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HAY QUE LUCHAR POR EL RETORNO DEL REY

en Blog/Espiritualidad por
EL RETORNO DEL REY

“El señor de los Anillos” y en general toda la obra de Tolkien, es una fuente de enseñanzas espirituales que a través del leguaje tradicional del mito y la leyenda, no deja de trasladarnos una vía y camino para afrontar la vida y entender el Mundo y nuestro tiempo. Así lo hemos planteado anteriormente al hablar de Gandalf o del papel del hobbits, y así lo planteamos de nuevo al acercarnos al mitema del “Retorno del Rey”; auténtico argumento de fondo de la Guerra del Anillo. Los paralelismos que a partir de aquí puedan trasladarse a nuestra época  no dejarán de ser tan sugestivos como reveladores…

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A lo largo de toda la epopeya del señor de los Anillos, está presente como trama de fondo el arquetipo de la “restauración del reino perdido”…

En Gondor gobiernan senescales, un gobierno provisional, aunque se haya prolongado en el tiempo, y que no es sino un interregno hasta la llegada del “Retorno del Rey”. Retorno que supone la restauración de un orden y armonía perdidos. Una renovada unión de los pueblos de la Tierra Media en un reino compuesto y diverso, pero articulado y vertebrado como un solo cuerpo. Con un rey legítimo a la cabeza a través del cual, la lealtad de los habitantes de la Tierra Media para con “los dioses” de Valinor, los convierte en paladines de los Valar tanto frente a las acechanzas de “la Sombra”, como para la realización del proyecto que para la Tierra Media pensaron los dioses.

El “Reino de Gondor” tiene así el carácter de un Regnum, no es un mero acto de voluntad y fuerza para la instauración de un poder político. Sino que es ante todo la realización a través de sus gobernantes y súbditos, de por decirlo así: “un pensamiento de Dios para el Mundo”. Un proyecto de reino que lo será no sólo como expresión de la voluntad y la fuerza humanas. Sino como expresión a través de dicha voluntad y fuerza, del pensamiento que los dioses Valar proyectaron para “Arda”. Para la Tierra Media. Aquí las páginas del Valaquenta y de la música de los Ainür, y en general del Silmarillion, serán especialmente esclarecedoras. Pues en ellas encontramos cómo Tolkien hace de la “Creación”, una visión inspirada por el dios supremo Eru Ilúvatar a  los dioses Valar. Visión que éstos deben llevar a cabo y que a su vez debe concretarse en hacer de la Tierra Media, el hogar de “los hijos de Ilúvatar”. Léase aquí Elfos, Hombres, Hobbits… Hijos de Ilúvatar que estarán llamados a su vez a la fundación de un reino que sea a su escala, la continuación y desarrollo de esa visión que Eru Ilúvatar inspiró en los Valar. El Regnum se convierte así en el proyecto y plasmación a escala humana, del proyecto mismo de la Creación.

Y sin embargo, bien sabemos que dicho proyecto se puede mal lograr…

Entre los Valar está Melkor, el dios corrompido por su propia ambición y “voluntad de poder”. El “Lucifer/Satanás” de Tolkien que mal logrará a Arda y a sus criaturas y hará de la historia de ésta, una historia de lucha secular contra las fuerzas del Mal. Fuerzas que una y otra vez sabotean la Tierra Media y que llegada la Tercera Edad y ahora con el “demonio” Sauron al frente, han terminado por provocar la pérdida del reino a su vez que amenazan desde Mordor, con avanzar sobre la Tierra Media y hacerla suya definitivamente.

Es decir, a escala de los dioses de Valinor, y a escala de los habitantes de la Tierra Media, el “pensamiento de Dios para el Mundo” (del dios supremo Eru Ilúvatar), debe llevarse a cabo al modo de una encomienda o tarea en la que nosotros mismos nos hacemos vectores activos del proyecto divino y por ende, llegamos a ser lo que estamos llamados a ser. Cumplimos tanto con nuestro destino, como con nuestra libertad. Pero cuidado… siendo así, al mismo tiempo estamos abiertos a la ignorancia, el miedo, la ofuscación, la corrupción, la debilidad… Y dicha condición de “paladines de Dios en el Mundo” es cosa entonces que no viene dada sin más, sino que es algo debemos realizar por nuestro propio esfuerzo y en lo que podemos fallar o peor aún, podemos corrompernos y envilecernos y apuntar así justo en sentido contrario al del designio divino…  Dicha corrupción y envilecimiento es precisamente lo que estará detrás de Sauron y sus huestes.

Todo esto configuraría lo que podríamos llamar el sentido espiritual o metafísica del Regnum y de su historia y discurrir en el tiempo. En la que la “pérdida del reino” sería señal y símbolo de una caída, de una lucha mal llevada, pero no todavía derrotada. Pues las fuerzas del Mal avanzan pero no llegan a imperar. Y el “rey oculto” y sus leales siguen vivos preparando y luchando “la restauración del reino perdido”. Por supuesto aquí estarán Aragorn, los Montaraces y Gandalf…

Figuras todas ellas en las que la llama del “Reino” sigue viva y el horizonte de su restauración sigue presente. Sigue teniendo sentido y sigue siendo el “argumento político” de la Tierra Media. Independientemente del olvido de algunos o de muchos, de la desunión y recelos entre sus regiones y pueblos, de la amenaza creciente del Enemigo y su sombra. El argumento como hemos dicho “político” de la Tierra Media, el “Reino de Gondor”, no ha muerto. El Regnum que como encomienda fue dado a los Hombres para su realización en el Mundo, sigue en marcha aún a pesar de su caída si sus leales no olvidan y siguen la lucha. Acumulando fuerzas y manteniendo la llama para llegado el momento, y tal como hace Aragorn en el señor de los Anillos, mostrarse y hacerse público empuñando la “espada rota” que volvió a ser forjada. Poniendo fin al ciclo del “rey sin espada/la tierra sin rey” que había discurrido durante los años del interregno, y en los que la “vida a la intemperie” de los Montaraces, les hizo valedores y merecedores de un “rey oculto” que ahora se desvelaba. Y de una espada rota que ahora volvía a ser forjada…

La lealtad en la intemperie durante los años del “reino perdido”, de la “espada rota”, del “rey oculto”, de la “tierra sin rey”; son de este modo la forja del alma para los Montaraces y para todos los que desde su lugar, sea cual fuera, ni olvidaron ni quisieron darse por vencidos. Todos ellos así herederos simbólicos de esa espada rota que cuando se forjó de nuevo y la empuño Aragorn, se la llamó “llama del Oeste”…

 “¡No tienes derecho a desesperar!” clama Gandalf contra el senescal del Gondor cuando éste pretende quitarse la vida y la de su hijo en una pira funeraria. El “reino” no es sólo una construcción humana perecedera y contingente, o una manifestación más o menos consciente de una comunidad natural o tribal. El Regnum ésta entreverado de un designio divino y hasta la consumación de los tiempos puede ser defendido, aún cuando se encuentre destronado y sin corona ni espada. Los que desesperan no entienden ni quieren entender lo que está juego, son víctimas de su propia ofuscación y debilidad y hacen el juego a Sauron y las fuerzas del Mal. Ya sea si abandonan o desesperan. Ya sea si se repliegan a sus “comarcas” y “naciones”. Pues el designio último de la guerra contra Mordor no es sólo la destrucción del Anillo Único sino el “Retorno del Rey”. Por eso en la batalla final a las puertas mismas de Mordor y capitaneando a las “pueblos libres” de la Tierra Media, va Aragorn empuñando la “llama del Oeste” (Andúril). La espada que volvió a ser forjada para a vida o muerte, en lealtad sin fisuras y hasta el final, no renunciar a los Dioses, no renunciar al Reino y aún con todo en contra… no desesperar. Siempre confiar…

Y es que la batalla final parece perdida aún cuando es afrontada con coraje y decisión por el rey retornado y sus seguidores, concentrándose todas las fuerzas de Sauron en frente suyo en apabullante superioridad numérica. Pero ya sabemos que la arrogancia del Señor Oscuro es su debilidad y perdición, y no puede ni imaginar que un humilde hobbit haya “cargado con la cruz” del Anillo Único hasta el Monte del Destino para destruirlo. Pues el “Retorno del Rey” y el fin de la Sombra incumbe también a las gentes sencillas de Hobbiton. Y eso Aragorn y Gandalf siempre lo tuvieron presente y nunca lo olvidaron. Y Sauron obviamente, nunca lo entendió…

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En definitiva, sea cual sea lo malhadado de la situación, y aunque el interregno se prolongue, el “olvido del reino” cunda entorno nuestro, y la vida montaraz a la intemperie pueda a veces hacerse solitaria, la consigna es clara:

Hay que luchar por el Retorno del Rey.

Hay que ser leales del “rey oculto”, del “rey que vendrá”. No vale ni desesperar, ni abandonar, ni olvidar, ni replegarse a la patria chica y carnal de nuestra “comarca” o “nacionalidad”. El proyecto político por excelencia para la Tierra Media es el Regnum. Por caído que esté u olvidado que se encuentre, esa es nuestra patria espiritual y terrenal. Designio divino que es a su vez encomienda para los hombres y mujeres de este Mundo, para llevarlo a cabo con esfuerzo y humildad, y en cuya lucha, más allá de la victoria o la derrota, se cifrará nuestro verdadero sentido y libertad. Cualquier otra cosa nos aliena de nosotros mismos y del sentido misional de nuestras vidas. Cualquier otra cosa seamos conscientes de ello no, no esclaviza a Sauron…

Hay que salvar a los Hobbits

en Espiritualidad por
El Hobbit, hay que salvar a los Hobbit. La forja y la Espada

El valor del relato fantástico reside en su capacidad para trasladarnos símbolos y metáforas. En su capacidad entonces para convertirse en “leyenda y mito” y a través de un lenguaje sugestivo de personajes y episodios de resonancias arquetípicas, darnos lecciones de vida.

Nosotros humildemente pensamos que eso es lo que ocurre con el universo de Tolkien. Siendo así, de todos los errores que comete Sauron en la Guerra del Anillo Único, quizás el más importante sea el de haber menospreciado a los hobbits…

Que los sencillos, pequeños e “insignificantes” hobbits, tengan un papel fundamental en la Guerra del Anillo Único, es algo que Sauron parece incapaz de imaginar.

Y sin embargo, resultará que son los hobbits, los pequeños e “insignificantes” hobbits, esos que Sauron despreció y ni si quiera contempló en sus planes de guerra, los que terminaron por ser su talón de Aquiles…

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De todos los errores que comete Sauron en la Guerra del Anillo Único, quizás el más importante es el de haber menospreciado a los hobbits…

Forja anillos para corromper y someter a hombres, elfos y enanos, pero los humildes hobbits, pareciera que le resultan tan insignificantes y simples que no hace cuenta de ellos en su estrategia general por dominar la Tierra Media. Como si pudiera ignorarlos sin más contando con que su sometimiento a la Sombra será cosa segura, y que su papel en la Guerra del Anillo será nulo.

Por el contrario, quizás el mayor acierto de Gandalf y Aragorn, es fijarse precisamente en los hobbits y contar con ellos. Especialmente Gandalf, que desde el principio se siente intrigado por la sencillez y aparente mundanidad de sus vidas, como si detrás de ellas, pudiera encontrarse una fuente de fortaleza y bondad imprescindible para los días oscuros que estaban por llegar…

Y es que podemos suponer que Sauron, en las cuentas generales que hace de su estrategia de guerra, cuenta con que quizás aún corrompiendo a Saruman, alguno de los subordinados de éste (como Gandalf), sea capaz de resistir y hacerle frente. Y del mismo modo, aún contado con alienar o desesperar a los senescales de Rohan y Gondor, posiblemente cuenta con que pueda surgir un líder capaz de aunar a los hombres en su lucha contra Sauron (obviamente aquí hablamos de Aragorn). Es decir, que “un mago y un rey” puedan estar en el tablero de juego, aún a pesar del poder de Sauron para corromper, alienar o desesperar a los habitantes de la Tierra Media, parece que hace parte de los planes del Señor Oscuro. Por decirlo así, cuenta con ello…

Ahora, que los sencillos, pequeños e insignificantes hobbits, tengan un papel fundamental en la Guerra del Anillo Único, es algo que Sauron parece incapaz de imaginar. Cabe pensar en una soberbia tan demoniaca, que frente a los humildes hobbits, solo contempla desprecio. Siendo entonces que su arrogancia, le impide ver cómo detrás de esa sencillez, se esconde esa fuente de fortaleza y bondad que sí que supo ver Gandalf, y que los convierte en pieza fundamental de la lucha contra Sauron.

Hasta tal punto es así que Sauron, desconociendo las potencialidades que podía guardar el alma de un buen hobbit, “ni se le pasa por la cabeza” la posibilidad de que haya alguien capaz de cargar con el Anillo hasta el Monte del Destino y destruirlo. Sea lo que sea lo que hagan aquellos que encuentren el Anillo Único, más tarde o más temprano éste los corromperá y sin apenas percatarse de ello, terminarán por servir al Señor Oscuro. Es así como piensa Sauron, y por eso, aún sabiendo que el Anillo Único ha sido encontrado, no protege ni guarda el acceso al Monte del Destino. Como si ese flanco en cualquier caso, estuviera cubierto…

Obviamente estaba equivocado y todos sabemos que es así. Que esa fue su perdición. Que si en lugar de despreciar a los hobbits hubiera hecho por conocerlos, se habría dado cuenta que si había alguien capaz de sobreponerse al poder corruptor del Anillo y cargar con él hasta Amon Amarth, ese alguien, sería un buen hobbit…

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El valor del relato fantástico está en su capacidad para ser símbolo, metáfora, alegoría… Para convertirse en “leyenda y mito” y entonces a través de un lenguaje sugestivo de personajes y episodios de resonancias arquetípicas, dar lecciones de vida.

Nosotros humildemente, pensamos que eso es lo que ocurre con el universo de Tolkien. Siendo así, en este artículo queremos resaltar que en “El señor de los Anillos”, los antagonistas principales de Sauron son tres. Dos de ellos figuras paradigmáticas del mundo del mito y la leyenda que de siempre, hemos podido encontrar en este tipo de relatos. Nos referimos a la figura del Sabio y a la figura del Héroe. Gandalf y Aragorn respectivamente. Ahora, el tercero, y éste sería el gran acierto de Tolkien, el tercer antagonista del Señor Oscuro, resulta que son los hobbits. Esos humildes e “insignificantes” hobbits que Sauron despreció y ni si quiera contempló en sus planes de guerra, esos que sin embargo, terminaron por ser su talón de Aquiles…

Dicho esto ¿Qué son los hobbits? ¿Qué imagen o arquetipo se nos sugiere a través de ellos?

Todos entendemos y valoramos la figura del Sabio. Todos si tenemos un alma mínimamente avivada de Espíritu, aspiramos a la sabiduría y la fuerza que deriva de ésta. Y del mismo modo, si tenemos ese alma mínimamente tradicional o avivada de Espíritu, sentimos admiración hacia el Héroe y aspiramos a emularle, tratando de hacer nuestro su valor, su integridad, su entrega y su nobleza. “El Sabio y el Héroe” son así figuras paradigmáticas del mundo tradicional y siempre están presentes en todo gran ciclo mítico o legendario, no siendo posible concebir la “la lucha contra las Tinieblas” sin ellos. Ahora ¿y los hobbits? ¿Cómo es que Tolkien hace de ellos pieza esencial de esa lucha y cómo que está depende en última instancia de ellos? ¿Qué se nos está sugiriendo a través de esto?

Aquí diremos, que a nuestro entender, los hobbits son la grandeza de alma que se esconde en las gentes sencillas. La fortaleza y bondad muchas veces irreductible, que encontramos en gentes de vida sencilla y cotidiana entreverada sin embargo, de profunda espiritualidad. Una espiritualidad natural y espontanea, que no nace de ninguna formación o catequesis, y que tiene mayormente su origen en un fuerte sentimiento de comunidad. De hacer comunidad y encuentro. De convivir y conllevar con alegría y sana compañía la existencia. Ese es el mundo del que surgen Sam y Frodo y que los hace fuertes a pesar de ser pequeños. Ese es el mundo que seduce al sabio Gandalf y que le lleva a bailar divertido en las fiestas de los hobbits. El mismo mundo que desde la soberbia, desprecia Sauron…

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La lección a partir de aquí parece clara:

Cultivemos la Sabiduría y la Vocación Heroica. Sin ellas la lucha por “El Retorno del Rey” no puede llevarse a cabo. Incluso el “Señor Oscuro” sabe que a pesar de sus acechanzas, siempre habrá un mínimo de sabiduría y heroísmo que no podrán ser corrompidos y a los que tendrá que hacer frente.

Pero Tolkien nos enseña que no basta con esto… que hay que cultivar también el espíritu de comunidad. Que hay que saber hacer comunidad y admirar la fuerza que reside en las cosas sencillas, y en las vidas llenas de afecto mutuo, de quienes se juntan y comparten esas cosas sencillas. Sin esperar nada a cambio, por puro amor al calor y alegría que surgen del encuentro auténtico con el otro. Hacer comunidad es así pieza fundamental de la lucha contra “las fuerzas del Mal”, y cultivar al hobbit que llevamos dentro, junto al ideal del sabio y el héroe, se convierte de este modo en parte imprescindible del camino de transformación interior que debemos recorrer, si queremos que Sauron no haga presa en la Tierra Media de nuestro corazón…

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El Sabio, el Héroe y los Hobbits…

E ahí toda una bitácora para este mundo loco que tenemos hoy día.

Ahora, llegado este punto no podemos evitar plantearnos, que ocurriría entonces si Sauron contará con los hobbits en su plan y estrategia general. Si no los despreciara y sospechará que detrás de su sencillez y humildad, puede esconderse una fortaleza y bondad formidables. Un auténtico antagonista capaz de propiciar su derrota.

Trataría entonces y suponemos de corromperlos. De “gollumizarlos”, de envilecerlos y hacerlos vivir enfrentados. De romper su comunidad…

Si así fuera, la historia de la Guerra del Anillo Único podría haber sido otra. Quizás hubiera faltado un Frodo y sobre todo un Sam capaz de acompañarle, y el Anillo Único no habría sido destruido. Sauron podría haber vencido.

Volviendo entonces a valor simbólico y alegórico de este tipo de relatos, cabría preguntarse si no vivimos hoy día una época en la que el “Señor Oscuro”, ha reparado en los hobbits y está moviendo sus hilos para corromperlos…

De ser así nos lleva ventaja. No una ventaja cualquiera. Una ventaja que podría llegar a ser determinante: Si consigue romper los quicios naturales que llevan al ser humano a hacer comunidad y tener en las cosas sencillas una fuente de fuerza y sensatez, su “reino de oscuridad” podría llegar a imponerse.

Es así imprescindible salvar a los Hobbits.

Y para ello hay que cultivar nuestra propia “faceta hobbit” y tratar de hacer comunidad. Y hacerlo a conciencia. Pues hoy día, pudiera ser que la manera espontanea y natural de hacer comunidad y disfrutar y compartir las cosas sencillas, hubiera sido ya intoxicada por Sauron. Siendo entonces necesario actuar a conciencia y con esfuerzo y dedicación. Con el mismo esfuerzo y dedicación con el que cultivamos la sabiduría y la vocación heroica. Con el mismo esfuerzo con el que se forja la espada del Héroe y el Sabio comprende y se hace cargo del alma y naturaleza de las cosas. Sin los hobbits, el Sabio y el Héroe no podrán por si solos derrotar al Señor Oscuro. Sin el concurso de los hobbits la Guerra del Anillo no puede ganarse. Es perentorio entonces salvar a los hobbits. Quizás el Enemigo nos lleve ya ventaja y no haya tiempo que perder. Pongámonos entonces manos a la obra y nos esperemos más. Rencontrémonos con las cosas sencillas y la fuente de fuerza, alegría y cordura que éstas atesoran. Y hagamos de nuevo comunidad en torno a ellas. Hagamos calor, amistad, afecto mutuo, lealtad y autenticidad… Levantando con tan en apariencia humilde aspiración, un bastión que sin embargo una vez construido, ningún Señor Oscuro podrá doblegar.

 

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