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Magia y Épica en la literatura medieval (II)

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El cantar de Mío Cid

Magia y Épica en la literatura medieval: El cantar de Mío Cid

El cantar de mio Cid, es nuestro gran cantar de gesta… escrito por un autor anónimo a principios del siglo XIII en plena Edad Media, y en la gran época de la épica medieval, en él las leyendas y romances que trenzaron los juglares durante cien años, alrededor de la figura histórica del Cid Campeador, tomarán cuerpo en una gran “saga”. Un gran relato en el que el héroe desterrado y su mesnada, a golpe de espada, razias y cabalgadas (“si con moros no lidiamos nadie nos dará el pan” verso 34-673), consiguen finalmente el triunfo de conquistar Valencia y hacer del Cid su señor.

El héroe cumplirá de este modo un gran destino y su honra quedará recuperada y engrandecida. La nobleza de título pero sin hazañas que conspiró contra él y que después quedará retratada en los cobardes y viles infantes de Carrión, se contrastará con el humilde infanzón castellano que por “sus obras”, merecerá la fama y la gloria.

El Cid es así uno de los grandes arquetipos de la tradición española en lengua castellana. Un héroe a través de cuya figura todo un ideal antropológico de hondas raíces identitarias y espirituales, se manifiesta con esplendor y fuerza aleccionadora. No podía faltar entonces en “La Forja y la Espada”…

Los fragmentos del cantar están elaborados a partir de la versión del texto antiguo de Ramón Menéndez Pidal y de la prosificación moderna llevada a cabo por Alfonso Reyes.

*

Según la leyenda y el romancero, fue en la jura de santa Gadea, que se sembró la enemistad entre el rey Alfonso y el Cid Campeador. Obligado el rey por el propio Cid a jurar ante los “espatarios” del finado Sancho II, que nada había tenido que ver en el asesinato de éste, el recelo que aquel día se sembró, será el que finalmente propiciará el destierro del Campeador… Destacados miembros de la nobleza leonesa, envidiosos de la fama y buen nombre del héroe castellano, aprovecharán el desencuentro del rey Alfonso con el antiguo armiger regis de Sancho II, para intrigar contra él. Siendo entonces que tomando como excusa el enfrentamiento del Cid con el noble leonés García Ordoñez, por el cobro de las parias de la taifa de Sevilla, se declarará la “ira real” y el Cid será desterrado de Castilla…

Es precisamente con el “cantar del destierro” que comenzará la gesta o “saga” del Cid Campeador. Todo ello conforme a una línea argumental en la que a la deshonra del destierro con la que comienza el cantar, se contrapondrá la honra final, recuperada y enaltecida, de casar a sus hijas con los reyes de Navarra y de Aragón. Hasta el punto de decirse que los “reyes de España” a partir de ese momento, serán descendientes del Cid (versos 152, 3722-3724).

En el camino, los buenos augurios al partir al destierro. Después la vida montaraz a la intemperie acompañado de su leal mesnada, haciendo la guerra por su cuenta contra los moros. Ganando riquezas y plazas y sabiendo mantenerlas. Finalmente la conquista de Valencia, convirtiéndose en señor de ésta. Defendiéndola contra los reyes moros de Marruecos y los imponentes ejércitos que mandan para recuperarla. Saliendo siempre victorioso y cada vez más grande en fama, tierras, hombres y riquezas.

Todo un hilo argumental que parecerá hundir sus raíces no sólo en la propia historia del Cid, sino también en tramas de antiguos relatos tradicionales a lo largo y ancho de toda Europa, en diferentes sagas y leyendas tanto del Medievo, como de la Europa pagana. Como si en la vida del Cid y a partir de la idealización inevitable de un cantar de gesta, lejanos ecos de la Tradición, pudieran aún hoy estar llegándonos…

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El Cid sale al destierro: Primer augurio.

El Cid cabalga al destierro y al salir de Vivar y entrar en Burgos una señal… Un córvido de alas negras. El pájaro de Lug y Wotan. El augurio del antiguo mundo celto-germano que al comenzar el héroe su aventura, le reconforta y da confianza. “¡Albricias!”-exclama el Cid-“ahora somos desterrados pero algún día, volveremos cargados de honra”…

A la salida de Vivar vieron la corneja a diestra, e entrando en Burgos la vieron a siniestra; Meció mío Cid los hombros y sacudiendo la cabeza: “¡Albricias Alvar Fañez que echados somos de tierra, más a gran honra tornaremos a Castiella!”

(versos 2, 10)

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Llanto y ánimo en el destierro y confianza en la Providencia:

El Cid deja atrás mujer e hijas. Se le arruga el corazón ¡Cuándo volverán a verse! No termina de partir y va girando la cabeza para verlas una vez más. Pero su leal camarada Minaya le anima el corazón y devuelve el coraje: “¡Dejémoslo estar!”. Confiemos en la Providencia y hagamos nuestro camino. Espoleemos los caballos y vayamos adelante. Si Dios nos dio un alma, también nos dio fuerza. Las penas por eso algún día pueden tornarse en alegrías…

El Cid a doña Jimena íbala a abrazar, doña Jimena al Cid la mano va a besar, llorando de los ojos non sabe que se far (…) agora nos partimos ¡Dios sabe el ajuntar! (…) Mío Cid de los vasallos va ya a cabalgar, todos esperando tornando la cabeza va…

A la sazón fabló Minaya Alvar Fañez: “Mío Cid, nacido de madre en buena hora ¿qué es de vuestro ánimo? Pensemos sólo en aguijar y dejémoslo estar. Aun todos estos duelos en gozo se tornarán. Que Dios nos dio las almas, consejo nos dará”

(versos 18, 368-382)

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Última noche en Catilla: Segundo augurio.

Es la última noche antes de salir definitivamente de Castilla y el Cid a pesar de las tribulaciones, queda dormido de manera plácida y profunda. Tiene entonces en sueños una visión “sobrenatural”. Un ángel se le aparece y reconforta: “¡Cabalgad mío Cid! Confiad en vosotros mismos. Todo ha de salir bien”. Un episodio malhadado de nuestra vida puede no ser, sino el camino que conduce a la Gloria…

Venida la noche, el Cid se acostó y un dulce sueño lo invadió. El ángel Gabriel a él vino en visión: “Cabalga Cid, el buen Campeador, que nunca en tan buen punto cabalgó varón. ¡Todo te ha de salir bien mientras vivas!”. Cuando el Cid despertó, la cara se santiguó.

(versos 19, 404-410)

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El Cid y sus 300 saquean por libre tierras de moros:

Sin más bienes y riquezas que su coraje, sus armas y sus trescientos leales, el Cid se adentra en tierras de moros buscando fortuna. Como una mannerbünde de guerreros libres en pos de mejor ventura, la noche será su aliada y la razia, el espíritu resuelto y el ataque relámpago, su oportunidad…

El Cid y su mesnada cabalgan vagabundos por tierras de moros y pronto toda España estará sobre aviso, de que aquel que pueda ser su presa, estará en serio peligro…

Pasaremos la sierra, que es harto escabrosa y empinada, y así podremos dejar esta noche las tierras del rey Alfonso. Al que después quiera buscarnos, no le constará trabajo encontrarnos (…) en medio de un bosque maravilloso y tupido, mando el Cid parar y dar cebada. Allí manifestó a sus hombres que quería caminar de noche (…) toda la noche anduvieron sin descansar y cerca de un lugar que llaman Castejón de Henares, el Cid se puso a preparar una emboscada…

(versos 22, 422-436)

Mío Cid-le dice Minaya-tú que en buena hora ceñiste espada, puesto que ponemos a Castejón celada, conviene que os quedéis aquí con cien de los nuestros; a mí me daréis doscientos para ir en vanguardia. Con Dios y ventura ¡saldremos bien de la empresa!

Decís bien Minaya. Abrid vanguardia con doscientos hombres (…) arremeted con osadía, nos haga el miedo perder la presa. Por Hita abajo y por Guadalajara hasta Alcalá, asegurad toda la ganancia, que no por miedo a los moros se vaya a perder nada. Yo quedaré de retaguardia en Castejón que es buen abrigo. Si ocurriese peligro en vanguardia, presto mandadme aviso. De aqueste hecho va hablar toda España…

(versos 23, 439-453)

Ya rompían albores y venía la mañana ¡cuán hermoso Dios, el sol despuntaba! Los de Castejón se levantan, abren sus puertas y salen a sus labores y sus heredades. Todos se han marchado ya, dejando las puertas abiertas, y muy pocos quedan y los demás se han diseminado. El Campeador abandona entonces su escondite y cae sobre Castejón (…) se encamina a la puerta de la ciudad y los que la guardan cuando ven venir tanta gente, llenos de terror, la desamparan. El Cid entra entonces por la puerta franca, la espada desnuda en la mano y da muerte a quince moros que encuentra a su paso. Gana Castejón y su oro y su plata. Sus hombres se le acercan con el botín y sin preciarlo en nada, lo dejan en sus manos.

En tanto los doscientos que van en la vanguardia, corren y saquean toda la tierra. Hasta Alcalá llega la enseña de Minaya, y de allí vuelve con el botín Henares arriba y por Guadalajara. Traen grandes ganancias, rebaños de ovejas y vacas (…) Y donde se ve pasar la orgullosa enseña, no hay quien se atreva a asaltarlos por la espada. Vuelven con todo lo ganado hasta Castejón donde el Cid les esperaba.

(versos 23, 456-485)

*

El Cid reparte el botín entre sus hombres y Minaya renuncia a su parte con voto solemne:

Como una fratría guerrera del antiguo mundo celto-germánico, el Cid ejerce de “jefe redistributivo” y entre sus hombres reparte el botín. Pero efectivamente, como si el antiguo mundo de las mannerbünde indoeuropeas siguiera presente en la España Medieval, uno de sus hombres renuncia al botín. Como los guerreros consagrados a su jefe hasta la muerte de la antigua devotio hispánica, Minaya bien se paga su esfuerzo con la propia lealtad y entrega que profesa a su señor; y por ahora, no necesita más…

“Ilustre Campeador, mucho os lo agradezco. De esta quinta que me ofrecéis, hasta el rey Alfonso quedaría bien pagado, pero yo os lo devuelvo. Y aquí prometo a Dios que está en lo Alto, que yo no me satisfaga de lidiar en campo contra los moros sobre mi caballo, empleando mi lanza y metiendo mano a la espada, hasta que chorree la sangre por el codo, delante de Ruy Díaz, el gran combatiente, no he de aceptar ningún dinero. Cuando yo os haya ganado algo realmente valioso, aceptaré mi parte; entre tanto, tomadla toda para vos…”

(versos 24, 493-505)

Se satisface y paga con el luchar contra los moros a las órdenes del Cid. Consagrado totalmente a su señor. Y si más adelante algo destacable gana, entonces sí aceptará su parte, hasta entonces, la misma guerra junto al Cid es el pago que recibe por su lealtad…

*

Los moros cercan al Cid en Alcocer y éste sale a la carga para romper el cerco:

La vida de cabalgadas, venturas y saqueos acrecienta el poder y fama del Cid así como el temor de que pueda ir a más. Pronto tratarán de impedírselo…

El rey moro de Valencia está prevenido de las razias del Cid por tierras de moros en Castejón, la Alcarria, Ariza, Cetina y ahora Alcocer. Y se decide a pararle los pies enviando un gran ejército para cercarlo allí y acabar con él. El “desterrado” del rey Alfonso sin embargo, no se dejará amedrentar… Y al amanecer sale en tromba con sus huestes por las puertas de Alcocer, dispuesto a luchar a brazo partido contra los moros:

Abrieron las puertas y salieron, y las avanzadas moras al verlos, corrieron a dar la voz de alarma. ¡Con que prisa se arman los moros! Tanto es el ruido de sus tambores que se estremece la tierra…

(…)

Embrazan frente a los pechos los escudos, enristran las lanzas, envuelven los pendones y se inclinan sobre los arzones con ánimo de acometer denodadamente. El que en buena hora nació dice a grandes voces: “¡A ellos, mis caballeros, en el nombre de Dios! ¡Yo soy Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador!

(…)

Allí vierais subir y bajar lanzas, pasar y romper adargas, lorigas quebrantarse y perder las mallas, tantos pendones blancos salir enrojecidos de sangre, tantos hermosos caballos sin jinete. Los moros invocan a Mahoma los cristianos a Santiago, y a poco ha, yacían en el campo no menos de mil trescientos moros.

(versos 34, 693-696; 35, 715-721 y 36, 726-732)

A Minaya Alvar Fañez matáronle el caballo, lo acorren entonces mesnadas de cristianos. La lanza ha quebrado a la espada metió mano, y aunque va a pie buenos tajos va dando.

Violo el Cid Ruy Díaz el Castellano, y acercándose a un general moro que traía un buen caballo, tiróle de diestra tal espadazo, que cortóle por la mitad y el otro medio cayó al campo. Después se acercó a Alvar Fañez para darle el caballo: “Cabalgad Minaya que vos sois el mi diestro brazo y hoy en este día de vos haré gran bando. Ved que los moros están firmes, aún no los echamos del campo. Menester es que lo acometamos de cabo”.

(versos 38, 744-756)

A Minaya Alvar Fañez le salió bueno el caballo, de aquestos moro mató treinta y cuatro; ¡Oh tajante espada, cuan ensangrentado trae el brazo! Por el codo la sangre le va chorreando: “Ahora si estoy satisfecho, ahora llegarán a Castilla buenas nuevas de que el Cid Ruy Díaz en batalla campal ha ganado. Hay tantos moros muertos que pocos vivos ha dejado”.

(…)

Veíase al Cid sobre su caballo, espada en mano, fruncida la cofia y caída sobre la espalda la capucha de la loriga ¡Oh Dios cómo es de buen barbado!

A los suyos va diciendo: “¡Gracias a Dios que está en los cielos, nuestra es la victoria!”

(versos 40, 778-793)

*

El Cid, conquistador y señor de Valencia:

En tierras de moros, prendiendo y ganando, durmiendo los días y las noches trasnochando, ganando villa a villa Mío Cid pasó tres años.

(versos 71, 1167-1169)

Quien quiera perder cuitas y venir a ganar, vengase con el Cid que sabe batallar, que cercar quiere Valencia para a los cristianos dar.

(versos 72, 1189-1191)

El Cid continúa su carrera de “guerrero libre e independiente” en lucha contra los moros y si bien no ceja en mandar presentes al rey Alfonso (tratando así de lavar su buen nombre y recuperar el favor real) sus sucesivas victorias le conducen hasta Valencia, a la que finalmente pondrá cerco y tras diez meses de asedio conquistará.

La caída de Valencia en manos del Cid; conseguida por un caballero que salió desterrado de Castilla con 300 hombres y que a base de razias, batallas y victorias, ha conseguido juntar en torno suyo un ejército de 3600 (versos 77, 1263-1265), e incluso conquistar la propia ciudad de Valencia, se convierte en una notica que llegará hasta el último rincón de España… Tanto así que cruzará el estrecho de Gibraltar y llegará a oídos del rey de Marruecos. Éste juntando un imponente ejército de 50000 hombres (versos 88, 1625-1626), se decidirá entonces a desembarcar en las playas de Valencia dispuesto a poner fin para siempre con el Cid Campeador. El héroe castellano le recibe sin embargo sin temor alguno e incluso con alegría…

¡Loado sea el Creador y Padre Espiritual! (…) Con grandes afanes gané a Valencia que hoy tengo por heredad; no la he de dejar mientras viva (…) hoy están conmigo mi mujer y mis hijas (…) No puedo menos, he de empuñar las armas, mi mujer y mis hijas me verán lidiar; ahora verán cómo se vive en tierras extrañas; ahora van a ver con sus propios ojos cómo se gana el pan.

Suben al Alcázar su mujer y sus hijas y al alzar los ojos ven éstas el campamento y tiendas de los moros:

-“¿Qué es esto mío Cid en el nombre de Dios?”

-“Ea, honrada mujer ¡no os aflijáis!. Esto es la riqueza maravillosa y grande que viene a buscarnos. Apenas habéis llegado y ya quieren haceros presentes. Ahí os traen el ajuar para vuestras hijas…”

(versos 90, 1633-1650)

Izadas están las tiendas. Tañen presurosamente los tambores. Ya rompe el alba. El Cid exclama lleno de júbilo: “Gran día será este”.

Pero su mujer tiene miedo y quiere rompérsele el corazón, otro tanto acontece a sus damas y a sus dos hijas (…) Acariciándose la barba el Cid Campeador les dice: “No tengáis miedo (…) antes de quince días, si Dios quiere, estarán en nuestras manos aquellos tambores que ahora oís y os los traerán para que veáis como están hechos, y luego serán dados al obispo don Jerónimo para que cuelguen en el templo de santa María, Madre del Creador”.

(versos 91, 1657-1668)

Las tropas del Cid y las huestes moras del rey de Marruecos, tienen un primer enfrentamiento en la huerta de Valencia, donde los moros recibirán un primer correctivo perdiendo frente a las mesnadas del Cid a 500 hombres (versos 92 1675-1678). Sin embargo la verdadera batalla será al día siguiente…

“Oídme caballeros-les dice el Cid-hoy es un buen día, mejor será el de mañana. Antes de que aclare armaos todos; el obispo don Jerónimo nos dará la absolución, nos dirá misa… y a cabalgar. Iremos a atacarlos (…) en nombre del Creador y del apóstol Santiago (…) todos responden: “De voluntad y de corazón lo haremos”.

(versos 93, 1685-1698)

Cae el día y entrada es la noche. La gente cristiana se está aprestando sin tardanza. Al segundo canto del gallo, antes de que amanezca, les dice misa el obispo don Jerónimo (…): “Al que muera hoy lidiando de cara yo le absuelvo de todos sus pecados y Dios recibirá su alma”.

(versos 94, 1699-1710)

El Cid salta sobre su caballo Babieca, que provisto va de toda guarnición. Sale con ellos la enseña (…) con el Cid casi cuatro mil y denodadamente van a atacar a cincuenta mil contrarios (…) El Cid empleó la lanza y a la espada metió mano, mato innumerables moros, la sangre por el codo le está chorreando. Tres golpes le asesta al rey Yusuf pero éste escapa a caballo. Se oculta en el castillo de Cullera y hasta allí le sigue el Cid para alcanzarlo. De allá volvió el bienhadado, muy complacido de capturarlo. Entonces supo lo que valía Babieca de la cabeza hasta el rabo.

(…)

Alegre está el Cid, no menos sus vasallos, que Dios les hubo merced, que vencieron el campo (…) Con cien caballeros a Valencia es entrado, fruncida trae la cofia y el yelmo se ha quitado, así entró sobre Babieca, la espada trae en la mano. Recibiéronlo las damas que lo estaban esperando (…) “Me humillo ante vosotras, buen botín he ganado. Vos guardando Valencia yo venciendo en el campo. Así lo quiso Dios y todos los sus santos (…) Ved la espada sangrienta y el sudoroso caballo, así se vence a los moros cuando se lucha en el campo (…) Así dijo mío Cid, después se apeo del caballo…

(versos 95, 1714-1753)

La “saga” del Cid como la de un “héroe de antaño” le lleva finalmente a conquistar una gran ciudad y proclamarse señor de ésta. Allí recibe con alegría el desafío de defenderla y el orgullo de mostrar su modo de vida, espada en mano, manchado de la sangre de sus enemigos y sobre su sudoroso caballo. Hecho a sí mismo en la virtudes guerreras del honor y el valor…

Posteriormente los moros volverán a atacar Valencia esta vez con el rey Bucar al frente. De nuevo serán derrotados y en esta ocasión el obispo don Jerónimo se adelantará para arremeterlos, matando a dos moros con sus primeros golpes, rompiendo su lanza y continuando entonces con la espada, hasta matar otros cinco (versos 117, 2383-2389). El Cid y sus hombres por su parte, cargarán abriendo brecha en el campamento del rey Bucar, llegando a quebrar las estacas y rodar los postes que rodean las tiendas del rey moro, obligando a éste a escapar (versos 117, 2399-2402). Lo persigue entonces el Cid hasta alcanzarlo…

Mío Cid al rey Bucar llegó a alcanzar: “Vuelve acá Bucar, que veniste allende el mar y ahora has de habértelas con el Cid, el de la luenga barba. Tenemos que besarnos y pactar amistad”. A lo que Bucar responde: “¡Dios confunda tales amistades! Que traes espada en mano y te veo aguijar, o mucho me equivoco o en mis carnes la quieres probar

(…)

Al fin, a tres brazas del mar, logra el Cid emparejarle, levanta en alto la Colada y le descarga un furioso tajo que, arrancándole los carbunclos del yelmo, le abre la cabeza abajo hasta la cintura (…) Así venció la maravillosa y gran batalla. Así se honró el Cid y todos los que estaban de su parte.

(versos 118, 2409-2428)

Como la de un guerrero furibundo y barbado la espada del Cid golpea con una violencia inusitada, abriendo en canal a su enemigo de la coronilla hasta el vientre… Ya le hemos visto anteriormente en escena de similar violencia, cortando por la mitad a un general moro en el cerco de Alcocer.

El Cid espada en mano a hecho su camino. Del destierro y la deshonra a la conquista de Valencia y la victoria contra los reyes moros de Marruecos. Los buenos augurios y el sueño profético de los días de su partida se han cumplido. Sus esfuerzos y fatigas, vagabundo y saqueador desterrado de Castilla, han tenido su fruto, y ahora ya es señor de Valencia. Con su mujer y sus hijas orgullosas de nuevo a su lado.

El cantar continuará con el perdón real y su reconciliación con el rey Alfonso. Y finalmente incluso irá un paso más allá y tal como decíamos al empezar este artículo, tras la afrenta de Corpes y la derrota de los infantes de Carrión, las hijas del Cid se casarán con los reyes de Navarra y Aragón. Su humilde linaje acabará emparentado con el de los reyes de España y éstos, tendrán en su haber que sus hijos y nietos, llevarán la sangre del Cid en sus venas…

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El héroe por excelencia de la España Medieval reflejará así en la “saga” de su cantar, no sólo los ideales de la sociedad medieval española, sino también algunos de los mitemas esenciales del mundo de la Tradición y su vis heroica. Uniéndose lo perenne y contingente en la vida y leyenda de un héroe castellano cuya saga, estará en los orígenes mismos de la tradición literaria española. Haciendo entonces de ésta, reflejo, lección y enseñanza, de las Verdades del Espíritu…

 

Magia y Épica en la literatura medieval (I)

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Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

El poema de Fernán González es un verdadero tesoro de la literatura medieval española. Escrito en el siglo XIII, a partir de un posible cuerpo de antiguas leyendas que cantaban los juglares y que configuraban la “saga” del conde don Fernando; el poema las reelabora en un único relato coherente y ordenado, que es reivindicación tanto de los valores caballerescos y guerreros que encarna Fernán González, como de la propia Castilla, la Reconquista y España.

Dotado de toda una dimensión mágica y épica realmente sugestiva e inspiradora, en la que no faltan la Profecía, la Caza Salvaje o la Mesnada Celestial, no podía dejar de estar presente en La Forja y la Espada…

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El destino del Héroe:

El Héroe, está destinado a cumplir un gran destino. A hacer de su vida y obra referente y ejemplo para las generaciones venideras así como fundación de un “nuevo tiempo” que simbólicamente, se recoge en muchas ocasiones en la idea del “reino bienaventurado” o “reino elegido”. El héroe así en este mitema, recibe en algún momento del comienzo de su saga, una señal que le indica ya su horizonte futuro de grandeza; las grandes gestas a las que está llamado y que a partir de ese momento, le espolearán para no desfallecer en su ventura y seguir confiado y decidido la misión encomendada.

Del mismo modo, esta señal que recibe, no la recibe de cualquier manera, sino que es siempre fruto de una situación inesperada, en ocasiones aparentemente casual, pero mayormente dotada del sello de lo providencial.

Tal será el caso de Fernán González, héroe fundador del Reino de Castilla que través de leyendas y romances, se nos presentará tanto como adalid de la Reconquista, como ejemplo palmario de virtudes guerreras y caballerescas. Siendo entonces que al comienzo de su saga, y en un episodio cargado de la imaginería propia del antiguo mundo celta, el héroe, se extraviará en una cacería persiguiendo un gran jabalí, llegando de este modo a una antigua y apartada ermita, cubierta por la vegetación, en la que un solitario monje, le rebelará su destino…

Para cazar un puerco metiose en las montañas (…) cabalgó en su caballo lejos de sus compañas (…) El puerco se acogió en un fiero lugar (…) huyo hasta una ermita, entró tras el altar. Aquella ermita estaba por la yedra cercada, por lo cual toda ella no se veía nada (…) No pudo por la peña el conde aguijar; reteniendo las riendas túvose que apear, por donde el mismo puerco entró en ese lugar, penetró en la ermita, llegó hasta el altar. Cuando vio don Fernando tan honrado lugar, dejó tranquilo al puerco, no lo quiso matar…

Imbuido de respeto por lugar que ha encontrado, Fernán González no puede evitar pronunciar una oración:

“Señor, a quien temen los vientos y la mar, si yo he errado en esto, me debes perdonar. A ti me manifiesto, Virgen Santa María, que de esta santidad Señora, no sabía; para hacer yo enojo aquí no entraría sino para dar ofrenda o a hacer romería”.

Acabada su oración aparece en la ermita un monje, habitante solitario del lugar que ha oído la plegaria de Fernán González. Su nombre es Pelayo y habiéndose apartado nuestro héroe de sus hombres y habiendo caído ya el atardecer, Pelayo le invita a hacer noche en la ermita.

Comparten para cenar un humilde pan de centeno que le ofrece el monje y ya en la oscuridad de la noche fray Pelayo profetiza el destino de Fernán González:

“Hágote, oh buen conde, de esto sabedor: que quiere tus acciones guiar el Creador (…) Harás grandes batallas en la grey descreída, muchas serán las gentes a quienes quites la vida, ganarás de la tierra una buena partida, la sangre de los reyes por ti será vertida”…

(versos 227-239)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ermita de san Pelayo. Donde a Fernán González se le habría profetizado su destino. Foto de Photoletum.

Efectivamente el fragmento seleccionado se comenta casi por sí mismo. El héroe, tal como ocurre en numerosas leyendas paganas de la Europa precristiana, extraviado en una cacería en un paraje agreste o boscoso, acaba por encontrar allí la clave de su destino, que a partir de ese momento, será el argumento definitivo de su vida…

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La Caza Salvaje:

El continuo guerrear del conde con unos y otro aún a pesar de las heridas y fatigas acaba por hastiar a sus hombres que lamentan la vida sin tregua a la que se ven sometidos…

Estaban contra el conde fuertemente airados (…) porque debían siempre, por fuerza, andar armados. Holgar no los dejaba ni estarse sosegados; decían: “No es tal vida sino para pecados, que andan de noche y día y nunca están cansados; él parece Satán, nosotros sus criados.

Porque lidiar queremos y tanto lo amamos, no reposamos más que cuando almas sacamos; los de la Hueste Antigua, a éstos nos semejamos, pues todas cosas cansan y nunca nos cansamos”.

Los hombres de Fernán González deciden entonces decírselo. Están cansados de tanto batallar y quieren parar:

“Los vientos que son fuertes los vemos descansar; la mar que es airada, la vemos amansar; el diablo no se cansa, pues nunca puede holgar, nuestra vida a la suya se quiere asemejar”.

(versos 340-341)

El fragmento es interesantísimo, pues en un contexto de literatura medieval española, estamos encontrando y así lo hemos subrayado, la referencia a uno de los mitos fundamentales del antiguo mundo céltico y germánico. El mito de la “Caza Salvaje”, que obviamente aquí se nos presentará desde la perspectiva cristiana, asemejándose entonces “la cabalgata de Odín”, al mismísimo diablo…

La Caza Salvaje, conocida en Castilla como “Hueste Antigua”, hace referencia a la interpretación que desde el cristianismo medieval se hace del mito pagano de la mesnada espectral que acompaña al dios de la guerra. Mesnada espectral que a su vez estará referida a las antiguas mannerbünde o cofradías guerreras del mundo celto-germánico. Fratrías de hombres armados consagrados al dios de los muertos en combate y la magia guerrera del “furor”.

Desde el cristianismo, estas antiguas creencias y prácticas de magia guerrera, serán asemejadas al diablo y en las leyendas medievales referidas a la Caza Salvaje, la idea de lo infernal estará siempre presente. Si bien la idea de “condenación” no se encontrará como tal en los orígenes del mito.

En la misma línea y muy posiblemente, muchas de las mascaradas de invierno que aún se conservan en España y Europa, estén referidas también a los mitos de la “Caza Salvaje”, la magia guerrera y el “séquito de Odín”…

En todo caso, que en el poema de Fernán González, su mesnada no pueda sino asemejarse a la “Hueste Antigua”, con el propio conde don Fernando como líder de la hueste guerrera y “maldita” de las antiguas leyendas paganas, no dejará de ser altamente significativo…

*

La vida como Milicia:

Los hombres de Fernán González y como hemos visto, se quejan de la vida sin tregua que están llevando y quieren parar. Tanto batallar les ha hastiado y piden descanso. La réplica del conde será aleccionadora: la vida misma es lucha, la muerte es el descanso definitivo, el tiempo corre inexorable y no tiene marcha atrás, las grandes obras requieren grandes esfuerzos y hombres dispuestos a afrontarlos, la memoria de las hazañas y grandes venturas es el mejor legado que se puede dejar; nuestras vidas están llamadas a tener resonancia en los siglos por llegar…

“Nunca debe, el que puede, una lid aplazar, quien tiene buena hora otra quiere esperar; nunca un día perdido se puede recobrar, jamás en aquel día nos podemos tornar. Cuando el hombre su tiempo quiere en balde pasar, no quiere de este mundo otra cosa llevar sino el estar ocioso y dormir y holgar; de tal muere la fama cuando llega a finar.

El dichoso y el mísero ambos han de morir, ni uno ni el otro pueden de ello huir; quedan los buenos hechos: estos han de vivir, de ellos toman ejemplo los que han de venir.

Todos los que un gran hecho quisieron realizar, por muy grandes trabajos tuvieron que pasar; no comen cuando quieren ni cena ni yantar, los vicios de la carne débenlos olvidar. No cuentan de Alejandro las noches ni los días, cuentan sus buenos hechos y sus caballerías (…) si tan buenos no fueron, hoy serían olvidados; serán los buenos hechos hasta el fin contados.

Por tanto es necesario que los días contemos, los días y las noches en qué los expendemos; cuantos en balde pasan no los recobraremos; amigos bien lo veis, que mal juicio hacemos”…

(versos 351-360)

Con argumentos similares y previamente a este discurso, en la primera lucha que libra Fernán González contra Almanzor (derrotándolo en Lara), encontramos una situación similar. En este caso, teniendo que responder a algunos de sus hombres que se encuentran amedrentados, frente al poderío del ejército moro que comanda Almanzor. La réplica del héroe castellano será de nuevo antológica y en ella el ideal de la vida como milicia, se verá aderezado con el deber de recordar a los antepasados y tener presente su legado a la hora de afrontar las adversidades y amenazas, que puedan cernirse sobre la patria…

“No puede el Hombre la muerte excusar, bien sabe que no puede escapar, horada muerte debe a la su carne dar.

Si tributo pagamos y la tregua obtenemos, de señores que somos vasallos nos haremos; en vez de que a Castilla de su aflicción saquemos, la aflicción en que era se la duplicaremos.

Nuestros antepasados lealtad siempre guardaron, sobre las otras tierras ellos la heredaron; por guardar lealtad, sus muertes olvidaron; todo cuanto quisieron con ella lo lograron.

(…)

Fueron nuestros abuelos mucho tiempo afrentados, pues los tenían los moros muy fuerte arrinconados, eran en poca tierra pocos hombres juntados, por el hambre y la guerra eran muy azotados.

Aunque mucha aflicción, mucha cuita sufrieron, de otros siempre ganaron, lo suyo no perdieron, por miedo de la muerte nunca yerros hicieron, a los sus adversarios por esto los vencieron.

¿Cómo se nos habría todo esto de olvidar? Lo que ellos tuvieron debémoslo heredar; si recordamos esto, no podremos errar, puedemos todo aquesto de mala acción librar.

Esforzad, castellanos, y no tengáis pavor; venceremos las huestes de ese rey Almanzor; libraremos Castilla de aflicción y de error: él será vencido, yo seré vencedor.

(…)

De todos los de España me haréis a mí el mejor, será grande mi honra, la vuestra será mayor”.

(versos 210-224)

De nuevo las mismas ideas que hemos visto anteriormente pero en este caso acompañadas de la idea del deber patriótico. La vida como milicia y la muerte como horizonte seguro que paradójicamente, da sentido a la existencia y la espolea, más allá de la molicie o la cobardía. Todo un compendio así de principios tradicionales de sabiduría perenne para el Hombre de alma guerrera. Tanto frente al hastío de las luchas de la vida, como frente al temor a la muerte…

*

La épica de la muerte en combate y la ayuda celestial:

En la “saga” de Fernán González destaca su lucha contra Almanzor. Primero en Lara y después en Hacinas. A través de sendos episodios el gusto por la “poética de la guerra”, tan propio de la cultura medieval y antigua, se expresará con especial brillo, enmarcándose a su vez en la mistificación de la Reconquista y de la propia idea de España.

Esta idea mistificadora del combate, la lucha contra los moros, la Reconquista, Castilla y España, alcanzará especial relieve con la figura del apóstol Santiago y su Mesnada Celestial; que a modo de apoteosis final cerrará la primera parte de la “saga” de Fernán González.

A través de todo ello y de nuevo, toda una concepción del mundo ajena a la Modernidad, se nos mostrará con especial belleza y fuerza evocadora…

En el primer enfrentamiento entre Fernán González y Almanzor se nos dice así:

Ponían toda su fuerza en guardar a su señor, no tenían de la muerte ni pesar ni dolor, el deber les quitaba de la muerte el pavor; no había para buenos otro mundo mejor.

(…)

Caballeros y peones firmemente lidiaban, todos, cuanto podían, a su señor guardaban; al decir él ¡Castilla! todos se esforzaban; los moros con todo esto, las espaldas tornaban.

(…)

Fue Almanzor vencido con sus caballerías: allí fue demostrado el poder del Mesias; el conde fue David, Almanzor fue Golías.

(versos 266-272)

Sin embargo, tras esta derrota de Almanzor en Lara, el líder mahometano, volverá al ataque en son de yihad con un ejército imponente traído de África:

Cuando fue Almanzor la otra vez vencido con el pesar que tuvo a Marruevos fue ido; fue el llamamiento en toda África difundido; fue, como a guerra santa, todo el pueblo movido.

Los turcos y los árabes, esas gentes ligeras, que son en las batallas unas gentes certeras, con sus arcos de nervios y ballestas certeras, de éstos venían llenos senderos y carreras.

Venían los almohades y los benimerinos, trayendo en los camellos sus hornos y molinos; venían también moros del oriente vecinos: de todos estos eran cubiertos los caminos.

De estas gentes venían allá sin cuenta ni tiento, no eran del mismo origen ni de un entendimiento, más feos que Satán con todo su convento al salir del Infierno sucio y carboniento.

(versos 388-391)

Frente a la amenaza del Almanzor y su renovado ejército traído de África, Fernán González se retirará al monasterio de san Pedro de Arlanza a orar. Preparándose así para el terrible desafío que se cierne sobre él y sobre Castilla:

“Señor, Tú dame esfuerzo, buen juicio y poder, para que Almanzor logre matar o vencer”

(…)

El espíritu del monje que en su día le profetizo un destino glorioso, se le aparecerá entonces en sueños anunciándole de que el día de la lucha, recibirá la ayuda del apóstol Santiago y su mesnada Celestial:

De paños como de sol todo venía vestido, nunca cosa más bella viera hombre nacido (…) “Despierta, ve adelante, que hoy aumenta tu bando; vete para tu pueblo que ya te está esperando”.

“Otorgate el Creador cuanto pedido has: en los pueblos infieles gran mortandad harás, de tus buenas compañas muchas ahí perderás, pero con todo el daño, el campo vencerás”

(…)

“Yo estaré allí contigo, Él me lo ha otorgado, allí estará el apóstol Santiago llamado; Cristo nos enviará a ayudar su criado; será con tal ayuda Almanzor abrumado.

Otros muchos vendrán como en una visión, con blancas armaduras: ángeles de Dios son; cada uno traerá la cruz en su pendón; al vernos perderán los moros el corazón…”

(versos 407-414)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ruinas de san Pedro de Arlanza. Donde Fernán González se retira a orar antes de su lucha contra Almanzor. Foto de Photoletum.

Llegada la batalla contra Almanzor en Hacinas y tras dos días de lucha denodada, castellanos y moros siguen en tablas aún a pesar de lo crudo del combate. Fernán González lucha al frente de sus tropas y hace tan gran mortandad entre los moros, que ninguno osa ponérsele delante.

Sin embargo llegado el tercer día, los castellanos sufrirán el tremendo revés de perder al campeón castellano Gustio González al tiempo que los moros, conseguirán cercar al propio conde don Fernando. Lo apurado de la situación llevará a Fernán González a contemplar su propia muerte y claro está, a hacerla frente espada en mano…

Tenía fuerte cuita el conde don Fernando, iba por si ocurría, su muerte preparando; alzó arriba los ojos al Creador rogando; como si con Él fuera, así le está llamando:

“Pues no tengo la dicha de esta lucha ganar, aunque escapar pudiera, yo no quiero escapar, ni he de ver nunca yo más cuita ni pesar: me pondré en un lugar donde me han de matar”.

“Castilla quebrantada quedará sin señor; me iré con esta rabia, mezquino pecador, pues será ella cautiva del moro Almanzor: por no ver ese día la muerte es lo mejor”.

“Señor ¿por qué nos tienes a todos tanta saña?; por los nuestros pecados, no destruyas España. Su pérdida sería, por culpa nuestra, extraña, pues de buenos cristianos no había otra tamaña”.

(…)

“Pero no moriré así desamparado: antes tendrán de mí los moros mal mercado; tales cosas hará antes este cuerpo penado, que, mientras dure el mundo, siempre será contado”.

“Si me quisieras Tú tanta gracia otorgar que me pudiera yo a Almanzor allegar, no creo que pudiera vivo de mí escapar, yo mismo cuidaría de mi muerte vengar”.

(versos 551-558)

Preparado para la muerte, preparado para morir matando y pidiendo a Dios que le concede llegar hasta al moro Almanzor para matarlo con sus propias manos, el conde don Fernando lamenta a su vez el destino de Castilla y de España, en ciernes de ser destruidas por Almanzor.

Sin embargo, ha llegado el momento de que la promesa que se le hizo en sueños en san Pedro de Arlanza se cumpla. Y el apóstol Santiago y su mesnada de ángeles cruzados bajarán de lo Alto para ayudar a Fernán González y sus castellanos, a derrotar a los moros:

Oyó una gran voz que lo estaba llamando: “¡Fernando de Castilla, hoy aumenta tu bando!”

Alzó arriba los ojos a ver quién le llamaba, y vio que el santo apóstol encima de él estaba, con él de caballeros gran compañía llevaba, todos armas cruzadas, según le semejaba.

Fueron contra los moros las haces preparadas, nunca vio ningún hombre gentes tan esforzadas; el moro Almanzor con todas sus mesnadas fueron luego con ellos fuertemente embargadas.

Viendo en la misma enseña tantos pueblos armados, tuvieron muy gran miedo, fueron mal espantados; de cuál parte venían eran maravillados; lo que más les pesaba: que eran todos cruzados…

Dijo el rey Almanzor: “Esto no puede ser; ¿de donde creció al conde un tan fuerte poder? Pensaba yo hoy sin duda matarle o prender, y es él quien con sus gentes nos ha de acometer”.

(versos 561-564)

Almanzor y su imponente ejército, serán así estrepitosamente derrotados, y la ayuda celestial de Santiago y su hueste de ángeles guerreros, salvarán a Castilla y España de ser destruidas a manos de los moros. Al frente del ejército vencedor, Fernán González, en quien las promesas anunciadas para él en “la profecía” del monje Pelayo se habrán cumplido; al tiempo que a lo largo de la saga del héroe castellano, episodios e imágenes propias del legendarium de la antigua Europa, se habrán hecho presentes como eco de una esencia perenne, mantenida a lo largo de los siglos…

*

El poema de Fernán González es en definitiva, un regalo de la tradición literaria española, en este caso en lengua castellana, que nos acerca a los principios y valores, ética y estética, no ya del Medievo, sino de la propia Europa pre moderna. Encontrando en ésta, esa pureza, autenticidad, magia y épica que tantas veces se echa de menos, en los malhadados días de la Edad Oscura…

Son ruinas del pasado, cierto es que es así, y cierto es que no tiene sentido querer hacer revivir dichas ruinas. Pero su papel en el Kali Yuga no es ser revividas sino recordadas. Para a partir de dicho recuerdo, recibir la inspiración necesaria para buscar lo perenne y eterno que las ruinas señalan; y entonces sí, “hacer cruzada” para traerlo de vuelta a nuestro a tiempo…

 

ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

en Cultura Celta/Espiritualidad por
ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

La conquista romana de Britania es uno de los episodios de la Historia Antigua, que mayor fascinación puede generar entre aquellos que todavía encuentran en el pasado, claves para entender el presente y la propia identidad.

Los druidas en Inis Mona, la revuelta de Boadicea, la sempiterna rebeldía de los galeses y por supuesto, las campañas en la brumosa y lejana Caledonia; en la actual Escocia. Y aquí el muro de Adriano, la misteriosa desaparición de la legión novena, en campaña al norte del muro y en el interior de las “Highlands”, y claro está los pictos, desde finales del siglo III d.C. asaltando el muro, en sucesivas guerrillas y luchas hasta el abandono definitivo de éste, a comienzos del siglo V. Con la caída del propio Imperio Romano…

En esta “última frontera” de Roma, la más septentrional de su Imperio, los “últimos hombre libres”, alzan su voz contra el invasor: Es el año 83 d.C. y el general romano Agrícola avanza sobre Caledonia. El resto de Britania ha sido mayormente sometida y sólo la actual Escocia ha quedado libre de las garras del águila romana. Los caledonios dejarán entonces a un lado sus disputas intestinas y se unirán en una gran coalición para hacer frente al invasor. Es la batalla del monte Graupius, en la que a pesar del coraje “escocés”, Roma se impondrá de nuevo de manera arrolladora. Para la posteridad quedará el discurso arengando a sus tropas del líder caledonio Calgaco. Recogido por Tácito y fuente como veremos, de enjundiosas lecciones de Honor y Libertad…

*

(Agrícola) llegó hasta el monte Graupius, que el enemigo ya había ocupado. Y es que los Britanos (…) se daban cuenta de que un peligro común sólo podían rechazarlo mediante la unidad, y habían reunido así fuerzas de todas las ciudades mediante legaciones y pactos. Se podían ver de este modo más de treinta mil hombres armados afluyendo en aquella dirección; toda clase de jóvenes y aún ancianos con energía y vigor, ilustres veteranos que lucían cada uno sus condecoraciones…

Entonces, se dice que un general, que destacaba entre todos por su valor y su linaje y de nombre Calgaco, habló de esta manera a la apretada multitud que allí se congregaba:

ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

“Cuantas veces reflexiono sobre las causas de esta guerra y sobre cuál será la actitud de los dioses para con nosotros, me siento bien seguro de que vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud; y no os queda ya tierra a vuestra espalda para retroceder y ni siquiera el mar, con el acecho de la flota romana, ofrece seguridad. Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes.

 

Las batallas anteriores que con fortuna variada se han sostenido contra los romanos, dejaban de nuestro lado la esperanza de estar a salvo, pues al ser el pueblo más noble y antiguo de toda Britania, y vivir apartados sin vista alguna a las costas de los esclavos (se refiere a las costas de la Galia), no llegábamos a imaginar siquiera una invasión. En el último baluarte de la libertad, la propia distancia y las incógnitas sobre nuestra fama, nos han defendido hasta hoy (…) Pero ahora Britania queda completamente al descubierto, pues tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”…

 

Por naturaleza, cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos.

 

Los esclavos nacidos para la esclavitud, son puestos a la venta una sola vez y además, sus amos los alimentan: Britania compra y sustenta su propia servidumbre diariamente… (…) en un mundo así a nosotros nos buscan para renovar el servicio y, baratos que somos, para exterminarnos; y es que ya no nos quedan campos, ni minas, ni puertos para cuya explotación nos guarden. Por otra parte, a los invasores no les gusta el valor y el orgullo de las gentes. La distancia y la independencia, cuanto más seguras parezcan, más desconfianza les provocan. No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria. Recordad a los brigantes, que a la ordenes de una mujer (se refiere al alzamiento de Boadicea), incendiaron una colonia, tomaron un campamento, y si su dicha no se hubiera convertido en negligencia, habrían podido liberarse definitivamente del yugo romano. Nosotros vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello; mostremos desde el primer evite qué clase de hombres se había guardado Caledonia para defenderse…

 

¿Creéis que a los romanos les asiste en la guerra un valor parejo a la molicie que les acompaña en la paz?… Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…

 

Todos los estímulos para la victoria están así de nuestra parte: no hay esposas que animen a los romanos, ni padres que vayan a reprochar su fuga; la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma. Los dioses nos los han entregado (…) temblando de ignorancia, mirando a su alrededor incluso un cielo y un mar, unos bosques, que desconocen por completo (…). No os asuste entonces su aspecto vano, el fulgor de sus oros y platas, que ni protegen ni hieren. Entre las filas del enemigo encontraremos ayuda: los Britanos reconocerán su causa, los Galos recordarán la libertad perdida, y los Germanos desertarán (…).

 

Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

Recibieron el discurso con vehemencia, al estilo de los bárbaros, entre bramidos, cantos y voces desacordes. Y ya se iniciaba el avance y refulgían las armas con el impulso de los más audaces…

(Tácito. Agr. 30-32, 4)

*

Sin entrar en las disquisiciones historiográficas sobre la mayor o menor veracidad histórica de este discurso, o sobre las fuentes que pudo manejar Tácito para elaborarlo, posiblemente adornándolo con elementos de su propia cosecha, lo cierto es que resulta realmente conmovedor…

En este sentido, las arengas a las tropas, tanto por parte de bárbaros como de romanos, están plenamente constatadas a lo largo de la Historia Antigua y es obvio, que para una ocasión tan señalada, el cabecilla de los rebeldes caledonios, no dejaría de dirigirse a sus hombres buscando elevar la moral y predisponerlos al combate.

Distinta es la cuestión de cómo Tácito documenta el discurso y lo elabora, muy posiblemente y como ya hemos señalado adornándolo; pero también muy posiblemente basándose en una realidad. Basándose en algo que ocurrió.

En cualquier caso, a nosotros lo que nos va a interesar aquí, es señalar algunas ideas que consideramos importantes sobre dignidad, honor, patriotismo y libertad. También sobre tiranía y despotismo, que se recogen en la arenga de Calgaco contra los romanos.

Fijémonos entonces en el primer párrafo, donde dice: vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud”. Para después añadir: “Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes”.

 

Tenemos aquí una primera idea interesante en torno a la unión de gentes afines, de lazos comunes y pueblos hermanos, que dejando a un lado sus diferencias, se unen para defender la libertad de todos. No la de caledonios, silures o brigantes, sino la de toda Britania. Gentes que nunca han vivido en esclavitud y que marchan juntas para seguir así.

Por otra parte otra idea también interesante en torno a las armas, a la lucha; a la idea de la necesidad de estar dispuestos a defendernos. No como cuestión ya de valientes o cobardes, sino como cuestión de evidente necesidad.

En el segundo párrafo nos encontramos después lo siguiente: “tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”.

 

Quizás este sea el fragmento más intenso y conmovedor. También el de connotaciones más románticas y evocadoras: Los “últimos hombres”, arrinconados en el extremo norte, lejos de las “costas de los esclavos”, a su espalda los acantilados y el mar pero enfrente, una amenaza aún peor: Roma. Una Roma que es descrita como un “Imperio del Mal”, de codicia y prepotencia. De avaricia y desmesura. De ansía ciega e innoble que con cinismo llama a sus matanzas y saqueos “Imperio”, y a la desolación que deja a su paso “Paz”.

Siglos después san Agustín nos dirá que si un estado no se consagra a la búsqueda del bien común y la verdad, no se diferencia de una partida de piratas más que en el tamaño…

Las peores imágenes que podamos hacernos de un estado inspirado únicamente en la “voluntad de poder”, se concentran así en la Roma insaciable que describe Calgaco. Y en la misma línea más adelante se nos dice: “cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos”.

 

En definitiva, un horror de imperio que puede tener la fuerza pero al que no acompaña la razón. Que puede tener “poder”, pero no tiene nada más… De hecho, frente a la descripción de su tiranía y estragos, no quedará sino la lucha a brazo partido y sin cuartel: “No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria (…) vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello”.

 

Nadie se arrepiente de ser valiente. Nadie se arrepiente de reconocida la tiranía, hacerla frente; aunque sea a costa de la propia vida: “alcanzar la Gloria”.

Seguidamente encontramos otro fragmento interesantísimo donde se dice: “Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…”

 

Los desacuerdos y discrepancias entre quienes tenían que estar unidos para hacerlo frente, son la fuerza del “Enemigo”. Enemigo cuyo ejército no se mantiene leal por adhesión y compromiso, sino por miedo y terror. El “Imperio de la Codicia” no genera así amor y lealtad verdadera y sus ejércitos, los une el “débil vínculo” del miedo, y quien un día deja de temer, “empieza pronto a odiar”…

También se señala aquí una interesante referencia al patriotismo, con esos britanos que “da vergüenza decirlo”, luchan del lado de Roma. De nuevo la idea de una Britania que diversa en pueblos y gentes, debe sin embargo unirse frete al invasor, pues todos ellos son al fin y a la postre britanos, son al fin y a la postre pueblos hermanos.

En esa misma línea más adelante se nos dirá refiriéndose al ejército romano: “la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma”.

 

La figura del apátrida y del “mercenario” como una figura despreciable. Sin honor.

Finalmente en el último párrafo de la arenga de Calgaco, la elección determinante. La decisión que marca el ser o no ser: La Libertad o la Esclavitud. Y el combate como escenario en el que dicha cuestión queda dilucidada. Con los antepasados y las generaciones futuras como inspiración para dicho combate: “Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

 

La rotundidad de las palabras finales del líder “escocés” no solo tienen la fuerza de la épica, de la poética de la guerra, sino que sobre todo tendrán la fuerza del ideal de “Libertad”. Entendido éste como una de esas “verdades de la vida” que solo se alcanza y puede vivir, luchando…

*

Respecto del tema del Imperio Romano y los Bárbaros nosotros mismos en nuestra tesis doctoral, incluimos un capítulo, y ciertamente el maniqueísmo que destila el discurso de Calgaco, no sería mayormente la mejor manera de afrontar la comprensión de qué cosa fue Roma, y qué supuso para los pueblos bárbaros de Europa. Pero es que esa no es la cuestión aquí. Es decir, no nos interesa tanto la arenga de Calgaco en tanto que arenga contra Roma, sino en tanto que arenga que recoge arquetipos: El poder tiránico, déspota y esclavizador; “El Imperio del Mal”, hecho de codicia y ambición ciega. En frente, los pueblos hermanos y libres, que deben dejar atrás sus diferencias para unirse, para hacer verdadero patriotismo y dejando a un lado el “nacionalismo”, hacerse fuertes y enfrentar a la amenaza de la tiranía. Son los “Rebeldes”, los “Patriotas” y claro está, vinculado a éstos, el ideal de “Libertad”. Una Libertad que no se consigue sin lucha, que es fruto del valor y el coraje y por la que morir merece la pena y se otorga la Gloria. Y aquí entonces el “Espíritu de Combate” como valor. Como principio dador de sentido y forjador del alma. Y finalmente los “traidores”… los apátridas y mercenarios, los soldados de un “Imperio” que no merece adhesión ni lealtad y sólo se mantiene a costa del miedo y la dominación. Traidores que quizás algún día despierten y conviertan su antiguo miedo, en odio…

Todo ello a la vista está, imágenes arquetípicas que acompañan desde siempre los mitos y leyendas del Mundo de la Tradición, que a través de cuentos de hadas y literatura fantástica llegan hasta el día de hoy, y que incluso el cine no pudiendo ser de otra manera en nuestra época, usa para algunas de sus superproducciones.

Y sin embargo, no estamos dejando de hablar de un episodio histórico recogido por Tácito en sus Anales.

En este sentido, el valor de este tipo de arquetipos o quizás sería mejor decir “mitemas”, estará en su dimensión simbólica y alegórica. Ahí es donde residiría su riqueza, entendemos espiritual. Pero también ocurrirá a veces que la propia Historia se parecerá al Mito, o mejor aún, que el Mito nos ayudará a leer la Historia con mayor hondura. Atendiendo entonces a las fuerzas profundas que a través de los avatares de la Historia y su infinita casuística, pudieran estar entrando en liza. Quizás eso es lo que indirectamente pudo recogerse en la arenga de Calgaco antes de la batalla, y en la manera que tuvo Tácito de guardarla para la posteridad. Como si hablando de un episodio de la con  quista romana de Britania, se nos pudiera estar a su vez lanzando un mensaje que trasciende a Roma y a Britania, y nos habla a los hombres y mujeres de todas la épocas…

DRUIDESAS

en Cultura Celta por
Mujeres Druidas - Druidesas La forja y la espada, Gonzalo Rodríguez

¿ DRUIDESAS ?

Nuestro anterior artículo sobre la isla Inis Mona y los druidas ha generado que algunos de vosotros nos hayáis preguntado por la existencia de “druidesas”. Por el acceso de la mujer a la condición druídica.

No es una cuestión que a día de hoy esté resuelta y las referencias que recibimos de las fuentes clásicas y el registro arqueológico, resultan en ocasiones contradictorias. En todo caso nosotros nos aventuramos a plantear que muy posiblemente sí que existieron, si bien quizás de una manera minoritaria o subsidiaria y un modo difícil de dilucidar…

*

Hay que pensar en este sentido que en las sociedades célticas de Britania, encontraremos mujeres de papel preponderante en el ámbito político y militar; caso de la reina rebelde Boadicea o de la reina Cartimandua, esta última aliada de los romanos. Del mismo modo y tal como vimos en el caso de Inis Mona, la presencia de mujeres en la isla de los druidas, apunta también a la relevancia de la mujer en los niveles más preponderantes del ámbito religioso y sacerdotal. Por otro lado, en los ciclos mitológicos irlandeses, especialmente en los que desprenden un aroma más antiguo y pagano, la figura de la “druidesa” parecerá ser hasta cierto punto cosa habitual. Si bien mayormente referida a la función de “vate” o “profetisa”.

Las fuentes clásicas también parecerán apuntar en esta dirección, poniendo además el acento precisamente en la función de “vate”, “profetisa” o “maga/hechicera”, de la “druidesa”. Esto aunque César, en sus “Comentarios a las Guerras de las Galias”, no mencione la existencia de mujeres druidas en ningún momento.

Encontramos así cómo en el siglo III una “druidesa” gala le predice a Diocleciano: “no serás emperador hasta que mates un jabalí” (Vopisco. Numeriano XXX, 14, 2). Y efectivamente fue así, pues Diocleciano se hizo emperador después de matar con sus propias manos a Aper (“jabalí”), prefecto del pretorio…

Del mismo modo en el 235 d.C. una druidesa predice la muerte cercana del emperador Alejandro Severo: “Una druidesa, cruzándose en su camino, gritó en lengua gala: ve, pero no esperes vencer ni confíes en tus soldados” (Lamprido. Vida de Alejandro Severo LX).

Más sintomática es la anécdota recogida en tiempos de Aureliano (Vopisco. Vida de Aureliano XLIV) en la que se nos cuenta cómo: “Aureliano había consultado a druidesas galas, con el fin de saber si el Imperio seguiría siendo de sus descendientes”.

Es decir, en una época ya tardía, como sería el Bajo Imperio, y en un momento en que posiblemente la religión de los druidas estaba ya mayormente laminada de las Galias, la “druidesa” seguía sin embargo vigente, en su función de “vate”, y con prestigio suficiente como para ser consultada por los emperadores de Roma…

Al mismo tiempo, la referencia sobre Aureliano nos habla de “druidesas”, en plural, lo que nos hace pensar no tanto en que consultara a varías mujeres, como en que consultó a una “escuela” o “cónclave” de “druidesas”.

En definitiva, es muy poco lo que podemos saber de la figura de la “druidesa”, si bien hay pistas suficientes como para suponer su existencia verdadera. Posiblemente con status o funciones propias y diferenciadas del druida propiamente dicho, y quizás también más volcadas a la magia y la adivinación. Si bien con la información que disponemos hoy día, es difícil aventurarse más allá…

En todo caso, cuando en las leyendas irlandesas encontramos que la hija del gran rey Cormac, Ailbe, fue la primera mujer juez de Irlanda; o que en Irlanda hasta el siglo VIII, las mujeres propietarias de un terreno, estaban obligadas al servicio militar, la idea de la mujer como mera comparsa pasiva del hombre, resultará insostenible para las sociedades de cultura céltica.

Siendo así, aún con cualidades y funciones diferenciadas, creemos que la figura de la druidesa no puede negarse y su presencia en el imaginario romántico del mundo celta, no sería una impostura, sino un vago recuerdo de una antigua tradición…

 

La vía de la mano izquierda

en Espiritualidad por
ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS Tercera parte: LA VÍA DE MANO IZQUIERDA

Tercera parte:

ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS III

 

La Luz imperecedera, la tradición sapiencial y la conquista de alma…

Esos son los pilares de la rebelión y revolución contra el nihilismo moderno. Solo desde ahí puede ganarse la batalla.

Nihilismo que asola Oriente y Occidente en una era de ofuscación, alienación y fanatismo.

Frente a tanta estupidez levantemos la bandera de la lucha por un renovado ciclo de lucidez y sabiduría. De vocación heroica y visión épica y poética de la vida. De mito y símbolo como motor. De visión vertical, jerárquica y aristocrática de la existencia.

Una nueva cultura capaz de iluminar la vida y de convertirnos en personas fuertes y libres…

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La Vía de la Mano Izquierda:

El argumento de la vida sigue siendo el mismo, los dones y adversidades de la vida también. Lo que ha cambiado son las vías y herramientas de orientación y apoyo. Lo que ha cambiado es la “tradición”….

En la Tradición, el argumento de la vida es el “progreso espiritual”, siendo el “progreso material”, un mero medio o soporte para el desarrollo de dicho argumento. Ahora, el día que la “tradición” (entendida aquí en su sentido más histórico y contingente), plantea que el “progreso espiritual” no está en manos del Hombre y que éste, poco o nada puede hacer respecto de la Trascendencia, será cuestión de tiempo que la propia “tradición”, quede relegada a un lado. Convirtiéndose en una cosa del pasado que poco puede indicar ya sobre cuál es el camino a seguir…

Esto es así, porque si el Hombre no puede acercarse o “hacer méritos” respecto de la Trascendencia, ni desde el entendimiento ni desde la ética, el “progreso espiritual” se convierte entonces en una cuestión que poco o nada tiene que ver con su vida y que por tanto, está llamada a ser dejada atrás. Relegándose a la esfera de lo meramente personal, o al recuerdo de una época “oscurantista” que “por suerte”, podemos olvidar…

Obviamente es de este modo que se habrá producido el advenimiento de la Modernidad. La cual establecerá que la Tradición ha sido superada y que el “progreso material”, es el verdadero argumento de la vida. Y que éste, puede conducirnos a la felicidad e incluso algún día, a una suerte de mundo ideal y paraíso terrenal de paz y bienestar.

La Modernidad se erige así en sustituta de la Tradición y ésta queda reducida a un paisaje de “ruinas” del pasado que aún a pesar de su encanto, bueno es que “su mundo” ya no sea el nuestro… Y sin embargo, nada parece indicar que el “mundo feliz” del progreso y la Modernidad esté próximo y más aún, parecerá claro que la desazón y el desencanto, se han convertido en el signo de nuestro tiempo. Y es que a pesar del Mundo Moderno, el argumento de la vida sigue siendo el mismo, y los dones y adversidades de la vida, también…

*

La “tradición”, en su sentido histórico y contingente, efectivamente ha quedado reducida a ruinas y por evocadora que sea, ya no es vía y herramienta de “progreso espiritual”. Estamos huérfanos de “tradición”… Ahora, dicha “tradición”, entrecomillada y con minúsculas, solo es un vehículo de la Tradición con mayúsculas, de la “Tradición Eterna”, la cual no depende de nada contingente o histórico y no puede ni gastarse ni agotarse, siendo en sí misma y siempre, fuente perenne de sabiduría y fuerza.

Lo que ha ocurrido entonces, es que dicho “vehículo”, por mor de sus desviaciones y herejías (fundamentalmente dudar del Hombre como portador de “Luz y Fuerza suficientes”[1]), dejó de ser una herramienta y vía al servicio del “progreso espiritual”, abriéndose de esta manera las puertas a la subversión moderna o lo que es lo mismo, a la Edad Oscura. Se preparo así el terreno a la Medianoche del Mundo que hoy día es ya, el signo de nuestro tiempo.

Pero la Luz de lo Alto no se aparta y es posible aún huérfanos de “tradición” y en pleno Kali Yuga, recorrer el Camino del Espíritu y dar cumplida realización al argumento de la vida. Es posible hacer de la “necesidad virtud” y “cabalgar el tigre” de la Modernidad, convirtiendo a ésta en oportunidad de un nuevo despertar. De un nuevo comienzo en el que los paradigmas del mundo moderno, son dados las vuelta para decantar justo lo contrario, y en el que la “revolución espiritual”, ya no depende del pasado para echar a andar, pues la fuente de la que se nutre no está “más atrás”, sino en “lo Alto y en lo Profundo”. Es decir, en lo Eterno e Inmutable, y en el centro del Corazón…

Esa es la Vía de la Mano de la Izquierda. El Camino del Espíritu para cuando llega la Medianoche del Mundo. La Revolución que necesita nuestra época. Esa que forja nuestras almas en la “Llama Imperecedera” y convierte nuestras vidas, en una Espada capaz de hacer del Tigre de la Modernidad, no la “Bestia del fin del Mundo”, sino la montura del Héroe…

[1] Será interesante señalar aquí, cómo esa herejía que duda de que el alma humana contenga “Gracia Suficiente” como para recorrer el “Camino del Espíritu”, se ve a su vez acompañada y como en contrapartida, de la herejía “luciferina” por la cual el Hombre por sí mismo, en su mero “yo” más contingente, es ya casi un “dios en la Tierra”. Ambas herejías serán muy sintomáticas del desorden moderno y frente a ambas se posiciona la Tradición. Pues para ésta, hay “Gracia Suficiente”, pero por delante y hasta la “Realización del Espíritu” en nuestras almas, hay también un largo camino de disciplina, esfuerzo y perseverancia. Camino cuya parada final no es sino una victoria interior en la que precisamente, ese “yo contingente”, es superado. Tanto en sus debilidades, como en su vanidad ególatra de no querer ser dejado atrás…

Se hacen llamar LAIESKEN, y son una fratria guerrera del siglo XXI…

Se hacen llamar LAIESKEN, y son una fratria guerrera del siglo XXI…

Me invitaron a pasar un fin de semana con ellos en una preciosa masía en la Garrocha. Allí entre hayas y robles se entrenó el cuerpo, los músculos y la lucha cuerpo a cuerpo. Pero también en alma… con ponencias, tertulias, meditación y camaradería. Una de las ponencias la impartí yo mismo y es ésta que ahora comparto en “La Forja y la Espada”.

El más joven de ellos tiene poco más de 20 años. El mayor poco más de 30. Cada uno de ellos en sí mismo tan auténtico y cercano como singular. Algunos con algo como de “personajes” de la Tierra Media; como montaraces pensativos y graves, o enanos fuertes, duros y callados, o arqueros elfos de mirada perspicaz, o recios jinetes de Rohan… Otros con algo como de renovadas tribus urbanas en las que fuera posible, que Ian MacKaye hiciera de Jünger su referente, o que Eddie Cochran se convirtiera a la Tradición Eterna. Y otros también con algo como de barbudos visigodos enamorados de la antigua Grecia, mientras uno más, más vulnerable e inseguro, nos conquistaba sin embargo a todos con su carácter entrañable y carismático.

Pero en definitiva y en lo importante, en todos ellos una nueva y esperanzadora juventud a la que el nihilismo moderno les parece mediocre e idiota. Una juventud que hace de la Lucidez, la Fuerza y la verdadera Libertad, el antídoto seguro frente a la ofuscación y estupidez de nuestro tiempo.

Son así buscadores convencidos del “Fuego Secreto” y nada ni nadie les va hacer abandonar su objetivo. Son Guerreros del Espíritu y hay futuro si hay Camino y ellos, están haciendo Camino…

LAIESKEN

Erase una vez unos niños que jugaban a ser caballeros, bárbaros y magos que salvaban princesas y mataban dragones. A medida que crecían se fijaban referentes que a la mayoría resultaban anacrónicos o fantasiosos. Niños y adolescentes que preguntaban demasiado,  a los que no les cuadraba casi nada, que se repetían: “debe existir algo más”. La pretensión de ser Héroes en un mundo moderno sigue viva en nosotros y ahora tenemos la certeza de que hay algo más. Un conocimiento profundo que nos abre las puertas de una realidad Trascendente. Una realidad Trascendente que exige un Camino. En este Camino, cada hombre se deberá enfrentar a sus propios demonios solo, pero escogemos compartir Dirección… Somos un grupo de hombres que aspiran a Héroes, a la conquista y el conocimiento de lo Trascendente bajo y por la gracia de Dios Padre en los Cielos. Y a pesar del escenario moderno que hemos escogido vivir, no nos retiramos ni nos escondemos; nos mantenemos en pie en un mundo en ruinas y no nos damos a la desazón ni a la desesperanza. Si hemos nacido en este tiempo es porque nos va la marcha, y juntos marchamos en este Camino, avanzando alegres a base de esfuerzo y disciplina para conocernos y hacernos fuertes física y mentalmente y en nuestra percepción y relación con el mundo. Nuestro referente, las “mannerbünde”, las cofradías guerreras de la antigua Europa, grupos de hombres libres en los que se forjan, más que hombres y amigos, Héroes y Camaradas…

 

Pep.

 

Las Leyendas, la Sabiduría y el alma de los Pueblos

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LAS LEYENDAS, LA SABIDURÍA Y EL ALMA DE LOS PUEBLOS

En el programa de radio de la Escóbula de la Brújula. Con Jesús Callejo, Carlos Canales, Juan Ignacio Cuesta y David Sentinella. Acompañados de nuestro frater Julio César Pantoja y en una noche donde las Leyendas cobran todo el protagonismo. Acercándonos a la sabiduría de nuestros ancestros y al alma de los pueblos de España a través de ellas…

Itunes

El Iniciado

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Figura del Iniciado, Tradición Hermética

A partir de un fragmento de Julius Evola a cerca de la Tradición Hermética, grabamos hace un tiempo una recitación sobre la figura del Iniciado. Tuvimos la suerte de poder acompañarlo musicalmente de mano de Avencio DM y GH Records (auténtica “Vía de la Mano Izquierda” en el plano musical). Hemos querido recuperarlo para nuestro blog…

“Por definición el Iniciado es un ser oculto. Y su vida no es ni visible ni penetrable…”

 

Itunes

Juramento de Sol Invictus y Acero.

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Juramento de Sol Invictus y Acero.

El Popular 1 es algo más que un magazine de Cultura Rock… es una auténtica vivencia y a su vez crónica de lo más genuino y también en ocasiones alternativo de la música y cultura popular de nuestro tiempo. Una pequeña joya en forma de humilde revista que me precio seguir desde hace años. 

 En el especial que sacaron con motivo de su número 500 tuvimos la oportunidad y el honor de colaborar. Se nos pidió que escribiéramos una reseña personal e íntima de algún disco que hubiera sido especialmente significativo para nosotros. El escogido fue el mítico “Filosofem” de BURZUM.
Hemos querido compartir dicha reseña en nuestro blog…

*

When night falls, she cloaks the world in impenetrable darkness.
A chill rises from the soil and contaminates the air
suddenly… life has new meaning.

“Súbitamente… la vida adquiere un nuevo significado”.

Corría el año 1996, la cultura rock parecía haber quedado traumatizada por los desgarros rabiosos a la par que apesadumbrados del Grunge y su capítulo final, la muerte de Kurt Kobain. Pero desde una cárcel noruega, el hijo pródigo del Black Metal publicaba su disco y su canción más emblemática. Una consigna para mantenerse en pie llegada la Noche… “La oscuridad que cubre el Mundo será la ocasión propicia para un nuevo comienzo”.

El bosque, los árboles silenciosos, solemnes y sabios… los arroyos a sus pies y un cielo encapotado. Una luz final, inmortal y eterna tras el fuego y la tormenta.  El Rock sería también una forja del alma para mantenerse en pie en un mundo en ruinas y cabalgar el tigre en un mundo donde Dios ha muerto… El Espíritu es Inmortal e Invencible. Seguir su llamada es el verdadero argumento de la vida…
Son muchas las cosas que pueden decirse sobre este disco, esta canción, Burzum y Varg Vikernes. Pero a mí personalmente me gusta vivirlo así…

En aquella época escuche incontables ocasiones está canción y este disco tan difícil como fascinante, con esas atmosferas oscuras y mágicas, es las que vagamente intuía una llamada a la Fuerza Interior. La vida burguesa apesta y un mundo sin Espíritu es triste y desolado, pero en dicha oscuridad subyace invulnerable la Llama Indeleble y el Fuego Secreto. La Raza del Espíritu hace revivir esa llama en su alma y ésta alumbra su camino. Más allá de la “leyenda y personaje de Varg Vikernes y Burzum”, ésta es a mí parecer la clave que puede aportar Filosofem y sobre todo su himno: Dunkelheit.

Así lo digo y así lo ofrezco a quien quiera reencontrarse con este clásico del Rock y el Metal. Allá donde la melancolía y el ánimo apesadumbrado pueden transmutarse en fuerza, dignidad y juramento de Sol Invictus y acero…

EL GUERRERO ESPIRITUAL

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EL GUERRERO ESPIRITUAL - ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS

ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS

Primera parte:

EL GUERRERO ESPIRITUAL

Llegada la Medianoche del Mundo hay que encender el fuego del Espíritu… Somos los habitantes del confín de la Historia allá donde parece que solo un nuevo amanecer pudiera cambiar las tornas de esta larga noche. Pero ese nuevo amanecer no llegará sin más… también depende de nosotros. Del despertar en nosotros de una Fuerza que hace siglos, hemos dejado de entender y cultivar.

Ser la forja de la espada bajo las estrellas y la guardia de la noche allá donde el Mundo ha olvidado el argumento de la vida, es la tarea que pide nuestro tiempo a los hombres y mujeres de la verdadera revolución.

Porque una nueva milicia espiritual se está formando… una milicia capaz de traer un orden alternativo tanto al nihilismo moderno como al fanatismo integrista. Una milicia de hombres y mujeres que ya no se engañan y saben que ninguna crisis económica, enemigo, mala suerte o fatalidad les hará más daño que un alma ofuscada y torcida. Del mismo modo que ninguna riqueza material, prosperidad, paz o bonanza les hará más bien, que un alma esclarecida, recta y enderezada… Este es el camino, la forja y transformación interior que lo cambia todo. Que marca una diferencia absoluta respecto de todo lo demás. Que hace auténtica vanguardia de un nuevo tiempo y es el futuro, si es que queremos, tener futuro alguno…

 

1-Entender nuestra época: Tradición, Modernidad y Revolución.

Dos grandes corrientes principales han configurado la historia del pensamiento en Occidente, sucediéndose cronológicamente a lo largo de un proceso de siglos en el que nuestra cultura habrá pasado del mundo de la Tradición, al mundo de la Modernidad.

El mundo de la Tradición corresponde a la corriente de pensamiento que aquí llamaremos “trascendente”. Y en lo más esencial en ella encontraremos la idea de una realidad superior de orden sobrenatural y espiritual que se configura tanto como fundamento y sostén de toda realidad natural y material, como horizonte último de sentido de la vida humana. Siendo entonces que dicha dimensión trascendente se encontrará en el centro mismo del alma humana como en estado de potencia, y el argumento de la vida no será otro, que actualizar dicha potencia.

Platón, en la antigua Grecia y en los orígenes mismos de nuestra civilización, nos ofrecerá un claro puntal de esta concepción del mundo y de la vida.

En frente, el mundo de la Modernidad (advenido fundamentalmente a lo largo de los últimos quinientos años), hará por el contrario de la realidad meramente natural y material el fundamento de todas las cosas, y la causa oculta que subyace a toda inquietud humana. Pensadores modernos como Hume, Marx, Freud o Nietzsche, aunque desde distintos ámbitos y perspectivas, convergerán sin embargo en un mismo principio a la hora de afrontar la realidad humana y natural: para todos ellos la referencia a la “trascendencia” no tendrá lugar. Siendo entonces las fuerzas desnudas de la naturaleza, la economía, el azar, el subconsciente, la voluntad de poder o cualquier otra instancia “no espiritual”, el verdadero sostén y explicación del Mundo.

Esta corriente de pensamiento, meramente naturalista o materialista y de raíz anti metafísica, es a día de hoy la que anima el desarrollo de “nuestros tiempos modernos”, y está en la base de los paradigmas culturales de nuestra época.

El contraste entre estas dos corrientes tendrá también su correspondiente prolongación en el ámbito de la gnoseología y la ética. Y mientras que para el mundo de la Tradición el Hombre puede acceder a la Verdad y por ende está llamado a ser Libre, para la Modernidad la Verdad será relativizada y por ende la Libertad, quedará confundida con la mera subjetividad.

Yendo a lo que sería el punto de vista histórico y recogiéndolo de manera muy sintética, diremos que con la caída de Roma, se habría cerrado el ciclo histórico de la Antigüedad europea. Ciclo que con su confluencia de mundo griego, romano, celta y germano, habría marcado definitivamente la identidad de la Europa tradicional. Seguidamente la Cristiandad medieval, sucederá y continuará a Roma como nuevo ciclo histórico tradicional de nuestra civilización. Y en dicho Medievo europeo, algunos de los andamiajes fundamentales de la Antigüedad, seguirán presentes. Si bien con renovadas formas y posibilidades surgidas ahora de la tradición cristiana.

Es así que sucintamente podrá decirse, que la filosofía griega (con Platón y Aristóteles a la cabeza), junto al ideal romano del Imperium (prefigurado ya por César), más la cultura guerrera y los vínculos espirituales con la naturaleza de los pueblos bárbaros, unido todo ello a la tradición cristiana medieval, terminarán por darnos las claves de la Europa tradicional pre moderna.

Más adelante el Renacimiento, la Reforma Protestante, la Ilustración, el Romanticismo y las revoluciones contra el Antiguo Régimen (con Francia como paradigma revolucionario), darán lugar a toda una nueva fase histórica en la cual se decantará la Europa moderna propiamente dicha.

Nuestro tiempo histórico no será sino fruto de dicha Modernidad y entender todo este proceso en sus dos grandes fases históricas, será esencial para entender la claves de nuestra civilización.

Tanto así que puede decirse que a día de hoy Europa, vive y se ordena totalmente conforme a los paradigmas de la Modernidad, y lo que fue la Europa premoderna y tradicional, habría quedado reducida a un mero “paisaje de ruinas”. Ruinas evocadoras y sin embargo ajenas de toda vez, al desarrollo del proyecto moderno de Hombre y Civilización.

Es en este contexto que habrá surgido como síntoma característico del Mundo Moderno, el fenómeno del “nihilismo”. Pues el Mundo Moderno, con su olvido o negación de la Tradición, y su vivir de espaldas al Espíritu y la Trascendencia, habría ido dejando a su paso una sensación de absurdo y sin sentido que los lenitivos del materialismo y el consumo, a penas conseguirán mitigar. Ocurriendo entonces que en ocasiones dichas “ruinas” del pasado, aun no siendo ya algo realmente vivo y presente en nuestra cultura, sensibilizarán sin embargo a los europeos menos modernizados, despertándoles a la conciencia de lo fatuo y vacío del proyecto moderno…

Se tiene entonces la impresión de que el ingente desarrollo científico y económico técnico de nuestro tiempo, se habría pagado conforme a una suerte de “progreso decadente”. Una bancarrota espiritual que el “progreso” no compensaría y que rastreable a todos los niveles, resultará especialmente lacerante en la generación de sujetos sin apenas centro y ni persona. Sujetos neurotizados, anestesiados, fanatizados, alienados, envilecidos o idiotizados, en una sociedad inorgánica y atomizada, de escaso discernimiento y gran debilidad emocional. Una sociedad que deja inerme al sujeto frente a sí mismo, y que parecerá abocar a una vida de bajísimas expectativas espirituales y sin embargo, fijación obsesiva en todo lo meramente material, cuantitativo, instrumental, accesorio, pulsional, emocional, instintivo, subjetivo o pre-personal. Y es que la sociedad moderna, se caracterizará por no dotar al sujeto de herramientas espirituales para construirse auténticamente como “Persona”. Siendo entonces que el sujeto, quedará abocado fácilmente a la propia estupidez, inseguridad, miedo, ofuscación o bajeza.

Precisamente, frente a ese peligro de no llegar a construirnos auténticamente como “Personas”, de ser víctimas nuestra propia “debilidad”, se constituye lo más fundamental de la sabiduría tradicional…

En la sabiduría tradicional, el Hombre está llamado a ser Libre. Y decimos “Libre”, en el sentido de no ser un producto alienado de su propia ignorancia u ofuscación. Como tampoco y a partir de aquí los Hombres auténticamente libres, serán producto de alguna otra cosa o proceso que se les sobreponga; léase aquí la economía, la clase social, las pulsiones, el medio natural, la inercia histórica, etc… Siendo entonces sus circunstancias, el mero “soporte material” desde el cual recorrer el arduo camino hacia la autárkeia y la Trascendencia.

Esto es así, porque en el Mundo de la Tradición, el Hombre porta en su interior “la Luz y la Fuerza de la Verdad”. Es decir, porque en el Mundo de la Tradición el ser humano, encendiendo en su alma el “frontal del logos”, puede discernir entre lo verdadero y lo falso, lo real y lo ilusorio, lo recto y lo torcido, lo esencial y lo accesorio, lo importante y lo simplemente necesario… Puede en definitiva sobreponerse a la ignorancia y la subjetividad, sobreponerse a la ofuscación, el desvarió, la necedad o la estupidez, y entonces sí, ser realmente libre

Obviamente, es en este tipo de Hombres que recorren “el camino de la Verdad, la Fuerza y la Libertad”, donde se dará una auténtica Areté y se forjarán los verdaderos Aristoi. Una “nobleza” que tendrá en la conquista de sí mismos y la liberación respecto de la propia ignorancia y debilidad, el fundamento de su condición de “Señores” y el liderazgo de sus sociedades. Haciéndose de estos principios la base de la educación de la juventud así como respecto de la perpetuación del linaje y el cuidado de la prole, un deber tanto para con la supervivencia de un pueblo, como para a través de ese pueblo, cultivar y perpetuar un ideal de Ser Humano.

Ciertamente no tiene ningún sentido renunciar a los logros tecnológicos del mundo moderno, y menos aún tiene ningún sentido glorificar el pasado y querer irse a “vivir a las ruinas”, pero es loable querer superar las “patologías” de la Modernidad y dejar de vivir de espaldas a la idea de Verdad y a la idea de Trascendencia. Y aquí la inspiración y recuerdo que las “ruinas” nos generan, pueden ser fuente de auténtica disidencia. Pues en ellas se atesora aquello que la tradición tiene de Perenne. Aquello que tiene de Eterno e Inmutable, de argumento insoslayable siempre presente en la vida humana y que la tradición en su esencia sapiencial, nunca deja de señalar. En este caso la Tradición se convierte en un arma de verdadera revolución si “Revolución” significa volver al origen. Pues sería posible plantear una revolución en la que el nihilismo de la Modernidad quedara atrás, alumbrándose entonces un nuevo ciclo histórico y espiritual para Europa. Un ciclo en el que conforme a un renovado horizonte de Trascendencia, un Hombre regenerado, fortalecido y vencedor de sí mismo, se convirtiera en el lei motiv de nuestra civilización.

2-El Espíritu, el argumento de la Vida y el Guerrero.

La recta comprensión de qué cosa es el alma humana y de qué cosa es el espíritu, será fundamental en una auténtica construcción de la Persona.

En este sentido es fundamental entender que en la perspectiva que aquí hemos llamado tradicional, perennialista o “trascendente”, el Hombre es un compuesto de cuerpo, alma y espíritu. Siendo el cuerpo la parte inferior de orden puramente fisiológico, el alma la parte intermedia de orden puramente psíquico y emocional, y el espíritu la parte superior o “central” de orden auténticamente intelectivo. Entendido aquí dicho Intelecto en el sentido de una conciencia esclarecida y entendimiento recto, presencia para el mundo de la tradición de la “chispa divina”, “en el corazón del alma Humana”. Dicho espíritu es así considerado como Inteligencia y Lucidez insertas en el Hombre a modo de “semilla” que debe cultivarse, para poder dar cumplida realización a nuestra más alta posibilidad. Esto es, la soberanía interior y por ende la fuerza y la libertad. Siendo entendido a partir de aquí “el Amor”, como la conciencia de que nuestros semejantes, lo sepan o no, bregan en la misma lucha y pueden estar necesitados, igual que nosotros, de apoyo y ayuda.

Dicho esto, habrá sido en el esoterismo que los procesos de realización espiritual ha sido llamados de “Iniciación”. Señalándose entonces y lo comentamos muy a grosso modo, que la “Iniciación” supondrá la ubicación del eje de la personalidad en el espíritu o “chispa divina” que guardamos en nuestro interior, a la espera de ser actualizado. Siendo de este modo que el alma o psique queda purificada o rectificada mediante la Iniciación, y como si de un espejo se tratase, puede reflejar la luz del Espíritu. Luz que no es sino la “Luz de la Divinidad” dentro de nosotros mismos. El ofuscamiento del alma quedaría así disipado y el Iniciado, restablecería “la unión de su ser con el Ser Supremo”.

Vemos así cómo en el mundo de la Tradición, el alma no deja de ser una instancia intermedia “como entre la luz y la oscuridad” sobre la cual el Espíritu, está llamado a establecer su liderazgo y gobierno. Siendo la Iniciación o realización espiritual, el proceso mediante el cual el Espíritu ilumina, ordena y jerarquiza el alma, colocándola bajo su soberanía. El alma queda entonces purificada, integrada, unificada y liberada y el Iniciado, se hace “conquistador” de sí mismo y de su propia existencia.

Ahora, y para no llamarnos a equívoco y confundirnos con tantas palabras y conceptos “esotéricos o metafísicos”, es imprescindible señalar que el Espíritu y tal y como hemos indicado anteriormente, debemos entenderlo no como una efusión emocional y subjetiva respecto de dios o la trascendencia, ni como algo vago y difuso que pareciera mover nuestros sentimientos, sino como una mirada lúcida y despierta. Como una conciencia esclarecida, entendimiento sereno y recto discernimiento en el que las oscuridades del alma se disipan. Es decir, la Inteligencia en su sentido eminente y su fruto más maduro: la Sabiduría, la Fuerza Interior y la Libertad. Sin querer alargarnos ni complicar la exposición, conceptos como el Buddhi del budismo o el Nous de la Grecia clásica así como el Logos del platonismo, podrán aproximarnos a la idea de Espíritu que debemos trabajar aquí. Idea de Intelecto puro o superior que ilumina el alma y permite al sujeto vencer su propia ignorancia y olvido de sí. Vencer su propia esclavitud y miedo.

Dicho lo anterior, el Amor no será sino la conciencia de que todos los Hombres se enfrentan lo sepan o no al mismo dilema y lucha, a la misma esclavitud y anhelo de libertad. Siendo entonces que ayudar, acompañar, apoyar y perdonar, se hace parte fundamental de nuestro propio proceso de liberación personal. Debiendo también y en consecuencia, hacerse comunidad y ordenar la vida en sociedad, conforme al mismo principio. Y a partir de ahí, conforme a las correspondientes jerarquías, organicidad y liderazgo.

El argumento de la vida queda así establecido no en torno a la prosperidad material, la estabilidad sentimental, el poder político o económico o el hedonismo sin más, sino que queda establecido en torno al cultivo del Espíritu y la forja de nuestro señorío interior y libertad. En términos religiosos diríamos la “salvación de nuestra alma”. Siendo el Amor el ayudarnos los unos a los otros a recorrer ese mismo camino y el “hacer comunidad”, el organizar la convivencia conforme a ese mismo principio.

Todo ello una vía y proceso arduo de esfuerzo, fatigas, disciplina, rectitud y perseverancia. De sobreponernos una y otra vez a nuestra propia estupidez y de seguir con determinación, alegría y humildad. No rindiéndonos jamás. Como auténticos Guerreros. Conscientes de que ninguna otra vida es más plena, enriquecedora, liberadora y feliz. Convencidos de que ninguna otra vida es digna de ser considerada, verdadera vida…

3-El Espíritu, la Naturaleza y el Universo.

En el mundo de la Tradición, y con esto queremos decir de esa concepción perennialista o “trascendente” que aquí venimos señalando, la naturaleza y el universo, no serán un mero mecano de fuerzas ciegas y puramente materiales, carentes de sentido y espiritualmente inertes. Un escenario de mero despliegue mecanicista sin más significación que la puramente material. Muy al contrario en la sabiduría tradicional, el “mundo natural” será entendido como reflejo o proyección del “Reino del Espíritu”. Reino que por medio del “Logos Divino”, será la “Luz de lo Alto” que sostendrá todas las cosas y hará surgir un Cosmos, “donde solo había caos”…

El universo y la naturaleza serán considerados a partir de aquí como un todo ordenado y dotado de alma, un “alma universal” o Anima Mundi que hará de los bosques, los ríos, los desiertos, la ventisca o el océano “más un alguien, que un algo”. Adquiriendo entonces los fenómenos naturales, una relevante lectura simbólica y espiritual.

En este sentido en el pensamiento tradicional o perennialismo, igual que existe un alma individual que anima al ser humano, existirá también un alma universal que anima la naturaleza. En palabras de Platón: “Este mundo es de hecho, un ser viviente dotado con alma e inteligencia (…) una entidad única y tangible que contiene, a su vez, a todos los seres vivientes del universo, los cuales por naturaleza propia están todos interconectados” (Timeo 29, 30).

Obviamente será a partir de aquí, que encontraremos esa concepción tradicional del mundo natural como un “escenario feérico” o “mágico”. Del mismo modo que será a partir de aquí que se planteará, que en la medida en la que en el ser humano el Logos no es solo el ”influjo divino” que ordena y da forma a las cosas, sino también la esencia e identidad profunda y primera del Hombre, éste estará llamado a capitanear “la Creación”.

Estaríamos ya aquí en presencia de ideas cardinales para toda auténtica cosmovisión tradicional del mundo y la vida. Esto es, el plano natural y material donde se desarrolla la existencia humana, como proyección de un plano superior. Plano celestial, sobrenatural e inmutable que sede de las “Esencias Inmortales”, será el sostén y fundamento de toda la realidad natural. A partir de aquí y entonces, el mundo natural como una realidad “espiritualmente viva” y dotada de alma. Un “alma universal” o Anima Mundi que traslada a la naturaleza y el universo una condición de sujeto y no de mero objeto.

Al mismo tiempo y para esta “panorámica metafísica”, la idea de que el ser humano, en virtud del Logos que lleva en su interior y que es el rasgo definitorio de su ser (“hecho a imagen y semejanza de Dios”), estará llamado a ser el “Rey de la Creación”. Es decir, en él se podría trascender el carácter condicionado del mundo natural y por medio del cultivo y ejercicio del Logos, alcanzar un gobierno de sí y libertad que lo pondría al frente de la Creación.

Se establece de este modo una suerte de analogía entre la estructura espiritual del Hombre y la estructura espiritual de la Naturaleza. A la existencia de un alma humana, le corresponderá la existencia de un alma de los bosques, los árboles, los ríos, las montañas, los animales, las rocas, las nubes o el sol… Un “alma del Mundo” con la que será posible una comunicación, profunda y fértil, así como una armonía. Armonía que debe ser respetada, mantenida, restablecida, propiciada y cultivada so pena de arruinar el Mundo y abocar al mismo Hombre a la autodestrucción. Se buscará de este modo que las fuerzas sutiles que engarzan el Anima Mundi y el ser humano estén en sintonía, formándose un conjunto armonioso y jerárquico donde cada uno ocuparía su lugar. Correspondiéndole al ser humano la responsabilidad del conocimiento y cuidado del mundo natural. Esto en virtud de ese Logos que en el Hombre no es solo por decirlo así “elemento externo o agente”, sino que además es esencia e identidad primera. Obviamente del descuido u olvido de esta responsabilidad, devendrá devastación y ruina para el planeta.

El ser humano estará así llamado a ser paladín del “Reino del Espíritu” en la Tierra. Luchando primero por el gobierno de sí mismo, más allá de la ignorancia, el miedo, la estupidez, el desvarió o la bajeza. Pero luchando también por el mantenimiento de la armonía cósmica y natural frente a las “potencias del caos”.

En este sentido y retomando la idea de la cualidad “intermedia” del alma humana, esta misma cualidad tendrá su debida correspondencia en el Anima Mundi o “Alma del Mundo”, para la cual también se tendrá presente una jerarquización y discriminación entre regiones sidéreas y luminosas, y regiones inferiores, a veces subterráneas y tenebrosas. Discriminación ejemplificada en gran manera en numerosas mitologías y leyendas: “Devas y Asuras” de los Vedas o “Ases, Vanes y Jotuns” de la mitología nórdica. Mundo celestial, mundo natural y mundo ínfero o demónico que configurarían la estructura del “alma del Mundo” y que como en el alma Humana, tendrían en la “Luz del Espíritu”, instancia de autoridad, jerarquía y orden.

No es desacertado hablar así de una suerte de “Más allá Celestial o Trascendente”, objeto y fundamento de la realización espiritual. Así como de un “Más allá Telúrico o inmanente”, que sería el Anima Mundi del que venimos hablando, y al que correspondería esa concepción “mágica” y “feérica” de la naturaleza tan propia del mundo de la Tradición.

En este orden de cosas, no estará de más señalar cómo en gran medida, los mitos, leyendas y tradiciones del mundo premoderno, recogerán con el lenguaje del símbolo y la alegoría, conceptos e ideas que aquí estamos planteando.

Por otra parte no debemos pensar que la idea de un Anima Mundi conduce necesariamente a una suerte de panteísmo inmanentista, ajeno a una verdadera idea de trascendencia. Del mismo modo que la idea de trascendencia, no debe llevarnos a pensar en una realidad natural meramente material y mecánica, alejada del espíritu, carente de alma y simple escenario de la vida humana.

Cuerpo, Alma y Espíritu configurarían la estructura del Hombre, pero también configurarían la estructura del Mundo que le rodea. Siendo en dicha estructura donde deberemos ubicar el Anima Mundi y la correspondiente concepción espiritual de la naturaleza.

Muchas veces por desgracia, nos encontraremos sin embargo con planteamientos para los que los vínculos espirituales con la naturaleza de nuestros ancestros, no dejarían de ser una manifestación más de la raíz económica de toda inquietud humana, pues en ellos solo anidaría una preocupación meramente material por las cosechas, la fertilidad de los campos y los animales, las lluvias, las tormentas o la caza… como si todo el “universo mágico” en torno al mundo natural surgido de siglos de tradición, más allá de sus “vestiduras” espirituales, no escondiese sino una preocupación prosaica de orden meramente económico o a lo más, una preocupación por la salud y la curación de enfermedades. Como si a la hora de la verdad, no fuera posible encontrar una auténtica concepción “trascendente” del Mundo y la Vida en dichas creencias tradicionales sobre la naturaleza. Siendo éstas una mera “técnica” primitiva y supersticiosa para asegurar el sustento económico, la salud y la fertilidad de la progenie.

Obviamente nosotros no nos movemos en ese ámbito explicativo…

Por supuesto que una aproximación a dichas creencias nos lleva necesariamente a encontrarnos con ritos, fórmulas, talismanes y creencias para las cuales dichas preocupaciones de orden práctico serán lo principal. Sin embargo, estaríamos haciendo un flaco favor a nuestro entendimiento si simplemente nos quedáramos ahí y no fuéramos más allá. Si no entendiéramos que el fundamento de ese “pensamiento mágico” no reside tanto en un “primitivismo” o superstición, como en una concepción “espiritual” del Universo para la cual, existe un “alma del Mundo” o Anima Mundi.

Estamos aquí en presencia y claro está, de una concepción más honda y profunda de la naturaleza y el universo. Una concepción que no responde ya a una preocupación supersticiosa de orden meramente material, y es por el contrario, fruto de una vivencia espiritual en la que el Hombre se integra y siente como parte de un Todo en el que ocupa un lugar especial y relevante, y con el que debe saber comunicarse y armonizar.

Finalmente no estará de más señalar cómo, conforme dicha vivencia espiritual se degrade o desvirtúe, y pierda su fondo y esencia sapiencial, se producirá el surgimiento de una auténtica superstición y caída en la más pura superchería e irracionalidad. Terreno abonado para un futuro descrédito y por ende, para el olvido de la verdadera sabiduría que subyace al mundo de la tradición.

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El Guerrero Espiritual

En síntesis, aquel que haga guardia en la Medianoche del Mundo sabe que nuestra época ha pagado como precio a su modernidad y “progreso” con el olvido del Espíritu y por ende, de la Sabiduría y la Fuerza. Dando lugar a una sociedad plebeya de individuos alienados, debilitados, vulgares o fanatizados. Del mismo modo y aunque de la Tradición solo nos queden ruinas, también sabe que aquello que tiene de perenne el mundo de la Tradición, es precisamente lo que tiene de sapiencial y espiritual, siendo entonces para quien lo sepa encontrar, manantial de orientación y fuerza y simiente de auténtica revolución. Si es que “revolución” puede significar algo más que “libre mercado”, “lucha de clases” o “reivindicación nacionalista”, y puede hacer honor a su verdadero significado: “Volver al Origen”.

Lo que está en juego así es la “Transformación del Hombre”. El tomar conciencia de que el auténtico argumento de la vida, no es la lucha por la supervivencia ni ningún otro de sus múltiples derivados, sino la conquista de uno mismo. La realización en nosotros de la Lucidez, la Conciencia, el Entendimiento, el Discernimiento y la Fuerza Interior. El señorío y gobierno de nosotros mismos más allá de la Ignorancia y el Miedo y por ende, la consecución de la verdadera Libertad. Lucha y argumento de vida que nos atañe a todos seamos conscientes de ello o no y que una vez sabemos que es así, no nos permite volver a mirar a nuestros semejantes de igual manera. Pues en todos ellos vemos la misma batalla y brega, el mismo anhelo muchas veces oculto de plenitud y libertad. Porque nadie puede sustraerse a esta “Gran Guerra Santa” y es solo desde ella que podemos construirnos auténticamente como personas, así como construir sociedades auténticamente justas, orgánicas y de sanas jerarquías. Todo ello en una concepción del Mundo en la que el universo y la naturaleza que nos rodean y de los que hacemos parte, ya no serán más un escenario espiritualmente vacío e inerte sobre el que operan fuerzas ciegas y sin significado. Sino un mundo auténticamente vivo, dotado de alma y de sentido en el que en cada tras cada detalle: del brillo de las estrellas al correr de un arroyo, de las raíces de un árbol al aullido de un lobo, de la sangre de los ancestros a los parajes de nuestra tierra, se puede intuir el “Reino del Espíritu” y el Alma del Mundo…

El potencial que atesoramos dentro es inmenso… en solo nuestra propia estupidez y ofuscación lo que nos limita.

Ser uno mismo y vivir de verdad. Estar conectados con nosotros mismos y con la realidad. Estar presentes en nuestra propia vida y aunque tengamos que levantarnos mil veces no ceder a la propia estupidez, desvarío o bajeza. Luchar por vivir Lúcidos, Despiertos, Fuertes y Libres… ninguna otra vida merece la pena. Ningún otro propósito será más gratificante. Ninguna otra batalla será más gloriosa

 

Roma y los Bárbaros: Metafísica del Imperio

en Espiritualidad por
Roma y lo Bárbaros: Metafísica del Imperio

Nuestra tesis doctoral pretendió conocer el alma misma de la Hispania céltica a través de su tradición guerrera. Tanto a nivel de organización sociopolítica y económica, como a nivel de principios, valores y creencias. La tesis doctoral la hemos adaptado al ámbito de editorial para poder publicarla y de dicha adaptación extraemos este fragmento que aquí os presentamos.

 

En él mismo plateamos la posibilidad de encontrar en la tradición guerrera de la Hispania céltica, una afinidad de fondo entre lo que fue su cultura de jefaturas, y lo que sería en el ámbito de Roma, la ideología del Imperium y el culto al Emperador. Afinidad de fondo que podría ayudarnos a comprender con mayor calado, los procesos de romanización de los llamados pueblos “bárbaros”.

Consideramos importante plantear cual sería la estructura ideológica que sostiene y fundamenta el modelo cultural y de civilización de un Imperio. Planteando no la acepción del modelo imperialista colonial, sino la idea de un imperio civilizador que genera una integración de distintos pueblos en su seno en un proyecto sociopolítico que trasciende y rebasa a éstos. Siguiendo aquí las propuestas e interpretación de Gustavo Bueno (1999).

En este sentido, más allá de una concepción puramente económica de la cuestión, lo que realmente distinguiría a un Imperio no sería tanto una estructura de poder capaz de someter y explotar pueblos y territorios; sino el hecho de que el Imperio no es sólo un estado o un territorio sino también y principalmente, una idea. Una idea de vocación integradora, de ordenación común de pueblos y hombres diversos, conforme a un principio superior civilizador.

Esta construcción del Imperio como orden político supranacional “bendecido” de un ideal superior por lo general de naturaleza espiritual (“bendecido de los Dioses”), parte en el caso concreto de Roma y en primer lugar, del Imperio como la facultad del Imperator. Y con esto queremos decir la jefatura militar o más aún, la “jefatura militar suprema” (Bueno 1999: 183-187).

Es decir, cuando el Imperator comience a ser el instrumento y la representación de la soberanía y su figura sea concebida como la suprema dignidad, entonces alcanzará la categoría de Princeps, es decir primero tanto en poder efectivo como en honor (Bueno 1999: 186). El ejercicio del poder adquiere de este modo un matiz más complejo, más que meramente militar o guerrero, y se convierte en representación y símbolo de “algo más”. Este planteamiento que se inicia con César (Dión Casio XLIII, 44), tendrá su continuidad cuando Virgilio defina la misión de Augusto (Eneida, VI, 851) y diga: “Tu regere imperio populos, Romane memento”. Por tanto, la facultad del Imperio (emanada en este caso de Roma), encarnada en un “Príncipe” llamado a regir distintos pueblos (Bueno 1999: 186-187).  Hay que resaltar aquí que en Roma, a los jefes se les consideraba dotados de una virtud mágica cuyos efectos prácticos, se traducían en la obtención de la victoria. Poseían así derecho a tomar auspicios, y en el campo de batalla eran intérpretes de la voluntad divina. Su victoria en este sentido era prueba del favor divino, y justificaba que las tropas aclamaran al jefe como Imperator   (Roldán Hervás 1997b: 281). Esta “mística” romana alrededor de la jefatura, como vamos a poder ver, será importantísima para lo que queremos plantear en este apartado.

Del mismo modo la capacidad militar del Imperator y su dignidad de Princeps, (clave en la ideología del Imperio), tiene su correlato subsiguiente en la idea de un espacio sobre el cual se ha de ejercer la acción de ese Imperio. O dicho de otra manera, el ámbito sobre el cual ese poder militar se puede hacer efectivo y por ende, esa dignidad superior también puede ser expresada. Siendo entonces que para una diversidad de pueblos, esa dignidad se constituye como centro superior de poder, y dichos pueblos se convierten en vasallos, en tributarios, en subordinados al Imperio o incluso en “leales” al Imperio. En nuestro caso hablamos de Roma, que llegadas las postrimerías de la República, con César primero, y sobre todo ya con Augusto, se configurará como un poder pero también como una idea transnacional, que vehiculizada por Roma, se expresaría en su Emperador y en el culto imperial.

Nos encontramos llegado este punto, con la propuesta que queremos tratar en este apartado; que la idea de Imperio en su sentido más eminente, es una idea con capacidad de sugestión, evocación y aceptación por los pueblos prerromanos Peninsulares y conforme a su ideología guerrera: El Imperio Romano no es ya un simple estado depredador que se impone por la fuerza de las armas, sino que es expresión de una dignidad superior que los nuevos pueblos integrados en su seno, reconocen como tal. Dicha dignidad superior se plasmaría precisamente en la figura de una jefatura militar suprema, en la figura del Emperador. El Emperador, no solo deviene así en Princeps-primero en dignidad y honor-sino que además, y en virtud de dicha dignidad superior, se convierte también en Pontifex, en el “hacedor de puentes”, en quien une lo Sobrenatural y lo Natural. El Emperador como si fuera un “sumo sacerdote”, un “representante de Dios en la Tierra” (Bueno 1999: 201). La posesión del título de Imperator por el “príncipe”-el “primero” de Roma, su “conductor” y su “guía”-a partir de César y Augusto, conferirá así un prestigio particular: si no el de una divinidad, sí al menos el de una “predestinación” a ser dios. El reconocimiento en él de una naturaleza divina o sobrehumana, que se afirmaba en el curso de su gobierno si no dejaba degenerar su poder en tiranía, y que merecía entonces llegada la muerte, los honores de la apoteosis. Situándosele entre el número de las divinidades reconocidas por la religión oficial (Grimal 2000: 12).

En la base de estos procesos sociopolíticos que alumbran la institución imperial y ponen fin a la República, parecerá permanecer en todo caso el trasfondo de un aura mística en torno a la jefatura, por la cual el príncipe habría sido puesto en el poder por Júpiter. Y esto conforme a una concepción sacra de la Auctoritas que se remontaría a la Roma arcaica e incluso a los etruscos (Grimal 2000: 11).  En esta línea parece expresarse el romano Servio (Aeneid. III, 268) cuando dice: “Fue costumbre de nuestros antepasados que el rey fuera simultáneamente pontífice y sacerdote”, e ideas parecidas se estarían dando en el mundo helénico donde desde tiempos de Homero, la tradición repetía que los reyes eran “hijos de Zeus” (Grimal 2000: 12). Incluso quizás estas mismas ideas podrían encontrarse en la antigua tradición céltico-galesa del Mabinogion  y en torno al “rey” o el “jefe”, como “puente” o intermediario con lo sobrenatural (Cirlot 1988).

Desde esta perspectiva, el orden político y jurídico            que enmarca la idea de imperio, estará determinada no solo por factores materiales o por la posesión y administración de un vasto territorio, sino fundamentalmente por una idea. Idea de orden espiritual que convierte al Imperator en Princeps y a éste, en Pontifex. Todo ello a partir de un concepto de la Auctoritas que termina por unificar poder militar, político y religioso, y cuya supremacía justifica su preeminencia legítima sobre pueblos y territorios.

Así un Imperio no es un reino que se impone a otros reinos y los explota. Es por el contrario un centro y eje que integra y ordena diferentes reinos, manteniendo las élites correspondientes, pero conforme a una integración y lealtad común a un mismo símbolo e institución. Institución que encarna la Trascendencia y cuyo símbolo sería la “corona” imperial. Lo esencial en el Emperador está en que su poder se fundamenta en que encarna un principio espiritual que va más allá de la pura posesión de territorios. Va más allá de lo puramente contingente y está llamado a ser símbolo de la verdadera autoridad, y por ende, “puente” entre “el Otro mundo” y nuestro mundo: Imperator y Pontifex. Siendo entonces objeto de una Fides e inspiración para una Areté, que  a  nuestro parecer, no será demasiado distinta a la que en origen podemos encontrar en las sociedades de jefaturas de la Edad del Hierro que hemos descrito anteriormente. Sociedades que se integrarán ahora de mano del imperio romano, en una institución sociopolítica de mucho mayor alcance y calado.

La figura del Emperador se configura así como soberano de príncipes y reyes, de caudillos y líderes locales, que reina sobre reyes y no sobre territorios, y al que los reyes rinden obediencia y lealtad como representante de un principio espiritual que trasciende las comunidades cuya dirección asume. Lo hemos visto en la anterior cita de Virgilio (Eneida, VI, 851), y estaría presente como culminación de un proceso de disociación entre el Rex Romanorum, y el Imperator totius Orbis (Bueno 1999: 226).

Vemos de este modo cómo el poder del Emperador y la ideología del Imperio, se manifiestan como un “orden bendecido de los Dioses” en cuya cúspide se aúnan el pontífice, el príncipe y general victorioso. Siendo ésta, una idea que de alguna manera no terminaría de ser ajena al culto a las jefaturas que se practicaba en el mundo hispano céltico, no terminaría de ser ajena al mannerbündprinzip de la “sociedades de jefaturas” de la Hispania céltica, con lo que cómo venimos indicando, podrían entonces amoldarse al proyecto imperial romano sin sufrir una verdadera desnaturalización.

Debemos entender así que el Imperio tiene un fundamento que no se remite a un simple poder material, sino que más aún apunta a un sistema de lealtades y clientelas en torno a un mismo “eje” unificador y vertebrador. Eje que tiene en la figura del Emperador su más alta plasmación, Emperador al cual se rendirá lealtad como representación de un orden querido por los Dioses, símbolo en la Tierra de una realidad Superior y Trascendente, capaz de traer la Pax a los Hombres: “Todo el género humano fue reunido en una paz universal y verdadera” (Floro, Epítome, II, 34). Entramos ya aquí en la sugestiva idea del Dominus mundi, “señor de la Paz y la Justicia”. El Imperio y el Emperador entonces, no como un poder arbitrario y depredador, sino como un poder llamado a regir a los pueblos del Mundo para mantenerlos en equilibrio, convivencia y paz[1]. La institución del Emperador como autoridad que ya no “impera” formalmente en cuanto rey de un estado, sino en cuanta autoridad orientada al “co-orden” de todos los estados incluidos en su propio espacio (Bueno 1999: 187-188 y 207). Roma se presenta de este modo como un Imperio que se eleva por encima de reyes y el interés particular de éstos, y recibiéndolos en su Fides, los protege. Suetonio de modo revelador nos habla así de “reyes clientes” del Imperio (Grimal 2000: 17).

En este sentido no debemos dejar de mencionar cómo el Emperador, unificará poder político, militar y religioso, y que a él le corresponderán los ritos sagrados que como “sumo pontífice”, renuevan y aseguran las armonía de los Hombres con los Dioses. Idea que como ya hemos indicado anteriormente, se daría también en las jefaturas guerreras hispano célticas. El Emperador se convierte así en el eje que en la cima de la cúspide social, renueva y asegura la armonía entre “el Cielo y la Tierra”. Siendo aquí que cobra especial sentido ese “misterio iniciático” en torno a la realeza sagrada-adytum et initia regis-considerado inaccesible al común de los mortales (Varrón, De lingua latina V, 8). De hecho en este pasaje de Varrón, se nos habla de diferentes grados del conocimiento, y de la existencia de unos saberes superiores que solo puede alcanzar el “rey”. En la misma línea entendemos que deberá situarse la virtud taumatúrgica de los Emperadores recogida por ejemplo sobre Vespasiano (Tácito, Hist. IV, 81 y Suetonio, Vespas. VII), así como la investidura divina recibida por Trajano (Hidalgo de la Vega 1995: 123).

De acuerdo a este planteamiento la palabras del propio César son clarificadoras: “(en mi estirpe está) el signo sagrado de los reyes que sobresale de entre los Hombres, y la veneración de los Dioses inmortales, bajo cuya potestad está el poder de los reyes” (Suetonio, Caesar, VI). En la misma línea se interpretaría la suelta de águilas a la muerte del Emperador remontando el vuelo como símbolo del alma que se eleva a las alturas (Dion Casio, LVI, 34) (idea análoga a la que hemos estudiado en el papel psicopompo de los buitres en la Celtiberia), y también en este mismo sentido entendemos que podrá leerse el canto y anuncio de Virgilio a una suerte de “nueva Edad de Oro” asociada al Imperio Romano: “La edad última de la profecía cumana por fin ha llegado. He aquí que renace el gran orden de los siglos. Retorna la Virgen, retorna Saturno (dios de la Edad de Oro) y una nueva generación desciende de lo alto de los Cielos. Dígnate, oh casta Lucina, de ayudar al nacimiento del Niño con el cual la raza del hierro (la raza de la última edad) concluirá y sobre el mundo entero se levantará la raza del oro, y he aquí, que reinará Apolo (…). Vida divina recibirá el Niño que yo canto, y verá a los Héroes mezclarse con los Dioses, y él mismo con ellos (Eclog., IV, 5-10, 15-18).

El tono heroico e intención profética de los cantos de Virgilio y respecto del papel del Imperio Romano, se ven reforzados en los pasajes que hacen referencia a la muerte de la Serpiente (Ibid. 24), a un grupo héroes que afrontará de nuevo la empresa de los argonautas (Ibid. 33), y a un nuevo Aquiles que repetirá la guerra de los Aqueos contra Troya (Ibid. 36). Todo ello imágenes simbólicas de un canto al papel de Héroe en la reordenación y restitución del Mundo, a la Edad de Oro que anuncia y trae Roma.

Llegado este punto de nuestra exposición, la carga simbólica de la idea de Imperio y Emperador, se nos muestra con claridad, y en la misma, podemos ver la fuerza sugestiva que dentro de las coordenadas éticas de las comunidades guerreras de la Hispania céltica-jefatura, Areté y Fides-pudieron llegar a tener el Imperio romano y el culto imperial. Culto imperial que entenderemos intentaba propiciar la idea de una Roma más allá de todo particularismo étnico y religioso, señalando una Fides superior ligada al principio sobrenatural encarnado por el Emperador, y ubicado por encima de toda lealtad específica, ya sea religiosa o “nacional”. Es así que aunque tardíamente y con cierta nostalgia, Namaciano (De red. suo. I, 62-65) evocará una Roma “(capaz de hacer) de los diversos pueblos una única nación”.

 

[1] En las postrimerías de la Antigüedad y en línea parecida, san Agustín en sus teorizaciones políticas nos dirá que la “Ciudad Terrena”, si no se ordena conforme al ideal universal de la “Ciudad de Dios”, solo se diferencia de una “partida de piratas” en el tamaño.
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