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LA GRACIA SUFICIENTE Y LA VÍA DEL HÉROE PARA LA FORJA

LA GRACIA SUFICIENTE Y LA VIA DEL HÉROE

en España/Espiritualidad por

«No habrá un Dios que combata por aquellos que no estén en armas”

La editorial Eas publicó el breve e interesantísimo ensayo del tradicionalista Eduard Alcántara sobre la cuestión del fatalismo en la cosmovisión de la espiritualidad activa; tal como ésta queda formulada en la obra del maestro Julius Evola. El resultado es una obra tan concisa como clara en la que los andamiajes fundamentales de la Tradición Perenne, en su sentido más elevado, quedan subrayados y explicados. Tuvimos la suerte y el honor de prologar la obra y ahora recogemos dicho prólogo desde nuestro blog para compartirlo también desde nuestras redes.

“No existirá una condición externa en la cual no se pueda sin embargo estar activos”

En términos propios de la tradición española y haciéndonos eco de lo más elevado del pensamiento filosófico y teológico español del Siglo de Oro, diríamos que en lo que Alcántara ha recogido al tratar la cuestión de Evola y el fatalismo, se estaría señalando la problemática de lo que los escolásticos españoles llamaron el principio de “Gracia suficiente”…

La realidad de las posibilidades humanas para la “salvación” más allá de todo condicionamiento externo o interno; del  Mundo y el tiempo en el que se viva y de las propias miserias y debilidades del alma. El Hombre más allá de todo ello, más allá de todo designio de apariencia fatal, podría siempre y conforme a dicha “gracia suficiente y eficiente” y si sigue la ardua vía correspondiente, “salvarse”. Dicho esto conforme a la terminología propia del catolicismo si bien como veremos, no será la única que pueda señalarnos en esta dirección.

En cualquier caso debemos subrayar que lo se entra a considerar aquí, no es una cuestión menor, por erudita o extemporánea que pueda resultar a quien sea lego en temas de Espíritu y tradición sapiencial; pues en ella se cifra ciertamente el argumento mismo de la vida humana. Siendo entonces que a partir de ahí será posible saber del sentido o “sin sentido” de una época. También comprender el proceso histórico del nihilismo y el antídoto para éste…

En este sentido y conforme a la Tradición, entendida ésta en su sentido más perenne y supra histórico, el dilema y prueba del Hombre en el Mundo, ha sido siempre el mismo: Libertad o alienación… Esto es, la posibilidad de conforme a la presencia en el alma humana de la chispa misma del Espíritu y de la posibilidad de actualizar ésta y hacerla “Luz de lo Alto” en nosotros, llegar a conquistarnos, ser gobernantes de nosotros mismos y abrirnos las puertas a la Trascendencia. En frente y por el contrario, la negación de dicha chispa o de la posibilidad de su actualización, y la consideración del Hombre como un ser fatalmente condicionado y alienado  que nada puede frente a un horizonte de Trascendencia y conquista espiritual de su alma. Hombre al que entonces  sólo quedará o la “sumisión a la palabra revelada”, o la vida de espaldas a la Trascendencia y entregada a la materia.

La idea que se plantea así es que el compuesto humano no sólo poseerá una dimensión psicofísica, sino que además poseerá una dimensión espiritual. Tendrá entonces cuerpo (physis) y alma (psyché), pero también Espíritu (nous). Siendo dicho Espíritu la parte más central y elevada del sujeto, el Atman del Sanatana Dharma, también el “Intelecto Superior” o “Logos Divino” del platonismo. Este Espíritu no será sino la presencia misma de la “Luz de lo Alto” dentro nosotros.

Ahora, estando dicha “chispa divina” en el centro mismo de nuestra alma, se encontrará sin embargo en estado latencia, como disminuida o lesionada por la “encarnación”. Como una potencia dormida a la espera de despertar y actualizarse. Siendo entonces que el argumento de la vida no será otro que dicha actualización.

De dicha actualización o despertar del Espíritu en el alma, dependerá nuestra verdadera libertad, nuestra moksha o “Liberación”. Pues ésta nos llevará interiormente más allá de los condicionamientos de nuestro soporte psicofísico, y abundará en una conquista interior y gobierno de sí, en el que la mirada lúcida y despierta, el alma serena e imperturbable, y el ánimo libre y descondicionado,   nos hará autarcas a los que nada ni nadie de este Mundo podrá alienar.

En términos propios del esoterismo, hablaríamos de la “espiritualización de la materia”, horizonte por excelencia del Hombre de la Tradición. Horizonte que supone una labor de acción interior que tendrá su correlato en la acción exterior, en el propio Mundo, en el ámbito de la “materialización de Espíritu”. Esto es, el Solve et Coagula del Hermetismo. Ambos movimientos, hacia dentro y hacia fuera, bajo el signo de los conceptos tradicionales de la Iniciación y el Imperio. La Iniciación como la acción interior para la realización del Espíritu en nuestra alma. El Imperio como la acción exterior para la realización del Espíritu en el Mundo.

Todo ello a lo largo de un proceso milenario que constituye la historia misma del Hombre y en la que ningún alejamiento, negación u olvido del Espíritu, deja éste inhabilitado. Pues la “vía del Héroe” para la restitución del Hombre nunca queda cerrada. Tampoco la de la “restauración” del Regnum, la de la Recuperatio Imperii.

Y decimos vía del Héroe porque es una vía activa, de acción interior y exterior, no pasiva o mística. Es una vía de lucha, de batalla espiritual por la conquista de sí y el “Retorno del Rey”. Lucha que requiere de nosotros tanto las virtudes el sabio, como las virtudes del guerrero. Una “vía del Héroe” porque “no existirá una condición externa en la cual no se pueda sin embargo estar activos”, “ni habrá un Dios que combata por aquellos que no estén en armas”.

La vía está así siempre abierta a pesar “de la entrada” en el espacio/tiempo y el olvido que del Espíritu esto supone; y es mediante la acción interior y exterior, “la Iniciación y el Imperio”, que dicha vía puede recorrerse, no quedando supeditados fatalmente a ningún resultado pre establecido. No estamos abocados a nada. Ni para bien, ni para mal. No llegará “la parusía” por sí misma si previamente no la traemos nosotros (“no habrá un Dios que combata por aquellos que no estén en armas”), ni estamos irremediablemente alienados frente al despliegue de un horizonte puramente material (“no existirá una condición externa en la cual no se pueda sin embargo estar activos”).

***

Todo esto que venimos comentando, no es ni mucho menos el ejercicio ocioso de un pensar metafísico. Es por el contrario la clave de bóveda de un sentido superior y verdadero de vida y de civilización, y siendo así, es lo más revolucionario que puede plantearse para los tiempos que estamos viviendo.

Volvamos entonces la mirada a ese Siglo de oro que mencionábamos al comenzar este breve texto. Tomemos el Imperio Español no como punto de llegada de nuestra búsqueda, sino como punto de partida. Y reparemos entonces en lo que ocurrió y a lo que se enfrentó…

En la sala de batallas del Escorial, a un lado España luchando contra la teocracia islámica, y al otro luchando contra la Europa de la subversión y la herejía protestante:

El Islam, que niega “gracia suficiente” en el alma humana como para que ésta pueda por sí misma llegar a Dios, y que aboca así al Hombre a la “sumisión” al “Libro Revelado”. Sumisión que obviamente será la puerta hacia el integrismo y los “fanáticos de Dios”: “¡sólo el Corán!”, todo lo demás es blasfemia…

Y los protestantes, cuyo fruto maduro será finalmente y por la vía de la misma negación, el abocar el Hombre al cultivo de la riqueza material como único horizonte de sentido: Ya que frente a Dios nada podemos ni saber ni merecer, pues nada de su gracia tenemos, que sea el mundo material y su riqueza el horizonte final con el que cifrar la virtud del alma. La negación de la “gracia suficiente” que conduce al integrismo y el fanatismo religioso en el mundo islámico, en Europa nos volcará de mano de los protestantes y su “salvación por la riqueza”, a la civilización más materialista y nihilista de la Historia.

Integrismo y materialismo hijos ambos así y paradójicamente, de la misma negación y nihilismo: la negación de la “Gracia suficiente y eficiente”. Gracia que por el contrario defendió la España Imperial y puso sobre el tapete de la Historia europea tanto frente a la teocracia islámica, como frente al horizonte de materialismo al que finalmente nos abocaron Lutero y Calvino. Y es que si hay “Gracia suficiente”, si el “Fuego Secreto” por disminuido o latente que esté, no puede apagarse, la “vía del Héroe” siempre está abierta. Aun en plena medianoche del Mundo… Y entonces el más alto designio de la “Raza del Espíritu” puede llevarse a cabo y ningún designio fatal, lo determina inexorablemente. No estamos abocados así ni a la sumisión religiosa, ni al mero materialismo. La “Liberación” es cosa que está en nuestra mano y no en manos de la “sumisión” a la “Revelación”, como tampoco es cosa tan alejada de nosotros que no quede sino dejarla atrás para zambullirnos en el mero desarrollo materialista de la vida humana. Ambas vías están así desnortadas y faltan a nuestra más alta posibilidad, aunque hoy día sigan sin embargo luchando por la conquista del Mundo… Ya lo hicieron cuando el Imperio Español se enfrento a ambas. Y aún cuando en la paz de Vestfalia aquel Imperio fue derrotado, su lección quedó sin embargo para ser recogida como testigo hispánico de la “Tradición Eterna”. Para algún día ser reencontrada, aprendida y puesta en valor por sus herederos, como punto de partida para un renovado Despertar.

Siendo así bien está que un libro como éste sirva para inspirar entonces una verdadera alternativa, y frente a todo fatalismo, la  “Gracia suficiente” y la “vía del Héroe”, sean puestas en el frontispicio de nuestra Revolución…

 

La escena que allí se recoge es realidad la batalla de san Quintín, contra la Francia subversiva que desde tiempos de las Guerras Italianas y después con Francisco I, no tiene reparo de favorecer incluso a los turcos, con tal de afirmar su deriva “nacionalista”. La ruptura así del ecúmene de la cristiandad medieval y el ideal de Imperio, a través tanto de la subversión protestante, como del ascenso de las naciones. Subversión protestante y nacional que irán de la mano en lo que después será la guerra de los 80 años en Flandes, el apoyo de la Inglaterra anglicana a los protestantismos continentales, y la guerra de los 30 años en Alemania.

La paz de Vestfalia  con la que se podrá fin a este largo proceso de “guerras civiles” europeas por la preponderancia católica o protestante (que será también por la preponderancia del Imperio o la nación), dará la victoria al bando de la subversión. Siendo entonces que el ideal de unidad religiosa y política quedará derrotado. La Christianitas que continuó el ideal de Imperium de la Romanitas y que tuvo en la Hispanitas uno de sus máximos valedores, perdía la guerra; Europa se encaminaba definitivamente hacia la Modernidad contemporanea.

Este proceso en el que España se agotó luchando denodadamente contra las fuerzas de la subversión, tuvo sus inicios tanto en las 95 tesis de Lutero, como en la Francia de las Guerras Italianas.

Gonzalo Rodríguez Gonzalo Rodríguez García es doctor en Historia por la Universidad de Castilla-la Mancha. Su tesis doctoral trató sobre la antigua Hispania céltica y su cultura guerrera. Formado en filosofía e historia sigue la línea doctrinal de la Sophia Perennis y la Escuela Tradicionalista.

2 Comments

  1. Ufff… es un poco denso, este tema.
    Si lo pusieran para análisis de texto en selectividad se los crujían a todos, jejeje

    Voy a leerlo otra vez, que a mí también me crujían.

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