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Magia y Épica en la literatura medieval (III)

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Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Las “Mocedades de don Rodrigo” es un cantar de gesta de la Edad Media española en lengua castellana, un tanto tardío y desconocido, pero tremendamente interesante. Fechado a mediados del siglo XIV, en él encontramos ecos evidentes de la más ancestral tradición épica europea. Todo ello acompañado y como suele ocurrir en estos casos, de escenas cargadas de una atmosfera mágica tan fascinante como de innegable sabor pagano…

En el caso que queremos tratar en este artículo, nos encontraremos con que las antiguas prácticas de magia guerrera del mundo celta y germánico, parecerán tener eco en las aventuras de un joven Cid Campeador…

Fragmentos del cantar recogidos a partir de la edición José María Viña Liste.

*

El voto del Cid Campeador:

Un joven Rodrigo Díaz de Vivar venga las afrentas sufridas por su padre a manos del conde don Gómez, matándolo en duelo singular. En reparación por la culpa contraída tras la muerte del conde, el rey Fernando obligará al joven guerrero a contraer matrimonio con doña Jimena; hija del conde don Gómez que ha quedado huérfana y desprotegida tras la muerte de éste. En un motivo típico del más ancestral folclore europeo, el héroe aplazará la obligación impuesta mediante el voto de cumplir previamente una difícil hazaña: salir victorioso en cinco lides…

Desposorio de Rodrigo y Jimena y voto de las cinco lides:


Essas horas dijo el rey al conde don Ossorio:
–Dadme vós acá essa doncella; despossaremos este lozano.–
Aún non lo creyó don Diego, tanto estava espantado.
Salió la doncella, tráela el conde por la mano;
ella tendió los ojos et a Rodrigo comenzó de catarlo.


Dijo: –Señor, muchas mercedes, ca este es el conde que yo demando.–
Allí despossavan a doña Jimena Gómez con Rodrigo el Castellano.
Rodrigo respondió muy sañudo contra el rey castellano:
–Señor, vós me despossastes, más a mi pessar que de grado;
mas prométolo a Cristo que vos non besse la mano,
ni me vea con ella en yermo ni en poblado,
hasta que venza cinco lides en buena lid en campo.–

(versos 430-443)

*

El desafío de Aragón y la lid de Calahorra:

El conde navarro Martín González instigará al rey de Aragón para en nombre de éste, retar al rey Fernando a un duelo de campeones por la posesión de Calahorra. El propio justador navarro viajará con credenciales de Aragón y hasta Zamora, a la corte del rey, para desafiar en persona a León y Castilla por la plaza de Calahorra.

El Cid Campeador obviamente será quien se ofrezca como campeón de Castilla en este duelo en la que será a su vez, la segunda lid de su voto; tras haber previamente puesto fin a las correrías del moro Burgos de Ayllón.

El mitema de la “Lucha de Campeones”, que podemos rastrear en las leyendas europeas desde época pagana, aparecerá así en este cantar de gesta del Medievo español encarnado en la figura del héroe por excelencia de nuestra Edad Media. Todo ello en el contexto interesantísimo de las luchas intestinas entre los reinos cristianos de España, por la posesión de tierras, esferas de poder y anhelos de fama, prestigio y gloria guerrera. Contexto que será fruto de estructuras políticas deudoras del feudalismo, la cultura del vasallaje y la idealización caballeresca del oficio de las armas.

Por otra parte el Cid Campeador, aún ofreciéndose sin temor alguno al duelo contra el campeón de Aragón, pedirá aplazar el combate para poder ir en peregrinación a Santiago. Peregrinación que cómo veremos en el siguiente apartado, no estará demás para el desarrollo de los acontecimientos; pues será precisamente a la vuelta de dicha peregrinación, que sucederá el “hecho sobrenatural” que protagoniza este artículo…

La lid de Calahorra


Sópolo el conde don Martín González de Navarra; cavalgó muy privado,
et fuésse para el rey: –Señor, péssete del tu daño;
Calahorra e Tudela forzada te la ha el buen rey don Fernando;
señor, dame tus cartas et iré a desafiarlo;
yo seré tu justador, combaterlo he privado.–
Essas horas dijo el rey: –Séate otorgado.–


Las cartas dan al conde, al camino es entrado;
allegava a Zamora, al buen rey don Fernando;
entró por la corte, al buen rey bessó la mano,

Dijo: –Oítme, rey de gran poder, un poco sea escuchado;
mensagero con cartas non debe tomar mal ni recebir daño;
embíavos desafiar el rey de Aragón, a vós e a todo vuestro reinado;
vedes aquí sus cartas, yo vos traigo el mandado;
si non, datme un justador de todo vuestro reinado,
yo lidiaré por el rey de Aragón, que soy su vassallo.–

()


Rodrigo, a los tres días, a Zamora ha llegado;
vio estar al rey muy triste, ante él fue parado;
sonrisando se iba e de la boca hablando:
Rey que manda a Castilla e a León non debe ser desconfortado;
Rey, ¿quién vos fizo pessar o cómmo fue dello ossado?;
de presso o de muerto non vos saldrá de la mano.–


Essas horas dijo el rey: –Seas bien aventurado;
a Dios mucho agradesco por ver que eres aquí llegado;
a ti digo la mi cuita donde soy cuitado;
embiome desafiar el rey de Aragón e nunca lo hube buscado;
embiome dezir que le diesse a Calahorra amidos o de grado,
o que le diesse un justador de todo el mi reinado.
Querelleme en mi corte a todos los fijosdalgo;
non me respondió omne nado;
respóndele tú, Rodrigo, mi pariente e mi vasallo;
()


Essas horas dijo Rodrigo: –Señor, pláceme de grado;
a tal plazo nos dudes que pueda ser tornado,
que quiero ir en romería al padrón de Santiago
et a Santa María de Rocamador, si Dios quisiere guissarlo.–

Essas horas dijo el rey: –En treinta días avrás afarto.–

(versos 518-559)

*

El Cid Campeador y el leproso:

Con treinta días de plazo marcha el Cid de romería a Santiago y a la vuelta confirma que en escasos tres días se cumple el tiempo acordado, con lo que debe cabalgar sin dilación si no quiere que se pierdan tanto su honra como Calahorra.

De camino y en un vado encontrarán a un pobre leproso (“malato” en el texto) que pide ayuda para cruzar el río. Todos le ignoran excepto el Cid que tomando su mano, ofreciendo una capa y con la ayuda de una mula, le cruzará al otro lado.

Llegada la noche y una vez acampados en lo que quizás sean unas ruinas o un antiguo castro (“sobre unas piedras cavadas, que era el poblado) y mientras el Cid duerme, el leproso le susurrará al oído indicándole que realmente es san Lázaro, enviado por Dios para concederle un don: Un soplo como en la espalda y que le pasa al pecho (“Dióle un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado) que le provocará una “calentura” o estado febril (“que en calentura seas tornado) que una vez encendida, le permitirá enfrentar arrebatador y victorioso cualquier lucha que deba emprender (“cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano).

El Cid despertará sobresaltado pero el leproso habrá desaparecido y será imposible encontrarle. Don Rodrigo quedará impresionado y pensativo (Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado) marchando ya sin descanso rumbo a Calahorra…

Todo el episodio es fascinante y cargado de hondas resonancias en el mundo de la Tradición. El héroe antes de la prueba hace peregrinación, a la vuelta cruzando un río ayuda a un leproso al que todos previamente han ignorado, a la noche y “como en sueños”, mientras el Cid duerme, el leproso le revela que es un “enviado de Dios” y que le va a conceder un don. Una suerte de “furor”, “calor” o “ímpetu” de combate que lo hará invencible en las pruebas que te haga afrontar a partir de ese momento. El héroe despertará sobresaltado pero el leproso “como por arte de magia” habrá desaparecido…

Arquetipos e imágenes propias de todo el universo tradicional de la Europa premoderna, envueltas en las vestiduras paganizantes que tantas veces tienen las leyendas medievales europeas, aun a pesar del contexto cristiano en el que se escriben.

Y por otra parte, la descripción tan literal y física de los efectos de dicho “resuello mágico”. La referencia a la espalda y el pecho, al calor… referencias que como vamos a ver en el último apartado, nos traen el recuerdo de las antiguas magias guerreras de la Europa celto-germánica…

Romería de Rodrigo a Santiago

 

Complió su romería; por San Salvador de Oviedo fue tornado.
A la condessa doña Teresa Núñez apriessa hubo preguntado:
–Señora, ¿cuántos días ha passados que yo fue en romería a Santiago?–
Et dijo la condessa: –Oy passan veinte e seis días,
cras serán los veinte e siete días llegados.–
Cuando esto oyó Rodrigo fue mal amanzellado
e dijo: –Cavalgat, mis cavalleros, e non querades tardarlo;
vayámosnos servir al buen rey don Fernando,
que tres días ha, no más, para complirse el plazo.–

(versos 569-577)

 

Rodrigo y el leproso


A los caminos entró Rodrigo con trecientos fijosdalgo.
Al vado de Cascajar, a do Duero fue apartado
–fuerte día fazía de frío–, a la posiesta en llegando,
a la orilla del vado estava un pecador de malato
a todos pediendo piedat, que le passasen el vado.
Los cavalleros todos escopían et ívanse d’él arredrando.


Rodrigo ovo d’él duelo et tomolo por la mano
so una capa verde aguadera passolo por el vado
en un mulo andador que su padre le avía dado,
e fuésse para Grejalva, do es Cerrato llamado;
so unas piedras cavadas, que era el poblado,
so la capa verde aguadera, alvergó el Castellano al malato.


E en siendo dormiendo, a la oreja le fabló el gafo:
–¿Dormides, Rodrigo de Bivar? Tiempo has de ser acordado;
mensagero soy de Cristo, que no soy malato;
sant Lázaro soy, a ti me hubo Dios embiado,
que te dé un resollo en las espaldas, que en calentura seas tornado;
que cuando esta calentura ovieres, que te sea membrado,
cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano.–
Diol’ un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado.


Rodrigo despertó e fue muy mal espantado;
cató en derredor de sí et non pudo hallar el gafo.
Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado;
fuésse para Calahorra de día et de noche andando.

(versos 578-601)

*

El Cid Campeador y la Magia Guerrera:

El Cid llegará al duelo con el tiempo justo y el propio rey Fernando le apremiará para salir al combate, sin embargo el Cid aún lo retrasará un poco más. La “calentura” no termina de llegarle y no está listo para la lucha, pedirá entonces una sopa de vino y justo en ese momento, como de manera sobrevenida, le llegará el “calor”… Tomará entonces las riendas del caballo, el pendón del rey y el escudo y saldrá decidido a librar el combate. Cargando el uno contra el otro el Cid derribará a su oponente y en una escena tan sobria como explícita, antes de que el campeón de Aragón pueda levantarse, el Cid descenderá de su caballo y le cortará el cuello…

El resuello de san Lázaro

Cavalgar quería Rodrigo, non quería tardarlo;
non le venía la calentura que le avía dicho el malato.
Dijo al rey: –Señor, dadme una sopa en vino,
Cuando quisso tomar la sopa, la calentura ovo llegado;
en logar de tomar la sopa tomó la rienda del cavallo,
enderezó el pendón et el escudo ovo embrazado,
e fuésse para allí do estava el Navarro.


El Navarro llamó «¡Aragón!», et «¡Castilla!» el Castellano.
Ívanse dar seños golpes, los cavallos encostaron.
()

et erró el conde navarro; non lo erró Rodrigo de Bivar
un golpe le fue dar que le abatió del cavallo;
enante que el conde se levantase, descendió a degollarlo.
D’esta guissa ganó a Calahorra Rodrigo el Castellano

(versos 618-636)

Obviamente tenemos aquí un interesantísimo reflejo en plena Edad Media española, de una lejana memoria, que hunde sus raíces en las “magias guerreras” de la Europa pagana.

Tanto a través de las fuentes grecolatinas, como a través de las leyendas irlandesas y escandinavas, nos llegan noticias de guerreros furibundos que como en estado febril, entran en batalla dotados de una fuerza arrolladora. Siendo conocidos los “calores” del héroe celto-irlandés Cu Chulainn cuando entra en combate; calores que deben aplacarse metiéndole en una tinaja de agua fría. En la misma línea como de un calor que inunda al guerrero haciéndole terriblemente feroz e indómito, las referencias de la cultura vikinga serán abundantísimas. Mayormente en torno a los conocidos “guerreros berserk”. Y mucho antes en la antigua Grecia, encontraremos noticias similares referidas en este caso a los jóvenes espartanos.

Hoy día todas las líneas de investigación que trabajan este tema, apuntan a que detrás de este tipo de referencias, estaría la presencia de ritos de magia e iniciación guerrera en las culturas bárbaras de la Europa de la Edad del Hierro. Ritos tendentes a hacer de los jóvenes neófitos, auténticos guerreros miembros de las mannerbünde.

También y muy posiblemente el hecho de que en el ámbito de los mitos y leyendas, el don del “furor” sea propio o de los héroes o de una minoría especial y cualificada de guerreros, lleva a pensar que este tipo de prácticas mágicas, serían exclusivas de una élite especialmente formada y seleccionada.

En España, las referencias de las fuentes clásicas sobre lusitanos, celtíberos y cántabros, parecerán apuntar en muchas ocasiones en la dirección que aquí venimos indicando. Y de igual manera, los restos arqueológicos refrendarán aún más esta idea, al haberse encontrado en solar de la península Ibérica, restos de antiguas saunas de iniciación guerrera para baños de vapor y calor extremo. Caso de la sauna del castro de Ulaca en la provincia de Ávila.

Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).
Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).

No cabe descartar claro está, que en el caso de las Mocedades de don Rodrigo, a parte de la antigua presencia de una tradición de magia guerrera en la Hispania prerromana, el “resuello de san Lazaro”, encuentre también su origen en la propia cultura germánica del mundo visigodo. Cultura que será el molde fundamental de los reinos cristianos del norte de España, ya sea en León, Castilla, Navarra o Aragón.

En definitiva, un episodio en un cantar de gesta del Medievo español, que cargado con elementos fundamentales del imaginario mágico de la Europa más ancestral, convierte a uno de nuestros héroes más emblemáticos, en portador del antiguo don del “furor”. Don que le llegará a través de esa escena tan fascinante como evocadora, en la que tras ayudar a un leproso a cruzar un río, éste a la noche le susurrará al oído y mientras el héroe duerme, que le ha sido concedido un “poder” que le convertirá en un guerrero formidable…

*

El voto de las cinco lides, el desafío a una lucha de campeones, la peregrinación a Santiago, el leproso, el vado del río, la noche en unas ruinas, san Lázaro y el don guerrero, el duelo contra el campeón navarro, los “calores” del Cid, su victoria inapelable… Una secuencia completa que conecta la cultura popular de la Edad Media española, con temas e imágenes esenciales de la más antigua tradición heroica europea. Una vez más los tesoros olvidados de nuestra literatura mostrando un antiguo camino, hoy día mayormente perdido…

 

El fin de la conquista romana de Hispania

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
El fin de la conquista romana de Hispania: Las Guerras Cántabras (29-19 a.C.)

El fin de la conquista romana de Hispania: Las Guerras Cántabras
(29-19 a.C.)

Las Guerras Cántabras son el último episodio de la conquista romana de Hispania. Y junto con las guerras de Viriato y de Numancia, el episodio más épico y representativo de la tradición guerrera de la Hispania céltica. No podía faltar así en La Forja y la Espada.

 

Recogemos de este modo con un breve repaso dicha guerra, y completamos también así nuestra serie de artículos sobre las luchas de nuestros antepasados contra Roma…

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Los cántabros y los astures vivieron fundamentalmente al margen de la agitada situación del resto de Hispania, durante los casi dos siglos de lucha y conquista romana. Cierto es que participaron desde el principio como mercenarios y auxiliares en las diversas guerras que se fueron sucediendo en el solar hispano, pero siempre y en todo caso manteniendo su independencia y sin sufrir el avance de las legiones romanas en su propio territorio. Sin embargo, llegado el poder de Roma a la línea del Duero y la zona de la actual Galicia, en el noroeste, a las minas y riquezas de dicho territorio, era cuestión de tiempo que la amenaza de las razzias cántabras (como anteriormente ocurrió las razzias lusitanas) propiciará la intervención de Roma.

Asegurar la línea del Duero y las minas del noroeste de Hispania, será así la intención principal que parecerá vislumbrarse en las campañas romanas en Asturias y Cantabria; más tendentes a frenar la belicosidad indígena, que a establecer allí un verdadero foco de colonización y romanización. Cosa que si ocurrió en la Bética, el valle del Ebro o el Levante.

-La guerra comenzó 15 años después de la muerte de Cesar (29 a.C.) y dos años después de la batalla de Actium (31 a.C.). Y será dirigida en un primer momento por Statilio Tauro, legado de Augusto en Hispania. Los primeros enfrentamientos implicarán todavía a algunas tribus vacceas aún reticentes a Roma, y por supuesto a astures y cántabros. Y tras una primera victoria inicial romana, los vacceos ahora sí, no volverán a sublevarse. Circunscribiéndose entonces la lucha al centro-norte y noroeste de Hispania. La capital de los astures será tomada en este momento (la actual Astorga) y en ella quedará acampada la correspondiente guarnición.

Siendo derrotados en los llanos de la meseta norte, los hispanos se retirarán entonces a sus montañas…

-Para el año siguiente (28 a.C.) es enviado a Hispania Calvisio Sabino, que contendrá en los bordes de la Meseta a astures y cántabros, concediéndosele el triunfo al volver a Roma.

Lo mismo hará un año después (27 a.C.) su sucesor Sexto Apuleyo. Lo que supondrá establecer en torno a Astorga, un área de dominación segura para Roma, con un punto de fuerza al norte del Duero, a los pies mismos de las montañas de la cornisa cantábrica.

Del 26 al 24 a.C.-Augusto en Cantabria

-Llegado el 26 a.C. y en vista del afianzamiento de Astorga para las fuerzas romanas, el propio Augusto ira a Hispania. Desembarcando en Tarraco (en Tarragona) y dirigiéndose directamente hacia territorio cántabro-astur, dispuesto a ponerse él mismo al frente de la lucha contra los “bárbaros” y entrar con sus legiones, en las tierras de los últimos hispanos “libres”…

La campaña sin embargo se complicará mucho y se hará durísima para los romanos, que deben luchar contra unos pueblos cuya vida era fundamentalmente las armas y la guerra, y contra una geografía terriblemente abrupta, intrincada y carente de vías de comunicación, uniéndose a todo ello un clima inhóspito, con abundante nieve en las montañas y constantes lluvias….

Los cántabros y astures conocerán por el contrario el terreno y se moverán cómodamente en él, y del mismo modo estarán hechos al clima y el paisaje, lo que les ayudará a realizar una intensa y efectiva guerra de guerrillas. Para más inri, el frente de campaña será amplísimo, extendiéndose a lo largo de 400 kilómetros. Esto en una zona que no destacará precisamente por proveer de demasiados recursos a las tropas romanas.

Augusto contemplará la situación no sin preocupación, y llevará hasta Hispania, frente a cántabros, astures y galaicos, a nada menos que siete legiones, haciéndose acompañar de una importante intendencia para disponer de víveres traídos de otros lugares. El frente de guerra se dividió en tres campamentos: Segisamo; frente a los principales promotores de la guerra, los cántabros, y cuartel personal de Augusto. Asturica (Astorga); frente a los Astures y ubicado más al oeste. Punto fuerte de Roma frente a la cornisa cantábrica. Y Bracara; frente a los galaicos y límite occidental del frente de guerra. Finalmente y desde el otro lado de las montañas, encontraremos también Portus Blendius, en el actual Suances, que servirá de punto de abastecimiento desde la costa cantábrica.

Las mismas líneas de penetración que encontramos actualmente en la cornisa cantábrica, serán las que trazará Roma para adentrarse en territorio cántabro-astur. Siendo durante dos años, que Augusto dirigirá personalmente la campaña. A pie de las montañas pero también desde Tarraco, lo que favorecerá a la ciudad, que erigirá estatuas en su honor para el culto al Emperador. Allí mientras planeé la guerra contra los cántabros, será donde lea los primeros versos de la Eneida…

Contra los cántabros se llevará a cabo una inmensa operación militar que a modo de pinza, tratará de asfixiarlos en sus mismas montañas. Desde el sur por tierra, y desde el norte por mar, los romanos avanzarán hacia el interior del territorio bárbaro dividiendo su acción en tres cuerpos, que irán haciendo huir a los cántabros a su paso, los cuales se emboscaran y hostigarán a los romanos con una insistente guerra de guerrillas; obligando a Roma en muchas ocasiones a casi cazarlos, como si de una batida de lobos se tratara…

La dinámica de la campaña, a base de guerrillas y persecuciones, unido a lo accidentado de la geografía y lo incómodo del clima, llevará a Augusto a caer enfermo, agotado por las calamidades y dureza de la guerra. Destacándose aquí la anécdota referida por Schulten a partir de una cita de Dión Casio (56, 43, 3) sobre un jefe cántabro, de nombre Corocotta, al que Augusto habría puesto precio a su cabeza y que enterado de la recompensa que se ofrecía por él, fue en persona al campamento de Augusto a cobrarla. Augusto maravillado del valor y la “desfachatez” del bárbaro, no solo le dio su recompensa, sino que además le dejo marchar sin apresarlo….

En cualquier caso, el “primer emperador de Roma”, fatigado y enfermo por la dureza de la campaña, volverá a Tarraco a sanar de las penurias de la guerra. Mientras en el frente, continuarán las hostilidades y los cántabros lucharán contra los romanos en Aracillum, cerca de la actual Reinosa; dándose allí un correoso enfrentamiento entre ambas fuerzas por el dominio de este enclave. Los asaltos y asedios se sucederán y desde el norte en Portus Victoriae (Santander) y desde el sur en Segisamos, los romanos irán acorralando a los bárbaros hasta tomarles finalmente la plaza de Aracillum, pero también la de Amaya, sitiándolos después en el Monte Cildá y el Monte Bernorio. Es de estos asedios y luchas que después las fuentes clásicas y como hemos visto en capítulos anteriores, señalarán el heroísmo fanático de los cántabros, que matan a sus hijos antes que entregarlos a Roma o que mientras son crucificados, cantan himnos de victoria…

En la misma línea y en el ámbito galaico tendremos el asedio de Mons Medullius al norte de Lugo, donde los sitiados viendo imposible la salvación, se quitarán ellos mismos la vida tras un gran banquete (Floro, II, 33, 50); siendo entonces que desde ese mismo punto los romanos, establecerán una base en el centro de Galicia. Dejando allí una guarnición y quedando la franja occidental del frente de guerra a partir de ese momento, mayormente pacificada.

-Son así entre el 26 y el 24 a.C. dos años de campaña continuada que si bien supusieron innumerables fatigas para los romanos, también fueron durísimos para los bárbaros que en algunas áreas, como el centro-noroeste de Galicia y tras el suicidio colectivo de Mons Medullius, depondrán su beligerancia definitivamente.

Sin embargo los dos años de campaña no serán suficientes y las fuerzas cántabras no quedarán agotadas, del mismo modo que los astures, que durante el 26 a.C. habían permanecido al margen de las luchas contra Roma, se alzarán en armas al año siguiente lo que obligará a los romanos a tomarles por asedio la ciudad de Lancia, en la actual Villasabariego. Lo que aún debilitando su resistencia, no impedirá que la insurrección astur se reproduzca en los años siguientes.

Del 24 al 19 a.C.-La última resistencia hispana a la conquista romana.

-Tras dos años de campaña Augusto abandonará Hispania queriendo creer que la guerra está concluida. Sin embargo, en cuanto haya marchado de las costas de Tarraco, los cántabros volverán a las armas reproduciéndose los asaltos y las guerrillas por todo el centro-norte Peninsular, incluyéndose tanto el área cántabra como el área de los astures. Para los cuales, no parecerá servir el simple hecho de tomarles las ciudades, pues se refugiaban en el monte y en las aldeas y desde allí volvían de inmediato al ataque.

El caso de los cántabros será si cabe más llamativo, pues vendidos muchos de ellos como esclavos en la Galia, matarán a sus amos y armándose de nuevo, volverá a su tierra para continuar la guerra…

Frente a tal situación, lo prolongado de la guerra, así como el empecinamiento de los bárbaros, Augusto tomará la decisión de enviar al mando de las operaciones contra los cántabros y los astures a uno de sus mejores hombres: Agrippa.

Este parecerá recibir órdenes de llevar la represión hasta genocidio si fuera necesario…

Agrippa llegará a Hispania el año 19 a.C. dispuesto a llevar la guerra hasta el paroxismo, convirtiendo la ofensiva en el norte Peninsular en una verdadera guerra de aniquilación. Persiguiendo sin tregua a los bárbaros hasta en sus más recónditos “escondrijos”, como si de una cacería de alimañas se tratase. La guerra traerá numerosas bajas para ambos bandos pero la despiadada represión de Agrippa, terminará por laminar la resistencia bárbara, que quedará totalmente desbaratada. Dándose de nuevo e incluso con mayor intensidad el fenómeno del heroísmo fanático de los cántabros, que impresionará a los propios romanos que no podrán sino señalar cómo éstos, no aceptarán bajo ningún concepto la pérdida de la libertad, prefiriendo la muerte a la esclavitud: Cantabrum indoctum iuga ferre nostra (Horacio, Carm, II, 6, 2).

La guerra concluirá posiblemente, con el mayor baño de sangre de la conquista romana de Hispania y en él, quedará testimonio tanto del coraje hispano, como de la fría determinación romana.

-Augusto para pagar a los veteranos de guerra hará acuñar moneda y los licenciará otorgándoles propiedades en Mérida y Zaragoza. Terminaba una de las más terribles guerras de la Historia de Roma y con ella, concluía la pacificación de Hispania y su inclusión al completo en la órbita romana. Casi 200 años de avance lento y fatigoso sobre unos pueblos y un territorio que andando el tiempo, se convertirá posiblemente, en la provincia más romanizada del Imperio. Si bien esta romanización no será homogénea, manteniéndose hasta el Bajo Imperio amplias áreas del territorio Peninsular (mayormente la franja norte), con un limitado nivel de romanización.

-En conclusión, las guerras cántabras fueron la última etapa de la conquista romana de Hispania y en ella los cántabros, se cubrirán como actores de un último acto de resistencia heroica, con toda la gloria guerrera que cabe esperar para un pueblo noble y valeroso. El fin de las guerras cántabras fue así “el fin de la Hispania Bárbara y Prerromana” y el comienzo definitivo de la Hispania romana, una nueva etapa histórica de la que todavía hoy, somos herederos…

*

Doscientos años de conquista romana de Hispania…

 

Aquellos fueron nuestros antepasados. Desde el punto de vista genético somos fundamentalmente descendientes de ellos[1]. Y esto independientemente de nuestras diferencias regionales y del propio recorrido histórico de España. Léase aquí Roma, la cristianización, los godos, la invasión islámica y la Reconquista, el Imperio y la conquista de América… Siendo así que a través de dicho y arduo recorrido, en gran medida no hemos dejado de ser las mismas gentes, la misma sangre…

Tengamos entonces en la memoria la Hispania prerromana. Quizás podamos aprender algo de quiénes somos y a partir de ahí, de qué debemos hacer y cómo debemos convivir…

 

[1] Tal como hemos señalado en la nota a pie de página número 14 del capítulo 1, los estudios genéticos llevados a cabo por la universidad de Oxford y dirigidos por el catedrático de genética humana Brian Skyes, indican que el ADN de los españoles del siglo XXI, viene caracterizado por el halogrupo R1B, con una media del 72% para el conjunto de España. Dicho “marcador genético” sería compartido por todos los españoles, sean de una región u otra, y estaría asociado a las primerísimas y más antiguas poblaciones del oeste de Europa, de época paleolítica. Matriz genética de pueblos posteriores como celtas e íberos. De tal manera, que la “huella genética” de los pueblos prerromanos de Hispania, seguiría siendo así aún a día de hoy, la huella principal de los españoles del siglo XXI. Huella que por otra parte, nos emparentaría con las gentes de Gales, Escocia e Irlanda, y en general, con los pueblos del oeste de Europa.

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Los druidas en Inis Mona, la revuelta de Boadicea, la sempiterna rebeldía de los galeses y por supuesto, las campañas en la brumosa y lejana Caledonia; en la actual Escocia. Y aquí el muro de Adriano, la misteriosa desaparición de la legión novena, en campaña al norte del muro y en el interior de las “Highlands”, y claro está los pictos, desde finales del siglo III d.C. asaltando el muro, en sucesivas guerrillas y luchas hasta el abandono definitivo de éste, a comienzos del siglo V. Con la caída del propio Imperio Romano…

En esta “última frontera” de Roma, la más septentrional de su Imperio, los “últimos hombre libres”, alzan su voz contra el invasor: Es el año 83 d.C. y el general romano Agrícola avanza sobre Caledonia. El resto de Britania ha sido mayormente sometida y sólo la actual Escocia ha quedado libre de las garras del águila romana. Los caledonios dejarán entonces a un lado sus disputas intestinas y se unirán en una gran coalición para hacer frente al invasor. Es la batalla del monte Graupius, en la que a pesar del coraje “escocés”, Roma se impondrá de nuevo de manera arrolladora. Para la posteridad quedará el discurso arengando a sus tropas del líder caledonio Calgaco. Recogido por Tácito y fuente como veremos, de enjundiosas lecciones de Honor y Libertad…

*

(Agrícola) llegó hasta el monte Graupius, que el enemigo ya había ocupado. Y es que los Britanos (…) se daban cuenta de que un peligro común sólo podían rechazarlo mediante la unidad, y habían reunido así fuerzas de todas las ciudades mediante legaciones y pactos. Se podían ver de este modo más de treinta mil hombres armados afluyendo en aquella dirección; toda clase de jóvenes y aún ancianos con energía y vigor, ilustres veteranos que lucían cada uno sus condecoraciones…

Entonces, se dice que un general, que destacaba entre todos por su valor y su linaje y de nombre Calgaco, habló de esta manera a la apretada multitud que allí se congregaba:

ARENGA CONTRA ROMA DE LOS ÚLTIMOS HOMBRES LIBRES

“Cuantas veces reflexiono sobre las causas de esta guerra y sobre cuál será la actitud de los dioses para con nosotros, me siento bien seguro de que vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud; y no os queda ya tierra a vuestra espalda para retroceder y ni siquiera el mar, con el acecho de la flota romana, ofrece seguridad. Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes.

 

Las batallas anteriores que con fortuna variada se han sostenido contra los romanos, dejaban de nuestro lado la esperanza de estar a salvo, pues al ser el pueblo más noble y antiguo de toda Britania, y vivir apartados sin vista alguna a las costas de los esclavos (se refiere a las costas de la Galia), no llegábamos a imaginar siquiera una invasión. En el último baluarte de la libertad, la propia distancia y las incógnitas sobre nuestra fama, nos han defendido hasta hoy (…) Pero ahora Britania queda completamente al descubierto, pues tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”…

 

Por naturaleza, cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos.

 

Los esclavos nacidos para la esclavitud, son puestos a la venta una sola vez y además, sus amos los alimentan: Britania compra y sustenta su propia servidumbre diariamente… (…) en un mundo así a nosotros nos buscan para renovar el servicio y, baratos que somos, para exterminarnos; y es que ya no nos quedan campos, ni minas, ni puertos para cuya explotación nos guarden. Por otra parte, a los invasores no les gusta el valor y el orgullo de las gentes. La distancia y la independencia, cuanto más seguras parezcan, más desconfianza les provocan. No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria. Recordad a los brigantes, que a la ordenes de una mujer (se refiere al alzamiento de Boadicea), incendiaron una colonia, tomaron un campamento, y si su dicha no se hubiera convertido en negligencia, habrían podido liberarse definitivamente del yugo romano. Nosotros vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello; mostremos desde el primer evite qué clase de hombres se había guardado Caledonia para defenderse…

 

¿Creéis que a los romanos les asiste en la guerra un valor parejo a la molicie que les acompaña en la paz?… Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…

 

Todos los estímulos para la victoria están así de nuestra parte: no hay esposas que animen a los romanos, ni padres que vayan a reprochar su fuga; la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma. Los dioses nos los han entregado (…) temblando de ignorancia, mirando a su alrededor incluso un cielo y un mar, unos bosques, que desconocen por completo (…). No os asuste entonces su aspecto vano, el fulgor de sus oros y platas, que ni protegen ni hieren. Entre las filas del enemigo encontraremos ayuda: los Britanos reconocerán su causa, los Galos recordarán la libertad perdida, y los Germanos desertarán (…).

 

Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

Recibieron el discurso con vehemencia, al estilo de los bárbaros, entre bramidos, cantos y voces desacordes. Y ya se iniciaba el avance y refulgían las armas con el impulso de los más audaces…

(Tácito. Agr. 30-32, 4)

*

Sin entrar en las disquisiciones historiográficas sobre la mayor o menor veracidad histórica de este discurso, o sobre las fuentes que pudo manejar Tácito para elaborarlo, posiblemente adornándolo con elementos de su propia cosecha, lo cierto es que resulta realmente conmovedor…

En este sentido, las arengas a las tropas, tanto por parte de bárbaros como de romanos, están plenamente constatadas a lo largo de la Historia Antigua y es obvio, que para una ocasión tan señalada, el cabecilla de los rebeldes caledonios, no dejaría de dirigirse a sus hombres buscando elevar la moral y predisponerlos al combate.

Distinta es la cuestión de cómo Tácito documenta el discurso y lo elabora, muy posiblemente y como ya hemos señalado adornándolo; pero también muy posiblemente basándose en una realidad. Basándose en algo que ocurrió.

En cualquier caso, a nosotros lo que nos va a interesar aquí, es señalar algunas ideas que consideramos importantes sobre dignidad, honor, patriotismo y libertad. También sobre tiranía y despotismo, que se recogen en la arenga de Calgaco contra los romanos.

Fijémonos entonces en el primer párrafo, donde dice: vuestra unión en el día de hoy, será el principio de la libertad para toda Britania. Pues habéis venido hasta aquí juntos y sois gentes libres que nunca habéis estado sometidas a la esclavitud”. Para después añadir: “Es en tales circunstancias, que el combate y las armas, que son honor para los valientes, se convierten también en la respuesta más eficaz incluso para los cobardes”.

 

Tenemos aquí una primera idea interesante en torno a la unión de gentes afines, de lazos comunes y pueblos hermanos, que dejando a un lado sus diferencias, se unen para defender la libertad de todos. No la de caledonios, silures o brigantes, sino la de toda Britania. Gentes que nunca han vivido en esclavitud y que marchan juntas para seguir así.

Por otra parte otra idea también interesante en torno a las armas, a la lucha; a la idea de la necesidad de estar dispuestos a defendernos. No como cuestión ya de valientes o cobardes, sino como cuestión de evidente necesidad.

En el segundo párrafo nos encontramos después lo siguiente: “tras nosotros no existe raza humana, sino las olas, las rocas y los acantilados, y más hostiles que éstas una amenaza peor: los Romanos, cuya soberbia y prepotencia en vano se evita con el sometimiento y la obediencia. Saqueadores del mundo, cuando ya lo han devastado todo y les faltan tierras para su pillaje, dirigen sus miradas al mar. Avaros, si el enemigo es rico, y rastreros, si el enemigo es pobre, ni Oriente ni Occidente han conseguido saciar su codicia y sólo ellos ansían con igual tesón, las riquezas de los ricos, y las miserias de los pobres. Al expolio, la matanza y el saqueo lo llaman con falso nombre “Imperio”, y al sembrar desolación, lo llaman con falso nombre “Paz”.

 

Quizás este sea el fragmento más intenso y conmovedor. También el de connotaciones más románticas y evocadoras: Los “últimos hombres”, arrinconados en el extremo norte, lejos de las “costas de los esclavos”, a su espalda los acantilados y el mar pero enfrente, una amenaza aún peor: Roma. Una Roma que es descrita como un “Imperio del Mal”, de codicia y prepotencia. De avaricia y desmesura. De ansía ciega e innoble que con cinismo llama a sus matanzas y saqueos “Imperio”, y a la desolación que deja a su paso “Paz”.

Siglos después san Agustín nos dirá que si un estado no se consagra a la búsqueda del bien común y la verdad, no se diferencia de una partida de piratas más que en el tamaño…

Las peores imágenes que podamos hacernos de un estado inspirado únicamente en la “voluntad de poder”, se concentran así en la Roma insaciable que describe Calgaco. Y en la misma línea más adelante se nos dice: “cada uno quiere a sus hijos y a su familia más que a nada; pero las levas nos los arrebatan para servir en otras tierras y nuestras esposas y hermanas, aún si han escapado de la lujuria del enemigo, son humilladas en nombre de una falsa amistad y hospitalidad. Bienes y fortunas son arruinados por los tributos, campos y cosechas esquilmados para su abastecimiento, y vuestros cuerpos y manos explotados entre golpes e insultos, para hacer viables bosques y pantanos”.

 

En definitiva, un horror de imperio que puede tener la fuerza pero al que no acompaña la razón. Que puede tener “poder”, pero no tiene nada más… De hecho, frente a la descripción de su tiranía y estragos, no quedará sino la lucha a brazo partido y sin cuartel: “No habiendo entonces esperanza de benignidad, tomad fuerzas y animo, tanto los que aspiráis a sobrevivir, como los que aspiráis a alcanzar la Gloria (…) vamos a avanzar así juntos e indómitos por la libertad, y no nos arrepentiremos de ello”.

 

Nadie se arrepiente de ser valiente. Nadie se arrepiente de reconocida la tiranía, hacerla frente; aunque sea a costa de la propia vida: “alcanzar la Gloria”.

Seguidamente encontramos otro fragmento interesantísimo donde se dice: “Ellos se crecen con nuestras discrepancias y desacuerdos, y vuelven los fallos de sus enemigos en gloria para su ejército. Ejército que reclutado entre pueblos muy diversos, tanto se mantiene unido en circunstancias favorables, como se disgrega en las adversidad. A no ser que penséis que Galos y Germanos y, da vergüenza decirlo, no pocos Britanos, aunque entregan su sangre a la dominación romana (…) se mantienen fieles a Roma por simpatía y adhesión. El miedo y el terror son vínculos débiles de amistad, y si se remueven, quienes han dejado de temer, empezarán pronto a odiar…”

 

Los desacuerdos y discrepancias entre quienes tenían que estar unidos para hacerlo frente, son la fuerza del “Enemigo”. Enemigo cuyo ejército no se mantiene leal por adhesión y compromiso, sino por miedo y terror. El “Imperio de la Codicia” no genera así amor y lealtad verdadera y sus ejércitos, los une el “débil vínculo” del miedo, y quien un día deja de temer, “empieza pronto a odiar”…

También se señala aquí una interesante referencia al patriotismo, con esos britanos que “da vergüenza decirlo”, luchan del lado de Roma. De nuevo la idea de una Britania que diversa en pueblos y gentes, debe sin embargo unirse frete al invasor, pues todos ellos son al fin y a la postre britanos, son al fin y a la postre pueblos hermanos.

En esa misma línea más adelante se nos dirá refiriéndose al ejército romano: “la mayor parte de ellos son apátridas o su patria es otra distinta de la de Roma”.

 

La figura del apátrida y del “mercenario” como una figura despreciable. Sin honor.

Finalmente en el último párrafo de la arenga de Calgaco, la elección determinante. La decisión que marca el ser o no ser: La Libertad o la Esclavitud. Y el combate como escenario en el que dicha cuestión queda dilucidada. Con los antepasados y las generaciones futuras como inspiración para dicho combate: “Aquí hay un jefe y un ejército. Allí tributos, trabajos forzados y demás castigos propios de esclavos. Si vamos a sufrirlos para siempre o vengarlos, se va a decidir sin más dilación en esta llanura. Así que al entrar en combate pensad en vuestros antepasado y descendientes.”

 

La rotundidad de las palabras finales del líder “escocés” no solo tienen la fuerza de la épica, de la poética de la guerra, sino que sobre todo tendrán la fuerza del ideal de “Libertad”. Entendido éste como una de esas “verdades de la vida” que solo se alcanza y puede vivir, luchando…

*

Respecto del tema del Imperio Romano y los Bárbaros nosotros mismos en nuestra tesis doctoral, incluimos un capítulo, y ciertamente el maniqueísmo que destila el discurso de Calgaco, no sería mayormente la mejor manera de afrontar la comprensión de qué cosa fue Roma, y qué supuso para los pueblos bárbaros de Europa. Pero es que esa no es la cuestión aquí. Es decir, no nos interesa tanto la arenga de Calgaco en tanto que arenga contra Roma, sino en tanto que arenga que recoge arquetipos: El poder tiránico, déspota y esclavizador; “El Imperio del Mal”, hecho de codicia y ambición ciega. En frente, los pueblos hermanos y libres, que deben dejar atrás sus diferencias para unirse, para hacer verdadero patriotismo y dejando a un lado el “nacionalismo”, hacerse fuertes y enfrentar a la amenaza de la tiranía. Son los “Rebeldes”, los “Patriotas” y claro está, vinculado a éstos, el ideal de “Libertad”. Una Libertad que no se consigue sin lucha, que es fruto del valor y el coraje y por la que morir merece la pena y se otorga la Gloria. Y aquí entonces el “Espíritu de Combate” como valor. Como principio dador de sentido y forjador del alma. Y finalmente los “traidores”… los apátridas y mercenarios, los soldados de un “Imperio” que no merece adhesión ni lealtad y sólo se mantiene a costa del miedo y la dominación. Traidores que quizás algún día despierten y conviertan su antiguo miedo, en odio…

Todo ello a la vista está, imágenes arquetípicas que acompañan desde siempre los mitos y leyendas del Mundo de la Tradición, que a través de cuentos de hadas y literatura fantástica llegan hasta el día de hoy, y que incluso el cine no pudiendo ser de otra manera en nuestra época, usa para algunas de sus superproducciones.

Y sin embargo, no estamos dejando de hablar de un episodio histórico recogido por Tácito en sus Anales.

En este sentido, el valor de este tipo de arquetipos o quizás sería mejor decir “mitemas”, estará en su dimensión simbólica y alegórica. Ahí es donde residiría su riqueza, entendemos espiritual. Pero también ocurrirá a veces que la propia Historia se parecerá al Mito, o mejor aún, que el Mito nos ayudará a leer la Historia con mayor hondura. Atendiendo entonces a las fuerzas profundas que a través de los avatares de la Historia y su infinita casuística, pudieran estar entrando en liza. Quizás eso es lo que indirectamente pudo recogerse en la arenga de Calgaco antes de la batalla, y en la manera que tuvo Tácito de guardarla para la posteridad. Como si hablando de un episodio de la con  quista romana de Britania, se nos pudiera estar a su vez lanzando un mensaje que trasciende a Roma y a Britania, y nos habla a los hombres y mujeres de todas la épocas…

La Conquista Romana de Hispania: Viriato y Numancia

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA

Su división en pequeños estados y su orgullo local no les permitía unirse en un lazo común, lo que les privaba de fuerza suficiente para repeler conjuntamente una agresión venida de fuera. Así pues, si hubieran logrado juntar sus armas uniéndose en una confederación potente, los romanos no hubieran llegado nunca a dominar sus tierras… De hecho los romanos, venciendo una a una todas la tribus de Hispania, tardaron en todo caso mucho tiempo, unos doscientos años, en poner finalmente Hispania bajo su poder.

Estrabón. III, 4, 5

Bandas guerreras, saqueos y ciudades asediadas, “druidas” predicando el alzamiento contra Roma, traiciones y engaños, resistencias heroicas frente a enemigos implacables, generales derrotados, líderes admirables, elefantes cargando contra los muros de Numancia y cónsules romanos derrotados frente a las armas de Viriato…

 

La conquista romana de Hispania duró dos siglos y supone uno de los episodios más fascinantes y sugestivos de nuestra historia. La propia saga de Roma avanzará al compás de las guerras que lleva a cabo en Hispania y aquellos belicosos hispanos, tendrán finalmente en Roma y a pesar de la lucha a brazo partido que llevaron a cabo contra ella, el molde el que su sangre y espíritu quedará conformado.

 

Los pueblos y gentes de España no pueden saber de sí mismos sin saber de la “Hispania Bárbara” de íberos, celtíberos, lusitanos, cántabros o vettones. Tampoco pueden saber de sí mismos sin saber de Roma y de cómo ésta, a costa de un esfuerzo formidable de doscientos años, llegó a integrar a nuestros ancestros en su Imperio.

 

Saber quiénes somos y conocer nuestra historia, pasará así indefectiblemente por conocer la Conquista Romana de Hispania. De ahí en gran medida venimos, su olvido no es falta sino contra nosotros mismos…

 

*

  • La conquista romana de Hispania comenzará al albur de la Segunda Guerra Púnica, entre Cartago y Roma. En torno al 218 a.C. y con la presencia del cartaginés Amílcar y su hijo Aníbal en Hispania, para hacer de ésta base de operaciones del rearme de Cartago frente a Roma. La conquista cartaginesa de Arsa (la actual Sagunto), ciudad íbera bajo la protección de Roma, será el detonante de la guerra y tras ésta y una vez derrotado Aníbal, Hispania se convertirá en el nuevo objetivo de Roma.

  • Entre el año 205 a.C. y el 195 a.C. se lleva así a cabo una primera etapa de la conquista de Hispania, tratándose de asegurar para Roma y fundamentalmente, los territorios de la Península que anteriormente estuvieron en la órbita de Cartago. Es en este periodo cuando se documentan las campañas de Catón en la Celtiberia (por primera vez un romano frente a Numancia) y la rebelión ilergete de Indíbil y Mandonio. Treinta mil infantes y cuatro mil jinetes ibéricos se enfrentan a los romanos en el entorno del río Ebro. La victoria fue sin embargo romana y la derrota indígena estrepitosa, y los propios Indíbil y Mandonio murieron heroicamente en batalla. La conquista romana de Hispania daba comienzo así con la épica de los grandes episodios históricos…

  • Durante los siguientes 15 años (entre el 194 y el 179 a.C.), Roma tratará de estabilizar las fronteras uniendo la Hispania Citerior y Ulterior a través del interior Peninsular. Es en este periodo cuando Roma conquista Toledo a los carpetanos y hace preso a su rey Hilerno. También cuando por primera vez se enfrenta realmente a los celtíberos. Con ocasión especialmente reseñable en el 179 a.C. Con Tiberio Sempronio Graco haciendo frente a un ejército celtibérico de más de treinta mil hombres en el entorno del Moncayo (a decir de los epigramas de Marcial la “montaña sagrada” de la Celtiberia).

La victoria sin embargo volvió a ser romana y ésta trajo el periodo de paz más largo para Hispania desde el desembargo de Amílcar en nuestra tierra. En un ya lejano 240 a.C.

  • Durante más de veinte años (entre el 178 y el 154 a.C.) Hispania no conoció nuevos alzamientos ni conflictos y en el futuro, cuando se reanuden las guerras, los propios hispanos apelarán a los tratados de paz firmados con Graco, buscando poner fin al enfrentamiento armado. Los romanos en cualquier caso habían conseguido cumplir el plan que trazó Catón para Hispania; apoderándose de las zonas que anteriormente estuvieron bajo influencia cartaginesa, y asegurando las fronteras mediante inclusión del interior Peninsular a costa de carpetanos y celtíberos lusones, lobetanos y olcades.

  • Llegado sin embargo el año 154 a.C. comenzará de nuevo la guerra en Hispania. Lusitanos en la Ulterior y celtíberos en la Citerior se alzan en armas en la que será quizás la guerra más ardua de Roma en nuestra tierra. Veinte años en los que la figura de Viriato en el ámbito lusitano, y la ciudad de Numancia en el ámbito celtibérico, generarán reveses tremendos para Roma. Hasta el punto de que sendos ejércitos consulares enviados contra Viriato y contra Numancia, serán respectivamente derrotados por lusitanos y celtíberos. A estos veinte años de guerras en los que Roma mordió el polvo en diversas ocasiones y frente a nuestros antepasados, hemos dedicado nuestros siete capítulos de esta serie. Allí recogemos pormenorizadamente los pormenores de esta guerra.

Roma finalmente se impuso a Viriato y a Numancia, bien lo sabemos todos, pero no estará de más recordar la gesta de los guerreros hispanos frente al ejército más poderoso del Mundo…

  • Tras estos veinte años de guerras (154-133 a.C.) Hispania vivirá otra época de paz que se prolongará hasta el año 113 a.C. Son años en los que Roma se dedicará a desarrollar su poder administrativo en Hispania, enviando una comisión senatorial de diez miembros, que llevará a cabo un plan para el aprovechamiento sistemático y racional de las posibilidades agrícolas, ganaderas, mineras y comerciales de Hispania.

Esta nueva situación de una Hispania pacificada, fuente de riquezas y solar de expansión para la nobleza terrateniente romana, coincidirá con las crisis sociales en Roma, semilla de las futuras guerras civiles. Guerras que repercutirán también en Hispania, y que finalmente provocarán el desmantelamiento de la República, y la llegada del Imperio.

Este periodo será también el de la llegada de emigrantes itálicos a Hispania. Emigrantes que asentándose principalmente en la Bética, configurarán uno de los pilares de la futura aristocracia provincial, favoreciendo el desarrollo de una honda romanización en el sur Peninsular.

Si señalar que durante este tiempo, concretamente entre el 123 y el 121 a.C., se conquistarán las islas Baleares. Conquista que se llevará acabo alegando como excusa el carácter de refugio de piratas que tenían las islas.

  • Llegado en todo caso el año 113 a.C. lusitanos y celtíberos volverán a las armas otra vez, y de nuevo las guerras “celtibérico-lusitanas”, se convertirán en una preocupación para los gobernadores romanos.

En este caso y por un lado, tendremos de nuevo los recurrentes saqueos lusitanos sobre la Turdetania, a modo de razzias; y por otro, la rebelión de unos celtíberos que viendo cómo los temibles cimbrios, llegados del norte Europa, entraban en la Celtiberia y los romanos huían espantados, toman ellos mismos las armas y derrotan a los “bárbaros del norte” (año 104 a.C.).

Por desgracia es un periodo escasamente documentado, si bien cabe destacar la presencia de nuevo de un ejército consular en la Celtiberia (año 98 a.C.), en una campaña que se prolongará cinco años.

Por su parte, las rapiñas lusitanas se sucederán años tras año aún a pesar de las represalias romanas, y será también necesario un ejército consular que entre los años 96 y 93 a.C., se adentrará en la Lusitania y conseguirá poner fin a las bandas de saqueadores.

  • Entre los años 92-82 a.C. encontraremos un nuevo periodo de paz que se prolongará esta vez diez años, si bien llegado el 82 a.C. Hispania entrará en un largo y agotador periodo de conflictividad. Esta vez sin embargo, no tanto alzándose en armas contra Roma, como participando como actor interesado en las Guerras Civiles de ésta. Son primero las Guerras Sertorianas, desarrolladas en el solar hispano e instigadas por los propios lusitanos. Y después las guerras de César contra Pompeyo, con clientelas celtíberas y en general hispanas en ambos bandos. Dándose aquí el episodio épico de la batalla de Munda, en el año 45 a.C.

  • Un periodo que se alargará entre el 82 y el 45 a.C. y el que se intercalarán épocas de relativa paz, en las que encontraremos sin embargo, los últimos alzamientos vacceos, y la significativa campaña del propio Julio César contra los lusitanos, en el año 61 a.C. Campaña con la que se pondrá fin definitivamente a la rebeldía lusitana y en la que César, llegará a sitiar una suerte de monte sangrado de la Lusitania, consagrado a “Hermes”. Entiéndase aquí que dicho “Hermes”, no será sino la interpretatio romana de una divinidad indígena, de la que no nos llega su verdadero nombre.

  • Finalizada la parte hispana de la guerra entre César y Pompeyo, y tras un periodo durísimo en que se han sumado los diez años de las Guerras Sertorianas, las campañas de César en Hispania, las últimas insurrecciones vacceas, y la lucha contra los pompeyanos, Hispania parecerá estar agotada… Siendo así que se vivirá un largo periodo de paz que esta vez se prolongará entre el 43 y el 29 a.C. Siendo ese último año cuando estallará el episodio final de la conquista romana de Hispania, las Guerras Cántabras, que se prolongarán diez años y que serán verdaderamente “la batalla final” de la Hispania “bárbara”, frente a las legiones de Roma.

*

Doscientos años y muchos acontecimientos, batallas, anécdotas y personajes… Nosotros humildemente en nuestro blog queremos homenajear esa época de nuestra historia acercándonos al episodio quizás más significativo de la resistencia indígena: las guerras de Viriato y de Numancia.

Guerras recogidas en siete capítulos sucesivos en los que con un cronograma como guía, podremos seguir año a año los pormenores de una lucha tan heroica como trágica.

Aquellos fueron nuestros antepasados. Básicamente los españoles de hoy día y más allá de nuestras diferencias regionales, somos descendientes genéticos de ellos. Tengámoslos entonces en la memoria. Quizás podamos aprender algo de quiénes somos y a partir de ahí, de qué debemos hacer…

Viriato y Numancia VII: La caída de Numancia

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La conquista romana de Hispania Viriato y Numancia

LA CAÍDA DE NUMANCIA

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte VII

-Último Capítulo-

Con la caída de Numancia concluye quizás la fase más dura y complicada de la conquista romana de Hispania. 20 años de guerras consecutivas tanto en la Hispania Ulterior como en la Citerior contra lusitanos y celtíberos respectivamente. Siendo arrastrados en esta lucha otros pueblos hispanos como los vetones, los vacceos, los galaicos o los turdetanos. 20 años en los que tanto Numancia como los lusitanos, estos últimos gracias a su “campeón” Viriato, consiguieron resistir y vencer a los ejércitos de Roma e incluso obtener de sendos cónsules derrotados, el reconocimiento de su independencia.

 

Pero la “voluntad de poder” de Roma siempre fue superior a la de todos sus adversarios y de mano de un frio, ambicioso y duro Escipión, Numancia se enfrentará a su dramático final. Un final que al igual que el de Viriato, será digno de toda una epopeya o de una gran producción cinematográfica. Un momento épico y conmovedor de nuestra historia y de la vida de nuestros ancestros que merece la pena conocerse y ponerse en valor. El propio Cervantes así lo sintió y recogió en su obra literaria y nosotros humildemente lo homenajeamos a través de este blog…

 

134 a.C.-

*La situación de independencia de Numancia terminó por ser insostenible para el senado romano, que tiene desde hace 20 años en la pequeña ciudad celtibérica, un antagonista formidable que una y otra vez doblega su orgullo. Se convencen así de que es imprescindible enviar un hombre fuerte a Hispania a poner fin a la “insolencia” de los celtíberos. El más apropiado para tal labor será Escipión. Destructor de Cartago en la Tercera Guerra Púnica y veterano de las guerras de Hispania con prestigio entre los indígenas, al haberse enfrentado 17 años antes y en duelo singular, al “campeón guerrero” de la ciudad vaccea de Intercatia. En este sentido era la persona ideal para el cargo: General victorioso de valor contrastado, de larga carrera militar y conocedor del carácter y dificultad de la lucha contra los celtíberos. Sin embargo, la legislación romana prohibía hacer procónsul a una misma persona en un plazo inferior a diez años, y este impedimento legal dificultaba la elección de Escipión que había sido procónsul durante la Tercera Guerra Púnica. En todo caso, la situación en Numancia se había convertido en algo tan problemático y generador de descrédito para el senado, que excepcionalmente se suspenderá dicha ley, y por procedimiento extraordinario (extra ordinem), se le designará procónsul de la Hispania Citerior. Aun así y en previsión del poder cada vez más creciente de Escipión y de los generales victoriosos respecto del senado (recordemos años después lo que supondrá Julio César), no se le concedió ejército ni se le permitió hacer levas, debiendo arreglarse con el ejercito acampado en Hispania y los propios aliados y voluntarios que lograse atraer a su expedición. Contando aquí con que Escipión, “legendario” destructor de Cartago, preparaba entonces un fabuloso ejército personal lleno de aliados llegados de todas partes, digno del estado mayor de un mismísimo Alejandro Magno…

Debemos tener en cuenta, que en África y el Mediterráneo oriental, Escipión era considerado por muchos un líder de prestigio digno de la mayor admiración, y para otros era cuando menos, un gran amigo. Recibirá así apoyos de Antíoco de Siria, Micipsa de Numidia y Átalo de Pergamo. Al tiempo que de la propia Roma, se le unirán un nutrido grupo de leales entre los que figurará lo más selecto de la sociedad romana: Cayo Mario, futuro vencedor de cimbros y teutones; Cayo Graco, hermano y futuro continuador de la obra de Tiberio Graco (hijos del Tiberio Graco que hizo campaña en Hispania en el 179 a. C.); Yugurta, futuro rey de Numidia y azote de Roma durante la guerra que lleva su nombre; el poeta Lucilio, los escritores Rutilio y Asellio, y el historiador y genio táctico en asedios Polibio. En definitiva, tal como hemos dicho, un estado mayor “digno de un Rey”. Con sus más allegados y relevantes apoyos formará también la que llamará “compañía de los amigos”, cohors amicorum, y con este flamante ejército desembarcará en Hispania, dispuesto a someter la pequeña pero indomable ciudad de Numancia…

Una vez en Hispania, su primer objetivo fue disciplinar y devolver la moral a las tropas romanas acantonadas en la Citerior. Las cuales, tras tantos años de derrotas, humillaciones y tres últimos años de inactividad, habían caído en la más indigna de las molicies. Así según Apiano (Iber. 85) llegado al campamento romano lo primero que fue “expulsar a todos los mercaderes, prostitutas, adivinos y sacrificadores, a quienes los soldados, al haberse vuelto temerosos a causa de los reveses, solían consultar continuamente”. Imponiendo seguidamente una disciplina a rajatabla tanto en el régimen alimenticio, como en la forma de vida. Muchos detalles de esta disciplina nos han llegado; como prohibir dormir en nada que no fuera un jergón de paja, siendo el propio Escipión el primero en dar ejemplo; limitar la alimentación a carne hervida y asada, obligar a ir a pie en todas las marchas, no consintiendo a ningún soldado ir subido en las mulas de carga; prohibir que los soldados se ayudasen unos a otros en darse baños, ungüentos o masajes, o tratar a la tropa sin piedad para los casos de debilidad, con duros castigos de azotes con varas de sarmiento. Comentando según sus propias palabras que “aquellos generales que eran severos y estrictos con sus tropas eran útiles para los suyos, mientras que los relajados y amigos de las concesiones, lo eran para los enemigos (Apiano. Iber. 85).

Según la leyenda Escipión se vistió con el negro y áspero sagum de los celtíberos mientras duró la campaña, y al ser preguntado por aquellos negros y bárbaros ropajes, al parecer respondió que vestía así en señal de luto por la ignominia de los soldados que le habían tocado en suerte… En cualquier caso Escipión consiguió volver la tropa a la disciplina, y los mantuvo ocupados en diversos entrenamientos de cava de zanjas, levantamiento de muros y empalizadas, marchas en formación y recogida de aprovisionamiento. Aún así este primer año de campaña Escipión no atacará Numancia, y se limitará a entrenar el ejército y foguearlo en acciones puntuales contra puntos de abastecimiento de la ciudad celtibérica, aldeas amigas de los numantinos, y algunas escaramuzas con los vacceos cerca de Palentia. En general al igual que sus predecesores, antes de marchar sobre Numancia, cargó contra los alrededores con vista a destruir sus posibles suministros y evitar la llegada de ningún auxilio desde el exterior a la ciudad. Llegado el invierno, Escipión no se alejará de la zona y lo pasará en el entorno de Numancia, donde recibirá la llegada de Yugurta y sus doce elefantes y arqueros y honderos. Escipión ya estaba preparado para la guerra, y con cerca de 30000 hombres se disponía a poner fin al problema numantino rindiendo por hambre la ciudad. Consideraba en este sentido “que era más conveniente no trabar combate con hombres que luchaban por desesperación, sino conquistarlos por hambre después de haberlos sitiado” (Apiano. Iber. 90).

133 a.C.-

*Comenzó el sitio a la ciudad rebelde, y en una sola noche los bien entrenados soldados de Escipión levantarán un primer parapeto provisional que les servirá después para construir la circunvalación definitiva que cerrará la ciudad por todos lados, con siete campamentos rodeándola. En menos de un mes se levanto una segunda línea consistente en un profundo foso con terraplén y empalizada, y detrás de ésta se elevó un muro de tres metros de altura, cuatro de ancho, y nueve kilómetros de longitud. Éste muro dispondrá de cerca de trescientas torres y estará jalonado por los siete campamentos anteriormente mencionados. En la actual colina del Castillejo construirá Escipión su propio campamento y parapeto de observación. Numancia había quedado estrangulada, e incluso los ríos que la rodeaban, el Duero y el Merdancho, quedaron inhabilitados para buceadores o barcazas mediante un sistema de maderos erizados de garfios y entrelazados con cadenas que hacían imposible su tránsito. Los siete campamentos se comunicaban entre sí por un sistema de banderas y luces nocturnas, que permitían acudir en defensa de un punto del cerco en el caso de ser atacado; lo que unido a las barreras de empalizadas, foso, terraplén, segunda empalizada, muralla y tropas romanas, hizo imposible para los numantinos romper el cerco. Aún así Retógenes, líder numantino, apodado Caraunio y veterano de las guerras celtibéricas (ya se enfrentó a Roma en el 143 a.C. en la campaña de Metelo), conseguirá romper el cerco “una noche sombría” (Apiano. Iber. 94) y acompañado de cinco leales y otros tantos caballos, correrá a pedir ayuda a las ciudades cercanas. Ciudades con la que según Apiano (Iber. 94) tenían lazos de parentesco. La ayuda les llegará de la ciudad de Lutia, centro de cierta opulencia situado de Numancia a trescientos estadios (Ap. Iber. 94). Los jóvenes de Lutia se pusieron así del lado de Retógenes, pero los ancianos de la ciudad, temerosos de Escipión, acudieron en secreto a darle noticia de lo que estaba ocurriendo. Éste marchó de inmediato contra la ciudad celtibérica exigiendo la entrega de los conspiradores. En principio los ancianos se negaron, pero frente a las amenazas de Escipión de arrasar la ciudad hasta los cimientos se le hará entrega de los jóvenes rebeldes hasta un número de 400, a los que Escipión castigará cortándoles las manos. Al amanecer del día siguiente Escipión ya estaba de vuelta en su campamento y las esperanzas de Numancia, se agotaban…

La situación comenzó a ser desesperante en el interior de la ciudad arévaca y vistas las circunstancias a las que estaban siendo empujados, los Numantinos encabezados por un líder de nombre Avaro, acudieron a Escipión a solicitarle una salida pacífica y condiciones moderadas de rendición: “Avaro habló con énfasis sobre la opción y el valor de los numantinos y añadió que ni siquiera ahora estaban equivocados, al haber sufrido tantos males por sus hijos, sus mujeres y la libertad de la patria” y añadió “Oh Escipión, es especialmente digno que tú, un hombre colmado de tantas virtudes, perdones a este pueblo ardiente y valeroso y que nos ofrezcas condiciones más humanas que nuestros presentes males (…) que ya no está en nuestras manos sino es las tuyas o bien recibir la ciudad si ordenas algo moderado, o desdeñarla para destruirla en combate” (Apiano. Iber. 95). Escipión se mostrará sin embargo inflexible y exigirá la entrega total de todas las armas. Pedir la entrega de las armas, al igual que ocurrió en las negociaciones de Viriato con Lepido, suponía atentar contra las más altas concepciones de la mentalidad indígena, que parece cifrar en la posibilidad de empuñar un arma, la posibilidad de seguir sintiéndose libres y dueños de su destino (“los caballos y las armas les son más queridos que su propia vida” Trogo Pompeyo 44, 2, 3.) En consecuencia, las condiciones no fueron aceptadas y los numantinos, locos de desesperación, asesinaron a Avaro al comunicarles éste la decisión de Escipión. Tan trágico episodio nos mostrará cómo llegado este punto, en el interior de Numancia, la desesperación era absoluta, y cómo según el propio Apiano (Iber.95), los numantinos ya ni siquiera confiaban unos en otros. Pues el asesinato de Avaro, parece ser que respondió a la sospecha de que Avaro había obtenido de Escipión, su propia seguridad personal.

Finalmente el horror final llegó a Numancia de mano del hambre y tal fue la carestía, que se vieron obligados a comerse a los muertos, y en una vuelta de tuerca aún más siniestra, a practicar el canibalismo, comiéndose los más fuertes a los más débiles (Apiano. Iber. 96).

Destruido el espíritu de la ciudad, con una población posiblemente llegado este punto enfrentada, debilitada y desesperanzada, se decidió ya sin otra posibilidad la rendición frente a Roma. Escipión ordenará entonces que se le entreguen las armas un día en un determinado punto. Y que al día siguiente la población se entregue en otro. Sin embargo los numantinos dejarán pasar un día más antes de entregarse, pues la mayoría de ellos “aspiraban a la libertad y deseaban quitarse la vida ellos mismos” antes que caer en la esclavitud. Solicitarán así a Escipión un día más para poder suicidarse (Apiano. Iber. 96). “Tan grande era el valor y el amor a la libertad en esta ciudad bárbara y pequeña” (Apiano. Iber. 97)…

Nos encontramos aquí y al igual que ocurrió en el asedio de Sagunto, con un caso de suicidio colectivo y renuncia a la vida sino es en libertad e independencia. El mismo caso que ya hemos recogido en capítulos anteriores en la campaña de Bruto en Galicia, y que volveremos a encontrar más adelante en el asedio de Calagurris y en las guerras Cántabras. Una resistencia heroica y lucha desesperada, y un suicidio final antes que aceptar la pérdida de la libertad. La vida no es entendida así como un fin en sí mismo, y sin la posibilidad de ser dueños de su propio destino, muchos de los indígenas preferirán morir. Es en este punto donde se recogerá la muerte de Retogenes y sus leales, muerte que ejemplificará de manera épica y notoria la ética heroica y agonística de los pueblos de la Hispania prerromana:

“Retógenes, jefe numantino, rendida ya la ciudad, ordenó a sus hombres luchar a muerte por parejas frente a una gran hoguera mientras él observaba con su espada clavada en el suelo. Los vencedores, tras arrojar los cuerpos de los compañeros muertos al fuego, dirigieron sus armas contra ellos mismos y también se arrojaron al fuego. Finalmente Retógenes también se clavó su propia espada y acto seguido se arrojó al fuego con el resto de sus camaradas”

Floro 1, 34, 11.

 

*

Al tercer día, los últimos supervivientes se entregaron a Escipión, y aquí el dramatismo es tal que creemos que lo mejor es dejar hablar al propio Apiano: “penosos de ver y completamente transformados en su aspecto, con los cuerpos sucios y llenos de pelos, uñas y mugre, despidiendo un hedor insoportable, con ropa igual de mugrienta y no menos fétida. A la vista de sus enemigos parecían dignos de compasión por esta circunstancia, pero sus miradas eran terribles, pues todavía en ellas se veía la expresión de la cólera, del dolor, del esfuerzo, y de la conciencia de haberse devorado mutuamente” (Iber. 97).

Escipión eligió cincuenta de ellos para sus “fastos triunfales” en Roma, vendió el resto como esclavos, se ganó el apodo del “Numantino” (Apiano. Iber. 98) y repartió la ciudad entre los pueblos vecinos, mayormente pelendones, pero también arévacos. Roma finalmente había vencido…

Concluía de este modo la Guerra de Numancia, de manera tan trágica como épica, igual que pocos años antes terminó también la guerra de Viriato, y si bien ni mucho menos concluía aquí la conquista romana de Hispania, estos 20 años de saqueos, campañas, victorias, derrotas, asedios, paces, traiciones, valor y heroísmo, dejaban en la memoria uno de los capítulos más impresionantes y sugestivos de la Historia de España.

*

Desde un lejano 154 a.C. y los primeros saqueos lusitanos en la Ulterior, hasta el 133 a.C. y la rendición agónica de Numancia, se sucedieron así veinte años de guerras contra lusitanos y celtiberos, en la Ulterior y Citerior respectivamente, con dos epicentros diferenciados para cada uno de los escenarios: Por un lado Viriato en el caso lusitano. Y por otro Numancia en el caso celtibérico.

Para el caso lusitano y cómo hemos podido comprobar a lo largo de esta serie, el conflicto irradiará a otros pueblos prerromanos incluyendo a vettones, turdetanos, galaicos y diversas tribus y gentes del área Ulterior y la submeseta sur, como pudieran ser los carpetanos. Estando el origen del conflicto vinculado a las constantes razzias de los lusitanos sobre el sur Peninsular, al parecer en diversos casos, en connivencia con algunas ciudades y facciones turdetanas, que ven en la acción de los lusitanos, una oportunidad de sacudirse el yugo romano. Al mismo tiempo la deslealtad de los gobernadores romanos a su palabra y a sus pactos (recordemos a Galba), así como una muy posible necesidad de expansión territorial de los lusitanos, terminarán por configurar el cóctel explosivo del que surgirán las guerras lusitanas y la figura de Viriato.

Por otra parte y para el caso de Numancia, el origen del conflicto parecerá surgir de un territorio (el celtibérico), que cortado en dos por la frontera romana, da lugar a que Numancia, ubicada más allá de dicha frontera, se convierta en referencia, refugio y bastión desde el que luchar por la independencia celtibérica frente a Roma. El hecho de que la guerra numantina comience con el conflicto de las murallas de Segeda, en territorio celtibérico pero dentro de la frontera romana en la Hispania Citerior, así como el hecho de que irradie constantemente al territorio vacceo, área celtibérica lejana a las fronteras de Roma en la Península, nos pone en la pista del alcance ideológico que pudo suponer la resistencia a la ocupación romana, para el conjunto de los pueblos celtibéricos.

Es aquí que no estará de más señalar la relación que desde el 154 a.C. se dará entre las acciones de los lusitanos en la Ulterior, y las de los celtíberos en la Citerior, invitando los primeros a alzarse contra Roma a los segundos, en una muestra de conciencia de alteridad de ambos pueblos, respecto del invasor romano. El caso de Viriato incitando a los celtiberos a liberarse del yugo romano es el más claro ejemplo al respecto: “Viriato incitó a los arévacos, titos y belos, que eran tribus especialmente belicosas, a la defección de los romanos. Y éstos iniciaron otra guerra por su propia cuenta, la que llaman numantina debido a una de sus ciudades, y que se convirtió en un conflicto largo y penoso para los romanos” (Apiano. Iber. 66).

Uno y otro conflicto van así de la mano y estarán en cierta medida relacionados. Implicando entorno suyo toda una serie de pueblos, unos ajenos a Roma; caso de lusitanos, vetones, galaicos, arévacos, vacceos o cántabros. Y otros ya en áreas sometidas a Roma y divididos en rebeldes y pro romanos, caso de turdetanos, carpetanos, belos, titos o lusones. Unos y otros poniéndonos en la pista tanto de la solidaridad y colaboración entre ellos, como en la pista del choque entre los que se avenían a la conquista romana y los que la enfrentaban.

En cualquier caso la derrota de Viriato y de Numancia supuso el definitivo sometimiento de la Celtiberia, la Beturia y la Turdetania; así como la apertura del expansionismo romano a la Lusitania (incluyendo también aquí el territorio vetón), Galicia y las llanuras vacceas de la Celtiberia más occidental. Todos ellos territorios hasta ahora mayormente ajenos al poder de Roma y que a partir de este momento, quedarán al alcance directo de su expansión.

Dicha expansión y como todo en la conquista Romana de Hispania, será igualmente cosa ardua y complicada, y tras un periodo de paz bastante extenso de casi 20 años, la guerra volverá a los territorio de Lusitania y Celtiberia.

En esta ocasión, dará la impresión de que la generación que oyó contar desde niño la historia de la resistencia heroica de Numancia, o que creció oyendo leyendas y cánticos sobre las gestas de Viriato, tomará ahora las armas y se enfrentara a Roma; dando lugar a un nuevo periodo de guerras que si bien mal conocido y documentado, se prolongará otra vez en un extensísimo periodo de casi veinte años. Destacándose aquí la reanudación de las razzias lusitanas sobre el sur Peninsular un año sí y otro también, y la derrota a manos de los celtíberos de los “terribles cimbrios”, que habiendo entrado en Hispania para someterla a saqueo y depredación, llegados a la Celtiberia, encontraron en arévacos y pelendones, la horma de su zapato…

Posteriormente y tras otro periodo de paz de alrededor de diez años, aún quedarán ánimos entre celtíberos y lusitanos para tomar de nuevo las armas, si bien ahora implicándose en las guerras civiles de la República. Primero en la correosa y dura guerra Sertoriana, y posteriormente en las luchas de Pompeyo y César. Debiendo recalcarse aquí las batallas de Ilerda y de Munda, ambas acaecidas en Hispania.

*

Tras las guerras civiles, Hispania quedará agotada de tantos enfrentamientos y luchas y celtíberos y lusitanos ahora sí, quedarán definitivamente pacificados, viviéndose años de recuperación y sobre todo de consolidación del fenómeno de lo hispano-romano. El interior de Hispania se abría así a la romanización y era ya solo al norte, en tierras de cántabros y astures, que se mantenía la amenaza “bárbara”…

Serán las “Guerras Cántabras”, último episodio de la conquista romana de Hispania, entre el 29 y el 19 a.C. Diez años de dura guerra con el mismísimo emperador Augusto adentrándose en las fragosidades de la Cornisa Cantábrica…   Otro capítulo más de la apasionante de la Historia de España que por ahora, dejaremos para otra ocasión…

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Viriato y Numancia VI: Numancia derrota a Roma

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
Casco moncayo - Horcas Caudinas

La Conquista Romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte VI

Tras la muerte de Viriato Roma se adentrará en el noroeste de Hispania. En las tierras de los galaicos. Allá se enfrentará a los brácaros y se vivirán episodios de gran dramatismo y heroicidad debido al carácter indómito de este remoto pueblo de los confines de Hispania.

 

Al mismo tiempo Roma tratará de poner fin a la rebeldía de Numancia enviando un ejército consular contra la pequeña ciudad celtibérica. El resultado será el de una de las derrotas más estrepitosas y vergonzosas de la historia de Roma. Numancia se proclamará vencedora y al igual que hizo anteriormente Viriato cuando derrotó al ejército consular de Serviliano, ofrecerá un acuerdo de paz en el que ser reconocida como “amiga libre e independiente de Roma”.

 

La victoria de Numancia hará virar entonces a los ambiciosos gobernadores romanos hacía el interior de la Meseta y el pueblo vacceo. Donde de nuevo y en esta ocasión en el asedio de Palentia, los romanos encontrarán en los duros celtíberos, la horma de su zapato…  

 

 

137 a.C.-

*Concluida la guerra de Viriato en el 138 a.C. el sucesor de Cepión en la Hispania Ulterior, el procónsul Décimo Junio Bruto, en gran medida como efecto colateral de la guerra contra los lusitanos, emprenderá una campaña contra los galaicos y el noroeste Peninsular.

Los pueblos galaicos habían guarecido a Viriato durante su huida de Cepión, formaban parte de un mundo ideológico y cultural similar al de Viriato, y posiblemente algunos de ellos se habían integrado también como miembros de su ejército. En este sentido y a decir de Apiano (Iber. 71), tras la muerte de Viriato y durante el 137 a.C. numerosas partidas de bandidos procedentes del territorio galaico se dejaron caer por territorios de la Lusitania y el sur Peninsular. La situación se hacía complicada para el procónsul, tanto por la movilidad de estas bandas y su número, como por la extensión del territorio abarcado  (desde el Betís hasta el Limia, pasando por el Tajo y el Duero). Esto le llevará a decidirse por atacar directamente las ciudades de procedencia de los saqueadores. Tratando de provocarles la necesidad de volver a sus hogares para defenderlos.

En su campaña por el noroeste Bruto cruzará la Lusitania saqueando todo a su paso y llegado al río Letes cruzará al otro lado, continuando su campaña por territorios hasta ese momento desconocidos para Roma[1]. Alcanzará así el corazón del territorio galaico luchando contra los brácaros en el torno del río Nimio, dándose épicos momentos de heroísmo, con las mujeres armadas luchando junto a los hombres, muriendo sin replegarse, dar la espalda o proferir gritos o lamentos, y en el caso de las mujeres capturadas, dándose muerte ellas a sí mismas y a sus hijos antes que aceptar el cautiverio (Apiano. Iber. 72).

[1] Aquí se contará una anécdota muy interesante (Estrab. III. 153)… Este río Letes del noroeste de Hispania, era confundido por los romanos con el legendario río Lete. Río de los confines del Mundo y en los entornos del Hades que al cruzarlo, provocaba en los mortales el olvido de quienes eran y cuál era su lugar de procedencia, perdiendo para siempre la memoria. El propio Décimo Junio Bruto pondrá fin al miedo supersticioso que paralizaba a sus hombres cruzando él mismo el río y llamándolos entonces por su nombre. Éstos, viendo que su general mantenía la memoria cruzarán también al otro lado (Plin. H.N. IV. 22 s. 35) Adentrándose a partir de ahí en el interior de Galicia.

La campaña de Bruto concluirá con la toma de Talabriga (ciudad galaica que tras aliarse con Roma después se rebelará),  y supondrá una primera vía de penetración de Roma en el noroeste Peninsular así como un primer contacto con los pueblos del norte de Hispania. No volviendo a aparecer “Galicia” en los planes de Roma hasta la campaña de Julio Cesar  del 61 a.C. (originada también en un conflicto con bandas de saqueadores lusitanos). Más adelante y ya con las Guerras Cántabras Galicia se incorporará definitivamente a Roma, si bien como todo el norte y noroeste Peninsular, con un grado medio y bajo de romanización.

*En definitiva, tras la guerra contra Viriato, los romanos como reflujo de ésta, atacarán Galicia, de la que probablemente surgen parte de las bandas de saqueadores que genéricamente Roma denomina lusitanos. Término que parecen referir para los romanos todo el mundo de la cultura castreña del centro-oeste y noroeste Peninsular. Algo parecido ocurrirá con la cultura meseteña a la que genéricamente designa como celtibérica. El fenómeno se vuelve a repetir en el último tramo de la conquista romana de Hispania, donde Roma englobará genéricamente como cántabro y astur, a todo lo referente a los pueblos en armas del norte Peninsular.

Por otra parte, tenemos que entender, que todos estos pueblos: lusitanos, vetones, galaicos,  cántabros, astures… serían pueblos de una celticidad arcaica que  usando la terminología de Almagro-Gorbea (1993 y 1995), podremos denominar “indoeuropea protocéltica”. Ese arcaísmo y por ende alteridad respecto de la celticidad más plena de los pueblos del interior de Hispania, parece ser reconocida por los  propios romanos no solo con esas generalizaciones que hemos señalado, sino también con la insistencia de las fuentes clásicas en afirmar el carácter más bárbaro y atrasado de los pueblos del norte y noroeste Peninsular.

  Del mismo modo, esa celticidad “más plena” que encontramos en la Meseta (y con esto queremos decir más afín a los modelos de celticidad que podemos encontrar en las Galias), no dejará de ser una celticidad genuinamente hispánica, dotada de características específicas propiamente celtibéricas. Destacando el hecho de que se dé impregnada de aportaciones culturales y étnicas del mundo ibérico. De ahí la terminología “celtiberos”, tanto como celtas de Iberia, como celtas “iberizados”. Siendo el ejemplo más claro de esto último, el uso del alfabeto ibérico por parte de los celtíberos.

En este orden de cosas y entre los cántabros, Peralta Labrador (2000) encuentra sobre un fondo protocéltico, desarrollos culturales posteriores derivados de la influencia del mundo celtibérico de la Meseta. Estas zonas de conexión entre un mundo y otro, de una misma raíz indoeuropea pero diferente nivel de celticidad, debieron crear un panorama muy heterogéneo con diversos grados y modelos más o menos arcaicos de dicha celticidad. Modelos que en cierta medida y como hemos indicado, parecerán poder recogerse en las propias fuentes clásicas.

*Pacificada la Hispania Ulterior, Roma tenía ahora las manos libres para centrarse en la Citerior, en la que cómo hemos podido ver en anteriores capítulos, los celtíberos, soliviantados por los éxitos de Viriato y las predicaciones de Olíndico, se habían alzando en armas de nuevo y desde el 143 a.C.  estaban poniendo las cosas muy difíciles a Roma…

*

*En la Hispania Citerior, mientras Bruto atacaba a los Galaicos, Roma enviaba un nuevo procónsul de nombre Cayo Mancino. El gobierno de Mancino en la Citerior supondrá un desastre antológico para las armas de Roma, siendo comparado y recordado por los romanos como un episodio tan vergonzoso como el legendario capítulo de las Horcas Caudinas[2].

Casco moncayo - Horcas Caudinas

[2] El episodio de las Horcas Caudinas, acaecido en el 321 a.C., supuso uno de los momentos más humillantes de la historia de Roma, y siempre fue recordado así como ejemplo moralizante para la ciudadanía romana:   En el año 321 a. de C. y en las luchas de Roma contra los samnitas,  un ejército romano intentó pasar los Apeninos por un estrecho desfiladero cercano a la ciudad de Caudio conocido como de las Horcas Caudinas. Los samnitas cortaron la salida del desfiladero con rocas y árboles y rodeando a los romanos, los metieron en una ratonera de la que para salir con vida, tuvieron que aceptar unas condiciones humillantes de rendición.

Los soldados romanos fueron desarmados y obligados a vestir únicamente con una túnica, debiendo pasar inclinados uno en uno por debajo de una lanza horizontal dispuesta sobre otras dos clavadas en el suelo. Desde entonces el propio dicho de “hacer pasar bajo las Horcas Caudinas” hará referencia a tener que pasar por unas condiciones de rendición humillantes.

Roma volvía así a atacar Numancia, esta vez con todos los efectivos de un ejército consular en lo que parece una campaña, para acabar definitivamente con el problema de la rebeldía numantina.

Mancino se dirigió directamente contra Numancia. Frente a la ciudad arévaca levantará un cerco, pero las salidas de los numantinos le provocarán numerosas bajas y finamente se verá obligado a replegarse sobre su campamento. Allí le llegará el rumor de que vacceos y cántabros acudían en ayuda de Numancia. Asustado pasará la noche sin hogueras y tratará de huir alcanzando los restos del antiguo campamento de Nobilior (campaña del 154 a.C.). Allí será bloqueado por los celtíberos sin darle escapatoria posible. Acorralado y con las posiciones sin fortificar los celtiberos le amenazarán con acabar con todos y no dejar ni uno vivo si no se aviene a pactar unas condiciones de paz definitiva con ellos.

Importante aquí resaltar este detalle: La propuesta de los celtíberos de teniendo al ejército romano a su merced no aniquilarlo, sino ofrecer un pacto para la paz. Al igual que Viriato, una vez conseguida la victoria total sobre Roma y sobre un ejército consular, los indígenas Hispanos no pasarán a cuchillo hasta el último romano, sino que mediante un acto de buena voluntad, y un perdón de la vida de los derrotados, tratarán de llegar a un status quo de igualdad con Roma. De “amigos libres del pueblo romano”. Tal como anteriormente hizo Viriato tras derrotar el ejército de Serviliano.

De nuevo el valor de los gestos denotará su peso en la concepción ideológica indígena, y la búsqueda de la paz será entendida como reconocimiento de la independencia indígena en relación de amistad con los romanos. Mancino capituló y Numancia se proclamó vencedora (de igual manera que Viriato frente a Serviliano en el 140 a.C.). Los numantinos se llevarán los bagajes y el armamento del ejército romano como botín y como detalle anecdótico, se recogerá que los numantinos se llevarán también los libros de cuentas del questor de Mancino. Éste al enterarse, volverá sobre sus pasos hasta territorio arévaco, donde será tratado con gran referencia, devolviéndosele, no solo sus libros, sino todo lo que quisiera del botín de guerra que les habían arrebatado (de nuevo el peso de los gestos, en este caso la generosidad como valor y gesto debido del vencedor). Graco, que así se llamaba el questor, en un rasgo de piedad muy propio de algunos romanos, se llevó solo el incienso utilizado en los sacrificios públicos (Plut. Tib. Grac. IV).

Por desgracia para los numantinos el Senado no aceptará la capitulación. Mancino defenderá su postura frente al senado alegando las vidas que había salvado y argumentó que Roma en el tratado con Numancia no perdía ninguna de sus posesiones en Hispania, y que en todo caso reconocía la independencia de la ciudad arévaca, la cual además quedaba como amiga de Roma. Para el senado las explicaciones de Mancino no fueron suficientes, y obligaron a Mancino a rendirse personalmente y entregarse él mismo a los numantinos, pues ellos, el Senado, no reconocía ninguna capitulación frente a Numancia. Mancino será llevado desnudo y atado frente a la ciudad arévaca y allí será abandonado a su suerte… Los celtíberos, en un rasgo de nobleza y dignidad, no lo aceptarán e ignorarán a Mancino, siendo devuelto llegada la noche al campamento romano. Mancino fue expulsado del Senado y retirada la ciudadanía romana. Más tarde llegó a recuperarla llegando a ser pretor. Al final de sus días se costeo una estatua en la que aparecía desnudo recordando el lamentable suceso…. (Plinio, NH. XXXIV. 18)

*Roma rechazó la capitulación de Mancino, pero al igual que con la falsa paz de Quinto Pomeyo, Numancia a pesar de no conseguir con sus victorias y buena voluntad una paz definitiva y un reconocimiento de su independencia, si obtendrá unos años de estabilidad sin conflictos directos con Roma. Así durante casi tres años consecutivos, los siguientes gobernadores de la Hispania Citerior no atacarán el territorio arévaco, que se habrá ganado un merecido respeto. Solo cuando una ambicioso Escipión consiga hacerse cónsul y organice su propio ejército, Numancia volverá a enfrentarse con Roma…

*Merece la pena destacar aquí cómo, en las guerras de Roma contra lusitanos y celtíberos, Viriato en el 140 a.C. y tres años después Numancia, consiguen derrotar respectivamente al ejército que se ha enviado contra ellos obteniendo una capitulación del procónsul que lo dirige. Y en ambos casos, pudiendo aniquilar al ejército romano, ofrecen sin embargo y con un acto de buena voluntad, un pacto de paz que les permita vivir en independencia y como amigos libres de Roma.

Obviamente este interesante paralelismo entre dos áreas y pueblos diferentes de la Hispania céltica y rebeldes ambos frente a Roma, nos estará dando claves de su universo ideológico. De su manera de entender la guerra y la victoria.

*

Ese mismo año de la derrota de Mancino, Emilio Lépido será enviado a la Hispania Citerior para sustituirle. No atacará a Numancia pero sí se lanzará sobre el territorio vacceo a saquearlo y obtener botín, haciéndose acompañar del gobernador de la Hispania Ulterior, Décimo Junio Bruto, quien regresaba en ese momento de su campaña victoriosa contra los Galaicos.

El senado hará gestiones para evitar esta campaña de saqueo deliberado del territorio Vacceo, pero el ambicioso Lépido, igual que anteriormente hizo Lúculo, no atenderá a razones, y atacará la capital vaccea de Palentia. Pondrá sitio a la ciudad, pero la situación se complicará progresivamente, con una ciudad que se niega a rendirse, que trata de impedir en lo posible el avituallamiento romano, y que consigue que la sombra del hambre se cierna sobre el campamento de Lépido y Bruto. Finalmente es condiciones muy precarias, Lépido tuvo que levantar el asedio en plena noche, pero percatados los vacceos, saldrán tras él causándole muchas bajas y obligándole a abandonar a heridos y enfermos. Debido a su desobediencia y lo desastroso de su campaña contra los vacceos, Lépido fue destituido y multado por el Senado.

136 a.C.-

*A Lepido le seguirá en el gobierno de la Hispania Citerior, Furio Filón, que entregará a Mancino a los numantinos, y que tampoco se atreverá a atacar la ciudad arévaca, contentándose con saquear las cosechas vacceas.

135 a.C.-

*El sucesor de Furio, Calpurnio Pisón, hará el mismo papel que el anterior. No afrontará el problema numantino, y tras saquear el territorio vacceo del que obtendrá escaso botín, invernará en la Carpetania (suponemos en Toledo o en Complutum, en la actual Alcalá de Henares).

*Desde el 137 a.C. Numancia permanece en paz, y tras dos años consecutivos robando grano a los vacceos el ejército romano en la Hispania Citerior, se debilitará y abandonará. En este estado de indisciplina lo encontrará Escipión cuando llegue a Hispania dispuesto a rendir la pequeña ciudad arévaca

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Viriato y Numancia IV: El triunfo de Viriato

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte IV

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia. Parte IV

-Triunfa Viriato. Muere Olíndico. Y falsa paz en Numancia-

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

En este cuarto episodio de nuestra crónica sobre “Las guerras de Viriato y de Numancia”, nos encontraremos con la “peculiar” y heroica muerte de Olíndico, líder ideológico y espiritual de los celtíberos. También con el triunfo de Viriato frente al cónsul romano enviado a Hispania ex profeso para acabar con él. Dos episodios auténticamente cinematográficos.

 

Por su parte Numancia, tendrá que vérselas de nuevo con los engaños y abusos de los “gobernadores” romanos…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor, su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

143 a.C. –

*Llegado Metelo y su ejército consular a la Hispania Citerior, lo primero que hará será tomar la ciudad celtibérica de Centóbriga. Estando todavía frente a dicha ciudad recibirá el ataque en plena noche y en su propia tienda, del “druida o profeta” celtibérico Olíndico, que había conseguido introducirse en el campamento romano en solitario con su lanza de plata, y que apunto estará de acabar con la vida del procónsul, siendo reducido y muerto en el último momento por la guardia de éste. La guerra comenzaba como un siniestro presagio: el ataque audaz y sorpresivo del “oráculo” de los celtiberos al cónsul de Roma y en el propio campamento romano. Cabrá preguntarse en este sentido, hasta qué punto la guerra pudiera estar enardecida por el elemento religioso en el bando celtibérico, pues una suerte de “druida” había predicado la guerra contra Roma durante los años de la paz de Marcelo, y ahora ese mismo “profeta” y en el mismo momento de la reanudación de las hostilidades, se colaba en solitario hasta el corazón del campamento romano y trataba de atentar contra la vida del cónsul… En todo caso Metelo conseguirá tomar Centóbriga no volviendo a actuar ya hasta el año siguiente.

142-141 a.C. –  

*En el año 142 a.C. no se registrarán actividades militares dignas de mención en la Hispania Ulterior, y Viriato se afianzará en sus posiciones. Pero llegado el 141, Roma enviará una poderosa ofensiva de casi 20000 hombres y 10 elefantes, dispuesta a poner fin terminantemente con el guerrillero lusitano.

*Mientras en la Citerior y tras la toma de Centobriga el año anterior, Metelo tomará la ciudad de Contrebia, de los celtíberos lusones, consiguiendo tras la caída de ésta y mediante una hábil labor diplomática, la adhesión de diversas tribus celtibéricas y ciudades. Es éste orden de cosas habrá que destacar a un jefe celtibérico de nombre Retógenes, que siendo originario de Centóbriga, se habría pasado al bando romano tras la caída de ésta, y que participando en el asedio de Contrebia, tuvo que ver como sus propios hijos eran dispuestos por los asediados como escudos humanos en las murallas, frente a las catapultas romanas. La decisión “humanitaria” de Metelo de no atacar en ese caso por respeto a su aliado, provocó la simpatía de muchos celtiberos hacia el cónsul romano, que a partir de ese momento se pusieron en disposición de pactar con él. Tenemos así un ejemplo claro de la sensibilidad celtibérica a la política de gestos, y de nuevo el valor del carisma personal del individuo, en la concepción de las lealtades y pactos de los celtíberos. Por otra parte, debemos suponer que este Retógenes, es el mismo que más adelante quedará como último jefe de Numancia. Pasando así y cómo podemos comprobar, por un primer momento de enfrentamiento con Roma en la defensa de Centóbriga, un segundo momento de alianza con Roma tras la caída de dicha ciudad, y más adelante un tercer momento de volver a enfrentarse con Roma, esta vez en la defensa de Numancia.

En cualquier caso y finalmente Contrebia será tomada, no sin dificultad…

En un primer momento Metelo sufrirá de hecho la defección de cinco cohortes romanas que se negarán a atacar la ciudad, pero demostrando una astucia y capacidad de improvisación sin igual, aprovechará la huida de parte de sus tropas para el fingimiento de una retirada general y el subsiguiente levantamiento del cerco. Engañados los celtíberos por la trampa de Metelo, abrirán las puertas de su ciudad saliendo a hostigar su retirada, momento que aprovechará Metelo para darse la vuelta por sorpresa y atacar, consiguiendo entonces desbaratar al ejército celtibérico, entrar en Contrebia, y ahora sí, tomar la ciudad.

Tomadas Centóbriga y Contrebia, capitales respectivas de belos y titos por un lado, y lusones por otro, Metelo marchará ahora hacia Numancia, la capital arévaca, independiente, insurrecta y fronteriza con Roma en Hispania, cabeza y refugio de las rebeliones celtibéricas desde el conflicto de Segeda.

Como ya hicieron sus predecesores, antes de atacar la ciudad, Metelo saqueará los graneros vacceos, pero cuando ya haya quedado todo dispuesto para enfilar contra Numancia, concluirá el plazo de su mandato, debiendo volver a Roma a rendir cuentas. Metelo y Numancia no llegaban así a enfrentarse, pero la guerra celtibérica, con las capitales de belos, titos y lusones sometidas, se convertía ya en una campaña contra Numancia…

141-140 a. C-

*En la Hispania Ulterior, el nuevo y poderoso ejército romano, a las ordenes del cónsul Fabio Máximo Serviliano, se enfrentará con Viriato en batalla campal en los alrededores de Tucci (la actual Martos en Jaén) cargando éste contra Fabio con seis mil hombres y el “tumulto y griterío propio de los bárbaros, y con el cabello largo que suelen agitar en las guerras ante los enemigos para infundirles pavor” (Apiano. Iber. 67) (posiblemente estamos aquí frente algún tipo de escenografía guerrera tendente tanto a amedrentar al enemigo, como a despertar el “furor guerrero” en el ejército bárbaro). Fabio resistirá sin arredrarse el primer choque, y rechazará a Viriato sin que éste hubiera conseguido desbaratar las filas romanas. Llegados entonces los apoyos de Libia, Fabio se anticipará ahora a Viriato y le atacará haciéndose acompañar de diez elefantes y trescientos jinetes. Viriato es entonces puesto en fuga y se ve obligado a abandonar Tucci. Los romanos lo perseguirán envalentonados por su retirada, y el propio desorden de la persecución, será hábilmente aprovechado por Viriato, que se revolverá contra los romanos cargando contra ellos sorpresivamente, lo que le permitirá acabar con la vida de cerca de tres mil soldados y atacar el mismísimo campamento romano, donde se vivirían momentos de pánico y donde solo el valor y la firmeza de los mandos, unido a la llegada de la noche, evitará el desastre… Fabio Máximo Serviliano se replegará entonces hacia Tucci y Viriato, tras hostigarle en sucesivos rifirrafes, pero también y ciertamente muy debilitado, se retirará finalmente al interior de la Meseta, posiblemente a la actual sierra de San Vicente en Toledo.

El cónsul romano, libre por el momento la Ulterior de la presencia de Viriato, se dedicará entonces a castigar y perseguir a los aliados de Viriato en la Ulterior. Según Apiano, hasta cinco ciudades “colaboracionistas” con el líder lusitano, serán arrasadas por Fabio Máximo Serviliano (Apiano. Iber. 68). Castigada la Hispania sometida pero afecta al poder lusitano, Serviliano volverá a perseguir a Viriato y se adentrará en el interior la Lusitania. En su camino por el interior peninsular será atacado sorpresivamente por dos jefes bandidos y su ejército de diez mil hombres. No sabemos si estos bandidos actúan por libre, o en connivencia con Viriato, pero obviamente y de hacer caso a las fuentes, no suponían una fuerza menor (diez mil hombres), debiendo resaltarse también los nombres de ambos líderes bandidos: Curio y Apuleyo. Parecen nombres romanos y cabe plantearse, si no serían dos desertores del ejército romano avenidos a vivir entre los bárbaros.

El ataque bandido sembró la confusión entre los romanos y Serviliano perdió en un primer momento sus impedimentas, rehaciéndose después y persiguiendo a los bandidos, de los que recuperará el botín y acabará con la vida de Curio. El ataque bandido en cualquier caso frenó el avance romano hacia el interior de la Lusitania y Serviliano, se vio obligado a dar media vuelta y tornar a la Ulterior, donde volverá a reprender a los posibles aliados de Viriato. Castigó así las ciudades de Tucci, Astigi y Obúlcola, en la zona de la Bética, apresando también a otro jefe de bandidos llamado Connoba (la presencia de estas partidas de bandidos actuando por libre incluso en territorio romano, nos conduce a pensar no solo en la situación de desgobierno que las continuadas guerras en Hispania podrían haber generado, sino en el carácter peculiar de la tradición guerrera de la Hispania prerromana, con campañas estacionales de saqueo y razzia por parte de algunos pueblos del interior peninsular).

*Llegado el año siguiente, Fabio Máximo Serviliano volvió a internarse en la Lusitania, poniendo esta vez en asedio la ciudad de Erisana (quizás Azuaga, en Badajoz), aliada de Viriato desde hacía tiempo. Viriato y sus hombres conseguirán sin embargo infiltrarse por la noche en la ciudad sin que los romanos se percaten, y llegada la mañana, saldrán a la carga contra ellos, que en ese momento se encontraban en plenas tareas de fortalecimiento del sitio. Sorprendidos, los romanos emprenderán la huida, y puestos en fuga, Viriato conseguirá acorralarlos “en un lugar escarpado” (Apiano. Iber. 69), poniendo al ejército consular y al propio Serviliano contra las cuerdas. Llegado ese momento y teniendo en sus manos al ejército enviado por Roma para derrotarle, Viriato, en lugar de aniquilarlo, aprovechará su victoria para establecer condiciones de paz. Obteniendo de Serviliano la retirada del ejército romano de la Lusitania, y el reconocimiento de la independencia de los territorios bajo su control. Siendo proclamado amicus populi Romani y reconociéndose “a todos los que se encontraban bajo su mando, la posesión de la tierras que ocupaban” (Apiano. Iber. 69).

*Viriato derrotaba así finalmente al ejército consular de Serviliano, enviado a posta para acabar con él, y teniéndolo en sus manos, no lo pasaba a cuchillo, sino que desde la posición de fuerza de su triunfo, negociaba para encontrar una salida pacífica. Viriato conseguía de esto modo y por sus victorias, que Roma le reconociese la independencia de su gente y de sus tierras, y al tiempo les ofrecía su amistad y colaboración como amigo del pueblo romano. El propio Apiano reconocerá la posibilidad de haberse dado por concluida “la guerra más dificultosa”, por un acto de buena disposición del rebelde lusitano (Ibíd. 69). Y ciertamente conmoverá el ánimo ver cómo Viriato consiguió vencer a los ejércitos de Roma enviados contra él, y llegado el momento de su victoria más definitiva, se preste a encontrar una manera de ser reconocido como libre e independiente. Por desgracia y cómo veremos más adelante, la palabra del cónsul romano de poco le sirvió al gran líder lusitano…

*Mientras todo esto ocurría en la Hispania Ulterior, en la Citerior era enviado un nuevo gobernador a luchar contra los celtíberos rebeldes de Numancia.

Quinto Pompeyo Aulo se dirigirá directamente contra Numancia, con 30000 infantes y 2000 jinetes, continuando la campaña anterior de su predecesor. Sin embargo, la pequeña ciudad celtibérica no se lo puso fácil, y tras algunos reveses en diversas escaramuzas con la caballería numantina, Pompeyo se retirará decidiéndose entonces a atacar Termancia (Montejo de Tiermes, en Soria), ciudad también arévaca y más vulnerable. Pero aquí tampoco tendrá suerte Pompeyo y tras sufrir diversos descalabros y pasar alguna situación realmente apurada (Apiano. Iber. 77), decidirá retirarse a invernar a Valentia, no sin antes y en parte para lavar cara de ese primer año de derrotas, perseguir y apresar a un bandido de nombre Tangino que estaba saqueando la Sedetania (territorio íbero de la margen derecha del Ebro en la actual Zaragoza). Sin embargo, “tan grande era el coraje de estos bandidos” (Ibíd. 77), que ninguno de ellos quiso soportar la esclavitud, de tal modo que algunos se dieron muerte ellos mismos, otros mataron a quienes los habían comprado, y otros llegaron incluso a abrir una brecha para hundir el barco que los trasportaba.

*De nuevo una partida de bandidos, como ya hemos visto otras, esta vez en la margen derecha del Ebro y no sabemos si originarios de la propia Celtiberia, o de alguna otra zona próxima como pueda ser Vasconia o Vardulia. Todos siguiendo en cualquier caso a un jefe, y todos quitándose la vida antes que renunciar a su condición de hombres libres. Bandidos que parecen actuar por su cuenta, sin referencia concreta al poder y presencia de Roma en Hispania, y que saquean los territorios de otros pueblos hispanos, en este caso de los sedetanos.

Una pauta de comportamiento guerrero que se dará en toda la Hispania Céltica, que parecerá ser generalizada en la Lusitania, y que se configura como uno de los rasgos más peculiares de las luchas de Roma contra los hispanos.

*Un año después de la pobre campaña de Quinto Pompeyo en la Celtiberia, el cónsul volverá a la carga y en el 140 a.C. tratará de cercar Numancia y rendirla por hambre. Para ello intentará rodear la ciudad con un canal, pero los hostigamientos por sorpresa de los numantinos, dice Apiano (Iber. 78) “sin trompetas”, impedirán llevar a cabo tal obra, provocando a su vez numerosas bajas en el bando romano. Llegarán también justo en ese momento y desde Roma, tropas de remplazo para el ejército de Quinto Pompeyo (tenía soldados en su ejército que llevaban seis años combatiendo en la Celtiberia), pero los recién llegados, sin experiencia y sin entrenar todavía, serán de poca ayuda para el general romano. Más aún cuando algunos de ellos, no acostumbrados al clima y aguas del altiplano soriano, enfermarán y morirán durante el invierno.

Para más inri, Pompeyo perderá también a los auxiliares hispánicos de su ejército, cuyo tiempo de enrolamiento concluía y podían volver a sus lugares de origen. Siendo estas tropas originarias de Hispania e incluso a veces de la propia Celtiberia, su ayuda era fundamental…

Encontrándose así con un ejército debilitado, mal entrenado e inexperto, cayó sobre el campamento romano el invierno de la Meseta, y entonces el frió, las penurias, y los ocasionales hostigamientos de los celtíberos, provocaron aún más bajas y mayor debilidad. Resultando una campaña aún más pobre en resultados que la del año anterior.

Llegada la primavera, y antes de que el nuevo gobernador llegará a la Hispania Citerior, Pompeyo buscará, aunque sea para lavar su “hoja de servicios” en Hispania, firmar algún tipo de acuerdo de paz con los celtiberos. Éstos, cansados ya de tanta guerra, aceptarán la oferta del romano… pero las intenciones de Pompeyo no eran honestas y básicamente, pretendía sacar algo de botín tras dos años de derrotas y miserias, evitando tener que enfrentarse de nuevo con los numantinos. Los pactos se hicieron así sin consentimiento del senado de Roma y llegado el nuevo gobernador, Pompeyo negará frente a éste haber hecho ningún pacto con los numantinos, aún cuando guardo para sí los talentos de plata que pidió a cambio de la paz. Pompilio Lenas, que así se llamaba el nuevo gobernador enviado por Roma a la Celtiberia, remitió a los litigantes al senado, pero cuando se llevó a cabo el juicio en Roma, los numantinos y Pompeyo se contradecían, siendo entonces que el senado, consideró oportuno continuar la guerra contra Numancia…

Pompeyo se quedó el beneficio de su falsa paz, y los numantinos tras haber entregado bienes y rehenes, no recibieron de Roma más que la decisión firme de continuar la guerra…

*Destacar que aquí tenemos ya la segunda embajada celtibérica enviada a Roma a negociar condiciones de paz, anteriormente en tiempos de Marcelo también fue enviada otra. Dos embajadas y la segunda con falsedad por parte de Roma.

No podemos sino fantasear con los celtíberos que viajaron a Roma desde Numancia para asistir al litigio y frente al senado, y quizás las sensaciones encontradas que les debió producir aquel viaje…

BIBLIOGRAFÍA:

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Viriato y Numancia III: Un Guerrero y un Druida

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte III.

Entre el 154 y el 133 a.C.

-20 años de guerras-

Parte III: Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas.

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

Es verdad que también tuvimos unas Guerras Cántabras. Guerras en las que las armas de Roma sufrieron hasta la extenuación para conseguir la victoria y en las que incluso el propio Augusto, sufrió en sus carnes la dureza y resistencia de los montañeses. Pero quizás porque la guerra de Viriato y la guerra de Numancia son en gran medida contemporáneas, y porque queríamos hacer una suerte de cronograma que recogiese año a año cómo se sucedieron los acontecimientos, nos hemos centrado en Viriato y Numancia.

Ojalá más adelante tengamos también tiempo para hacer lo mismo con las Guerras Cántabras…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

Parte III: Aparece Viriato y los celtíberos se alzan de nuevo en armas.

Entre el 150 y el 147 a. C.-

*En el 151 a.C. se abre un paréntesis en este periodo de las guerras celtibérico-lusitanas[1]. Un año antes Marcelo había conseguido reconducir a los celtiberos a la paz de Graco del 179 a.C. respetándose a su vez la independencia de Numancia. Ese mismo año Lúculo y Galba, a pesar de sus lamentables acciones en la Citerior y la Ulterior, cosecharán escasos tres años de paz. Paz que no será sino la preparación de un conflicto mayor capitaneado por uno de los supervivientes de la traición de Galba: Viriato. Líder Lusitano sin cuya mención sería imposible estudiar la resistencia hispana a la invasión romana.

*En la Citerior, entre los celtíberos, la paz de Marcelo se mantendrá durante cierto tiempo, llegando incluso en un principio a prestar auxilio a los romanos en sus luchas contra Viriato. Sin embargo, los éxitos continuados de éste y la acción subversiva de algunos sectores insurrectos del mundo celtibérico, terminarán por desencadenar de nuevo la guerra en lo que serían uno de los capítulos más difíciles para las armas romanas en Hispania: la conquista de Numancia.

147 a. C.-

*En la Hispania Ulterior aparece Viriato.

Viriato se nos presenta en las fuentes como el “buen salvaje”, hecho a sí mismo en la vía, de marcada simbología iniciática, del “pastor-cazador-guerrero”. Víctima de la traición romana y superviviente a la misma tras la matanza de Galba en el 152 a.C., cuando aparezca frente a Roma, aparecerá ya formado en principios y convicciones propios de un liderazgo basado en la independencia, la austeridad, el valor y la justicia. Las fuentes romanas insistirán especialmente en éste punto, haciendo de Viriato la imagen viva de un héroe “estoico”, ejemplo de virtud y hombría de bien. Cabría preguntarse hasta qué punto los cronistas romanos no aprovecharán el dificultoso y humillante episodio de Roma frente a Viriato, para utilizarlo como modelo moralizante y educador entre sus compatriotas. Sin embargo, esto no deberá dejarnos de hacer pensar que en cualquiera de los casos, Viriato nunca hubiera podido ser modelo de héroe, si realmente en él no se hubieran dado cualidades de líder militar y hombre de alma noble y grande.

*En el 147 a.C. los lusitanos vuelven a aparecer en la Ulterior saqueando la Turdetania en un numero de 10000 hombres. Les hará frente el legado Cayo Vetilio, que conseguirá derrotarlos en un primer choque reduciéndolos y cercándolos, y empujándolos a una situación apurada. Los lusitanos se avienen entonces a parlamentar y ofrecen la entrega de las armas y el sometimiento a Roma a cambio de tierras cultivables. Estando el pacto a punto de cerrarse surgirá Viriato de entre el ejército lusitano recordando las traiciones de Roma en el pasado, y reclamando la fidelidad de los hombres a su persona y la negativa a perder la esperanza de salvación y victoria, si están dispuestos a obedecerle (da la impresión de que Viriato mediante esta alocución se gana el mando y pasa de un puesto de subalterno de cierta importancia, al de verdadero líder del grupo guerrero. Lo que a su vez nos puede informar de la organización interna de estos grupos).

Viriato hizo dispersarse del modo más desorganizado posible a la mayor parte del ejército lusitano, citándolos después en Tribola (posiblemente en la Beturia) y él mismo, con sólo mil hombres escogidos y todos a caballo, se quedo frente a Vetilio dispuesto a entablar combate. El romano, temiendo dispersar a sus hombres persiguiendo a los lusitanos desperdigados a toda velocidad por todas partes, se dirigió contra Viriato. Éste, se replegó y atacó sucesivamente utilizando sus caballos, más veloces y ágiles que los romanos, hostigándolo constantemente con continuos picotazos y huidas, y haciendo discurrir todo ese día en la misma llanura. Llegada la noche, saldrá huyendo por caminos poco frecuentados hasta Tribola, no pudiendo seguirle la pesada tropa romana, que tampoco conocerá los senderos usados por Viriato. Llegado a Tribola Viriato es recibido como un campeón capaz de salvar un ejército en una situación desesperada. Su victoria se difundirá “entre los bárbaros” y un gran número procedente de todas partes acudirá a unírsele en su ejército (Apiano. Iber. 62). El líder Viriato acababa de surgir…

*Vetilio por su parte le seguirá hasta Tribola, pero en el camino Viriato le emboscará desde un bosquecillo próximo empujándolo hasta un barranco cercano. La derrota romana fue total, y el propio Vetilio perdió la vida al no ser reconocido por un guerrero de Viriato, que ha decir de Apiano, sólo vio en él un anciano obeso indigno de otra cosa que no fuera la muerte (Apiano. Iber. 63). Los supervivientes huyeron al valle del Betis y se refugiaron en Carteia. Siendo entonces cuando para frenar a Viriato pidieron ayuda a los celtiberos, solicitando a los belos y titos 5000 hombres para que fueran enviados contra el líder lusitano. Viriato los derrotó completamente hasta el punto de no dejar escapar vivo a ninguno de ellos. El cuestor, ahora al cargo de la situación, no le quedará otra opción que mantenerse en tensa calma en Carteia y esperar en compañía de sus tropas supervivientes, a la llegada de alguna ayuda de Roma…

*Derrotados los romanos, Viriato y sus hombres devastaron sin limitación ni temor alguno las tierras que más les convenían. Siendo saqueadas la Turdetania y la Carpetania, de la que dice Apiano es un “país fértil” (Apiano. Iber. 64).

146 a. C.-

*Al año siguiente llegará como gobernador de la Ulterior Cayo Plaucio, que tras una primera derrota en la que el romano perdió 4000 hombres (cayó en la estrategia de Viriato de fingir retiradas para dispersar al ejército enemigo), perseguirá a Viriato hasta sus cuarteles de invierno en la actual sierra de San Vicente en la provincia de Toledo (punto estratégico entre Lusitania, Vettonia y Carpetenia, y enclave de amplias panorámicas para ver cualquier movimiento en la llanura del tramo medio del Tajo). Ansioso por resarcirse de su derrota atacará al lusitano en la misma sierra. Será vencido en una terrible masacre y deberá huir de forma desordenada hasta la Turdetania, ocupando sus cuarteles de invierno desde el mismo verano (Apiano. Iber 64). Derrotados de nuevos los romanos Viriato bajó otra vez a la Ulterior, sometiéndola a saqueo y requiriendo de los propietarios el pago de la cosecha pendiente. Arrasándoles los campos en caso de no recibirla…

El pretor de la Citerior le atacará entonces tratando de tener más suerte allá donde su par de la Ulterior había fracasado. También fue derrotado estrepitosamente y sus insignias serán paseadas entonces por todo el país como trofeo de guerra y vehículo propagandístico del poder de Viriato. Es posible que sea en éste momento cuando ataque Toledo, someta Segobriga y amplíe su ejército a costa de adeptos anti romanos de áreas ya sometidas de la meseta sur y el sur peninsular.

145 a. C.-

*Los acontecimientos en Hispania comienzan a preocupar en Roma, y en orden a poner fin al conflicto envían como gobernador a Fabio Máximo Emiliano, hermano de Escipión. Este llegará a la ulterior con 15000 infantes y 2000 jinetes, poniendo a entrenar y ejercitar sus tropas al llegar, y evitando en principio enfrentarse directamente con Viriato. El pretor de la Citerior por su parte sí buscará el choque con Viriato, y al igual que sus sucesores será derrotado. Fabio Máximo Emiliano unirá entonces sus fuerzas a las de Lelio Sapiens, sustituto del gobernador de la Citerior, y tras visitar el templo de Hércules en Gades y solicitar la protección del dios, saldrá a buscar el enfrentamiento con Viriato. La lucha será farragosa y propia de una guerra de guerrillas, con ciudades abandonadas entre llamas y fugas y persecuciones caras en hombres; y si bien el ejército romano no terminaría de salir bien parado, si conseguirá sin embargo arrebatar a Viriato algunas plazas en el sur Peninsular, volviendo éstas al control de Roma.

Entre el 144 y el 143 a. C.-

*El año anterior se había conseguido infringir algún importante revés al ejército de Viriato, y por primera vez desde que comenzará la guerra el líder lusitano había tenido que retroceder. Éste, viendo el carácter cada vez más masivo de la guerra, recorrerá la Celtiberia tratando de incitar a belos, titos y arévacos a alzarse otra vez contra Roma y mantener en armas la Hispania Citerior. En el 143 a.C. los celtiberos, en parte por Viriato, y en parte por un líder celtibérico, religioso y guerrero, de nombre Olíndico y predicador de la subversión contra Roma, se alzarán finamente en armas dando lugar a la guerra llamada numantina. Guerra en la que Roma de nuevo tendrá que hacer frente a penosos reveses y duras campañas… Un nuevo frente se abrirá así para Roma en Hispania, de nuevo en la Citerior, y de nuevo con los celtíberos y Numancia como protagonistas.

*En el 143 a.C. el pretor Quintio y el cónsul Pompeyo, serán enviados a Hispania a luchar contra Viriato. Militares mediocres Viriato los derrotará sin problemas y empujará hacia el sur, recuperando algunas de las plazas perdidas anteriormente, ocupando Tucci, en la actual jienense Martos, punto estratégico fundamental en los pasos a la Meseta. Los gobernadores se refugiarán en Corduba y sin atreverse a luchar directamente con Viriato, enviarán contra él y a modo de hostigamiento a un hispano de Itálica de nombre ya romano llamado Cayo Mario (curioso este nivel de romanización de la Turdetania que contrastará con las zonas de las Meseta y el norte Peninsular).

Viriato se erigía en cualquier caso en campeón hispano de la resistencia anti romana y la Ulterior, quedaba en gran medida al alcance de su espada…

*En la Citerior, arévacos, belos, titos y lusones, celtíberos todos ellos, cuyas tierras habían quedado cruzadas por la frontera romana o inmediatamente junto a ella, si bien se habían mantenido en paz desde los pactos con Marcelo del 152 a.C., se levantarán ahora en armas…

Como hemos explicado y recoge el propio Apiano (Iber. 66), los éxitos de Viriato soliviantarán los ánimos de los celtiberos, que si bien en principio se negaron a colaborar con Viriato e incluso enviaron tropas auxiliares a los romanos (recordemos 5000 belos y titos en el 147 a.C.), ahora se alzarán en armas y se enfrentarán otra vez a Roma. Destacar en este nuevo alzamiento celtibérico la figura de un tal Olíndico, especie de “hombre santo”, sacerdote o profeta, que recorrerá el país inflamando los ánimos de sus compatriotas contra los romanos. Portando una lanza de plata que decía haberle sido entregada por los dioses y que esgrimía como símbolo de su misión, Olíndico predicará el alzamiento celtibérico contra el yugo romano.

Más allá de la incitación de Viriato a los celtíberos para la rebelión, o del carisma “arrebatador” del predicador Olíndico, debemos pensar que detrás del nuevo levantamiento celtibérico, se encontrarán tensiones sociales que la presencia romana habría exacerbado o directamente provocado. La desesperación de los sectores sociales más desfavorecidos tras la ocupación romana, cabe suponer que los hizo más permeables tanto a las predicaciones de Olíndico, como a las llamadas a la revuelta de Viriato. Siendo así que factores sociales, religiosos y humanos, se unieron de manera endiablada para desencadenar la guerra numantina, en la que Roma deberá hacer frente a diez años de lucha correosa, pobre sin embargo en botín y riquezas.

Resaltar en cualquier caso la referencia al personaje de Olíndico, portador de una lanza de plata de origen divino, al estilo del dios Lug de la mitología céltica, y la posibilidad de estar frente a una suerte “sacerdote-profeta-guerrero”, quizás análogo al druida galo.

*Frente a la rebelión celtibérica, Roma enviará un ejército consular al mando de Metelo, campeón de las luchas de Roma en Macedonia. Metelo contará con 32000 hombres 2000 de los cuales serán efectivos de caballería, y deberá hacer frente al enemigo a través de sus centros urbanos más importantes, epicentros de poder en la Celtiberia y cuya caída, podía suponer la derrota del alzamiento celtibérico. Por otra parte, el peso de la guerra recaerá sobre los sectores más desfavorecidos de Roma, siendo sintomático que concluida esta guerra, den comienzo los conflictos sociales que conducen a la dictadura de Sila. Las Guerras Celtibéricas estarán así también en el origen de las guerras civiles romanas.

*Al mismo tiempo los lusitanos y como hemos visto, habían “vuelto a las andadas” y ahora al frente de ellos, había un auténtico líder y estratega que sistemáticamente, derrotaba a los ejércitos de Roma. Tendremos así que las victorias de Viriato, las prédicas de un misterioso y exaltado Olíndico, y el posible desencanto de los celtíberos bajo el poder de Roma, terminarán por activar de nuevo la guerra de Numancia. Guerra que supondrá que Hispania se convertirá tanto en la Ulterior como en la Citerior, en escenario de guerra abierta y sin cuartel…

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-2010: Armas de la antigua Iberia. De Tartessos a Numancia. La Esfera de los Libros. Madrid.

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-1997b: “El ejército romano republicano y alto imperial”. La guerra en la Antigüedad. Ministerio de Defensa. Madrid: 281-297.

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Fuentes Clásicas:

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Julio César. Cometarios a las Guerras de las Galias. José Joaquín Caerols. Alianza editorial. Madrid 2002.

Justino/Pompeyo Trogo. Epitome de las Historias Filípicas de Pompeyo Trogo. José Castro. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1995.

Marcial. Epigramas. José Guillén y Fidel Argudo. Institución Fernando el Católico. Zaragoza 2003.

Orosio. Historias contra los paganos. Juan Fernández de Heredia. Prensas universitarias de Zaragoza. Zaragoza 2008.

Plinio el Viejo. Historia Natural II-VI. Antonio Fontán, Ana María Moure Casas e Ignacio García. Biblioteca Clásica Grados. Madrid 2000.

Historia Natural XII-XVI. Ana María Moure Casas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2010.

Polibio. Historias I, II, III. Balasch Recort. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983. Plutarco. Vidas paralelas VI: Sertorio-Eúmenes. Jorge Bergua Caveto. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2007.

Salustio. La concepción de la Historia en Salustio. Traducción obras menores (Historias). Santos Yaguas. Universidad de Oviedo. Oviedo 1997.

Suetonio. Vida de los Césares. Agudo Cubas. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1992.

Tácito. Germania. Requejo. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1981.

Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación, XXXI-XXXV, XXXVI, XL. Villar

Vidal. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983.

*

[1] Comenzado con el conflicto de Segeda y los saqueos lusitanos del 154 a.C. este periodo no será sino la continuación de una primera etapa vinculada a las razzias lusitanas entre el 194-185 a.C. y las primeras campañas de Roma contra los celtíberos, desde Catón en el 197 a.C. hasta Graco en el 179 a.C. Tras las guerras de Viriato y Numancia, habrá incluso una tercera etapa de guerras celtibérico-lusitanas, vinculada a las campañas contra los vacceos y la conquista definitiva de los lusitanos de mano de César. Entre la segunda etapa (la de Viriato y Numancia) y la tercera, se desarrollarán las Guerras Sertorianas, en las que también participarán lusitanos y celtíberos. Por otra parte tras la tercera etapa y el fin de las guerras celtibérico-lusitanas, celtíberos y lusitanos participarán en la guerra de César contra Pompeyo.

Viriato y Numancia II: Paz y Traición

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte II.

Entre el 154 y el 133 a.C.

-20 años de guerras-

Parte II: La paz de Marcelo, la guerra contra los Vacceos y la traición de Galba

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

Es verdad que también tuvimos unas Guerras Cántabras. Guerras en las que las armas de Roma sufrieron hasta la extenuación para conseguir la victoria y en las que incluso el propio Augusto, sufrió en sus carnes la dureza y resistencia de los montañeses. Pero quizás porque la guerra de Viriato y la guerra de Numancia son en gran medida contemporáneas, y porque queríamos hacer una suerte de cronograma que recogiese año a año cómo se sucedieron los acontecimientos, nos hemos centrado en Viriato y Numancia.

Ojalá más adelante tengamos también tiempo para hacer lo mismo con las Guerras Cántabras…

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

*

Parte II: La paz de Marcelo, la guerra contra los Vacceos y la traición de Galba

152 a. C.-

*Claudio Marcelo y Marco Atilio serán los nuevos gobernadores de Hispania, de la Citerior y la Ulterior respectivamente.

Atilio, en vista de la oleada de bandas saqueadoras provenientes de la Lusitania que ha sufrido el sur de Hispania el año anterior, marchará al interior Peninsular a castigar a los Lusitanos en su propio territorio. Tomará una ciudad lusitana de nombre Oxtraca, y aniquilará hasta setecientos lusitanos, sembrando el terror entre las tribus de las cercanías, entre ellas y según el propio Apiano, algunas de tribus de vettones limítrofes con los lusitanos (Iber. 58) (interesante resaltar como está acción de castigo en el interior Peninsular y contra las bandas de saqueadores lusitanas, incluirá también a sus vecinos los vettones). En todo caso una vez finalizada la campaña y regresado al sur el gobernador romano, los lusitanos y vettones volverán a las armas atacando en esta ocasión, a aquellos de entre los lusitanos y vettones que habían acatado la autoridad de Roma. Parecerá poder reconocerse aquí un enfrentamiento entre los propios hispanos, entre anti-romanos y pro-romanos. Enfrentamiento que más adelante podremos volver a ver en las guerras de Viriato y de Numancia.

*Marcelo por otra parte llegará a la Citerior con 8000 hombres y 500 jinetes. Primero atacará ciudades rebeldes dentro de la Celtiberia sometida a Roma, tomando Ocilis y Nertobriga, prometiendo esta última como precio por la paz, enviar a Marcelo tropas auxiliares de caballería. Y después pasará a atacar la Celtiberia interior y no sometida, cuya cabeza era Numancia. De camino a ésta le atacarán la retaguardia robándole los bagajes y aprovisionamientos, y cuando lleguen los auxiliares de caballería provenientes de Nertobriga, estos afirmarán no saber nada de ese ataque a la retaguardia romana (quien atacó la retaguardia de Marcelo no lo sabemos… ¿Saqueadores independientes siguiendo a un jefe? ¿Un grupo incontrolado de nertobrigenses?). Marcelo en cualquier caso considerará rotos los pactos de paz y a pesar de que los jinetes celtibéricos afirmaron ser ajenos a la violación del tratado, Marcelo los tomará como prisioneros, venderá sus caballos, y volverá hacia Nertobriga con intención de ponerla sitio. Al llegar a Nertobriga los celtiberos tratarán de establecer nuevas condiciones para la paz[1]. Lusones, Belos, Titos y Arévacos depondrán su actitud hostil, y los celtiberos, apelarán a los acuerdos de paz pactados con Graco en el 179 a.C. ofreciéndose a pagar una indemnización por la guerra. La situación se ponía así favorable para Marcelo, los celtiberos mismos ofrecían la paz y se atenían a los pactos con Graco que habían proporcionado 25 años de estabilidad.

Marcelo enviará representantes de las tribus al senado para sellar el acuerdo así como para dirimir la cuestión de los sublevados, pues un sector de los celtiberos reclamaba castigo para los rebeldes. Al mismo tiempo Marcelo enviará por su cuenta una misiva al senado recomendando la paz. Sin embargo el senado no aceptará los acuerdos de paz de Marcelo y exigirá una sumisión total, ajena a cualquier trato de igualdad. Capitaneando el bando beligerante del senado estará Escipión Emiliano, el futuro destructor de Numancia…

Marcelo mientras tanto se dirigió a Numancia, acampando en la actualmente conocida como colina del Castillejo, donde más adelante lo hará también Escipión. Los numantinos le enviarán un legado de nombre Litenón ofreciendo la rendición de los Belos, Titos y Arévacos. Marcelo aceptó la rendición y se regreso a los acuerdos de paz hechos con Graco en el 179 a.C.

Se volvía así a la situación de paz surgida tras la primera guerra celtibérica y que había ubicado la frontera romana en la Citerior, cortando por la mitad el territorio celtibérico.

*Nos encontramos así con que en el 152 a.C. Marcelo conseguirá poner fin al primer conflicto de Numancia, originado en las murallas de Segeda. Los segedanos y celtíberos sometidos previamente a los romanos, volvían a los acuerdos de paz del 179 a.C. y Numancia, bastión de la rebelión, quedaba pacificada pero como ciudad independiente. Para cuando llegue el siguiente gobernador de la Citerior, éste encontrará una Celtiberia sin rebeldes y en paz. Marcelo había conseguido apagar el conflicto y hasta nueve años después la guerra volverá a estallar.

*En Roma se eligió un nuevo gobernador para la Hispania Citerior en la persona del ambicioso Lúculo, y a éste se unirá un joven Escipión ansioso de botín y victorias y defensor a ultranza, de continuar la guerra contra los celtiberos. Llegados a Hispania y con la Celtiberia pacificada, antes que volver a Roma con las manos vacías, se decidirán a atacar deliberadamente y por pura depredación a los pueblos del interior de la Meseta. Será la primera campaña de Roma contra los vacceos…

151 a.C.-

*El año 151 a.C. Hispania sufrirá los gobiernos de los dos pretores de más infausta memoria, Lúculo en la Citerior y Galba en la Ulterior. La acción de ambos no se olvidará entre los pueblos hispanos y el propio Apiano, referirá la ignominia de ambos (Apiano Iber. 55 y 60). De hecho para el caso de Galba, en sus traiciones se sembrará la semilla de la futura guerra de Viriato.

*Lúculo llegará a Hispania dispuesto a hacer botín a costa de los celtiberos, y se encontrará sin embargo con que éstos, de la mano de las habilidades diplomáticas de Marcelo, han vuelto a los acuerdos de paz del 179 a.C. En vista de la situación, y no dispuesto a marchar con las manos vacías, se internará en territorio vacceo con la excusa de que los vacceos, hasta ese momento ajenos y en paz con Roma, hostigaban a los carpetanos. Pueblo sometido desde los tiempos de Tiberio Graco.

Lúculo llegará hasta Cauca (la actual Coca), una de las principales ciudades vacceas, y la sitiará. Cuando sus habitantes traten de parlamentar para conocer el motivo de la presencia de Lúculo en sus tierras, éste dejará claras sus intenciones belicosas desatándose una primera e igualada batalla en la que cayeron alrededor de 3000 vacceos. Al día siguiente los ancianos de la ciudad, adornados con ramos y coronas vegetales, saldrán de la ciudad a pedir la paz. Lúculo impondrá unas condiciones abusivas, incluida una guarnición de 2000 hombres dentro de la ciudad. Una vez dentro ordenó sin embargo el ataque y la ciudad fue saqueada a sangre y fuego, llenando según Apiano de infamia a los romanos (Iber. 52). Algunos de los habitantes de Cauca conseguirán huir y se refugiarán en el monte y en ciudades vecinas. Los vacceos quedaban avisados de la clase de hombre que andaba por sus tierras…

Saqueada Cauca, Lúculo marchará ahora a través de una gran extensión de territorio deshabitado hasta llegar a Intercatia (quizás la actual Villalpando en Zamora), donde ofreció una alianza de paz a la ciudad vaccea. Al ofrecimiento del romano los habitantes de Intercatia respondieron si era un pacto del mismo tipo que el que ofreció a Cauca, con saqueo y traición incluida en el lote. Lúculo irritado con el reproche (Apiano. Iber. 53) pondrá entonces sitio la ciudad. Los indígenas responderán haciendo uso de la guerra de guerrillas y lanzamiento de dardos.

Durante el sitio, uno de los bárbaros de Intercatia desafiará en repetidas ocasiones a los hombres del ejército romano a un combate singular, a una lucha de campeones, burlándose después de ellos con una danza en actitud despectiva. Los romanos durante un tiempo no se decidirían a hacer frente al desafió del bárbaro, pero finalmente el joven Escipión herido en su orgullo de romano aceptará el envite. El joven Escipión conseguirá la victoria frente al, según Apiano, “enorme oponente” y eso a pesar de que según también Apiano, Escipión era un hombre menudo (Apiano, Iber. 53). El valor y el éxito de Escipión en tan apurado trance le dieron posteriormente fama en toda Roma, y le granjeo el prestigio entre los vacceos de Intercatia.

Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).
Recreación del duelo de Intercatia entre Escipión y un guerrero bárbaro vacceo en el 151 a.C. (según Sanz Mínguez y Velasco Vázquez 2003).

La lucha en cualquier caso continuará… con episodios de jinetes bárbaros corriendo y profiriendo aullidos alrededor del campamento romano durante la noche, mientras sus compañeros desde el interior de Intercatia les hacían eco (lo que según Apiano (Iber 54) sembrará de un temor “extraño” a las tropas romanas). Y con episodios de armas de asedio romanas derribando parte de las murallas de la ciudad y lucha encarnizada en el interior de la misma, consiguiendo los vacceos rechazar el ataque romano, y reconstruir las murallas durante la noche. Por otro lado el hambre empezaba a afectar a ambos bandos, especialmente al bando romano y en éste, muchos soldados serán presa de la disentería. Finalmente Escipión se hará fiador de una salida pactada al asedio, asegurando que no ocurriría lo sucedido en Cauca. Los bárbaros confiaron en su palabra y aceptaron el trato. Lúculo recibirá de la ciudad vaccea 10000 sagos, un número fijado de reses y cincuenta rehenes. En cambio el oro y la plata, que era lo que venía buscando, no lo encontrará. Los celtiberos de estas regiones a decir de Apiano, ni lo tenían ni lo estimaban (Iber. 54).

Tan exangüe botín no dejará satisfecho a Lúculo y en una acción de puro depredación, se decidirá a avanzar hacia el interior de la Meseta y atacar Palentia (la actual Palencia). La decisión era ciertamente temeraria, pues Roma se adentraba en territorios en los que nunca había estado, muy alejada de sus fuentes de aprovisionamiento y rodeada por todos lados, de pueblos bárbaros ajenos al poder de Roma…

La campaña frente a Palantia fue así un desastre, la ciudad resistió, y la caballería cántabra, aliada de los vacceos, hostigo al ejército romano causándole muchas bajas. Éste, imposibilitado por la caballería enemiga para abastecerse y debilitado para hacer frente a un nuevo asedio, finalmente se replegará sin haber conseguido nada. Debiendo marchar en formación cuadrada y perseguido por los de Palantia hasta el Duero. Una vez cruzado el río, Lúculo marchará ya hacia la Turdetania a pasar allí el invierno. Siendo este el final de la primera guerra contra los vacceos, por la que Lúculo, según se lamenta Apiano, ni siquiera fue sometido a juicio (Iber. 55).

La campaña de Lúculo fue sangrienta, cara, injusta, muy pobre en resultados y hasta vergonzosa para Roma. Al mismo tiempo en la Ulterior, el gobernador de la misma, tampoco se cubrirá precisamente de gloria…

*Galba, pretor de la Ulterior, se encontró al llegar al sur de Hispania con que la pacificación llevada a cabo por su sucesor (recordemos Marco Atilio) no había resultado, y lusitanos y vettones seguían en armas, esta vez hostigando a los lusitanos pro-romanos. Al igual que Atilio, Galba se internará entonces en la Lusitania y tras un primer choque, los lusitanos fingirán retirarse, Galba diseminará entonces su ejército para perseguir a los huidos y éstos, reagrupándose sorpresivamente, volverán a la carga contra los romanos causándoles 7000 bajas. El mismo Galba estará a punto de perder la vida y sólo gracias a su caballería conseguirá huir y refugiarse en Carmona, donde reagrupará a sus hombres y buscará apoyos entre los íberos de la zona.

Llegado Lúculo a la Turdetania tras su funesta campaña contra los vacceos, y en una operación conjunta con Galba, saldrán ambos gobernadores al encuentro de los Lusitanos, que según las fuentes, saqueaban la Ulterior y se disponían a cruzar el estrecho por Gades (Apiano. Iber. 59). Los romanos les propiciarán una severa derrota con más de 5000 bajas en el bando lusitano. Aprovechando la victoria, ambos gobernadores marcharán ahora sobre la Lusitania devastando todo a su paso. Llegando así el conflicto a una cierta situación de revés para los lusitanos. Estos enviaron entonces legados a Galba para pactar un regreso a las condiciones pactadas con Atilio (volver a un pacto previo, como Marcelo con los celtíberos y la paz de Graco). Galba les recibió, e incluso fingió compadecerse “de su falta de tierras y pobreza, que les empujaba a romper los pactos” (Apiano. Iber. 59).

Los propuso entonces que se dividieran en tres grupos, que depusieran las armas, y esperarán en un lugar convenido, distinto para cada grupo. Allí les haría entrega de lotes de tierra y se edificarían nuevas ciudades.

Llegado el momento y sin embargo, les rodeó con un foso y envió a sus soldados para que los aniquilarán a todos; hombres, mujeres y niños, aprovechando que estaban desarmados. Muy pocos de entre ellos consiguieron escapar a semejante trampa y traición, pero entre ellos estará un lusitano, que en el futuro se ganará el apodo de Viriato (algo así como “el portador del collar de la victoria”). Un guerrero que nunca olvidará la felonía y que hará de su lucha contra Roma una verdadera pesadilla para ésta. Cinco años después de tan repugnante episodio, Roma recogerá los frutos amargos de su ignominia. La guerra de Viriato comenzaría…

BIBLIOGRAFÍA:

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Tito Livio. Historia de Roma desde su fundación, XXXI-XXXV, XXXVI, XL. Villar

Vidal. Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 1983.

[1] Interesante señalar aquí como los celtíberos de Nertobriga enviarán para pactar con Marcelo a un heraldo revestido con una piel de lobo (Apiano. Iber. 48).

Viriato y Numancia I: El comienzo de una larga guerra

en Cultura Celta/LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA por
La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte I.

La conquista romana de Hispania: Viriato y Numancia Parte I.

Entre el 154 y el 133 a.C.

-20 años de guerras-

Parte I: saqueadores lusitanos y elefantes frente a Numancia.

La conquista romana de Hispania duró cerca de doscientos años. Dos siglos en los que a lo largo de un arduo proceso los pueblos célticos, ibéricos y celtibéricos pasaron a formar parte de Roma. Durante ese tiempo se sucedieron grandes episodios históricos así como grandes momentos de épica y heroísmo: la Segunda Guerra Púnica, las Guerras Celtibéricas y Lusitanas, las Guerras Sertorianas, la Guerra de César y Pompeyo, las Guerras Cántabras… Y quizás en todo este proceso y como paradigma de la resistencia indígena a la conquista romana, las luchas de Viriato y de Numancia. Lusitanos y Celtíberos frente a los invasores romanos de mano respectivamente, de un líder guerrero y de una ciudad, tan pequeña como indomable…

 

Es verdad que también tuvimos unas Guerras Cántabras. Guerras en las que las armas de Roma sufrieron hasta la extenuación para conseguir la victoria y en las que incluso el propio Augusto, sufrió en sus carnes la dureza y resistencia de los montañeses. Pero quizás porque la guerra de Viriato y la guerra de Numancia son en gran medida contemporáneas, y porque queríamos hacer una suerte de cronograma que recogiese año a año cómo se sucedieron los acontecimientos, nos hemos centrado en Viriato y Numancia.

 

Ojalá más adelante tengamos también tiempo para hacer lo mismo con las Guerras Cántabras…

 

La presente crónica no pretende ser exhaustiva o académica y si bien se elabora desde el rigor su vocación es fundamentalmente divulgativa. En este sentido y en orden a facilitar la lectura recogeremos al final de cada parte las fuentes bibliográficas pero no las trasladamos al texto más que puntualmente.

 

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Parte I: saqueadores lusitanos y elefantes frente a Numancia.

154 a.C.-

*Reaparecen los lusitanos en la Ulterior[1]:

Los lusitanos, entre el 194 a.C. y el 185 a.C., ya se habían dejado caer por la Ulterior para someterla a saqueos y robos. Al parecer en algunos de estos casos, en connivencia con algunas ciudades turdetanas que pretenden sacudirse el yugo romano, mediante la ayuda los guerreros lusitanos.

Roma en todo caso ya los había hecho frente, y desde el 185 a.C. y la campaña en el interior Peninsular en territorio lusitano y carpetano, no habíamos vuelto a tener noticias de bandas de saqueadores por la Ulterior. En el 154 a.C., treinta años después, la cosa cambia, y como premonición de lo que acabará siendo una larguísima guerra, los lusitanos vuelvan a atacar el sur Peninsular…

Al frente de los lusitanos estará un caudillo de nombre Púnico (¿con ese nombre quizás un renegado cartaginés?). El pretor de la Ulterior les hace frente ayudado por su par de la Citerior, pero es derrotado y pierde a 6000 hombres, muriendo el propio Questor de la provincia (una suerte de “gestor” que ayuda al pretor en sus labores de gobierno). Esta victoria permitió a Púnico unir en su campaña a los vettones (interesante resaltar cómo los vettones en ocasiones formarán parte de las campañas guerreras y de saqueo de los lusitanos. Así volverá a ocurrir con Viriato). Esto permitirá a Púnico planear un ataque de gran envergadura que incluirá la Beturia (en el curso inferior del Guadiana y el Guadalquivir) y que llegará hasta el mar, atacando antiguas colonias fenicias en la costa.

*Al mismo tiempo, y muy posiblemente soliviantados por las victorias lusitanas, los celtíberos que han quedado de lado romano en la frontera de la Hispania Citerior, contravendrán al senado de Roma. Belos y Titos (dos pueblos celtibéricos) decidirán reconstruir de nuevo las murallas de Segeda, destruidas en tiempos de Graco (179 a.C.) (la primera pacificación de la Celtiberia 25 años antes, obligó a los pueblos sometidos a derruir las murallas de sus ciudades). Los celtíberos, mediante un portavoz, un anciano de nombre Caccio, harán saber a los legados romanos que Segeda no contravenía el pacto cerrado con Graco, pues este prohibía hacer nuevos asentamientos y no tanto reconstruir los antiguos. Los celtíberos ratificarán así su decisión de reconstruir la muralla de Segeda y Roma, considerará rota la paz. Empezaba la guerra…

Con los lusitanos saqueando la Ulterior, y los celtiberos en la Citerior desafiando a Roma, daba comienzo uno de los periodos para las armas romanas más difíciles de su historia.

* Púnico y los lusitanos y vettones continuarán por su parte los saqueos en la Ulterior, arrasando las costas en territorio blastofenicio (básicamente las costas de la actual Málaga) y ocupando sus ciudades. Al parecer en el asedio a una de estas ciudades perderá la vida el caudillo Púnico, debido al impacto de un proyectil de honda en la cabeza. El hecho en todo caso de que estas partidas de saqueadores sean capaces de derrotar a ejércitos romanos y de asediar ciudades, nos debe llevar a pensar a que eran algo más que meras partidas de bandidos y de que realmente, nos encontraríamos frente a campañas muy organizadas y planeadas señal de instituciones y estructuras político-guerreras complejas.

153 a.C.-

*A Púnico en el mando le sucederá Caisaros, que continuará las razzias y derrotará terriblemente al nuevo pretor romano para la Ulterior. En este caso mediante una estratagema que posteriormente usará en diversas ocasiones Viriato: desbaratar la formación romana fingiendo una retirada y volviendo luego al ataque, derrotar a los romanos al obligarlos a luchar desordenadamente. Roma perderá 9000 hombres y numerosas insignias, las cuales después serán paseadas como trofeo por los lusitanos por la Celtiberia, según Apiano “a modo de burla” (Iber.56). Este detalle resultará muy interesante, pues los hispanos, ya sean lusitanos o celtíberos, aún desunidos, parecerá que con este “lucir” las insignias romanas a modo de trofeo, estarían indicando tanto la idea de Roma como enemigo común, como la idea de afinidad de fondo entre los distintos pueblos de Hispania. Es así que Estrabón hablando de los pueblos de Hispania dirá: “Su división en pequeños estados y su orgullo local no les permitía unirse en un lazo común, lo que les privaba de fuerza suficiente para repeler conjuntamente una agresión venida de fuera. Así pues, si hubieran logrado juntar sus armas uniéndose en una confederación potente, los romanos no hubieran llegado nunca a dominar sus tierras” (III.4.5).

En todo caso y en la Ulterior las armas de Roma quedaban derrotadas frente a los lusitanos y Lucio Mummio, que así se llama el gobernador romano derrotado por Caisaros, reagrupará a sus hombres en los “cuarteles de inverno”, sometiéndolos a un concienzudo entrenamiento con vistas a un futuro y nuevo enfrentamiento con los “bárbaros”…

*Mientras en la Citerior y ese mismo año, Roma decidirá cortar por lo sano con el problema de los celtíberos rebeldes de Segeda y al mando del pretor Quinto Fulvio Nobilior, enviará cuatro legiones.

*Tenemos así en este momento a ambos gobernadores romanos de Hispania luchando por un lado y en la Ulterior, contra saqueadores lusitanos provenientes de áreas ajenas al poder de Roma. Y por otro en la Citerior, haciendo frente al problema de una ciudad celtibérica (Segeda) que sometida a Roma desde el 179 a.C., vive sin embargo una independencia de facto sin atenerse a tributos, fortificando sus posiciones, y desobedeciendo a los legados del senado. Las victorias lusitanas parecerán encender la rebeldía celtibérica e Hispania después de los 25 años de paz que trajeron los acuerdos con Graco en el 179 a.C., comenzaba una época de guerras tan larga como complicada…

*Llegado Fulvio Nobilior a la Celtiberia, los segedanos, que no les había dado tiempo a concluir su muralla, huirán a territorio arévaco, en la Celtiberia interior no sometida a Roma. Allí se refugiarán en Numancia, la ciudad principal de los arévacos.

Fulvio Nobilior llevará consigo un ejército consular de 30000 hombres, dos tercios de ellos itálicos. Numancia y Roma estaban a punto de chocar…

*Los celtiberos nombrarán un caudillo de nombre Caro, “hombre belicoso” según Apiano (Iber. 45), y juntarán 20000 infantes y 5000 jinetes. El 23 de Agosto, fiesta romana de la Vulcanalia, los celtiberos caerán sobre Nobilior en emboscada mientras éste cruzaba un bosque camino de Numancia. Será un revés durísimo para los romanos. Morirán 6000 ciudadanos de Roma (no aliados itálicos, sino romanos de la misma ciudad de Roma), si bien la caballería conseguirá devolver el golpe atacando a la carrera a los celtíberos mientras éstos se retiraban, llegando a matar al propio Caro “a pesar de que sobresalía por su valor” (Iber. 45). En Roma la derrota fue considerada grave y nefasta, y ningún general romano entabló batalla voluntariamente nunca más un 23 de Agosto.

*Nobilior recompondrá su ejército y continuará hasta Numancia, acampando en la llamada Gran atalaya, en la actual localidad de Renieblas. Los celtiberos eligen ahora dos jefes; Ambón y Leucón, y Nobilior no dispuesto a recibir ningún otro revés, pedirá ayuda a Massinisa, rey de Numidia (en las actuales Argelia y parte de Marruecos). Éste le enviará 300 jinetes (tropas de élite como arqueros montados) y 10 elefantes. Nobilior atacará Numancia usando los elefantes como arma de guerra y buscando el efecto psicológico del miedo y la impresión. Los numantinos salieron así a hacer frente a Nobilior y éste entonces, abrirá sus tropas y hará cargar a los elefantes, escondidos hasta ese momento en la retaguardia. Los celtiberos, que jamás habían visto un elefante, huirán despavoridos a refugiarse en Numancia, donde les alcanzará Nobilior asaltando las murallas de la ciudad celtibérica. En el asalto los celtiberos conseguirán herir a uno de los elefantes en la cabeza con una gran piedra y el elefante presa del dolor, se revolverá entre alaridos contra los propios romanos, embistiendo contra ellos y arrastrando a los demás elefantes con él, que aplastarán todo a su paso. Aprovechando la ocasión los celtiberos cargarán contra los romanos, a los que perseguirán causando muchas bajas y matando tres elefantes. Se apoderarán de insignias y armas enemigas, y no sin pagar un alto precio en sangre, volverán victoriosos a Numancia. El casus belli de las murallas de Segeda había llevado así a las legiones de Roma frente a los numantinos, y los celtiberos luchando contra elefantes y romanos, dejaban para la posteridad un episodio y estampa, de una épica digna de una superproducción cinematográfica…

*Nobilior se retirará y tratará entonces de cortar los suministros a la ciudad que le llegaban desde la celtibérica Uxama. Pero no solo no lo conseguirá, sino que además perderá un número importante de hombres tratando de conseguir su propósito. Buscará entonces refuerzos reclutando auxiliares celtibéricos en la Celtiberia sometida de la Citerior, pero los celtíberos se ha animado con las victorias de los numantinos y todos le negarán la ayuda. A Nobilior se le echa ya el invierno encima y sin haber conseguido nada se verá obligado a pasarlo en la Gran Atalaya, donde el frío y la escasez terminarán de debilitar a sus tropas.

*Ese mismo año en la Ulterior, el pretor Mummio volverá a enfrentarse a Caisaros y sus lusitanos y vettones, consiguiendo recuperar parte de las insignias y botín perdido, si bien poco durará su alegría pues otra banda de saqueadores lusitanos, aparecerá en el sur Peninsular, esta vez asolando el actual Algarbe portugués. A la cabeza de esta nueva banda guerrera estará un caudillo de nombre Cauceno. Esta banda llegará al parecer de las estribaciones montañosas del lado norte del Tajo a su paso por la actual Cáceres (Peña de Francia, Hurdes y Sierra de Gata) y en sus razzias, alcanzarán “las Columnas de Hércules”. Los saqueadores lusitanos se animarán frente al mar a cruzar el estrecho de Gibraltar y saquearán el norte de África, asediando la ciudad de Ocila. Mummio los seguirá hasta allí con 9000 infantes y 500 jinetes, poniendo fin al asedio a Ocila y derrotando a los lusitanos. Según las fuentes cerca de 15000 de éstos morirán (Apiano. Iber. 57). Mummio repartirá el botín transportable, y el resto lo quemará en honor a las divinidades de la guerra… Al volver a Roma se le concederá el triunfo De Lusitaneis.

*Interesante resaltar aquí esta banda de saqueadores lusitanos llegados del interior Peninsular capaces de cruzar el estrecho de Gibraltar, y someter a razzia el norte de África.

*Por otro lado, a pesar de las derrotas en la Citerior, el senado no se desanimará y al año siguiente enviará a Claudio Marcelo, antiguo pretor en Hispania en el 169 a.C. y vencedor de Galos y Ligures, para poner en orden las cosas en la Celtiberia. Dos nuevos gobernadores romanos llegarán así a Hispania para tratar de poner fin al problema de las razzias lusitanas en la Ulterior y de la rebeldía celtibérica en la Citerior. Como podremos ver, a punto estuvieron de conseguirlo…

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[1] Roma divide Hispania durante la conquista en dos provincias, la Ulterior y la Citerior. Cada una con su pretor o “gobernador”. La Ulterior corresponderá a grosso modo con el sudoeste Peninsular y será el escenario fundamental de las Guerras Lusitanas. La Citerior corresponderá con el noreste Peninsular y será el escenario de las Guerras Celtibéricas. Dicho esto también a grosso modo.

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