Saber quienes somos, conocer nuestra Historia, entender nuestra época…

Tag archive

Hispania Céltica

Inis Mona…la isla de los Druidas

en Cultura Celta/Espiritualidad por

Ante la orilla estaba desplegado el ejército enemigo, denso en armas y hombres; por medio corrían mujeres que, con vestido de duelo, a la manera de las Furias y con los cabellos sueltos, blandían antorchas; en torno los druidas, pronunciaban imprecaciones terribles con las manos alzadas al cielo”.

(Tácito, Anales, XIV, 29-30)

El “santuario” de Anglesey, la isla de Mona, la “isla de los druidas”, es sin lugar a dudas unos de los enclaves mágicos de la geografía europea. En los confines de la costa occidental de Gales y con sus druidas y “druidesas” llamando al alzamiento contra Roma, hace parte importante del imaginario histórico de la antigüedad europea. Su “bosque sagrado” de “feroces supersticiones”, talado por los romanos, “pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos” (Tácito, Anales, XIV, 29-30), es un referente lírico de no pocas recreaciones románticas sobre el mundo celta. Conocerlo y comprenderlo hace parte fundamental del estudio de la antigua céltica europea.

 

1-El Druida y la Autoridad Espiritual:

1-El Druida y la Autoridad Espiritual:

“En la Galia hay dos clases de hombres entre los que gozan de relevancia y prestigio (…) De las dos clases, una es la de los Druidas, otra es la de los Caballeros. Aquellos se ocupan de todo lo que tiene que ver con los dioses, están al cargo de los sacrificios públicos y privados y regulan el culto. Son muchos los adolescentes que acuden a ellos para aprender, y se les tiene en gran consideración. De hecho, dictaminan en casi todas las disputas (…) (y) si alguien, lo mismo un particular que un pueblo, no se aviene a su decisión, le prohíben tomar parte en los sacrificios, lo que para ellos es el castigo más grave. (…) Al frente de todos estos druidas se encuentra uno solo, el que tiene más autoridad entre ellos. Cuando muere, si alguno de entre los restantes destaca por su prestigio, le sucede; y si hay varios igualados, se elige en una votación (…) Algunas veces la primacía se dirime por las armas”.

(César. Comentario a la Guerra de las Galias VI, 13-14).

“En términos generales, se puede decir que para todos ellos hay tres grupos que gozan de especial distinción: los bardos, los vates y los druidas. Los bardos son poetas cantores. Los vates tienen funciones sagradas y estudian la naturaleza. Los druidas se dedican también al estudio de la naturaleza, pero añaden a ésta el estudio de la filosofía moral. Son considerados así los más justos por lo cual se les confían los conflictos privados y públicos, e incluso el arbitraje en caso de guerra, llegando a detener a los que se estaban alineando ya para el combate”.

(Estrabón. Geografía IV. 4,4).

“Entre ellos se encuentran poetas que ellos llaman bardos. Estos poetas cantan con el acompañamiento de la lira (…) También hay unos filósofos y teólogos que son objeto de honores extraordinarios y que reciben el nombre de druidas. También recurren a adivinos (vates), a los que consideran merecedores de gran reconocimiento; estos adivinos predicen el futuro mediante la observación del vuelo de los pájaros y el sacrificio de víctimas (…) apuñalan con una daga en un lugar situado encima del diafragma, y cuando cae el hombre acuchillado, a partir de la observación de la caída, la convulsión de los miembros, y también de la efusión de sangre, comprenden el futuro”.

(Diodoro de Sicilia, Historia V, 31, 2-5)

“Tienen a los druidas como maestros de sabiduría y éstos aseguran conocer el tamaño y la forma de la tierra y el firmamento, el movimiento del cielo y de los astros y el destino trazado por los dioses. Enseñan muchas cosas a los más ilustres de su pueblo (…) en grutas o en recónditas montañas (…) Una de las ideas que les imbuyen en común a todos es que las almas son imperecederas y que hay otra vida después de la muerte”.

(Pomponio Mela, Corografía III, 2, 18-19)

*

César y las fuentes clásicas en general, distinguen para el mundo céltico tres clases sociales: los druidas, los caballeros y los villanos o pueblo llano.

Los druidas serán este sentido los representantes de la autoridad espiritual. Siendo los caballeros los representantes de la autoridad política y militar, los encargados de la defensa y gobierno de la comunidad. El pueblo llano por su parte, será el representante de la llamada “tercera función” o función económica y puramente material.

Esta distinción en tres funciones, es un clásico del mundo Indoeuropeo y puede rastrearse en nuestra civilización hasta bien entrada la Edad Moderna.

Los druidas cuentan entonces entre sus atribuciones con todo lo relativo a la religión, las creencias y el culto; la justicia, tanto en el ámbito del derecho público como el ámbito del derecho privado; y la enseñanza y transmisión del saber tradicional. Son por decirlo así, “guardianes de la Tradición”. Su autoridad es relativa a los principios, las creencias, los ritos y el “espíritu” de sus sociedades.

Al mismo tiempo, dará la impresión, de que este estamento del Druida, podrá a su vez subdividirse en tres clases: el bardo, el vate, y el druida propiamente dicho.

El druida encarnará el “arquetipo” de la Sabiduría, y su función será la de la enseñanza, la filosofía, la ética, la teología, la religión, la justicia…

El bardo encarnará el “arquetipo” de la Poesía, con el poder de la lírica, la música, el canto, la alabanza, la sátira, la épica…

El vate encarnará el “arquetipo” de la Magia, con la referencia a la adivinación, el augurio, el sacrificio, la interpretación de la naturaleza, quizás la profecía…

En todo caso esta subdivisión quizás haya que tomarla con algo de precaución, pues pudiera ser que todo druida fuera a la vez y en cierta medida vate y bardo, y todo vate y bardo, fuera a su vez y en cierta medida, también druida. Las fuentes tradicionales irlandesas parecerán apuntar en esta dirección si bien nosotros no entraremos aquí a desarrollar este punto.

Lo que si queremos destacar y tomar como punto de partida, es esa idea del druida como representante de la Autoridad Espiritual. De la llamada “primera función”; esa que cultiva, custodia y transmite los principios, valores y creencias de una sociedad. Su concepción del Mundo o welstanchaaung.

En este sentido, hay que pensar, que en el mundo tradicional, el representante de la autoridad espiritual, aspira a encarnar en el ámbito terrenal, la autoridad divina. Autoridad que entonces, traslada a la sociedad por la que vela, una dirección y molde para encarnar por decirlo así, la “ciudad celestial”. Esto es, el cosmos u “orden” querido por los dioses.

De esta manera, no será sólo que la sociedad tradicional, en este caso céltica, genere una religión; sino que la religión, será también la que determine la forma de dicha sociedad.

César nos dirá “que la nación de los galos está entregada por completo a las prácticas religiosas” (Comentarios VI, 16).

2-Britania y la isla de los Druidas:

“Se piensa que las enseñanzas de los druidas fueron adquiridas en Britania y desde allí llevadas a la Galia. De hecho en la actualidad, quienes desean conocerlas más a fondo marchan allá para instruirse (…) Se cuenta que aprenden allí una cantidad ingente de versos. De esta manera, más de uno pasa veinte años instruyéndose, no considerando lícito poner sus enseñanzas por escrito”.

(César, Comentarios a las Guerras de las Galias VI, 13-14)

“(Suetonio Paulino) se dispuso a atacar la isla de Mona, poderosa por su población y guarida de fugitivos (…) ante la orilla estaba desplegado el ejército enemigo, denso en armas y hombres; por medio corrían mujeres que, con vestido de duelo, a la manera de las Furias y con los cabellos sueltos, blandían antorchas; en torno, los druidas, pronunciaban imprecaciones terribles con las manos alzadas al cielo. Lo extraño de aquella visión impresionó a los soldados hasta el punto de que, como si sus miembros se hubieran paralizado, ofrecían su cuerpo inmóvil a los golpes del enemigo. Luego, movidos por las arengas de sus jefe, y animándose a sí mismos a no temer a un ejército mujeril y fanático, abatieron a los que encontraron a su paso y los envolvieron en su propio fuego. Después se impuso a los vencidos una guarnición y se talaron los bosques consagrados a feroces supersticiones. Pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos y consultar a los dioses, en las entrañas humanas”.

(Tácito, Anales, XIV, 29-30)

*

La campaña de Suetonio Paulino contra la isla de Mona se encuadra en la sublevación de los britanos contra Roma de la segunda mitad del siglo I. Es en el año 58 d.C. que Suetonio, habiendo recibido el encargo de suprimir la rebelión britana, atacará y se ensañará con el santuario de Mona.

La impresión que se tiene es que siendo la campaña contra Mona la primera acción militar que lleva a cabo Paulino en Britania, el alzamiento contra los romanos, habría sido auspiciado por los propios druidas. Como si a modo de predica, hubieran movido a silures y ordovices (en el actual País de Gales) a la sedición.

Esta idea de los druidas predicando la lucha y resistencia contra Roma, no nos debe de extrañar, no solo por su función de autoridad espiritual, sino porque ya había ocurrido anteriormente en las Galias en tiempos de César, y porque posteriormente Tiberio, llegará a prohibir y perseguir el druidismo hasta su eliminación (Plinio, Historia Natural, XXX, 13). En la misma línea y en la Celtiberia, tendremos el caso de Olíndico, suerte de “druida hispánico”[1] que portando una lanza de plata, predicará el alzamiento contra Roma en tierras de Numancia (Floro, 1, 33, 13).

Lo interesante entonces en el caso de Britania, es que Roma atacará una especie de “santuario de los druidas”. Una suerte de “Isla Sagrada” del druidismo en la que las legiones romanas, son recibidas con un auténtico ceremonial mágico. Ceremonial capaz de paralizar de terror aunque sea en un primer momento, a los duros legionarios.

duros legionarios

Las imágenes que trasmite el texto de Tácito (Anales, XIV, 29-30), con esa referencia a mujeres vestidas como de duelo, con los cabellos sueltos y “a la manera de las furias”, blandiendo antorchas; mientras en torno suyo los druidas pronuncian imprecaciones terribles, nos retrata deliberadamente una “atmosfera ominosa” que deja poco lugar a dudas sobre lo especial del lugar.

En la misma línea apuntará dicho texto cuando nos diga, que “se talaron bosques consagrados a feroces supersticiones. Pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos”.

Es decir, la campaña de Suetonio Paulino contra el alzamiento britano, comenzará con el ataque a un enclave vinculado a los druidas y sus cultos. Lugar que parecerá haber ejercido de instigador de la rebelión contra Roma.

La isla de Mona (actualmente isla de Anglesey en el País de Gales), aún estando ubicada en una zona relativamente remota de la geografía britana, se convierte de este modo, en el punto de partida de la campaña romana contra los rebeldes.

Viendo así la importancia del lugar, no será difícil llegado este punto recordar las palabras de César cuando dice: “Se piensa que las enseñanzas de los druidas fueron adquiridas en Britania y desde allí llevadas a la Galia. De hecho en la actualidad, quienes desean conocerlas más a fondo marchan allá para instruirse” (Comentarios VI, 13-14).

En todo caso la campaña de Paulino contra la isla de Mona no se pudo completar, pues mientras destruía los santuarios de Mona y masacraba a sus druidas, la rebelión se desató con inusitada ferocidad al otro lado del país…

Sobre la colonia romana de Camalodunum (próxima a Londinum, en el actual Londres), venían cerniéndose desde hacía tiempo negros presagios: una estatua consagrada a la Victoria cayó al suelo sin motivo aparente y con el rostro en contrario a por donde podía venir el enemigo; se oyeron ruidos y bramidos espantosos en las casas del Ayuntamiento, terribles aullidos también en el teatro, una visión como fantasmal se pudo ver en el reflujo del mar y éste, se tiñó de un tono rojo sangre que atemorizó a los veteranos (Tácito, Anales, XIV, 33, 1-2).

Por otra parte, las insolencias y desprecios de las tropas romanas a la población local, los abusos de los veteranos sobre las propiedades y rentas de los britanos, así como la construcción de un templo dedicado al emperador Claudio (señal para los britanos del domino de Roma sobre sus tierras y gentes), alimento la llama de la sedición y “el anhelo de comprar la libertad aún con el pago de la propia vida” (Tácito, Anales, XIV, 33, 1-2).

Finalmente, la violación por parte de unos centuriones de las hijas de Boadicea, reina de los icenos, y tras azotar a ésta y despojarla de su herencia, terminó por encender la mecha del alzamiento.

Boadicea, los icenos extendieron su revuelta como la pólvora, arrastrando en su rebelión a otras tribus

Dirigidos por la propia Boadicea, los icenos extendieron su revuelta como la pólvora, arrastrando en su rebelión a otras tribus, incluidos los trinobantes, cuya capital Londinum, era una de las ciudades más importantes de Britania.

Camalodunum, capital romana en Britania, fue asediada a sangre y fuego y cayó en manos de los rebeldes. En Londinum, los romanos consideraron que no disponían de defensas suficientes como para resistir y abandonaron la ciudad, entregándola al ejército de Boadicea. Éste continuó su marcha avanzando ahora sobre Verulamium (actual St. Albans), la cual arrasaron.

El alzamiento no estaba siendo así una cuestión baladí o menor, y a tenor de las fuentes, los rebeldes se enseñaron con especial crueldad. Como si la guerra la estuvieran llevando a cabo fanatizados por el odio contra Roma: “en los lugares que se ha indicado cayeron cerca de setenta mil ciudadanos y aliados. Se entregaban no a tomar cautivos y venderlos, ni a ningún otro comercio de guerra, sino a la matanza. Todo eran muertes, tormentos, fuegos y cruces (…) vengaron las injurias hechas y por hacer” (Tácito, Anales, XIV, 33, 2).

En la misma línea el historiador Dion Casio (LXII, 9) nos dirá: “colgaron a las mujeres más distinguidas, les cortaron los pechos y les cosieron la boca (…) tras lo cual les clavaron estacas afiladas a través el cuerpo de abajo a arriba. Y se entregaban a todas estas fechorías durante sus sacrificios y sus festines, en sus templos y en sus bosques”. Más adelante y en el mismo párrafo nos recogerá como Paulino exhortando a sus tropas contra los rebeldes les dirá: “más vale caer con bravura en el campo de batalla que caer prisioneros para que nos empalen, para que nos arranquen las entrañas, para que nos traspasen con estacas en llamas, para perecer escaldados, como si hubiéramos caído en medio de bestias salvajes, sin ley ni dioses”.

Ciertamente, el ataque y destrucción de un centro espiritual no trae nunca nada bueno, y los desprecios, violaciones y abusos, son semilla segura de futuras violencias. Una guerra de odio, sin prisioneros, repleta de suplicios horribles, nos pone en la tesitura de plantearnos hasta qué punto esta guerra, pudiera haber tenido trazas de una guerra religiosa. En este sentido las fuentes guardan silencio sobre lo que los romanos hicieron por su lado…

En todo caso Suetonio Paulino consiguió regresar de la lejana costa de Gales y hacer frente a los rebeldes en la batalla Watling Street, donde a pesar de lo numeroso del ejército britano, éste fue terriblemente derrotado. La propia reina Boadicea murió en la batalla, suicidándose con un veneno, y en la conmovedora arenga que dio a sus tropas antes de tan tremenda jornada, nos dejó el reflejo de su admirable coraje y pundonor. Hoy día sus palabras siguen sonando aleccionadoras:“no es cosa nueva para los britanos pelear bajo el gobierno de una mujer; más procedo aquí no como descendiente de famosos y ricos progenitores, sino como una mujer más a la que se le ha quitado la libertad, el cuerpo molido a azotes, y robado la virginidad a sus pobres hijas; llegando tan lejos los apetitos desordenados de los romanos, que ni a los cuerpos, ni a la vejez, ni a la virginidad perdonan, violándolo y contaminándolo todo… Más los dioses favorecen las venganzas justas, como lo muestra la legión degollada que se atrevió a pelar (…) Vosotros, si consideráis bien los soldados de ambos bandos y las causas de la guerra, haréis resolución clara de vencer o morir en esta batalla; las mujeres a lo menos hecha tenemos esta cuenta. Vivan los varones si quieren en perpetua servidumbre” (Tácito, Anales, XIV, 33, 2-3).

*

La revuelta de Boadicea y los icenos fue así desbaratada y habiendo quedado entonces inacabada la conquista de la isla de Mona, veinte años después, en el 78 d.C., los romanos volverán a la carga contra ella.

Durante este tiempo la mayor parte del territorio de la actual Inglaterra quedó pacificado y bajo la órbita romana. Siendo sólo al oeste y al norte, en Gales y Caledonia (la actual Escocia), que quedaron libres del poder de Roma.

El encargado de completar la conquista de Britania fue el gobernador Agrícola, que por sus campañas en Caledonia y su victoria contra el “líder escocés” Calgaco, se convertirá en uno de los generales romanos más afamados (hablaremos en otra ocasión y en otro artículo de dicho episodio). Antes de emprender estas campañas en el norte de Britania, Agrícola tuvo que poner fin a la secular rebeldía de los ordovices (en la actual Gales), e igual que anteriormente hizo Suetonio Paulino, atacó en primero lugar y como foco de la rebelión a la Isla de Mona.

En otoño del 78 d.C. Agrícola y sus hombres, aprovechando la bajamar, cruzaron el estrecho de Menai y atacaron por sorpresa la Isla de Mona; no encontrando el “recibimiento” que en su momento encontró Paulino. Mona fue conquistada, ahora sí, y los ordovices sometidos. Gales quedaba definitivamente integrada en la órbita romana.

Al año siguiente y antes de emprender la conquista de Escocia, Agrícola someterá a los brigantes, en el norte de Inglaterra, en el entorno de la actual Yorkshire, siendo ésta la última resistencia britana antes de las luchas de Roma contra los caledonios.

Las actuales Inglaterra y País de Gales quedaban así bajo el manto de Roma y el centro sagrado del druidismo, posiblemente tanto para Britania como para la Galia, desaparecía…

La isla de Mona, actual isla de Anglesey, andando el tiempo irá olvidando su pasado druídico si bien conservará importantes restos arqueológicos de la prehistoria; siendo también el lugar de Gales donde más se hablará y conservará la antigua lengua céltica del país, así como el folclore más ancestral. Por otro lado y de un tiempo a esta parte, se habrá convertido en centro de peregrinación para amantes del universo celta y recreacionistas más o menos afortunados del druidismo…

3-El simbolismo del Druida:

La figura del Druida ha terminado por convertirse en la cultura popular europea, en símbolo de la sabiduría antigua y ancestral. De una manera ciertamente mitificada, el druida ha terminado por ser la imagen emblemática del Wizard, del “sabio-mago” guardián de la Tradición. Un arquetipo fundamental de las sociedades premodernas que ya en la Antigüedad se vinculó a los druidas, y que posteriormente, podemos encontrar en ese “aroma” innegablemente druídico del Mago Merlín, o del mismísimo Gandalf de la Tierra Media. Tanto entonces en la cultura medieval, como en la propia cultura contemporánea, el “mito del druida” como símbolo representativo de un principio espiritual de la Tradición.

simbolismo del Druida

En este sentido y a nuestro entender, en el “mito del druida”, si sabemos acercarnos a él con prudencia y acompañándolo de la lectura crítica de las fuentes clásicas, podemos encontrar paradójicamente, las claves del propio druida histórico. Pues si el druida histórico, del que realmente sabemos tan poco, se “refugió” finalmente en los mitos y leyendas europeos, es porque en dichos mitos y leyendas, pudo conservar las esencias que le eran propias. Esto independientemente de que dichas esencias, hubieran tenido una mayor o menor plasmación en la propia realidad histórica.

*

El “santuario” de Anglesey, la isla de Mona, la “isla de los druidas”, es sin lugar a dudas unos de los enclaves mágicos de la geografía europea. En los confines de la costa occidental de Gales y con sus druidas y “druidesas” llamando al alzamiento contra Roma, hace parte importante del imaginario histórico de la antigüedad europea. Su “bosque sagrado” de “feroces supersticiones”, talado por los romanos, “pues en efecto, contaban entre sus ritos el de honrar los altares con sangre de cautivos” (Tácito, Anales, XIV, 29-30), es un referente lírico de no pocas recreaciones románticas sobre el mundo celta.

El Bosque como templo, noción fundamental de la cultura celta, termina así por ser el espacio por excelencia del druida. El lugar donde imparte sus enseñanzas y se le busca en pos de consejo. No es su lugar de refugio, sino directamente, su lugar…

No podemos entonces resistirnos a cerrar este artículo más que con el fragmento de Lucano sobre “el bosque de los druidas”. Tan cargado de ideas románticas como “tenebrosas” y en el que el misterio y fascinación por los druidas, se hará manifiesto directamente en la propia Antigüedad…

“Había un bosque sagrado, jamás profanado desde tiempos remotos, que con sus ramas entrelazadas encerraba un espacio tenebroso y una gélidas sombras en cuyas profundidades, no penetraba el sol. Este bosque no lo ocupaban los Panes ni los Silvanos, señores del bosque; tampoco las ninfas, sino que era el santuario de sus dioses bárbaros: con aras construidas para siniestros altares y todos los árboles purificados con sangre humana. Si merece crédito la antigüedad (…) incluso las aves temen posarse en aquellas ramas y las fieras acostarse en aquellos cubiles; ni siquiera el viento se abate sobre aquellas espesuras ni los rayos que saltan de los negros nubarrones. Un horror especial anida en aquellos árboles, que no ofrecen sus follajes a las caricias de brisa alguna. Además, cae el agua en abundancia de los sombríos manantiales y las lúgubres imágenes de los dioses carecen de valor artístico y se alzan, como bosques informes, de los troncos cortados. La propia impresión de abandono y el tinte pálido de los troncos podridos produce estupefacción; no se teme así a las deidades veneradas bajo figuras familiares: ¡tanto incrementa la sensación de terror no conocer a los dioses a los que se teme! Ya la fama contaba que a menudo mugían con terremotos las cóncavas cavernas, que los tejos se abatían hasta el suelo y de nuevo se levantaban, que brillaban incendios de malezas que no se quemaban, que se deslizaban dragones enroscados a los troncos. No lo frecuentan las gentes acercándose para celebrar cultos, sino que se lo han dejado a los dioses. Tanto si está el sol en medio del firmamento como si ocupa el cielo la noche sombría, el propio sacerdote tiene pavor a acercarse y teme toparse de repente, con el señor del bosque…”

(Lucano, Farsalia, III, 399-425).

Lucano, Farsalia, III, 399-425

[1] La cuestión del druidismo en la Hispania prerromana, sigue siendo objeto de estudio e investigación. Véase aquí nuestro artículo “Espacios Sagrados y Druidismo en la Hispania Céltica” (http://gonzalorodriguez.info/espacios-sagrados-y-druidismo-en-la-hispania-celtica/). En este sentido, posiblemente un druidismo organizado al modo del que se daba en Britania o la Galia, no llegó a existir en Hispania, si bien parece bastante loable que se diera una suerte de sacerdos o “autoridad espiritual”, oficiante del rito y la magia. Las referencias a Olíndico en la Celtiberia o los sacrificios humanos entre los lusitanos, apuntarán claramente en esta dirección, dándose llamativas similitudes respecto de lo recogido en la Galia o Britania: “Los lusitanos hacen sacrificios y examinan las vísceras pero sin extirparlas. También observan las venas del pecho y adivinan palpándolas. Asimismo predicen mediante las entrañas de los prisioneros de guerra cubriéndolas con un sago. Luego, cuando la víctima cae por mano del hieroskópou, lo golpean por encima de las entrañas y predicen según la forma en la que cae el cuerpo” (Estrabón, III, 6).

Viriato y Numancia V: El fin de Viriato

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
La Conquista Romana de Hispania: Viriato y Numancia.20 años de guerras

La Conquista Romana de Hispania: 20 años de guerras

La Muerte de Viriato y el fin de la resistencia lusitana 

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

En este quinto episodio de nuestra crónica sobre “Las guerras de Viriato y de Numancia”, llegamos quizás a uno de los momentos más trágicos y conmovedores de las luchas contra Roma en la península Ibérica: Viriato se encontrará con que Roma no acepta los términos de la paz e independencia que ha conseguido con sus victorias, y la guerra se reanudará con renovado ahínco y determinación. Perseguido hasta los confines de Hispania y obligado a tomar decisiones tan duras como dolorosas, Viriato finalmente se avendrá a un nuevo intento de negociación. Siendo entonces que la vileza de Roma así como la bajeza humana, se unirán en una traición digna de una obra shakesperiana…

 

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor, su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

 

*

139 a.C.-

*Tal como vimos en el anterior capítulo, Viriato había conseguido con su victoria sobre el ejército consular de Serviliano, el reconocimiento de su independencia así como el status de “amigo del pueblo de Roma”. Sin embargo, poco iba a durar el pacto de paz y la alianza entre romanos y lusitanos, pues el propio hermano de Serviliano, Cepión Máximo Emiliano, repudiará los tratados firmados con Viriato, y hostigará al senado hasta conseguir de éste la ruptura del pacto y la reanudación de la guerra.

Llegado a Hispania como nuevo procónsul y con un renovado ejército, hará la guerra abiertamente y sin remisión, atacando y tomando en primer lugar la ciudad de Erisana (posiblemente la actual Azuaga, en Bajadoz), aliada de Viriato durante años y escenario en el que Serviliano, había cosechado su estrepitosa derrota. Seguidamente Cepión, con fuerzas mucho mayores que las que en ese momento disponía Viriato, saldrá en su persecución.

Aquí hay que pensar, que tras el tratado de paz que Viriato consigue así como tras su reconocimiento como amigo de Roma, su ejército habría sido en gran medida desmovilizado. Los largos años de guerra y fatigas, la victoria sobre Serviliano, y la aparente paz e independencia conseguida, habría movido al grueso de sus hombres y por decirlo así, a “volver a sus casas”.

Es así que llegado Cepión, con un nuevo ejército consular y decidido a reanudar la guerra, a Viriato no le habría quedado otra opción que huir…

Viriato huirá a través de la Carpetania destruyendo todo a su paso y buscará refugio entre los vetones, posiblemente en su “santuario” y base de operaciones del la actual sierra de San Vicente. Desde allí y haciendo gala de nuevo de su astucia, conseguirá engañar a Cepión, al que hará creer que se disponía a entablar batalla campal con él, para sin embargo y mediante una hábil maniobra, escapar “con menosprecio y tan rápidamente que ni siquiera pudieron darse cuenta sus perseguidores, de hacia dónde había salido huyendo” (Apiano. Iber. 70).

Viriato escapará entonces más al norte, refugiándose entre los galaicos, siendo que hasta allí lo perseguirá Cepión, asolando a su paso los campos de éstos y de los vetones. Lo apurado de la situación y la persecución de Cepión incluso hasta territorio galaico, moverá a Viriato a buscar algún tipo de negociación, ejerciendo de mediador el gobernador de la Hispania Citerior, Pompilio Lenas. En la negociación los romanos exigirán a Viriato la entrega de rehenes y desertores, y se entenderá aquí que esos desertores, no serán sino antiguos soldados auxiliares y aliados hispanos de Roma, avenidos a abandonar las filas de ésta para a unirse al ejército de Viriato y luchar con él, contra sus antiguos amos.

Viriato, en lo que quizás pudo ser su gran error, accederá a las solicitudes de los romanos, ejecutando eso sí él mismo y previamente, a algunos de estos desertores. Por decirlo así, prefiriendo matarlos él, antes de que los matasen los propios romanos. Nos podemos imaginar aquí lo traumático del episodio, tanto para Viriato como para sus hombres, en lo que debió ser uno de los momentos más bajos para todos ellos…

Cabe señalar también aquí, cómo entre los desertores ejecutados por Viriato, estará su propio suegro, Astoplas, antigua aliado de Roma que tras el matrimonio de su hija con el rebelde lusitano, se unió a las filas de éste.

Astoplas debía pertenecer a algún tipo de élite terrateniente favorecida por los romanos en el sudoeste de la Península, y destaca la anécdota de las riquezas de las que hizo gala en las bodas de su hija con Viriato, y de cómo éste, manifestó su indiferencia hacia la riqueza puramente material de su suegro:

“Cuando con motivo de su matrimonio se exhibieron copas de oro y toda clase de vestidos y lujosos bordados, (Viriato) apoyado en su lanza los contemplaba sin ningún signo de admiración o sorpresa, sino que mostraba más bien un sentimiento de desdén (….) dejando caer muchas observaciones sobre (…) la necedad de enorgullecernos de los dones inestables de la fortuna”

Diodoro de Sicilia XXXIII, 7, 1-2.

 

Cepión en todo caso, no quedará satisfecho con el sacrificio de los desertores y exigirá una vez resuelto éste asunto, la entrega incondicional de las armas. Esto obviamente supuso demasiado para Viriato, las armas eran el símbolo de su condición guerrera, su libertad y su dignidad, y la entrega de las mismas era algo por lo que ningún caso estaba dispuesto a pasar. Recordemos aquí las fuentes romanas al hablar de los pueblos hispanos y su relación con las armas, los caballos o la guerra:

“Les era preferible morir luchando con gloria a que sus cuerpos desnudados de sus armas fueran entregados a la más abyecta esclavitud”

Diodoro de Sicilia, V 33, 25.

“Los caballos y las armas le son más queridos que su propia vida”

Trogo Pompeyo 44, 2, 3.

Viriato romperá así las negociaciones y marchará de nuevo a esconderse a las montañas y zonas más salvajes y abruptas, suponemos del noroeste y oeste de Hispania. La información a partir de aquí es bastante confusa pero parecerá que Cepión no cejará en su persecución y que Viriato, de nuevo mediante su astucia y técnica de guerrillas, conseguirá ir escapando si bien posiblemente cada vez más aislado y debilitado.

Finalmente ese mismo año, y regresado al que había sido su santuario y guarida durante todos estos años de guerra (el “Monte de Venus” en la actual sierra de san Vicente de Toledo), Viriato se enfrentará de nuevo a los romanos. Tras sucesivos choques en los que Viriato no termina de ser derrotado, pero en los que tampoco logra poner fin a la “caza al hombre” a la que se ha visto sometido, Viriato se decide a pasar de nuevo a las negociaciones.

Según Apiano (Iber. 74), Viriato envió a negociar con Cepión a “los más leales de sus amigos: Audax, Ditalcón y Minuro”.

Naturales de la Bética, concretamente de Urso (Osuna), los tres parece que pudieran ser antiguos auxiliares hispanos del ejército romano en la Turdetania, que al inicio de las guerras de Viriato, habrían abandonado las filas romanas para unirse a las tropas del rebelde lusitano. Cosa que por otra parte debió darse con cierta profusión en muchas áreas de la Hispania Ulterior.

En todo caso, la épica y tragedia de la historia de Viriato alcanza aquí uno de sus momentos más dramáticos, pues por motivos que se nos escapan pero en los que seguro estuvo presente la entrega de desertores a Cepión en la anterior negociación, Audax, Ditalcón y Minuro, serán “corrompidos” por Cepión y traicionarán a Viriato matándolo mientras dormía ( Apiano. Iber. 74).

Apiano lo cuenta así: “corrompidos por Cepión mediante grandes dádivas le prometieron que darían muerte a Viriato. Y lo asesinaron de este modo: Viriato solía dormir poco a causa de sus preocupaciones y esfuerzos, y la mayor parte de las veces descansaba armado, para que al despertarse estuviera dispuesto inmediatamente a todo. Así pues, sus amigos podían visitarle durante la noche. A causa de esta costumbre, Audax y sus secuaces y después de vigilarle, pudieron entrar en su tienda en el primer sueño, como si en efecto algo importante urgiera comunicarle, aprovechando entonces para degollarle. Como estaba protegido por la armadura no era posible matarle por otra parte del cuerpo. A causa de lo certero de la herida pudieron escapar hasta Cepión sin que nadie se diera cuenta de lo ocurrido (…) Los sirvientes de Viriato y el resto del ejército, cuando llegó el día y pensando que todavía descansaba, se sorprendieron por lo inhabitual de su sueño, hasta que algunos se dieron cuenta de que aunque armado yacía cadáver (…) lo que les dolió de manera más especial fue no poder encontrar a quienes lo habían hecho (Iber. 74).

La tragedia se consumaba y tanto los traidores como el propio Cepión, dejaban su nombre grabado en los anales de la indignidad y la vergüenza. En este sentido el propio senado de Roma se avergonzó de lo ocurrido y rechazó la acción como indigna, negando el triunfo a Cepión.

* Viriato fue honrado por sus hombres con un auténtico funeral guerrero digno de héroe homérico, unas extraordinarias exequias que las propias fuentes romanas no pueden sino detenerse a detallar: “Tras haber adornado a Viriato del modo más espléndido le prendieron fuego sobre lo alto de una pira funeraria y le inmolaron numerosas víctimas. Por secciones la infantería y la caballería marcharon alrededor del cadáver mientras entonaban cánticos al modo bárbaro para después sentarse todos en torno a él hasta que el fuego se extinguió. Una vez concluido el ceremonial iniciaron un certamen de combates singulares sobre su tumba” (Apiano, Iber. 75).

Obviamente, la información que se nos da aquí sobre el universo de creencias del mundo prerromano en Hispania en riquísima. Trasluciéndose toda una concepción épica, heroica y guerrera de la vida, la muerte, el mérito y la ejemplaridad, que no puede sino hacer eco tanto con el mundo que Homero retrata en su Iliada (recordemos los funerales de Patroclo), como con el mundo que se recoge en las sagas vikingas y la antigua Escandinavia. De igual manera, un universo análogo de creencias éticas, estéticas y espirituales en torno a la figura del guerrero y el ideal del héroe, podrá encontrarse en los cantares de gesta del medievo europeo. De Roldan al Cid, de los Nibelungos a la muerte del rey Arturo. Evidentemente en este caso, todo ello recogido con las correspondientes vestiduras del cristianismo medieval.

Dará la impresión en este sentido, que desde la lejana Edad del Bronce y pasando por las culturas bárbaras de la Edad del Hierro, hasta llegar a la Edad Media, una misma idea de fondo se habría mantenido viva entre los pueblos europeos. Una idea que hace de los valores heroicos y guerreros, un puntal fundamental de su concepción del mundo.

Por otra parte, es de suponer que el funeral de Viriato se habría llevado a cabo en algún lugar de la actual sierra de san Vicente, en la provincia de Toledo. Sierra donde se encontraba ese “monte de Venus” que sirvió de refugio y “cuartel de invierno” a Viriato, durante sus ocho años de guerra contra Roma. También lugar donde tuvo sus últimos enfrentamientos con Cepión.

Por desgracia, no tenemos todavía información arqueológica al respecto, pero sería interesantísimo poder encontrar los posibles restos del funeral, léase aquí víctimas, cremaciones, armas, etc…

Cabe destacar los elogios de los propios autores romanos a la figura de Viriato. Elogios a través de los cuales se traslucirá no ya la admiración para con el enemigo vencido, si no también la ejemplaridad de éste para con el ideal de virtus de la propia Roma:

Viriato consiguió que durante los ocho años que duró su guerra contra Roma, un ejército constituido de elementos diversos nunca se le rebelara y siempre fuera sumiso y resuelto a la hora del peligro. Fue el que más dotes de mando tuvo entre los bárbaros, y el más atrevido ante todo y por delante de todos, y el más presto y generoso en el reparto del botín. Pues nunca aceptó tomar una parte mayor aunque continuamente se le animase a ello, e incluso lo que tomaba se lo entregaba a quienes más se habían destacado en la lucha”.

Apiano. Iberia. 75.

“Viriato estaba satisfecho con cualquier comida que tuviese y cualquier bebida le satisfacía; la mayor parte de su vida la paso al raso y estaba satisfecho con lo que la naturaleza le daba. En consecuencia, era indiferente al calor o al frió (…) satisfacía todas sus necesidades con cualquier cosa que encontrase a mano como si fuese la mejor (…) llevaba adelante la guerra no por la búsqueda de ganancias personales, o de poder, o movido por la ira, sino por el placer de las hazañas de la guerra en sí misma; pues se consideraba a la vez amante de la guerra y señor de la guerra”

Dión Casio XXII, 73, 1-4.

 

“Viriato consideraba la autosuficiencia su mayor riqueza, la libertad su patria, y la supremacía derivada del valor su más segura posesión”

Diodoro de Sicilia, XXXIII; 7, 3.

“Viriato en el reparto del botín nunca tomaba una parte mejor que la de sus compañeros y de lo que tomaba, le obsequiaba a los soldados que más se lo merecían o más lo necesitaban”

Diodoro de Sicilia, XXXIII 33, 21.

*Ese mismo año de la muerte de Viriato, el gobernador de la Hispania Citerior, Pompilio Lenas, no se atreverá atacar a Numancia y la concederá un breve descanso que durará lo que su gobierno. Sin embargo esto no le impedirá saquear los territorios vacceos para impedir los aprovisionamientos de grano de la ciudad arévaca, y saquear el territorio Lusón, del que en todo caso y al parecer, no conseguirá obtener botín. Por otro lado y cómo ya hemos visto, en vista de su inoperancia en la Citerior, servirá como negociador en la Ulterior en la guerra contra Viriato.

Esta misma línea de actuación la mantendrá al año siguiente, no llegándonos información alguna de nuevos enfrentamientos con Numancia.

En este sentido, a pesar de esas malas artes de Pompeyo que hemos podido ver en el anterior capítulo, los numantinos conseguirán dos años de relativa paz. Quizás en parte porque el senado mientras resuelve el litigio “Numancia vs Pompeyo”, o una vez resuelto éste, no estima oportuna una gran campaña contra Numancia. Quizás también porque ni hay efectivos suficientes ni preparados, como para reanudar la guerra en toda regla, contra la pequeña pero indomable ciudad arévaca.

138 a.C.-

*Muerto Viriato, los lusitanos nombran un sucesor en la persona de Taútalo, y al año siguiente, harán campaña tratando de saquear la actual Cartagena. Cepión los derrotará al cruzar los lusitanos el Betís y Taútalo, muy inferior al romano, se entregará con su ejército a Cepión, con la esperanza de ser reconocidos como súbditos de Roma. Cepión les arrebatará las armas y su sucesor Décimo Junio Bruto, los repartirá tierras reasentándolos en Valentia (no la de la costa levantina si no en el actual Portugal).

Era el fin de la guerra de Viriato, iniciada en el 147 a.C. y concluida nueve años después en el 138 a.C. Un conflicto que a su vez se remontaba a mucho antes y a las razzias lusitanas en la Hispania Ulterior y la Turdetania. Razzias que habrían comenzado en el 154 a.C., que ya se habían dado en momento tan temprano de la presencia romana en Hispania como el 195 a.C., y que suponían uno de los rasgos característicos de las luchas de Roma contra los lusitanos.

Posteriormente los lusitanos volverán al tablero de las luchas de Roma en Hispania con las Guerras Sertorianas (78-72 a.C.). Esta vez una guerra civil romana trasladada a la península en la que los lusitanos, jugarán un papel fundamental. Constituyéndose parte importante del ejército sertoriano, así como haciendo del “rebelde romano”, líder de la “disidencia” hispana frente a los mandatos del senado de Roma.

Finalmente será en el 61 a.C. y de mano del propio Julio César, que se dará el “último acto” de las luchas de Roma contra los lusitanos. Esta vez con el legendario general romano gobernando en sus años de juventud la Hispania Ulterior, y haciendo campaña contra los lusitanos, en reprimenda de nuevo a los saqueos y razzias de éstos. César los perseguirá y sitiará en torno al llamado “Monte de Hermes” (la actual sierra de la Estrella y posible “montaña sagrada” para el mundo lusitano), continuando después su persecución contra los últimos rebeldes lusitanos hasta Galicia y posiblemente el entorno de la actual Ría de Vigo y las Islas Cíes. Allí doblegará los últimos rescoldos de la resistencia lusitana.

Desde el año 195 a.C. al 60 a.C. un larguísimo periodo de guerras y enfrentamientos en el que los lusitanos, acompañados en muchas ocasiones por vetones y galaicos, y durante las guerras de Viriato, por rebeldes antiromanos de la Turdetania y la Carpetania, se constituirán como unos de los enemigos más formidables y pertinaces de la historia de Roma. Un pueblo hispano entonces del que sabiendo que está en nuestras raíces, podemos estar orgullosos de su espíritu guerrero e indomable independencia. Teniéndolo presente como enseñanza y ejemplo de nuestro pasado, para la formación del carácter de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

*

BIBLIOGRAFÍA:

  • Abascal, J. M.: 1986: “La Legio VII Gemina. Balance de la investigación y perspectivas. Actas Congreso Internacional Astorga Romana (Astorga 1985) I: 317-328. Astorga

-2009a: “El ejército romano en los siglos I-IV d.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 282-288.

-2009b: “La participación hispana en los ejércitos romanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 289-300.

-2009c: “Los auxilia hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 301-312.

  • Almagro-Gorbea, M. 1997: “Guerra y sociedad en la Hispania céltica”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 207-221.

-2009: “Las Guerras Civiles”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 235-246.

  • Blázquez Martínez, J. Mª, Montenegro, A., Roldán J. M., Mangas, J., Teja, R., Sayas, J. J., García Iglesias, L. y Arce, J. 1995: Hispania Romana. Historia de España Antigua Tomo II. Ediciones Cátedra. Historia. Serie Mayor. Madrid.
  • García Huerta, R.1997: “La guerra entre los pueblos célticos. Las fuentes literarias grecolatinas”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 223-229.
  • Lorrio Alvarado, A. J. 2009: “Las Guerras Celtibéricas”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 205-223.
  • Morillo Ángel 2009: “Ejército y sociedad en la hispania romana”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 338-346.

-1995: “Guerra y paz en la España céltica. Clientes y hospites a la luz de las fuentes literarias”. Hispania Antiqua, 19: 15-36.

  • Novillo López, M. A. 2011: “La propetura cesariana en la Hispania Ulterior: La II guerra Lusitana”. Gerion 28, núm. (1): 207-221.
  • Peralta Labrador, E. 2009a: “La II Guerra Púnica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 174-193

-2009b: “Las guerras Cántabras”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 247-265.

-2009c: “El ejército romano en los siglos II-I a.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 267-281.

  • Pérez Vilatela, L. 1989a: “Notas sobre la jefatura de Viriato en relación con la Ulterior”. Archivo de Prehistoria Levantina. Homenaje a D. Fletcher Valls, 19: 191-204.

-1989 b: “Procedencia geográfica de los lusitanos de las guerras del siglo II a.C. en los autores clásicos (154-139)”. Actas de VII Congreso español de Estudios Clásicos (Madrid 1987): 257-262.Madrid

  • Quesada Sanz, F. 1997a: “Algo más que un tipo de espada. La falcata Ibérica”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 196-205.

-1997b: “Jinetes o Caballeros: entorno al empleo del caballo en la Edad del Hierro Peninsular”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 185-194.

-2009a: “La guerra en la cultura Ibérica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 111-130.

-2009b: “Los mercenarios hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 165-173.

-2010: Armas de la antigua Iberia. De Tartessos a Numancia. La Esfera de los Libros. Madrid.

  • Rodríguez Martín, G. 2009: “Las guerras Lusitanas”. Historia militar de España- Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 224-234.
  • Roldán Hervás, J. M. 1974: Hispania y el Ejército romano. Universidad de Salamanca. Salamanca.

-1997a: “Los Hispanos en el ejército Romano”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 299-310.

-1997b: “El ejército romano republicano y alto imperial”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 281-297.

-1997c: “El ejército romano en Hispania”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 323-331.

  • Salinas Frías, M. 1986: Conquista y romanización de la Celtiberia. Universidad de Salamanca. Museo Numantino de Soria. Salamanca.
  • Sánchez Moreno, E. 1981: “Las incursiones de lusitanos en la Hispania Ulterior durante el siglo II antes de nuestra era”. Bracara Augusta, 35: 355-366.
  • Santos Yanguas, N. 2009: “Sertorio ¿un romano contra Roma en la crisis de la República? En G. Urso (ed.), Ordine e sovversione nel mondo greco e romano. Atti del convegna internazionale Cividale del Friuli. Pisa: 177-192.
  • Santos Yanguas, N. y Montero Honorato, Mª. P. 1983: “Viriato y las guerras Lusitanas”. Bracara Augusta, 37: 153-181.

Fuentes Clásicas:

Apiano. Historia de Iberia y Aníbal. Gómez Espelosín. Alianza Editorial. Madrid 1993. Claudio Eliano. Sobre la naturaleza de los animales. José Vara Donado. Akal. Madrid

1989.

Diodoro de Sicilia. Biblioteca Histórica, I-III. Parreu Alasá. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2001.

Dion Casio. Historia de Roma I-XXXV. Domingo Plácido. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2004.

Estrabón. Geografía, III-IV. García Ramón y García Blanco. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Floro Lucio Anneo. Epitome de la Historia de Tito Livio. Hinojo Andrés y Moreno Ferrero. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2000.

Julio César. Cometarios a las Guerras de las Galias. José Joaquín Caerols. Alianza editorial. Madrid 2002.

Justino/Pompeyo Trogo. Epitome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo. José Castro. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1995.

Marcial. Epigramas. José Guillén y Fidel Argudo. Institución Fernando el Católico. Zaragoza 2003.

Orosio. Historias contra los paganos. Juan Fernández de Heredia. Prensas universitarias de Zaragoza. Zaragoza 2008.

Plinio el Viejo. Historia Natural II-VI. Antonio Fontán, Ana María Moure Casas e Ignacio García. Biblioteca Clásica Grados. Madrid 2000.

Historia Natural XII-XVI. Ana María Moure Casas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2010.

Polibio. Historias I, II, III. Balasch Recort. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983. Plutarco. Vidas paralelas VI: Sertorio-Eúmenes. Jorge Bergua Caveto. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2007.

Salustio. La concepción de la Historia en Salustio. Traducción obras menores (Historias). Santos Yaguas. Universidad de Oviedo. Oviedo 1997.

Suetonio. Vida de los Césares. Agudo Cubas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Tácito. Germania. Requejo. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1981.

Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación, XXXI-XXXV, XXXVI, XL. Villar

Vidal. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983.

Viriato y Numancia IV: El triunfo de Viriato

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte IV

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte IV

-Triunfa Viriato. Muere Olíndico. Y falsa paz en Numancia-

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

En este cuarto episodio de nuestra crónica sobre “Las guerras de Viriato y de Numancia”, nos encontraremos con la “peculiar” y heroica muerte de Olíndico, líder ideológico y espiritual de los celtíberos. También con el triunfo de Viriato frente al cónsul romano enviado a Hispania ex profeso para acabar con él. Dos episodios auténticamente cinematográficos.

 

Por su parte Numancia, tendrá que vérselas de nuevo con los engaños y abusos de los “gobernadores” romanos…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor, su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

143 a.C. –

*Llegado Metelo y su ejército consular a la Hispania Citerior, lo primero que hará será tomar la ciudad celtibérica de Centóbriga. Estando todavía frente a dicha ciudad recibirá el ataque en plena noche y en su propia tienda, del “druida o profeta” celtibérico Olíndico, que había conseguido introducirse en el campamento romano en solitario con su lanza de plata, y que apunto estará de acabar con la vida del procónsul, siendo reducido y muerto en el último momento por la guardia de éste. La guerra comenzaba como un siniestro presagio: el ataque audaz y sorpresivo del “oráculo” de los celtiberos al cónsul de Roma y en el propio campamento romano. Cabrá preguntarse en este sentido, hasta qué punto la guerra pudiera estar enardecida por el elemento religioso en el bando celtibérico, pues una suerte de “druida” había predicado la guerra contra Roma durante los años de la paz de Marcelo, y ahora ese mismo “profeta” y en el mismo momento de la reanudación de las hostilidades, se colaba en solitario hasta el corazón del campamento romano y trataba de atentar contra la vida del cónsul… En todo caso Metelo conseguirá tomar Centóbriga no volviendo a actuar ya hasta el año siguiente.

142-141 a.C. –  

*En el año 142 a.C. no se registrarán actividades militares dignas de mención en la Hispania Ulterior, y Viriato se afianzará en sus posiciones. Pero llegado el 141, Roma enviará una poderosa ofensiva de casi 20000 hombres y 10 elefantes, dispuesta a poner fin terminantemente con el guerrillero lusitano.

*Mientras en la Citerior y tras la toma de Centobriga el año anterior, Metelo tomará la ciudad de Contrebia, de los celtíberos lusones, consiguiendo tras la caída de ésta y mediante una hábil labor diplomática, la adhesión de diversas tribus celtibéricas y ciudades. Es éste orden de cosas habrá que destacar a un jefe celtibérico de nombre Retógenes, que siendo originario de Centóbriga, se habría pasado al bando romano tras la caída de ésta, y que participando en el asedio de Contrebia, tuvo que ver como sus propios hijos eran dispuestos por los asediados como escudos humanos en las murallas, frente a las catapultas romanas. La decisión “humanitaria” de Metelo de no atacar en ese caso por respeto a su aliado, provocó la simpatía de muchos celtiberos hacia el cónsul romano, que a partir de ese momento se pusieron en disposición de pactar con él. Tenemos así un ejemplo claro de la sensibilidad celtibérica a la política de gestos, y de nuevo el valor del carisma personal del individuo, en la concepción de las lealtades y pactos de los celtíberos. Por otra parte, debemos suponer que este Retógenes, es el mismo que más adelante quedará como último jefe de Numancia. Pasando así y cómo podemos comprobar, por un primer momento de enfrentamiento con Roma en la defensa de Centóbriga, un segundo momento de alianza con Roma tras la caída de dicha ciudad, y más adelante un tercer momento de volver a enfrentarse con Roma, esta vez en la defensa de Numancia.

En cualquier caso y finalmente Contrebia será tomada, no sin dificultad…

En un primer momento Metelo sufrirá de hecho la defección de cinco cohortes romanas que se negarán a atacar la ciudad, pero demostrando una astucia y capacidad de improvisación sin igual, aprovechará la huida de parte de sus tropas para el fingimiento de una retirada general y el subsiguiente levantamiento del cerco. Engañados los celtíberos por la trampa de Metelo, abrirán las puertas de su ciudad saliendo a hostigar su retirada, momento que aprovechará Metelo para darse la vuelta por sorpresa y atacar, consiguiendo entonces desbaratar al ejército celtibérico, entrar en Contrebia, y ahora sí, tomar la ciudad.

Tomadas Centóbriga y Contrebia, capitales respectivas de belos y titos por un lado, y lusones por otro, Metelo marchará ahora hacia Numancia, la capital arévaca, independiente, insurrecta y fronteriza con Roma en Hispania, cabeza y refugio de las rebeliones celtibéricas desde el conflicto de Segeda.

Como ya hicieron sus predecesores, antes de atacar la ciudad, Metelo saqueará los graneros vacceos, pero cuando ya haya quedado todo dispuesto para enfilar contra Numancia, concluirá el plazo de su mandato, debiendo volver a Roma a rendir cuentas. Metelo y Numancia no llegaban así a enfrentarse, pero la guerra celtibérica, con las capitales de belos, titos y lusones sometidas, se convertía ya en una campaña contra Numancia…

141-140 a. C-

*En la Hispania Ulterior, el nuevo y poderoso ejército romano, a las ordenes del cónsul Fabio Máximo Serviliano, se enfrentará con Viriato en batalla campal en los alrededores de Tucci (la actual Martos en Jaén) cargando éste contra Fabio con seis mil hombres y el “tumulto y griterío propio de los bárbaros, y con el cabello largo que suelen agitar en las guerras ante los enemigos para infundirles pavor” (Apiano. Iber. 67) (posiblemente estamos aquí frente algún tipo de escenografía guerrera tendente tanto a amedrentar al enemigo, como a despertar el “furor guerrero” en el ejército bárbaro). Fabio resistirá sin arredrarse el primer choque, y rechazará a Viriato sin que éste hubiera conseguido desbaratar las filas romanas. Llegados entonces los apoyos de Libia, Fabio se anticipará ahora a Viriato y le atacará haciéndose acompañar de diez elefantes y trescientos jinetes. Viriato es entonces puesto en fuga y se ve obligado a abandonar Tucci. Los romanos lo perseguirán envalentonados por su retirada, y el propio desorden de la persecución, será hábilmente aprovechado por Viriato, que se revolverá contra los romanos cargando contra ellos sorpresivamente, lo que le permitirá acabar con la vida de cerca de tres mil soldados y atacar el mismísimo campamento romano, donde se vivirían momentos de pánico y donde solo el valor y la firmeza de los mandos, unido a la llegada de la noche, evitará el desastre… Fabio Máximo Serviliano se replegará entonces hacia Tucci y Viriato, tras hostigarle en sucesivos rifirrafes, pero también y ciertamente muy debilitado, se retirará finalmente al interior de la Meseta, posiblemente a la actual sierra de San Vicente en Toledo.

El cónsul romano, libre por el momento la Ulterior de la presencia de Viriato, se dedicará entonces a castigar y perseguir a los aliados de Viriato en la Ulterior. Según Apiano, hasta cinco ciudades “colaboracionistas” con el líder lusitano, serán arrasadas por Fabio Máximo Serviliano (Apiano. Iber. 68). Castigada la Hispania sometida pero afecta al poder lusitano, Serviliano volverá a perseguir a Viriato y se adentrará en el interior la Lusitania. En su camino por el interior peninsular será atacado sorpresivamente por dos jefes bandidos y su ejército de diez mil hombres. No sabemos si estos bandidos actúan por libre, o en connivencia con Viriato, pero obviamente y de hacer caso a las fuentes, no suponían una fuerza menor (diez mil hombres), debiendo resaltarse también los nombres de ambos líderes bandidos: Curio y Apuleyo. Parecen nombres romanos y cabe plantearse, si no serían dos desertores del ejército romano avenidos a vivir entre los bárbaros.

El ataque bandido sembró la confusión entre los romanos y Serviliano perdió en un primer momento sus impedimentas, rehaciéndose después y persiguiendo a los bandidos, de los que recuperará el botín y acabará con la vida de Curio. El ataque bandido en cualquier caso frenó el avance romano hacia el interior de la Lusitania y Serviliano, se vio obligado a dar media vuelta y tornar a la Ulterior, donde volverá a reprender a los posibles aliados de Viriato. Castigó así las ciudades de Tucci, Astigi y Obúlcola, en la zona de la Bética, apresando también a otro jefe de bandidos llamado Connoba (la presencia de estas partidas de bandidos actuando por libre incluso en territorio romano, nos conduce a pensar no solo en la situación de desgobierno que las continuadas guerras en Hispania podrían haber generado, sino en el carácter peculiar de la tradición guerrera de la Hispania prerromana, con campañas estacionales de saqueo y razzia por parte de algunos pueblos del interior peninsular).

*Llegado el año siguiente, Fabio Máximo Serviliano volvió a internarse en la Lusitania, poniendo esta vez en asedio la ciudad de Erisana (quizás Azuaga, en Badajoz), aliada de Viriato desde hacía tiempo. Viriato y sus hombres conseguirán sin embargo infiltrarse por la noche en la ciudad sin que los romanos se percaten, y llegada la mañana, saldrán a la carga contra ellos, que en ese momento se encontraban en plenas tareas de fortalecimiento del sitio. Sorprendidos, los romanos emprenderán la huida, y puestos en fuga, Viriato conseguirá acorralarlos “en un lugar escarpado” (Apiano. Iber. 69), poniendo al ejército consular y al propio Serviliano contra las cuerdas. Llegado ese momento y teniendo en sus manos al ejército enviado por Roma para derrotarle, Viriato, en lugar de aniquilarlo, aprovechará su victoria para establecer condiciones de paz. Obteniendo de Serviliano la retirada del ejército romano de la Lusitania, y el reconocimiento de la independencia de los territorios bajo su control. Siendo proclamado amicus populi Romani y reconociéndose “a todos los que se encontraban bajo su mando, la posesión de la tierras que ocupaban” (Apiano. Iber. 69).

*Viriato derrotaba así finalmente al ejército consular de Serviliano, enviado a posta para acabar con él, y teniéndolo en sus manos, no lo pasaba a cuchillo, sino que desde la posición de fuerza de su triunfo, negociaba para encontrar una salida pacífica. Viriato conseguía de esto modo y por sus victorias, que Roma le reconociese la independencia de su gente y de sus tierras, y al tiempo les ofrecía su amistad y colaboración como amigo del pueblo romano. El propio Apiano reconocerá la posibilidad de haberse dado por concluida “la guerra más dificultosa”, por un acto de buena disposición del rebelde lusitano (Ibíd. 69). Y ciertamente conmoverá el ánimo ver cómo Viriato consiguió vencer a los ejércitos de Roma enviados contra él, y llegado el momento de su victoria más definitiva, se preste a encontrar una manera de ser reconocido como libre e independiente. Por desgracia y cómo veremos más adelante, la palabra del cónsul romano de poco le sirvió al gran líder lusitano…

*Mientras todo esto ocurría en la Hispania Ulterior, en la Citerior era enviado un nuevo gobernador a luchar contra los celtíberos rebeldes de Numancia.

Quinto Pompeyo Aulo se dirigirá directamente contra Numancia, con 30000 infantes y 2000 jinetes, continuando la campaña anterior de su predecesor. Sin embargo, la pequeña ciudad celtibérica no se lo puso fácil, y tras algunos reveses en diversas escaramuzas con la caballería numantina, Pompeyo se retirará decidiéndose entonces a atacar Termancia (Montejo de Tiermes, en Soria), ciudad también arévaca y más vulnerable. Pero aquí tampoco tendrá suerte Pompeyo y tras sufrir diversos descalabros y pasar alguna situación realmente apurada (Apiano. Iber. 77), decidirá retirarse a invernar a Valentia, no sin antes y en parte para lavar cara de ese primer año de derrotas, perseguir y apresar a un bandido de nombre Tangino que estaba saqueando la Sedetania (territorio íbero de la margen derecha del Ebro en la actual Zaragoza). Sin embargo, “tan grande era el coraje de estos bandidos” (Ibíd. 77), que ninguno de ellos quiso soportar la esclavitud, de tal modo que algunos se dieron muerte ellos mismos, otros mataron a quienes los habían comprado, y otros llegaron incluso a abrir una brecha para hundir el barco que los trasportaba.

*De nuevo una partida de bandidos, como ya hemos visto otras, esta vez en la margen derecha del Ebro y no sabemos si originarios de la propia Celtiberia, o de alguna otra zona próxima como pueda ser Vasconia o Vardulia. Todos siguiendo en cualquier caso a un jefe, y todos quitándose la vida antes que renunciar a su condición de hombres libres. Bandidos que parecen actuar por su cuenta, sin referencia concreta al poder y presencia de Roma en Hispania, y que saquean los territorios de otros pueblos hispanos, en este caso de los sedetanos.

Una pauta de comportamiento guerrero que se dará en toda la Hispania Céltica, que parecerá ser generalizada en la Lusitania, y que se configura como uno de los rasgos más peculiares de las luchas de Roma contra los hispanos.

*Un año después de la pobre campaña de Quinto Pompeyo en la Celtiberia, el cónsul volverá a la carga y en el 140 a.C. tratará de cercar Numancia y rendirla por hambre. Para ello intentará rodear la ciudad con un canal, pero los hostigamientos por sorpresa de los numantinos, dice Apiano (Iber. 78) “sin trompetas”, impedirán llevar a cabo tal obra, provocando a su vez numerosas bajas en el bando romano. Llegarán también justo en ese momento y desde Roma, tropas de remplazo para el ejército de Quinto Pompeyo (tenía soldados en su ejército que llevaban seis años combatiendo en la Celtiberia), pero los recién llegados, sin experiencia y sin entrenar todavía, serán de poca ayuda para el general romano. Más aún cuando algunos de ellos, no acostumbrados al clima y aguas del altiplano soriano, enfermarán y morirán durante el invierno.

Para más inri, Pompeyo perderá también a los auxiliares hispánicos de su ejército, cuyo tiempo de enrolamiento concluía y podían volver a sus lugares de origen. Siendo estas tropas originarias de Hispania e incluso a veces de la propia Celtiberia, su ayuda era fundamental…

Encontrándose así con un ejército debilitado, mal entrenado e inexperto, cayó sobre el campamento romano el invierno de la Meseta, y entonces el frió, las penurias, y los ocasionales hostigamientos de los celtíberos, provocaron aún más bajas y mayor debilidad. Resultando una campaña aún más pobre en resultados que la del año anterior.

Llegada la primavera, y antes de que el nuevo gobernador llegará a la Hispania Citerior, Pompeyo buscará, aunque sea para lavar su “hoja de servicios” en Hispania, firmar algún tipo de acuerdo de paz con los celtiberos. Éstos, cansados ya de tanta guerra, aceptarán la oferta del romano… pero las intenciones de Pompeyo no eran honestas y básicamente, pretendía sacar algo de botín tras dos años de derrotas y miserias, evitando tener que enfrentarse de nuevo con los numantinos. Los pactos se hicieron así sin consentimiento del senado de Roma y llegado el nuevo gobernador, Pompeyo negará frente a éste haber hecho ningún pacto con los numantinos, aún cuando guardo para sí los talentos de plata que pidió a cambio de la paz. Pompilio Lenas, que así se llamaba el nuevo gobernador enviado por Roma a la Celtiberia, remitió a los litigantes al senado, pero cuando se llevó a cabo el juicio en Roma, los numantinos y Pompeyo se contradecían, siendo entonces que el senado, consideró oportuno continuar la guerra contra Numancia…

Pompeyo se quedó el beneficio de su falsa paz, y los numantinos tras haber entregado bienes y rehenes, no recibieron de Roma más que la decisión firme de continuar la guerra…

*Destacar que aquí tenemos ya la segunda embajada celtibérica enviada a Roma a negociar condiciones de paz, anteriormente en tiempos de Marcelo también fue enviada otra. Dos embajadas y la segunda con falsedad por parte de Roma.

No podemos sino fantasear con los celtíberos que viajaron a Roma desde Numancia para asistir al litigio y frente al senado, y quizás las sensaciones encontradas que les debió producir aquel viaje…

BIBLIOGRAFÍA:

  • Abascal, J. M.: 1986: “La Legio VII Gemina. Balance de la investigación y perspectivas. Actas Congreso Internacional Astorga Romana (Astorga 1985) I: 317-328. Astorga

-2009a: “El ejército romano en los siglos I-IV d.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 282-288.

-2009b: “La participación hispana en los ejércitos romanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 289-300.

-2009c: “Los auxilia hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 301-312.

  • Almagro-Gorbea, M. 1997: “Guerra y sociedad en la Hispania céltica”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 207-221.

-2009: “Las Guerras Civiles”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 235-246.

  • Blázquez Martínez, J. Mª, Montenegro, A., Roldán J. M., Mangas, J., Teja, R., Sayas, J. J., García Iglesias, L. y Arce, J. 1995: Hispania Romana. Historia de España Antigua Tomo II. Ediciones Cátedra. Historia. Serie Mayor. Madrid.
  • García Huerta, R.1997: “La guerra entre los pueblos célticos. Las fuentes literarias grecolatinas”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 223-229.
  • Lorrio Alvarado, A. J. 2009: “Las Guerras Celtibéricas”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 205-223.
  • Morillo Ángel 2009: “Ejército y sociedad en la hispania romana”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 338-346.

-1995: “Guerra y paz en la España céltica. Clientes y hospites a la luz de las fuentes literarias”. Hispania Antiqua, 19: 15-36.

  • Novillo López, M. A. 2011: “La propetura cesariana en la Hispania Ulterior: La II guerra Lusitana”. Gerion 28, núm. (1): 207-221.
  • Peralta Labrador, E. 2009a: “La II Guerra Púnica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 174-193

-2009b: “Las guerras Cántabras”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 247-265.

-2009c: “El ejército romano en los siglos II-I a.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 267-281.

  • Pérez Vilatela, L. 1989a: “Notas sobre la jefatura de Viriato en relación con la Ulterior”. Archivo de Prehistoria Levantina. Homenaje a D. Fletcher Valls, 19: 191-204.

-1989 b: “Procedencia geográfica de los lusitanos de las guerras del siglo II a.C. en los autores clásicos (154-139)”. Actas de VII Congreso español de Estudios Clásicos (Madrid 1987): 257-262.Madrid

  • Quesada Sanz, F. 1997a: “Algo más que un tipo de espada. La falcata Ibérica”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 196-205.

-1997b: “Jinetes o Caballeros: entorno al empleo del caballo en la Edad del Hierro Peninsular”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 185-194.

-2009a: “La guerra en la cultura Ibérica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 111-130.

-2009b: “Los mercenarios hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 165-173.

-2010: Armas de la antigua Iberia. De Tartessos a Numancia. La Esfera de los Libros. Madrid.

  • Rodríguez Martín, G. 2009: “Las guerras Lusitanas”. Historia militar de España- Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 224-234.
  • Roldán Hervás, J. M. 1974: Hispania y el Ejército romano. Universidad de Salamanca. Salamanca.

-1997a: “Los Hispanos en el ejército Romano”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 299-310.

-1997b: “El ejército romano republicano y alto imperial”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 281-297.

-1997c: “El ejército romano en Hispania”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 323-331.

  • Salinas Frías, M. 1986: Conquista y romanización de la Celtiberia. Universidad de Salamanca. Museo Numantino de Soria. Salamanca.
  • Sánchez Moreno, E. 1981: “Las incursiones de lusitanos en la Hispania Ulterior durante el siglo II antes de nuestra era”. Bracara Augusta, 35: 355-366.
  • Santos Yanguas, N. 2009: “Sertorio ¿un romano contra Roma en la crisis de la República? En G. Urso (ed.), Ordine e sovversione nel mondo greco e romano. Atti del convegna internazionale Cividale del Friuli. Pisa: 177-192.
  • Santos Yanguas, N. y Montero Honorato, Mª. P. 1983: “Viriato y las guerras Lusitanas”. Bracara Augusta, 37: 153-181.

Fuentes Clásicas:

Apiano. Historia de Iberia y Aníbal. Gómez Espelosín. Alianza Editorial. Madrid 1993. Claudio Eliano. Sobre la naturaleza de los animales. José Vara Donado. Akal. Madrid

1989.

Diodoro de Sicilia. Biblioteca Histórica, I-III. Parreu Alasá. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2001.

Dion Casio. Historia de Roma I-XXXV. Domingo Plácido. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2004.

Estrabón. Geografía, III-IV. García Ramón y García Blanco. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Floro Lucio Anneo. Epitome de la Historia de Tito Livio. Hinojo Andrés y Moreno Ferrero. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2000.

Julio César. Cometarios a las Guerras de las Galias. José Joaquín Caerols. Alianza editorial. Madrid 2002.

Justino/Pompeyo Trogo. Epitome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo. José Castro. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1995.

Marcial. Epigramas. José Guillén y Fidel Argudo. Institución Fernando el Católico. Zaragoza 2003.

Orosio. Historias contra los paganos. Juan Fernández de Heredia. Prensas universitarias de Zaragoza. Zaragoza 2008.

Plinio el Viejo. Historia Natural II-VI. Antonio Fontán, Ana María Moure Casas e Ignacio García. Biblioteca Clásica Grados. Madrid 2000.

Historia Natural XII-XVI. Ana María Moure Casas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2010.

Polibio. Historias I, II, III. Balasch Recort. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983. Plutarco. Vidas paralelas VI: Sertorio-Eúmenes. Jorge Bergua Caveto. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2007.

Salustio. La concepción de la Historia en Salustio. Traducción obras menores (Historias). Santos Yaguas. Universidad de Oviedo. Oviedo 1997.

Suetonio. Vida de los Césares. Agudo Cubas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Tácito. Germania. Requejo. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1981.

Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación, XXXI-XXXV, XXXVI, XL. Villar

Vidal. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983.

Claves fundamentales de la Hispania Céltica

en Cultura Celta por
Claves fundamentales de la Hispania Céltica.

Nuestro estudio de tesis doctoral sobre la Hispania Céltica y su Tradición Guerrera, nos permitió abrir enormemente el abanico expositivo del mundo hispano céltico a medida que avanzaba el trabajo. Pero llegada la conclusión final tras tantas páginas de exposición y reflexión, se impuso una síntesis última que destilase lo más esencial de nuestro estudio. Síntesis que asegurara mojones firmes en el camino, líneas maestras desde las que abordar seguros el conocimiento y comprensión de mundo hispano céltico…

*

Remarcaremos de este modo seis claves fundamentales de la Hispania Céltica.

Cada uno de ellas remitida a su vez en cuanto a referencias bibliográficas, a su correspondiente apartado en el índice general de la tesis doctoral. Del mismo modo y respecto de la terminología empleada nos remitiremos al Glosario.

Si en La Forja y la Espada consideramos a la Hispania prerromana y sus luchas contra Roma como una suerte de “patria originaria” o Urheimat. Aquello que fue fundamental en aquel tiempo, quizás lo pueda seguir siendo a día de hoy…

*

La cuestión étnica:

Afirmamos la existencia en el marco de la Hispania prerromana, de una Hispania céltica. Un mundo hispano céltico que se extendería por el tercio norte y el noroeste, las Mesetas y el interior, la fachada atlántica y gran parte del valle del Ebro. Un amplio territorio de celticidad hispánica que aún diversa y heterogénea, y dotada de particularidades propias, formará parte legítimamente y de manera fundamental, de lo que sería la “Céltica Europea”. De este modo su raíz originaria, al igual que ocurre en gran parte de las culturas de la Europa protohistórica, se encontraría en el fondo común indoeuropeo.

Dicho lo anterior, dentro esa celticidad hispánica, habremos diferenciado entre un polo de celtismo arcaico ubicado en lo que sería el arco lusitano-galaico al oeste y noroeste Peninsular. Y un polo de celticidad “más plena”, cercano a la celticidad que se pudiera estar en dando en áreas de la Europa continental, en lo que sería el mundo celtibérico. El primero de estos polos estaría más próximo al fondo indoeuropeo protocelta, y el segundo habría surgido como desarrollo de dicho sustrato protocéltico a partir de influencias provenientes de allende los Pirineos.

Entre ambos polos de celticidad arcaica y plena, se daría un amplio territorio de transición entre uno y otro, con diversos grados y matices, así como influencias provenientes de áreas de cultura ibérica. Siendo esta heterogeneidad dentro de la propia Hispania céltica, lo que dará ese carácter tan particular al celtismo hispánico. Carácter que tendrá precisamente y a nuestro parecer en la propia denominación de “celtibérico”, claro signo de su singular naturaleza.

Este mundo céltico de la Hispania prerromana y como ya hemos señalado, será una de las ramas de la céltica europea, y en su propio proceso de etnogénesis y más allá de sus propias particularidades, reproducirá procesos análogos a lo que se puedan encontrar en otras ramas de dicha céltica europea.

Este planteamiento nos permitirá contemplar la Hispania céltica desde un marco más amplio e integrado. Un marco que incluye las culturas de la Edad del Hierro, las distintas áreas célticas de la Europa protohistórica, y el ámbito de unas raíces compartidas en el fondo común indoeuropeo. Todo ello sin perder de vista y en ningún caso, los propios matices de dicha celticidad hispánica así como sus diversas particularidades.

Este mundo hispano céltico de antiguas raíces indoeuropeas convivirá en el solar Peninsular con el mundo ibérico. Éste en el sur de Hispania, el Levante, áreas del sureste manchego, la margen derecha del Ebro y los Pirineos hasta territorio vascón. Un mundo ibérico del que aún hoy es difícil señalar sus orígenes, pero que también hará parte fundamental de esa “patria originaria” que fue la Hispania prerromana.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones de aquellas gentes célticas, ibéricas y celtibéricas descendemos. Más allá de la Prehistoria, ellos no son sino nuestros primeros antepasados…

*

La cuestión socioeconómica:

Conforme a lo estudiado en este trabajo, entendemos que la organización socioeconómica de la Hispania céltica, se dará en primer lugar a través de grupos de parentesco, a través de modelos de familia extensa, también llamados gentilidades y coloquialmente “clanes”.

Cada una de estas gentilidades se considerará descendiente de un antepasado común, y a su vez podrá integrarse con otras gentilidades afines formando grupos más amplios en las correspondientes unidades de poblamiento, ya sean éstas castros u oppida. Siendo este modelo de gentilidades la base de la estructura social de la Hispania céltica.

Desde un punto de vista estrictamente económico, estas sociedades hispano célticas serán fundamentalmente sociedades agropecuarias. Sociedades de pastores y agricultores para las que dicha actividad económica, se convierte en uno de los ejes vertebradores de su modo de vida. En este sentido asociada a dicha actividad económica y el consiguiente control y protección de vías de comunicación, fuentes de agua, pastos, cabezas de ganado o tierras de labor, se desarrollará una vocación fuertemente competitiva. Un panorama de pastores armados que guerrean tanto por la defensa de sus territorios, como por la obligada ampliación de éstos en orden a conferir un mayor margen de seguridad a su actividad económica. Siendo entonces que la actividad guerrera aparecerá como elemento característico de dichas culturas, vinculada en gran medida a la propia actividad ganadera. Llegando a funcionar como una verdadera cobertura y complemento de ésta.

Por otro lado los modelos de ocupación del territorio se podrán sintetizar en dos: El modelo que hemos denominado “cultura de castros”, y el modelo que hemos denominado “cultura de oppida”.

El primero de ellos será el modelo más básico, teniendo al castro como centro y a toda una serie de granjas y cabañas, como módulos vinculados a dicho castro. El castro será una unidad de poblamiento preurbano carente de una verdadera estatalidad. No siendo nunca su territorio de control y explotación demasiado extenso.

Este modelo de poblamiento parecerá corresponder a modelos arcaizantes y así en Hispania, tendrá especial presencia en el arco lusitano-galaico.

El segundo modelo, el que hemos denominado “cultura de oppida”, corresponderá por su parte a formas más evolucionadas de poblamiento, formas dotadas ya de un incipiente urbanismo y estatalidad capaz de controlar y explotar ahora sí, unos territorios más amplios. Dichos territorios se organizarán a través de un oppidum central que ejerce las funciones de capital, toda una serie de castros menores, dependientes de dicho oppidum central, y luego toda una serie de granjas o aldeas, dependientes a su vez de dichos castros.

Este modelo y “cultura de oppida”, se encontrará un escalón por encima del mero modelo castreño y correspondiendo a sociedades más desarrolladas, en Hispania tendrá especial presencia en el mundo celtibérico. Debiendo tenerse presente que se darán amplias áreas de transición entre un modelo y otro, con mayores o menores grados de “celtiberización”, así como con mayor o menor grado de pervivencia “castreña”.

El caso de Numancia, como capital y oppida de un amplio territorio, será un ejemplo claro de estas incipientes polis célticas de Hispania.

*

La cuestión de las élites:

Estas sociedades hispano célticas, organizadas a partir de grupos de parentesco, que ocupan el territorio a través de modelos preurbanos castreños o de modelos protourbanos de oppida, y que basan sus economías fundamentalmente en la ganadería y la agricultura, serán también sociedades fundamentalmente aristocráticas y jerarquizadas. Sociedades que hemos llamado de jefaturas y en las que tendrán un papel preponderante la élite guerrera.

Nuestro estudio nos ha llevado a reconocer para la Hispania céltica, sociedades fuertemente jerarquizadas coronadas por unas élites aristocráticas de carácter guerrero. Élites que a través de una serie de instituciones (hospitium, clientela y devotio) se articulan internamente y generan estructuras de interrelación social. Estructuras que a su vez se manifiestan y refuerzan en creencias, practicas rituales y estilo de vida en lo que hemos llamado “la cultura de las mannerbünde o de las fratrias guerreras”.

Estas élites guerreras, serán las dirigentes de la comunidad, así como las encargadas de la salvaguarda de la misma. Siendo reflejo y su vez transmisores de unos valores éticos que vertebran espiritualmente a la comunidad, y que tienen en la figura arquetípica del “Héroe” su máxima idealización.

El carácter guerrero de estas élites aristocráticas, lo encontramos íntimamente asociado a la posesión de ricas panoplias de armamento, así como a la posesión de los llamados elementos de prestigio que señalan el carácter preeminente de estas élites. Aquí junto a torques, broches y joyas, jugará un papel fundamental la figura del caballo. La posesión y el uso del caballo como uno de los símbolos principales de la jefatura y la preeminencia guerrera. Tanto así que las jefaturas y elites de la Hispania céltica, podrán ser consideradas o caracterizadas como élites ecuestres.

Este carácter aristocrático, ecuestre y guerrero de las élites dirigentes, su organización a través de jefaturas y clientelas, y la jerarquización territorial de su poblamiento, nos sugieren un modelo que nos atreveremos a describir como: de “embrionario carácter feudovasallático”. Un carácter que a nuestro parecer, quedará aún más refrendado cuando en los siguientes puntos, nos aproximemos a las propias dinámicas y modo de vida de las bandas guerreras, así como a los principios y creencias que las informan y orientan.

*

La cuestión de las Bandas Guerreras:

A partir del reconocimiento de la existencia de una aristocracia guerrera y el papel preponderante de ésta liderando las sociedades hispano célticas, hemos podido estudiar la propia realidad interna y funcionamiento de dicha élite. Siendo en este ámbito donde nos hemos adentrado en el mundo de las “Bandas Guerreras” y en lo que hemos llamado la “cultura de las mannerbünde”. En dicho ámbito, lo primero que debe ser resaltado es la formación de unos grupos armados alrededor de unos jefes, vinculados a éstos mediante las instituciones de la clientela y la devotio. Siendo estas agrupaciones, la célula fundamental a partir de la cual se constituyen propiamente la sociedad de jefaturas y las mannerbünde. Es decir, la “célula guerrera básica” a partir de la cual se formará la estructura, el poder y el prestigio militar de estos pueblos.

Estas mismas “sociedades de hombres” o mannerbünde, serán el origen de esas bandas guerreras que las fuentes recogen y que cíclicamente, caen sobre territorios alejados de su lugar de origen en campañas de saqueo. Campañas fundamentalmente dirigidas al robo de ganado y de cosechas: nos referimos a las “razzias”, verdadera actividad protagonista en el mundo de las bandas guerreras. En éstas sin embargo, siendo la razzia la manifestación más evidente de su actividad guerrera, consideramos que se debe tener en cuenta la existencia de todo un conjunto de elementos de carácter ceremonial, vinculados a la aceptación, pertenencia y relaciones sociales específicas de las bandas guerreras. Habría así todo un entramado mágico y religioso que daba un contenido simbólico y ético a las mannerbünde. Entramado que nos permite caracterizarlas como “cofradías guerreras”.

Una expresión de este nivel espiritual y simbólico de las mannerbunde, serán los ritos de iniciación guerrera. Siendo éstos, todo un universo ritual, ceremonial y mágico, a través del cual los jóvenes neófitos, entrarán en el mundo ideológico y espiritual de las “fratrías guerreras”. Siendo durante estas ceremonias donde serán imbuidos e instruidos en los valores, deberes y derechos que les llevarán a las elaboradas y particulares concepciones que de la vida, la muerte y la guerra tienen los integrantes de las mannerbunde. Es lo que hemos denominado ética y espiritualidad heroicas.

A dicha iniciación guerrera, le ira asociada toda una serie de prácticas ceremoniales y mágicas, tendentes a despertar y potenciar las facultades guerreras del iniciado. Siendo estos los ritos en los que el neófito es adiestrado en una serie de comportamientos de combate que caracterizamos asociándolos al furor y el ímpetu arrollador, la aparente invulnerabilidad o indiferencia al dolor, y la intención de sugestionar en el contrincante un terror paralizante. Para dicho ámbito de “magia guerrera” habremos hecho referencia a la idea de una licantropía ritual.

También en el marco de unas prácticas rituales de hondo calado en las bandas guerreras, hemos hecho referencia y en el ámbito de la interacción social, a la institución de la devotio. A la existencia de unos “guerreros consagrados” que vinculan su vida a la de sus jefes, hasta el punto de quitarse la vida en el caso de caer sus jefes antes que ellos. Siendo así la devotio una forma de clientela extrema para la que habremos señalado una marcada dimensión espiritual, alrededor del principio de la fides.

Para este universo ritual, mágico e iniciático de las mannerbünde, habremos señalado la existencia unas divinidades propias. Dioses asociados a la muerte, la magia y el tránsito al Más allá, que se invocan o manifiestan en los juramentos de la devotio y en la magia guerrera del “furor”.

Representación de un rito de magia guerrera y licantropía a partir de las ideas recogidas en este trabajo. Dibujo de Nuria Román.
Representación de un rito de magia guerrera y licantropía a partir de las ideas recogidas en este trabajo. Dibujo de Nuria Román.

Representación de un rito de magia guerrera y licantropía a partir de las ideas recogidas en este trabajo. Dibujo de Nuria Román.

Todo estos rituales se llevarían a cabo por medio de todo un “entramado litúrgico” en el que parecerá que el agua, el fuego y los baños de vapor; la noche, los solsticios y plenilunios y la figura del lobo; la licantropía, la muerte y resurrección simbólica, y el enfrentamiento con alguna bestia real o imaginaria; el derramamiento ritual de la propia sangre, la ingestión de bebidas alcohólicas, plantas alucinógenas o el corazón o los sesos de animales salvajes; así como la música ritual, la caza o los periodos de vida en el monte y el bosque, como apartados de la comunidad; jugarán todos ellos un papel esencial. Papel que cargará de símbolos propios todo el universo de las bandas guerreras que tiene entonces, en todas estas prácticas y cargas simbólicas, un nivel fundamental de expresión, reconocimiento propio e identidad.

Por otra parte, parecerá lógico pensar que todo este mundo ritual que se desarrolla en el marco de las mannerbünde, contaría con “especialistas” de dicho ceremonial mágico e iniciático. Unos especialistas del mundo de lo “sobrenatural” que íntimamente asociados a las “cofradías guerreras”, posiblemente surgirán y adquirirán ese papel en el interior de las propias mannerbunde.

Finalmente, este mundo y cultura de las mannerbünde que hemos rastreado en la Hispania céltica, constituido en bandas guerreras articuladas a través de jefaturas, de sus correspondientes clientelas y “devotos”, y vertebradas por los ejes fundamentales de las razzias, la iniciación y la magia guerrera; tendrá también su correlato en otras áreas de la Europa del Hierro. Así encontramos formas análogas en el soldurio de la Galia, en el comitatus germánico, en las cofradías de los jóvenes guerreros celtas de los fianna irlandeses, en el druht escandinavo o también tiempo después en los conocidos guerreros berserk de las sagas vikingas. Todo ello invitándonos a abundar en la idea de un ámbito de raíces comunes, alrededor de las culturas de la Edad del Hierro.

                                                                      *

La cuestión de los principios, valores y creencias.

Hemos identificado en los pueblos del mundo hispano céltico una cultura guerrera, que está en la misma vertebración socioeconómica de dichos pueblos, y que tiene en las élites ecuestres y las mannerbunde, la expresión más palpable de dicha personalidad guerrera. Dicho esto, desde el punto de vista ideológico y en nuestra tesis, hemos caracterizado a dicha tradición guerrera, como una “cultura heroica”. Concretamente la hemos retratado embebida de los conceptos de una ética y espiritualidad que hemos llamado heroicas y en las que destacará en primer lugar la idea de la “muerte triunfal”. La idea de la muerte gloriosa en combate como cenit de un modo de vida que ha ensalzado los valores del coraje, el honor, la lealtad, el desprecio por la propia vida y el aprecio por la propia muerte. Valores de una ética heroica y agonística que tienen su meta final en la muerte gloriosa, en la “bella muerte” del que entrega su vida en batalla, y cae en un acto final de valor. Muerte heroica que testimonia y ejemplifica unos ideales y que como tal, alimenta el planteamiento ideológico del que se nutre para convertirse en un referente del imaginario colectivo de su comunidad.

La exposición de los caídos en combate a los buitres, la escenificación de provocaciones guerreras antes de la batalla, el desafío y el combate singular, el suicidio ritual en la devotio, la caída de Numancia y la muerte de Retógenes, o los propios funerales de Viriato, serán claras imágenes de dicho trasfondo ético de tipo heroico y agonístico. Del mismo modo la propia manera de hacer la guerra que encontramos entre los pueblos hispano célticos, abundará de nuevo en esta idea. Con un escenario de guerra cíclica y estacional, que no pretende tanto ocupar territorio, como ser fuertemente depredadora. Lo que genera un desarrollo táctico de saqueos y golpes de mano en los que el combate es puntual, breve y siempre intenso. Y en el que se presenta un ámbito de actuación guerrera protagonizado casi siempre, por combates singulares donde el valor y la destreza individual, son la clave de la victoria.

Acompañando a esta ética heroica, existiría un trasfondo espiritual en el que dicha muerte en combate, meta suprema de la cultura guerrera, se ve coronada con una sublimación post mortem del alma. Con una elevación del alma tras la muerte del cuerpo, a la esfera superior de los Inmortales: la esfera de los Dioses y los Héroes. Esfera que será también de los antepasados, del héroe fundador de la estirpe y la comunidad, y de su séquito de Inmortales que desde el Más allá, a la manera de una “mannerbünde sobrenatural”, vela por los destinos de sus descendientes y camaradas en la Tierra.

Dibujo inspirado en la escena recogida en la estela cántabra de Zurita. Destacar el ritual de exposición del cadáver del caído en combate a los buitres, el caballo como símbolo de las élites guerreras, y las pieles de lobo como señal del mundo simbólico de las mannerbünde. Dibujo de Nuria Román.
Dibujo inspirado en la escena recogida en la estela cántabra de Zurita. Destacar el ritual de exposición del cadáver del caído en combate a los buitres, el caballo como símbolo de las élites guerreras, y las pieles de lobo como señal del mundo simbólico de las mannerbünde. Dibujo de Nuria Román.

 

La vía del guerrero se convierte así también en un camino para conquistar la Inmortalidad, en un merecimiento de un lugar en el salón celestial de los Héroes, en el “paraíso” de los guerreros. Allí donde los antepasados, los Héroes y los Dioses de la mannerbünde, reciben a los caídos en combate y les reservan un lugar entre ellos. El recorrer y superar las dificultades de esta vía del guerrero, alcanzará su máxima expresión en la “bella muerte” o mors triunphalis, verdadero tránsito al paraíso de los Héroes.

El guerrero, siguiendo así el arduo “camino del Héroe”, en el momento de la “muerte triunfal”, puede liberarse de las ataduras terrenales e ir más allá de la esfera de lo meramente natural. La envoltura carnal del guerrero es desecha por la pira funeraria o por el ave sagrada, y esto libera el elemento espiritual del guerrero cuya alma sublimada por la batalla, se eleva entonces al reino de los Cielos.

La “vía del guerrero”, la ética heroica y agonística, se convierte así también y como no podía ser de otra manera, en una vía hacia la Trascendencia, en un “ir más allá elevándose”. Esta espiritualidad que con razón, podremos llamar heroica, a nuestro parecer estará en el centro mismo del fondo ideológico de las bandas guerreras de la Hispania céltica, no pudiendo entenderse la agonística de los pueblos hispano célticos, sin la correspondiente valoración de una ideología heroica.

Por otra parte y del mismo modo que hemos señalado en puntos anteriores, esta ética y espiritualidad heroicas, no serán patrimonio exclusivo del mundo hispano céltico, sino que serán también expresión del árbol común de las culturas del Hierro europeas. Pudiendo rastrearse formas culturales análogas en diversos pueblos del llamado mundo “bárbaro” europeo.

Por otra parte, si esta ética y espiritualidad heroicas, remitidas a un horizonte de Trascendencia, estarán en el cetro de la welstanchaaung del mundo hispano céltico. Esto será sin perjuicio de una concepción religiosa y mágica del mundo natural, mayormente vinculada a ritos propiciatorios y de fertilidad, y que se dará en general en el mundo céltico. Concepción a nuestro entender de segundo grado respecto de la ideología heroica propiamente dicha, y que remitirá a una suerte de “inmanentismo” mágico vinculado a las fuerzas de la naturaleza.

*

La cuestión de la integración de las bandas guerrera en el Imperio Romano.

Hemos remarcado en diversas ocasiones a lo largo de nuestra exposición, el hecho de que nos encontramos frente a sociedades de jefaturas, organizadas a través de sistemas clientelares, dándose una célula básica de vertebración del sistema en las llamadas mannerbünde, “sociedades de hombres” o “cofradías guerreras”. Para todo este modelo la figura de los jefes y los juramentos de lealtad y compromiso con los mismos, serán una pieza fundamental. Pudiéndose reconocer en dichos jefes tanto atribuciones políticas, como muy posiblemente también atribuciones religiosas. Nuestro planteamiento ha sido entonces la hipótesis de una continuidad ideológica de fondo entre este tipo de sociedades, y el propio modelo del Imperio Romano con respecto al culto al Emperador o culto Imperial.

La figura del Emperador, como jefe supremo militar y religioso, jefe de jefes, cabeza del Estado, no resultaría extraña y ajena al mundo ideológico de las sociedades de jefaturas del mundo hispano céltico. Más aún, dicho Emperador podría ser un marco mucho más amplio de desarrollo y vivencia de los fondos ideológicos de dichas sociedades de jefaturas, respecto a la propia idea del valor de la jefatura, y respecto de las lealtades y ordenaciones sociopolíticas que derivan de dicho valor. En este sentido planteamos que el mundo de las mannerbünde, si bien pudiera desaparecer formalmente de mano de la romanización, continuaría sin embargo vigente en sus estructuras más íntimas de la mano del culto Imperial y la integración de los antiguos miembros de las “cofradías guerreras”, en los ejércitos de Roma.

Las sociedades de jefaturas tendrían así en el modelo del Imperio Romano, del Imperio como institución a la par política y religiosa, un estadio superior de desarrollo y plasmación de sus propias bases ideológicas, dándose así una sutil línea de continuidad entre dicho mundo prerromano hijo de la Edad del Hierro, y la propia Roma Imperial. Produciéndose entonces por decirlo así, una síntesis integradora y a la vez jerárquica y vertical, entre el mundo “bárbaro” de dichas sociedades de jefaturas, y el mundo “civilizado” de una Roma que adquiere el “carisma” de un Imperium.

A partir de aquí, qué cosa pudo suponer la romanización para los pueblos “bárbaros”, así como qué cosa significó el Imperio Romano, se nos podrá mostrar con una renovada perspectiva en la que quizás, estén algunas de las claves identitarias de Europa…

En cualquier caso, el estudio pormenorizado de esta hipótesis rebasa las intenciones esenciales de nuestro trabajo, y como tal la dejamos planteada sin más, a modo de futura y sugestiva vía de investigación.

*

Finalmente, sintetizados estos seis puntos sobre la Hispania céltica cabe preguntarse: ¿Qué nos aporta todo esto?

Nuestra tesis doctoral supone un largo viaje a través del mundo hispano céltico en pos del “alma”, cultura, creencias y valores de unos pueblos lejanos, hace ya siglos desaparecidos, que si bien podemos decir que están en nuestros propios orígenes, pudiera también parecer que poco pueden tener que ver con nuestras vidas modernas del siglo XXI.

Sin embargo, es quizás en ese nivel ancestral, tan lejano a nuestra época, donde precisamente más allá de unas conclusiones concretas, podemos encontrar su riqueza. Y apelando a la consigna sapiencial de que “el hombre de más larga memoria es el de mayor futuro”, virar al estudio del pasado no con vocación de alimentar meramente el conocimiento humano, sino de encontrar el hilo invisible que mantiene unido el paso de los siglos. Siendo desde esa continuidad que parecerá posible hallar algo perenne capaz en todo momento, de informarnos de aquello que dota de verdadero significado a la existencia humana.

Visto así, el estudio del pasado no será cosa baladí, y en él también se dilucirá el sentido y dirección de nuestro tiempo. Es aquí donde nosotros encontramos el fundamento de un estudio como el nuestro, en el que humildemente hemos mirado al pasado remoto, y ese “algo perenne”, como a través de un sutil juego de espejos, nos ha parecido que llegaba reflejado hasta nosotros. Si con este estudio hemos conseguido recoger parte de ese reflejo, nos damos entonces por plenamente satisfechos….

Viriato y Numancia III: Un Guerrero y un Druida

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte III.

Entre el 154 y el 133 a.C.

-20 años de guerras-

Parte III: Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas.

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

Es verdad que también tuvimos unas Guerras Cántabras. Guerras en las que las armas de Roma sufrieron hasta la extenuación para conseguir la victoria y en las que incluso el propio Augusto, sufrió en sus carnes la dureza y resistencia de los montañeses. Pero quizás porque la guerra de Viriato y la guerra de Numancia son en gran medida contemporáneas, y porque queríamos hacer una suerte de cronograma que recogiese año a año cómo se sucedieron los acontecimientos, nos hemos centrado en Viriato y Numancia.

Ojalá más adelante tengamos también tiempo para hacer lo mismo con las Guerras Cántabras…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

Parte III: Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas.

Entre el 150 y el 147 a. C.-

*En el 151 a.C. se abre un paréntesis en este periodo de las guerras celtibérico-lusitanas[1]. Un año antes Marcelo había conseguido reconducir a los celtiberos a la paz de Graco del 179 a.C. respetándose a su vez la independencia de Numancia. Ese mismo año Lúculo y Galba, a pesar de sus lamentables acciones en la Citerior y la Ulterior, cosecharán escasos tres años de paz. Paz que no será sino la preparación de un conflicto mayor capitaneado por uno de los supervivientes de la traición de Galba: Viriato. Líder Lusitano sin cuya mención sería imposible estudiar la resistencia hispana a la invasión romana.

*En la Citerior, entre los celtíberos, la paz de Marcelo se mantendrá durante cierto tiempo, llegando incluso en un principio a prestar auxilio a los romanos en sus luchas contra Viriato. Sin embargo, los éxitos continuados de éste y la acción subversiva de algunos sectores insurrectos del mundo celtibérico, terminarán por desencadenar de nuevo la guerra en lo que serían uno de los capítulos más difíciles para las armas romanas en Hispania: la conquista de Numancia.

147 a. C.-

*En la Hispania Ulterior aparece Viriato.

Viriato se nos presenta en las fuentes como el “buen salvaje”, hecho a sí mismo en la vía, de marcada simbología iniciática, del “pastor-cazador-guerrero”. Víctima de la traición romana y superviviente a la misma tras la matanza de Galba en el 152 a.C., cuando aparezca frente a Roma, aparecerá ya formado en principios y convicciones propios de un liderazgo basado en la independencia, la austeridad, el valor y la justicia. Las fuentes romanas insistirán especialmente en éste punto, haciendo de Viriato la imagen viva de un héroe “estoico”, ejemplo de virtud y hombría de bien. Cabría preguntarse hasta qué punto los cronistas romanos no aprovecharán el dificultoso y humillante episodio de Roma frente a Viriato, para utilizarlo como modelo moralizante y educador entre sus compatriotas. Sin embargo, esto no deberá dejarnos de hacer pensar que en cualquiera de los casos, Viriato nunca hubiera podido ser modelo de héroe, si realmente en él no se hubieran dado cualidades de líder militar y hombre de alma noble y grande.

*En el 147 a.C. los lusitanos vuelven a aparecer en la Ulterior saqueando la Turdetania en un numero de 10000 hombres. Les hará frente el legado Cayo Vetilio, que conseguirá derrotarlos en un primer choque reduciéndolos y cercándolos, y empujándolos a una situación apurada. Los lusitanos se avienen entonces a parlamentar y ofrecen la entrega de las armas y el sometimiento a Roma a cambio de tierras cultivables. Estando el pacto a punto de cerrarse surgirá Viriato de entre el ejército lusitano recordando las traiciones de Roma en el pasado, y reclamando la fidelidad de los hombres a su persona y la negativa a perder la esperanza de salvación y victoria, si están dispuestos a obedecerle (da la impresión de que Viriato mediante esta alocución se gana el mando y pasa de un puesto de subalterno de cierta importancia, al de verdadero líder del grupo guerrero. Lo que a su vez nos puede informar de la organización interna de estos grupos).

Viriato hizo dispersarse del modo más desorganizado posible a la mayor parte del ejército lusitano, citándolos después en Tribola (posiblemente en la Beturia) y él mismo, con sólo mil hombres escogidos y todos a caballo, se quedo frente a Vetilio dispuesto a entablar combate. El romano, temiendo dispersar a sus hombres persiguiendo a los lusitanos desperdigados a toda velocidad por todas partes, se dirigió contra Viriato. Éste, se replegó y atacó sucesivamente utilizando sus caballos, más veloces y ágiles que los romanos, hostigándolo constantemente con continuos picotazos y huidas, y haciendo discurrir todo ese día en la misma llanura. Llegada la noche, saldrá huyendo por caminos poco frecuentados hasta Tribola, no pudiendo seguirle la pesada tropa romana, que tampoco conocerá los senderos usados por Viriato. Llegado a Tribola Viriato es recibido como un campeón capaz de salvar un ejército en una situación desesperada. Su victoria se difundirá “entre los bárbaros” y un gran número procedente de todas partes acudirá a unírsele en su ejército (Apiano. Iber. 62). El líder Viriato acababa de surgir…

*Vetilio por su parte le seguirá hasta Tribola, pero en el camino Viriato le emboscará desde un bosquecillo próximo empujándolo hasta un barranco cercano. La derrota romana fue total, y el propio Vetilio perdió la vida al no ser reconocido por un guerrero de Viriato, que ha decir de Apiano, sólo vio en él un anciano obeso indigno de otra cosa que no fuera la muerte (Apiano. Iber. 63). Los supervivientes huyeron al valle del Betis y se refugiaron en Carteia. Siendo entonces cuando para frenar a Viriato pidieron ayuda a los celtiberos, solicitando a los belos y titos 5000 hombres para que fueran enviados contra el líder lusitano. Viriato los derrotó completamente hasta el punto de no dejar escapar vivo a ninguno de ellos. El cuestor, ahora al cargo de la situación, no le quedará otra opción que mantenerse en tensa calma en Carteia y esperar en compañía de sus tropas supervivientes, a la llegada de alguna ayuda de Roma…

*Derrotados los romanos, Viriato y sus hombres devastaron sin limitación ni temor alguno las tierras que más les convenían. Siendo saqueadas la Turdetania y la Carpetania, de la que dice Apiano es un “país fértil” (Apiano. Iber. 64).

146 a. C.-

*Al año siguiente llegará como gobernador de la Ulterior Cayo Plaucio, que tras una primera derrota en la que el romano perdió 4000 hombres (cayó en la estrategia de Viriato de fingir retiradas para dispersar al ejército enemigo), perseguirá a Viriato hasta sus cuarteles de invierno en la actual sierra de San Vicente en la provincia de Toledo (punto estratégico entre Lusitania, Vettonia y Carpetenia, y enclave de amplias panorámicas para ver cualquier movimiento en la llanura del tramo medio del Tajo). Ansioso por resarcirse de su derrota atacará al lusitano en la misma sierra. Será vencido en una terrible masacre y deberá huir de forma desordenada hasta la Turdetania, ocupando sus cuarteles de invierno desde el mismo verano (Apiano. Iber 64). Derrotados de nuevos los romanos Viriato bajó otra vez a la Ulterior, sometiéndola a saqueo y requiriendo de los propietarios el pago de la cosecha pendiente. Arrasándoles los campos en caso de no recibirla…

El pretor de la Citerior le atacará entonces tratando de tener más suerte allá donde su par de la Ulterior había fracasado. También fue derrotado estrepitosamente y sus insignias serán paseadas entonces por todo el país como trofeo de guerra y vehículo propagandístico del poder de Viriato. Es posible que sea en éste momento cuando ataque Toledo, someta Segobriga y amplíe su ejército a costa de adeptos anti romanos de áreas ya sometidas de la meseta sur y el sur peninsular.

145 a. C.-

*Los acontecimientos en Hispania comienzan a preocupar en Roma, y en orden a poner fin al conflicto envían como gobernador a Fabio Máximo Emiliano, hermano de Escipión. Este llegará a la ulterior con 15000 infantes y 2000 jinetes, poniendo a entrenar y ejercitar sus tropas al llegar, y evitando en principio enfrentarse directamente con Viriato. El pretor de la Citerior por su parte sí buscará el choque con Viriato, y al igual que sus sucesores será derrotado. Fabio Máximo Emiliano unirá entonces sus fuerzas a las de Lelio Sapiens, sustituto del gobernador de la Citerior, y tras visitar el templo de Hércules en Gades y solicitar la protección del dios, saldrá a buscar el enfrentamiento con Viriato. La lucha será farragosa y propia de una guerra de guerrillas, con ciudades abandonadas entre llamas y fugas y persecuciones caras en hombres; y si bien el ejército romano no terminaría de salir bien parado, si conseguirá sin embargo arrebatar a Viriato algunas plazas en el sur Peninsular, volviendo éstas al control de Roma.

Entre el 144 y el 143 a. C.-

*El año anterior se había conseguido infringir algún importante revés al ejército de Viriato, y por primera vez desde que comenzará la guerra el líder lusitano había tenido que retroceder. Éste, viendo el carácter cada vez más masivo de la guerra, recorrerá la Celtiberia tratando de incitar a belos, titos y arévacos a alzarse otra vez contra Roma y mantener en armas la Hispania Citerior. En el 143 a.C. los celtiberos, en parte por Viriato, y en parte por un líder celtibérico, religioso y guerrero, de nombre Olíndico y predicador de la subversión contra Roma, se alzarán finamente en armas dando lugar a la guerra llamada numantina. Guerra en la que Roma de nuevo tendrá que hacer frente a penosos reveses y duras campañas… Un nuevo frente se abrirá así para Roma en Hispania, de nuevo en la Citerior, y de nuevo con los celtíberos y Numancia como protagonistas.

*En el 143 a.C. el pretor Quintio y el cónsul Pompeyo, serán enviados a Hispania a luchar contra Viriato. Militares mediocres Viriato los derrotará sin problemas y empujará hacia el sur, recuperando algunas de las plazas perdidas anteriormente, ocupando Tucci, en la actual jienense Martos, punto estratégico fundamental en los pasos a la Meseta. Los gobernadores se refugiarán en Corduba y sin atreverse a luchar directamente con Viriato, enviarán contra él y a modo de hostigamiento a un hispano de Itálica de nombre ya romano llamado Cayo Mario (curioso este nivel de romanización de la Turdetania que contrastará con las zonas de las Meseta y el norte Peninsular).

Viriato se erigía en cualquier caso en campeón hispano de la resistencia anti romana y la Ulterior, quedaba en gran medida al alcance de su espada…

*En la Citerior, arévacos, belos, titos y lusones, celtíberos todos ellos, cuyas tierras habían quedado cruzadas por la frontera romana o inmediatamente junto a ella, si bien se habían mantenido en paz desde los pactos con Marcelo del 152 a.C., se levantarán ahora en armas…

Como hemos explicado y recoge el propio Apiano (Iber. 66), los éxitos de Viriato soliviantarán los ánimos de los celtiberos, que si bien en principio se negaron a colaborar con Viriato e incluso enviaron tropas auxiliares a los romanos (recordemos 5000 belos y titos en el 147 a.C.), ahora se alzarán en armas y se enfrentarán otra vez a Roma. Destacar en este nuevo alzamiento celtibérico la figura de un tal Olíndico, especie de “hombre santo”, sacerdote o profeta, que recorrerá el país inflamando los ánimos de sus compatriotas contra los romanos. Portando una lanza de plata que decía haberle sido entregada por los dioses y que esgrimía como símbolo de su misión, Olíndico predicará el alzamiento celtibérico contra el yugo romano.

Más allá de la incitación de Viriato a los celtíberos para la rebelión, o del carisma “arrebatador” del predicador Olíndico, debemos pensar que detrás del nuevo levantamiento celtibérico, se encontrarán tensiones sociales que la presencia romana habría exacerbado o directamente provocado. La desesperación de los sectores sociales más desfavorecidos tras la ocupación romana, cabe suponer que los hizo más permeables tanto a las predicaciones de Olíndico, como a las llamadas a la revuelta de Viriato. Siendo así que factores sociales, religiosos y humanos, se unieron de manera endiablada para desencadenar la guerra numantina, en la que Roma deberá hacer frente a diez años de lucha correosa, pobre sin embargo en botín y riquezas.

Resaltar en cualquier caso la referencia al personaje de Olíndico, portador de una lanza de plata de origen divino, al estilo del dios Lug de la mitología céltica, y la posibilidad de estar frente a una suerte “sacerdote-profeta-guerrero”, quizás análogo al druida galo.

*Frente a la rebelión celtibérica, Roma enviará un ejército consular al mando de Metelo, campeón de las luchas de Roma en Macedonia. Metelo contará con 32000 hombres 2000 de los cuales serán efectivos de caballería, y deberá hacer frente al enemigo a través de sus centros urbanos más importantes, epicentros de poder en la Celtiberia y cuya caída, podía suponer la derrota del alzamiento celtibérico. Por otra parte, el peso de la guerra recaerá sobre los sectores más desfavorecidos de Roma, siendo sintomático que concluida esta guerra, den comienzo los conflictos sociales que conducen a la dictadura de Sila. Las Guerras Celtibéricas estarán así también en el origen de las guerras civiles romanas.

*Al mismo tiempo los lusitanos y como hemos visto, habían “vuelto a las andadas” y ahora al frente de ellos, había un auténtico líder y estratega que sistemáticamente, derrotaba a los ejércitos de Roma. Tendremos así que las victorias de Viriato, las prédicas de un misterioso y exaltado Olíndico, y el posible desencanto de los celtíberos bajo el poder de Roma, terminarán por activar de nuevo la guerra de Numancia. Guerra que supondrá que Hispania se convertirá tanto en la Ulterior como en la Citerior, en escenario de guerra abierta y sin cuartel…

BIBLIOGRAFÍA:

  • Abascal, J. M.: 1986: “La Legio VII Gemina. Balance de la investigación y perspectivas. Actas Congreso Internacional Astorga Romana (Astorga 1985) I: 317-328. Astorga

-2009ª: “El ejército romano en los siglos I-IV d.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 282-288.

-2009b: “La participación hispana en los ejércitos romanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 289-300.

-2009c: “Los auxilia hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 301-312.

  • Almagro-Gorbea, M. 1997: “Guerra y sociedad en la Hispania céltica”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 207-221.

-2009: “Las Guerras Civiles”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 235-246.

  • Blázquez Martínez, J. Mª, Montenegro, A., Roldán J. M., Mangas, J., Teja, R., Sayas, J. J., García Iglesias, L. y Arce, J. 1995: Hispania Romana. Historia de España Antigua Tomo II. Ediciones Cátedra. Historia. Serie Mayor. Madrid.
  • García Huerta, R.1997: “La guerra entre los pueblos célticos. Las fuentes literarias grecolatinas”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 223-229.
  • Lorrio Alvarado, A. J. 2009: “Las Guerras Celtibéricas”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 205-223.
  • Morillo Ángel 2009: “Ejército y sociedad en la ispania romana”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 338-346.

-1995: “Guerra y paz en la España céltica. Clientes y hospites a la luz de las fuentes literarias”. Hispania Antiqua, 19: 15-36.

  • Novillo López, M. A. 2011: “La propetura cesariana en la Hispania Ulterior: La II guerra Lusitana”. Gerion 28, núm. (1): 207-221.
  • Peralta Labrador, E. 2009ª: “La II Guerra Púnica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 174-193

-2009b: “Las guerras Cántabras”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 247-265.

-2009c: “El ejército romano en los siglos II-I a.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 267-281.

  • Pérez Vilatela, L. 1989ª: “Notas sobre la jefatura de Viriato en relación con la Ulterior”. Archivo de Prehistoria Levantina. Homenaje a D. Fletcher Valls, 19: 191-204.

-1989 b: “Procedencia geográfica de los lusitanos de las guerras del siglo II a.C. en los autores clásicos (154-139)”. Actas de VII Congreso español de Estudios Clásicos (Madrid 1987): 257-262.Madrid

  • Quesada Sanz, F. 1997ª: “Algo más que un tipo de espada. La falcata Ibérica”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 196-205.

-1997b: “Jinetes o Caballeros: entorno al empleo del caballo en la Edad del Hierro Peninsular”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 185-194.

-2009ª: “La guerra en la cultura Ibérica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 111-130.

-2009b: “Los mercenarios hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 165-173.

-2010: Armas de la antigua Iberia. De Tartessos a Numancia. La Esfera de los Libros. Madrid.

  • Rodríguez Martín, G. 2009: “Las guerras Lusitanas”. Historia militar de España- Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 224-234.
  • Roldán Hervás, J. M. 1974: Hispania y el Ejército romano. Universidad de Salamanca. Salamanca.

-1997ª: “Los Hispanos en el ejército Romano”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 299-310.

-1997b: “El ejército romano republicano y alto imperial”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 281-297.

-1997c: “El ejército romano en Hispania”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 323-331.

  • Salinas Frías, M. 1986: Conquista y romanización de la Celtiberia. Universidad de Salamanca. Museo Numantino de Soria. Salamanca.
  • Sánchez Moreno, E. 1981: “Las incursiones de lusitanos en la Hispania Ulterior durante el siglo II antes de nuestra era”. Bracara Augusta, 35: 355-366.
  • Santos Yanguas, N. 2009: “Sertorio ¿un romano contra Roma en la crisis de la República? En G. Urso (ed.), Ordine e sovversione nel mondo greco e romano. Atti del convegna internazionale Cividale del Friuli. Pisa: 177-192.
  • Santos Yanguas, N. y Montero Honorato, Mª. P. 1983: “Viriato y las guerras Lusitanas”. Bracara Augusta, 37: 153-181.

Fuentes Clásicas:

Apiano. Historia de Iberia y Aníbal. Gómez Espelosín. Alianza Editorial. Madrid 1993. Claudio Eliano. Sobre la naturaleza de los animales. José Vara Donado. Akal. Madrid

1989.

Diodoro de Sicilia. Biblioteca Histórica, I-III. Parreu Alasá. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2001.

Dion Casio. Historia de Roma I-XXXV. Domingo Plácido. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2004.

Estrabón. Geografía, III-IV. García Ramón y García Blanco. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Floro Lucio Anneo. Epitome de la Historia de Tito Livio. Hinojo Andrés y Moreno Ferrero. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2000.

Julio César. Cometarios a las Guerras de las Galias. José Joaquín Caerols. Alianza editorial. Madrid 2002.

Justino/Pompeyo Trogo. Epitome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo. José Castro. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1995.

Marcial. Epigramas. José Guillén y Fidel Argudo. Institución Fernando el Católico. Zaragoza 2003.

Orosio. Historias contra los paganos. Juan Fernández de Heredia. Prensas universitarias de Zaragoza. Zaragoza 2008.

Plinio el Viejo. Historia Natural II-VI. Antonio Fontán, Ana María Moure Casas e Ignacio García. Biblioteca Clásica Grados. Madrid 2000.

Historia Natural XII-XVI. Ana María Moure Casas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2010.

Polibio. Historias I, II, III. Balasch Recort. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983. Plutarco. Vidas paralelas VI: Sertorio-Eúmenes. Jorge Bergua Caveto. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2007.

Salustio. La concepción de la Historia en Salustio. Traducción obras menores (Historias). Santos Yaguas. Universidad de Oviedo. Oviedo 1997.

Suetonio. Vida de los Césares. Agudo Cubas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Tácito. Germania. Requejo. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1981.

Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación, XXXI-XXXV, XXXVI, XL. Villar

Vidal. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983.

*

[1] Comenzado con el conflicto de Segeda y los saqueos lusitanos del 154 a.C. este periodo no será sino la continuación de una primera etapa vinculada a las razzias lusitanas entre el 194-185 a.C. y las primeras campañas de Roma contra los celtíberos, desde Catón en el 197 a.C. hasta Graco en el 179 a.C. Tras las guerras de Viriato y Numancia, habrá incluso una tercera etapa de guerras celtibérico-lusitanas, vinculada a las campañas contra los vacceos y la conquista definitiva de los lusitanos de mano de César. Entre la segunda etapa (la de Viriato y Numancia) y la tercera, se desarrollarán las Guerras Sertorianas, en las que también participarán lusitanos y celtíberos. Por otra parte tras la tercera etapa y el fin de las guerras celtibérico-lusitanas, celtíberos y lusitanos participarán en la guerra de César contra Pompeyo.

Viriato y Numancia II: Paz y Traición

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte II.

Entre el 154 y el 133 a.C.

-20 años de guerras-

Parte II: La paz de Marcelo, la guerra contra los Vacceos y la traición de Galba

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

Es verdad que también tuvimos unas Guerras Cántabras. Guerras en las que las armas de Roma sufrieron hasta la extenuación para conseguir la victoria y en las que incluso el propio Augusto, sufrió en sus carnes la dureza y resistencia de los montañeses. Pero quizás porque la guerra de Viriato y la guerra de Numancia son en gran medida contemporáneas, y porque queríamos hacer una suerte de cronograma que recogiese año a año cómo se sucedieron los acontecimientos, nos hemos centrado en Viriato y Numancia.

Ojalá más adelante tengamos también tiempo para hacer lo mismo con las Guerras Cántabras…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

Parte II: La paz de Marcelo, la guerra contra los Vacceos y la traición de Galba

152 a. C.-

*Claudio Marcelo y Marco Atilio serán los nuevos gobernadores de Hispania, de la Citerior y la Ulterior respectivamente.

Atilio, en vista de la oleada de bandas saqueadoras provenientes de la Lusitania que ha sufrido el sur de Hispania el año anterior, marchará al interior Peninsular a castigar a los Lusitanos en su propio territorio. Tomará una ciudad lusitana de nombre Oxtraca, y aniquilará hasta setecientos lusitanos, sembrando el terror entre las tribus de las cercanías, entre ellas y según el propio Apiano, algunas de tribus de vettones limítrofes con los lusitanos (Iber. 58) (interesante resaltar como está acción de castigo en el interior Peninsular y contra las bandas de saqueadores lusitanas, incluirá también a sus vecinos los vettones). En todo caso una vez finalizada la campaña y regresado al sur el gobernador romano, los lusitanos y vettones volverán a las armas atacando en esta ocasión, a aquellos de entre los lusitanos y vettones que habían acatado la autoridad de Roma. Parecerá poder reconocerse aquí un enfrentamiento entre los propios hispanos, entre anti-romanos y pro-romanos. Enfrentamiento que más adelante podremos volver a ver en las guerras de Viriato y de Numancia.

*Marcelo por otra parte llegará a la Citerior con 8000 hombres y 500 jinetes. Primero atacará ciudades rebeldes dentro de la Celtiberia sometida a Roma, tomando Ocilis y Nertobriga, prometiendo esta última como precio por la paz, enviar a Marcelo tropas auxiliares de caballería. Y después pasará a atacar la Celtiberia interior y no sometida, cuya cabeza era Numancia. De camino a ésta le atacarán la retaguardia robándole los bagajes y aprovisionamientos, y cuando lleguen los auxiliares de caballería provenientes de Nertobriga, estos afirmarán no saber nada de ese ataque a la retaguardia romana (quien atacó la retaguardia de Marcelo no lo sabemos… ¿Saqueadores independientes siguiendo a un jefe? ¿Un grupo incontrolado de nertobrigenses?). Marcelo en cualquier caso considerará rotos los pactos de paz y a pesar de que los jinetes celtibéricos afirmaron ser ajenos a la violación del tratado, Marcelo los tomará como prisioneros, venderá sus caballos, y volverá hacia Nertobriga con intención de ponerla sitio. Al llegar a Nertobriga los celtiberos tratarán de establecer nuevas condiciones para la paz[1]. Lusones, Belos, Titos y Arévacos depondrán su actitud hostil, y los celtiberos, apelarán a los acuerdos de paz pactados con Graco en el 179 a.C. ofreciéndose a pagar una indemnización por la guerra. La situación se ponía así favorable para Marcelo, los celtiberos mismos ofrecían la paz y se atenían a los pactos con Graco que habían proporcionado 25 años de estabilidad.

Marcelo enviará representantes de las tribus al senado para sellar el acuerdo así como para dirimir la cuestión de los sublevados, pues un sector de los celtiberos reclamaba castigo para los rebeldes. Al mismo tiempo Marcelo enviará por su cuenta una misiva al senado recomendando la paz. Sin embargo el senado no aceptará los acuerdos de paz de Marcelo y exigirá una sumisión total, ajena a cualquier trato de igualdad. Capitaneando el bando beligerante del senado estará Escipión Emiliano, el futuro destructor de Numancia…

Marcelo mientras tanto se dirigió a Numancia, acampando en la actualmente conocida como colina del Castillejo, donde más adelante lo hará también Escipión. Los numantinos le enviarán un legado de nombre Litenón ofreciendo la rendición de los Belos, Titos y Arévacos. Marcelo aceptó la rendición y se regreso a los acuerdos de paz hechos con Graco en el 179 a.C.

Se volvía así a la situación de paz surgida tras la primera guerra celtibérica y que había ubicado la frontera romana en la Citerior, cortando por la mitad el territorio celtibérico.

*Nos encontramos así con que en el 152 a.C. Marcelo conseguirá poner fin al primer conflicto de Numancia, originado en las murallas de Segeda. Los segedanos y celtíberos sometidos previamente a los romanos, volvían a los acuerdos de paz del 179 a.C. y Numancia, bastión de la rebelión, quedaba pacificada pero como ciudad independiente. Para cuando llegue el siguiente gobernador de la Citerior, éste encontrará una Celtiberia sin rebeldes y en paz. Marcelo había conseguido apagar el conflicto y hasta nueve años después la guerra volverá a estallar.

*En Roma se eligió un nuevo gobernador para la Hispania Citerior en la persona del ambicioso Lúculo, y a éste se unirá un joven Escipión ansioso de botín y victorias y defensor a ultranza, de continuar la guerra contra los celtiberos. Llegados a Hispania y con la Celtiberia pacificada, antes que volver a Roma con las manos vacías, se decidirán a atacar deliberadamente y por pura depredación a los pueblos del interior de la Meseta. Será la primera campaña de Roma contra los vacceos…

151 a.C.-

*El año 151 a.C. Hispania sufrirá los gobiernos de los dos pretores de más infausta memoria, Lúculo en la Citerior y Galba en la Ulterior. La acción de ambos no se olvidará entre los pueblos hispanos y el propio Apiano, referirá la ignominia de ambos (Apiano Iber. 55 y 60). De hecho para el caso de Galba, en sus traiciones se sembrará la semilla de la futura guerra de Viriato.

*Lúculo llegará a Hispania dispuesto a hacer botín a costa de los celtiberos, y se encontrará sin embargo con que éstos, de la mano de las habilidades diplomáticas de Marcelo, han vuelto a los acuerdos de paz del 179 a.C. En vista de la situación, y no dispuesto a marchar con las manos vacías, se internará en territorio vacceo con la excusa de que los vacceos, hasta ese momento ajenos y en paz con Roma, hostigaban a los carpetanos. Pueblo sometido desde los tiempos de Tiberio Graco.

Lúculo llegará hasta Cauca (la actual Coca), una de las principales ciudades vacceas, y la sitiará. Cuando sus habitantes traten de parlamentar para conocer el motivo de la presencia de Lúculo en sus tierras, éste dejará claras sus intenciones belicosas desatándose una primera e igualada batalla en la que cayeron alrededor de 3000 vacceos. Al día siguiente los ancianos de la ciudad, adornados con ramos y coronas vegetales, saldrán de la ciudad a pedir la paz. Lúculo impondrá unas condiciones abusivas, incluida una guarnición de 2000 hombres dentro de la ciudad. Una vez dentro ordenó sin embargo el ataque y la ciudad fue saqueada a sangre y fuego, llenando según Apiano de infamia a los romanos (Iber. 52). Algunos de los habitantes de Cauca conseguirán huir y se refugiarán en el monte y en ciudades vecinas. Los vacceos quedaban avisados de la clase de hombre que andaba por sus tierras…

Saqueada Cauca, Lúculo marchará ahora a través de una gran extensión de territorio deshabitado hasta llegar a Intercatia (quizás la actual Villalpando en Zamora), donde ofreció una alianza de paz a la ciudad vaccea. Al ofrecimiento del romano los habitantes de Intercatia respondieron si era un pacto del mismo tipo que el que ofreció a Cauca, con saqueo y traición incluida en el lote. Lúculo irritado con el reproche (Apiano. Iber. 53) pondrá entonces sitio la ciudad. Los indígenas responderán haciendo uso de la guerra de guerrillas y lanzamiento de dardos.

Durante el sitio, uno de los bárbaros de Intercatia desafiará en repetidas ocasiones a los hombres del ejército romano a un combate singular, a una lucha de campeones, burlándose después de ellos con una danza en actitud despectiva. Los romanos durante un tiempo no se decidirían a hacer frente al desafió del bárbaro, pero finalmente el joven Escipión herido en su orgullo de romano aceptará el envite. El joven Escipión conseguirá la victoria frente al, según Apiano, “enorme oponente” y eso a pesar de que según también Apiano, Escipión era un hombre menudo (Apiano, Iber. 53). El valor y el éxito de Escipión en tan apurado trance le dieron posteriormente fama en toda Roma, y le granjeo el prestigio entre los vacceos de Intercatia.

Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).
Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).

La lucha en cualquier caso continuará… con episodios de jinetes bárbaros corriendo y profiriendo aullidos alrededor del campamento romano durante la noche, mientras sus compañeros desde el interior de Intercatia les hacían eco (lo que según Apiano (Iber 54) sembrará de un temor “extraño” a las tropas romanas). Y con episodios de armas de asedio romanas derribando parte de las murallas de la ciudad y lucha encarnizada en el interior de la misma, consiguiendo los vacceos rechazar el ataque romano, y reconstruir las murallas durante la noche. Por otro lado el hambre empezaba a afectar a ambos bandos, especialmente al bando romano y en éste, muchos soldados serán presa de la disentería. Finalmente Escipión se hará fiador de una salida pactada al asedio, asegurando que no ocurriría lo sucedido en Cauca. Los bárbaros confiaron en su palabra y aceptaron el trato. Lúculo recibirá de la ciudad vaccea 10000 sagos, un número fijado de reses y cincuenta rehenes. En cambio el oro y la plata, que era lo que venía buscando, no lo encontrará. Los celtiberos de estas regiones a decir de Apiano, ni lo tenían ni lo estimaban (Iber. 54).

Tan exangüe botín no dejará satisfecho a Lúculo y en una acción de puro depredación, se decidirá a avanzar hacia el interior de la Meseta y atacar Palentia (la actual Palencia). La decisión era ciertamente temeraria, pues Roma se adentraba en territorios en los que nunca había estado, muy alejada de sus fuentes de aprovisionamiento y rodeada por todos lados, de pueblos bárbaros ajenos al poder de Roma…

La campaña frente a Palantia fue así un desastre, la ciudad resistió, y la caballería cántabra, aliada de los vacceos, hostigo al ejército romano causándole muchas bajas. Éste, imposibilitado por la caballería enemiga para abastecerse y debilitado para hacer frente a un nuevo asedio, finalmente se replegará sin haber conseguido nada. Debiendo marchar en formación cuadrada y perseguido por los de Palantia hasta el Duero. Una vez cruzado el río, Lúculo marchará ya hacia la Turdetania a pasar allí el invierno. Siendo este el final de la primera guerra contra los vacceos, por la que Lúculo, según se lamenta Apiano, ni siquiera fue sometido a juicio (Iber. 55).

La campaña de Lúculo fue sangrienta, cara, injusta, muy pobre en resultados y hasta vergonzosa para Roma. Al mismo tiempo en la Ulterior, el gobernador de la misma, tampoco se cubrirá precisamente de gloria…

*Galba, pretor de la Ulterior, se encontró al llegar al sur de Hispania con que la pacificación llevada a cabo por su sucesor (recordemos Marco Atilio) no había resultado, y lusitanos y vettones seguían en armas, esta vez hostigando a los lusitanos pro-romanos. Al igual que Atilio, Galba se internará entonces en la Lusitania y tras un primer choque, los lusitanos fingirán retirarse, Galba diseminará entonces su ejército para perseguir a los huidos y éstos, reagrupándose sorpresivamente, volverán a la carga contra los romanos causándoles 7000 bajas. El mismo Galba estará a punto de perder la vida y sólo gracias a su caballería conseguirá huir y refugiarse en Carmona, donde reagrupará a sus hombres y buscará apoyos entre los íberos de la zona.

Llegado Lúculo a la Turdetania tras su funesta campaña contra los vacceos, y en una operación conjunta con Galba, saldrán ambos gobernadores al encuentro de los Lusitanos, que según las fuentes, saqueaban la Ulterior y se disponían a cruzar el estrecho por Gades (Apiano. Iber. 59). Los romanos les propiciarán una severa derrota con más de 5000 bajas en el bando lusitano. Aprovechando la victoria, ambos gobernadores marcharán ahora sobre la Lusitania devastando todo a su paso. Llegando así el conflicto a una cierta situación de revés para los lusitanos. Estos enviaron entonces legados a Galba para pactar un regreso a las condiciones pactadas con Atilio (volver a un pacto previo, como Marcelo con los celtíberos y la paz de Graco). Galba les recibió, e incluso fingió compadecerse “de su falta de tierras y pobreza, que les empujaba a romper los pactos” (Apiano. Iber. 59).

Los propuso entonces que se dividieran en tres grupos, que depusieran las armas, y esperarán en un lugar convenido, distinto para cada grupo. Allí les haría entrega de lotes de tierra y se edificarían nuevas ciudades.

Llegado el momento y sin embargo, les rodeó con un foso y envió a sus soldados para que los aniquilarán a todos; hombres, mujeres y niños, aprovechando que estaban desarmados. Muy pocos de entre ellos consiguieron escapar a semejante trampa y traición, pero entre ellos estará un lusitano, que en el futuro se ganará el apodo de Viriato (algo así como “el portador del collar de la victoria”). Un guerrero que nunca olvidará la felonía y que hará de su lucha contra Roma una verdadera pesadilla para ésta. Cinco años después de tan repugnante episodio, Roma recogerá los frutos amargos de su ignominia. La guerra de Viriato comenzaría…

BIBLIOGRAFÍA:

  • Abascal, J. M.: 1986: “La Legio VII Gemina. Balance de la investigación y perspectivas. Actas Congreso Internacional Astorga Romana (Astorga 1985) I: 317-328. Astorga

-2009a: “El ejército romano en los siglos I-IV d.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 282-288.

-2009b: “La participación hispana en los ejércitos romanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 289-300.

-2009c: “Los auxilia hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 301-312.

  • Almagro-Gorbea, M. 1997: “Guerra y sociedad en la Hispania céltica”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 207-221.

-2009: “Las Guerras Civiles”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 235-246.

  • Blázquez Martínez, J. Mª, Montenegro, A., Roldán J. M., Mangas, J., Teja, R., Sayas, J. J., García Iglesias, L. y Arce, J. 1995: Hispania Romana. Historia de España Antigua Tomo II. Ediciones Cátedra. Historia. Serie Mayor. Madrid.
  • García Huerta, R.1997: “La guerra entre los pueblos célticos. Las fuentes literarias grecolatinas”. La guerra en la Antigüedad. Una aproximación al origen de los ejércitos en Hispania. Ministerio de Defensa. Madrid: 223-229.
  • Lorrio Alvarado, A. J. 2009: “Las Guerras Celtibéricas”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 205-223.
  • Morillo Ángel 2009: “Ejército y sociedad en la hispania romana”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 338-346.

-1995: “Guerra y paz en la España céltica. Clientes y hospites a la luz de las fuentes literarias”. Hispania Antiqua, 19: 15-36.

  • Novillo López, M. A. 2011: “La propetura cesariana en la Hispania Ulterior: La II guerra Lusitana”. Gerion 28, núm. (1): 207-221.
  • Peralta Labrador, E. 2009a: “La II Guerra Púnica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 174-193

-2009b: “Las guerras Cántabras”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 247-265.

-2009c: “El ejército romano en los siglos II-I a.C.”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 267-281.

  • Pérez Vilatela, L. 1989a: “Notas sobre la jefatura de Viriato en relación con la Ulterior”. Archivo de Prehistoria Levantina. Homenaje a D. Fletcher Valls, 19: 191-204.

-1989 b: “Procedencia geográfica de los lusitanos de las guerras del siglo II a.C. en los autores clásicos (154-139)”. Actas de VII Congreso español de Estudios Clásicos (Madrid 1987): 257-262.Madrid

  • Quesada Sanz, F. 1997a: “Algo más que un tipo de espada. La falcata Ibérica”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 196-205.

-1997b: “Jinetes o Caballeros: entorno al empleo del caballo en la Edad del Hierro Peninsular”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 185-194.

-2009a: “La guerra en la cultura Ibérica”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 111-130.

-2009b: “Los mercenarios hispanos”. Historia militar de España-Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 165-173.

-2010: Armas de la antigua Iberia. De Tartessos a Numancia. La Esfera de los Libros. Madrid.

  • Rodríguez Martín, G. 2009: “Las guerras Lusitanas”. Historia militar de España- Prehistoria y Antigüedad. Ministerio de Defensa: 224-234.
  • Roldán Hervás, J. M. 1974: Hispania y el Ejército romano. Universidad de Salamanca. Salamanca.

-1997a: “Los Hispanos en el ejército Romano”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 299-310.

-1997b: “El ejército romano republicano y alto imperial”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 281-297.

-1997c: “El ejército romano en Hispania”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 323-331.

  • Salinas Frías, M. 1986: Conquista y romanización de la Celtiberia. Universidad de Salamanca. Museo Numantino de Soria. Salamanca.
  • Sánchez Moreno, E. 1981: “Las incursiones de lusitanos en la Hispania Ulterior durante el siglo II antes de nuestra era”. Bracara Augusta, 35: 355-366.
  • Santos Yanguas, N. 2009: “Sertorio ¿un romano contra Roma en la crisis de la República? En G. Urso (ed.), Ordine e sovversione nel mondo greco e romano. Atti del convegna internazionale Cividale del Friuli. Pisa: 177-192.
  • Santos Yanguas, N. y Montero Honorato, Mª. P. 1983: “Viriato y las guerras Lusitanas”. Bracara Augusta, 37: 153-181.

Fuentes Clásicas:

Apiano. Historia de Iberia y Aníbal. Gómez Espelosín. Alianza Editorial. Madrid 1993. Claudio Eliano. Sobre la naturaleza de los animales. José Vara Donado. Akal. Madrid

1989.

Diodoro de Sicilia. Biblioteca Histórica, I-III. Parreu Alasá. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2001.

Dion Casio. Historia de Roma I-XXXV. Domingo Plácido. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2004.

Estrabón. Geografía, III-IV. García Ramón y García Blanco. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Floro Lucio Anneo. Epitome de la Historia de Tito Livio. Hinojo Andrés y Moreno Ferrero. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2000.

Julio César. Cometarios a las Guerras de las Galias. José Joaquín Caerols. Alianza editorial. Madrid 2002.

Justino/Pompeyo Trogo. Epitome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo. José Castro. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1995.

Marcial. Epigramas. José Guillén y Fidel Argudo. Institución Fernando el Católico. Zaragoza 2003.

Orosio. Historias contra los paganos. Juan Fernández de Heredia. Prensas universitarias de Zaragoza. Zaragoza 2008.

Plinio el Viejo. Historia Natural II-VI. Antonio Fontán, Ana María Moure Casas e Ignacio García. Biblioteca Clásica Grados. Madrid 2000.

Historia Natural XII-XVI. Ana María Moure Casas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2010.

Polibio. Historias I, II, III. Balasch Recort. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983. Plutarco. Vidas paralelas VI: Sertorio-Eúmenes. Jorge Bergua Caveto. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2007.

Salustio. La concepción de la Historia en Salustio. Traducción obras menores (Historias). Santos Yaguas. Universidad de Oviedo. Oviedo 1997.

Suetonio. Vida de los Césares. Agudo Cubas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Tácito. Germania. Requejo. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1981.

Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación, XXXI-XXXV, XXXVI, XL. Villar

Vidal. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983.

[1] Interesante señalar aquí como los celtíberos de Nertobriga enviarán para pactar con Marcelo a un heraldo revestido con una piel de lobo (Apiano. Iber. 48).

Los lazos de sangre en la Hispania Céltica

en Cultura Celta por
Los lazos de sangre, la guerra y el pastoreo en la Hispania Céltica.

Los lazos de sangre, la guerra y el pastoreo en la Hispania Céltica.

Los vínculos de sangre, el parentesco, la familia, el “clan y la tribu”, fueron los elementos vertebradores de las sociedades célticas. Siendo en torno a lo que hoy llamaríamos “familia extensa”, que se construiría el entramado de relaciones que conformaba el conjunto orgánico del mundo hispano céltico. Esto en economías fundamentalmente ganaderas y de ideología guerrera para las cuales, el uso de la razzia y los robos de ganado, será un elemento esencial de formación, mérito y prestigio.

*

El mundo Hispano Céltico presentará mayormente los rasgos de una sociedad gentilicia. Esto es, una sociedad que prima los lazos familiares, los lazos de sangre, relacionando las personas entre sí desde una perspectiva que hace del parentesco el eje vertebrador de la organización social (Torres Martínez 2005: 340).

En este orden de cosas cabe resaltar la alteridad entre los conceptos tradicionales de familia, asociados a esta primacía del parentesco, y el concepto moderno de familia, surgido tras la Revolución Industrial en Europa y en el seno de una cada vez más boyante burguesía. En esta última, la familia es ante todo la “familia nuclear”, formada simplemente por los cónyuges y los hijos. En la familia tradicional por el contrario se responderá al esquema de “familia extensa”, de mínimo tres generaciones: abuelos, padres e hijos, más consanguíneos o afines desvinculados (Brañas 2005: 157) (estos últimos serían los ancianos, los viudos sin hijos, los solteros, los huérfanos, los enfermos crónicos, los extranjeros asimilados…).

En este sentido debemos entender que la llamada “familia nuclear” o familia moderna sólo será posible en condiciones sociales, políticas y económicas, como las que el Estado burgués es capaz de proporcionar a la familia a través de los servicios públicos (Brañas 2005: 157). Nos referimos a instituciones como escuelas, hospitales, asilos… Instituciones en las que las obligaciones clásicas de la familia extensa pueden ser delegadas, reduciéndose así su tamaño al de la familia nuclear moderna. No siendo casualidad que hasta prácticamente hoy día y en diversas zonas rurales de España, como pudiera ser Galicia, la familia extensa o “casa-familia” haya continuado siendo el eje organizativo de la aldea. (Brañas 2005: 157). Siendo también interesante constatar como los individuos desvinculados necesitarán agrupaciones familiares extensas para su integración social, siendo solo en las modernas familias nucleares que ese ámbito de integración queda restringido, pues se considera tarea del Estado. Paradójicamente los Estados modernos serán los que generarán mayor cantidad de marginados. (Brañas 2005: 157-158).

Del mismo modo los conceptos “modernos” de economía, sociedad, creencias, etc… no serán aplicables a las sociedades anteriores a la revolución industrial, salvo de una manera muy genérica, o para casos muy concretos. Las sociedades premodernas y tradicionales, de orden fundamentalmente agropecuario, son sociedades “orgánicas”. Esto es, sociedades basadas en un cuerpo de convivencia fundamentado en redes de parentesco y vínculos personales de tipo clientelar. Son sociedades construidas así a partir de la familia, el clan, la estirpe, la tribu, el pueblo. A partir de redes extensas de parentesco que impregnarán toda la vida social, e impedirán hablar de economías de tipo moderno centradas en los conceptos de interés, beneficio y rentabilidad. Siendo más bien los conceptos propios del mundo tradicional; honra, prestigio, fama, deuda, generosidad, compromiso, los principios que regirán el ordenamiento socioeconómico del mundo hispano céltico (Ruiz-Gálvez Priego 2005: 375 y Torres Martínez 2003 y 2005).

Asociado a este carácter “tradicional” de los principios estructurales del mundo céltico, encontraremos que también jugarán un papel muy importante los vínculos clientelares, fundamentados en el compromiso personal y el valor de la palabra dada. Principios esenciales para constituir las “sociedades de jefaturas”, que como veremos en el siguiente capítulo, serán las sociedades características de la Hispania céltica.

Tendremos así una concepción de las interrelaciones económicas y sociales, marcada profundamente por el mundo simbólico de los “rituales cotidianos” entorno a los lazos de sangre y lo círculos de prestigio e influencia: comer en la misma mesa, beber en el mismo vaso, intercambiar regalos y dadivas, caballos o armas. Todo en el marco de instituciones sociales que articulan dichos encuentros e intercambios y que crean relaciones de amistad y compromiso entre donantes mutuos. Relaciones que implicarán muchas veces una ligazón tan fuerte e indisoluble como las que podían crear los mismos lazos de sangre (Ruiz-Gálvez Priego 2005: 376).

Sin embargo, si bien este planteamiento es el que nos perfila el mundo de las relaciones socioeconómicas de los pueblos hispano célticos, debemos entender que nos servirá en todo caso si desde un principio, valoramos las diferencias que surgirán en el mismo cuando estas sociedades tradicionales se encuentren en situaciones de transacción no con parientes, sino con extraños. Es decir, que podemos entrar a valorar dos tipos de reciprocidad. La que se da entre miembros de una misma estirpe, familia o tribu. Y la que se da con elementos ajenos a ese “cuerpo orgánico” de lazos de parentesco. En esta última sí primará el interés económico y sí se dará el escenario de un verdadero comercio. Más aún, será en esta situación de encuentros con elementos externos a los del la propia tribu, donde no solo cabrá el uso del término “comercio”, sino que además podrán integrarse actividades como el mercenariado y las razzias o saqueos. Razzias y saqueos que solo desde la perspectiva de sociedades plenamente campesinas y sedentarias, tendrán la consideración de vida “bárbara” e incivilizada. Pues desde la perspectiva de unas sociedades fundamentalmente pastoriles y ganaderas-como las de la Hispania Céltica-el saqueo y el botín serán formas habituales de formar jóvenes guerreros dispuestos a pugnar por pastos, agua, sal, y otros recursos que la vida “móvil” de la ganadería demanda necesariamente. De esta manera encontramos que el mundo ganadero del interior Peninsular, tendrá en la guerra un instrumento más de su propia dinámica socioeconómica y ésta, se convertirá en vehículo para aliviar tensiones internas, adquirir riqueza, honor y ganado, y hacer méritos para algún día encabezar el gobierno de la propia tribu (Ruiz-Gálvez Priego 2005: 380, Torres Martínez 2005: 343-344 y Sánchez Moreno 2002).

Planteamos de este modo que las sociedades hispano célticas del interior Peninsular, son sociedades basadas principalmente en el mundo de las relaciones de parentesco. Sociedades orgánicas fundamentadas en las concepciones de estirpe, linaje, “clan”, tribu, familia y en las que además, se dará especial valor a todo lo que es interacción social: gesto, respeto, don, intercambio. Creación de vínculos y lealtades personales, tan indisolubles como los vínculos de sangre, y fundamentales en la cimentación de las relaciones clientelares que articularán el mundo de jefaturas y élites guerreras propio de estos pueblos.

Este universo de parentesco, prestigio personal, lealtades y compromisos mutuos, tendrá en la actividad agropecuaria y fundamentalmente ganadera, el basamento de su vida económica. Las sociedades hispano célticas serán así esencialmente sociedades ganaderas y por lo tanto generalmente sociedades tremendamente competitivas y agresivas, armadas y en lucha por recursos estratégicos como pastos, fuentes y vías pecuarias. Teniendo en los robos de ganado, en el saqueo y la razzia, un elemento más de su dinámica socioeconómica (Almagro-Gorbea 1993, Sánchez Moreno 2002 y Álvarez Sanchís 2003).

Son sociedades por tanto a las que podremos considerar de cultura “guerrera”, y que como podremos ver más adelante, tendrán en las männerbunde-en las “sociedades de hombres”, “bandas y cofradías guerreras”-un elemento de relevancia social y cultural fundamental (Almagro-Gorbea 1993: 134-141, Peralta Labrador 2000: 168-184 y García Quintela 1999: 275-287). Estaremos así en la Hispania céltica, en presencia de esos grupos armados y organizados alrededor de un jefe-los comitatus que Roma señalará para los germanos (Tácito, Germania, XIII)-y que son la célula fundamental que da cuerpo a ese “espíritu guerrero” tan caro a las sociedades europeas de la Edad del Hierro. Podrá afirmarse en este sentido que las sociedades hispano célticas serán fundamentalmente sociedades agro-pastoriles de ideología guerrera (Almagro-Gorbea 1993, García Quintela 1999: 270-295, Peralta Labrador 2000: 153-211, Torres Martínez 2005: 343-344, Sánchez Moreno 2002 y Álvarez Sanchís 2003).

En estas sociedades y tal como ya hemos comentado, podremos encontrar un modelo y organización de fuerte impronta gentilicia, reconocible a partir de la onomástica de epítetos en genitivos del plural que indicarían el “clan”, o grupo familiar gentilicio. Los clanes más poderosos darían lugar a estirpes aristocráticas guerreras dirigidas por un cabeza del linaje que a su vez, extiende y manifiesta su poder por medio de clientelas. Estos “nobiles” formarían el que podríamos denominar “senatus”– el órgano superior de gobierno de la ciudad u oppidum-y a su vez integrarían el grupo social de los equites, de los “jefes guerreros a caballo”. Verdaderas élites rectoras de los oppida y “señores de la guerra” que capitanearán las luchas contra Roma (Almagro-Gorbea 1994b y 2005a, Sánchez Moreno 2005 y Quesada Sanz 2002a y 1997c).

Paradójicamente estas mismas élites, una vez sometidos sus pueblos a la autoridad de Roma, serán las primeras que se integren en las legiones y se romanicen (Lorrio Alvarado 2005: 278 y Abascal 2009b y 2009c).

Roma y los Bárbaros: Metafísica del Imperio

en Espiritualidad por
Roma y lo Bárbaros: Metafísica del Imperio

Nuestra tesis doctoral pretendió conocer el alma misma de la Hispania céltica a través de su tradición guerrera. Tanto a nivel de organización sociopolítica y económica, como a nivel de principios, valores y creencias. La tesis doctoral la hemos adaptado al ámbito de editorial para poder publicarla y de dicha adaptación extraemos este fragmento que aquí os presentamos.

 

En él mismo plateamos la posibilidad de encontrar en la tradición guerrera de la Hispania céltica, una afinidad de fondo entre lo que fue su cultura de jefaturas, y lo que sería en el ámbito de Roma, la ideología del Imperium y el culto al Emperador. Afinidad de fondo que podría ayudarnos a comprender con mayor calado, los procesos de romanización de los llamados pueblos “bárbaros”.

Consideramos importante plantear cual sería la estructura ideológica que sostiene y fundamenta el modelo cultural y de civilización de un Imperio. Planteando no la acepción del modelo imperialista colonial, sino la idea de un imperio civilizador que genera una integración de distintos pueblos en su seno en un proyecto sociopolítico que trasciende y rebasa a éstos. Siguiendo aquí las propuestas e interpretación de Gustavo Bueno (1999).

En este sentido, más allá de una concepción puramente económica de la cuestión, lo que realmente distinguiría a un Imperio no sería tanto una estructura de poder capaz de someter y explotar pueblos y territorios; sino el hecho de que el Imperio no es sólo un estado o un territorio sino también y principalmente, una idea. Una idea de vocación integradora, de ordenación común de pueblos y hombres diversos, conforme a un principio superior civilizador.

Esta construcción del Imperio como orden político supranacional “bendecido” de un ideal superior por lo general de naturaleza espiritual (“bendecido de los Dioses”), parte en el caso concreto de Roma y en primer lugar, del Imperio como la facultad del Imperator. Y con esto queremos decir la jefatura militar o más aún, la “jefatura militar suprema” (Bueno 1999: 183-187).

Es decir, cuando el Imperator comience a ser el instrumento y la representación de la soberanía y su figura sea concebida como la suprema dignidad, entonces alcanzará la categoría de Princeps, es decir primero tanto en poder efectivo como en honor (Bueno 1999: 186). El ejercicio del poder adquiere de este modo un matiz más complejo, más que meramente militar o guerrero, y se convierte en representación y símbolo de “algo más”. Este planteamiento que se inicia con César (Dión Casio XLIII, 44), tendrá su continuidad cuando Virgilio defina la misión de Augusto (Eneida, VI, 851) y diga: “Tu regere imperio populos, Romane memento”. Por tanto, la facultad del Imperio (emanada en este caso de Roma), encarnada en un “Príncipe” llamado a regir distintos pueblos (Bueno 1999: 186-187).  Hay que resaltar aquí que en Roma, a los jefes se les consideraba dotados de una virtud mágica cuyos efectos prácticos, se traducían en la obtención de la victoria. Poseían así derecho a tomar auspicios, y en el campo de batalla eran intérpretes de la voluntad divina. Su victoria en este sentido era prueba del favor divino, y justificaba que las tropas aclamaran al jefe como Imperator   (Roldán Hervás 1997b: 281). Esta “mística” romana alrededor de la jefatura, como vamos a poder ver, será importantísima para lo que queremos plantear en este apartado.

Del mismo modo la capacidad militar del Imperator y su dignidad de Princeps, (clave en la ideología del Imperio), tiene su correlato subsiguiente en la idea de un espacio sobre el cual se ha de ejercer la acción de ese Imperio. O dicho de otra manera, el ámbito sobre el cual ese poder militar se puede hacer efectivo y por ende, esa dignidad superior también puede ser expresada. Siendo entonces que para una diversidad de pueblos, esa dignidad se constituye como centro superior de poder, y dichos pueblos se convierten en vasallos, en tributarios, en subordinados al Imperio o incluso en “leales” al Imperio. En nuestro caso hablamos de Roma, que llegadas las postrimerías de la República, con César primero, y sobre todo ya con Augusto, se configurará como un poder pero también como una idea transnacional, que vehiculizada por Roma, se expresaría en su Emperador y en el culto imperial.

Nos encontramos llegado este punto, con la propuesta que queremos tratar en este apartado; que la idea de Imperio en su sentido más eminente, es una idea con capacidad de sugestión, evocación y aceptación por los pueblos prerromanos Peninsulares y conforme a su ideología guerrera: El Imperio Romano no es ya un simple estado depredador que se impone por la fuerza de las armas, sino que es expresión de una dignidad superior que los nuevos pueblos integrados en su seno, reconocen como tal. Dicha dignidad superior se plasmaría precisamente en la figura de una jefatura militar suprema, en la figura del Emperador. El Emperador, no solo deviene así en Princeps-primero en dignidad y honor-sino que además, y en virtud de dicha dignidad superior, se convierte también en Pontifex, en el “hacedor de puentes”, en quien une lo Sobrenatural y lo Natural. El Emperador como si fuera un “sumo sacerdote”, un “representante de Dios en la Tierra” (Bueno 1999: 201). La posesión del título de Imperator por el “príncipe”-el “primero” de Roma, su “conductor” y su “guía”-a partir de César y Augusto, conferirá así un prestigio particular: si no el de una divinidad, sí al menos el de una “predestinación” a ser dios. El reconocimiento en él de una naturaleza divina o sobrehumana, que se afirmaba en el curso de su gobierno si no dejaba degenerar su poder en tiranía, y que merecía entonces llegada la muerte, los honores de la apoteosis. Situándosele entre el número de las divinidades reconocidas por la religión oficial (Grimal 2000: 12).

En la base de estos procesos sociopolíticos que alumbran la institución imperial y ponen fin a la República, parecerá permanecer en todo caso el trasfondo de un aura mística en torno a la jefatura, por la cual el príncipe habría sido puesto en el poder por Júpiter. Y esto conforme a una concepción sacra de la Auctoritas que se remontaría a la Roma arcaica e incluso a los etruscos (Grimal 2000: 11).  En esta línea parece expresarse el romano Servio (Aeneid. III, 268) cuando dice: “Fue costumbre de nuestros antepasados que el rey fuera simultáneamente pontífice y sacerdote”, e ideas parecidas se estarían dando en el mundo helénico donde desde tiempos de Homero, la tradición repetía que los reyes eran “hijos de Zeus” (Grimal 2000: 12). Incluso quizás estas mismas ideas podrían encontrarse en la antigua tradición céltico-galesa del Mabinogion  y en torno al “rey” o el “jefe”, como “puente” o intermediario con lo sobrenatural (Cirlot 1988).

Desde esta perspectiva, el orden político y jurídico            que enmarca la idea de imperio, estará determinada no solo por factores materiales o por la posesión y administración de un vasto territorio, sino fundamentalmente por una idea. Idea de orden espiritual que convierte al Imperator en Princeps y a éste, en Pontifex. Todo ello a partir de un concepto de la Auctoritas que termina por unificar poder militar, político y religioso, y cuya supremacía justifica su preeminencia legítima sobre pueblos y territorios.

Así un Imperio no es un reino que se impone a otros reinos y los explota. Es por el contrario un centro y eje que integra y ordena diferentes reinos, manteniendo las élites correspondientes, pero conforme a una integración y lealtad común a un mismo símbolo e institución. Institución que encarna la Trascendencia y cuyo símbolo sería la “corona” imperial. Lo esencial en el Emperador está en que su poder se fundamenta en que encarna un principio espiritual que va más allá de la pura posesión de territorios. Va más allá de lo puramente contingente y está llamado a ser símbolo de la verdadera autoridad, y por ende, “puente” entre “el Otro mundo” y nuestro mundo: Imperator y Pontifex. Siendo entonces objeto de una Fides e inspiración para una Areté, que  a  nuestro parecer, no será demasiado distinta a la que en origen podemos encontrar en las sociedades de jefaturas de la Edad del Hierro que hemos descrito anteriormente. Sociedades que se integrarán ahora de mano del imperio romano, en una institución sociopolítica de mucho mayor alcance y calado.

La figura del Emperador se configura así como soberano de príncipes y reyes, de caudillos y líderes locales, que reina sobre reyes y no sobre territorios, y al que los reyes rinden obediencia y lealtad como representante de un principio espiritual que trasciende las comunidades cuya dirección asume. Lo hemos visto en la anterior cita de Virgilio (Eneida, VI, 851), y estaría presente como culminación de un proceso de disociación entre el Rex Romanorum, y el Imperator totius Orbis (Bueno 1999: 226).

Vemos de este modo cómo el poder del Emperador y la ideología del Imperio, se manifiestan como un “orden bendecido de los Dioses” en cuya cúspide se aúnan el pontífice, el príncipe y general victorioso. Siendo ésta, una idea que de alguna manera no terminaría de ser ajena al culto a las jefaturas que se practicaba en el mundo hispano céltico, no terminaría de ser ajena al mannerbündprinzip de la “sociedades de jefaturas” de la Hispania céltica, con lo que cómo venimos indicando, podrían entonces amoldarse al proyecto imperial romano sin sufrir una verdadera desnaturalización.

Debemos entender así que el Imperio tiene un fundamento que no se remite a un simple poder material, sino que más aún apunta a un sistema de lealtades y clientelas en torno a un mismo “eje” unificador y vertebrador. Eje que tiene en la figura del Emperador su más alta plasmación, Emperador al cual se rendirá lealtad como representación de un orden querido por los Dioses, símbolo en la Tierra de una realidad Superior y Trascendente, capaz de traer la Pax a los Hombres: “Todo el género humano fue reunido en una paz universal y verdadera” (Floro, Epítome, II, 34). Entramos ya aquí en la sugestiva idea del Dominus mundi, “señor de la Paz y la Justicia”. El Imperio y el Emperador entonces, no como un poder arbitrario y depredador, sino como un poder llamado a regir a los pueblos del Mundo para mantenerlos en equilibrio, convivencia y paz[1]. La institución del Emperador como autoridad que ya no “impera” formalmente en cuanto rey de un estado, sino en cuanta autoridad orientada al “co-orden” de todos los estados incluidos en su propio espacio (Bueno 1999: 187-188 y 207). Roma se presenta de este modo como un Imperio que se eleva por encima de reyes y el interés particular de éstos, y recibiéndolos en su Fides, los protege. Suetonio de modo revelador nos habla así de “reyes clientes” del Imperio (Grimal 2000: 17).

En este sentido no debemos dejar de mencionar cómo el Emperador, unificará poder político, militar y religioso, y que a él le corresponderán los ritos sagrados que como “sumo pontífice”, renuevan y aseguran las armonía de los Hombres con los Dioses. Idea que como ya hemos indicado anteriormente, se daría también en las jefaturas guerreras hispano célticas. El Emperador se convierte así en el eje que en la cima de la cúspide social, renueva y asegura la armonía entre “el Cielo y la Tierra”. Siendo aquí que cobra especial sentido ese “misterio iniciático” en torno a la realeza sagrada-adytum et initia regis-considerado inaccesible al común de los mortales (Varrón, De lingua latina V, 8). De hecho en este pasaje de Varrón, se nos habla de diferentes grados del conocimiento, y de la existencia de unos saberes superiores que solo puede alcanzar el “rey”. En la misma línea entendemos que deberá situarse la virtud taumatúrgica de los Emperadores recogida por ejemplo sobre Vespasiano (Tácito, Hist. IV, 81 y Suetonio, Vespas. VII), así como la investidura divina recibida por Trajano (Hidalgo de la Vega 1995: 123).

De acuerdo a este planteamiento la palabras del propio César son clarificadoras: “(en mi estirpe está) el signo sagrado de los reyes que sobresale de entre los Hombres, y la veneración de los Dioses inmortales, bajo cuya potestad está el poder de los reyes” (Suetonio, Caesar, VI). En la misma línea se interpretaría la suelta de águilas a la muerte del Emperador remontando el vuelo como símbolo del alma que se eleva a las alturas (Dion Casio, LVI, 34) (idea análoga a la que hemos estudiado en el papel psicopompo de los buitres en la Celtiberia), y también en este mismo sentido entendemos que podrá leerse el canto y anuncio de Virgilio a una suerte de “nueva Edad de Oro” asociada al Imperio Romano: “La edad última de la profecía cumana por fin ha llegado. He aquí que renace el gran orden de los siglos. Retorna la Virgen, retorna Saturno (dios de la Edad de Oro) y una nueva generación desciende de lo alto de los Cielos. Dígnate, oh casta Lucina, de ayudar al nacimiento del Niño con el cual la raza del hierro (la raza de la última edad) concluirá y sobre el mundo entero se levantará la raza del oro, y he aquí, que reinará Apolo (…). Vida divina recibirá el Niño que yo canto, y verá a los Héroes mezclarse con los Dioses, y él mismo con ellos (Eclog., IV, 5-10, 15-18).

El tono heroico e intención profética de los cantos de Virgilio y respecto del papel del Imperio Romano, se ven reforzados en los pasajes que hacen referencia a la muerte de la Serpiente (Ibid. 24), a un grupo héroes que afrontará de nuevo la empresa de los argonautas (Ibid. 33), y a un nuevo Aquiles que repetirá la guerra de los Aqueos contra Troya (Ibid. 36). Todo ello imágenes simbólicas de un canto al papel de Héroe en la reordenación y restitución del Mundo, a la Edad de Oro que anuncia y trae Roma.

Llegado este punto de nuestra exposición, la carga simbólica de la idea de Imperio y Emperador, se nos muestra con claridad, y en la misma, podemos ver la fuerza sugestiva que dentro de las coordenadas éticas de las comunidades guerreras de la Hispania céltica-jefatura, Areté y Fides-pudieron llegar a tener el Imperio romano y el culto imperial. Culto imperial que entenderemos intentaba propiciar la idea de una Roma más allá de todo particularismo étnico y religioso, señalando una Fides superior ligada al principio sobrenatural encarnado por el Emperador, y ubicado por encima de toda lealtad específica, ya sea religiosa o “nacional”. Es así que aunque tardíamente y con cierta nostalgia, Namaciano (De red. suo. I, 62-65) evocará una Roma “(capaz de hacer) de los diversos pueblos una única nación”.

 

[1] En las postrimerías de la Antigüedad y en línea parecida, san Agustín en sus teorizaciones políticas nos dirá que la “Ciudad Terrena”, si no se ordena conforme al ideal universal de la “Ciudad de Dios”, solo se diferencia de una “partida de piratas” en el tamaño.

Espacios sagrados y Druidismo en la Hispania Céltica

en Cultura Celta por
El árbol Sagrado.

El “Bosque Sagrado” y la “Guerra”. El rito y el sacrificio. La naturaleza como santuario y la batalla como sacramento. La Magia y la Areté. Y “el Druida”, Maestro y depositario de la Tradición. Quizás también en la Hispania Céltica, de Lusitania a Celtiberia… En este fragmento de nuestra tesis doctoral y en un capítulo en el que nos acercábamos al tema de los dioses, y la posible existencia de un sacerdocio hispano céltico. Haciendo una disquisición previa imprescindible que hemos querido recoger aquí por lo interesante, para nuestro blog.

En el antiguo mundo celta, al igual que en general en el mundo cultural del Hierro, parecerá afirmase la presencia de lo sagrado en la realidad natural (Guyonbarc´h y Le Roux 2009: 326-332), de lo “Trascendente en lo Inmanente”. El Universo se contempla así como “Manifestación” y todo se convierte en potencial reflejo de la “Trascendencia”, sin que ningún todo agote la “Trascendencia”. El Absoluto puede ser así inabarcable e inasible, y sin embargo residir en el “alma” de las cosas. De ahí la relación espiritual que las religiones célticas establecen con determinado elementos del paisaje, especialmente con bosques y árboles, con el “bosque sagrado” o nemeton: nemora alta remotis incolitis lucis-“habitáis profundos santuarios en bosques remotos”-señalará Lucano sobre los druidas en su Farsalia (I, 453-454) (Guyonbarc´h y Le Roux 2009: 330).

Los Dioses célticos aparecerán de este modo y generalmente asociados con elementos de la naturaleza: Cumbres, fuentes, cuevas, ríos, bosques, árboles, buitres, caballos, lobos, toros, jabalís…todos ellos distintos elementos del mundo natural en los que parecerán presentarse de modo simbólico, las potencias del “mundo Invisible” (Marco Simón 2005: 217). Tendremos así que la noción de santuario al aire libre, de espacio natural como espacio de comunicación entre el mundo de los Dioses y el mundo de los Hombres, será fundamental dentro de las religiones célticas y así aparecerá recogido por dicha tradición a través del concepto de “bosque sagrado”, del anteriormente señalado nemeton (Marco Simón 2005: 219, Peralta Labrador: 239-241, Guyonbarc´h y Le Roux 2009: 326-332 o De Vries 1988: 195-196)[1]. Dándose la misma idea también entre los germanos al indicarnos Tácito cómo éstos: “no consideraban digno de la grandeza de los Dioses encerrarlos entre paredes ni representarlos bajo forma humana, consagrándoles bosques y arboledas” (Germ. IX, 3)[2].

Esta idea del nemeton o “bosque sagrado” nos estará señalando como lo “Invisible”, se “trasparentaría” o “comunicaría” con los Hombres a través de determinados escenarios del mundo visible, escenarios de especial fuerza y evocación como puedas ser los parajes naturales. Siendo de esta manera posible la comunicación y relación con dichas potencias invisibles y de manera predilecta, en el nemeton.

A nuestro parecer y como ya hemos indicado cabrán para el mundo céltico e indoeuropeo don niveles de acercamiento a “lo Invisible”[3]. Por un lado mediante determinados ritos y fórmulas por las cuales se renuevan los pactos, las armonías o se propicia el favor de las “fuerzas ocultas” del universo (Más allá Telúrico). Estaríamos aquí en el ámbito del reverso ritual y mágico de la religiosidad hispano céltica, y su escenario más propio sería el “paraje sagrado”.

Por otra parte, conforme a una orientación espiritual de participación y apertura del sujeto a las “esferas superiores” de la realidad invisible, mediante el seguimiento de un determinado ethos. Siendo estas esferas superiores el plano propiamente Sobrenatural (Más allá Celestial) con el que la relación que se establece nos es ya la de los rituales y formulaciones mágicas (Techné), sino la de un  ethos formativo forjador del alma de acuerdo a un ideal heroico orientador de la existencia hacia la Trascendencia, a través de la Areté. Obviamente aquí el escenario más propio de dicho ethos no es ya el nemeton sino la guerra y el combate, que serán tenidos como un lugar predilecto para el sacrum facere y “la Gloria” (Sopeña 1987: 131-138)[4].

De este modo en el “bosque sagrado” o nemeton, en la guerra y en la batalla, y también como hemos visto anteriormente en el banquete, encontraremos tres escenarios predilectos del mundo céltico. Escenarios que precisamente a través de las cofradías y élites guerreras se articularán conformando el universo propio de la cultura de las mannerbünde. Tenemos así y respectivamente un ámbito mágico y ritual, un ámbito ético y espiritual de vocación heroica, y un escenario de comunidad, encuentro e intercambio.

Por otro parte y conforme a esa doble vertiente-mágica y heroica-del mundo espiritual y religioso de las culturas hispano célticas y célticas en general, encontraremos diversas pistas que nos señalaran la posible existencia de personas especialmente vinculadas a la interacción respecto con el mundo invisible. Un ejemplo interesante se dará en el ámbito lusitano-galaico a través de su conocido hieróskopos, encargado de llevar a cabo sacrificios adivinatorios con víctimas humanas y animales: Silio Itálico (III, 344) nos dirá que durante la Segunda Guerra Púnica los jóvenes galaicos enviados  luchar con Aníbal “eran expertos en adivinar a través de las entrañas, los vuelos de las aves, y los divinos relámpagos”. La misma idea la recogerá Estrabón (III, 3, 6-7) al hablar de los sacrificios de los lusitanos. Siendo en esta cita donde se nos mencionará un hieroskópos u “observador de las cosas sagradas”, lo que podría ser interpretado como prueba de la existencia entre los lusitanos de especialistas de lo religioso, oficiantes de sacrificios y expertos en vaticinar a través de inmolaciones (González García 2007: 391-392). Por otra parte la práctica de los sacrificios humanos estará atestiguada entre las poblaciones de la Hispania céltica, caso de los bletonenses en la actual Salamanca (Plut. Quaest. rom. 83) de los lusitanos (Liv. Per. 49; Str. III, 3, 6) o de los pueblos del norte (Estr. III. 3, 7). No teniéndose referencias a la existencia de dichos sacrificios humanos entre los celtíberos y si obviamente y en general en el resto de la céltica europea, recogiéndose incluso en la mitología irlandesa (Blázquez Martín 2005: 227).

Si podremos reconocer entre los celtíberos y a través de sus repertorios cerámicos, escenas rituales oficiadas por personajes ataviados con gorros cónicos, similares por otra parte a los de determinadas divinidades y sacerdotes del mundo céltico. Personajes que portan jarras con clara función libatoria, que nos estarían señalando quizás la presencia de una posible función sacerdotal (fig. 5-7).

Por otra parte la existencia de dicho sacerdocio, pudiera no tener que extrañarnos, pues esta atestiguada la existencia de druidas entre galos y britanos (Guyonbarc´h y Le Roux 2009)[5], y para ambos pueblos podría inferirse una complejidad análoga a la de los celtíberos.

Entendemos en todo caso que la función esencial del sacerdote sería la función de mediación, de mediación entre lo visible y lo Invisible, entre los “Dioses y Daemones” por un lado, y los Hombres por otro. Esta mediación se desarrollará a su vez en dos niveles: alrededor de los sacrificios y el ritual[6], y alrededor de la salvaguarda de la “tradición”. Es decir, el sacerdote también como depositario del legado espiritual, religioso, cultural e ideológico de su comunidad (Sopeña 1987: 151- 153).

Escena de sacrificio con oficiante. Cerámica numantina

Figura 5-7: Escena de sacrificio con oficiante. Cerámica numantina. Obsérvese el vaso libatorio y el gorro cónico del “sacerdote” (Según Jimeno 1999).

Transmisor de los mitos, la historia y las leyendas que orientarán la formación ética y espiritual de los miembros de su sociedad, voz así de la conciencia de la misma: “(los druidas) disertan y enseñan a sus jóvenes sobre numerosas cuestiones, referidas a los astros y sus movimientos, el tamaño del orbe y de las tierras, la naturaleza, la esencia y el poder de los Dioses inmortales” (César, B.G. VI, 13-14). Un tipo de sacerdocio cargado de este modo de presencia y liderazgo dentro de sus comunidades y que podría estar también recogiéndose en la Celtiberia a través de la figura de Olíndico (Floro, Epit. II, 17,9), líder celtibérico que portando una lanza de plata que le habría “enviado el cielo” (la lanza como arma por excelencia del dios pancéltico Lug) y haciendo gala de facultades proféticas y mágicas, exhorta a los celtíberos a luchar contra Roma provocando un nuevo alzamiento en el 143 a.C. Un episodio éste similar a otros recogidos en la céltica centroeuropea y en los que los druidas dirigen revueltas militares contra Roma (Tác. Ann. III, 40-46). Siendo sintomático en este sentido el hecho de que el druidismo fuera rigurosamente prohibido por los gobernantes romanos: “Durante el principado de Tiberio César se eliminó a los druidas galos, esa ralea de adivinos-médicos” (Plinio el Viejo, Historia Natural, XXX, 13).

En definitiva, entenderemos que la existencia de una función sacerdotal de tipo druídico, más o menos desarrollada, podría estar dándose también en la Hispania céltica. Si bien no nos será posible a día de hoy y con la información de que disponemos, perfilar los extremos últimos de dicho y posible “druidismo” hispano céltico.

Por otra parte, volviendo a la idea de los espacios naturales como espacios propicios para la comunicación “con los Dioses”,  debemos entender que entre pueblos como los lusitanos, galaicos, astures, cántabros, celtíberos, vettones o vacceos; los montes, ríos y bosques, no serían solamente barreras naturales y fronteras privilegiadas entre diferentes comunidades. Sino que al igual que para muchos otros pueblos célticos europeos, constituirían verdaderos santuarios. Es decir, lugares puestos bajo el patrocinio de una determinada divinidad. Viriato pasa así los inviernos y según la interpretatio romana en un monte consagrado a la diosa Afrodita cercano al Tajo (Apiano, Iber. 64-66), y hace al tiempo de un espacio sagrado un refugio y guarida. Posiblemente la misma idea se encuentre en la huida a las montañas de los lusitanos perseguidos por Bruto (Iber. 71), y en los cántabros de Bergidum, que acosados por los ejércitos de Augusto se guarecen en el Mons Vidius (Floro II, 33, 49-50; Orosio VI 21, 4-7 y Dion Casio LIII 25, 2) (González García 2007: 408). En la misma línea podemos recordar la referencia de Marcial a un monte sagrado en la Celtiberia llamado Mons Caius (4, 55, 1-3), o el Mons Herminius en el que se refugiará frente a Julio César la última resistencia lusitana (Dion Casio 37, 52).

Estamos de nuevo frente a ese concepto tan característicamente céltico del nemeton o “bosque sagrado”, del paraje natural que es limítrofe entre el mundo visible y el mundo Invisible,  entre el mundo de los Dioses y Daemones y el mundo de los Hombres.

Un caso interesantísimo de este tipo de espacios y para la Hispania céltica será el santuario al aire libre de Peñalba de Villastar, en Teruel. Donde se encuentran alrededor de una veintena de epígrafes paleohispánicos de entre el siglo I a.C. y el I d.C. siendo de especial interés la inscripción referida al dios pancéltico Lug. Dios asociado desde la interpretatio romana a Mercurio-Hermes, y considerado el dios más popular entre los celtas. También será muy destacable su localización, fundamentada exclusivamente en el paraje y no en ningún tipo construcción que pueda dar lugar al surgimiento del santuario. Este lugar presenta un paisaje imponente de barrancos y crestas rocosas, que bien pudo servir de lugar de peregrinación para diversos pueblos, y que estaría situado estratégicamente en una zona fronteriza entre el mundo ibérico, y el mundo celtibérico (Alfayé Villa 2005).

Con respecto a esas inscripciones votivas grabadas en la roca, encontraremos lo que parece una ofrenda de campos y tierras de labor a Lug. Se mencionan también los nombres de los meses en los cuales se llevará a cabo dicha ofrenda, meses que podrían coincidir con la fiesta céltica del Lughnasadh de acuerdo al calendario celta de Coligny, calendario proveniente de las Galias y verdadero documento de ciencia druídica de época ya romana (Blázquez Martín 2005: 223-224). Indudablemente esta información relativa a Lug, y a este santuario ubicado en territorio celtibérico, nos ponen frente a la dimensión religiosa de la Celtiberia así como frente a elementos fundamentales de su panteón. Elementos que presentarán entonces interesante analogías respecto de lo que se ha podido documentar para el mundo céltico de las Galias o Britania.

[1] Marcial nos hablará de un encinar sagrado en Hispania, en el Mons Burado (4, 55, 23); de un monte sagrado en la Celtiberia, el Mons Caius (4, 55, 1-3) y de otro bosque sagrado en Hispania en Vadavero (I, 49, 5 ss). Justino por su parte nos señalará la existencia de un bosque sagrado en Galicia (XLIV, 3, 6).(Peralta Labrador 2000: 240).
 [2] El encontrarnos con la idea de “bosque o paraje sagrado” tanto en el mundo céltico como en el mundo germánico, nos induce a pensar en el nemeton como una idea espiritual propia de las culturas de la Edad del Hierro.
 [3] Estos dos niveles corresponderían a eso que hemos llamado “Más allá Celestial” y “Más allá Telúrico”. El primero de ellos Sobrenatural y  Trascendente y objeto de una vindicación ética. Y el segundo, preternatural y mágico y objeto del rito propiciatorio. El primero por decirlo así pone el acento en la Trascendencia y el segundo en la Inmanencia. Una inmanencia que hay que entender no en términos materialistas sino por decirlos así “animistas”: Esto es, escenario de “númenes” (numina)  o “genios y espíritus”  de las cosas. De una concepción del Mundo en la que las fuerzas de la Naturaleza “tienen Alma” (Anima Mundi).  Son “alguien y no algo”.
Allá donde las religiones tiendan a bandear hacia la Trascendencia de manera cada vez más unilateral, surgirán los monoteísmos. Allá donde las religiones tiendas a bandear hacia la Inmanencia, surgirá el panteísmo. Desviaciones el uno y el otro respecto de la relación y jerarquía entre “Cielos y Tierra”.
 [4] Sacrum facere: Mediante el sacrificio heroico el guerrero soltaría lastre de lo meramente natural y se elevaría hasta asociarse íntimamente con la Divinidad. Dando cumplida realización a una cierta metamorfosis por la cual el guerrero deviene en Héroe y por ende en “Hombre Superior” o semidiós (Sopeña 1987: 132-135).
 [5] “También hay unos filósofos o teólogos que son objeto de honores extraordinarios y reciben el nombre de druidas” (Diodoro de Sicilia, Hist. V, 31, 2-5); “(los druidas) se ocupan de todo lo que tiene que ver con los Dioses, están al cargo de los sacrificios públicos y privados y regulan el culto (…) se piensa que sus enseñanzas fueron adquiridas en Britania y desde aquí llevadas a la Galia” (César, B.G. VI, 13-14) ó “(los druidas) aseguran conocer el tamaño y la forma de la Tierra y el firmamento, el movimiento del cielo y los astros y el destino trazado por los Dioses (Pomponio Mela, Corog. III, 2, 18-19).
 [6] Sobre los conceptos de Religión, Ritual y Sacrificio ver Cabrera Díez 2010: 29-65 y Alfayé Villa 2011.

El fenómeno del Celtismo

en Cultura Celta/España por
El fenómeno del Celtismo

La Cultura Celta, más allá de su realidad histórica, ha llegado a ser un referente de determinadas formas de cultura popular de nuestro tiempo. Es lo que nosotros llamamos “El fenómeno del Celtismo”. A dicho “Celtismo” del siglo XXI y su relación tanto con la cultura celta propiamente dicha, como con las pervivencias que de ésta puedan quedar en Europa así como de uso espurio que pueda hacerse de la misma, hemos dedicado un anexo de nuestra tesis doctoral. A partir de dicho anexo hemos podido escribir un libro llamado precisamente “El fenómeno del Celtismo” del cual extraemos este fragmento para colgarlo en nuestro blog.

 

En el mismo teorizamos sobre el por qué de un “Celtismo Moderno”, cómo es que puede haber surgido una fascinación por la Cultura y el Mundo Celta en nuestro tiempo, y que de bueno podríamos encontrar al respecto.

 

*

 

El Celtismo en el Mundo Moderno:

La fascinación por la Edad del Hierro y la búsqueda de las esencias perdidas.

Situada a caballo de la Prehistoria y la Edad Antigua, la Protohistoria Europea y su correspondiente Edad del Bronce y Edad del Hierro del Hierro, se han configurado para el imaginario colectivo como una suerte de germen, en el que por un lado se superaría el primitivismo prehistórico y por otro, se habrían dado los pasos previos para la formación de las culturas y civilizaciones propiamente Históricas de la Antigüedad (principalmente el mundo grecolatino). Tiende así a ser tenida en no pocas perspectivas populares, como un firme, puente o enlace, que llevándonos más allá de la Prehistoria, prepara y anuncia los tiempos Históricos posteriores. Siendo entonces que como veremos, para según qué corrientes y a veces modas, la pervivencia de dichas culturas del Hierro en grandes áreas de Europa en tiempos de Roma e incluso posteriormente, en época medieval, hacen de dicho universo protohistórico una realidad de gran poder de sugestión. Más aún si nos detenemos en su enfrentamiento con Roma en la Antigüedad, o con la cristiandad medieval en tiempos de Carlomagno o de las invasiones vikingas.

De alguna manera, ese carácter de estadio previo a la Antigüedad y estadio superior a la Prehistoria, parecerá cargarla muchas veces como de un aura mítica y legendaria. Como de primeras y ancestrales “esencias puras” en las que se podrían encontrar los mimbres del posterior desarrollo de la Civilización, y del despliegue mismo de la historia de Occidente. Ese carácter como “esencial”, esa carga mítica y legendaria, provocará en no pocos aficionados y estudiosos, una fuerte fascinación. Como si en los tiempos protohistóricos de Europa pudiéramos encontrar una fuente primera en la que volver a beber desde la distancia de nuestro presente ciclo histórico, y desde una determinada concepción “decadente” de la Modernidad. Reencontrando entonces en la Edad del Hierro una “pureza” y un “sentido” que muchas veces se considerarán perdidos.

El tiempo histórico moderno duda así de sí mismo y busca una reorientación en el pasado, siendo entonces que algunas miradas se deleitan en la grandeza de la Antigüedad y en la cultura greco-romana, donde se tiende a decir que habría “empezado todo”. Otras miradas se detienen en el Medievo, cargándolo de un aura romántica e idealizada: con sus Cruzadas, Templarios, castillos, Reconquista o monasterios… Y otras miradas, quizás precisamente porque “todo empezó” con Grecia y Roma, y porque el Medievo en todo caso y en razón de su cristianismo, no era “todo lo puramente europeo que debería ser”, dudan también de uno y otro y quieren ir más atrás… Como si la semilla de la decadence se hubiera sembrado ya en el mundo grecolatino y el cristianismo medieval por su parte, hubiera adulterado las esencias de lo propiamente europeo. Siendo entonces que la “Pureza y la Autenticidad”, el “alma misma de la Europa ancestral”, pudiera estar en ese estadio en el que dejamos de ser “salvajes”, pero todavía no nos hicimos “civilizados”… En la Edad del Hierro.

Edad del Hierro en la que Celtas y antiguos Germanos, sin las grandezas de la Antigüedad o la Edad Media, y con una cultura material más humilde y a veces también más tosca, parecerán conocer sin embargo y con mayor claridad y certeza, “el Sentido auténtico de la vida y el Mundo”. De la valía personal y el heroísmo, la comunidad de sangre y los ancestros, la unión con la naturaleza y “sus fuerzas mágicas y misteriosas”… Si a esto unimos la incuestionable carga épica del guerrero celta o el guerrero vikingo, en su lucha contra Roma o en sus aventuras y saqueos por el Mar, el cuadro idóneo para una idealización estará servido.

Ciertamente, cabría plantearse para este argumento que venimos desarrollando, una suerte de “nostalgia” por “las esencias perdidas” que desde un cierto romanticismo e idealización, anhelase para la existencia humana algo más de “Espíritu”. Algo más de “Autenticidad” más allá de la vida moderna y sus rutinas burguesas. Algo más de épica, heroísmo, fuerza, pureza y sabiduría y en una época, la Moderna, en la que todo pareciera poder reducirse a categorías puramente materiales, económicas y técnicas… Es entonces que el Medievo, con sus caballeros templarios y su fervor religioso. Roma, con su grandeza y sus legiones. Grecia, con sus duros espartanos y al tiempo sus filósofos, artistas y poetas. Y claro está, los Celtas o los Vikingos, con sus guerreros “furibundos e indomables”, sus dioses terribles y a veces oscuros, su ruda sencillez y su comunión con la naturaleza, los animales, los árboles o las tormentas… terminan por configurar “un manantial de inspiración” al que acercarse a beber, si es que se busca “un reencuentro” con las “esencias perdidas”…

Este “esencialismo”, a nuestro humilde entender, hará parte importante de la fascinación por la Cultura Celta, así como por general de los fenómenos análogos al Celtismo propiamente dicho. Ya sea la fascinación por los Vikingos, los Espartanos o las legiones de Roma. Y creemos posible reconocerlo claramente y con diversas vestiduras o formas, en no pocos movimientos identitarios y neoespirituales de la actualidad. Pudiendo decirse que en gran medida, a través de dichos fenómenos de idealización e inspiración por las culturas del pasado, se planteará un horizonte de regeneración espiritual, cultural y casi “antropológico” para nuestra época. Horizonte de regeneración que de acuerdo a un sentimiento o visión crítica de la Modernidad, apelará a la “búsqueda de la Esencia” en el ámbito de “la Tradición”. Entendida ésta, como un pasado en el que el Hombre se hizo reflejo o portador, de una visión más auténtica, verdadera y elevada de la vida.

Más allá de las consideraciones sociológicas que pueden establecerse con respecto a tan singulares perspectivas y movimientos, y de los interesantes síntomas que parecen traslucir: desafecto hacia la Modernidad y el materialismo, sensación de identidad perdida y pérdida de valores, búsqueda de la esencia europea, recuperación de la idea de los ancestros, de nuestro antepasados, etc… lo cierto es que para acercarnos al estudio riguroso de la Edad del Hierro, será condición indispensable estudiar a aquellos pueblos de Europa que en tiempos ya históricos y frente a Grecia y Roma, entran precisamente en la “Historia” a través del enfrentamiento e interactuación con dichas potencias mediterráneas. Configurándose entonces como el paradigma de la “Europa bárbara” frente a la “Europa civilizada”.

Dichos pueblos serán fundamentalmente los pueblos celtas y germanos, pueblos que conoceremos principalmente por las fuentes clásicas, la arqueología y los correspondientes estudios de la ciencia histórica. Si bien, de dichos pueblos y culturas podremos tener otras referencias, en este caso provenientes directamente de las tradiciones “bárbaras” y su propia manera de ver el mundo. Nos referimos aquí a textos y tradiciones conservados básicamente a través del Medievo y a pesar de la “romanización” y el “cristianismo” (o más allá de la “romanización” y el “cristianismo”) que podrán funcionar como pequeñas ventanas a la Edad del Hierro. Ventanas por las que asomarnos al mundo espiritual, ético, mítico y religioso de aquellos pueblos de Europa que “siguieron unidos” a la Edad del Hierro, cuando Europa entraba ya en su ciclo “propiamente histórico”. Nos referimos claro está a la mitología irlandesa y a las Eddas y sagas escandinavas. Pudiendo encontrarse también y en cierta medida “apuntes” de esa “originaria” cultura del Hierro, en los cantares de Gesta del Medievo, en leyendas y romances también medievales, o en el ciclo Artúrico y del Grial. Así como también y en menor medida, en algunas costumbres, leyendas y fiestas folklóricas, conservadas en regiones más o menos “remotas” de Europa (dedicaremos más adelante un capítulo entero a desarrollar esta idea).

El mundo céltico fue básicamente absorbido por la romanización, especialmente en Hispania y las Galias, donde además y posteriormente se sufrirán las invasiones bárbaras y la consiguiente germanización. Todo a lo largo de un proceso de siglos en el que también la cristianización, contribuirá a laminar la antigua Céltica, quedando ésta reducida entonces a un fenómeno muy marginal, conservado únicamente en zonas especialmente aisladas o apartadas, así como en algunos de los finisterres atlánticos de Europa. Nos referimos aquí y principalmente a las islas Británicas, en las que la romanización fue más débil y a pesar de las invasiones sajonas, tanto en Gales como en Cornualles, en las Tierras Altas de Escocia, y sobre todo en Irlanda, se conservarán interesantísimas pervivencias del antiguo mundo céltico. Especialmente en un rico y profuso folclore popular, así como en la anteriormente mencionada mitología celto-irlandesa, su ciclo de Ulster, el “Libro de las Invasiones” o los guerreros fianna.

Debemos entender en cualquier caso que siendo las islas Británicas y en especial Irlanda las zonas más típicas de estas pervivencias del antiguo mundo céltico, no serán en ningún caso las únicas. En España podremos recoger también un rico fondo folclórico y popular cargado de elementos provenientes del ancestral substrato céltico. Nos referimos al mundo rural y sus leyendas en Galicia, Asturias y Cantabria y en general en todo el cuadrante del noroeste Peninsular. Lo mismo podrá decirse de amplias zonas del interior, en las tierras altas de la Meseta, en el altiplano soriano y en diversas áreas del sistema Ibérico, así como en zonas de Extremadura y del sistema Central. Siendo especialmente significativa y para todo el territorio de la antigua Hispania Céltica, la pervivencia de antiquísimas y coloridas fiestas populares, en las que las mascaradas y botargas, los ritos alrededor del fuego y el carácter invernal de las mismas, parece ser de nuevo una lejana pervivencia del antiguo sustrato céltico. Las fiestas del pueblo soriano de san Pedro Manrique en este sentido, han sido siempre reconocidas como especialmente significativas (también sobre esta cuestión volveremos más adelante en el capítulo correspondiente al papel del folclore).

Por otra parte y con respecto a esta idea de pervivencias y “ventanas” a la Edad de Hierro, debemos entender que dicho mundo cultural y espiritual, no se circunscribirá en exclusiva al mundo céltico. Como ya hemos señalado, también el mundo germánico, situado más allá de las fronteras de Roma y en sus regiones más septentrionales solo tardíamente cristianizado, conservará diversos elementos provenientes de ese ancestral fondo protohistórico prerromano y precristiano.

Aquí tendremos unos documentos de excepcional valor que serán las Eddas y sagas escandinavas, conservadas en la remota Islandia y a través de las cuales podremos en cierta medida conocer, el mundo mitológico, religioso y ético del antiguo mundo germánico. Los límites septentrionales de Europa, desde la península de Jutlándia y hasta la helada Islandia, se convertirán así también en áreas en las que el mundo de la Edad del Hierro europeo, habrá dejado importantes pistas de su trabazón espiritual y cultural.

Por otro lado y tal como hemos señalado anteriormente, podremos también tener en cuenta todo lo que sería la épica heroica de la Edad Media. Ésta, aunque situada ya en un marco histórico lejano a la Edad del Hierro, se construirá fundamentalmente con tradición grecolatina, cristianismo y tradición germánica y céltica. Siendo estas últimas la que, aún cristianizadas y encuadradas en un marco cultural tardo-romano, insuflarán al Medievo una ética heroica y guerrera propia del mundo espiritual de la Edad del Hierro. Esto marcará definitivamente dicho Medievo y cristalizará no ya en las órdenes de Caballería, las Cruzadas o el Feudalismo. Sino especialmente en los Cantares de Gesta y Romances medievales. En los que muchas veces se podrá respirar el mundo de imágenes y evocaciones heroicas propias de la ancestral Edad del Hierro, siendo en el caso del ciclo artúrico, que el antiguo fondo céltico, parecería resultar especialmente presente.

Finalmente y abundando en esa idea de un sustrato de creencias y valores comunes al mundo del la Edad del Hierro en Europa, deberemos tener que presente que aunque mayormente haya sido estudiado a través de las culturas célticas y germánicas, también la Grecia arcaica que recoge Homero en la Iliada, nos mostrará unos patrones heroicos y de conducta análogos en gran medida, a los que luego veremos al estudiar la Edad del Hierro propiamente dicha. De tal manera que en la Grecia primera, Aquea y Dórica, en los “campeones guerreros” de Homero, vinculados éstos al Bronce Final, encontraremos también una ventana por la que asomarnos al universo de la protohistoria europea.

Tenemos así que el mundo cultural del Hierro, ciclo protohistórico europeo desaparecido con el inevitable desarrollo de la Historia de Occidente, nos habrá dejado ventanas desde la que contemplar “cómo entre brumas” su “vida interior”, y estudiar quizás entonces ese “fondo primero”. La raíz desde la que dio comienzo más allá de la Prehistoria, el desplegar de la Historia de Europa. Siendo entonces inevitable el platearse la idea de los “primeros principios”, de búsqueda de “esencias ancestrales” que anteriormente hemos señalado y que nosotros consideramos, una de las claves del celtismo contemporáneo.

Se buscaría de este modo el fondo común y las potencialidades propias del alma de Europa, que ocultas o manifiestas, subyacerían a nuestra historia y a sus diferentes momentos culturales. Siendo entonces que desde nuestra Modernidad-para muchos descarriada o desnortada-, se pretendería recuperar el rumbo apelando a dicha esencia ancestral. Es decir, habría un anhelo de “Tradición”, de “espíritu, esencia e identidad”, en el fenómeno del celtismo. Así como en movimientos parecidos que pudieran tener como referente no ya a los Celtas, sino quizás a la Edad Media, los Vikingos y los antiguos pueblos germánicos, la antigua Esparta o en general, todas las tradiciones europeas premodernas en su conjunto. Hay de este modo a nuestro parecer en el fenómeno del celtismo y en fenómenos análogos, una vaga y difusa pero a su vez presente, búsqueda de “Raíces”. Búsqueda de “Espíritu” y “Tradición”.

Esta pretensión en principio, no solo puede ser perfectamente legítima y coherente con el estudio de los tiempos protohistóricos europeos, sino que además, entendemos que puede tener un lugar y un sentido no menor, en el ámbito del desarrollo de las culturas occidentales contemporáneas. Puede ser así algo necesario, bueno y útil, el “saber quiénes somos”, más allá de los paradigmas de la Modernidad. Y si bien es verdad que desde dicho supuesto “descarrilamiento” moderno, muchos podrían replantearse el rumbo echando la vista a las “raíces cristianas de Europa”, o a las “raíces griegas y romanas” también de Europa, o incluso a la propia “Razón Ilustrada” que sembró la semilla de nuestra Modernidad… No será de recibo platearse que quizás las “respuestas” podrían buscarse también, en ese mundo de “esencias primordiales” que supuestamente, habría sido la Edad del Hierro.

En gran medida y a nuestro parecer, los fenómenos actuales del neopaganismo y/o el neoceltismo, deberán contemplarse desde esta perspectiva.

*

Dicho esto, y hablando ahora desde nuestra esfera más puramente personal, no tenemos reparo en pronunciarnos al respecto no solo y efectivamente con una mirada profundamente crítica para con la Modernidad, sino que además, apostaríamos por un sentido de la “Tradición” europea en el que desde la cristiandad medieval y hasta la Grecia clásica y homérica, pasando a su vez por el mundo celta, romano y germano, todo ello configuraría el “fondo” de la esencia e identidad de Europa. Esencia e identidad que desde las pistas y claves que otorga la “Tradición”, nos estaría señalando las vías hacia el “Universal y Perenne del Espíritu”. La “Vertical” desde la que siempre y para todo tiempo y lugar e independientemente de todo lo demás, es posible una regeneración…

Ir Arriba