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DIARIO DE UN CONFINAMIENTO

 TRAS LA PANDEMIA…

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 TRAS LA PANDEMIA…

No puedo aventurarme a decir qué mundo tendremos tras la pandemia del Covid-19, todavía es pronto para hablar. Hay que estar atento y observar el desarrollo de los acontecimientos, especialmente para el momento en que llegue la vacuna y veamos si ésta hace de la crisis sanitaria del 2020 un paréntesis en nuestra “normalidad”, o por el contrario es la antesala de un nuevo orden social y de convivencia aún más alienante y distópico.

En realidad en la vida humana nunca hay paréntesis, y todo es siempre vida en marcha que debe ser vivida y afrontada. Dándose siempre en todo momento y circunstancia y para quien lo sepa ver así, ocasión y enseñanza para forjarnos en el auto conocimiento y la fuerza interior. De hecho en la weltanschauung de la Tradición Sapiencial, vivir de espaldas al auto conocimiento y la formación del carácter, es tanto una necedad como un desperdicio. Un entregarse irresponsablemente y como una veleta a las contingencias del Mundo y la vida; y una miserable ignorancia que lleva  a desaprovechar la propia existencia y pasar por ella “como dormidos”. Obviamente la Modernidad se ha erigido de espaldas a la Tradición y es una civilización de nihilismo sin regreso posible a ninguna verdadera “normalidad”, y en ella toda formación tiene siempre un carácter técnico instrumental y no de la personalidad.  Y pudiera ser así que este trance que estamos pasando con el coronavirus, nos llevará desgraciadamente a ahondar aún más en esa disfuncionalidad espiritual y antropológica propia del mundo moderno.

En realidad lo que ocurre con nuestro tiempo, es que los propios acontecimientos desbordan a la Modernidad en cuanto a las herramientas políticas y económicas que ella misma ha generado para poder desplegarse; y tanto el liberalismo, como los socialismos, como el nacionalismo, resultan incapaces de hacerse cargo de los desafueros que vivimos, y de hecho los incentivan. Por un lado en lo que respecta al propio nihilismo y alienación que la Modernidad provoca; y por otro respecto de las diferentes contingencias que el mundo, la naturaleza o el propio desarrollo histórico y científico nos van deparando.

Ni la “mano invisible” del mercado, ni la “lucha de clases”, ni el “individualismo colectivo” de los nacionalismos, sirven o resuelven los problemas y dan verdaderas respuestas. De hecho, aún teniendo cada uno una parte de verdad, resultan por lo demás herramientas contraproducentes que embotan el debate, engordan el problema, y absolutizan cuestiones parciales. Siendo perentorio superarlas y dejarlas atrás.

Las palancas de la Modernidad resultan así inútiles e incluso contraproducentes frente a los despropósitos que la propia Modernidad crea, y cuando algo sobre venido como una pandemia cae sobre nosotros, tienden a resolverlo por lo general, aumentando aún más el propio carácter alienante y post humano del mundo moderno. Y así desde hace ya demasiado tiempo y en progreso absurdo hacia el sin sentido.

Se impone así la necesidad de una nueva teoría política liberada de los paradigmas nihilistas que alientan la Modernidad. Una teoría política que sea capaz de dar la vuelta a la situación, volviendo a diferenciar lo importante de lo necesario… Capaz de volver a hacer de la forja del carácter y la personalidad el punto de partida y la cuestión cardinal. Y del desarrollo económico técnico, la cuestión necesaria y práctica sin la cual no se puede subsistir, pero que no es nuestro destino

Bien estará entonces que sea cual sea el mundo que tengamos tras el Covid-19, éste sea incentivo y oportunidad para dejar atrás dichos paradigmas modernos volviendo la mirada a quien es su antagonista: La Tradición Sapiencial. Un volver la mirada a la Tradición que será como volver la vista a la Verdad y la Libertad. Preparando ya en nosotros mismos al tipo humano que hará ese giro antropológico y cultural y trascenderá el nihilismo moderno y su decadencia. Dejándolo atrás como quien desecha un árbol podrido y siembra en sí mismo la semilla del árbol renacido de un “Nuevo Orden”, esta vez, auténticamente espiritual y por ende plenamente humano…

 HAN PASADO TRES MESES…

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Se cumplen tres meses de la declaración del estado del alarma, y éste  definitivamente terminará el próximo día 21. Justo el día del solsticio de verano.

Sólo tres meses, la primavera del 2020. No es tanto, pero echando la vista atrás, parecerá que han sido muchos más y que la vida y el mundo anteriores a la declaración de la pandemia, quedan como muuuy lejanos

La llamada “nueva normalidad” parece que será como la vida anterior a marzo del 20 pero “distorsionada”; como lesionada por la recesión, la distancia social, y la tragedia de los 40 mil muertos. Y así durante mínimo un año si no más.

Se suele decir y con razón que la vida son etapas: personales, socioculturales, históricas… y ciertamente la pandemia es en sí misma una etapa que rompe con la anterior, y que genera para cuando termine, otra nueva etapa que no será  la que teníamos a finales del 19… Pero de eso ya hablaremos en el último texto que escribamos al respecto ya para el día 21.

Ahora queríamos comentar cómo durante estos tres meses he tenido infinidad de conversaciones telefónicas, casi a diario, con un montón de gente diferente; conversaciones sobre lo que estaba pasando, cómo lo estaban llevando, cómo se sentían, cuál era su situación, que iban a hacer y demás…

Y repasando ahora todas ellas, y diferenciando por un lado los que pasaron estos meses solos, y por otro los que los pasaron acompañados, tengo la impresión, entre otras cosas, de que muchos de ellos en la experiencia de convivir tanto tiempo consigo mismos o con sus parejas, se han tenido que enfrentar a sus “fantasmas y demonios”

En realidad es una cosa normal que entiendo va de suyo en esto de vivir y que en diversas ocasiones se acentúa; como puede ocurrir si te confinan durante meses… Y aquí la soledad ha ayudado a algunos a esclarecerse, madurar, y conocerse mejor y para mejor. Repasar y aplicarse también lecciones recibidas, enderezar rumbos y conductas, y apuntar mejor hacia lo que quieren, descartando lo que ya debe quedar atrás. En general, hacerse más conscientes, fuertes, y auténticos. Pero igual que se ha dado eso… ¡maldita sea! no son pocos a los que ese bregar consigo mismos les ha dejado aún más desorientados e incluso lastimados… Los “fantasmas y demonios” están ahí, como en los ritos de iniciación, para que superándolos, nos convirtamos en quienes “estamos llamados a ser”. La vida misma con sus gozos y miserias, sería como un “gran rito de iniciación”

Pero vaya, efectivamente y cómo señala la Tradición Sapiencial, la iniciación para algunos es una prueba dura de la que no siempre se sale bien parado y algunos de ellos van a necesitar ayuda… Incluso me parecería que colectivamente y como sociedad, estaríamos más ahí, que en el esclarecimiento y la mejora…

Por otra parte, están los que lo han pasado con sus parejas y familias y obviamente ya sabemos lo que nos encontramos. A mí me hace hasta cierta gracia… Los que han tenido como una especia de reencuentro gozoso con la mujer o el hombre que estaba a su lado y es su compañero, y confirman con ellos un destino y un camino, y se sienten felices y agradecidos por ello. Y los que precisamente en ese reencuentro han confirmado una unión agotada, que ya no da para más, donde el “hechizo del amor” se ha ido, la pasión también, y es solo la inercia y quizás un cariño y aprecio sordos, lo que queda… Para éstos, el fin del confinamiento es también el fin de una relación.

Pero vamos, todo esto lo digo muy a grosso modo, es una generalización y cada persona es un mundo, y no es este lugar para bajar a los detalles. En todo caso para unos y otros, lo vivido durante estos tres meses, en muchas ocasiones, podrá haber hecho un antes y un después y habrá supuesto un cambio de fase. Ya hemos dicho que se suele decir que la vida son etapas y ciertamente, todo esta desgracia de la pandemia, habrá dispuesto las cosas para que precisamente, pueda ocurrir así…

Ahora, justo es también señalar lo que nos hemos encontrado en muchas, muchas conversaciones y grupos de guasap durante estos tres meses. Sobre la vida que se lleva, se quiere llevar, a lo que se aspira, lo que se echa de menos, y cómo se plantea la gente la existencia. Y de verdad que el panorama invita a la misantropía…

Daría la impresión de que para el común de nuestros  contemporáneos la vida es ir a trabajar y hablar del trabajo, aunque se vaya sin vocación ni ganas; volviendo a casa pasar quizás un ratito antes por el gym y en casa darle duro al netflix, chatear con amigos tonterías o gresca política, petardear mucho en las redes, “jugar a las casitas” montando muebles o redecorando el salón, y los fines de semana soplar gin tonics con amigotes o tener comiditas familiares, con suegros, niños y cuñados. Y de tarde en tarde una excursión o vacación para hacer poco más o menos lo mismo pero en otra parte y así, que pasen lo años… hasta que te mueres. Y no hay más y de eso va la vida. Todo como muy pequeño burgués y sin más calado ni ambición. Sin propósito ni misión. “Como si no hubiera Valhalla”. Y es que la humanidad del nihilismo moderno es como así, burguesita y petarda. Una pereza

Pero bueno ya está, el 21 termina el estado de alarma y termina esta parte de la historia. Y seguimos después con la siguiente.  Y lo que tenga que ser dependerá más de nosotros y nuestra actitud que de ninguna otra variable.

La vida es ante todo nuestra actitud, carácter y personalidad, y sólo después, las cosas que nos va pasando… Cuidar y formar bien lo primero es lo que da confianza en uno mismo y sentido y rumbo a la vida, también es lo que permite ponerse el mundo por montera y vivir la vida como viene. Aprendiendo y forjando el alma con todo. Y eso, es lo que realmente importa; pues para nosotros, sí que hay Valhalla

LO IMPORTANTE Y LO NECESARIO.

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En nuestros tres anteriores vídeos sobre la vía de la Acción, Cabalgar el Tigre, y el camino Iniciático, una idea fundamental que se destilaba de todos ellos y que resulta axial en la Tradición Sapiencial, es la de la diferenciación entre lo Importante y lo necesario.

En el código samurái del Bushido, pero también en el antiguo estoicismo, en la ética espartana y más aún en el Dharma hindú, se insiste en que la formación primera es la del carácter y la personalidad. Siendo la formación técnica, científica, profesional o intelectual, necesaria para la vida, pero no decisiva.

El ser o no ser nos lo jugamos en este sentido, es la formación espiritual. En el llamado «sadhana».

En el gobierno y conocimiento de nosotros mismos, a través de una mente esclarecida, un corazón noble, y una vida auténtica.

Aquí, el Sanatana Dharma de la India insiste desde época ancestral, en la necesaria comprensión de la mente para llegar a tal fin. En el necesario descondicionamiento del sujeto de su propio burbujear mental y psicoemocional, para poder llegar a ser «aurigas» de nosotros mismos y gobernar nuestra persona, más allá de toda alienación, ofuscación o bajeza.

El camino es arduo y es mucho más fácil hablarlo que hacerlo. Pero ese es el argumento primero de la vida. Y bien está que humildemente hablemos de ello en uno de nuestros vídeos.

Y es que en el «Dhammapada» Buda nos dice que ningún enemigo, desgracia, derrota o desengaño, nos hará más daño que una mente torcida y ofuscada.

Y del mismo modo nos dice, que ninguna riqueza, ningún amor, ningún golpe de suerte o victoria, nos hará mejor, que una mente enderezada y esclarecida.

Fuerza y Honor!

DIARIO DE UN CONFINAMIENTO 11

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SE CUMPLEN DOS MESES…

Se cumplen dos meses del estado de alarma.
Y comenzada ya la transición o «desescalada», entramos en la siguiente etapa de este proceso. Etapa que posiblemente durará otros dos meses.

Todo empezó en realidad durante Enero y Febrero, en lo que ahora sabemos fueron los meses de la prevención, en el caso de España, prevención fallida.

Una falta de prevención que nos metió de una semana para otra y sin que el común de la ciudadanía pudiera esperarlo, en lo que ha sido uno de los confinamientos más estrictos de Europa.

En todo caso la fase del confinamiento propiamente dicho toca a su fin, y a dos meses de la declaración del estado de alarma y estando ya en desescalada, la cuenta que tenemos sobre la mesa es de más de 27 mil muertos. En dos meses…

Muchos de ellos médicos y sanitarios que literalmente se jugaron la vida atendiendo a los enfermos con medios que ellos mismos, han denunciado como precarios. Y se jugaron la vida en esas condiciones, y muchos la perdieron…

Qué no se olvide nunca esto. De hecho sólo esto, debería bastarnos para resetear el alma de tontos enfados, peleas, reproches, orgullos vanos, inmadurez, caprichos, manías, quejas y miserias, que tantas veces tenemos entre nosotros o en nuestra vida personal; y pasar página de un manotazo despertando a un renovado e instintivo anhelo y determinación de vivir con nobleza y autenticidad. Como si cualquier otra vida no nos valiera…

Y sólo dando ese paso, ya habríamos mejorado mucho. Como personas y como sociedad.

En cualquier caso lo ocurrido con esas muertes y falta de previsión, y es de ley que así sea, debe movernos a una sana indignación y sea cual sea la razón o responsabilidad de todo ello, poner los medios para que no vuelva a pasar, y pedir cuentas a quien las tenga que dar…

Pero vamos… no hay que llamarse a engaño. La «película» que estamos viviendo no ha hecho más que empezar. Y la desescalada es una siguiente etapa, pero no el fin de este proceso. Esto no ha terminado todavía. Y es que al parecer, a pesar del alto número de contagiados, hemos adquirido tan sólo un 5% por ciento de inmunidad de grupo. Y el resto de la población, un 95%, casi toda, sigue siendo vulnerable al virus. Un virus cabrón que funciona casi como una ruleta rusa, y a algunas personas no las hace a penas nada, y a otras (incluidas personas jóvenes y sanas), literalmente las puede matar…

En este sentido, estando lejana la adquisición de una inmunidad de grupo suficiente como para ejercer de «cortafuegos» frente al virus, estamos a expensas de la aparición de un tratamiento o una vacuna. Es así… Y mientras tanto, estamos abocados a mantener la prudencia y la distancia física. Más aún cuando puede haber personas portadoras del virus que sean totalmente asintomáticas.

Por desgracia, algunos abrazos y besos van a tener que esperar…

Es una putada lo que nos está pasando, ya lo sé, pero es mejor hacerse cargo y mirarlo de frente. Ni ignorarlo, ni esconderse. Y ser valientes, aceptarlo y afrontarlo…

De hecho, la desescalada en la que ahora estamos, es la antesala que ya barrunta lo que nos vendrá después… Y es que la llamada «nueva normalidad», será un paisaje de recesión económica. Y con ella, de destrucción de tejido empresarial y de puestos de trabajo.

Se habla de un desplome del P. I. B. equivalente al provocado en 1936 por la guerra civil. Y de tasas de paro de entre el 21 y el 24%.

Y claro está, con la recesión: la incertidumbre, la vulnerabilidad social, los planes de futuro, familiares o personales, parados o resquebrajados; la amenaza de la pobreza, de quedarse en la calle, posiblemente también la gresca política y la agitación social. Quizás incluso la intervención de las cuentas a cambio del crédito, y entonces el consecuente recorte estatal…

No sabemos. No somos economistas. Hablamos de lo que vamos leyendo y aprendiendo. Pero sí que parece seguro que la siguiente crisis y dificultad será la de la recesión económica. Y España no la podrá esquivar.

Para más inri, todo ello ocurrirá mientras el virus sigue entre nosotros, y el riesgo a un rebrote en otoño, se podría dar.

Siendo así y cómo hemos dicho antes, hay que hacerse cargo… Esto no termina aquí, y la segunda parte de esta película se nos viene ya mismo encima.

Hay así que saber ser valientes e inteligentes. Y ni dejarse amilanar. Ni hacer tonterías…

Estar tranquilos pero alerta. Seguros y decididos. Pero prudentes y pacientes.

Esta es nuestra vida ahora y en los días que están por llegar. Y es lo que hay. Mejor aceptarlo y afrontarlo. Mirarlo a los ojos e ir a por ello, paso a paso. Con aplomo, decisión y capacidad de adaptación. También con esperanza y ánimo resuelto. Bien sabemos que al final, todo se pasa… Y qué leches! «al mal tiempo, buena cara»!

No es cuestión así de ser agoreros o de ser cándidos. Sino de ser luchadores, optimistas y realistas. Las tres cosas. Y a partir de ahí, dar lo mejor de nosotros mismos y punto. Que la ocasión bien lo merece…

Y resistencia, y coraje, y si me apuráis, Honor… Y mucho calor humano, que muchos lo van a necesitar…

Los psicólogos lo llaman «crecimiento pos traumático». Y es hacer de las dificultades, desgracias, desengaños, errores, culpas y heridas; palancas de madurez, fortaleza y corazón. De ganar musculo en el alma y hacernos más nobles, más fuertes, y más auténticos. De mejorar como personas y por ende, mejorar nuestras vidas y nuestra relación con los demás.

Y es que siempre, ahora con la pandemia, y antes sin ella, el argumento primero de la vida, siempre fue el mismo: Sea cual sea la circunstancia, luchar por mantener nuestro «centro interior» y vivir empoderados de nosotros mismos. Una y otra vez… Una y otra vez. Pase lo que pase. Y desde ahí, todo lo demás… Ayudando a quien podamos y dónde así se de, a que otros puedan recorrer también ese mismo camino de esclarecimiento y conquista.

Y ahí la lucidez, la conciencia de sí, la presencia de ánimo, la grandeza de alma y el honor, la libertad interior…

Aprendiendo a cada paso del camino. Con el acierto y con la equivocación.

Ser «capitanes de nosotros mismos» y ayudar a otros a serlo de su «propio barco».

Siempre ha sido así. Y con la que se nos viene encima… quién no sea capaz de recordarlo, no sólo dejará pasar una ocasión providencial para ponerse con ello, sino que además, esta desgracia que estamos viviendo le pasará por encima desgarrándolo por dentro, o quizás peor aun, terminándolo de embrutecer…

DIARIO DE UN CONFINAMIENTO 10

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EMPEZAMOS UNA NUEVA ETAPA…

En Enero y Febrero, nada más empezar los 20, estábamos ya adentrándonos en ese «nuevo tiempo» y así venía barruntándose si bien poco imaginábamos, cuán rápido ese «nuevo tiempo» se nos echaría encima…

Llegó así en marzo el confinamiento. Y con éste la reclusión obligada con nosotros mismos en nuestras casas. Para algunos vivida casi como un encarcelamiento, para otros como una mera sucesión monótona de entretenimientos y distracciones, y para otros (quizás potencialmente para todos), como un tiempo sobre venido y providencial para reunirse consigo mismos y su conciencia, y repasar la dirección que lleva su vida así como el tipo de persona que con sus luces y sombras, han llegado a ser….

Una ocasión como quizás no se vuelva a dar; de parar, observarse, repasar sus vidas y decisiones, hacer balance, y tomar conciencia de las cosas…

No es esto que digo gazmoñería «new age» ni auto ayuda barata. Frente al cinismo de quienes todo análisis lo remiten con arrogancia intelectual a la economía, la política, la ciencia o la tecnología; resulta que la vida tiene contenido moral y las cosas que nos pasan, hacemos o decidimos, tienen significación espiritual. Son enseñanza y aprendizaje. Son palancas de auto conocimiento y madurez. Y ese auto conocimiento y madurez, es lo Importante. Y la economía, la política o la tecnología, incluso la distracción y el entretenimiento … es lo necesario.

Y hacer esta distinción, no es cosa menor. Y de saber hacerla, depende en gran medida la sabiduría de vivir y el saber poner en valor las personas, las cosas y las propias vivencias.

La reclusión obligada es así ocasión idónea para recordar y distinguir entre nuestra esencia y nuestra circunstancia.

Haciéndonos cargo de que la primera es perenne, no cambia, y es la fuente a la debemos acudir para llegar a ser quienes estamos llamados a ser.

Siendo nuestra circunstancia sin embargo el sino voluble y cambiante de las cosas y de la vida misma; con sus subidas, bajadas, gozos y miserias.

Dándonos cuenta entonces de que la integridad personal, pasa por hacer de nuestra circunstancia, sea cual sea ésta y en la medida posible, reflejo de nuestra esencia… Siendo la madurez el aprendizaje de dicha integridad, a través de nuestros propios errores, deslealtades e incoherencias. Aprendizaje que lo será entonces también de humildad, auto conocimiento, grandeza de alma y empatia y comprensión para con los demás y sus miserias y errores.

Para todo el mundo este trance que estamos viviendo lo quiera aprovechar o no, es así una llamada al esclarecimiento, la madurez y la integridad, y el cambio de etapa. Porque la vida es también quemar etapas, aprender las lecciones recibidas, pasar página y avanzar en nuestra biografía personal. Y así parece pedirlo esta situación tan extra ordinaria que estamos viviendo. Y así lo ha sido para mí mismo, que he cumplido en estas circunstancias tan peculiares 45 años y he pasado ahí página, y empezado una nueva etapa.

Y es que lo primero, ahora y siempre, antes y en la nueva «anormalidad» que afrontamos ya mismo, es el cultivo de la lucidez, la cordura, el coraje y la valentía, la honestidad, la personalidad y la confianza inquebrantable en uno mismo y en nuestras propias fuerzas. La apuesta total por nuestra fuerza interior y la nobleza de corazón.

Después el vivir sin miedo. Confiados, resueltos y agradecidos. Haciendo las cosas bien, y abiertos y dispuestos a lo que la vida nos quiera dar, por donde la vida nos quiera llevar. Viviéndolo con paciencia y perseverancia; espíritu aventurero, alegría, aceptación y si es necesario, aplomo.

Y luego si, los demás… Las personas que nos acompañan, que nos cruzamos, que llegan a nuestras vidas y nos marcan, les marcamos, o se quedan en ella. Que aprendemos unos de otros y a veces sin querer herimos o nos hieren, y debemos perdonar o pedir perdón. Y también las personas que dejamos atrás. Con las que cerramos un círculo y marchamos porque la vida sigue y nosotros también. Y luego las que reaparecen, y son reencuentros que ensanchan el alma y acarician el corazón…

Para todos ellos: Grandeza de alma, honestidad, agradecimiento y Honor. Esa es la Ley…

Este maldito virus ya ha matado en España a más de 26 mil personas… No es ninguna broma.

Qué hacer con el tiempo que nos queda y dónde poner nuestra lealtad, esfuerzo y entrega? Es la cuestión.

La vida es efímera y pasa volando. «Carpe Díem». .. Siempre ha sido así. Ahora más…

Vivir Lúcidos, Despiertos, Fuertes y Libres.
Generosos de corazón en los afectos y la comprensión; y apasionados y entregados para beber del vaso de la vida hasta la última gota. Creciendo en nobleza y fuerza interior con cada lección que la vida nos da.
Y adelante con lo que tenga que venir!…

Todo esto se nos recuerda con esta pandemia. Y claro que hablaremos de la dimensión económica, política, científica y técnica de la cuestión; y querremos también distracción y diversión, y sobre todo y más que nada deberemos honrar a los muertos. Pero obviar la dimensión moral y espiritual sería una necedad y un desperdicio.

Sería desperdiciar nuestras propias vidas en lo necesario, olvidando lo Importante…

DIARIO DE UN CONFINAMIENTO 9

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Hoy es el coronavirus, mañana puede ser cualquier otra cosa…

Y si no es que afecte a todos como ahora, que nos afecte a nosotros personalmente; pero siempre se vive en el filo… Es así. La vida no acepta medias tintas. Hay que ir a por ella y llevarla bien cogida del cuello sin que se nos escape…

Por eso todo el rato está pasando y nunca para, y las cosas mayormente son sólo para un tiempo limitado, y no para siempre… Y por eso saber valorar las personas, encuentros, ocasiones, enseñanzas y circunstancias bien aventuradas de la vida, más allá del dolor y la amargura que a veces nos deparan, es fundamental.

Hay que ir así a lo importante, y dejar lo meramente necesario, simplemente ahí, en su lugar.

Hay que ir a lo esencial e imperecedero y que sólo depende de nuestra grandeza de alma y voluntad. Y vivir desde ahí sin más. Sin mayor preocupación o plan. Pues en eso sí puedes confiar, y todo lo demás… que la vida y el tiempo lo ponga en su lugar.

Y mientras tanto besar y morder, abrazar y arañar, pelear y amar, como un dientes de sable…

Las raíces amargas dan frutos dulces; y maduramos y crecemos más en el dolor, que en el gozo. Al amanecer el ánimo se renueva, y al atardecer, se ven las cosas más claras.

Y sí, a pesar del sistema que tenemos, el «orden crematístico» sigue sin corresponder con el «orden natural» de las cosas. Y el papel en esta crisis de reponedores, cajeros, enfermeros, soldados, camioneros o temporeros, lo ha puesto de manifiesto una vez más de manera evidente…

Y es que la crisis del coronavirus traerá cola y se prolongará más allá del confinamiento; con recesión, tensión geopolítica mundial y polarización ideológica. Pero será también un tiempo maduro y oportunidad para el regreso de los «dioses fuertes», tras muchos años de pensamiento débil y «moñas»…

Un tiempo maduro para el regreso del culto a la nobleza y grandeza de alma; la fuerza interior, el honor y el valor. El coraje, la lealtad, la honestidad y la autenticidad. La amistad, la alegría, la palabra, el respeto y la camaradería. El perdón, el agradecimiento, la franqueza y la verdad. La virilidad, la feminidad, el romance, el amor y la fidelidad. También el «carpe díem» y el gozo…

Los «dioses fuertes», que siempre nos recordaron la muerte, no nos escondieron la dificultad, y siempre nos invitaron a vivir con corazón, aplomo, autenticidad, desinteresadamente y con valentía…

Y a veces las cosas tienen arreglo y hay que ponerse con ello. Y a veces no… y hay que aceptarlo y vivir igual, sin resentimiento ni ofuscación.

Libertad total de quienes se conquistan a sí mismos. Esa es la consigna de los «dioses fuertes» que en este trance que pasa la humanidad, asoman de nuevo en el horizonte para quien los quiera ver. Tras tantos años de pensamiento débil y necedad…

Y es que en realidad, siempre estuvieron allí. Nunca se fueron. Porque en realidad están en la sangre. En nuestras venas. Forman parte central, de nosotros mismos…

DIARIO DE UN CONFINAMIENTO 8

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La espada de Damocles…

Esta mierda del Coronavirus te puede matar. Y si no a tí a tus padres, abuelos, a algún amigo, a alguna persona que amaste, a alguien a quien quieres y no olvidas, a un simple conocido que sin embargo aprecias y admiras… Y morirse no tiene marcha atrás. Aquí no se vuelve. Es lo que hay…

No es ninguna broma.

Pero vivir es estar siempre en el filo. Se nos olvida. Así de atontados vivimos. Y se nos escapa el esplendor y la grandeza de las cosas y personas en frente nuestro o que se cruzan en nuestro camino.

Lou Reed escribió en los 90 un disco sobre la enfermedad y la muerte. De manera sobrevenida varios amigos suyos murieron. De cáncer y otras enfermedades. Los visitó en el hospital. Estuvo con ellos. Se mantenían enteros a un pie del final… La experiencia le inspiró un puñado de canciones que al parecer le venían en sueños, mientras dormía. Al disco lo llamó «Magia y Pérdida».

Todos vivimos con la «espada de Damocles» sobre nuestras cabezas. Todos podemos morir en cualquier momento. La vida va en serio. Hay que ser auténticos…

El código del samurai empieza diciendo eso de: «el trabajo de un guerrero es recordar todo los días que algún día morirá».

Lou Reed fue un guerrero.

Amo su música y su compañía… Era duro y firme. Serio y fuerte. Pero estaba lleno de calor humano y sus canciones rezuman ternura y elegancia. Bohemia y caricia. «Luz y Calor» entre sombras y noches…

Para estos días su «Sword of Damocles» es espíritu de samurai. De vivir consciente y despierto. Mirando a los ojos a la vida, y a la muerte…

DIARIO DE UN CONFINAMIENTO 6

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El confinamiento se prolongará tres semanas más. Hasta el 9 de mayo. Dos meses confinados…

Después al parecer vendrá una fase de transición, que puede durar otros dos meses o tres, y solapándose a ésta, una fase de reconstrucción, que entiendo se prolongará mínimo un año.

Para entonces en la cuenta de esta crisis sanitaria habrá más de veinte mil muertos… Ahí es nada.

Digo crisis sanitaria, porque es lo que es. No es una guerra. Es una crisis sanitaria. No estamos siendo invadidos por una potencia extranjera ni somos «atacados por alienígenas» . Es una pandemia que ha llegado a España y que hay que gestionar y resolver como tal; como una pandemia. Y esta diferenciación respecto de una guerra, no es cosa menor…

En este sentido durante el confinamiento, la sensación mayormente habrá sido la de que el gobierno por momentos improvisaba y pecaba de «amateur», y por desgracia en la fase previa, en la fase de prevención, la sensación habrá sido la de que no quisieron ver la que se nos venía encima y para cuando reaccionaron, ya iban con retraso…

Ahora ya no tiene arreglo y hay que seguir adelante, pero lo justo es que cuando pase lo peor de esta crisis se repase lo ocurrido en las fases de prevención y confinamiento, y se exijan entonces responsabilidades. Y «crucemos los dedos» para que en las fases de transición y reconstrucción, ahí sí, se hagan por favor las cosas bien. Con sumo cuidado y conocimiento. Con ánimo de pura eficiencia y responsabilidad y sin compromiso alguno para con adhesiones ideológicas. Que de esas trabas ya hemos tenido bastante en toda esta catástrofe y en las fases de transición y reconstrucción nos jugamos mucho. No se pueden volver a hacer las cosas mal o tarde…

En este orden de cosas, no puede sino lamentarse el intento por parte del gobierno, sus medios afines y en cierta medida sus militantes; por «blanquear» todas las negligencias y torpezas flagrantes que hemos tenido que ver en esta crisis. Un intento tan demagógico y sectario, tan de parte e interesado, que por el bien de la convivencia y concordia de todos, bien merecería que algún día todo eso se vea compensado con un sincero «mea culpa»… Sería una buena manera de evitar que esta desgracia se pague además con más gresca política y polarización.

En todo caso la vida seguirá de un modo u otro y habrá que afrontar lo que venga con el mejor de los ánimos y punto. Sin queja ni lamento. Dispuestos a «hacer camino», crecer y aprender, y con más razón y conciencia que antes apreciar las cosas y personas realmente valiosas que hay en nuestras vidas, y dar un paso al frente si es necesario. Sabiendo que a veces son sólo un instante o una breve época de nuestra vida y que otras, aún siendo duraderas, nunca son para siempre…

CARPE DÍEM.

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Las estadísticas y perspectivas para estos días venideros son las que son… No hace falta repetirlas. Todos estamos al tanto y hay que mentalizarse. El domingo próximo será un día con una cuenta total de fallecidos muy alta, muy dura. Es así… Hay que hacerse cargo desde ya.

Razón de más para asumir sin rechistar, como siempre hay que hacer pero ahora más, la responsabilidad que supone estar vivo, sano y fuerte. Responsabilidad a todos los niveles. Con nosotros mismos y nuestra propia vida, con la gente que queremos y llevamos en el corazón, con la gente valiosa que va llegando a nuestra existencia o que pasó por ella, y con la que gente que simplemente conocemos, tratamos día a día o nos cruzamos…

Responsabilidad de honestidad, autenticidad, alegría, cariño, valentía y apoyo. De ser de verdad y actuar en consecuencia. De compromiso y amor verdadero dónde así sea. De esfuerzo, trabajo y camaradería, cada cual en su papel y desde su lugar. Sabiendo también ser duro y firme si fuera necesario. Y sabiendo también pasar página donde sea necesario.

De vivir en definitiva conscientes y agradecidos, dispuestos a responder con todo a lo que nos convoque el destino.

No comparto así hoy ningún enlace de mi blog, canal y demás… Comparto una canción preciosa y poderosa que lo dice todo.

CUENTA CONMIGO…

DIARIO DE UN CONFINAMIENTO 5

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«Lo que hemos vivido no es lo que vamos a vivir a partir de ahora»…

Así se expresó Felipe González el miércoles pasado en Onda Cero refiriéndose a la crisis del Coronavirus.

Por otro lado el FMI ha dicho no sin cierta solemnidad, que vamos a una situación de crisis socioeconómica sin precedentes y no conocida hasta ahora. Una crisis que nos remite a niveles de precarización similares a los del crack del 29.

Todo ello a parte de la catástrofe de los posiblemente 20 mil muertos que sólo en España, provocará el coronavirus… Un cifra absolutamente trágica que no deja lugar a la inmadurez ni a la inconsciencia.

En este sentido, lo ético y lo correcto, y lo que en parte honra todas esas muertes, es que apreciemos lo bien que en términos generales, hemos vivido en España durante los últimos 40 años… Lo «felices» y «bien que estábamos» sin saberlo. Y más aún, el deber que nos toca del contento y la alegría, la honradez y la honestidad, el optimismo y la autenticidad, el espíritu luchador y la valentía, de los que no muramos… Así de claro hay que decirlo.

Porque ya está bien de lo profundamente imbéciles y gilipollas, mimados y consentidos, vocilgueros, quejicas y niñatos que hemos sido. Sembrando la discordia, la queja y el recelo entre nosotros por cuestiones superficiales e irrelevantes. Una crisis como esta tiene que ponernos en nuestro sitio y hacernos madurar de una vez. A nivel personal y como sociedad. Y crecer en lucidez, sabiduría, coraje, nobleza de corazón, y unidad, solidaridad y respeto. Y dejarnos de estupideces y falsas polémicas, opresiones, guerracivilismos y reivindicaciones tontas. Y al que no sea capaz de verlo así, mandarlo sin contemplaciones a la mierda…

Vamos a un escenario casi de posguerra. Y no debemos dejar lugar otra vez al infantilismo, el egoísmo y la inmadurez. Vamos a tener que ayudarnos los unos a los otros. De persona a persona. De corazón a corazón y como sociedad. Vamos a un escenario de «reconstrucción» y habrá salir de nuevo a la calle con mucho ánimo y fuerza , que ya llegarán momentos de desaliento. Y para cuando estos lleguen, los más duros y enteros, tendrán que ayudar a los más debilitados. Esto es así…

Y habrá también que reflexionar sobre la gestión de esta crisis. Y ya habrá tiempo de pasar factura. El momento no es ahora. Pero hay errores humanos, como en todo, que se deben asumir sin ira ni reproche. Y hay irresponsabilidades e incompetencias culpables y flagrantes, que deberán ser saldadas.

La consigna evangélica ponía en boca de Cristo eso de «vosotros sois la sal de la Tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se podrá volver a salar?». Como nunca antes en nuestra historia reciente, personal y colectiva, esta consigna puede enseñarnos tanto. Es tiempo así de ser «la sal de la Tierra», de tomarlo en serio y no consentir que la sal se vuelva sosa y deje de tener sentido y utilidad…

Feliz domingo de Resurrección a todos.

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