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LA NUEVA MILICIA

en Espiritualidad por
EL GUERRERO ESPIRITUAL Y LA NUEVA MILICIA

ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS

Segunda parte:

EL GUERRERO ESPIRITUAL Y LA NUEVA MILICIA.

El Guerrero Espiritual es el auténtico sujeto revolucionario que necesita nuestra época…

Él es el “Cruzado” al que toda aspiración burguesa, lucha obrera o reivindicación nacionalista, no dejan de parecerle cuestiones secundarias tras cuya primacía política, se esconde el desnorte y sin sentido de nuestra época.

La verdadera batalla, la cuestión fundamental en la que el Hombre se juega el ser o no ser, es la conquista de uno mismo. Siempre ha sido así y siempre será así. A partir de ahí, todo lo demás…

A la “Luz de lo Alto” que ordena y sostiene todas las cosas, el Guerrero Espiritual consagra su vida. Encendiendo dicha Luz en su alma, se convierte en capitán de sí mismo y timonel de su propia existencia. Hombre Libre frente a la ignorancia, miedo y ofuscación que todos llevamos dentro. Y lobo indomable frente al nihilismo y ceguera del Mundo Moderno.

Ese sí, es el argumento de la vida…

Aquellos que consiguen enraizarse en la verdad, gobernarse a sí mismos y ser libres, son entonces buscados por aquellos a los que les pesan las cadenas y quieren también la fuerza para romperlas. Se forma de este modo una comunidad de personas decididas a ser fuertes y libres y a ayudarse las unas a las otras en este propósito. Ellos son la auténtica disidencia y el germen de la nueva élite revolucionaria. Ellos son el anuncio del fin de la Edad Oscura y la vanguardia del nuevo Amanecer.

*

1-El Guerrero Espiritual:

La tarea más importante a la que podemos consagrar nuestras vidas y desde la cual debemos desarrollar el resto de nuestra existencia, es la de convertirnos en personas lúcidas, fuertes y libres. Siendo el fundamento de la vida en sociedad el ayudarnos los unos a los otros a conseguirlo. Siendo desde aquí que nacerán las verdaderas jerarquías, liderazgo y organicidad.

Construir un “Yo central” que no ceda a nuestra propia ignorancia, miedo, ofuscación, desvarió o bajeza, ese así es el argumento de la vida. Mantenernos Lúcidos, Despiertos, Fuertes y Libres, a través de las vicisitudes de la existencia y las tribulaciones del alma, el camino a seguir. Esa es la lucha principal, la verdadera “Guerra Santa”, la vía del Guerrero Espiritual…

Hay en el sobreponernos a las adversidades de la vida y a la propia estupidez y ofuscación, una afirmación en la Pureza, la Autenticidad y la Épica. También una fuente de alegría, humildad y compañerismo. Esa es la vía del Guerrero… Un camino en pos de la Sabiduría, la Fuerza Interior y la auténtica Libertad. Esa que es hija de la Verdad y tiene como fruto la conquista de nosotros mismos y de nuestra propia existencia.

Este es el único camino que merece la pena recorrer en esta vida. La lucha más noble, digna y necesaria que podemos llevar a cabo. A partir de aquí, todo lo demás…

2-La Edad Oscura:

No nos llamemos a engaño ni nos dejemos deslumbrar por los logros de la ciencia o la técnica, los tiempos actuales y en general la Modernidad, apuntan justamente en dirección contraria a donde apunta el Guerrero Espiritual. En nuestra época la fuerza interior y la verdadera libertad son una rareza y a penas se entienden ni cultivan. Muy al contrario los tiempos modernos han hecho del ser Humano un mero “producto” alienado de un algo que se le superpone y sobrepasa, y respecto de lo cual no poseería ni autonomía ni libertad. Léase aquí tanto la economía, las pulsiones, el medio natural o la inercia histórica; como la propia ignorancia, miedo, necedad o bajeza.

Del mismo modo y como contra imagen de dicha alienación, la Modernidad habrá exacerbado un voluntarismo absurdo y ciego, en el que prescindiendo de la realidad intima de las cosas, se pretenderá doblegarlo todo al capricho, apetito, desvarío o ensueño de la más pura subjetividad.

Todo esto es así porque el Mundo Moderno ha dado la espalda a la idea de Verdad, ha negado la posibilidad de conocer el “ser de las cosas”, ha negado las ideas de “esencia” y “trascendencia”, ha replegado al Hombre al ámbito de la subjetividad y el relativismo, y ha dejado de entender la Libertad como el camino y brega por vencer nuestra ofuscación y bajeza, por “llegar a ser lo que estamos llamados a ser”. Sólo queda entonces ese agitarse angustiado, entre la alienación y el voluntarismo, propio de nuestro tiempo…

Capado así espiritualmente, sin verdadero conocimiento de sí y esclavo aún sin conciencia de ello de su propia estupidez, el Hombre moderno queda convertido en un ser alienado, neurótico, emocionalmente débil, inmaduro, polarizado, sectario, mayormente desarraigado, muchas veces vulgar y ensoberbecido, muchas veces afectado y subjetivo, fácilmente influenciable, irritable, susceptible, inestable, por lo general mediocre, en ocasiones envilecido y siempre “dormido”…. Este triste tipo humano es el fruto por excelencia del Mundo Moderno y frente a ello no cabe sino rebelarse y apostar por justo lo contrario. Eso es tomar conciencia de que estamos en la Edad Oscura y dar ya un primer paso en la preparación del antídoto…

3-El depósito de la Tradición:

La herencia sapiencial de la Humanidad fundamentalmente ha señalado siempre el camino del “Guerrero Espiritual”. De distintas formas y con distintas vestiduras culturales o religiosas pero siempre en esa dirección, el “Mundo de la Tradición” ha hecho de la conquista interior y el “llegar a ser lo que estamos llamados a ser”, el fundamento de sus enseñanzas. Ese depósito es fuente de orientación y formación para recorrer el“camino del Guerrero” aún en la Época Oscura y es a su vez y en sí misma, una disidencia respecto del Mundo Moderno.

Aprovechemos entonces dicho depósito sapiencial para reinaugurar el “Camino Recto” y tomando lo esencial de la “antigua enseñanza” pero mirando al futuro, pongamos en marcha un Nuevo Tiempo del cual nosotros mismos seamos precursores.

4-La Revolución y la Vía de la Mano Izquierda:

Si “Revolución” significa literalmente “volver al Origen” y en el origen del sentido de la vida Humana está el “camino del Guerrero”, no habrá nada más revolucionario que volver a hacer de dicho camino el “argumento de la vida” y el fundamento de la sociedad. Esa es la verdadera revolución y antídoto frente a la Edad Oscura.

Y siendo ya horas avanzadas de la Medianoche del Mundo, la opción será “Cabalgar Tigre” y seguir la Vía de la Mano Izquierda. Hacer del propio Mundo Moderno oportunidad para un nuevo comienzo. Ni volver atrás ni seguir ahondando en donde estamos, sino poner en marcha una nueva etapa en la que los propios resortes de nuestro tiempo, sean aprovechados para decantar justo lo contrario. Para alumbrar un tipo humano antitético a la decadencia moderna. Haciendo del “Reino del Nihilismo” no el escenario de una humanidad sin esperanza, sino la “Tierra Baldía” de la prueba del Héroe. El campo de batalla que el corazón del guerrero anhela precisamente, para forjarse en la aventura y la prueba y dando lo mejor de sí mismo, reinstaurar el “Reino del Grial”…

5-El Hacer Comunidad:

A partir de aquí hay que hacer comunidad…

Salir al Mundo a encontrarnos con nuestros iguales, acercarnos a aquellos que tiene la misma inquietud y búsqueda o han emprendido ya el camino, y abrirnos a hacer camaradería y amistad. Aprendiendo los unos de los otros, ayudándonos y cuidándonos los unos a los otros, haciendo camino juntos cada uno desde sus propios dones o aptitudes y reconociendo sin complejos, a aquellos que en cada momento y para cada situación, puedan ser más fuertes y tener algo que enseñarnos.

Del mismo modo, aquellos que estén más lastrados por sus debilidades, serán precisamente los que más reciban de la comprensión, aliento y consejo de los mejores. Todo conforme a un horizonte de humildad, grandeza de alma, orgullo de estar juntos, nobleza y admiración mutua en el que sin esperar nada a cambio y aceptándonos los unos a los otros tal como somos, el “Camino del Guerrero” quede abierto a todo aquel que sienta su llamada…

6-El Entrenamiento:

Nada se conseguirá en el “camino del guerrero” si no se entrena…

Si queremos de verdad conquistar nuestra existencia y nuestra propia persona, nuestra vida debe estar llena de askesis, de entrenamiento del alma y el cuerpo. Sólo entrenando podemos de verdad aspirar a la Areté

El alma debe forjarse así en la Verdad como camino seguro para la Fuerza y la Libertad, enraizando nuestro pensamiento en la objetividad, enderezando rectamente nuestro entendimiento y purificando la mente de todo lo que es torcido, caprichoso, desmedido, puramente subjetivo, irreal, inmaduro, disperso, alienante, desquiciado o falso. Aspirando a conquistar la Lucidez para desde ahí afrontar con sabiduría, señorío, alegría y sin miedo, la vida que tengamos por delante.

Por otra parte ese mismo esfuerzo de entrenamiento del alma, deberá tener su reflejo en el entrenamiento del cuerpo. El cual no será sino plasmación simbólica en el ámbito de lo puramente físico, de esa misma llamada a la Areté. Al autoconocimiento, la rectitud y la fuerza interior. Un entrenamiento físico que nada tendrá que ver con lo puramente estético y que por el contrario será reflejo de un temple interior. De una manera de ser y estar del alma. La manera del que hace de sí mismo una arcilla que moldear, una estatua que esculpir, una espada que forjar…

7-La Naturaleza:

En la Naturaleza el Guerrero Espiritual ve al “logos divino” que hizo del “caos primordial” un cosmos de orden, armonía y belleza. Un mundo que aún en el devenir y la contingencia es reflejo de la “Luz de lo Alto” y es así fuente inagotable de inspiración y sabiduría. La Naturaleza y sus “cien mil hijos” y los “poderes del Mundo” en el cielo, las aguas, la tierra y el fuego son así para el Guerrero Espiritual, lección y compañía fundamental de su paso por la vida. Todos ellos unidos en el “Alma Universal” o Anima Mundi de la tradición sapiencial desde la cual se nos dice; que hay símbolo y enseñanza en el aullido del lobo, el volar de las águilas o las raíces de un árbol… Que lobos, águilas y árboles son más un alguien que un algo y que la naturaleza es maestra y tesoro escondido de dones y conocimiento.

8-El Patriotismo:

El patriotismo es una virtud, el nacionalismo un vicio…

La conquista de la libertad, el espíritu de comunidad y el amor a la patria, siendo virtudes esenciales de la sabiduría tradicional, han sido sin embargo pervertidas por las ideologías modernas del liberalismo, el socialismo y el nacionalismo. Tres ideologías que han vertebrado la Modernidad desde tiempos de la Revolución Francesa y que a su paso, han dejado un paisaje de ruinas y desafueros que constituye ya, la “tierra baldía” de nuestro tiempo…

El desarraigo de la Verdad que propició la subversión moderna, sumergió Occidente en el nihilismo. Un nihilismo hoy día manifiestamente decadente en el que los conceptos de verdad, libertad, comunidad y sociedad, nación y patria, han quedado adulterados, tergiversados o relativizados. En frente, un desarraigo similar pero llevado a cabo en este caso desde la cerrazón religiosa, ha sumergido el mundo islámico en un nihilismo psicópata y criminal. Un nihilismo desalmado y envilecido que con la herejía y blasfemia por bandera, pretende sin embargo luchar “en nombre de Dios”…. Este es el panorama oscuro y desnortado de nuestro tiempo. Las dos caras de una misma “Medianoche del Mundo” en la que se sumerge la era de la Globalización, al son del Kali Yuga… Pero la Luz Imperecedera no se aparta jamás y como nunca antes es necesario no desesperar y señalar la “Estrella Polar”.

Por eso es perentorio el Guerrero Espiritual. Por eso es perentoria la Libertad que es hija de la Verdad. Por eso el espíritu de comunidad debe rearmarse en torno al ideal de Fuerza y Sabiduría. Y por eso a despecho tanto del nacionalismo como de la globalización, hay que ser patriotas…

La patria como proyecto de convivencia y hermandad surgido de unas raíces comunes de siglos de antigüedad, en la historia, la cultura y la antropología. Patria que une pueblos hermanos surgidos de un mismo tronco y raíz y que hace de vascos, castellanos, catalanes, gallegos o andaluces, nación española. Nación que conforme a ese mismo principio de raíces compartidas, está llamada a unirse al resto de pueblos y naciones europeas de acuerdo a algo más que los intereses económicos, y para constituir un sano patriotismo europeo.

Patriotismo que nos impele a un ideal de unidad, solidaridad, intercambio de fuerzas y talentos, y orgullo y alegría de estar juntos, en el que en nuestra humilde esfera personal, dando lo mejor de nosotros mismos, estaremos también cada cual desde su “trinchera”, haciendo patria…

Patria en la que cabrá acoger al que venga de fuera, huyendo de desgracias o buscando una vida mejor, pero al que habrá que exigir si se queda entre nosotros y mientras esté con nosotros, respetar e integrarse en nuestra sociedad. Amoldándose a los parámetros culturales y antropológicos de la sociedad que le recibe.

Del mismo modo, nuestra capacidad de acogida dependerá de nuestra capacidad para asimilar dicha inmigración. Tanto en el ámbito socioeconómico, como en el ámbito antropológico. Ámbitos fundamentales de toda sociedad, que tienen una capacidad limitada de asimilación, y que a partir de un determinado nivel de sobrecarga, generan evidentes disfuncionalidades económicas así como problemas de convivencia e identidad. Ver esto es fundamental para afrontar los fenómenos migratorios de nuestro tiempo y es impresionante hasta que punto, algo tan obvio, es sistemáticamente ninguneado por la corrección política y el “buenismo”…

El patriotismo es una virtud del alma, a través de él conectamos con el recorrido ancestral de unos pueblos hermanos y contribuimos a su unidad, solidaridad y engrandecimiento. Haciéndonos nosotros mismos sujetos activos de dicho recorrido. Nos abrimos entonces más allá de la esfera del interés individual y nuestros esfuerzos y logros, dan fruto también en las vidas de nuestros compatriotas.

Poco tiene que ver entonces con el malhadado nacionalismo que tantos quebraderos de cabeza ha dado a España, pues en éste nada contribuye a la unidad de quienes tienen lazos comunes de siglos, y todo es por el contrario para marcar diferencias y distancias, o laminar diversidades. Cultivándose el recelo y la insolidaridad. Empequeñeciéndose horizontes y racaneándose frutos y dones compartidos…

También entonces el patriotismo y frente a los nacionalismos, será una de las batallas de nuestro tiempo.

9-La Vida y la Muerte:

El momento es ¡Ya! …

Para ponerse con la forja del alma, con la lucha en la “Cruzada”, con el “apostolado” del “Retorno del Espíritu”, con la Aventura de ser nosotros mismos y conquistar nuestras vidas… Todos moriremos, más pronto que tarde, nadie escapará. Dejémonos de tonterías entonces y “sudemos la camiseta” en la batalla de la vida, sin esperar nada a cambio y porque sí. Porque de eso va la vida y lo demás es “ruido”.

Ser conscientes de la Muerte nos hará así ser conscientes de la Vida, y no habrá día que dejemos pasar sin recordar el final. Así viviremos realmente. Presentes y entregados a cada momento. Sabiendo qué es lo importante y qué cosas son solo necesarias. Qué es lo esencial y qué es solo lo accesorio. Que es lo bueno y verdadero, y qué es solo otra estupidez más…

Aquellos que saben que la vida y la muerte van de la mano, no pueden sino reír frente a la estupidez del Mundo y cruzan sin miedo la Medianoche de nuestro tiempo; sin que el alma se les oscurezca, sin perder el rumbo, sin lamentarse, sin rabiar… La Edad Oscura ya está aquí pero la “Luz de lo Alto” no se aparta. Podemos forjarnos un alma inconquistable y hacer de la vida prueba, aventura y oportunidad. Hacer de la Edad Oscura y a despecho de su estupidez, ocasión idónea precisamente, para un nuevo despertar…

De toda adversidad, fatiga o trabajo, por gris que sea, se hará entonces escenario de “forja”, de “apostolado” o de “cruzada”.

De toda frivolidad o recreo superficial, ocasión para decantar justo lo contrario. Haciendo entonces de las ineludibles vulgaridades de nuestro tiempo, escenario donde cultivar precisamente la Autenticidad.

De todo encuentro íntimo y personal, ni una “peliculita” de ensueño pequeñoburgués y tonto romanticismo marital, ni tampoco la zafiedad promiscua de mero materialismo sexual que tanto obsesiona a nuestros contemporáneos. Sino encuentro significativo para nuestras almas. Sea para mucho o poco tiempo. Sea puntual o para una vida juntos. Sea con hijos o sin ellos. Siempre y en todo caso encuentro significativo para crecer en sabiduría, fuerza y libertad.

La vida va en serio y la muerte también. Aquí se viene a ganar el “Valhala” y todo lo demás más tarde o más temprano será polvo y cenizas.

Cultivar la Fuerza de Espíritu que tras la muerte nos abre las puertas del “Salón de los Héroes”, es la única manera de ser nosotros mismo y vivir de verdad. De estar realmente presentes en nuestra existencia y en la realidad. De aportar algo al Mundo que merezca la pena…

La Vida y la Muerte son como un juego que solo se aprovecha y disfruta, si sales al campo dispuesto a sudar la camiseta hasta el último minuto. Consciente de que con el pitido final que te dará la Muerte, lo que contará no será tanto el resultado, como haberlo dado todo…

10-La Nueva Milicia:

Una Nueva Milicia Espiritual se está formando…

Una Nueva Milicia en la que mediante la forja del alma en la Verdad, la Fuerza y la Libertad, sus Hombres y Mujeres se están convirtiendo en la vanguardia y élite de un nuevo tiempo del que ellos mismos, son anuncio y proclama.

Sus vidas, palabra, obra, estilo y conducta, son la semilla de un movimiento cultural realmente alternativo y disidente. Un movimiento en el que montando el Tigre del Mundo Moderno, los desafueros de éste, son convertidos en revulsivos de una renovada salud espiritual.

La Nueva Milicia supone una transformación del Hombre como hace siglos que no ocurría. Una revolución profunda que vuelve a poner en el centro de la existencia, las “Verdades de la Vida”, y vuelve los ojos al misterio de la Trascendencia. Pero no para volver a lo que quedó reducido a ruinas y son restos del pasado, sino para afrontar el Kali Yuga de la única manera posible una vez se cruza el “meridiano cero” de la Edad oscura…

Esto es, desde “la Vertical de la Luz Imperecedera”, inmune al desgaste del tiempo y la historia y superior a toda contingencia. “Vertical” siempre presente cuya llama graba en el centro del alma, el sello de lo que es Eterno y por ende, siempre actual y perenne… Y entonces sí, desde ahí y sin mirar atrás, sumergirnos sin miedo en la “Medianoche”. Portando la antorcha del “fuego secreto” a modo de espada. Decididos a que la “bestia del fin Mundo”, responda a nuestras espuelas…

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EL GUERRERO ESPIRITUAL

en Espiritualidad por
EL GUERRERO ESPIRITUAL - ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS

ORIENTACIONES ESPIRITUALES PARA JÓVENES CYMERIOS

Primera parte:

EL GUERRERO ESPIRITUAL

Llegada la Medianoche del Mundo hay que encender el fuego del Espíritu… Somos los habitantes del confín de la Historia allá donde parece que solo un nuevo amanecer pudiera cambiar las tornas de esta larga noche. Pero ese nuevo amanecer no llegará sin más… también depende de nosotros. Del despertar en nosotros de una Fuerza que hace siglos, hemos dejado de entender y cultivar.

Ser la forja de la espada bajo las estrellas y la guardia de la noche allá donde el Mundo ha olvidado el argumento de la vida, es la tarea que pide nuestro tiempo a los hombres y mujeres de la verdadera revolución.

Porque una nueva milicia espiritual se está formando… una milicia capaz de traer un orden alternativo tanto al nihilismo moderno como al fanatismo integrista. Una milicia de hombres y mujeres que ya no se engañan y saben que ninguna crisis económica, enemigo, mala suerte o fatalidad les hará más daño que un alma ofuscada y torcida. Del mismo modo que ninguna riqueza material, prosperidad, paz o bonanza les hará más bien, que un alma esclarecida, recta y enderezada… Este es el camino, la forja y transformación interior que lo cambia todo. Que marca una diferencia absoluta respecto de todo lo demás. Que hace auténtica vanguardia de un nuevo tiempo y es el futuro, si es que queremos, tener futuro alguno…

 

1-Entender nuestra época: Tradición, Modernidad y Revolución.

Dos grandes corrientes principales han configurado la historia del pensamiento en Occidente, sucediéndose cronológicamente a lo largo de un proceso de siglos en el que nuestra cultura habrá pasado del mundo de la Tradición, al mundo de la Modernidad.

El mundo de la Tradición corresponde a la corriente de pensamiento que aquí llamaremos “trascendente”. Y en lo más esencial en ella encontraremos la idea de una realidad superior de orden sobrenatural y espiritual que se configura tanto como fundamento y sostén de toda realidad natural y material, como horizonte último de sentido de la vida humana. Siendo entonces que dicha dimensión trascendente se encontrará en el centro mismo del alma humana como en estado de potencia, y el argumento de la vida no será otro, que actualizar dicha potencia.

Platón, en la antigua Grecia y en los orígenes mismos de nuestra civilización, nos ofrecerá un claro puntal de esta concepción del mundo y de la vida.

En frente, el mundo de la Modernidad (advenido fundamentalmente a lo largo de los últimos quinientos años), hará por el contrario de la realidad meramente natural y material el fundamento de todas las cosas, y la causa oculta que subyace a toda inquietud humana. Pensadores modernos como Hume, Marx, Freud o Nietzsche, aunque desde distintos ámbitos y perspectivas, convergerán sin embargo en un mismo principio a la hora de afrontar la realidad humana y natural: para todos ellos la referencia a la “trascendencia” no tendrá lugar. Siendo entonces las fuerzas desnudas de la naturaleza, la economía, el azar, el subconsciente, la voluntad de poder o cualquier otra instancia “no espiritual”, el verdadero sostén y explicación del Mundo.

Esta corriente de pensamiento, meramente naturalista o materialista y de raíz anti metafísica, es a día de hoy la que anima el desarrollo de “nuestros tiempos modernos”, y está en la base de los paradigmas culturales de nuestra época.

El contraste entre estas dos corrientes tendrá también su correspondiente prolongación en el ámbito de la gnoseología y la ética. Y mientras que para el mundo de la Tradición el Hombre puede acceder a la Verdad y por ende está llamado a ser Libre, para la Modernidad la Verdad será relativizada y por ende la Libertad, quedará confundida con la mera subjetividad.

Yendo a lo que sería el punto de vista histórico y recogiéndolo de manera muy sintética, diremos que con la caída de Roma, se habría cerrado el ciclo histórico de la Antigüedad europea. Ciclo que con su confluencia de mundo griego, romano, celta y germano, habría marcado definitivamente la identidad de la Europa tradicional. Seguidamente la Cristiandad medieval, sucederá y continuará a Roma como nuevo ciclo histórico tradicional de nuestra civilización. Y en dicho Medievo europeo, algunos de los andamiajes fundamentales de la Antigüedad, seguirán presentes. Si bien con renovadas formas y posibilidades surgidas ahora de la tradición cristiana.

Es así que sucintamente podrá decirse, que la filosofía griega (con Platón y Aristóteles a la cabeza), junto al ideal romano del Imperium (prefigurado ya por César), más la cultura guerrera y los vínculos espirituales con la naturaleza de los pueblos bárbaros, unido todo ello a la tradición cristiana medieval, terminarán por darnos las claves de la Europa tradicional pre moderna.

Más adelante el Renacimiento, la Reforma Protestante, la Ilustración, el Romanticismo y las revoluciones contra el Antiguo Régimen (con Francia como paradigma revolucionario), darán lugar a toda una nueva fase histórica en la cual se decantará la Europa moderna propiamente dicha.

Nuestro tiempo histórico no será sino fruto de dicha Modernidad y entender todo este proceso en sus dos grandes fases históricas, será esencial para entender la claves de nuestra civilización.

Tanto así que puede decirse que a día de hoy Europa, vive y se ordena totalmente conforme a los paradigmas de la Modernidad, y lo que fue la Europa premoderna y tradicional, habría quedado reducida a un mero “paisaje de ruinas”. Ruinas evocadoras y sin embargo ajenas de toda vez, al desarrollo del proyecto moderno de Hombre y Civilización.

Es en este contexto que habrá surgido como síntoma característico del Mundo Moderno, el fenómeno del “nihilismo”. Pues el Mundo Moderno, con su olvido o negación de la Tradición, y su vivir de espaldas al Espíritu y la Trascendencia, habría ido dejando a su paso una sensación de absurdo y sin sentido que los lenitivos del materialismo y el consumo, a penas conseguirán mitigar. Ocurriendo entonces que en ocasiones dichas “ruinas” del pasado, aun no siendo ya algo realmente vivo y presente en nuestra cultura, sensibilizarán sin embargo a los europeos menos modernizados, despertándoles a la conciencia de lo fatuo y vacío del proyecto moderno…

Se tiene entonces la impresión de que el ingente desarrollo científico y económico técnico de nuestro tiempo, se habría pagado conforme a una suerte de “progreso decadente”. Una bancarrota espiritual que el “progreso” no compensaría y que rastreable a todos los niveles, resultará especialmente lacerante en la generación de sujetos sin apenas centro y ni persona. Sujetos neurotizados, anestesiados, fanatizados, alienados, envilecidos o idiotizados, en una sociedad inorgánica y atomizada, de escaso discernimiento y gran debilidad emocional. Una sociedad que deja inerme al sujeto frente a sí mismo, y que parecerá abocar a una vida de bajísimas expectativas espirituales y sin embargo, fijación obsesiva en todo lo meramente material, cuantitativo, instrumental, accesorio, pulsional, emocional, instintivo, subjetivo o pre-personal. Y es que la sociedad moderna, se caracterizará por no dotar al sujeto de herramientas espirituales para construirse auténticamente como “Persona”. Siendo entonces que el sujeto, quedará abocado fácilmente a la propia estupidez, inseguridad, miedo, ofuscación o bajeza.

Precisamente, frente a ese peligro de no llegar a construirnos auténticamente como “Personas”, de ser víctimas nuestra propia “debilidad”, se constituye lo más fundamental de la sabiduría tradicional…

En la sabiduría tradicional, el Hombre está llamado a ser Libre. Y decimos “Libre”, en el sentido de no ser un producto alienado de su propia ignorancia u ofuscación. Como tampoco y a partir de aquí los Hombres auténticamente libres, serán producto de alguna otra cosa o proceso que se les sobreponga; léase aquí la economía, la clase social, las pulsiones, el medio natural, la inercia histórica, etc… Siendo entonces sus circunstancias, el mero “soporte material” desde el cual recorrer el arduo camino hacia la autárkeia y la Trascendencia.

Esto es así, porque en el Mundo de la Tradición, el Hombre porta en su interior “la Luz y la Fuerza de la Verdad”. Es decir, porque en el Mundo de la Tradición el ser humano, encendiendo en su alma el “frontal del logos”, puede discernir entre lo verdadero y lo falso, lo real y lo ilusorio, lo recto y lo torcido, lo esencial y lo accesorio, lo importante y lo simplemente necesario… Puede en definitiva sobreponerse a la ignorancia y la subjetividad, sobreponerse a la ofuscación, el desvarió, la necedad o la estupidez, y entonces sí, ser realmente libre

Obviamente, es en este tipo de Hombres que recorren “el camino de la Verdad, la Fuerza y la Libertad”, donde se dará una auténtica Areté y se forjarán los verdaderos Aristoi. Una “nobleza” que tendrá en la conquista de sí mismos y la liberación respecto de la propia ignorancia y debilidad, el fundamento de su condición de “Señores” y el liderazgo de sus sociedades. Haciéndose de estos principios la base de la educación de la juventud así como respecto de la perpetuación del linaje y el cuidado de la prole, un deber tanto para con la supervivencia de un pueblo, como para a través de ese pueblo, cultivar y perpetuar un ideal de Ser Humano.

Ciertamente no tiene ningún sentido renunciar a los logros tecnológicos del mundo moderno, y menos aún tiene ningún sentido glorificar el pasado y querer irse a “vivir a las ruinas”, pero es loable querer superar las “patologías” de la Modernidad y dejar de vivir de espaldas a la idea de Verdad y a la idea de Trascendencia. Y aquí la inspiración y recuerdo que las “ruinas” nos generan, pueden ser fuente de auténtica disidencia. Pues en ellas se atesora aquello que la tradición tiene de Perenne. Aquello que tiene de Eterno e Inmutable, de argumento insoslayable siempre presente en la vida humana y que la tradición en su esencia sapiencial, nunca deja de señalar. En este caso la Tradición se convierte en un arma de verdadera revolución si “Revolución” significa volver al origen. Pues sería posible plantear una revolución en la que el nihilismo de la Modernidad quedara atrás, alumbrándose entonces un nuevo ciclo histórico y espiritual para Europa. Un ciclo en el que conforme a un renovado horizonte de Trascendencia, un Hombre regenerado, fortalecido y vencedor de sí mismo, se convirtiera en el lei motiv de nuestra civilización.

2-El Espíritu, el argumento de la Vida y el Guerrero.

La recta comprensión de qué cosa es el alma humana y de qué cosa es el espíritu, será fundamental en una auténtica construcción de la Persona.

En este sentido es fundamental entender que en la perspectiva que aquí hemos llamado tradicional, perennialista o “trascendente”, el Hombre es un compuesto de cuerpo, alma y espíritu. Siendo el cuerpo la parte inferior de orden puramente fisiológico, el alma la parte intermedia de orden puramente psíquico y emocional, y el espíritu la parte superior o “central” de orden auténticamente intelectivo. Entendido aquí dicho Intelecto en el sentido de una conciencia esclarecida y entendimiento recto, presencia para el mundo de la tradición de la “chispa divina”, “en el corazón del alma Humana”. Dicho espíritu es así considerado como Inteligencia y Lucidez insertas en el Hombre a modo de “semilla” que debe cultivarse, para poder dar cumplida realización a nuestra más alta posibilidad. Esto es, la soberanía interior y por ende la fuerza y la libertad. Siendo entendido a partir de aquí “el Amor”, como la conciencia de que nuestros semejantes, lo sepan o no, bregan en la misma lucha y pueden estar necesitados, igual que nosotros, de apoyo y ayuda.

Dicho esto, habrá sido en el esoterismo que los procesos de realización espiritual ha sido llamados de “Iniciación”. Señalándose entonces y lo comentamos muy a grosso modo, que la “Iniciación” supondrá la ubicación del eje de la personalidad en el espíritu o “chispa divina” que guardamos en nuestro interior, a la espera de ser actualizado. Siendo de este modo que el alma o psique queda purificada o rectificada mediante la Iniciación, y como si de un espejo se tratase, puede reflejar la luz del Espíritu. Luz que no es sino la “Luz de la Divinidad” dentro de nosotros mismos. El ofuscamiento del alma quedaría así disipado y el Iniciado, restablecería “la unión de su ser con el Ser Supremo”.

Vemos así cómo en el mundo de la Tradición, el alma no deja de ser una instancia intermedia “como entre la luz y la oscuridad” sobre la cual el Espíritu, está llamado a establecer su liderazgo y gobierno. Siendo la Iniciación o realización espiritual, el proceso mediante el cual el Espíritu ilumina, ordena y jerarquiza el alma, colocándola bajo su soberanía. El alma queda entonces purificada, integrada, unificada y liberada y el Iniciado, se hace “conquistador” de sí mismo y de su propia existencia.

Ahora, y para no llamarnos a equívoco y confundirnos con tantas palabras y conceptos “esotéricos o metafísicos”, es imprescindible señalar que el Espíritu y tal y como hemos indicado anteriormente, debemos entenderlo no como una efusión emocional y subjetiva respecto de dios o la trascendencia, ni como algo vago y difuso que pareciera mover nuestros sentimientos, sino como una mirada lúcida y despierta. Como una conciencia esclarecida, entendimiento sereno y recto discernimiento en el que las oscuridades del alma se disipan. Es decir, la Inteligencia en su sentido eminente y su fruto más maduro: la Sabiduría, la Fuerza Interior y la Libertad. Sin querer alargarnos ni complicar la exposición, conceptos como el Buddhi del budismo o el Nous de la Grecia clásica así como el Logos del platonismo, podrán aproximarnos a la idea de Espíritu que debemos trabajar aquí. Idea de Intelecto puro o superior que ilumina el alma y permite al sujeto vencer su propia ignorancia y olvido de sí. Vencer su propia esclavitud y miedo.

Dicho lo anterior, el Amor no será sino la conciencia de que todos los Hombres se enfrentan lo sepan o no al mismo dilema y lucha, a la misma esclavitud y anhelo de libertad. Siendo entonces que ayudar, acompañar, apoyar y perdonar, se hace parte fundamental de nuestro propio proceso de liberación personal. Debiendo también y en consecuencia, hacerse comunidad y ordenar la vida en sociedad, conforme al mismo principio. Y a partir de ahí, conforme a las correspondientes jerarquías, organicidad y liderazgo.

El argumento de la vida queda así establecido no en torno a la prosperidad material, la estabilidad sentimental, el poder político o económico o el hedonismo sin más, sino que queda establecido en torno al cultivo del Espíritu y la forja de nuestro señorío interior y libertad. En términos religiosos diríamos la “salvación de nuestra alma”. Siendo el Amor el ayudarnos los unos a los otros a recorrer ese mismo camino y el “hacer comunidad”, el organizar la convivencia conforme a ese mismo principio.

Todo ello una vía y proceso arduo de esfuerzo, fatigas, disciplina, rectitud y perseverancia. De sobreponernos una y otra vez a nuestra propia estupidez y de seguir con determinación, alegría y humildad. No rindiéndonos jamás. Como auténticos Guerreros. Conscientes de que ninguna otra vida es más plena, enriquecedora, liberadora y feliz. Convencidos de que ninguna otra vida es digna de ser considerada, verdadera vida…

3-El Espíritu, la Naturaleza y el Universo.

En el mundo de la Tradición, y con esto queremos decir de esa concepción perennialista o “trascendente” que aquí venimos señalando, la naturaleza y el universo, no serán un mero mecano de fuerzas ciegas y puramente materiales, carentes de sentido y espiritualmente inertes. Un escenario de mero despliegue mecanicista sin más significación que la puramente material. Muy al contrario en la sabiduría tradicional, el “mundo natural” será entendido como reflejo o proyección del “Reino del Espíritu”. Reino que por medio del “Logos Divino”, será la “Luz de lo Alto” que sostendrá todas las cosas y hará surgir un Cosmos, “donde solo había caos”…

El universo y la naturaleza serán considerados a partir de aquí como un todo ordenado y dotado de alma, un “alma universal” o Anima Mundi que hará de los bosques, los ríos, los desiertos, la ventisca o el océano “más un alguien, que un algo”. Adquiriendo entonces los fenómenos naturales, una relevante lectura simbólica y espiritual.

En este sentido en el pensamiento tradicional o perennialismo, igual que existe un alma individual que anima al ser humano, existirá también un alma universal que anima la naturaleza. En palabras de Platón: “Este mundo es de hecho, un ser viviente dotado con alma e inteligencia (…) una entidad única y tangible que contiene, a su vez, a todos los seres vivientes del universo, los cuales por naturaleza propia están todos interconectados” (Timeo 29, 30).

Obviamente será a partir de aquí, que encontraremos esa concepción tradicional del mundo natural como un “escenario feérico” o “mágico”. Del mismo modo que será a partir de aquí que se planteará, que en la medida en la que en el ser humano el Logos no es solo el ”influjo divino” que ordena y da forma a las cosas, sino también la esencia e identidad profunda y primera del Hombre, éste estará llamado a capitanear “la Creación”.

Estaríamos ya aquí en presencia de ideas cardinales para toda auténtica cosmovisión tradicional del mundo y la vida. Esto es, el plano natural y material donde se desarrolla la existencia humana, como proyección de un plano superior. Plano celestial, sobrenatural e inmutable que sede de las “Esencias Inmortales”, será el sostén y fundamento de toda la realidad natural. A partir de aquí y entonces, el mundo natural como una realidad “espiritualmente viva” y dotada de alma. Un “alma universal” o Anima Mundi que traslada a la naturaleza y el universo una condición de sujeto y no de mero objeto.

Al mismo tiempo y para esta “panorámica metafísica”, la idea de que el ser humano, en virtud del Logos que lleva en su interior y que es el rasgo definitorio de su ser (“hecho a imagen y semejanza de Dios”), estará llamado a ser el “Rey de la Creación”. Es decir, en él se podría trascender el carácter condicionado del mundo natural y por medio del cultivo y ejercicio del Logos, alcanzar un gobierno de sí y libertad que lo pondría al frente de la Creación.

Se establece de este modo una suerte de analogía entre la estructura espiritual del Hombre y la estructura espiritual de la Naturaleza. A la existencia de un alma humana, le corresponderá la existencia de un alma de los bosques, los árboles, los ríos, las montañas, los animales, las rocas, las nubes o el sol… Un “alma del Mundo” con la que será posible una comunicación, profunda y fértil, así como una armonía. Armonía que debe ser respetada, mantenida, restablecida, propiciada y cultivada so pena de arruinar el Mundo y abocar al mismo Hombre a la autodestrucción. Se buscará de este modo que las fuerzas sutiles que engarzan el Anima Mundi y el ser humano estén en sintonía, formándose un conjunto armonioso y jerárquico donde cada uno ocuparía su lugar. Correspondiéndole al ser humano la responsabilidad del conocimiento y cuidado del mundo natural. Esto en virtud de ese Logos que en el Hombre no es solo por decirlo así “elemento externo o agente”, sino que además es esencia e identidad primera. Obviamente del descuido u olvido de esta responsabilidad, devendrá devastación y ruina para el planeta.

El ser humano estará así llamado a ser paladín del “Reino del Espíritu” en la Tierra. Luchando primero por el gobierno de sí mismo, más allá de la ignorancia, el miedo, la estupidez, el desvarió o la bajeza. Pero luchando también por el mantenimiento de la armonía cósmica y natural frente a las “potencias del caos”.

En este sentido y retomando la idea de la cualidad “intermedia” del alma humana, esta misma cualidad tendrá su debida correspondencia en el Anima Mundi o “Alma del Mundo”, para la cual también se tendrá presente una jerarquización y discriminación entre regiones sidéreas y luminosas, y regiones inferiores, a veces subterráneas y tenebrosas. Discriminación ejemplificada en gran manera en numerosas mitologías y leyendas: “Devas y Asuras” de los Vedas o “Ases, Vanes y Jotuns” de la mitología nórdica. Mundo celestial, mundo natural y mundo ínfero o demónico que configurarían la estructura del “alma del Mundo” y que como en el alma Humana, tendrían en la “Luz del Espíritu”, instancia de autoridad, jerarquía y orden.

No es desacertado hablar así de una suerte de “Más allá Celestial o Trascendente”, objeto y fundamento de la realización espiritual. Así como de un “Más allá Telúrico o inmanente”, que sería el Anima Mundi del que venimos hablando, y al que correspondería esa concepción “mágica” y “feérica” de la naturaleza tan propia del mundo de la Tradición.

En este orden de cosas, no estará de más señalar cómo en gran medida, los mitos, leyendas y tradiciones del mundo premoderno, recogerán con el lenguaje del símbolo y la alegoría, conceptos e ideas que aquí estamos planteando.

Por otra parte no debemos pensar que la idea de un Anima Mundi conduce necesariamente a una suerte de panteísmo inmanentista, ajeno a una verdadera idea de trascendencia. Del mismo modo que la idea de trascendencia, no debe llevarnos a pensar en una realidad natural meramente material y mecánica, alejada del espíritu, carente de alma y simple escenario de la vida humana.

Cuerpo, Alma y Espíritu configurarían la estructura del Hombre, pero también configurarían la estructura del Mundo que le rodea. Siendo en dicha estructura donde deberemos ubicar el Anima Mundi y la correspondiente concepción espiritual de la naturaleza.

Muchas veces por desgracia, nos encontraremos sin embargo con planteamientos para los que los vínculos espirituales con la naturaleza de nuestros ancestros, no dejarían de ser una manifestación más de la raíz económica de toda inquietud humana, pues en ellos solo anidaría una preocupación meramente material por las cosechas, la fertilidad de los campos y los animales, las lluvias, las tormentas o la caza… como si todo el “universo mágico” en torno al mundo natural surgido de siglos de tradición, más allá de sus “vestiduras” espirituales, no escondiese sino una preocupación prosaica de orden meramente económico o a lo más, una preocupación por la salud y la curación de enfermedades. Como si a la hora de la verdad, no fuera posible encontrar una auténtica concepción “trascendente” del Mundo y la Vida en dichas creencias tradicionales sobre la naturaleza. Siendo éstas una mera “técnica” primitiva y supersticiosa para asegurar el sustento económico, la salud y la fertilidad de la progenie.

Obviamente nosotros no nos movemos en ese ámbito explicativo…

Por supuesto que una aproximación a dichas creencias nos lleva necesariamente a encontrarnos con ritos, fórmulas, talismanes y creencias para las cuales dichas preocupaciones de orden práctico serán lo principal. Sin embargo, estaríamos haciendo un flaco favor a nuestro entendimiento si simplemente nos quedáramos ahí y no fuéramos más allá. Si no entendiéramos que el fundamento de ese “pensamiento mágico” no reside tanto en un “primitivismo” o superstición, como en una concepción “espiritual” del Universo para la cual, existe un “alma del Mundo” o Anima Mundi.

Estamos aquí en presencia y claro está, de una concepción más honda y profunda de la naturaleza y el universo. Una concepción que no responde ya a una preocupación supersticiosa de orden meramente material, y es por el contrario, fruto de una vivencia espiritual en la que el Hombre se integra y siente como parte de un Todo en el que ocupa un lugar especial y relevante, y con el que debe saber comunicarse y armonizar.

Finalmente no estará de más señalar cómo, conforme dicha vivencia espiritual se degrade o desvirtúe, y pierda su fondo y esencia sapiencial, se producirá el surgimiento de una auténtica superstición y caída en la más pura superchería e irracionalidad. Terreno abonado para un futuro descrédito y por ende, para el olvido de la verdadera sabiduría que subyace al mundo de la tradición.

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El Guerrero Espiritual

En síntesis, aquel que haga guardia en la Medianoche del Mundo sabe que nuestra época ha pagado como precio a su modernidad y “progreso” con el olvido del Espíritu y por ende, de la Sabiduría y la Fuerza. Dando lugar a una sociedad plebeya de individuos alienados, debilitados, vulgares o fanatizados. Del mismo modo y aunque de la Tradición solo nos queden ruinas, también sabe que aquello que tiene de perenne el mundo de la Tradición, es precisamente lo que tiene de sapiencial y espiritual, siendo entonces para quien lo sepa encontrar, manantial de orientación y fuerza y simiente de auténtica revolución. Si es que “revolución” puede significar algo más que “libre mercado”, “lucha de clases” o “reivindicación nacionalista”, y puede hacer honor a su verdadero significado: “Volver al Origen”.

Lo que está en juego así es la “Transformación del Hombre”. El tomar conciencia de que el auténtico argumento de la vida, no es la lucha por la supervivencia ni ningún otro de sus múltiples derivados, sino la conquista de uno mismo. La realización en nosotros de la Lucidez, la Conciencia, el Entendimiento, el Discernimiento y la Fuerza Interior. El señorío y gobierno de nosotros mismos más allá de la Ignorancia y el Miedo y por ende, la consecución de la verdadera Libertad. Lucha y argumento de vida que nos atañe a todos seamos conscientes de ello o no y que una vez sabemos que es así, no nos permite volver a mirar a nuestros semejantes de igual manera. Pues en todos ellos vemos la misma batalla y brega, el mismo anhelo muchas veces oculto de plenitud y libertad. Porque nadie puede sustraerse a esta “Gran Guerra Santa” y es solo desde ella que podemos construirnos auténticamente como personas, así como construir sociedades auténticamente justas, orgánicas y de sanas jerarquías. Todo ello en una concepción del Mundo en la que el universo y la naturaleza que nos rodean y de los que hacemos parte, ya no serán más un escenario espiritualmente vacío e inerte sobre el que operan fuerzas ciegas y sin significado. Sino un mundo auténticamente vivo, dotado de alma y de sentido en el que en cada tras cada detalle: del brillo de las estrellas al correr de un arroyo, de las raíces de un árbol al aullido de un lobo, de la sangre de los ancestros a los parajes de nuestra tierra, se puede intuir el “Reino del Espíritu” y el Alma del Mundo…

El potencial que atesoramos dentro es inmenso… en solo nuestra propia estupidez y ofuscación lo que nos limita.

Ser uno mismo y vivir de verdad. Estar conectados con nosotros mismos y con la realidad. Estar presentes en nuestra propia vida y aunque tengamos que levantarnos mil veces no ceder a la propia estupidez, desvarío o bajeza. Luchar por vivir Lúcidos, Despiertos, Fuertes y Libres… ninguna otra vida merece la pena. Ningún otro propósito será más gratificante. Ninguna otra batalla será más gloriosa

 

Jefatura, aristocracias guerreras y bandas armadas

en Cultura Celta por
Guerrero cántabro, fase celtibérica. Siglos II y I a. C. (Según Peralta Labrador 2000: 167)

La Tradición Guerrera de la Hispania Céltica.

Nuestra tesis doctoral pretendió conocer el alma misma de la Hispania céltica a través de su tradición guerrera. Tanto a nivel de organización sociopolítica y económica, como a nivel de principios, valores y creencias. La tesis doctoral la hemos adaptado al ámbito de editorial para poder publicarla y de dicha adaptación extraemos este fragmento que aquí os presentamos.

En el mismo plateamos la organización sociopolítica de la Hispania céltica haciendo hincapié en su carácter de “sociedad de jefaturas”. De jefaturas y caudillajes guerreros que ejercen de vector ideológico, redistributivo y vertebrador, en sociedades jerárquicas y aristocráticas. La formación alrededor de estas jefaturas, de grupos clientelares, armados y de cultura guerrera, como vamos a tratar de mostrar, constituirá el nervio mismo de las sociedades hispano célticas.

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 Jefatura, aristocracias guerreras y bandas armadas.

Hemos aproximado en el primer capítulo de este estudio el perfil étnico y el perfil socioeconómico de los pueblos prerromanos del área celta o celtizada. En el ámbito de lo socioeconómico el escenario resultante es a grandes líneas el de una economía fundamentalmente ganadera, en una sociedad gentilicia fuertemente jerarquizada, y con una preponderancia cultural de todo lo que tiene que ver con la defensa, el control y la competencia por pastos, fuentes, vías pecuarias, cabezas de ganado, zonas de influencia… Una sociedad así belicosa y armada, de marcado carácter guerrero, en la que ocupando la cúspide de esta jerarquía encontraríamos a las élites ecuestres (Almagro-Gorbea 2005a, Lorrio 2005, Sánchez Moreno 2005 ó Quesada Sanz 2010).

Tenemos así que al frente de estas sociedades de la Hispania céltica que queremos estudiar, se encuentra una élite de guerreros a caballo que centralizarán el poder y generarán en torno suyo, toda una serie de instituciones destinadas a articular dichas élites ecuestres y dar cohesión a la “clase” guerrera. En ésta y como tendremos oportunidad de ver, al poder político se unirá una fuerte carga espiritual y religiosa que podremos estudiar más adelante, cuando hablemos de la ética heroica y las creencias en torno a ésta.

En todo caso respecto a estas élites guerreras debemos entender que su mera existencia, nos sugiere una realidad social en la que difícilmente se podrá hablar de sociedad igualitaria, y sí parecerán presentes de forma necesaria los conceptos de jerarquía y aristocracia. Es decir, resulta difícilmente imaginable desde nuestra perspectiva, una sociedad de la Edad del Hierro vertebrada en torno a la primacía del concepto de igualdad. Ahora bien, deberemos entender que la expresión de la desigualdad en estas sociedades no tendrá porque implicar necesariamente la acumulación de bienes o de grandes riquezas. No conocemos así los palacios de las aristocracias guerreras del mundo castreño de los lusitanos y galaicos, como tampoco conocemos las residencias de Dumnorix o Diviciaco en la relativamente bien excavada Bribacte, capital de los eduos, ya en la Galia. No conocemos grandes palacios en la arqueología de la Edad Oscura griega, pero los héroes de las epopeyas homéricas son todos reyes de sus lugares de procedencia. Debemos entender así que hay formas de diferenciación social que no pasan necesariamente por la acumulación de bienes inmuebles, sino por el acceso por un lado a bienes muebles-principalmente joyas y ganado-así como por otro, a la adquisición de reconocimiento y prestigio. A niveles de autoridad y mando a los que irán acompañadas funciones redistributivas. Entendiendo que en las sociedades célticas y de raíz indoeuropea, el acceso al poder y el prestigio se producirá a través de la demostración de la valía y el carisma personal, conforme a un ideal heroico y guerrero, conforme a un ideal de Areté (Torres Martínez 2005: 253 y 344 y Sánchez Moreno 2002).

Es el modelo de las que denominaremos “sociedades de jefaturas”. En las que el jefe es quien controla los bienes obtenidos mediante tributo o mediante botín de guerra, quien reparte después esos bienes entre sus hombres consolidando o incrementando la lealtad y el número de éstos, y quien de forma correlativa acumula un poder que implica prestigio social. Estos jefes para alcanzar su posición y mantenerla deberán ser merecedores de un reconocimiento, de una valía personal que estará cifrada principalmente en valores propios de sociedades guerreras: nobleza, valor, generosidad… debiendo al tiempo ser capaces de acrecentar la riqueza de sus seguidores con sistemáticas campañas guerreras o razzias. Siendo aquí donde hacen su aparición esas “bandas guerreras”, “bandas de saqueadores”, que tan insistentemente nos refieren las fuentes clásicas con respecto a la Hispania prerromana (Sánchez Moreno 2002 y 2005, y Salinas de Frías 2008).

Con la llegada de la romanización estas dinámicas guerreras, por definición inestables, encontrarán un árbitro de sus disputas. Pues será ahora Roma la que ejercerá de juez y parte desde su propia administración velando y actuando para que los procesos sociopolíticos indígenas, incluidas esas jefaturas y bandas guerreras, encuentren una solución favorable a los intereses de Roma. Estamos hablando del traslado de los asentamientos del monte al llano, de la fijación de unos impuestos y de quien los paga, pero sobre todo y en lo que más nos interesa, del reclutamiento de tropas auxiliares al servicio de Roma (Abascal 2009c y 2009b). Del establecimiento de “clientelas armadas” al servicio de los “jefes” y administradores romanos, así como de la vinculación personal de las élites guerreras indígenas a los mismos.

Dentro de estas élites ecuestres y guerreras, encontraremos como vehículos de su articulación interna tres instituciones fundamentales: El Hospitum, la Clientela y la Devotio. Mediante las dos últimas los “jefes guerreros” constituirán sus bandas armadas, sus “clientelas”, para las que parecerán ser no solo un vector fundamental de redistribución de riquezas, sino también líderes carismáticos y ejemplarizantes: el caso de Viriato sería aquí especialmente representativo (Pastor Muñoz 2001 y 2003, Salinas de Frías 2008 y Sánchez Moreno 2002) (fig. 3-1).

Figura 3-1: Representación idealizada de un jefe celta según grabado de Guizot de 1870. (Reproducido de Ruiz Zapatero 1993: 29).
Figura 3-1: Representación idealizada de un jefe celta según grabado de Guizot de 1870. (Reproducido de Ruiz Zapatero 1993: 29).

Es aquí donde las élites guerreras entrarán definitivamente en la nueva situación. El concepto mismo de “guerra” a partir de ese momento rebasará los límites de su mundo cultural, y los bienes y riquezas circularán ahora por unos canales vinculados también a la actividad guerrera, pero con destino final en Roma (González García 2007: 374-375). En la “jefatura superior” que es Roma y que terminará por personalizarse y sacralizarse con la llegada de Augusto y la Roma Imperial.

Por su parte los pactos de hospitium permitirán crear una comunidad de colaboración y alianza entre distintas familias, “clanes”, ciudades o populi. La necesidad de protección y defensa mutua, así como de seguridad en los desplazamientos, especialmente los de los pastores y sus rebaños, fundamentará estos pactos. El hospitium, pacto así de amistad y colaboración, se formalizará a través de las famosas téseras de hospitalidad y en cierta medida, se podrá decir que supondrá el establecimiento de alianzas basadas en la igualdad entre las partes (Peralta Labrador 2000: 142).

Esta igualdad entre partes no aparecerá en las antes mencionadas clientela y devotio, pues principalmente mediante la clientela, un individuo o una comunidad, se ponen bajo la protección de otro individuo o comunidad más poderosa. Los “jefes guerreros” aumentarán así su poder reuniendo alrededor suyo a la mayor cantidad de “clientes”, y estos reciben en contraprestación sustento y protección (Peralta Labrador 2000: 147 y 151). Esta filiación clientelar no es algo hereditario, si no personal y libre, pudiendo hacerse cada cual cliente de quien más la convenga y fundamentándose dicha adhesión en un altísimo concepto de la fidelidad-de la Fides-la cual habrá de ser recíproca entre el “jefe” y sus seguidores. Esta fidelidad o lealtad adquiere aquí un sentido espiritual. Entendiéndose como un compromiso y valor de la palabra dada en el que se va cifrar la valía personal y el propio respeto hacia uno mismo. La Fides como veremos, hará parte fundamental del mundo ideológico hispano celta.

El carácter guerrero de las sociedades hispano célticas favorecerá el desarrollo de esta institución y ayudará a fortalecer el culto los jefes, el desarrollo de los “caudillajes”. Dando también salida a los sectores más desfavorecidos de la sociedad que encontrarán en dichas “mesnadas guerreras”, un modo de vida. (Peralta Labrador 2000: 147).

Las clientelas podrán ser individuales o colectivas, afectando a individuos concretos pero también a ciudades, e incluso pueblos enteros. Siendo esto quizás lo que encontraremos entre los celtíberos y su federación de arévacos y belos, Numancia y Segeda, así como en la propia fuerza expansiva del mundo celtibérico (Peralta Labrador 2000: 151 y Burillo 1998 y 2006).

Por otra parte la devotio será un tipo extremo de clientela, una Fides en la que el compromiso es total y llega incluso a la entrega de la propia vida. Existiendo así unas “clientelas normales”, la mesnada de los jefes guerreros; y los “devoti”, la guardia personal de esos mismos señores de la guerra. Guardia personal que se hará matar antes que abandonar a su señor, y que se quitará la vida por su propia mano en el caso de que su señor muera en combate antes que ellos mismos (Peralta Labrador 2000: 153-159). Obviamente en el caso de los “devoti”, de los “consagrados”, ese jefe al que consagran sus vidas será algo más que un mero jefe guerrero, y de mano del propio rito y juramento de la devotio se convierte en el vehículo y canal de una vivencia espiritual (Peralta Labrador 2000: 159-162). Vivencia que basada en esa Fides propia de los sistemas de jefaturas, exacerbará una ética agonística y heroica que como veremos, será característica de la tradición guerrera hispano céltica. Generándose entonces a nuestro parecer, un marco en el que “la lealtad sin fisuras y hasta la muerte”, se convertirá en escenario de trascendencia personal. Es decir, en un escenario en el que esa entrega de la propia vida, supone una ruptura de nivel con respecto a una existencia puramente mundana, y una apertura del alma a un nivel espiritual superior. A un nivel de merecimiento y adquisición del derecho a una Vida más allá de la mera vida terrenal. El derecho a lo que llamaremos “Inmortalidad”. Pudiendo funcionar entonces la devotio como una experiencia profundamente espiritual, como una experiencia y conocimiento “trasfigurante” en función de la propia muerte.

La devotio supone así la formación en torno a los jefes militares de un círculo de fieles seguidores comprometidos en su seguridad personal hasta la muerte. Esto círculos funcionarán como “cofradías guerreras” y poseen correlatos en el ámbito mítico con un Rómulo que es el jefe latino de los Lupercos, Odín que es el “mentor” de los Berserk de la tradición escandinava, o Varuna que en la India es jefe de los Ghandarva. De la devotio podremos decir que es una institución conocida a través de las fuentes clásicas entre latinos, germanos, celtas e hispanos (González García 2007: 424). Lo que no son sino algunos de los pueblos principales de la tradición indoeuropea en Occidente.

La devotio será así esencialmente, una forma de clientela que llevará la ligazón entre el jefe y sus hombres hasta la muerte. La relación personal libremente asumida propia de la clientela, se transforma aquí en una entrega total la cual por otra parte, solo podrá tener sentido entonces desde una dimensión espiritual que inherente al propio rito de la devotio, avala y justifica dicha adhesión hasta la muerte. La devotio conllevará en este sentido una verdadera sublimación religiosa de la fidelidad al jefe (Peralta Labrador 2000: 159). La Fides parecerá convertirse de este modo, en una vía para la Trascendencia, en un camino para la superación de la propia muerte, de la propia condición mortal.

Obviamente la existencia de la devotio estará necesariamente asociada a las sociedades de jefaturas, y de alguna manera sería la institución que coronaría ese mismo sistema. Sistema vertebrado a través del concepto de Fides y en el que a partir de un determinado punto, dicha lealtad, se situará más allá del mero interés económico que pudiera derivarse de la simple clientela. Respondiendo entonces a un rico trasfondo espiritual que hace de la devotio, una pista fundamental para comprender el sistema de creencias del mundo hispano céltico.

En la Celtiberia el caso de Retogenes y su sequito será el más sintomático de la devotio, si bien podrá ser rastreado en otros muchos casos de la Historia de la Hispania prerromana: Indibil, Viriato o el propio Sertorio (Peralta Labrador 2000: 154-156). Tenemos así y en cualquier caso que las instituciones de la clientela y la devotio, serán fundamentales para comprender el funcionamiento y formación de bandas armadas unidas hasta la muerte a sus jefes, y entregadas a campañas cíclicas de razzia y saqueo. Del mismo modo unido a esa dimensión espiritual inherente a la devotio, podremos encontrar rituales asociados a divinidades guerreras y de tránsito al Más allá, garantes del pacto de fidelidad extrema de los “devoti”, así como dispensadores de lo que llamaremos el “Furor”. Esto es, la magia guerrera que aterroriza y paraliza al enemigo, otorgando al “iniciado” una ferocidad, empuje y arrojo sobrehumanos. Ferocidad y arrojo propios de una clase especial de guerreros. Los guerreros “consagrados”, verdadera élite de las bandas armadas (Peralta Labrador 2000: 153- 162 y 164-166).

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