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Viriato y Numancia IV: El triunfo de Viriato

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte IV

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte IV

-Triunfa Viriato. Muere Olíndico. Y falsa paz en Numancia-

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

En este cuarto episodio de nuestra crónica sobre “Las guerras de Viriato y de Numancia”, nos encontraremos con la “peculiar” y heroica muerte de Olíndico, líder ideológico y espiritual de los celtíberos. También con el triunfo de Viriato frente al cónsul romano enviado a Hispania ex profeso para acabar con él. Dos episodios auténticamente cinematográficos.

 

Por su parte Numancia, tendrá que vérselas de nuevo con los engaños y abusos de los “gobernadores” romanos…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor, su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

143 a.C. –

*Llegado Metelo y su ejército consular a la Hispania Citerior, lo primero que hará será tomar la ciudad celtibérica de Centóbriga. Estando todavía frente a dicha ciudad recibirá el ataque en plena noche y en su propia tienda, del “druida o profeta” celtibérico Olíndico, que había conseguido introducirse en el campamento romano en solitario con su lanza de plata, y que apunto estará de acabar con la vida del procónsul, siendo reducido y muerto en el último momento por la guardia de éste. La guerra comenzaba como un siniestro presagio: el ataque audaz y sorpresivo del “oráculo” de los celtiberos al cónsul de Roma y en el propio campamento romano. Cabrá preguntarse en este sentido, hasta qué punto la guerra pudiera estar enardecida por el elemento religioso en el bando celtibérico, pues una suerte de “druida” había predicado la guerra contra Roma durante los años de la paz de Marcelo, y ahora ese mismo “profeta” y en el mismo momento de la reanudación de las hostilidades, se colaba en solitario hasta el corazón del campamento romano y trataba de atentar contra la vida del cónsul… En todo caso Metelo conseguirá tomar Centóbriga no volviendo a actuar ya hasta el año siguiente.

142-141 a.C. –  

*En el año 142 a.C. no se registrarán actividades militares dignas de mención en la Hispania Ulterior, y Viriato se afianzará en sus posiciones. Pero llegado el 141, Roma enviará una poderosa ofensiva de casi 20000 hombres y 10 elefantes, dispuesta a poner fin terminantemente con el guerrillero lusitano.

*Mientras en la Citerior y tras la toma de Centobriga el año anterior, Metelo tomará la ciudad de Contrebia, de los celtíberos lusones, consiguiendo tras la caída de ésta y mediante una hábil labor diplomática, la adhesión de diversas tribus celtibéricas y ciudades. Es éste orden de cosas habrá que destacar a un jefe celtibérico de nombre Retógenes, que siendo originario de Centóbriga, se habría pasado al bando romano tras la caída de ésta, y que participando en el asedio de Contrebia, tuvo que ver como sus propios hijos eran dispuestos por los asediados como escudos humanos en las murallas, frente a las catapultas romanas. La decisión “humanitaria” de Metelo de no atacar en ese caso por respeto a su aliado, provocó la simpatía de muchos celtiberos hacia el cónsul romano, que a partir de ese momento se pusieron en disposición de pactar con él. Tenemos así un ejemplo claro de la sensibilidad celtibérica a la política de gestos, y de nuevo el valor del carisma personal del individuo, en la concepción de las lealtades y pactos de los celtíberos. Por otra parte, debemos suponer que este Retógenes, es el mismo que más adelante quedará como último jefe de Numancia. Pasando así y cómo podemos comprobar, por un primer momento de enfrentamiento con Roma en la defensa de Centóbriga, un segundo momento de alianza con Roma tras la caída de dicha ciudad, y más adelante un tercer momento de volver a enfrentarse con Roma, esta vez en la defensa de Numancia.

En cualquier caso y finalmente Contrebia será tomada, no sin dificultad…

En un primer momento Metelo sufrirá de hecho la defección de cinco cohortes romanas que se negarán a atacar la ciudad, pero demostrando una astucia y capacidad de improvisación sin igual, aprovechará la huida de parte de sus tropas para el fingimiento de una retirada general y el subsiguiente levantamiento del cerco. Engañados los celtíberos por la trampa de Metelo, abrirán las puertas de su ciudad saliendo a hostigar su retirada, momento que aprovechará Metelo para darse la vuelta por sorpresa y atacar, consiguiendo entonces desbaratar al ejército celtibérico, entrar en Contrebia, y ahora sí, tomar la ciudad.

Tomadas Centóbriga y Contrebia, capitales respectivas de belos y titos por un lado, y lusones por otro, Metelo marchará ahora hacia Numancia, la capital arévaca, independiente, insurrecta y fronteriza con Roma en Hispania, cabeza y refugio de las rebeliones celtibéricas desde el conflicto de Segeda.

Como ya hicieron sus predecesores, antes de atacar la ciudad, Metelo saqueará los graneros vacceos, pero cuando ya haya quedado todo dispuesto para enfilar contra Numancia, concluirá el plazo de su mandato, debiendo volver a Roma a rendir cuentas. Metelo y Numancia no llegaban así a enfrentarse, pero la guerra celtibérica, con las capitales de belos, titos y lusones sometidas, se convertía ya en una campaña contra Numancia…

141-140 a. C-

*En la Hispania Ulterior, el nuevo y poderoso ejército romano, a las ordenes del cónsul Fabio Máximo Serviliano, se enfrentará con Viriato en batalla campal en los alrededores de Tucci (la actual Martos en Jaén) cargando éste contra Fabio con seis mil hombres y el “tumulto y griterío propio de los bárbaros, y con el cabello largo que suelen agitar en las guerras ante los enemigos para infundirles pavor” (Apiano. Iber. 67) (posiblemente estamos aquí frente algún tipo de escenografía guerrera tendente tanto a amedrentar al enemigo, como a despertar el “furor guerrero” en el ejército bárbaro). Fabio resistirá sin arredrarse el primer choque, y rechazará a Viriato sin que éste hubiera conseguido desbaratar las filas romanas. Llegados entonces los apoyos de Libia, Fabio se anticipará ahora a Viriato y le atacará haciéndose acompañar de diez elefantes y trescientos jinetes. Viriato es entonces puesto en fuga y se ve obligado a abandonar Tucci. Los romanos lo perseguirán envalentonados por su retirada, y el propio desorden de la persecución, será hábilmente aprovechado por Viriato, que se revolverá contra los romanos cargando contra ellos sorpresivamente, lo que le permitirá acabar con la vida de cerca de tres mil soldados y atacar el mismísimo campamento romano, donde se vivirían momentos de pánico y donde solo el valor y la firmeza de los mandos, unido a la llegada de la noche, evitará el desastre… Fabio Máximo Serviliano se replegará entonces hacia Tucci y Viriato, tras hostigarle en sucesivos rifirrafes, pero también y ciertamente muy debilitado, se retirará finalmente al interior de la Meseta, posiblemente a la actual sierra de San Vicente en Toledo.

El cónsul romano, libre por el momento la Ulterior de la presencia de Viriato, se dedicará entonces a castigar y perseguir a los aliados de Viriato en la Ulterior. Según Apiano, hasta cinco ciudades “colaboracionistas” con el líder lusitano, serán arrasadas por Fabio Máximo Serviliano (Apiano. Iber. 68). Castigada la Hispania sometida pero afecta al poder lusitano, Serviliano volverá a perseguir a Viriato y se adentrará en el interior la Lusitania. En su camino por el interior peninsular será atacado sorpresivamente por dos jefes bandidos y su ejército de diez mil hombres. No sabemos si estos bandidos actúan por libre, o en connivencia con Viriato, pero obviamente y de hacer caso a las fuentes, no suponían una fuerza menor (diez mil hombres), debiendo resaltarse también los nombres de ambos líderes bandidos: Curio y Apuleyo. Parecen nombres romanos y cabe plantearse, si no serían dos desertores del ejército romano avenidos a vivir entre los bárbaros.

El ataque bandido sembró la confusión entre los romanos y Serviliano perdió en un primer momento sus impedimentas, rehaciéndose después y persiguiendo a los bandidos, de los que recuperará el botín y acabará con la vida de Curio. El ataque bandido en cualquier caso frenó el avance romano hacia el interior de la Lusitania y Serviliano, se vio obligado a dar media vuelta y tornar a la Ulterior, donde volverá a reprender a los posibles aliados de Viriato. Castigó así las ciudades de Tucci, Astigi y Obúlcola, en la zona de la Bética, apresando también a otro jefe de bandidos llamado Connoba (la presencia de estas partidas de bandidos actuando por libre incluso en territorio romano, nos conduce a pensar no solo en la situación de desgobierno que las continuadas guerras en Hispania podrían haber generado, sino en el carácter peculiar de la tradición guerrera de la Hispania prerromana, con campañas estacionales de saqueo y razzia por parte de algunos pueblos del interior peninsular).

*Llegado el año siguiente, Fabio Máximo Serviliano volvió a internarse en la Lusitania, poniendo esta vez en asedio la ciudad de Erisana (quizás Azuaga, en Badajoz), aliada de Viriato desde hacía tiempo. Viriato y sus hombres conseguirán sin embargo infiltrarse por la noche en la ciudad sin que los romanos se percaten, y llegada la mañana, saldrán a la carga contra ellos, que en ese momento se encontraban en plenas tareas de fortalecimiento del sitio. Sorprendidos, los romanos emprenderán la huida, y puestos en fuga, Viriato conseguirá acorralarlos “en un lugar escarpado” (Apiano. Iber. 69), poniendo al ejército consular y al propio Serviliano contra las cuerdas. Llegado ese momento y teniendo en sus manos al ejército enviado por Roma para derrotarle, Viriato, en lugar de aniquilarlo, aprovechará su victoria para establecer condiciones de paz. Obteniendo de Serviliano la retirada del ejército romano de la Lusitania, y el reconocimiento de la independencia de los territorios bajo su control. Siendo proclamado amicus populi Romani y reconociéndose “a todos los que se encontraban bajo su mando, la posesión de la tierras que ocupaban” (Apiano. Iber. 69).

*Viriato derrotaba así finalmente al ejército consular de Serviliano, enviado a posta para acabar con él, y teniéndolo en sus manos, no lo pasaba a cuchillo, sino que desde la posición de fuerza de su triunfo, negociaba para encontrar una salida pacífica. Viriato conseguía de esto modo y por sus victorias, que Roma le reconociese la independencia de su gente y de sus tierras, y al tiempo les ofrecía su amistad y colaboración como amigo del pueblo romano. El propio Apiano reconocerá la posibilidad de haberse dado por concluida “la guerra más dificultosa”, por un acto de buena disposición del rebelde lusitano (Ibíd. 69). Y ciertamente conmoverá el ánimo ver cómo Viriato consiguió vencer a los ejércitos de Roma enviados contra él, y llegado el momento de su victoria más definitiva, se preste a encontrar una manera de ser reconocido como libre e independiente. Por desgracia y cómo veremos más adelante, la palabra del cónsul romano de poco le sirvió al gran líder lusitano…

*Mientras todo esto ocurría en la Hispania Ulterior, en la Citerior era enviado un nuevo gobernador a luchar contra los celtíberos rebeldes de Numancia.

Quinto Pompeyo Aulo se dirigirá directamente contra Numancia, con 30000 infantes y 2000 jinetes, continuando la campaña anterior de su predecesor. Sin embargo, la pequeña ciudad celtibérica no se lo puso fácil, y tras algunos reveses en diversas escaramuzas con la caballería numantina, Pompeyo se retirará decidiéndose entonces a atacar Termancia (Montejo de Tiermes, en Soria), ciudad también arévaca y más vulnerable. Pero aquí tampoco tendrá suerte Pompeyo y tras sufrir diversos descalabros y pasar alguna situación realmente apurada (Apiano. Iber. 77), decidirá retirarse a invernar a Valentia, no sin antes y en parte para lavar cara de ese primer año de derrotas, perseguir y apresar a un bandido de nombre Tangino que estaba saqueando la Sedetania (territorio íbero de la margen derecha del Ebro en la actual Zaragoza). Sin embargo, “tan grande era el coraje de estos bandidos” (Ibíd. 77), que ninguno de ellos quiso soportar la esclavitud, de tal modo que algunos se dieron muerte ellos mismos, otros mataron a quienes los habían comprado, y otros llegaron incluso a abrir una brecha para hundir el barco que los trasportaba.

*De nuevo una partida de bandidos, como ya hemos visto otras, esta vez en la margen derecha del Ebro y no sabemos si originarios de la propia Celtiberia, o de alguna otra zona próxima como pueda ser Vasconia o Vardulia. Todos siguiendo en cualquier caso a un jefe, y todos quitándose la vida antes que renunciar a su condición de hombres libres. Bandidos que parecen actuar por su cuenta, sin referencia concreta al poder y presencia de Roma en Hispania, y que saquean los territorios de otros pueblos hispanos, en este caso de los sedetanos.

Una pauta de comportamiento guerrero que se dará en toda la Hispania Céltica, que parecerá ser generalizada en la Lusitania, y que se configura como uno de los rasgos más peculiares de las luchas de Roma contra los hispanos.

*Un año después de la pobre campaña de Quinto Pompeyo en la Celtiberia, el cónsul volverá a la carga y en el 140 a.C. tratará de cercar Numancia y rendirla por hambre. Para ello intentará rodear la ciudad con un canal, pero los hostigamientos por sorpresa de los numantinos, dice Apiano (Iber. 78) “sin trompetas”, impedirán llevar a cabo tal obra, provocando a su vez numerosas bajas en el bando romano. Llegarán también justo en ese momento y desde Roma, tropas de remplazo para el ejército de Quinto Pompeyo (tenía soldados en su ejército que llevaban seis años combatiendo en la Celtiberia), pero los recién llegados, sin experiencia y sin entrenar todavía, serán de poca ayuda para el general romano. Más aún cuando algunos de ellos, no acostumbrados al clima y aguas del altiplano soriano, enfermarán y morirán durante el invierno.

Para más inri, Pompeyo perderá también a los auxiliares hispánicos de su ejército, cuyo tiempo de enrolamiento concluía y podían volver a sus lugares de origen. Siendo estas tropas originarias de Hispania e incluso a veces de la propia Celtiberia, su ayuda era fundamental…

Encontrándose así con un ejército debilitado, mal entrenado e inexperto, cayó sobre el campamento romano el invierno de la Meseta, y entonces el frió, las penurias, y los ocasionales hostigamientos de los celtíberos, provocaron aún más bajas y mayor debilidad. Resultando una campaña aún más pobre en resultados que la del año anterior.

Llegada la primavera, y antes de que el nuevo gobernador llegará a la Hispania Citerior, Pompeyo buscará, aunque sea para lavar su “hoja de servicios” en Hispania, firmar algún tipo de acuerdo de paz con los celtiberos. Éstos, cansados ya de tanta guerra, aceptarán la oferta del romano… pero las intenciones de Pompeyo no eran honestas y básicamente, pretendía sacar algo de botín tras dos años de derrotas y miserias, evitando tener que enfrentarse de nuevo con los numantinos. Los pactos se hicieron así sin consentimiento del senado de Roma y llegado el nuevo gobernador, Pompeyo negará frente a éste haber hecho ningún pacto con los numantinos, aún cuando guardo para sí los talentos de plata que pidió a cambio de la paz. Pompilio Lenas, que así se llamaba el nuevo gobernador enviado por Roma a la Celtiberia, remitió a los litigantes al senado, pero cuando se llevó a cabo el juicio en Roma, los numantinos y Pompeyo se contradecían, siendo entonces que el senado, consideró oportuno continuar la guerra contra Numancia…

Pompeyo se quedó el beneficio de su falsa paz, y los numantinos tras haber entregado bienes y rehenes, no recibieron de Roma más que la decisión firme de continuar la guerra…

*Destacar que aquí tenemos ya la segunda embajada celtibérica enviada a Roma a negociar condiciones de paz, anteriormente en tiempos de Marcelo también fue enviada otra. Dos embajadas y la segunda con falsedad por parte de Roma.

No podemos sino fantasear con los celtíberos que viajaron a Roma desde Numancia para asistir al litigio y frente al senado, y quizás las sensaciones encontradas que les debió producir aquel viaje…

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Viriato y Numancia III: Un Guerrero y un Druida

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte III.

Entre el 154 y el 133 a.C.

-20 años de guerras-

Parte III: Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas.

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

Es verdad que también tuvimos unas Guerras Cántabras. Guerras en las que las armas de Roma sufrieron hasta la extenuación para conseguir la victoria y en las que incluso el propio Augusto, sufrió en sus carnes la dureza y resistencia de los montañeses. Pero quizás porque la guerra de Viriato y la guerra de Numancia son en gran medida contemporáneas, y porque queríamos hacer una suerte de cronograma que recogiese año a año cómo se sucedieron los acontecimientos, nos hemos centrado en Viriato y Numancia.

Ojalá más adelante tengamos también tiempo para hacer lo mismo con las Guerras Cántabras…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

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Parte III: Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas.

Entre el 150 y el 147 a. C.-

*En el 151 a.C. se abre un paréntesis en este periodo de las guerras celtibérico-lusitanas[1]. Un año antes Marcelo había conseguido reconducir a los celtiberos a la paz de Graco del 179 a.C. respetándose a su vez la independencia de Numancia. Ese mismo año Lúculo y Galba, a pesar de sus lamentables acciones en la Citerior y la Ulterior, cosecharán escasos tres años de paz. Paz que no será sino la preparación de un conflicto mayor capitaneado por uno de los supervivientes de la traición de Galba: Viriato. Líder Lusitano sin cuya mención sería imposible estudiar la resistencia hispana a la invasión romana.

*En la Citerior, entre los celtíberos, la paz de Marcelo se mantendrá durante cierto tiempo, llegando incluso en un principio a prestar auxilio a los romanos en sus luchas contra Viriato. Sin embargo, los éxitos continuados de éste y la acción subversiva de algunos sectores insurrectos del mundo celtibérico, terminarán por desencadenar de nuevo la guerra en lo que serían uno de los capítulos más difíciles para las armas romanas en Hispania: la conquista de Numancia.

147 a. C.-

*En la Hispania Ulterior aparece Viriato.

Viriato se nos presenta en las fuentes como el “buen salvaje”, hecho a sí mismo en la vía, de marcada simbología iniciática, del “pastor-cazador-guerrero”. Víctima de la traición romana y superviviente a la misma tras la matanza de Galba en el 152 a.C., cuando aparezca frente a Roma, aparecerá ya formado en principios y convicciones propios de un liderazgo basado en la independencia, la austeridad, el valor y la justicia. Las fuentes romanas insistirán especialmente en éste punto, haciendo de Viriato la imagen viva de un héroe “estoico”, ejemplo de virtud y hombría de bien. Cabría preguntarse hasta qué punto los cronistas romanos no aprovecharán el dificultoso y humillante episodio de Roma frente a Viriato, para utilizarlo como modelo moralizante y educador entre sus compatriotas. Sin embargo, esto no deberá dejarnos de hacer pensar que en cualquiera de los casos, Viriato nunca hubiera podido ser modelo de héroe, si realmente en él no se hubieran dado cualidades de líder militar y hombre de alma noble y grande.

*En el 147 a.C. los lusitanos vuelven a aparecer en la Ulterior saqueando la Turdetania en un numero de 10000 hombres. Les hará frente el legado Cayo Vetilio, que conseguirá derrotarlos en un primer choque reduciéndolos y cercándolos, y empujándolos a una situación apurada. Los lusitanos se avienen entonces a parlamentar y ofrecen la entrega de las armas y el sometimiento a Roma a cambio de tierras cultivables. Estando el pacto a punto de cerrarse surgirá Viriato de entre el ejército lusitano recordando las traiciones de Roma en el pasado, y reclamando la fidelidad de los hombres a su persona y la negativa a perder la esperanza de salvación y victoria, si están dispuestos a obedecerle (da la impresión de que Viriato mediante esta alocución se gana el mando y pasa de un puesto de subalterno de cierta importancia, al de verdadero líder del grupo guerrero. Lo que a su vez nos puede informar de la organización interna de estos grupos).

Viriato hizo dispersarse del modo más desorganizado posible a la mayor parte del ejército lusitano, citándolos después en Tribola (posiblemente en la Beturia) y él mismo, con sólo mil hombres escogidos y todos a caballo, se quedo frente a Vetilio dispuesto a entablar combate. El romano, temiendo dispersar a sus hombres persiguiendo a los lusitanos desperdigados a toda velocidad por todas partes, se dirigió contra Viriato. Éste, se replegó y atacó sucesivamente utilizando sus caballos, más veloces y ágiles que los romanos, hostigándolo constantemente con continuos picotazos y huidas, y haciendo discurrir todo ese día en la misma llanura. Llegada la noche, saldrá huyendo por caminos poco frecuentados hasta Tribola, no pudiendo seguirle la pesada tropa romana, que tampoco conocerá los senderos usados por Viriato. Llegado a Tribola Viriato es recibido como un campeón capaz de salvar un ejército en una situación desesperada. Su victoria se difundirá “entre los bárbaros” y un gran número procedente de todas partes acudirá a unírsele en su ejército (Apiano. Iber. 62). El líder Viriato acababa de surgir…

*Vetilio por su parte le seguirá hasta Tribola, pero en el camino Viriato le emboscará desde un bosquecillo próximo empujándolo hasta un barranco cercano. La derrota romana fue total, y el propio Vetilio perdió la vida al no ser reconocido por un guerrero de Viriato, que ha decir de Apiano, sólo vio en él un anciano obeso indigno de otra cosa que no fuera la muerte (Apiano. Iber. 63). Los supervivientes huyeron al valle del Betis y se refugiaron en Carteia. Siendo entonces cuando para frenar a Viriato pidieron ayuda a los celtiberos, solicitando a los belos y titos 5000 hombres para que fueran enviados contra el líder lusitano. Viriato los derrotó completamente hasta el punto de no dejar escapar vivo a ninguno de ellos. El cuestor, ahora al cargo de la situación, no le quedará otra opción que mantenerse en tensa calma en Carteia y esperar en compañía de sus tropas supervivientes, a la llegada de alguna ayuda de Roma…

*Derrotados los romanos, Viriato y sus hombres devastaron sin limitación ni temor alguno las tierras que más les convenían. Siendo saqueadas la Turdetania y la Carpetania, de la que dice Apiano es un “país fértil” (Apiano. Iber. 64).

146 a. C.-

*Al año siguiente llegará como gobernador de la Ulterior Cayo Plaucio, que tras una primera derrota en la que el romano perdió 4000 hombres (cayó en la estrategia de Viriato de fingir retiradas para dispersar al ejército enemigo), perseguirá a Viriato hasta sus cuarteles de invierno en la actual sierra de San Vicente en la provincia de Toledo (punto estratégico entre Lusitania, Vettonia y Carpetenia, y enclave de amplias panorámicas para ver cualquier movimiento en la llanura del tramo medio del Tajo). Ansioso por resarcirse de su derrota atacará al lusitano en la misma sierra. Será vencido en una terrible masacre y deberá huir de forma desordenada hasta la Turdetania, ocupando sus cuarteles de invierno desde el mismo verano (Apiano. Iber 64). Derrotados de nuevos los romanos Viriato bajó otra vez a la Ulterior, sometiéndola a saqueo y requiriendo de los propietarios el pago de la cosecha pendiente. Arrasándoles los campos en caso de no recibirla…

El pretor de la Citerior le atacará entonces tratando de tener más suerte allá donde su par de la Ulterior había fracasado. También fue derrotado estrepitosamente y sus insignias serán paseadas entonces por todo el país como trofeo de guerra y vehículo propagandístico del poder de Viriato. Es posible que sea en éste momento cuando ataque Toledo, someta Segobriga y amplíe su ejército a costa de adeptos anti romanos de áreas ya sometidas de la meseta sur y el sur peninsular.

145 a. C.-

*Los acontecimientos en Hispania comienzan a preocupar en Roma, y en orden a poner fin al conflicto envían como gobernador a Fabio Máximo Emiliano, hermano de Escipión. Este llegará a la ulterior con 15000 infantes y 2000 jinetes, poniendo a entrenar y ejercitar sus tropas al llegar, y evitando en principio enfrentarse directamente con Viriato. El pretor de la Citerior por su parte sí buscará el choque con Viriato, y al igual que sus sucesores será derrotado. Fabio Máximo Emiliano unirá entonces sus fuerzas a las de Lelio Sapiens, sustituto del gobernador de la Citerior, y tras visitar el templo de Hércules en Gades y solicitar la protección del dios, saldrá a buscar el enfrentamiento con Viriato. La lucha será farragosa y propia de una guerra de guerrillas, con ciudades abandonadas entre llamas y fugas y persecuciones caras en hombres; y si bien el ejército romano no terminaría de salir bien parado, si conseguirá sin embargo arrebatar a Viriato algunas plazas en el sur Peninsular, volviendo éstas al control de Roma.

Entre el 144 y el 143 a. C.-

*El año anterior se había conseguido infringir algún importante revés al ejército de Viriato, y por primera vez desde que comenzará la guerra el líder lusitano había tenido que retroceder. Éste, viendo el carácter cada vez más masivo de la guerra, recorrerá la Celtiberia tratando de incitar a belos, titos y arévacos a alzarse otra vez contra Roma y mantener en armas la Hispania Citerior. En el 143 a.C. los celtiberos, en parte por Viriato, y en parte por un líder celtibérico, religioso y guerrero, de nombre Olíndico y predicador de la subversión contra Roma, se alzarán finamente en armas dando lugar a la guerra llamada numantina. Guerra en la que Roma de nuevo tendrá que hacer frente a penosos reveses y duras campañas… Un nuevo frente se abrirá así para Roma en Hispania, de nuevo en la Citerior, y de nuevo con los celtíberos y Numancia como protagonistas.

*En el 143 a.C. el pretor Quintio y el cónsul Pompeyo, serán enviados a Hispania a luchar contra Viriato. Militares mediocres Viriato los derrotará sin problemas y empujará hacia el sur, recuperando algunas de las plazas perdidas anteriormente, ocupando Tucci, en la actual jienense Martos, punto estratégico fundamental en los pasos a la Meseta. Los gobernadores se refugiarán en Corduba y sin atreverse a luchar directamente con Viriato, enviarán contra él y a modo de hostigamiento a un hispano de Itálica de nombre ya romano llamado Cayo Mario (curioso este nivel de romanización de la Turdetania que contrastará con las zonas de las Meseta y el norte Peninsular).

Viriato se erigía en cualquier caso en campeón hispano de la resistencia anti romana y la Ulterior, quedaba en gran medida al alcance de su espada…

*En la Citerior, arévacos, belos, titos y lusones, celtíberos todos ellos, cuyas tierras habían quedado cruzadas por la frontera romana o inmediatamente junto a ella, si bien se habían mantenido en paz desde los pactos con Marcelo del 152 a.C., se levantarán ahora en armas…

Como hemos explicado y recoge el propio Apiano (Iber. 66), los éxitos de Viriato soliviantarán los ánimos de los celtiberos, que si bien en principio se negaron a colaborar con Viriato e incluso enviaron tropas auxiliares a los romanos (recordemos 5000 belos y titos en el 147 a.C.), ahora se alzarán en armas y se enfrentarán otra vez a Roma. Destacar en este nuevo alzamiento celtibérico la figura de un tal Olíndico, especie de “hombre santo”, sacerdote o profeta, que recorrerá el país inflamando los ánimos de sus compatriotas contra los romanos. Portando una lanza de plata que decía haberle sido entregada por los dioses y que esgrimía como símbolo de su misión, Olíndico predicará el alzamiento celtibérico contra el yugo romano.

Más allá de la incitación de Viriato a los celtíberos para la rebelión, o del carisma “arrebatador” del predicador Olíndico, debemos pensar que detrás del nuevo levantamiento celtibérico, se encontrarán tensiones sociales que la presencia romana habría exacerbado o directamente provocado. La desesperación de los sectores sociales más desfavorecidos tras la ocupación romana, cabe suponer que los hizo más permeables tanto a las predicaciones de Olíndico, como a las llamadas a la revuelta de Viriato. Siendo así que factores sociales, religiosos y humanos, se unieron de manera endiablada para desencadenar la guerra numantina, en la que Roma deberá hacer frente a diez años de lucha correosa, pobre sin embargo en botín y riquezas.

Resaltar en cualquier caso la referencia al personaje de Olíndico, portador de una lanza de plata de origen divino, al estilo del dios Lug de la mitología céltica, y la posibilidad de estar frente a una suerte “sacerdote-profeta-guerrero”, quizás análogo al druida galo.

*Frente a la rebelión celtibérica, Roma enviará un ejército consular al mando de Metelo, campeón de las luchas de Roma en Macedonia. Metelo contará con 32000 hombres 2000 de los cuales serán efectivos de caballería, y deberá hacer frente al enemigo a través de sus centros urbanos más importantes, epicentros de poder en la Celtiberia y cuya caída, podía suponer la derrota del alzamiento celtibérico. Por otra parte, el peso de la guerra recaerá sobre los sectores más desfavorecidos de Roma, siendo sintomático que concluida esta guerra, den comienzo los conflictos sociales que conducen a la dictadura de Sila. Las Guerras Celtibéricas estarán así también en el origen de las guerras civiles romanas.

*Al mismo tiempo los lusitanos y como hemos visto, habían “vuelto a las andadas” y ahora al frente de ellos, había un auténtico líder y estratega que sistemáticamente, derrotaba a los ejércitos de Roma. Tendremos así que las victorias de Viriato, las prédicas de un misterioso y exaltado Olíndico, y el posible desencanto de los celtíberos bajo el poder de Roma, terminarán por activar de nuevo la guerra de Numancia. Guerra que supondrá que Hispania se convertirá tanto en la Ulterior como en la Citerior, en escenario de guerra abierta y sin cuartel…

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*

[1] Comenzado con el conflicto de Segeda y los saqueos lusitanos del 154 a.C. este periodo no será sino la continuación de una primera etapa vinculada a las razzias lusitanas entre el 194-185 a.C. y las primeras campañas de Roma contra los celtíberos, desde Catón en el 197 a.C. hasta Graco en el 179 a.C. Tras las guerras de Viriato y Numancia, habrá incluso una tercera etapa de guerras celtibérico-lusitanas, vinculada a las campañas contra los vacceos y la conquista definitiva de los lusitanos de mano de César. Entre la segunda etapa (la de Viriato y Numancia) y la tercera, se desarrollarán las Guerras Sertorianas, en las que también participarán lusitanos y celtíberos. Por otra parte tras la tercera etapa y el fin de las guerras celtibérico-lusitanas, celtíberos y lusitanos participarán en la guerra de César contra Pompeyo.

Viriato y Numancia II: Paz y Traición

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte II.

Entre el 154 y el 133 a.C.

-20 años de guerras-

Parte II: La paz de Marcelo, la guerra contra los Vacceos y la traición de Galba

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

Es verdad que también tuvimos unas Guerras Cántabras. Guerras en las que las armas de Roma sufrieron hasta la extenuación para conseguir la victoria y en las que incluso el propio Augusto, sufrió en sus carnes la dureza y resistencia de los montañeses. Pero quizás porque la guerra de Viriato y la guerra de Numancia son en gran medida contemporáneas, y porque queríamos hacer una suerte de cronograma que recogiese año a año cómo se sucedieron los acontecimientos, nos hemos centrado en Viriato y Numancia.

Ojalá más adelante tengamos también tiempo para hacer lo mismo con las Guerras Cántabras…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

Parte II: La paz de Marcelo, la guerra contra los Vacceos y la traición de Galba

152 a. C.-

*Claudio Marcelo y Marco Atilio serán los nuevos gobernadores de Hispania, de la Citerior y la Ulterior respectivamente.

Atilio, en vista de la oleada de bandas saqueadoras provenientes de la Lusitania que ha sufrido el sur de Hispania el año anterior, marchará al interior Peninsular a castigar a los Lusitanos en su propio territorio. Tomará una ciudad lusitana de nombre Oxtraca, y aniquilará hasta setecientos lusitanos, sembrando el terror entre las tribus de las cercanías, entre ellas y según el propio Apiano, algunas de tribus de vettones limítrofes con los lusitanos (Iber. 58) (interesante resaltar como está acción de castigo en el interior Peninsular y contra las bandas de saqueadores lusitanas, incluirá también a sus vecinos los vettones). En todo caso una vez finalizada la campaña y regresado al sur el gobernador romano, los lusitanos y vettones volverán a las armas atacando en esta ocasión, a aquellos de entre los lusitanos y vettones que habían acatado la autoridad de Roma. Parecerá poder reconocerse aquí un enfrentamiento entre los propios hispanos, entre anti-romanos y pro-romanos. Enfrentamiento que más adelante podremos volver a ver en las guerras de Viriato y de Numancia.

*Marcelo por otra parte llegará a la Citerior con 8000 hombres y 500 jinetes. Primero atacará ciudades rebeldes dentro de la Celtiberia sometida a Roma, tomando Ocilis y Nertobriga, prometiendo esta última como precio por la paz, enviar a Marcelo tropas auxiliares de caballería. Y después pasará a atacar la Celtiberia interior y no sometida, cuya cabeza era Numancia. De camino a ésta le atacarán la retaguardia robándole los bagajes y aprovisionamientos, y cuando lleguen los auxiliares de caballería provenientes de Nertobriga, estos afirmarán no saber nada de ese ataque a la retaguardia romana (quien atacó la retaguardia de Marcelo no lo sabemos… ¿Saqueadores independientes siguiendo a un jefe? ¿Un grupo incontrolado de nertobrigenses?). Marcelo en cualquier caso considerará rotos los pactos de paz y a pesar de que los jinetes celtibéricos afirmaron ser ajenos a la violación del tratado, Marcelo los tomará como prisioneros, venderá sus caballos, y volverá hacia Nertobriga con intención de ponerla sitio. Al llegar a Nertobriga los celtiberos tratarán de establecer nuevas condiciones para la paz[1]. Lusones, Belos, Titos y Arévacos depondrán su actitud hostil, y los celtiberos, apelarán a los acuerdos de paz pactados con Graco en el 179 a.C. ofreciéndose a pagar una indemnización por la guerra. La situación se ponía así favorable para Marcelo, los celtiberos mismos ofrecían la paz y se atenían a los pactos con Graco que habían proporcionado 25 años de estabilidad.

Marcelo enviará representantes de las tribus al senado para sellar el acuerdo así como para dirimir la cuestión de los sublevados, pues un sector de los celtiberos reclamaba castigo para los rebeldes. Al mismo tiempo Marcelo enviará por su cuenta una misiva al senado recomendando la paz. Sin embargo el senado no aceptará los acuerdos de paz de Marcelo y exigirá una sumisión total, ajena a cualquier trato de igualdad. Capitaneando el bando beligerante del senado estará Escipión Emiliano, el futuro destructor de Numancia…

Marcelo mientras tanto se dirigió a Numancia, acampando en la actualmente conocida como colina del Castillejo, donde más adelante lo hará también Escipión. Los numantinos le enviarán un legado de nombre Litenón ofreciendo la rendición de los Belos, Titos y Arévacos. Marcelo aceptó la rendición y se regreso a los acuerdos de paz hechos con Graco en el 179 a.C.

Se volvía así a la situación de paz surgida tras la primera guerra celtibérica y que había ubicado la frontera romana en la Citerior, cortando por la mitad el territorio celtibérico.

*Nos encontramos así con que en el 152 a.C. Marcelo conseguirá poner fin al primer conflicto de Numancia, originado en las murallas de Segeda. Los segedanos y celtíberos sometidos previamente a los romanos, volvían a los acuerdos de paz del 179 a.C. y Numancia, bastión de la rebelión, quedaba pacificada pero como ciudad independiente. Para cuando llegue el siguiente gobernador de la Citerior, éste encontrará una Celtiberia sin rebeldes y en paz. Marcelo había conseguido apagar el conflicto y hasta nueve años después la guerra volverá a estallar.

*En Roma se eligió un nuevo gobernador para la Hispania Citerior en la persona del ambicioso Lúculo, y a éste se unirá un joven Escipión ansioso de botín y victorias y defensor a ultranza, de continuar la guerra contra los celtiberos. Llegados a Hispania y con la Celtiberia pacificada, antes que volver a Roma con las manos vacías, se decidirán a atacar deliberadamente y por pura depredación a los pueblos del interior de la Meseta. Será la primera campaña de Roma contra los vacceos…

151 a.C.-

*El año 151 a.C. Hispania sufrirá los gobiernos de los dos pretores de más infausta memoria, Lúculo en la Citerior y Galba en la Ulterior. La acción de ambos no se olvidará entre los pueblos hispanos y el propio Apiano, referirá la ignominia de ambos (Apiano Iber. 55 y 60). De hecho para el caso de Galba, en sus traiciones se sembrará la semilla de la futura guerra de Viriato.

*Lúculo llegará a Hispania dispuesto a hacer botín a costa de los celtiberos, y se encontrará sin embargo con que éstos, de la mano de las habilidades diplomáticas de Marcelo, han vuelto a los acuerdos de paz del 179 a.C. En vista de la situación, y no dispuesto a marchar con las manos vacías, se internará en territorio vacceo con la excusa de que los vacceos, hasta ese momento ajenos y en paz con Roma, hostigaban a los carpetanos. Pueblo sometido desde los tiempos de Tiberio Graco.

Lúculo llegará hasta Cauca (la actual Coca), una de las principales ciudades vacceas, y la sitiará. Cuando sus habitantes traten de parlamentar para conocer el motivo de la presencia de Lúculo en sus tierras, éste dejará claras sus intenciones belicosas desatándose una primera e igualada batalla en la que cayeron alrededor de 3000 vacceos. Al día siguiente los ancianos de la ciudad, adornados con ramos y coronas vegetales, saldrán de la ciudad a pedir la paz. Lúculo impondrá unas condiciones abusivas, incluida una guarnición de 2000 hombres dentro de la ciudad. Una vez dentro ordenó sin embargo el ataque y la ciudad fue saqueada a sangre y fuego, llenando según Apiano de infamia a los romanos (Iber. 52). Algunos de los habitantes de Cauca conseguirán huir y se refugiarán en el monte y en ciudades vecinas. Los vacceos quedaban avisados de la clase de hombre que andaba por sus tierras…

Saqueada Cauca, Lúculo marchará ahora a través de una gran extensión de territorio deshabitado hasta llegar a Intercatia (quizás la actual Villalpando en Zamora), donde ofreció una alianza de paz a la ciudad vaccea. Al ofrecimiento del romano los habitantes de Intercatia respondieron si era un pacto del mismo tipo que el que ofreció a Cauca, con saqueo y traición incluida en el lote. Lúculo irritado con el reproche (Apiano. Iber. 53) pondrá entonces sitio la ciudad. Los indígenas responderán haciendo uso de la guerra de guerrillas y lanzamiento de dardos.

Durante el sitio, uno de los bárbaros de Intercatia desafiará en repetidas ocasiones a los hombres del ejército romano a un combate singular, a una lucha de campeones, burlándose después de ellos con una danza en actitud despectiva. Los romanos durante un tiempo no se decidirían a hacer frente al desafió del bárbaro, pero finalmente el joven Escipión herido en su orgullo de romano aceptará el envite. El joven Escipión conseguirá la victoria frente al, según Apiano, “enorme oponente” y eso a pesar de que según también Apiano, Escipión era un hombre menudo (Apiano, Iber. 53). El valor y el éxito de Escipión en tan apurado trance le dieron posteriormente fama en toda Roma, y le granjeo el prestigio entre los vacceos de Intercatia.

Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).
Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).

La lucha en cualquier caso continuará… con episodios de jinetes bárbaros corriendo y profiriendo aullidos alrededor del campamento romano durante la noche, mientras sus compañeros desde el interior de Intercatia les hacían eco (lo que según Apiano (Iber 54) sembrará de un temor “extraño” a las tropas romanas). Y con episodios de armas de asedio romanas derribando parte de las murallas de la ciudad y lucha encarnizada en el interior de la misma, consiguiendo los vacceos rechazar el ataque romano, y reconstruir las murallas durante la noche. Por otro lado el hambre empezaba a afectar a ambos bandos, especialmente al bando romano y en éste, muchos soldados serán presa de la disentería. Finalmente Escipión se hará fiador de una salida pactada al asedio, asegurando que no ocurriría lo sucedido en Cauca. Los bárbaros confiaron en su palabra y aceptaron el trato. Lúculo recibirá de la ciudad vaccea 10000 sagos, un número fijado de reses y cincuenta rehenes. En cambio el oro y la plata, que era lo que venía buscando, no lo encontrará. Los celtiberos de estas regiones a decir de Apiano, ni lo tenían ni lo estimaban (Iber. 54).

Tan exangüe botín no dejará satisfecho a Lúculo y en una acción de puro depredación, se decidirá a avanzar hacia el interior de la Meseta y atacar Palentia (la actual Palencia). La decisión era ciertamente temeraria, pues Roma se adentraba en territorios en los que nunca había estado, muy alejada de sus fuentes de aprovisionamiento y rodeada por todos lados, de pueblos bárbaros ajenos al poder de Roma…

La campaña frente a Palantia fue así un desastre, la ciudad resistió, y la caballería cántabra, aliada de los vacceos, hostigo al ejército romano causándole muchas bajas. Éste, imposibilitado por la caballería enemiga para abastecerse y debilitado para hacer frente a un nuevo asedio, finalmente se replegará sin haber conseguido nada. Debiendo marchar en formación cuadrada y perseguido por los de Palantia hasta el Duero. Una vez cruzado el río, Lúculo marchará ya hacia la Turdetania a pasar allí el invierno. Siendo este el final de la primera guerra contra los vacceos, por la que Lúculo, según se lamenta Apiano, ni siquiera fue sometido a juicio (Iber. 55).

La campaña de Lúculo fue sangrienta, cara, injusta, muy pobre en resultados y hasta vergonzosa para Roma. Al mismo tiempo en la Ulterior, el gobernador de la misma, tampoco se cubrirá precisamente de gloria…

*Galba, pretor de la Ulterior, se encontró al llegar al sur de Hispania con que la pacificación llevada a cabo por su sucesor (recordemos Marco Atilio) no había resultado, y lusitanos y vettones seguían en armas, esta vez hostigando a los lusitanos pro-romanos. Al igual que Atilio, Galba se internará entonces en la Lusitania y tras un primer choque, los lusitanos fingirán retirarse, Galba diseminará entonces su ejército para perseguir a los huidos y éstos, reagrupándose sorpresivamente, volverán a la carga contra los romanos causándoles 7000 bajas. El mismo Galba estará a punto de perder la vida y sólo gracias a su caballería conseguirá huir y refugiarse en Carmona, donde reagrupará a sus hombres y buscará apoyos entre los íberos de la zona.

Llegado Lúculo a la Turdetania tras su funesta campaña contra los vacceos, y en una operación conjunta con Galba, saldrán ambos gobernadores al encuentro de los Lusitanos, que según las fuentes, saqueaban la Ulterior y se disponían a cruzar el estrecho por Gades (Apiano. Iber. 59). Los romanos les propiciarán una severa derrota con más de 5000 bajas en el bando lusitano. Aprovechando la victoria, ambos gobernadores marcharán ahora sobre la Lusitania devastando todo a su paso. Llegando así el conflicto a una cierta situación de revés para los lusitanos. Estos enviaron entonces legados a Galba para pactar un regreso a las condiciones pactadas con Atilio (volver a un pacto previo, como Marcelo con los celtíberos y la paz de Graco). Galba les recibió, e incluso fingió compadecerse “de su falta de tierras y pobreza, que les empujaba a romper los pactos” (Apiano. Iber. 59).

Los propuso entonces que se dividieran en tres grupos, que depusieran las armas, y esperarán en un lugar convenido, distinto para cada grupo. Allí les haría entrega de lotes de tierra y se edificarían nuevas ciudades.

Llegado el momento y sin embargo, les rodeó con un foso y envió a sus soldados para que los aniquilarán a todos; hombres, mujeres y niños, aprovechando que estaban desarmados. Muy pocos de entre ellos consiguieron escapar a semejante trampa y traición, pero entre ellos estará un lusitano, que en el futuro se ganará el apodo de Viriato (algo así como “el portador del collar de la victoria”). Un guerrero que nunca olvidará la felonía y que hará de su lucha contra Roma una verdadera pesadilla para ésta. Cinco años después de tan repugnante episodio, Roma recogerá los frutos amargos de su ignominia. La guerra de Viriato comenzaría…

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[1] Interesante señalar aquí como los celtíberos de Nertobriga enviarán para pactar con Marcelo a un heraldo revestido con una piel de lobo (Apiano. Iber. 48).

Roma y los Bárbaros: Metafísica del Imperio

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Roma y lo Bárbaros: Metafísica del Imperio

Nuestra tesis doctoral pretendió conocer el alma misma de la Hispania céltica a través de su tradición guerrera. Tanto a nivel de organización sociopolítica y económica, como a nivel de principios, valores y creencias. La tesis doctoral la hemos adaptado al ámbito de editorial para poder publicarla y de dicha adaptación extraemos este fragmento que aquí os presentamos.

 

En él mismo plateamos la posibilidad de encontrar en la tradición guerrera de la Hispania céltica, una afinidad de fondo entre lo que fue su cultura de jefaturas, y lo que sería en el ámbito de Roma, la ideología del Imperium y el culto al Emperador. Afinidad de fondo que podría ayudarnos a comprender con mayor calado, los procesos de romanización de los llamados pueblos “bárbaros”.

Consideramos importante plantear cual sería la estructura ideológica que sostiene y fundamenta el modelo cultural y de civilización de un Imperio. Planteando no la acepción del modelo imperialista colonial, sino la idea de un imperio civilizador que genera una integración de distintos pueblos en su seno en un proyecto sociopolítico que trasciende y rebasa a éstos. Siguiendo aquí las propuestas e interpretación de Gustavo Bueno (1999).

En este sentido, más allá de una concepción puramente económica de la cuestión, lo que realmente distinguiría a un Imperio no sería tanto una estructura de poder capaz de someter y explotar pueblos y territorios; sino el hecho de que el Imperio no es sólo un estado o un territorio sino también y principalmente, una idea. Una idea de vocación integradora, de ordenación común de pueblos y hombres diversos, conforme a un principio superior civilizador.

Esta construcción del Imperio como orden político supranacional “bendecido” de un ideal superior por lo general de naturaleza espiritual (“bendecido de los Dioses”), parte en el caso concreto de Roma y en primer lugar, del Imperio como la facultad del Imperator. Y con esto queremos decir la jefatura militar o más aún, la “jefatura militar suprema” (Bueno 1999: 183-187).

Es decir, cuando el Imperator comience a ser el instrumento y la representación de la soberanía y su figura sea concebida como la suprema dignidad, entonces alcanzará la categoría de Princeps, es decir primero tanto en poder efectivo como en honor (Bueno 1999: 186). El ejercicio del poder adquiere de este modo un matiz más complejo, más que meramente militar o guerrero, y se convierte en representación y símbolo de “algo más”. Este planteamiento que se inicia con César (Dión Casio XLIII, 44), tendrá su continuidad cuando Virgilio defina la misión de Augusto (Eneida, VI, 851) y diga: “Tu regere imperio populos, Romane memento”. Por tanto, la facultad del Imperio (emanada en este caso de Roma), encarnada en un “Príncipe” llamado a regir distintos pueblos (Bueno 1999: 186-187).  Hay que resaltar aquí que en Roma, a los jefes se les consideraba dotados de una virtud mágica cuyos efectos prácticos, se traducían en la obtención de la victoria. Poseían así derecho a tomar auspicios, y en el campo de batalla eran intérpretes de la voluntad divina. Su victoria en este sentido era prueba del favor divino, y justificaba que las tropas aclamaran al jefe como Imperator   (Roldán Hervás 1997b: 281). Esta “mística” romana alrededor de la jefatura, como vamos a poder ver, será importantísima para lo que queremos plantear en este apartado.

Del mismo modo la capacidad militar del Imperator y su dignidad de Princeps, (clave en la ideología del Imperio), tiene su correlato subsiguiente en la idea de un espacio sobre el cual se ha de ejercer la acción de ese Imperio. O dicho de otra manera, el ámbito sobre el cual ese poder militar se puede hacer efectivo y por ende, esa dignidad superior también puede ser expresada. Siendo entonces que para una diversidad de pueblos, esa dignidad se constituye como centro superior de poder, y dichos pueblos se convierten en vasallos, en tributarios, en subordinados al Imperio o incluso en “leales” al Imperio. En nuestro caso hablamos de Roma, que llegadas las postrimerías de la República, con César primero, y sobre todo ya con Augusto, se configurará como un poder pero también como una idea transnacional, que vehiculizada por Roma, se expresaría en su Emperador y en el culto imperial.

Nos encontramos llegado este punto, con la propuesta que queremos tratar en este apartado; que la idea de Imperio en su sentido más eminente, es una idea con capacidad de sugestión, evocación y aceptación por los pueblos prerromanos Peninsulares y conforme a su ideología guerrera: El Imperio Romano no es ya un simple estado depredador que se impone por la fuerza de las armas, sino que es expresión de una dignidad superior que los nuevos pueblos integrados en su seno, reconocen como tal. Dicha dignidad superior se plasmaría precisamente en la figura de una jefatura militar suprema, en la figura del Emperador. El Emperador, no solo deviene así en Princeps-primero en dignidad y honor-sino que además, y en virtud de dicha dignidad superior, se convierte también en Pontifex, en el “hacedor de puentes”, en quien une lo Sobrenatural y lo Natural. El Emperador como si fuera un “sumo sacerdote”, un “representante de Dios en la Tierra” (Bueno 1999: 201). La posesión del título de Imperator por el “príncipe”-el “primero” de Roma, su “conductor” y su “guía”-a partir de César y Augusto, conferirá así un prestigio particular: si no el de una divinidad, sí al menos el de una “predestinación” a ser dios. El reconocimiento en él de una naturaleza divina o sobrehumana, que se afirmaba en el curso de su gobierno si no dejaba degenerar su poder en tiranía, y que merecía entonces llegada la muerte, los honores de la apoteosis. Situándosele entre el número de las divinidades reconocidas por la religión oficial (Grimal 2000: 12).

En la base de estos procesos sociopolíticos que alumbran la institución imperial y ponen fin a la República, parecerá permanecer en todo caso el trasfondo de un aura mística en torno a la jefatura, por la cual el príncipe habría sido puesto en el poder por Júpiter. Y esto conforme a una concepción sacra de la Auctoritas que se remontaría a la Roma arcaica e incluso a los etruscos (Grimal 2000: 11).  En esta línea parece expresarse el romano Servio (Aeneid. III, 268) cuando dice: “Fue costumbre de nuestros antepasados que el rey fuera simultáneamente pontífice y sacerdote”, e ideas parecidas se estarían dando en el mundo helénico donde desde tiempos de Homero, la tradición repetía que los reyes eran “hijos de Zeus” (Grimal 2000: 12). Incluso quizás estas mismas ideas podrían encontrarse en la antigua tradición céltico-galesa del Mabinogion  y en torno al “rey” o el “jefe”, como “puente” o intermediario con lo sobrenatural (Cirlot 1988).

Desde esta perspectiva, el orden político y jurídico            que enmarca la idea de imperio, estará determinada no solo por factores materiales o por la posesión y administración de un vasto territorio, sino fundamentalmente por una idea. Idea de orden espiritual que convierte al Imperator en Princeps y a éste, en Pontifex. Todo ello a partir de un concepto de la Auctoritas que termina por unificar poder militar, político y religioso, y cuya supremacía justifica su preeminencia legítima sobre pueblos y territorios.

Así un Imperio no es un reino que se impone a otros reinos y los explota. Es por el contrario un centro y eje que integra y ordena diferentes reinos, manteniendo las élites correspondientes, pero conforme a una integración y lealtad común a un mismo símbolo e institución. Institución que encarna la Trascendencia y cuyo símbolo sería la “corona” imperial. Lo esencial en el Emperador está en que su poder se fundamenta en que encarna un principio espiritual que va más allá de la pura posesión de territorios. Va más allá de lo puramente contingente y está llamado a ser símbolo de la verdadera autoridad, y por ende, “puente” entre “el Otro mundo” y nuestro mundo: Imperator y Pontifex. Siendo entonces objeto de una Fides e inspiración para una Areté, que  a  nuestro parecer, no será demasiado distinta a la que en origen podemos encontrar en las sociedades de jefaturas de la Edad del Hierro que hemos descrito anteriormente. Sociedades que se integrarán ahora de mano del imperio romano, en una institución sociopolítica de mucho mayor alcance y calado.

La figura del Emperador se configura así como soberano de príncipes y reyes, de caudillos y líderes locales, que reina sobre reyes y no sobre territorios, y al que los reyes rinden obediencia y lealtad como representante de un principio espiritual que trasciende las comunidades cuya dirección asume. Lo hemos visto en la anterior cita de Virgilio (Eneida, VI, 851), y estaría presente como culminación de un proceso de disociación entre el Rex Romanorum, y el Imperator totius Orbis (Bueno 1999: 226).

Vemos de este modo cómo el poder del Emperador y la ideología del Imperio, se manifiestan como un “orden bendecido de los Dioses” en cuya cúspide se aúnan el pontífice, el príncipe y general victorioso. Siendo ésta, una idea que de alguna manera no terminaría de ser ajena al culto a las jefaturas que se practicaba en el mundo hispano céltico, no terminaría de ser ajena al mannerbündprinzip de la “sociedades de jefaturas” de la Hispania céltica, con lo que cómo venimos indicando, podrían entonces amoldarse al proyecto imperial romano sin sufrir una verdadera desnaturalización.

Debemos entender así que el Imperio tiene un fundamento que no se remite a un simple poder material, sino que más aún apunta a un sistema de lealtades y clientelas en torno a un mismo “eje” unificador y vertebrador. Eje que tiene en la figura del Emperador su más alta plasmación, Emperador al cual se rendirá lealtad como representación de un orden querido por los Dioses, símbolo en la Tierra de una realidad Superior y Trascendente, capaz de traer la Pax a los Hombres: “Todo el género humano fue reunido en una paz universal y verdadera” (Floro, Epítome, II, 34). Entramos ya aquí en la sugestiva idea del Dominus mundi, “señor de la Paz y la Justicia”. El Imperio y el Emperador entonces, no como un poder arbitrario y depredador, sino como un poder llamado a regir a los pueblos del Mundo para mantenerlos en equilibrio, convivencia y paz[1]. La institución del Emperador como autoridad que ya no “impera” formalmente en cuanto rey de un estado, sino en cuanta autoridad orientada al “co-orden” de todos los estados incluidos en su propio espacio (Bueno 1999: 187-188 y 207). Roma se presenta de este modo como un Imperio que se eleva por encima de reyes y el interés particular de éstos, y recibiéndolos en su Fides, los protege. Suetonio de modo revelador nos habla así de “reyes clientes” del Imperio (Grimal 2000: 17).

En este sentido no debemos dejar de mencionar cómo el Emperador, unificará poder político, militar y religioso, y que a él le corresponderán los ritos sagrados que como “sumo pontífice”, renuevan y aseguran las armonía de los Hombres con los Dioses. Idea que como ya hemos indicado anteriormente, se daría también en las jefaturas guerreras hispano célticas. El Emperador se convierte así en el eje que en la cima de la cúspide social, renueva y asegura la armonía entre “el Cielo y la Tierra”. Siendo aquí que cobra especial sentido ese “misterio iniciático” en torno a la realeza sagrada-adytum et initia regis-considerado inaccesible al común de los mortales (Varrón, De lingua latina V, 8). De hecho en este pasaje de Varrón, se nos habla de diferentes grados del conocimiento, y de la existencia de unos saberes superiores que solo puede alcanzar el “rey”. En la misma línea entendemos que deberá situarse la virtud taumatúrgica de los Emperadores recogida por ejemplo sobre Vespasiano (Tácito, Hist. IV, 81 y Suetonio, Vespas. VII), así como la investidura divina recibida por Trajano (Hidalgo de la Vega 1995: 123).

De acuerdo a este planteamiento la palabras del propio César son clarificadoras: “(en mi estirpe está) el signo sagrado de los reyes que sobresale de entre los Hombres, y la veneración de los Dioses inmortales, bajo cuya potestad está el poder de los reyes” (Suetonio, Caesar, VI). En la misma línea se interpretaría la suelta de águilas a la muerte del Emperador remontando el vuelo como símbolo del alma que se eleva a las alturas (Dion Casio, LVI, 34) (idea análoga a la que hemos estudiado en el papel psicopompo de los buitres en la Celtiberia), y también en este mismo sentido entendemos que podrá leerse el canto y anuncio de Virgilio a una suerte de “nueva Edad de Oro” asociada al Imperio Romano: “La edad última de la profecía cumana por fin ha llegado. He aquí que renace el gran orden de los siglos. Retorna la Virgen, retorna Saturno (dios de la Edad de Oro) y una nueva generación desciende de lo alto de los Cielos. Dígnate, oh casta Lucina, de ayudar al nacimiento del Niño con el cual la raza del hierro (la raza de la última edad) concluirá y sobre el mundo entero se levantará la raza del oro, y he aquí, que reinará Apolo (…). Vida divina recibirá el Niño que yo canto, y verá a los Héroes mezclarse con los Dioses, y él mismo con ellos (Eclog., IV, 5-10, 15-18).

El tono heroico e intención profética de los cantos de Virgilio y respecto del papel del Imperio Romano, se ven reforzados en los pasajes que hacen referencia a la muerte de la Serpiente (Ibid. 24), a un grupo héroes que afrontará de nuevo la empresa de los argonautas (Ibid. 33), y a un nuevo Aquiles que repetirá la guerra de los Aqueos contra Troya (Ibid. 36). Todo ello imágenes simbólicas de un canto al papel de Héroe en la reordenación y restitución del Mundo, a la Edad de Oro que anuncia y trae Roma.

Llegado este punto de nuestra exposición, la carga simbólica de la idea de Imperio y Emperador, se nos muestra con claridad, y en la misma, podemos ver la fuerza sugestiva que dentro de las coordenadas éticas de las comunidades guerreras de la Hispania céltica-jefatura, Areté y Fides-pudieron llegar a tener el Imperio romano y el culto imperial. Culto imperial que entenderemos intentaba propiciar la idea de una Roma más allá de todo particularismo étnico y religioso, señalando una Fides superior ligada al principio sobrenatural encarnado por el Emperador, y ubicado por encima de toda lealtad específica, ya sea religiosa o “nacional”. Es así que aunque tardíamente y con cierta nostalgia, Namaciano (De red. suo. I, 62-65) evocará una Roma “(capaz de hacer) de los diversos pueblos una única nación”.

 

[1] En las postrimerías de la Antigüedad y en línea parecida, san Agustín en sus teorizaciones políticas nos dirá que la “Ciudad Terrena”, si no se ordena conforme al ideal universal de la “Ciudad de Dios”, solo se diferencia de una “partida de piratas” en el tamaño.

La Realeza Sagrada

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Lo Celestial y lo Telúrico y la Soberanía y la Magia en el mundo Indoeuropeo: La Realeza Sagrada.

Lo Celestial y lo Telúrico y la Soberanía y la Magia en el mundo Indoeuropeo: La Realeza Sagrada.

Comprender el mundo espiritual de la antigua Hispania céltica, supone en gran medida conocer los paradigmas fundamentales del mundo indoeuropeo, y repensarlos a la luz de los avances del estudio histórico en el ámbito concreto de la céltica hispánica.

 

Aquí, más allá de la ordenación jerárquica en tres niveles de las culturas de raíz indoeuropea: “Soberanía, Guerra y Prosperidad”, podría estar dándose una distinción general entre “lo Celestial y lo Terrenal”. Y en lo Terrenal un nivel intermedio que llamaremos “Telúrico”, objeto del ritual mágico propiciatorio. Siendo la institución de la jefatura guerrera la que tendrá, tras la correspondiente iniciación, la prerrogativa de dicho ritual mágico. Conformándose de este modo las jefaturas guerreras como soberanías políticas y mágico-religiosas, que prefigurarán la idea de “Realeza Sagrada”.

 

Georges Dumézil será un conocido filólogo e historiador francés que realizará una contribución capital al estudio y comprensión de la cultura y religiones indoeuropeas. Comparando los antiguos mitos de numerosos pueblos indoeuropeos desde los mismos textos de dichas tradiciones, mostró como todos ellos podían estar obedeciendo a unas estructuras narrativas muy similares. Fundamentalmente señalando una visión de la sociedad y el universo dividido en tres funciones y niveles: la función soberana, la función guerrera y la función de mera producción material y económica. Este esquema trifuncional habría sido la estructura básica y de fondo del mundo cultural indoeuropeo, y el propio Dumézil la habría llamado “ideología tripartita indoeuropea” (García Quintela 1999: 18-19). Dicha ideología se repetiría en numerosas mitologías y tradiciones; desde la sociedad de castas de la India, hasta los relatos de fundación de la antigua Roma, pasando por los mitos recogidos en las Eddas escandinavas o la mitología céltica irlandesa. Del mismo modo se podría rastrear en la organización social del mundo medieval, o en la sociedad ideal diseñada por Platón en La República.

Siendo así el planteamiento de Dumézil un verdadero clásico para el estudio del mundo religioso del ámbito indoeuropeo, creemos posible a su vez remitirlo a un paradigma superior que venimos señalando en nuestro estudio y que englobándolo dentro de sí, permitiría entender la función soberana así como la función guerrera, como funciones que remiten al “Más allá Celestial”. Siendo entonces la tercera función (la económica y productiva), la que le corresponderá el plano natural y sus divinidades y genios menores provenientes de la esfera “telúrica” de la realidad. De la “esfera intermedia” entre lo natural y lo Sobrenatural, esfera que hemos denominado “Más allá Telúrico”.

Trayendo aquí a colación lo recogido en nuestro glosario, diremos que el “Más allá Celestial” hará referencia al plano invisible superior y trascendente, “sede de los Dioses y los Héroes”, de las “esencias puras y la Eternidad”, que descondicionado de toda contingencia natural o preternatural, es el fundamento y horizonte de la Areté. Del ejercicio de la Virtud.

Siendo el “Más allá Telúrico” el plano invisible, inferior, intermedio e inmanente, sede del Numen, de las divinidades menores y de los difuntos, que asociado a las fuerzas ocultas de la tierra y dependiente del plano meramente natural, es fundamento y horizonte del ritual mágico. De la magia como techné con la que operar sobre dicho plano intermedio o “preternatural” de la realidad.

Tenemos así que el clásico esquema trifuncional de Dumézil, podrá a su vez remitirse a un panorama metafísico que distingue entre lo Celestial y lo Terrenal, así como “lo intermedio” entre uno y otro en el ámbito de lo “telúrico o preternatural”. Con el ejercicio de la Virtud (Areté) como vía hacia “los Cielos” y la Magia, como “técnica” para accionar sobre el plano intermedio de la realidad. Sobre esa suerte de “Alma del Mundo” o Anima Mundi a la que nos remite la idea del “Más allá Telúrico”.

Siendo aquí importante destacar cómo, la primera función del esquema de Dumézil, la función soberana, es no solo soberanía política y jurídica sino también mágica (García Quintela 1999: 18-19), y que por tanto la aproximación y vivencia del plano Celestial no solo genera Auctoritas en el ámbito político jurídico, sino también en el ámbito mágico. Siendo así una soberanía cuyo “ordeno y mando” también alcanzará el plano del numen.

Teniendo en cuenta que estamos frente a culturas que tienen en la guerra el escenario propio para el cultivo de la Areté, será entonces que de la función guerrera no solo surgirá la jefatura y por ende la soberanía, sino también la prerrogativa del ritual mágico y propiciatorio. Son así jefaturas guerreras y mágicas. Portadoras también de la legitimidad y operatividad para el rito.

Obviamente con características como éstas, más o menos desarrolladas o concretadas según el momento y las circunstancias, en ellas parecerá prefigurarse una idea de “Realeza Sagrada” que como veremos en otro capítulo, quizás encontró definitivo refrendo en el Imperio Romano.

En todo caso, lo que queremos destacar aquí es que el ritual mágico, será mayormente prerrogativa de la función soberana, de la primera función. Y que es entonces que en el mundo indoeuropeo la jefatura es jefatura guerrera, y ésta a su vez es jefatura ritual y mágica, siendo así los dioses de las mannerbünde[1], dioses vinculados a la Guerra, el Más allá y la Magia (Peralta Labrador 2000: 214-217 y Bernárdez 2002: 195-211). En este sentido tenemos que reparar en que el ritual mágico, siendo en definitiva una acción de autoridad sobre las “fuerzas ocultas” del mundo natural (lo Telúrico), corresponderá precisamente al portador de la Auctoritas, al portador del Imperium. Esto es, al soberano, al representante de la primera función. El cual no solo gobierna y rige conforme a un determinado prestigio guerrero y Areté, sino que además, dicho prestigio y Areté le hacen portador de la fuerza espiritual que permite llevar a cabo el ritual mágico. Es decir, que le hacen capaz del “ordeno y mando” sobre las potencias del ámbito telúrico y preternatural.

Es en este punto donde claro está, entra en juego la cuestión de la iniciación guerrera y de la asociación del ritual mágico, al ingreso en las mannerbünde (Peralta Labrador 2000: 168-180, Dumézil 1929 y Eliade 1984). A la idea de que la “cofradía guerrera” a través de la iniciación trasmite al neófito una fuerza o “carisma” espiritual, capaz de hacer él un vector de autoridad frente a las potencias del Más allá Telúrico.

En este orden de cosas será importante resaltar que si bien la magia y sus ritos hacen referencia a la acción sobre el “Más allá Telúrico”, dicha magia será facultad propia de la primera función o función soberana. Precisamente por ser ésta la que en virtud de la Areté, tiene la autoridad “sobrenatural” y el “carisma” espiritual correspondiente para poder llevar a cabo el rito, y que éste sea efectivo. La idea sería así que asociados a esas jefaturas guerreras, se darían también ceremoniales de iniciación que otorgarían la prerrogativa del ritual mágico, a aquellos que van a detentar el poder político. Como si la “coronación” de la jefatura viniera precedida tanto del prestigio guerrero, como de la Iniciación Mágica. En este sentido la imagen del jefe guerrero y a su vez mago, la encontraremos meridianamente retratada en la preponderancia de Lug u Odín en los panteones de los Dioses célticos y germánicos (Peralta Labrador 2000: 214-216, García Fernández Albalat 1990: 205-204 y Tovar 1982). Dioses que estarán precisamente vinculados a la Guerra, el Más allá y la Magia…

Por otra parte y sin menoscabo de todo lo dicho, muy posiblemente se dio una “magia menor” al alcance de los miembros de la tercera función, así como un “estamento” guerrero desligado de las iniciaciones mágicas. Unos miembros de las bandas guerreras no “consagrados”, no iniciados en los rituales de las mannerbünde.

Esta distinción de grados dentro de la propia “clase” guerrera nos pone frente a la idea de que el desarrollo de los atributos propios de dicha clase, a partir de un determinado punto, elevan de categoría al sujeto y lo conectan con los atributos propios de la soberanía. Podríamos plantear así que la función guerrera allá donde alcanza su máxima cualidad y desarrollo, se trasmuta en algo más que “función guerrera” y adquiere el grado de “función soberana”. De señor de orden y justicia, así como garante y responsable del marco religioso y espiritual. La institución de la devotio podría ser en este sentido sintomática (Peralta Labrador 2000: 168-172 y 156-162; Bernárdez 2002: 61-65 y Dumézil 1929 y 1971).

Las jefaturas guerreras se convierten de esta manera y potencialmente en soberanías políticas y mágico-religiosas. Entendido esto último en el sentido de señores y oficiadores de los rituales mágicos que conectan a la comunidad, con la fuerza espiritual de los antepasados y armonizan a ésta, con “númenes” y “daemones”. La labor política es de este modo también entendida como una labor ritual, lo que nos invita a reconocer aquí y como hemos dicho antes, simientes de lo podríamos llamar una “Realeza Sagrada”.

El caso del dios Wotan-Odín del mundo escandinavo, será en este sentido paradigmático, pues se nos muestra como una divinidad que tiene en la sabiduría y la magia su máximo atributo, pero dichas sabiduría y magia lo son con especial proyección en el ámbito guerrero y soberano (Bernárdez 2002: 195-211 y Dumézil 1990 y 1986).

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A modo de resumen y hasta aquí, podremos decir que para la Hispania céltica, y en general para la Edad del Hierro europea, el mundo espiritual recogería un vasto y diverso “Universo Invisible” que genéricamente se estructuraría por un lado; con una realidad “Suprema y Celestial”, sede de los Dioses y de aquellos que conquistaron la Inmortalidad tras la muerte: los Héroes. Y por otro; con un mundo invisible e intermedio, telúrico y preternatural, vinculado a las fuerzas ocultas de la Naturaleza, sede de “daemones” y de difuntos, de diosas y “númenes” de las fuentes, las cuevas o los montes, al que se asociarán los ciclos cósmicos de muerte y regeneración.

Para la primera de estas realidades (el “Más allá Celestial”), se señalará un ethos guerrero, una Areté que impele a vivir el “Camino del Héroe” y conquistar la Inmortalidad. Para la segunda (el “Más allá Telúrico”), se dará un ámbito mágico y ritual mediante el cual armonizar o someter ese “plano intermedio”, a los intereses o necesidades humanas. Una religiosidad que podríamos llamar “propiamente pagana”[2], en la que el “operador”, por virtud del ritual mágico, tratará “de tú a tú” al mundo invisible pretendiendo que éste, favorezca sus intereses.

A partir de esta concepción mágica del mundo natural y en el ámbito de las jefaturas guerreras, se desarrollará la idea de una Auctoritas capaz de ejercer Imperium sobre el Más allá Telúrico. De unir en una misma institución soberanía, prestigio guerrero y acción mágica y ritual. Jefatura, acción política y acción ritual unidos conforme a un horizonte en el que se vislumbrará, la idea de la “Realeza Sagrada”. Idea que como podremos ver más adelante, podría haber encontrado especial plasmación en el culto imperial romano. Todo esto sin perjuicio y como ya hemos indicado, de que se diese una “magia menor” y “doméstica”, practicada por el común de la población.

En orden a clarificar lo expuesto sintetizamos seguidamente con un sencillo esquema lo que venimos planteando:

Lo Celestial y lo Telúrico y la Soberanía y la Magia en el mundo Indoeuropeo: La Realeza Sagrada.

[1] Mannerbünde: Término germánico que literalmente significa “sociedades de hombres”. Nosotros lo usaremos para designar asociaciones guerreras entorno a jefaturas, dotadas de un propio universo espiritual, ético y ritual de orden heroico, iniciático y mágico.

[2] El término “pagano” proviene del latín paganus: Literalmente, hombre del campo, campesino, aldeano o paisano. El término sin embargo será usado en clave religiosa cuando el cristianismo se convierta en la religión oficial del Imperio Romano, y se utilice entonces para denominar las antiguas religiones europeas. Éstas precisamente, estarían perviviendo en las zonas rurales cuando en los ámbitos urbanos, se habría impuesto ya la religión cristiana. En este sentido tendrá ya de por sí un carácter peyorativo, al asociar al pagi (aldea), y a sus habitantes los “aldeanos” (paganos), la pervivencia de las antiguas creencias precristianas. Más allá de esta aproximación histórica y etimológica al término, el término “pagano” nosotros lo hemos usado aquí, conforme a la idea de una religiosidad fundamentalmente naturalista y mágica. Ajena por tanto a una genuina concepción “sobrenatural” y ética de la Trascendencia y lo divino, al reducir ésta, a mero reverso invisible y numinoso del mundo natural. Por tanto y por decirlo así, una suerte de “panteísmo inmanente” muchas veces asociado a los ciclos naturales de muerte y regeneración para el cual, no parecerá reconocerse una verdadera esfera Superior y “Celestial”, y por ende no se remarcará y hará central una determinada vindicación ética. Quedando entonces en primer plano el ámbito mágico y ritual.

Cuando las religiones indígenas de la antigua Europa se vieron desplazadas por el cristianismo, posiblemente sobrevivieron únicamente y de forma residual en sus elementos más puramente mágicos y naturalistas, siendo sustituida su dimensión ética y trascendente por la religión cristiana. Este hecho contribuirá a relativizar el valor espiritual de dicho mundo precristiano al contemplarlo como una tradición carente de un genuino ethos, y de una verdadera Trascendencia.

Señalar aunque sea, pues escapa a las posibilidades de este estudio, cómo en dicha Trascendencia judeocristiana, el ser humano, podría verse obligado a confesar su entera y absoluta dependencia con respecto a la Divinidad (ocurre así marcadamente en el cristianismo protestante). Abundando entonces en la idea postración del Hombre frente al pecado y necesidad unilateral de “Gracia” y “Salvación”. Mientras que en la Trascendencia que venimos estudiando, en la espiritualidad heroica del mundo céltico e indoeuropeo, el ser humano es milites de la Divinidad en el mundo, y frente a ella lo que establece es una relación de Areté y Fides. De honor, lealtad y merito. Puede por decirlo así “por sus obras”, merecer los Cielos…

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