en su ventura y seguir confiado y decidido la misión encomendada.

Del mismo modo, esta señal que recibe, no la recibe de cualquier manera, sino que es siempre fruto de una situación inesperada, en ocasiones aparentemente casual, pero mayormente dotada del sello de lo providencial.

Tal será el caso de Fernán González, héroe fundador del Reino de Castilla que través de leyendas y romances, se nos presentará tanto como adalid de la Reconquista, como ejemplo palmario de virtudes guerreras y caballerescas. Siendo entonces que al comienzo de su saga, y en un episodio cargado de la imaginería propia del antiguo mundo celta, el héroe, se extraviará en una cacería persiguiendo un gran jabalí, llegando de este modo a una antigua y apartada ermita, cubierta por la vegetación, en la que un solitario monje, le rebelará su destino…

Para cazar un puerco metiose en las montañas (…) cabalgó en su caballo lejos de sus compañas (…) El puerco se acogió en un fiero lugar (…) huyo hasta una ermita, entró tras el altar. Aquella ermita estaba por la yedra cercada, por lo cual toda ella no se veía nada (…) No pudo por la peña el conde aguijar; reteniendo las riendas túvose que apear, por donde el mismo puerco entró en ese lugar, penetró en la ermita, llegó hasta el altar. Cuando vio don Fernando tan honrado lugar, dejó tranquilo al puerco, no lo quiso matar…

Imbuido de respeto por lugar que ha encontrado, Fernán González no puede evitar pronunciar una oración:

“Señor, a quien temen los vientos y la mar, si yo he errado en esto, me debes perdonar. A ti me manifiesto, Virgen Santa María, que de esta santidad Señora, no sabía; para hacer yo enojo aquí no entraría sino para dar ofrenda o a hacer romería”.

Acabada su oración aparece en la ermita un monje, habitante solitario del lugar que ha oído la plegaria de Fernán González. Su nombre es Pelayo y habiéndose apartado nuestro héroe de sus hombres y habiendo caído ya el atardecer, Pelayo le invita a hacer noche en la ermita.

Comparten para cenar un humilde pan de centeno que le ofrece el monje y ya en la oscuridad de la noche fray Pelayo profetiza el destino de Fernán González:

“Hágote, oh buen conde, de esto sabedor: que quiere tus acciones guiar el Creador (…) Harás grandes batallas en la grey descreída, muchas serán las gentes a quienes quites la vida, ganarás de la tierra una buena partida, la sangre de los reyes por ti será vertida”…

(versos 227-239)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ermita de san Pelayo. Donde a Fernán González se le habría profetizado su destino. Foto de Photoletum.

Efectivamente el fragmento seleccionado se comenta casi por sí mismo. El héroe, tal como ocurre en numerosas leyendas paganas de la Europa precristiana, extraviado en una cacería en un paraje agreste o boscoso, acaba por encontrar allí la clave de su destino, que a partir de ese momento, será el argumento definitivo de su vida…

*

La Caza Salvaje:

El continuo guerrear del conde con unos y otro aún a pesar de las heridas y fatigas acaba por hastiar a sus hombres que lamentan la vida sin tregua a la que se ven sometidos…

Estaban contra el conde fuertemente airados (…) porque debían siempre, por fuerza, andar armados. Holgar no los dejaba ni estarse sosegados; decían: “No es tal vida sino para pecados, que andan de noche y día y nunca están cansados; él parece Satán, nosotros sus criados.

Porque lidiar queremos y tanto lo amamos, no reposamos más que cuando almas sacamos; los de la Hueste Antigua, a éstos nos semejamos, pues todas cosas cansan y nunca nos cansamos”.

Los hombres de Fernán González deciden entonces decírselo. Están cansados de tanto batallar y quieren parar:

“Los vientos que son fuertes los vemos descansar; la mar que es airada, la vemos amansar; el diablo no se cansa, pues nunca puede holgar, nuestra vida a la suya se quiere asemejar”.

(versos 340-341)

El fragmento es interesantísimo, pues en un contexto de literatura medieval española, estamos encontrando y así lo hemos subrayado, la referencia a uno de los mitos fundamentales del antiguo mundo céltico y germánico. El mito de la “Caza Salvaje”, que obviamente aquí se nos presentará desde la perspectiva cristiana, asemejándose entonces “la cabalgata de Odín”, al mismísimo diablo…

La Caza Salvaje, conocida en Castilla como “Hueste Antigua”, hace referencia a la interpretación que desde el cristianismo medieval se hace del mito pagano de la mesnada espectral que acompaña al dios de la guerra. Mesnada espectral que a su vez estará referida a las antiguas mannerbünde o cofradías guerreras del mundo celto-germánico. Fratrías de hombres armados consagrados al dios de los muertos en combate y la magia guerrera del “furor”.

Desde el cristianismo, estas antiguas creencias y prácticas de magia guerrera, serán asemejadas al diablo y en las leyendas medievales referidas a la Caza Salvaje, la idea de lo infernal estará siempre presente. Si bien la idea de “condenación” no se encontrará como tal en los orígenes del mito.

En la misma línea y muy posiblemente, muchas de las mascaradas de invierno que aún se conservan en España y Europa, estén referidas también a los mitos de la “Caza Salvaje”, la magia guerrera y el “séquito de Odín”…

En todo caso, que en el poema de Fernán González, su mesnada no pueda sino asemejarse a la “Hueste Antigua”, con el propio conde don Fernando como líder de la hueste guerrera y “maldita” de las antiguas leyendas paganas, no dejará de ser altamente significativo…

*

La vida como Milicia:

Los hombres de Fernán González y como hemos visto, se quejan de la vida sin tregua que están llevando y quieren parar. Tanto batallar les ha hastiado y piden descanso. La réplica del conde será aleccionadora: la vida misma es lucha, la muerte es el descanso definitivo, el tiempo corre inexorable y no tiene marcha atrás, las grandes obras requieren grandes esfuerzos y hombres dispuestos a afrontarlos, la memoria de las hazañas y grandes venturas es el mejor legado que se puede dejar; nuestras vidas están llamadas a tener resonancia en los siglos por llegar…

“Nunca debe, el que puede, una lid aplazar, quien tiene buena hora otra quiere esperar; nunca un día perdido se puede recobrar, jamás en aquel día nos podemos tornar. Cuando el hombre su tiempo quiere en balde pasar, no quiere de este mundo otra cosa llevar sino el estar ocioso y dormir y holgar; de tal muere la fama cuando llega a finar.

El dichoso y el mísero ambos han de morir, ni uno ni el otro pueden de ello huir; quedan los buenos hechos: estos han de vivir, de ellos toman ejemplo los que han de venir.

Todos los que un gran hecho quisieron realizar, por muy grandes trabajos tuvieron que pasar; no comen cuando quieren ni cena ni yantar, los vicios de la carne débenlos olvidar. No cuentan de Alejandro las noches ni los días, cuentan sus buenos hechos y sus caballerías (…) si tan buenos no fueron, hoy serían olvidados; serán los buenos hechos hasta el fin contados.

Por tanto es necesario que los días contemos, los días y las noches en qué los expendemos; cuantos en balde pasan no los recobraremos; amigos bien lo veis, que mal juicio hacemos”…

(versos 351-360)

Con argumentos similares y previamente a este discurso, en la primera lucha que libra Fernán González contra Almanzor (derrotándolo en Lara), encontramos una situación similar. En este caso, teniendo que responder a algunos de sus hombres que se encuentran amedrentados, frente al poderío del ejército moro que comanda Almanzor. La réplica del héroe castellano será de nuevo antológica y en ella el ideal de la vida como milicia, se verá aderezado con el deber de recordar a los antepasados y tener presente su legado a la hora de afrontar las adversidades y amenazas, que puedan cernirse sobre la patria…

“No puede el Hombre la muerte excusar, bien sabe que no puede escapar, horada muerte debe a la su carne dar.

Si tributo pagamos y la tregua obtenemos, de señores que somos vasallos nos haremos; en vez de que a Castilla de su aflicción saquemos, la aflicción en que era se la duplicaremos.

Nuestros antepasados lealtad siempre guardaron, sobre las otras tierras ellos la heredaron; por guardar lealtad, sus muertes olvidaron; todo cuanto quisieron con ella lo lograron.

(…)

Fueron nuestros abuelos mucho tiempo afrentados, pues los tenían los moros muy fuerte arrinconados, eran en poca tierra pocos hombres juntados, por el hambre y la guerra eran muy azotados.

Aunque mucha aflicción, mucha cuita sufrieron, de otros siempre ganaron, lo suyo no perdieron, por miedo de la muerte nunca yerros hicieron, a los sus adversarios por esto los vencieron.

¿Cómo se nos habría todo esto de olvidar? Lo que ellos tuvieron debémoslo heredar; si recordamos esto, no podremos errar, puedemos todo aquesto de mala acción librar.

Esforzad, castellanos, y no tengáis pavor; venceremos las huestes de ese rey Almanzor; libraremos Castilla de aflicción y de error: él será vencido, yo seré vencedor.

(…)

De todos los de España me haréis a mí el mejor, será grande mi honra, la vuestra será mayor”.

(versos 210-224)

De nuevo las mismas ideas que hemos visto anteriormente pero en este caso acompañadas de la idea del deber patriótico. La vida como milicia y la muerte como horizonte seguro que paradójicamente, da sentido a la existencia y la espolea, más allá de la molicie o la cobardía. Todo un compendio así de principios tradicionales de sabiduría perenne para el Hombre de alma guerrera. Tanto frente al hastío de las luchas de la vida, como frente al temor a la muerte…

*

La épica de la muerte en combate y la ayuda celestial:

En la “saga” de Fernán González destaca su lucha contra Almanzor. Primero en Lara y después en Hacinas. A través de sendos episodios el gusto por la “poética de la guerra”, tan propio de la cultura medieval y antigua, se expresará con especial brillo, enmarcándose a su vez en la mistificación de la Reconquista y de la propia idea de España.

Esta idea mistificadora del combate, la lucha contra los moros, la Reconquista, Castilla y España, alcanzará especial relieve con la figura del apóstol Santiago y su Mesnada Celestial; que a modo de apoteosis final cerrará la primera parte de la “saga” de Fernán González.

A través de todo ello y de nuevo, toda una concepción del mundo ajena a la Modernidad, se nos mostrará con especial belleza y fuerza evocadora…

En el primer enfrentamiento entre Fernán González y Almanzor se nos dice así:

Ponían toda su fuerza en guardar a su señor, no tenían de la muerte ni pesar ni dolor, el deber les quitaba de la muerte el pavor; no había para buenos otro mundo mejor.

(…)

Caballeros y peones firmemente lidiaban, todos, cuanto podían, a su señor guardaban; al decir él ¡Castilla! todos se esforzaban; los moros con todo esto, las espaldas tornaban.

(…)

Fue Almanzor vencido con sus caballerías: allí fue demostrado el poder del Mesias; el conde fue David, Almanzor fue Golías.

(versos 266-272)

Sin embargo, tras esta derrota de Almanzor en Lara, el líder mahometano, volverá al ataque en son de yihad con un ejército imponente traído de África:

Cuando fue Almanzor la otra vez vencido con el pesar que tuvo a Marruevos fue ido; fue el llamamiento en toda África difundido; fue, como a guerra santa, todo el pueblo movido.

Los turcos y los árabes, esas gentes ligeras, que son en las batallas unas gentes certeras, con sus arcos de nervios y ballestas certeras, de éstos venían llenos senderos y carreras.

Venían los almohades y los benimerinos, trayendo en los camellos sus hornos y molinos; venían también moros del oriente vecinos: de todos estos eran cubiertos los caminos.

De estas gentes venían allá sin cuenta ni tiento, no eran del mismo origen ni de un entendimiento, más feos que Satán con todo su convento al salir del Infierno sucio y carboniento.

(versos 388-391)

Frente a la amenaza del Almanzor y su renovado ejército traído de África, Fernán González se retirará al monasterio de san Pedro de Arlanza a orar. Preparándose así para el terrible desafío que se cierne sobre él y sobre Castilla:

“Señor, Tú dame esfuerzo, buen juicio y poder, para que Almanzor logre matar o vencer”

(…)

El espíritu del monje que en su día le profetizo un destino glorioso, se le aparecerá entonces en sueños anunciándole de que el día de la lucha, recibirá la ayuda del apóstol Santiago y su mesnada Celestial:

De paños como de sol todo venía vestido, nunca cosa más bella viera hombre nacido (…) “Despierta, ve adelante, que hoy aumenta tu bando; vete para tu pueblo que ya te está esperando”.

“Otorgate el Creador cuanto pedido has: en los pueblos infieles gran mortandad harás, de tus buenas compañas muchas ahí perderás, pero con todo el daño, el campo vencerás”

(…)

“Yo estaré allí contigo, Él me lo ha otorgado, allí estará el apóstol Santiago llamado; Cristo nos enviará a ayudar su criado; será con tal ayuda Almanzor abrumado.

Otros muchos vendrán como en una visión, con blancas armaduras: ángeles de Dios son; cada uno traerá la cruz en su pendón; al vernos perderán los moros el corazón…”

(versos 407-414)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ruinas de san Pedro de Arlanza. Donde Fernán González se retira a orar antes de su lucha contra Almanzor. Foto de Photoletum.

Llegada la batalla contra Almanzor en Hacinas y tras dos días de lucha denodada, castellanos y moros siguen en tablas aún a pesar de lo crudo del combate. Fernán González lucha al frente de sus tropas y hace tan gran mortandad entre los moros, que ninguno osa ponérsele delante.

Sin embargo llegado el tercer día, los castellanos sufrirán el tremendo revés de perder al campeón castellano Gustio González al tiempo que los moros, conseguirán cercar al propio conde don Fernando. Lo apurado de la situación llevará a Fernán González a contemplar su propia muerte y claro está, a hacerla frente espada en mano…

Tenía fuerte cuita el conde don Fernando, iba por si ocurría, su muerte preparando; alzó arriba los ojos al Creador rogando; como si con Él fuera, así le está llamando:

“Pues no tengo la dicha de esta lucha ganar, aunque escapar pudiera, yo no quiero escapar, ni he de ver nunca yo más cuita ni pesar: me pondré en un lugar donde me han de matar”.

“Castilla quebrantada quedará sin señor; me iré con esta rabia, mezquino pecador, pues será ella cautiva del moro Almanzor: por no ver ese día la muerte es lo mejor”.

“Señor ¿por qué nos tienes a todos tanta saña?; por los nuestros pecados, no destruyas España. Su pérdida sería, por culpa nuestra, extraña, pues de buenos cristianos no había otra tamaña”.

(…)

“Pero no moriré así desamparado: antes tendrán de mí los moros mal mercado; tales cosas hará antes este cuerpo penado, que, mientras dure el mundo, siempre será contado”.

“Si me quisieras Tú tanta gracia otorgar que me pudiera yo a Almanzor allegar, no creo que pudiera vivo de mí escapar, yo mismo cuidaría de mi muerte vengar”.

(versos 551-558)

Preparado para la muerte, preparado para morir matando y pidiendo a Dios que le concede llegar hasta al moro Almanzor para matarlo con sus propias manos, el conde don Fernando lamenta a su vez el destino de Castilla y de España, en ciernes de ser destruidas por Almanzor.

Sin embargo, ha llegado el momento de que la promesa que se le hizo en sueños en san Pedro de Arlanza se cumpla. Y el apóstol Santiago y su mesnada de ángeles cruzados bajarán de lo Alto para ayudar a Fernán González y sus castellanos, a derrotar a los moros:

Oyó una gran voz que lo estaba llamando: “¡Fernando de Castilla, hoy aumenta tu bando!”

Alzó arriba los ojos a ver quién le llamaba, y vio que el santo apóstol encima de él estaba, con él de caballeros gran compañía llevaba, todos armas cruzadas, según le semejaba.

Fueron contra los moros las haces preparadas, nunca vio ningún hombre gentes tan esforzadas; el moro Almanzor con todas sus mesnadas fueron luego con ellos fuertemente embargadas.

Viendo en la misma enseña tantos pueblos armados, tuvieron muy gran miedo, fueron mal espantados; de cuál parte venían eran maravillados; lo que más les pesaba: que eran todos cruzados…

Dijo el rey Almanzor: “Esto no puede ser; ¿de donde creció al conde un tan fuerte poder? Pensaba yo hoy sin duda matarle o prender, y es él quien con sus gentes nos ha de acometer”.

(versos 561-564)

Almanzor y su imponente ejército, serán así estrepitosamente derrotados, y la ayuda celestial de Santiago y su hueste de ángeles guerreros, salvarán a Castilla y España de ser destruidas a manos de los moros. Al frente del ejército vencedor, Fernán González, en quien las promesas anunciadas para él en “la profecía” del monje Pelayo se habrán cumplido; al tiempo que a lo largo de la saga del héroe castellano, episodios e imágenes propias del legendarium de la antigua Europa, se habrán hecho presentes como eco de una esencia perenne, mantenida a lo largo de los siglos…

*

El poema de Fernán González es en definitiva, un regalo de la tradición literaria española, en este caso en lengua castellana, que nos acerca a los principios y valores, ética y estética, no ya del Medievo, sino de la propia Europa pre moderna. Encontrando en ésta, esa pureza, autenticidad, magia y épica que tantas veces se echa de menos, en los malhadados días de la Edad Oscura…

Son ruinas del pasado, cierto es que es así, y cierto es que no tiene sentido querer hacer revivir dichas ruinas. Pero su papel en el Kali Yuga no es ser revividas sino recordadas. Para a partir de dicho recuerdo, recibir la inspiración necesaria para buscar lo perenne y eterno que las ruinas señalan; y entonces sí, “hacer cruzada” para traerlo de vuelta a nuestro a tiempo…

 

Las Leyendas, la Sabiduría y el alma de los Pueblos

en Espiritualidad por
LAS LEYENDAS, LA SABIDURÍA Y EL ALMA DE LOS PUEBLOS

En el programa de radio de la Escóbula de la Brújula. Con Jesús Callejo, Carlos Canales, Juan Ignacio Cuesta y David Sentinella. Acompañados de nuestro frater Julio César Pantoja y en una noche donde las Leyendas cobran todo el protagonismo. Acercándonos a la sabiduría de nuestros ancestros y al alma de los pueblos de España a través de ellas…

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La llamada de la España Mágica

en España/Espiritualidad por
GORGONA Muerte Triunfal, Trascendencia e Inmortalidad

Con motivo del “Congreso de la España Mágica” (tercero que habríamos organizado en Toledo en los últimos años), tuvimos la oportunidad de participar en  la conferencia inaugural con una ponencia breve pero concisa y directa, sobre los contenidos fundamentales de la Tradición. Entendida ésta en su sentido perenne y sapiencial. Las claves de la Escuela Tradicional como camino de formación personal y argumento de vida. También quizás como levadura revolucionaria frente al nihilismo moderno…

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