Saber quienes somos, conocer nuestra Historia, entender nuestra época…

reconstruir un país, para regenerar una nación

REGENERARSE O MORIR

en España por

“Para reconstruir un país, para regenerar una nación, hay que hacerlo también desde el orgullo de la propia historia o es imposible crecer otra vez. Imposible. Y esto no es ni de izquierdas ni de derechas, es de sentido común. Es de la verdad de las cosas. Lo contrario será ahondar cada vez más en la polarización, el recelo, la crispación y la auto destrucción”…

Encaramos una nueva década que será decisiva. España como sociedad tiene enfrente suyo el desafio improrrogable de repensarse a sí misma y decidir de una vez por todas si quiere darse por finiquitada y resetear su historia, o si por el contrario está determinada a sobrevivir. Bien claro está sobre la mesa cómo una parte menor pero no marginal de los españoles, no tiene problema en enarbolar la bandera del finis hispaniae. En frente a penas parece vislumbrarse una argumentación realmente sólida que ofrezca una respuesta. Y sin embargo, de esa repuesta y su solidez, depende en gran medida esa regeneración sin la cual la supervivencia se muestra harto problemática. Hacerse cargo de esta situación y afrontarla será así tarea inexcusable de los españoles de nuestro tiempo. Ponerse de perfil y dejar pasar el embite; un triste legado para las generaciones futuras… 

*

España necesita de manera perentoria reencontrarse con su propia Historia.  Narrarse a sí misma su propio recorrido histórico a lo largo de los siglos y darse cuenta de su realidad, identidad y mérito. España que no puede seguir siendo negada, relativizada o estigmatizada por los propios españoles. Para reconstruir un país, para regenerar una nación, hay que hacerlo también desde el orgullo de la propia historia o es imposible crecer otra vez. Imposible. Y esto no es ni de izquierdas ni de derechas, es de sentido común. Es de la verdad de las cosas. Lo contrario será ahondar cada vez más en la polarización, el recelo, la crispación y la auto destrucción…

Y es que en por distintas vías se ha erigido un discurso de abierta hostilidad a la propia idea de España, ya sea para negar su existencia histórica, ya sea para relativizar sus logros, episodios históricos reseñables e identidad, ya sea directamente para condenarla como nación fallida y tiránica que debe ser dejada atrás.

Y sin embargo no es así… No es cuestión de derechas o izquierdas, de políticas sociales o liberales, de los de arriba o de los de abajo, es cuestión de verdad o falsedad…Y es que resulta que es falso que España no tenga sustancialidad histórica, es falso que la suya no sea sino la historia de una oligarquía tiránica que desde antaño se sobrepone de modo déspota sobre unos “pueblos” adánicos llamados a la emancipación. Es falso que su larga singladura histórica pueda ser relativizada y desmontada para mostrarse entonces vana y sin enjundia. Es falso.

Nada de eso es verdad…

Toda esa ideología que ve a Cataluña o las Vascongadas como una realidad accesoria al resto de España, y a ésta como una suerte de nacionalismo castellano desbordado, déspota y oligárquico, cuya naturaleza de fondo es siempre lo tiránico y reaccionario, no deja de ser una reformulación decimonónica de la Leyenda Negra de los siglos XVI y XVII. Leyenda Negra que desde la segunda mitad del siglo XIX entrará en maridaje con la recién nacida ideología nacionalista, también con la subsiguiente subjetividad y emotividad del romanticismo, a lo que se sumará el fin del Imperio Hispánico, dando lugar todo ello a la aparición en diferentes regiones españolas, de la pulsión secesionista.

Pero esa pulsión, así como la subsiguiente endofobia, vestida  de exarcebación de las historias regionales y olvido o desprecio de la virtud de la unidad diversa y la diversidad unida, será una pulsión que no puede ser sostenida más que desde la ideología. Pues desde la historia, la antropología o la etnología, dicha pulsión no se sostiene. Podemos entender así cómo surge, pero no por ello dejar de señalar que no tiene fundamento suficiente.

Y es que desde la objetividad y ponderando las cosas con ecuanimidad, el horizonte y sentido que plantea el secesionismo, independientemente de su predicamento o poder de sugestión, resulta que no está enraizado en la verdad de las cosas; es decir, no tiene refrendo ni sustento en la realidad histórico política y antropológica de Cataluña o Vascongadas. Ni tampoco en la realidad histórico política y antropológica del resto de España…

España no es lo que dices los separatistas qué es. Tampoco lo es Cataluña, Vascongadas o Galicia. La narrativa secesionista simplemente no es cierta. España no es una tiranía secular perpetuada a lo largo de los siglos por una oligarquía castellano-céntrica de vocación laminadora de toda diferencia regional y portadora de una vis oscurantista que desde siempre ha lastrado el progreso de los “pueblos de Iberia”… Simplemente esta “caricatura”, que no creo que llegue ni a eso, es falsa… No es verdad. Y que una cosa sea verdad o no, no es cuestión menor…

Del mismo modo, que sectores relevantes de la izquierda hayan comprado este imaginario anti español, enarbolando tanto la narrativa negrolegendaria sobre el Imperio Hispánico, como las necedades, ridiculeces y estragos del españolismo franquista para justificarse, nos muestra cuan hondo es el problema. Pues la negación o relativización del valor  y virtud de España no nos llegará sólo desde un regionalismo degenerado en subversivo nacionalismo separatista, sino que también, nos llegará desde una izquierda que aún entrando en contradicción consigo misma, no tiene  reparo en revindicar el derecho de auto determinación. Y decimos contradicción consigo misma porque dicho derecho de auto determinación, supondrá abrir la puerta tanto a la ruptura de la unidad de reparto y distribución de la riqueza, como a la ruptura de la unidad de decisión, y dichas rupturas, por su propia articulación en torno al privilegio y la desigualdad, son contrarias a los principios de la izquierda.

Ahora, que dicho esto, la derecha neoliberal y tecnócrata, de conservadurismo fatuo y meramente burgués, de “marca España”, de economicismo desacomplejado donde las humanidades son una extravagancia para bohemios y diletantes y el patriotismo, una cosa puramente formal que poco sabe de la identidad y la justicia social, esa derecha, también es parte del problema… Y no podemos afrontar el desafio de la regeneración de España sin dejar atrás también las mediocridad espiritual de dicha derecha. Pues desde su paramentos de hecho, sólo se conseguirá seguir ahondando en el problema…

España fue un Regnum, en tiempos de los Godos, unos de los primeros de Europa, un Regnum Hispaniae que a modo de idea fuerza justificará y alentará a todos los reinos cristianos de España tras la invasión musulmana. De León a Navarra, de Portugal a los condes catalanes y Aragón. Y así se señala en la Historia General de España de Alfonso X el Sabio. Y así se señala en el Cantar de mío Cid, cuando se dice que los reyes de España descienden del héroe castellano porque sus hijas se casaron con reyes de Navarra y de Aragón. Y lo dice en lengua catalana Jaime I, cuando conquista Valencia y en su Libro de los Hechos,  afirma que la ciudad ha sido conquistada “para mayor honra de Dios y de España”.  Y así lo dice la cultura popular de la baja Edad Media, cuando en el romancero a la invasión islámica se la llama “la pérdida de España”. Y asi lo dice el propio Fernando el Católico, cuando tras conquistar Granada dice que por fin “se ha restaurado el reino pérdido de Toledo”. El antiguo Regnum Hispaniae de los Godos.

Y claro está que la organziación territorial y administrativa en el Medioevo y con los Austrias, fue mayormente confederal y descentralizada, como lo era por otra parte en casi toda Europa. Pues ese modelo confederal descentralizado es el modelo de raíces feudo vasallático propio de la Edad Media, no exclusivo de España. Y claro está que en la transición a la Modernidad y la reorganización centralista de la administración hubo guerra civil y enfrentamiento ideológico y territorial, pero en toda España, no sólo en Cataluña y Vascongadas; pero en toda Europa, no sólo en solar hispánico. Esa “guerra” es propia de todo el proceso europeo de desmantelamiento de las estructuras tradicionales de administración territorial para ser sustituidas por el modelo de la Modernidad. No es así cosa exclusiva y característica de España. No se puede justificar la vocación de secesión a partir de ahí y hablar alegremente de plurinacionalidad sin faltar a la comprensión de la Historia de Europa, los pueblos de España y sus procesos. Y es que una nación cultural no es una nación histórica y menos aún una nación raíz. Y España es la nación raíz y la nación histórica de todas sus naciones culturales, regiones y pueblos.

El secesionismo hace así sentimentalización romántica, análisis de parte, tergiversación y victimización, pero no habla de la verdad de la cosas. Habla de su ideología y a ésta la proyecta sobre la Historia, sobre España o sobre Cataluña, pero no se enraiza en la realidad más allá de la parte que le interesa. Es de este modo un problema ideológico, no histórico o antropológico. Un problema en el que el olvido de la propia historia y cultura común resultará en ocasiones entre lazarente y ridículo…

Cervantes ensalza las raíces de España en su “profecía del Duero” del Cerco de Numancia, y mismo patriotismo identitario destila Lope de Vega en La Dragontea, El asalto a Mastrich o Los españoles en Flandes, y lo mismo hará Calderón de la Barca en El sitio de Breda y por supuesto Quevedo en la España defendida. ¿Son todos ellos reaccionarios? ¿Al baul del olvido con sus obras por justificar a la nación tiránica, por justificar a la nación que no deberia existir?…

Lo hemos dicho al comenzar, Para reconstruir un país, para regenerar una nación, hay que hacerlo también desde el orgullo de la propia historia o es imposible crecer otra vez. Siendo así, ojalá que las futuras generaciones de españoles no sufran esa vivencia confusa, acomplejada, rabiosa y a veces inane de la propia españolidad que tanto podemos encontrar a día de hoy. Pues sólo quien se conoce a sí mismo puede afrontar los “desafíos del camino” y cumplir con su destino y eso, en gran medida, es el argumento de la Vida; y eso en gran medida en España, pasa por reencontrarnos con nuestra propia historia e identidad…

reconstruir un país, para regenerar una nación

Gonzalo Rodríguez Gonzalo Rodríguez García es doctor en Historia por la Universidad de Castilla-la Mancha. Su tesis doctoral trató sobre la antigua Hispania céltica y su cultura guerrera. Formado en filosofía e historia sigue la línea doctrinal de la Sophia Perennis y la Escuela Tradicionalista.

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