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LA HUESTE DE ODÍN

en Blog/Espiritualidad por
Odín el Brujo

“Odín cambiaba de forma. Su cuerpo yacía como durmiendo o como un muerto, pero él era un pájaro o un animal, un pez o una serpiente (…) Podía también, con sus palabras, apagar el fuego o calmar el mar y cambiar la dirección del viento a voluntad (…) Y a veces despertaba a los muertos o se sentaba bajo los ahorcados; por eso lo llamaban señor de los muertos”.

Ynglingasaga. Snorri Sturluson.

Odín… “el Brujo”… señor de la sabiduría, la magia, la poesía, los caídos en combate, el furor guerrero…

Odín es una de las divinidades más fascinantes del antiguo panteón pagano de la Europa precristiana. Y en su figura se darán claves simbólicas que para los tiempos de la Edad del Lobo (el “Kali Yuga de la cultura vikinga”), parecerán ser especialmente significativas. De dichas claves trata este artículo…

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Lo primero que debe resaltarse es algo tan evidente como que Odín no es Thor… No es el dios tonante del trueno, la fuerza, el martillo, la lucha. El apetito voraz y la vida aventurera enfrentada a martillazos contra gigantes y trolls.

No, Odín no es un kshatriya, guerrero y protector. No es el dios de la casta guerrera. De los guardianes y defensores de la comunidad. Portadores de la fuerza que simbolizan la maza, el martillo, el hacha….

Odín es por el contrario el “señor del conocimiento”… de la sabiduría, de la magia, de la poesía. De los cuervos que son “pensamiento y memoria”. Odín parece “el Gran Druida”; el “Maestro espiritual”, el Sabio… El “Guardián de la Tradición” y señor del rito. Odín es el dios bráhmana. La “casta superior” que a modo de principio viril de la sociedad, elemento “macho” o “alfa” de ésta, la preña con “la palabra” del Maestro. Con la inspiración del sabio y el poeta. Inspiración que hará de los “hombres de acción”, de los gobernantes y guerreros, meros actores que representan el mandato y dirección que “el Maestro” indicó. Y sin embargo, siendo así, Odín será algo más… La mera ecuación de la “casta de los sabios” y brahmanes no alcanzará a resolver todo lo que el mito de Odín estará señalando. Pues Odín es también el dios de la magia guerrera y el furor berserk. De los caídos en combate espada en mano: los einherjar o “Ejército de los Muertos”; también de la “Caza salvaje”, del Valhalla y de la batalla del “fin de los tiempos” en el Ragnarok…

Odín efectivamente es algo más…

Su vinculación en primer lugar con la magia, y especialmente con la magia guerrera no debe pasarnos desapercibida. Él es el “brujo” del ritual berserk. Del “guerrero oso” o “guerrero lobo” que presa del furor carga arrollador y colérico en frenesí homicida contra sus contrincantes. Empoderado de una “bestia interior” que el “brujo” le ha enseñado a evocar y hacer suya. Como si las fuerzas más nocturnas, volcánicas y fieras del alma, pudieran ser invocadas para hacerlas nuestras y usarlas como una fuerza arrolladora.

Es así éste un “guerrero fatídico”, vinculado a la noche, a la luna llena, a la magia, a los lobos y los cuervos, a la oscuridad… al Kali Yuga.

Y es que Odín es también “cosechador de muertos”. De caídos en combate. Esos mismos guerreros furibundos que matan y mueren con igual arrojo, sin miedo ni fatiga, son “cosechados” por Odín para nutrir su hueste celestial en el Valhalla. Son los einherjar, y con ellos forma el “Ejército de los Muertos”. La “Hueste de Odín”. Preparada y entrenada para la batalla final del Ragnarok. Contra “las fuerzas del caos y la disolución”. Cuando el lobo infernal, la serpiente colosal, los gigantes del fuego, los siervos de Loki, carguen todos contra Asgard y el árbol que sostiene el Mundo tiemble y se derrumbe. Allá haciendo frente a las potencias del caos estarán Odín y su hueste. Dispuestos todos a morir en combate. Hasta entonces, cabalgan los cielos en la “Caza Salvaje”, recuerdo para los que están todavía vivos del cuál es el argumento de la vida y cuál el tiempo que estamos viviendo. Señal de que sobre el mundo se cierne la sombra de la Edad del Lobo, y hay que estar preparados… La vida no es igual para los Hombres si estos han de vivir en un tiempo que es medianoche del Mundo y sobre el que día a día el ejército de Loki, avanza con poder disolvente y disgregador. El dios que hemos dicho que es bráhmana, “Maestro Espiritual”, llegada la Edad Oscura es algo más, y sus acólitos no pueden ser ya los meros guerreros glotones y musculados que sirven a Thor. La sabiduría, la magia y la poesía de Odín, lo son para afrontar el Kali Yuga, para hacernos “guerreros lobo” en la Hueste de Odín. Entrenados en la magia que nos empodera de nosotros mismos hasta las raíces más fieras de nuestro ser, y las devuelve después contra las potencias del caos. Como guerreros espirituales de la vía de la Mano Izquierda. Y ese sí es el sentido de Odín. Una divinidad que lo es de la “primera función”, de la casta superior del sabio, el mago y el poeta. Principio alfa inspirador de toda acción recta y debida. Pero “primera función” en tiempos de la Edad Oscura. Donde habrá que vivir para merecer formar en las filas de la Hueste de Odín. Donde la mera fertilidad, guardia y defensa, orden y justicia, que pregona Thor, ya no serán suficientes. Pues todo orden y justicia está siendo subvertido y hay que prepararse para “cabalgar el tigre”.

Por eso Odín es luminoso en el Valhalla y carga a la batalla luciendo su casco de oro. Pero por eso también es oscuro. Y su magia te permite convertirte en “Hombre Lobo” y los muertos con gloria y honor le son queridos y los hace suyos. Y la “Caza Salvaje” resulta terrible y atemoriza a las gentes sencillas, igual que puede ser recuerdo de cuál es el camino a seguir, una vez arribamos a la Edad Oscura…

También por ello Odín es “el vagabundo”. El “peregrino”, el “viajero misterioso” que camina con forma humana entre los Hombres. Con sombrero viejo de ala ancha y abrigo oscuro. Con un bastón o cayado como única compañía. Tuerto, solitario y de barba gris. Baja a la Tierra y entre hombres y mujeres, da señales y lecciones. Ayuda, orientación y consejo. También a veces, providencial castigo. No siempre revelando quién es. Quizás mayormente sin hacerlo. Solamente cuidando de estar presente y “encontrarse contigo”. Como valedor y guardián de la “Tradición Eterna” que a todos los que deben emprender el camino de la “Raza del Espíritu”, de un modo u otro y llegado el momento, invita a recorrer… Pues ha llegado la Edad Oscura y algunos serán llamados a formar parte de la Hueste de Odín. Pues ha llegado la Edad Oscura y hay que estar preparado para luchar a su lado, en la batalla final del Ragnarok

El fenómeno del Celtismo

en Cultura Celta/España por
El fenómeno del Celtismo

La Cultura Celta, más allá de su realidad histórica, ha llegado a ser un referente de determinadas formas de cultura popular de nuestro tiempo. Es lo que nosotros llamamos “El fenómeno del Celtismo”. A dicho “Celtismo” del siglo XXI y su relación tanto con la cultura celta propiamente dicha, como con las pervivencias que de ésta puedan quedar en Europa así como de uso espurio que pueda hacerse de la misma, hemos dedicado un anexo de nuestra tesis doctoral. A partir de dicho anexo hemos podido escribir un libro llamado precisamente “El fenómeno del Celtismo” del cual extraemos este fragmento para colgarlo en nuestro blog.

 

En el mismo teorizamos sobre el por qué de un “Celtismo Moderno”, cómo es que puede haber surgido una fascinación por la Cultura y el Mundo Celta en nuestro tiempo, y que de bueno podríamos encontrar al respecto.

 

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El Celtismo en el Mundo Moderno:

La fascinación por la Edad del Hierro y la búsqueda de las esencias perdidas.

Situada a caballo de la Prehistoria y la Edad Antigua, la Protohistoria Europea y su correspondiente Edad del Bronce y Edad del Hierro del Hierro, se han configurado para el imaginario colectivo como una suerte de germen, en el que por un lado se superaría el primitivismo prehistórico y por otro, se habrían dado los pasos previos para la formación de las culturas y civilizaciones propiamente Históricas de la Antigüedad (principalmente el mundo grecolatino). Tiende así a ser tenida en no pocas perspectivas populares, como un firme, puente o enlace, que llevándonos más allá de la Prehistoria, prepara y anuncia los tiempos Históricos posteriores. Siendo entonces que como veremos, para según qué corrientes y a veces modas, la pervivencia de dichas culturas del Hierro en grandes áreas de Europa en tiempos de Roma e incluso posteriormente, en época medieval, hacen de dicho universo protohistórico una realidad de gran poder de sugestión. Más aún si nos detenemos en su enfrentamiento con Roma en la Antigüedad, o con la cristiandad medieval en tiempos de Carlomagno o de las invasiones vikingas.

De alguna manera, ese carácter de estadio previo a la Antigüedad y estadio superior a la Prehistoria, parecerá cargarla muchas veces como de un aura mítica y legendaria. Como de primeras y ancestrales “esencias puras” en las que se podrían encontrar los mimbres del posterior desarrollo de la Civilización, y del despliegue mismo de la historia de Occidente. Ese carácter como “esencial”, esa carga mítica y legendaria, provocará en no pocos aficionados y estudiosos, una fuerte fascinación. Como si en los tiempos protohistóricos de Europa pudiéramos encontrar una fuente primera en la que volver a beber desde la distancia de nuestro presente ciclo histórico, y desde una determinada concepción “decadente” de la Modernidad. Reencontrando entonces en la Edad del Hierro una “pureza” y un “sentido” que muchas veces se considerarán perdidos.

El tiempo histórico moderno duda así de sí mismo y busca una reorientación en el pasado, siendo entonces que algunas miradas se deleitan en la grandeza de la Antigüedad y en la cultura greco-romana, donde se tiende a decir que habría “empezado todo”. Otras miradas se detienen en el Medievo, cargándolo de un aura romántica e idealizada: con sus Cruzadas, Templarios, castillos, Reconquista o monasterios… Y otras miradas, quizás precisamente porque “todo empezó” con Grecia y Roma, y porque el Medievo en todo caso y en razón de su cristianismo, no era “todo lo puramente europeo que debería ser”, dudan también de uno y otro y quieren ir más atrás… Como si la semilla de la decadence se hubiera sembrado ya en el mundo grecolatino y el cristianismo medieval por su parte, hubiera adulterado las esencias de lo propiamente europeo. Siendo entonces que la “Pureza y la Autenticidad”, el “alma misma de la Europa ancestral”, pudiera estar en ese estadio en el que dejamos de ser “salvajes”, pero todavía no nos hicimos “civilizados”… En la Edad del Hierro.

Edad del Hierro en la que Celtas y antiguos Germanos, sin las grandezas de la Antigüedad o la Edad Media, y con una cultura material más humilde y a veces también más tosca, parecerán conocer sin embargo y con mayor claridad y certeza, “el Sentido auténtico de la vida y el Mundo”. De la valía personal y el heroísmo, la comunidad de sangre y los ancestros, la unión con la naturaleza y “sus fuerzas mágicas y misteriosas”… Si a esto unimos la incuestionable carga épica del guerrero celta o el guerrero vikingo, en su lucha contra Roma o en sus aventuras y saqueos por el Mar, el cuadro idóneo para una idealización estará servido.

Ciertamente, cabría plantearse para este argumento que venimos desarrollando, una suerte de “nostalgia” por “las esencias perdidas” que desde un cierto romanticismo e idealización, anhelase para la existencia humana algo más de “Espíritu”. Algo más de “Autenticidad” más allá de la vida moderna y sus rutinas burguesas. Algo más de épica, heroísmo, fuerza, pureza y sabiduría y en una época, la Moderna, en la que todo pareciera poder reducirse a categorías puramente materiales, económicas y técnicas… Es entonces que el Medievo, con sus caballeros templarios y su fervor religioso. Roma, con su grandeza y sus legiones. Grecia, con sus duros espartanos y al tiempo sus filósofos, artistas y poetas. Y claro está, los Celtas o los Vikingos, con sus guerreros “furibundos e indomables”, sus dioses terribles y a veces oscuros, su ruda sencillez y su comunión con la naturaleza, los animales, los árboles o las tormentas… terminan por configurar “un manantial de inspiración” al que acercarse a beber, si es que se busca “un reencuentro” con las “esencias perdidas”…

Este “esencialismo”, a nuestro humilde entender, hará parte importante de la fascinación por la Cultura Celta, así como por general de los fenómenos análogos al Celtismo propiamente dicho. Ya sea la fascinación por los Vikingos, los Espartanos o las legiones de Roma. Y creemos posible reconocerlo claramente y con diversas vestiduras o formas, en no pocos movimientos identitarios y neoespirituales de la actualidad. Pudiendo decirse que en gran medida, a través de dichos fenómenos de idealización e inspiración por las culturas del pasado, se planteará un horizonte de regeneración espiritual, cultural y casi “antropológico” para nuestra época. Horizonte de regeneración que de acuerdo a un sentimiento o visión crítica de la Modernidad, apelará a la “búsqueda de la Esencia” en el ámbito de “la Tradición”. Entendida ésta, como un pasado en el que el Hombre se hizo reflejo o portador, de una visión más auténtica, verdadera y elevada de la vida.

Más allá de las consideraciones sociológicas que pueden establecerse con respecto a tan singulares perspectivas y movimientos, y de los interesantes síntomas que parecen traslucir: desafecto hacia la Modernidad y el materialismo, sensación de identidad perdida y pérdida de valores, búsqueda de la esencia europea, recuperación de la idea de los ancestros, de nuestro antepasados, etc… lo cierto es que para acercarnos al estudio riguroso de la Edad del Hierro, será condición indispensable estudiar a aquellos pueblos de Europa que en tiempos ya históricos y frente a Grecia y Roma, entran precisamente en la “Historia” a través del enfrentamiento e interactuación con dichas potencias mediterráneas. Configurándose entonces como el paradigma de la “Europa bárbara” frente a la “Europa civilizada”.

Dichos pueblos serán fundamentalmente los pueblos celtas y germanos, pueblos que conoceremos principalmente por las fuentes clásicas, la arqueología y los correspondientes estudios de la ciencia histórica. Si bien, de dichos pueblos y culturas podremos tener otras referencias, en este caso provenientes directamente de las tradiciones “bárbaras” y su propia manera de ver el mundo. Nos referimos aquí a textos y tradiciones conservados básicamente a través del Medievo y a pesar de la “romanización” y el “cristianismo” (o más allá de la “romanización” y el “cristianismo”) que podrán funcionar como pequeñas ventanas a la Edad del Hierro. Ventanas por las que asomarnos al mundo espiritual, ético, mítico y religioso de aquellos pueblos de Europa que “siguieron unidos” a la Edad del Hierro, cuando Europa entraba ya en su ciclo “propiamente histórico”. Nos referimos claro está a la mitología irlandesa y a las Eddas y sagas escandinavas. Pudiendo encontrarse también y en cierta medida “apuntes” de esa “originaria” cultura del Hierro, en los cantares de Gesta del Medievo, en leyendas y romances también medievales, o en el ciclo Artúrico y del Grial. Así como también y en menor medida, en algunas costumbres, leyendas y fiestas folklóricas, conservadas en regiones más o menos “remotas” de Europa (dedicaremos más adelante un capítulo entero a desarrollar esta idea).

El mundo céltico fue básicamente absorbido por la romanización, especialmente en Hispania y las Galias, donde además y posteriormente se sufrirán las invasiones bárbaras y la consiguiente germanización. Todo a lo largo de un proceso de siglos en el que también la cristianización, contribuirá a laminar la antigua Céltica, quedando ésta reducida entonces a un fenómeno muy marginal, conservado únicamente en zonas especialmente aisladas o apartadas, así como en algunos de los finisterres atlánticos de Europa. Nos referimos aquí y principalmente a las islas Británicas, en las que la romanización fue más débil y a pesar de las invasiones sajonas, tanto en Gales como en Cornualles, en las Tierras Altas de Escocia, y sobre todo en Irlanda, se conservarán interesantísimas pervivencias del antiguo mundo céltico. Especialmente en un rico y profuso folclore popular, así como en la anteriormente mencionada mitología celto-irlandesa, su ciclo de Ulster, el “Libro de las Invasiones” o los guerreros fianna.

Debemos entender en cualquier caso que siendo las islas Británicas y en especial Irlanda las zonas más típicas de estas pervivencias del antiguo mundo céltico, no serán en ningún caso las únicas. En España podremos recoger también un rico fondo folclórico y popular cargado de elementos provenientes del ancestral substrato céltico. Nos referimos al mundo rural y sus leyendas en Galicia, Asturias y Cantabria y en general en todo el cuadrante del noroeste Peninsular. Lo mismo podrá decirse de amplias zonas del interior, en las tierras altas de la Meseta, en el altiplano soriano y en diversas áreas del sistema Ibérico, así como en zonas de Extremadura y del sistema Central. Siendo especialmente significativa y para todo el territorio de la antigua Hispania Céltica, la pervivencia de antiquísimas y coloridas fiestas populares, en las que las mascaradas y botargas, los ritos alrededor del fuego y el carácter invernal de las mismas, parece ser de nuevo una lejana pervivencia del antiguo sustrato céltico. Las fiestas del pueblo soriano de san Pedro Manrique en este sentido, han sido siempre reconocidas como especialmente significativas (también sobre esta cuestión volveremos más adelante en el capítulo correspondiente al papel del folclore).

Por otra parte y con respecto a esta idea de pervivencias y “ventanas” a la Edad de Hierro, debemos entender que dicho mundo cultural y espiritual, no se circunscribirá en exclusiva al mundo céltico. Como ya hemos señalado, también el mundo germánico, situado más allá de las fronteras de Roma y en sus regiones más septentrionales solo tardíamente cristianizado, conservará diversos elementos provenientes de ese ancestral fondo protohistórico prerromano y precristiano.

Aquí tendremos unos documentos de excepcional valor que serán las Eddas y sagas escandinavas, conservadas en la remota Islandia y a través de las cuales podremos en cierta medida conocer, el mundo mitológico, religioso y ético del antiguo mundo germánico. Los límites septentrionales de Europa, desde la península de Jutlándia y hasta la helada Islandia, se convertirán así también en áreas en las que el mundo de la Edad del Hierro europeo, habrá dejado importantes pistas de su trabazón espiritual y cultural.

Por otro lado y tal como hemos señalado anteriormente, podremos también tener en cuenta todo lo que sería la épica heroica de la Edad Media. Ésta, aunque situada ya en un marco histórico lejano a la Edad del Hierro, se construirá fundamentalmente con tradición grecolatina, cristianismo y tradición germánica y céltica. Siendo estas últimas la que, aún cristianizadas y encuadradas en un marco cultural tardo-romano, insuflarán al Medievo una ética heroica y guerrera propia del mundo espiritual de la Edad del Hierro. Esto marcará definitivamente dicho Medievo y cristalizará no ya en las órdenes de Caballería, las Cruzadas o el Feudalismo. Sino especialmente en los Cantares de Gesta y Romances medievales. En los que muchas veces se podrá respirar el mundo de imágenes y evocaciones heroicas propias de la ancestral Edad del Hierro, siendo en el caso del ciclo artúrico, que el antiguo fondo céltico, parecería resultar especialmente presente.

Finalmente y abundando en esa idea de un sustrato de creencias y valores comunes al mundo del la Edad del Hierro en Europa, deberemos tener que presente que aunque mayormente haya sido estudiado a través de las culturas célticas y germánicas, también la Grecia arcaica que recoge Homero en la Iliada, nos mostrará unos patrones heroicos y de conducta análogos en gran medida, a los que luego veremos al estudiar la Edad del Hierro propiamente dicha. De tal manera que en la Grecia primera, Aquea y Dórica, en los “campeones guerreros” de Homero, vinculados éstos al Bronce Final, encontraremos también una ventana por la que asomarnos al universo de la protohistoria europea.

Tenemos así que el mundo cultural del Hierro, ciclo protohistórico europeo desaparecido con el inevitable desarrollo de la Historia de Occidente, nos habrá dejado ventanas desde la que contemplar “cómo entre brumas” su “vida interior”, y estudiar quizás entonces ese “fondo primero”. La raíz desde la que dio comienzo más allá de la Prehistoria, el desplegar de la Historia de Europa. Siendo entonces inevitable el platearse la idea de los “primeros principios”, de búsqueda de “esencias ancestrales” que anteriormente hemos señalado y que nosotros consideramos, una de las claves del celtismo contemporáneo.

Se buscaría de este modo el fondo común y las potencialidades propias del alma de Europa, que ocultas o manifiestas, subyacerían a nuestra historia y a sus diferentes momentos culturales. Siendo entonces que desde nuestra Modernidad-para muchos descarriada o desnortada-, se pretendería recuperar el rumbo apelando a dicha esencia ancestral. Es decir, habría un anhelo de “Tradición”, de “espíritu, esencia e identidad”, en el fenómeno del celtismo. Así como en movimientos parecidos que pudieran tener como referente no ya a los Celtas, sino quizás a la Edad Media, los Vikingos y los antiguos pueblos germánicos, la antigua Esparta o en general, todas las tradiciones europeas premodernas en su conjunto. Hay de este modo a nuestro parecer en el fenómeno del celtismo y en fenómenos análogos, una vaga y difusa pero a su vez presente, búsqueda de “Raíces”. Búsqueda de “Espíritu” y “Tradición”.

Esta pretensión en principio, no solo puede ser perfectamente legítima y coherente con el estudio de los tiempos protohistóricos europeos, sino que además, entendemos que puede tener un lugar y un sentido no menor, en el ámbito del desarrollo de las culturas occidentales contemporáneas. Puede ser así algo necesario, bueno y útil, el “saber quiénes somos”, más allá de los paradigmas de la Modernidad. Y si bien es verdad que desde dicho supuesto “descarrilamiento” moderno, muchos podrían replantearse el rumbo echando la vista a las “raíces cristianas de Europa”, o a las “raíces griegas y romanas” también de Europa, o incluso a la propia “Razón Ilustrada” que sembró la semilla de nuestra Modernidad… No será de recibo platearse que quizás las “respuestas” podrían buscarse también, en ese mundo de “esencias primordiales” que supuestamente, habría sido la Edad del Hierro.

En gran medida y a nuestro parecer, los fenómenos actuales del neopaganismo y/o el neoceltismo, deberán contemplarse desde esta perspectiva.

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Dicho esto, y hablando ahora desde nuestra esfera más puramente personal, no tenemos reparo en pronunciarnos al respecto no solo y efectivamente con una mirada profundamente crítica para con la Modernidad, sino que además, apostaríamos por un sentido de la “Tradición” europea en el que desde la cristiandad medieval y hasta la Grecia clásica y homérica, pasando a su vez por el mundo celta, romano y germano, todo ello configuraría el “fondo” de la esencia e identidad de Europa. Esencia e identidad que desde las pistas y claves que otorga la “Tradición”, nos estaría señalando las vías hacia el “Universal y Perenne del Espíritu”. La “Vertical” desde la que siempre y para todo tiempo y lugar e independientemente de todo lo demás, es posible una regeneración…

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