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La Conquista Romana de Hispania: Viriato y Numancia

en Cultura Celta/Historia por
LA CONQUISTA ROMANA DE HISPANIA: VIRIATO Y NUMANCIA

Su división en pequeños estados y su orgullo local no les permitía unirse en un lazo común, lo que les privaba de fuerza suficiente para repeler conjuntamente una agresión venida de fuera. Así pues, si hubieran logrado juntar sus armas uniéndose en una confederación potente, los romanos no hubieran llegado nunca a dominar sus tierras… De hecho los romanos, venciendo una a una todas la tribus de Hispania, tardaron en todo caso mucho tiempo, unos doscientos años, en poner finalmente Hispania bajo su poder.

Estrabón. III, 4, 5

Bandas guerreras, saqueos y ciudades asediadas, “druidas” predicando el alzamiento contra Roma, traiciones y engaños, resistencias heroicas frente a enemigos implacables, generales derrotados, líderes admirables, elefantes cargando contra los muros de Numancia y cónsules romanos derrotados frente a las armas de Viriato…

 

La conquista romana de Hispania duró dos siglos y supone uno de los episodios más fascinantes y sugestivos de nuestra historia. La propia saga de Roma avanzará al compás de las guerras que lleva a cabo en Hispania y aquellos belicosos hispanos, tendrán finalmente en Roma y a pesar de la lucha a brazo partido que llevaron a cabo contra ella, el molde el que su sangre y espíritu quedará conformado.

 

Los pueblos y gentes de España no pueden saber de sí mismos sin saber de la “Hispania Bárbara” de íberos, celtíberos, lusitanos, cántabros o vettones. Tampoco pueden saber de sí mismos sin saber de Roma y de cómo ésta, a costa de un esfuerzo formidable de doscientos años, llegó a integrar a nuestros ancestros en su Imperio.

 

Saber quiénes somos y conocer nuestra historia, pasará así indefectiblemente por conocer la Conquista Romana de Hispania. De ahí en gran medida venimos, su olvido no es falta sino contra nosotros mismos…

 

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  • La conquista romana de Hispania comenzará al albur de la Segunda Guerra Púnica, entre Cartago y Roma. En torno al 218 a.C. y con la presencia del cartaginés Amílcar y su hijo Aníbal en Hispania, para hacer de ésta base de operaciones del rearme de Cartago frente a Roma. La conquista cartaginesa de Arsa (la actual Sagunto), ciudad íbera bajo la protección de Roma, será el detonante de la guerra y tras ésta y una vez derrotado Aníbal, Hispania se convertirá en el nuevo objetivo de Roma.

  • Entre el año 205 a.C. y el 195 a.C. se lleva así a cabo una primera etapa de la conquista de Hispania, tratándose de asegurar para Roma y fundamentalmente, los territorios de la Península que anteriormente estuvieron en la órbita de Cartago. Es en este periodo cuando se documentan las campañas de Catón en la Celtiberia (por primera vez un romano frente a Numancia) y la rebelión ilergete de Indíbil y Mandonio. Treinta mil infantes y cuatro mil jinetes ibéricos se enfrentan a los romanos en el entorno del río Ebro. La victoria fue sin embargo romana y la derrota indígena estrepitosa, y los propios Indíbil y Mandonio murieron heroicamente en batalla. La conquista romana de Hispania daba comienzo así con la épica de los grandes episodios históricos…

  • Durante los siguientes 15 años (entre el 194 y el 179 a.C.), Roma tratará de estabilizar las fronteras uniendo la Hispania Citerior y Ulterior a través del interior Peninsular. Es en este periodo cuando Roma conquista Toledo a los carpetanos y hace preso a su rey Hilerno. También cuando por primera vez se enfrenta realmente a los celtíberos. Con ocasión especialmente reseñable en el 179 a.C. Con Tiberio Sempronio Graco haciendo frente a un ejército celtibérico de más de treinta mil hombres en el entorno del Moncayo (a decir de los epigramas de Marcial la “montaña sagrada” de la Celtiberia).

La victoria sin embargo volvió a ser romana y ésta trajo el periodo de paz más largo para Hispania desde el desembargo de Amílcar en nuestra tierra. En un ya lejano 240 a.C.

  • Durante más de veinte años (entre el 178 y el 154 a.C.) Hispania no conoció nuevos alzamientos ni conflictos y en el futuro, cuando se reanuden las guerras, los propios hispanos apelarán a los tratados de paz firmados con Graco, buscando poner fin al enfrentamiento armado. Los romanos en cualquier caso habían conseguido cumplir el plan que trazó Catón para Hispania; apoderándose de las zonas que anteriormente estuvieron bajo influencia cartaginesa, y asegurando las fronteras mediante inclusión del interior Peninsular a costa de carpetanos y celtíberos lusones, lobetanos y olcades.

  • Llegado sin embargo el año 154 a.C. comenzará de nuevo la guerra en Hispania. Lusitanos en la Ulterior y celtíberos en la Citerior se alzan en armas en la que será quizás la guerra más ardua de Roma en nuestra tierra. Veinte años en los que la figura de Viriato en el ámbito lusitano, y la ciudad de Numancia en el ámbito celtibérico, generarán reveses tremendos para Roma. Hasta el punto de que sendos ejércitos consulares enviados contra Viriato y contra Numancia, serán respectivamente derrotados por lusitanos y celtíberos. A estos veinte años de guerras en los que Roma mordió el polvo en diversas ocasiones y frente a nuestros antepasados, hemos dedicado nuestros siete capítulos de esta serie. Allí recogemos pormenorizadamente los pormenores de esta guerra.

Roma finalmente se impuso a Viriato y a Numancia, bien lo sabemos todos, pero no estará de más recordar la gesta de los guerreros hispanos frente al ejército más poderoso del Mundo…

  • Tras estos veinte años de guerras (154-133 a.C.) Hispania vivirá otra época de paz que se prolongará hasta el año 113 a.C. Son años en los que Roma se dedicará a desarrollar su poder administrativo en Hispania, enviando una comisión senatorial de diez miembros, que llevará a cabo un plan para el aprovechamiento sistemático y racional de las posibilidades agrícolas, ganaderas, mineras y comerciales de Hispania.

Esta nueva situación de una Hispania pacificada, fuente de riquezas y solar de expansión para la nobleza terrateniente romana, coincidirá con las crisis sociales en Roma, semilla de las futuras guerras civiles. Guerras que repercutirán también en Hispania, y que finalmente provocarán el desmantelamiento de la República, y la llegada del Imperio.

Este periodo será también el de la llegada de emigrantes itálicos a Hispania. Emigrantes que asentándose principalmente en la Bética, configurarán uno de los pilares de la futura aristocracia provincial, favoreciendo el desarrollo de una honda romanización en el sur Peninsular.

Si señalar que durante este tiempo, concretamente entre el 123 y el 121 a.C., se conquistarán las islas Baleares. Conquista que se llevará acabo alegando como excusa el carácter de refugio de piratas que tenían las islas.

  • Llegado en todo caso el año 113 a.C. lusitanos y celtíberos volverán a las armas otra vez, y de nuevo las guerras “celtibérico-lusitanas”, se convertirán en una preocupación para los gobernadores romanos.

En este caso y por un lado, tendremos de nuevo los recurrentes saqueos lusitanos sobre la Turdetania, a modo de razzias; y por otro, la rebelión de unos celtíberos que viendo cómo los temibles cimbrios, llegados del norte Europa, entraban en la Celtiberia y los romanos huían espantados, toman ellos mismos las armas y derrotan a los “bárbaros del norte” (año 104 a.C.).

Por desgracia es un periodo escasamente documentado, si bien cabe destacar la presencia de nuevo de un ejército consular en la Celtiberia (año 98 a.C.), en una campaña que se prolongará cinco años.

Por su parte, las rapiñas lusitanas se sucederán años tras año aún a pesar de las represalias romanas, y será también necesario un ejército consular que entre los años 96 y 93 a.C., se adentrará en la Lusitania y conseguirá poner fin a las bandas de saqueadores.

  • Entre los años 92-82 a.C. encontraremos un nuevo periodo de paz que se prolongará esta vez diez años, si bien llegado el 82 a.C. Hispania entrará en un largo y agotador periodo de conflictividad. Esta vez sin embargo, no tanto alzándose en armas contra Roma, como participando como actor interesado en las Guerras Civiles de ésta. Son primero las Guerras Sertorianas, desarrolladas en el solar hispano e instigadas por los propios lusitanos. Y después las guerras de César contra Pompeyo, con clientelas celtíberas y en general hispanas en ambos bandos. Dándose aquí el episodio épico de la batalla de Munda, en el año 45 a.C.

  • Un periodo que se alargará entre el 82 y el 45 a.C. y el que se intercalarán épocas de relativa paz, en las que encontraremos sin embargo, los últimos alzamientos vacceos, y la significativa campaña del propio Julio César contra los lusitanos, en el año 61 a.C. Campaña con la que se pondrá fin definitivamente a la rebeldía lusitana y en la que César, llegará a sitiar una suerte de monte sangrado de la Lusitania, consagrado a “Hermes”. Entiéndase aquí que dicho “Hermes”, no será sino la interpretatio romana de una divinidad indígena, de la que no nos llega su verdadero nombre.

  • Finalizada la parte hispana de la guerra entre César y Pompeyo, y tras un periodo durísimo en que se han sumado los diez años de las Guerras Sertorianas, las campañas de César en Hispania, las últimas insurrecciones vacceas, y la lucha contra los pompeyanos, Hispania parecerá estar agotada… Siendo así que se vivirá un largo periodo de paz que esta vez se prolongará entre el 43 y el 29 a.C. Siendo ese último año cuando estallará el episodio final de la conquista romana de Hispania, las Guerras Cántabras, que se prolongarán diez años y que serán verdaderamente “la batalla final” de la Hispania “bárbara”, frente a las legiones de Roma.

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Doscientos años y muchos acontecimientos, batallas, anécdotas y personajes… Nosotros humildemente en nuestro blog queremos homenajear esa época de nuestra historia acercándonos al episodio quizás más significativo de la resistencia indígena: las guerras de Viriato y de Numancia.

Guerras recogidas en siete capítulos sucesivos en los que con un cronograma como guía, podremos seguir año a año los pormenores de una lucha tan heroica como trágica.

Aquellos fueron nuestros antepasados. Básicamente los españoles de hoy día y más allá de nuestras diferencias regionales, somos descendientes genéticos de ellos. Tengámoslos entonces en la memoria. Quizás podamos aprender algo de quiénes somos y a partir de ahí, de qué debemos hacer…

Cervantes, Numancia y la idea de España

en España por
Cervantes

España sufre a día de hoy día un problema de conciencia identitaria. Un problema respecto del saber quiénes somos y cuál es nuestra historia e identidad. Es así que la actual crisis territorial, no es sino reflejo de una crisis de nación tras la cual subyace el problema de no saber o entender qué es España, quiénes somos los españoles y de dónde venimos. 

Recordar y comprender dicha identidad, se convierte así en algo fundamental para lo cual la figura de Cervantes, podrá ser especialmente esclarecedora. Por su obra, por su vida, por el momento que le toco vivir, en Cervantes se darán todos los elementos para a través de su pensamiento, encontrar cátedra incontestable que nos ayude a conocer y entender el ser e identidad de España. Y efectivamente es así, pues es una de sus tragedias más representativas Cervantes, no dejó plasmada su idea de España…

La cuestión identitaria se ha convertido en uno de los problemas fundamentales que afectan a España. Nuestra crisis territorial no es sino una crisis de nación tras la cual subyace un problema identitario. Un problema de conciencia de nosotros mismos y auto conocimiento. Un no saber quiénes somos y de dónde venimos que debilita los andamiajes  de nuestra constitución política y ciudadana, y nos hace pasto de las derivas nacionalistas. Tanto en el ámbito del cuestionamiento a la unidad de España como unidad de voto acerca de aquello que nos afecta a todos. Como cuestionamiento a la unidad de España respecto del ser mismo de España. De España  como realidad histórico política, étnico cultural y antropológica que raíz común de nuestra diversidad, es a su vez fundamento de nuestra unidad.

Se pretende así desde los nacionalismos y con excusa de las identidades culturales particulares de algunas regiones, afirmar tanto la ruptura de la unidad de voto, que no es sino la unidad de decisión respecto de aquello que nos atañe a todos; como afirmar la ruptura de la comunidad identitaria. Esto es, hacer de las particularidades de una región, diferencias identitarias de nivel superior a las que no podrá corresponder más que el  derecho de autodeterminación.
En ambos casos se retorcerán los conceptos y las palabras a través de sofismas y trampantojos argumentales. Se llamará así derecho a decidir y acto democrático a la voluntad de una parte integrada en un todo, a tomar una decisión unilateral respecto de ese todo sin contar él e independientemente de los efectos que sobre dicho todo, tenga dicha decisión. Y del mismo modo, se hará de toda disensión acaecida en el proceso histórico político de España, excusa de tiranía insoportable y anhelo legitimo de libertad. Haciéndose también de toda particularidad cultural o histórica, acento innegable de identidad diferenciada ubicada más allá de toda raíz común española. Por supuesto todo ello a costa de disparates históricos insostenibles y de demagogias políticas que de tanto repetirse, parecería que han ganado marchamo de veracidad.

De hecho, la hegemonía cultural de un progresismo mal entendido en el que pesan todavía complejos y manías respecto del Franquismo y de España, habrá facilitado el camino al separatismo y sus tergiversaciones. Pues mayormente no habrá tenido en frente un discurso sólido, articulado y veraz, capaz de ponerlo en evidencia y de ofrecerse a los españoles, como narrativa identitaria común. Generándose entonces una ofuscación en la comprensión del problema en la que a duras penas, se desenmascara la falacia independentista. Toda vez que la derecha, desde su tecnocracia, economicismo y estrechez de miras, poco o nada ha aportado para esclarecer el debate.

Mucho se oye hablar así del pueblo catalán, vasco o andaluz, y a penas se dice nada respecto del pueblo español. Entendido éste como el conjunto del que formarían parte integral vascos, catalanes o andaluces. España como unidad política materializada en la unidad de voto para aquello que nos afecta a todos, es así sistemáticamente relativizada por el “derecho a decidir”. Y el fundamento identitario del que surgiría dicha unidad política, es puesto en duda una y otra vez por los correspondientes “hecho diferenciales”, hasta el punto de que parecería que España, es solo un constructo jurídico superpuesto a unas naciones libres y autónomas entre las que debería haber, poco más que una relación de buena vecindad…

Sin embargo las cosas no son así. La realidad de España y sus regiones y nacionalidades es otra. Y la constitución política de España no es sino la plasmación  de una hermandad de fondo entre gentes y pueblos que tienen mucho más en común que diferencias. Gentes y pueblos que durante siglos y con luces y sombras, alianzas y enfrentamientos, han configurado una de las identidades más antiguas de Europa. Recordar y entender así dicha identidad, se convierte en algo fundamental para poder afrontar el desafío separatista y reencontrarnos y reconciliarnos con nuestra identidad común española.

Para dicho fin, la figura de Cervantes se mostrará especialmente esclarecedora. Por su obra, por su vida, por el momento que le toco vivir, en Cervantes se darán todos los elementos para a través de su pensamiento, encontrar cátedra incontestable que nos ayude a conocer y entender el ser e identidad de España. Y efectivamente es así, pues es una de sus tragedias más representativas, Cervantes quiso dejar plasmada su idea de España. Idea para su época y para aquel tiempo, pero idea que aún pasados los siglos, hoy día sigue resultando tremendamente aleccionadora…

España y la profecía del Duero.

Rondaba ya los cuarenta años cuando Cervantes escribió “El cerco de Numancia” (Año 1585). Tragedia renacentista sobre el fin de la Numancia celtibérica frente a Roma, y tras un penoso asedio en el que lo numantinos prefirieron quitarse la vida a ser derrotados por el hambre o entregarse a la esclavitud. El episodio de la heroica ciudad celtibérica y su suicidio colectivo frente al general romano Escipión, habría servido así a Cervantes de inspiración para una de las obras de teatro más interesantes del Siglo de Oro. Pudiendo extraerse de la misma varios contenidos morales con la excusa de la sufrida guerra numantina: el amor a la libertad, la dignidad del vencido, la muerte honrosa, la victoria sin honra, etc… Sin embargo, entre estos temas se dará también una honda reflexión sobre el ser, la historia e incluso el destino de España. Reflexión que viniendo de Cervantes, no debe pasarnos desapercibida ni ser relativizada.

Dividida en cuatro jornadas, la obra en la primera de ellas, nos plantea ya lo esencial del argumento. El general romano Escipión por encargo del senado asume la “difícil y pesada carga” de rendir la ciudad celtibérica de Numancia. Subido a una peña Escipión arenga a los desmoralizados soldados romanos diciendo como sigue: “Avergonzaos, varones esforzados, porque a nuestro pesar, con arrogancia tan pocos españoles y encerrados defienden este nido de Numancia. Diez y seis años son, y más, pasados, que mantienen la guerra, y la jactancia de haber vencido con feroces manos millares de romanos”.

Los soldados turbados por las palabras de Escipión juran ponerse de su lado en la lucha contra Numancia, siendo entonces que se anuncia la inesperada llegada de unos embajadores numantinos que quieren parlamentar con el general. Escipión y los numantinos se reúnen y estos últimos le ofrecen amistad y paz tras tantos años de “porfía”, pero Escipión la rechaza: “A desvergüenza de tan largos años es poca recompensa pedir paces”. No hay armisticio posible con Roma y los numantinos marchan sabiendo que se reanuda de nuevo la guerra: “Al hecho, que guerras ama el numantino pecho”.

Escipión queda solo en su tienda junto a su hermano Fabio siendo entonces que se desvela su plan: “Pienso de un hondo foso rodearlos, y por hambre insufrible derrotarlos. No quiero yo que sangre de romanos coloré más el suelo de esta tierra (…) en tan larga, reñida y cruda guerra”. A lo que su hermano Fabio contestará: “Mejor será encerrarlos como dices, y quitarle a su brío las raíces. Bien puede la ciudad toda cercarse si no es en la parte do el río la baña”.

El argumento esencial de la trama es así puesto ya sobre la mesa y siendo conocido por todos cual iba a ser el desenlace final del enfrentamiento, la tensión dramática de la obra ira paso a paso en aumento hasta la catarsis final. Sin embargo antes de continuar con la trama, la obra al terminar la primera jornada hace un curioso receso. Un receso en el que Cervantes parecerá querer mostrarnos su idea de España:

Aparece en escena la propia “España”, como personaje de la obra, como personaje alegórico que representaría a la mismísima España. Su voz clama al Cielo:

“¡Alto, sereno y espacioso Cielo que con tus influencias enriqueces la parte que es mayor de este mi suelo (…) muévate a compasión mi amargo duelo, y pues al afligido favoreces, favoréceme a mí en ansia tamaña, que soy la sola y desdichada España”.

Lamentándose de su destino España plantea el “pecado original” de donde parecerían provenir gran parte de sus aflicciones:

“¿Será posible que de continuo sea esclava de naciones extrajeras y que en un pequeño tiempo yo no vea de libertad tendidas mis banderas? (…) mis famosos hijos y valientes andan entre sí mismos diferentes. Jamás en su provecho concertaron los divididos ánimos furiosos, antes más los apartaron cuando se vieron más menesterosos”.

Sus hijos viven divididos de espaldas entre sí, más aun cuando más necesitarían estar unidos.

Al tiempo frente a la amenaza romana, señala a Numancia como adalid de la libertad:

“Numancia es la que ahora sola ha sido quien la luciente espada sacó fuera, y a costa de su sangre ha mantenido la amada libertad suya y primera”.

Es entonces que lamentándose del cerco que sufrirán los numantinos invoca al río Duero que a la sazón, corre a los pies de la ciudad celtibérica:

“Y pues sola la parte por do corre y toca la ciudad el ancho Duero, es aquella que ayuda y que socorre en algo al numantino prisionero, antes que alguna máquina o gran torre en sus aguas se funde, rogar quiero al caudaloso y conocido río, que en lo que pueda, ayude al pueblo mío”.

Y el río Duero aparece en escena. Al igual que España también como personaje alegórico. Dice como sigue:

Madre querida España, rato había que hirieron mis oídos tus querellas; y si en salir acá me detenía fue por no poder dar remedio a ellas. El fatal, miserable, y triste día según el disponer de las estrellas, llega a Numancia, y cierto temo que no hay remedio a su dolor”.

Para Numancia la suerte está echada… y el río Duero lo sabe. Así lo “disponen las estrellas”. Sin embargo ese amargo final pudiera ser que fuera semilla y anuncio de algo grande:

“Mas ya que el revolver del duro hado tenga el último fin establecido de ese tu pueblo numantino amado, pues a términos tales ha venido, un consuelo le queda en este estado: que no podrán las sombras del olvido oscurecer el sol de sus hazañas”.

El olvido no caerá así sobre la heroica ciudad celtibérica y puesto que la luz de sus hazañas no declina, dicha luz parecerá ser promesa de un tiempo mejor: Comienza entonces “la profecía del Duero”, momento especialmente interesante de la obra de Cervantes…

“tiempo vendrá (…) que estos romanos serán oprimidos por los que ahora tienen abatidos. De remotas naciones venir veo gentes que habitarán tu dulce seno después que, como quiere tu deseo, habrán a los romanos puesto freno. Godos serán, que con vistoso arreo, dejando de su fama el mundo lleno, vendrán a recogerse en tus entrañas, dando de nuevo vida a sus hazañas”.

Anuncia la caída de Roma a manos de los Godos y la llegada de éstos a España.

“Y portillos abriendo en Vaticano, tus bravos hijos, y otros extranjeros, harán que para huir vuelva la planta el gran piloto de la nave santa. Y también vendrá tiempo en que se mire estar blandiendo el español cuchillo sobre el cuello del romano, y que respire solo por la bondad de su caudillo”.

Anuncia el saco de Roma por parte de las tropas del emperador Carlos V en 1527, haciendo huir al propio Papa, así como señala las victorias españolas en Italia durante el siglo XV y XVI. Victorias que plantea como resarcimiento de los españoles frente a los romanos, y que son a su vez puestas en relación con las victorias godas frente a Roma.

“Y cuando fuere ya más conocido el propio Hacedor de tierra y cielo, aquel que ha de quedar instituido virrey de Dios en todo el suelo, a tus reyes dará tal apellido, cual viere que más cuadra con su celo: católicos serán llamados todos, sucesión digna de los fuertes Godos”.

Señala la llegada del cristianismo y como éste, dará a los reyes de España nombre llamándolos católicos. Estableciéndose la continuidad entre éstos y los antiguos Godos. Una línea de continuidad entre los “fuertes” Godos y los reyes de España que se sobreentiende, habría adquirido especial plenitud con los Reyes Católicos propiamente dichos.

“Pero el que más levantará la mano en honra tuya (…) haciendo que el valor del nombre Hispano tenga entre todos el mejor asiento, un rey será, de cuyo intento sano grandes cosas me muestra el pensamiento, será llamado, siendo suyo el Mundo, el segundo Felipe sin segundo”.

Anuncia la llegada futura de un rey sin par que honrará especialmente a España y del que podrá decirse qué es “suyo el Mundo”: Felipe II.

“Debajo de este Imperio tan dichoso serán a una corona reducidos, por el bien universal y a tu reposo, tus reinos hasta entonces divididos: el girón lusitano tan famoso, que en un tiempo se cortó de los vestidos de la ilustre Castilla, ha de zurcirse de nuevo, y a su estado antiguo unirse”.

España en el futuro podrá fin a sus divisiones internas e incluso Portugal (“el girón lusitano”) volverá a España. “Por el bien universal” y por la paz, todo ello en la égida de un Imperio “dichoso”.

“¡Qué envidia, qué temor, España amada, te tendrán mil naciones extranjeras, en quien tú teñirás tu aguda espada y tenderás triunfando tus banderas!”

La profecía del Duero concluye celebrando la gloria de la futura España, unida, temida, amada y victoriosa de sus enemigos.

“Sirva esto de alivio en la pesado ocasión por quien lloras tan de verás”.

Ese destino de gloria es así alivio y consuelo para esa España afligida que ha de afrontar ahora, las duras y trágicas jornadas del asedio de Numancia.

El río Duero se despide tras su profecía-“Adiós, porque me esperan ya mis ninfas…” –y España le dice adiós deseándole los favores del Cielo. Se cierra la primera jornada del “Cerco de Numancia” y a través de ese río Duero que habla con voz de profecía, parece habernos hablado el mismísimo Cervantes…

 *

¿Qué podemos decir nosotros de esta peculiar profecía? De esta semblanza de España que Cervantes ha recogido por boca del río Duero. ¿Qué idea de España refleja esta obra y es trasladada desde las tablas del teatro a los españoles del siglo XVI? ¿Qué puede decirnos a nosotros de nosotros mismos, a los españoles del siglo XXI, las palabras del río Duero de Cervantes?

Ciertamente creemos que sería un verdadero error en un país como España, tan desorientado en cuanto su identidad, al conocimiento y puesta en valor de su identidad e historia, dejar pasar las palabras de Cervantes…

Siendo así y a bote pronto, resaltarán las siguientes ideas:

-En primer lugar Cervantes traslada la idea de la existencia de España, que aparece incluso como personaje de la obra. Esto que puede parecer una obviedad no lo es tal en un país, donde a día de hoy puedes encontrar políticos, tertulianos y periodistas que no tienen reparo en ningunear la existencia histórica de España como nación de largo recorrido. Como nación de siglos de antigüedad presente ya, en la conciencia colectiva de los españoles del Siglo de Oro.

-En segundo lugar resulta a nuestro parecer interesantísimo que Cervantes, ubique en la España prerromana el origen mismo de lo español. Haga de Numancia y la España “ancestral” de los celtíberos, “patria originaria” de los españoles. Siendo hasta tal punto así que la conquista romana es presentada como afrenta que algún día, los españoles podrán resarcir.

-Tercero, se señala una suerte de “pecado original” de los españoles, de “mis hijos” dice literalmente España. Esa fuente de nuestros males y de nuestra debilidad no será otra, que la división entre nosotros. División que será aún más lacerante al enconarse justo, cuando deberíamos estar más unidos.

-Cuarto, la España Goda como fuente de identidad y episodio fundacional de nuestra historia. Episodio que genera una continuidad a través del tiempo que llega a los reyes católicos: literalmente “sucesión digna de los fuerte godos”.

-Quinto, la propia referencia a esa catolicidad como rasgo importante de la tradición e identidad española: “a tus reyes dará tal apellido, cual viere que más cuadra con su celo: católicos”.

-Sexto, el llamado Siglo de Oro y los tiempos del Imperio Español, como plenitud de España. Como apogeo de una nación unida y poderosa de la que forma parte también Portugal, y cuyas banderas triunfan ahora donde antes se veían privadas de libertad, y cuya espada se tiñe con la sangre de sus enemigos, habiendo sido Numancia la primera “quien la luciente espada sacó fuera”.

-Séptimo, la nula referencia a una herencia árabe o judía e incluso a la Reconquista. Como si algo tan conocido de todos en aquel momento, tanto para público como autor, pudiera obviarse a la hora de entender qué es España, cual es su identidad y cuál es su destino.

Estas siete ideas fundamentales que sobre España plantea Cervantes a través de la profecía del Duero, son a nuestro humilde entender altamente significativas y valiosas, pues vienen de quien vienen y son recogidas en un momento tan especial e importante para nuestra historia, como el siglo XVI. Ideas en las que se refleja una honda conciencia identitaria, arraigada en los ancestros, en la idea destino colectivo, de continuidad histórica a lo largo de tiempo y de superación a la postre, de derrotas y adversidades.

Cervantes nos ofrece así a los españoles del siglo XXI una sana conciencia identitaria que por desgracia a día de hoy, apenas existirá entre nosotros y que sin embargo, era objeto de una obra teatral de éxito en el siglo XVI. Ciertamente da qué pensar… Y es una pena que ideas que pudieron estar tan presentes en alguien como Cervantes, los españoles de nuestro tiempo o no sepamos de ellas o peor aún, nos avergoncemos de ellas y repudiemos en un gesto de estúpida endofobia. Endofobia de la que estamos convencidos, nada bueno se puede sacar…

Así para Cervantes y su profecía del Duero, el Imperio Español habría tenido su origen en las hazañas de los numantinos y en Felipe II, su punto culminante. Habría habido una “urheimat” y un cénit. Estableciéndose una continuidad y semejanza entre el pasado y el presente observándose, que si en la lucha contra Roma había desunión entre españoles, bajo Felipe II y habiendo unión completa, se habría conseguido la preeminencia de España sobre el resto de las naciones. Cuando los españoles llegan a la unidad de sus distintos pueblos, se hace posible realizar un gran destino, en este caso el Imperio.

Es así que en esta obra de Cervantes, esa “patria originaria” que sería Numancia, será mostrada como paradigma de unidad, como modelo de cohesión más allá de desavenencias internas. Unidad y cohesión que es recogida como lección del pasado para los españoles del siglo XVI que asisten a la representación de la obra. Al mismo tiempo se plantea la hazaña numantina, como el otro gran legado o lección de Numancia a los españoles, pues el heroísmo numantino se recogerá como anuncio de las futuras hazañas de España. Así al final de la obra literalmente se dice: “Indicio ha dado esta no vista hazaña del valor que en los siglos venideros, tendrán los hijos de la fuerte España, hijos de tales padres herederos”. Es decir la grandeza de España y su Imperio, guardaría una relación de continuidad con el coraje numantino y se hace posible gracias a la herencia de éste. En el pasado y más allá de la caída de Numancia, estaría el origen y legitimidad del presente.

En definitiva, la “Numancia” de Cervantes como un claro reflejo de una conciencia identitaria española de la que participa el autor y para la que los numantinos, serían la primera imagen de los antiguos españoles. Dándose una línea de continuidad histórica a través de la España Goda y la España de los Reyes Católicos que hace de los españoles de 1580, herederos de los numantinos y protagonistas de una unidad que ahora, engloba a España entera. Unidad que permite hacerla protagonista de un designio superior, que obviamente en tiempos de Cervantes, se leerá en clave imperial.

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Patria originaria, necesidad de unidad, continuidad histórica a lo largo de los siglos, hazañas aleccionadoras, proyecto colectivo… ¿De verdad todo esto está demás? ¿De verdad no tiene Cervantes nada que enseñarnos con su Numancia, a los españoles del siglo XXI? ¿De verdad podemos seguir en ausencia de conciencia identitaria española y sufriendo de endofobia? ¿De verdad tiene sentido negar a España? ¿De verdad tiene sentido romper su unidad?
Yo pienso que no. Estoy convencido de que no. Y no por nada, sino porque es Cervantes, quien me invita a pensar así…

Cervantes, Numancia y la idea de España.
La figura del caballero como símbolo de prestigio en el mundo celtibérico. Fíbula de caballito de la necrópolis celtibérica de Numancia. 150 a.C. (Reproducido de Romero Carnicero 2001: 141).

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