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Kali Yuga

EL PORQUÉ DE LOS MITOS

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El canal de ivoox ¿POR QUÉ? ha tenido a bien conversar con nosotros sobre nuestro libro EL PODER DEL MITO. Y sobre cómo detrás del pensamiento mítico, en el sentido tradicional de éste, se guardarían tesoros de sabiduría perenne especialmente valiosos para los tiempos de Kali Yuga por los que transitamos.

Encantados de colaborar con su mentor Luis Dévora.

Fuerza y Honor!

DISTOPÍA, TRADICIÓN, Y MANNERBÜNDE

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DISTOPÍA, TRADICIÓN Y MANNERBÜNDE

La Tradición Sapiencial siempre advirtió de eso que a día de hoy llamamos distopía… La Tradición la llamó “Kali Yuga”; “La Edad Oscura”. Y esta distopía de la que advirtió la Tradición, no es otra cosa que la propia Modernidad…

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En el mundo moderno, a un desarrollo económico técnico sin precedentes, le acompaña una bancarrota espiritual también sin precedentes. El mundo del progreso económico técnico será así el de un progreso decadente al que a los más altos y bien hallados avances materiales, les acompañará la proliferación del tipo humano vaciado de toda solidez espiritual y abocado por ende a ser el Hombre más desnortado, neurotizado, alienado, afectado, deprimido, ansioso, idiotizado y débil de mente, que haya conocido la humanidad…

Y eso es lo realmente distópico. La civilización del progreso material es a su vez la de la alienación, necedad y vulgaridad generalizada y sobre todo y peor aún, encumbrada. Convertida en regla y estándar.

No es que falte inteligencia para todo tipo de ingenios tecnológicos y avances científicos, o inteligencias agudas para el manejo de las finanzas o la dialéctica política de parlamentos y noticiarios. Es que hay ausencia total de Sabiduría y Honor. Y por ende de grandeza de alma y nobleza. Y eso, que el “moderno”, tanto desconoce sino incluso desprecia, en la única levadura verdadera que puede dar sentido y fortaleza al alma. Y todo lo demás, viene después… Lo demás puede ser necesario, pero no es lo importante…

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El mundo moderno discurre así a través de un material humano de bajísimo nivel y conciencia de sí, aspiraciones meramente materiales y pequeño burguesas, y modos entre horteras y abiertamente vulgares o mediocres. Un tipo humano de una vida interior disfuncional y alienante cuya alma, parecerá estar siempre presta al desasosiego, la ansiedad, el desánimo, el enfado fácil y gratuito, la sensación de carencia o vacío, la abulia, el insomnio, la polarización o directamente, la fatuidad o la bajeza…

Vamos… un ser humano ajeno al ideal de Virtud que cultivó la Tradición, y en el que el auto conocimiento y gobierno de sí, más allá de nuestra propia ignorancia, miedo, necedad o interés, era el argumento principal de la vida.

La Modernidad se despliega de este modo dando la espalda a la sabiduría y la forja del carácter y la personalidad; apostando por contra por un tipo humano meramente externo, material, afectado y emocional, a la par que interesado y calculador, al que nada le dicen ni sabe, ni de la nobleza de espíritu y grandeza de alma, y ni del “temor de Dios” …

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Una calamidad de ser humano… Y es normal que sea así. La Modernidad es la primera de las civilizaciones humanas que ha sacado deliberadamente de la ecuación toda referencia a “Dios”. Y no ya a Dios, en el sentido teológico de éste, sino a la propia idea de Trascendencia. Es así una civilización abiertamente anti metafísica, anti sapiencial, y que además siente alergia por todos los “dioses fuertes” del pasado: Sabiduría, Honor, Nobleza, Fuerza, Coraje, Verdad, Lealtad, Fidelidad, Respeto, Humildad, Palabra,Devoción, Patria, Raza, Tradición, Espíritu, Virilidad, Feminidad, Amor, Heroismo, Vergüenza, Honra, Belleza, Orden, Jerarquía, Justicia, Agradecimiento, Perdón…

Un mundo imbécil e idiotizado, en el que los avances en prosperidad y confort material, parece que tenemos que pagarlos cultivando un tipo humano digno de desprecio… Un Hombre que para más inri, se regodea en su miseria espiritual y alienación, como si éstas fueran un logro de la civilización…

Efectivamente el mundo moderno, es en sí mismo la distopía.

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Y mientras, mientras ufanos celebramos “la muerte de Dios y el olvido del Espíritu”; mientras dejamos atrás todo horizonte de Trascendencia y Sentido; las ideologías, eso sí, se despliegan como “asuras” entre las gentes, endemoniando los entendimientos y los pareceres: Liberalismo, Socialismo, Nacionalismo; libre mercado, lucha de clases, auto determinación. Todo es economía, todo es política; y si no, ciencia y tecnología. Así una capa sobre otra, y vuelta a empezar, sin un instante de contemplación, quietud interior y profundidad. Y así es imposible la Sabiduría… Y sin ella, todo poder y libertad, no son sino una pantomima.

¿Distopía?

El mundo moderno es la distopía. Y de ella no se puede salir dando marcha atrás. El meridiano cero de la media noche del Mundo ya se ha cruzado y efectivamente, la Tradición tenía razón. El Kali Yuga ya está aquí…

Todo lo que es disparatado, absurdo, confuso, ambiguo, feo, retorcido, mediocre, vulgar, meramente cuantitativo, sin fondo ni altura, es puesto en el frontispicio de la civilización, y desde ahí, se pretende avanzar, obviamente, hacia ninguna parte…

Y sin embargo, lo llaman “Progreso”. He ahí la distopía. Llamar progreso a la decadencia…

Es por eso que hay que hacerse cargo, y si en el alma notamos la llamada del Espíritu, la Trascendencia, la Sabiduría y el Honor, y la Libertad que es fruto de la Verdad y de la conquista de uno mismo; debemos entender que este mundo moderno no es nuestro mundo. Y que debemos superarlo y dejarlo atrás.

No busquemos respuestas entonces en la Modernidad, ni es sus cachivaches tecnológicos, discursos ideológicos, sistemas filosóficos, o idolatrías materiales. Busquemos las respuestas en la Tradición Sapiencial. Verdadero antagonista de la Modernidad y antídoto y tratamiento seguro para su sanación y superación.

Y aquí, y para estos mal hadados tiempos del Kali Yuga, la vía que la Tradición anunció para cuándo llegará la Edad Oscura. La vía de la Mano Izquierda. Esa que convierte esta “media noche del Mundo” y “muerte de Dios”, en oportunidad para un renovado despertar. En prueba especialmente valiosa y fértil para quien esté dispuesto a “Cabalgar el Tigre” y hacer que la “bestia del fin del Mundo”, responda a sus espuelas…

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Este mundo distópico de la Modernidad es una manzana podrida y por sí mismo colapsará. Usémoslo entonces y mientras tanto como “campo de batalla” para forjarnos como “Guerreros Espirituales” en la “Tierra Baldía”, apostando desde ya, por ser los más lúcidos, despiertos, fuertes y libres de nuestro tiempo. Pero hagámoslo al margen del proyecto moderno de sociedad, con el que nos relacionaremos “desde fuera”, sin terminar de pertenecer. Sin tratar de cambiarlo o dirigirlo, pero si creando “nuestra propia sociedad” al margen de ésta, conforme a la vía de la Tradición, y de acuerdo al ideal de la “mannerbünde”. De la “Hermandad Guerrera”. Una sociedad de hombres y mujeres fuertes y espirituales, devotos de la Sabiduría y el Honor, que conformen una sociedad “dentro de ésta” pero ajena a su nihilismo y rumbo. Capaz de participar de ella si es necesario, pero sin terminar nunca de pertenecer. Pues su mundo, no es el nuestro…

Y que dicha “Hermandad Guerrera” se fortalezca al margen del juego político de nuestro tiempo, y se sostenga doctrinalmente por sí misma; al margen de los paradigmas e ideologías del mundo moderno. Y que crezca y madure, y nos cobije y enseñe, forme y ayude, mientras en torno nuestro, todo termina de pudrirse y reventar…

Así nos juramentamos. Y que así sea…

¡Fuerza y Honor!

LA HUESTE DE ODÍN

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Odín el Brujo

“Odín cambiaba de forma. Su cuerpo yacía como durmiendo o como un muerto, pero él era un pájaro o un animal, un pez o una serpiente (…) Podía también, con sus palabras, apagar el fuego o calmar el mar y cambiar la dirección del viento a voluntad (…) Y a veces despertaba a los muertos o se sentaba bajo los ahorcados; por eso lo llamaban señor de los muertos”.

Ynglingasaga. Snorri Sturluson.

Odín… “el Brujo”… señor de la sabiduría, la magia, la poesía, los caídos en combate, el furor guerrero…

Odín es una de las divinidades más fascinantes del antiguo panteón pagano de la Europa precristiana. Y en su figura se darán claves simbólicas que para los tiempos de la Edad del Lobo (el “Kali Yuga de la cultura vikinga”), parecerán ser especialmente significativas. De dichas claves trata este artículo…

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Lo primero que debe resaltarse es algo tan evidente como que Odín no es Thor… No es el dios tonante del trueno, la fuerza, el martillo, la lucha. El apetito voraz y la vida aventurera enfrentada a martillazos contra gigantes y trolls.

No, Odín no es un kshatriya, guerrero y protector. No es el dios de la casta guerrera. De los guardianes y defensores de la comunidad. Portadores de la fuerza que simbolizan la maza, el martillo, el hacha….

Odín es por el contrario el “señor del conocimiento”… de la sabiduría, de la magia, de la poesía. De los cuervos que son “pensamiento y memoria”. Odín parece “el Gran Druida”; el “Maestro espiritual”, el Sabio… El “Guardián de la Tradición” y señor del rito. Odín es el dios bráhmana. La “casta superior” que a modo de principio viril de la sociedad, elemento “macho” o “alfa” de ésta, la preña con “la palabra” del Maestro. Con la inspiración del sabio y el poeta. Inspiración que hará de los “hombres de acción”, de los gobernantes y guerreros, meros actores que representan el mandato y dirección que “el Maestro” indicó. Y sin embargo, siendo así, Odín será algo más… La mera ecuación de la “casta de los sabios” y brahmanes no alcanzará a resolver todo lo que el mito de Odín estará señalando. Pues Odín es también el dios de la magia guerrera y el furor berserk. De los caídos en combate espada en mano: los einherjar o “Ejército de los Muertos”; también de la “Caza salvaje”, del Valhalla y de la batalla del “fin de los tiempos” en el Ragnarok…

Odín efectivamente es algo más…

Su vinculación en primer lugar con la magia, y especialmente con la magia guerrera no debe pasarnos desapercibida. Él es el “brujo” del ritual berserk. Del “guerrero oso” o “guerrero lobo” que presa del furor carga arrollador y colérico en frenesí homicida contra sus contrincantes. Empoderado de una “bestia interior” que el “brujo” le ha enseñado a evocar y hacer suya. Como si las fuerzas más nocturnas, volcánicas y fieras del alma, pudieran ser invocadas para hacerlas nuestras y usarlas como una fuerza arrolladora.

Es así éste un “guerrero fatídico”, vinculado a la noche, a la luna llena, a la magia, a los lobos y los cuervos, a la oscuridad… al Kali Yuga.

Y es que Odín es también “cosechador de muertos”. De caídos en combate. Esos mismos guerreros furibundos que matan y mueren con igual arrojo, sin miedo ni fatiga, son “cosechados” por Odín para nutrir su hueste celestial en el Valhalla. Son los einherjar, y con ellos forma el “Ejército de los Muertos”. La “Hueste de Odín”. Preparada y entrenada para la batalla final del Ragnarok. Contra “las fuerzas del caos y la disolución”. Cuando el lobo infernal, la serpiente colosal, los gigantes del fuego, los siervos de Loki, carguen todos contra Asgard y el árbol que sostiene el Mundo tiemble y se derrumbe. Allá haciendo frente a las potencias del caos estarán Odín y su hueste. Dispuestos todos a morir en combate. Hasta entonces, cabalgan los cielos en la “Caza Salvaje”, recuerdo para los que están todavía vivos del cuál es el argumento de la vida y cuál el tiempo que estamos viviendo. Señal de que sobre el mundo se cierne la sombra de la Edad del Lobo, y hay que estar preparados… La vida no es igual para los Hombres si estos han de vivir en un tiempo que es medianoche del Mundo y sobre el que día a día el ejército de Loki, avanza con poder disolvente y disgregador. El dios que hemos dicho que es bráhmana, “Maestro Espiritual”, llegada la Edad Oscura es algo más, y sus acólitos no pueden ser ya los meros guerreros glotones y musculados que sirven a Thor. La sabiduría, la magia y la poesía de Odín, lo son para afrontar el Kali Yuga, para hacernos “guerreros lobo” en la Hueste de Odín. Entrenados en la magia que nos empodera de nosotros mismos hasta las raíces más fieras de nuestro ser, y las devuelve después contra las potencias del caos. Como guerreros espirituales de la vía de la Mano Izquierda. Y ese sí es el sentido de Odín. Una divinidad que lo es de la “primera función”, de la casta superior del sabio, el mago y el poeta. Principio alfa inspirador de toda acción recta y debida. Pero “primera función” en tiempos de la Edad Oscura. Donde habrá que vivir para merecer formar en las filas de la Hueste de Odín. Donde la mera fertilidad, guardia y defensa, orden y justicia, que pregona Thor, ya no serán suficientes. Pues todo orden y justicia está siendo subvertido y hay que prepararse para “cabalgar el tigre”.

Por eso Odín es luminoso en el Valhalla y carga a la batalla luciendo su casco de oro. Pero por eso también es oscuro. Y su magia te permite convertirte en “Hombre Lobo” y los muertos con gloria y honor le son queridos y los hace suyos. Y la “Caza Salvaje” resulta terrible y atemoriza a las gentes sencillas, igual que puede ser recuerdo de cuál es el camino a seguir, una vez arribamos a la Edad Oscura…

También por ello Odín es “el vagabundo”. El “peregrino”, el “viajero misterioso” que camina con forma humana entre los Hombres. Con sombrero viejo de ala ancha y abrigo oscuro. Con un bastón o cayado como única compañía. Tuerto, solitario y de barba gris. Baja a la Tierra y entre hombres y mujeres, da señales y lecciones. Ayuda, orientación y consejo. También a veces, providencial castigo. No siempre revelando quién es. Quizás mayormente sin hacerlo. Solamente cuidando de estar presente y “encontrarse contigo”. Como valedor y guardián de la “Tradición Eterna” que a todos los que deben emprender el camino de la “Raza del Espíritu”, de un modo u otro y llegado el momento, invita a recorrer… Pues ha llegado la Edad Oscura y algunos serán llamados a formar parte de la Hueste de Odín. Pues ha llegado la Edad Oscura y hay que estar preparado para luchar a su lado, en la batalla final del Ragnarok

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