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Magia y Épica en la literatura medieval (III)

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Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Magia y Épica en la literatura medieval: Las Mocedades de Don Rodrigo y la Magia Guerrera

Las “Mocedades de don Rodrigo” es un cantar de gesta de la Edad Media española en lengua castellana, un tanto tardío y desconocido, pero tremendamente interesante. Fechado a mediados del siglo XIV, en él encontramos ecos evidentes de la más ancestral tradición épica europea. Todo ello acompañado y como suele ocurrir en estos casos, de escenas cargadas de una atmosfera mágica tan fascinante como de innegable sabor pagano…

En el caso que queremos tratar en este artículo, nos encontraremos con que las antiguas prácticas de magia guerrera del mundo celta y germánico, parecerán tener eco en las aventuras de un joven Cid Campeador…

Fragmentos del cantar recogidos a partir de la edición José María Viña Liste.

*

El voto del Cid Campeador:

Un joven Rodrigo Díaz de Vivar venga las afrentas sufridas por su padre a manos del conde don Gómez, matándolo en duelo singular. En reparación por la culpa contraída tras la muerte del conde, el rey Fernando obligará al joven guerrero a contraer matrimonio con doña Jimena; hija del conde don Gómez que ha quedado huérfana y desprotegida tras la muerte de éste. En un motivo típico del más ancestral folclore europeo, el héroe aplazará la obligación impuesta mediante el voto de cumplir previamente una difícil hazaña: salir victorioso en cinco lides…

Desposorio de Rodrigo y Jimena y voto de las cinco lides:


Essas horas dijo el rey al conde don Ossorio:
–Dadme vós acá essa doncella; despossaremos este lozano.–
Aún non lo creyó don Diego, tanto estava espantado.
Salió la doncella, tráela el conde por la mano;
ella tendió los ojos et a Rodrigo comenzó de catarlo.


Dijo: –Señor, muchas mercedes, ca este es el conde que yo demando.–
Allí despossavan a doña Jimena Gómez con Rodrigo el Castellano.
Rodrigo respondió muy sañudo contra el rey castellano:
–Señor, vós me despossastes, más a mi pessar que de grado;
mas prométolo a Cristo que vos non besse la mano,
ni me vea con ella en yermo ni en poblado,
hasta que venza cinco lides en buena lid en campo.–

(versos 430-443)

*

El desafío de Aragón y la lid de Calahorra:

El conde navarro Martín González instigará al rey de Aragón para en nombre de éste, retar al rey Fernando a un duelo de campeones por la posesión de Calahorra. El propio justador navarro viajará con credenciales de Aragón y hasta Zamora, a la corte del rey, para desafiar en persona a León y Castilla por la plaza de Calahorra.

El Cid Campeador obviamente será quien se ofrezca como campeón de Castilla en este duelo en la que será a su vez, la segunda lid de su voto; tras haber previamente puesto fin a las correrías del moro Burgos de Ayllón.

El mitema de la “Lucha de Campeones”, que podemos rastrear en las leyendas europeas desde época pagana, aparecerá así en este cantar de gesta del Medievo español encarnado en la figura del héroe por excelencia de nuestra Edad Media. Todo ello en el contexto interesantísimo de las luchas intestinas entre los reinos cristianos de España, por la posesión de tierras, esferas de poder y anhelos de fama, prestigio y gloria guerrera. Contexto que será fruto de estructuras políticas deudoras del feudalismo, la cultura del vasallaje y la idealización caballeresca del oficio de las armas.

Por otra parte el Cid Campeador, aún ofreciéndose sin temor alguno al duelo contra el campeón de Aragón, pedirá aplazar el combate para poder ir en peregrinación a Santiago. Peregrinación que cómo veremos en el siguiente apartado, no estará demás para el desarrollo de los acontecimientos; pues será precisamente a la vuelta de dicha peregrinación, que sucederá el “hecho sobrenatural” que protagoniza este artículo…

La lid de Calahorra


Sópolo el conde don Martín González de Navarra; cavalgó muy privado,
et fuésse para el rey: –Señor, péssete del tu daño;
Calahorra e Tudela forzada te la ha el buen rey don Fernando;
señor, dame tus cartas et iré a desafiarlo;
yo seré tu justador, combaterlo he privado.–
Essas horas dijo el rey: –Séate otorgado.–


Las cartas dan al conde, al camino es entrado;
allegava a Zamora, al buen rey don Fernando;
entró por la corte, al buen rey bessó la mano,

Dijo: –Oítme, rey de gran poder, un poco sea escuchado;
mensagero con cartas non debe tomar mal ni recebir daño;
embíavos desafiar el rey de Aragón, a vós e a todo vuestro reinado;
vedes aquí sus cartas, yo vos traigo el mandado;
si non, datme un justador de todo vuestro reinado,
yo lidiaré por el rey de Aragón, que soy su vassallo.–

()


Rodrigo, a los tres días, a Zamora ha llegado;
vio estar al rey muy triste, ante él fue parado;
sonrisando se iba e de la boca hablando:
Rey que manda a Castilla e a León non debe ser desconfortado;
Rey, ¿quién vos fizo pessar o cómmo fue dello ossado?;
de presso o de muerto non vos saldrá de la mano.–


Essas horas dijo el rey: –Seas bien aventurado;
a Dios mucho agradesco por ver que eres aquí llegado;
a ti digo la mi cuita donde soy cuitado;
embiome desafiar el rey de Aragón e nunca lo hube buscado;
embiome dezir que le diesse a Calahorra amidos o de grado,
o que le diesse un justador de todo el mi reinado.
Querelleme en mi corte a todos los fijosdalgo;
non me respondió omne nado;
respóndele tú, Rodrigo, mi pariente e mi vasallo;
()


Essas horas dijo Rodrigo: –Señor, pláceme de grado;
a tal plazo nos dudes que pueda ser tornado,
que quiero ir en romería al padrón de Santiago
et a Santa María de Rocamador, si Dios quisiere guissarlo.–

Essas horas dijo el rey: –En treinta días avrás afarto.–

(versos 518-559)

*

El Cid Campeador y el leproso:

Con treinta días de plazo marcha el Cid de romería a Santiago y a la vuelta confirma que en escasos tres días se cumple el tiempo acordado, con lo que debe cabalgar sin dilación si no quiere que se pierdan tanto su honra como Calahorra.

De camino y en un vado encontrarán a un pobre leproso (“malato” en el texto) que pide ayuda para cruzar el río. Todos le ignoran excepto el Cid que tomando su mano, ofreciendo una capa y con la ayuda de una mula, le cruzará al otro lado.

Llegada la noche y una vez acampados en lo que quizás sean unas ruinas o un antiguo castro (“sobre unas piedras cavadas, que era el poblado) y mientras el Cid duerme, el leproso le susurrará al oído indicándole que realmente es san Lázaro, enviado por Dios para concederle un don: Un soplo como en la espalda y que le pasa al pecho (“Dióle un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado) que le provocará una “calentura” o estado febril (“que en calentura seas tornado) que una vez encendida, le permitirá enfrentar arrebatador y victorioso cualquier lucha que deba emprender (“cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano).

El Cid despertará sobresaltado pero el leproso habrá desaparecido y será imposible encontrarle. Don Rodrigo quedará impresionado y pensativo (Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado) marchando ya sin descanso rumbo a Calahorra…

Todo el episodio es fascinante y cargado de hondas resonancias en el mundo de la Tradición. El héroe antes de la prueba hace peregrinación, a la vuelta cruzando un río ayuda a un leproso al que todos previamente han ignorado, a la noche y “como en sueños”, mientras el Cid duerme, el leproso le revela que es un “enviado de Dios” y que le va a conceder un don. Una suerte de “furor”, “calor” o “ímpetu” de combate que lo hará invencible en las pruebas que te haga afrontar a partir de ese momento. El héroe despertará sobresaltado pero el leproso “como por arte de magia” habrá desaparecido…

Arquetipos e imágenes propias de todo el universo tradicional de la Europa premoderna, envueltas en las vestiduras paganizantes que tantas veces tienen las leyendas medievales europeas, aun a pesar del contexto cristiano en el que se escriben.

Y por otra parte, la descripción tan literal y física de los efectos de dicho “resuello mágico”. La referencia a la espalda y el pecho, al calor… referencias que como vamos a ver en el último apartado, nos traen el recuerdo de las antiguas magias guerreras de la Europa celto-germánica…

Romería de Rodrigo a Santiago

 

Complió su romería; por San Salvador de Oviedo fue tornado.
A la condessa doña Teresa Núñez apriessa hubo preguntado:
–Señora, ¿cuántos días ha passados que yo fue en romería a Santiago?–
Et dijo la condessa: –Oy passan veinte e seis días,
cras serán los veinte e siete días llegados.–
Cuando esto oyó Rodrigo fue mal amanzellado
e dijo: –Cavalgat, mis cavalleros, e non querades tardarlo;
vayámosnos servir al buen rey don Fernando,
que tres días ha, no más, para complirse el plazo.–

(versos 569-577)

 

Rodrigo y el leproso


A los caminos entró Rodrigo con trecientos fijosdalgo.
Al vado de Cascajar, a do Duero fue apartado
–fuerte día fazía de frío–, a la posiesta en llegando,
a la orilla del vado estava un pecador de malato
a todos pediendo piedat, que le passasen el vado.
Los cavalleros todos escopían et ívanse d’él arredrando.


Rodrigo ovo d’él duelo et tomolo por la mano
so una capa verde aguadera passolo por el vado
en un mulo andador que su padre le avía dado,
e fuésse para Grejalva, do es Cerrato llamado;
so unas piedras cavadas, que era el poblado,
so la capa verde aguadera, alvergó el Castellano al malato.


E en siendo dormiendo, a la oreja le fabló el gafo:
–¿Dormides, Rodrigo de Bivar? Tiempo has de ser acordado;
mensagero soy de Cristo, que no soy malato;
sant Lázaro soy, a ti me hubo Dios embiado,
que te dé un resollo en las espaldas, que en calentura seas tornado;
que cuando esta calentura ovieres, que te sea membrado,
cuantas cossas comenzares arrematar l’as con tu mano.–
Diol’ un resollo en las espaldas que a los pechos le ha passado.


Rodrigo despertó e fue muy mal espantado;
cató en derredor de sí et non pudo hallar el gafo.
Membrole d’aquel sueño et cavalgó muy privado;
fuésse para Calahorra de día et de noche andando.

(versos 578-601)

*

El Cid Campeador y la Magia Guerrera:

El Cid llegará al duelo con el tiempo justo y el propio rey Fernando le apremiará para salir al combate, sin embargo el Cid aún lo retrasará un poco más. La “calentura” no termina de llegarle y no está listo para la lucha, pedirá entonces una sopa de vino y justo en ese momento, como de manera sobrevenida, le llegará el “calor”… Tomará entonces las riendas del caballo, el pendón del rey y el escudo y saldrá decidido a librar el combate. Cargando el uno contra el otro el Cid derribará a su oponente y en una escena tan sobria como explícita, antes de que el campeón de Aragón pueda levantarse, el Cid descenderá de su caballo y le cortará el cuello…

El resuello de san Lázaro

Cavalgar quería Rodrigo, non quería tardarlo;
non le venía la calentura que le avía dicho el malato.
Dijo al rey: –Señor, dadme una sopa en vino,
Cuando quisso tomar la sopa, la calentura ovo llegado;
en logar de tomar la sopa tomó la rienda del cavallo,
enderezó el pendón et el escudo ovo embrazado,
e fuésse para allí do estava el Navarro.


El Navarro llamó «¡Aragón!», et «¡Castilla!» el Castellano.
Ívanse dar seños golpes, los cavallos encostaron.
()

et erró el conde navarro; non lo erró Rodrigo de Bivar
un golpe le fue dar que le abatió del cavallo;
enante que el conde se levantase, descendió a degollarlo.
D’esta guissa ganó a Calahorra Rodrigo el Castellano

(versos 618-636)

Obviamente tenemos aquí un interesantísimo reflejo en plena Edad Media española, de una lejana memoria, que hunde sus raíces en las “magias guerreras” de la Europa pagana.

Tanto a través de las fuentes grecolatinas, como a través de las leyendas irlandesas y escandinavas, nos llegan noticias de guerreros furibundos que como en estado febril, entran en batalla dotados de una fuerza arrolladora. Siendo conocidos los “calores” del héroe celto-irlandés Cu Chulainn cuando entra en combate; calores que deben aplacarse metiéndole en una tinaja de agua fría. En la misma línea como de un calor que inunda al guerrero haciéndole terriblemente feroz e indómito, las referencias de la cultura vikinga serán abundantísimas. Mayormente en torno a los conocidos “guerreros berserk”. Y mucho antes en la antigua Grecia, encontraremos noticias similares referidas en este caso a los jóvenes espartanos.

Hoy día todas las líneas de investigación que trabajan este tema, apuntan a que detrás de este tipo de referencias, estaría la presencia de ritos de magia e iniciación guerrera en las culturas bárbaras de la Europa de la Edad del Hierro. Ritos tendentes a hacer de los jóvenes neófitos, auténticos guerreros miembros de las mannerbünde.

También y muy posiblemente el hecho de que en el ámbito de los mitos y leyendas, el don del “furor” sea propio o de los héroes o de una minoría especial y cualificada de guerreros, lleva a pensar que este tipo de prácticas mágicas, serían exclusivas de una élite especialmente formada y seleccionada.

En España, las referencias de las fuentes clásicas sobre lusitanos, celtíberos y cántabros, parecerán apuntar en muchas ocasiones en la dirección que aquí venimos indicando. Y de igual manera, los restos arqueológicos refrendarán aún más esta idea, al haberse encontrado en solar de la península Ibérica, restos de antiguas saunas de iniciación guerrera para baños de vapor y calor extremo. Caso de la sauna del castro de Ulaca en la provincia de Ávila.

Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).
Sauna castreña de Ulaca. A un lado el horno y al otro en una pequeña sala donde sentarse y junto al horno, los asientos para los iniciados (Álvarez Sanchís 2003: 268).

No cabe descartar claro está, que en el caso de las Mocedades de don Rodrigo, a parte de la antigua presencia de una tradición de magia guerrera en la Hispania prerromana, el “resuello de san Lazaro”, encuentre también su origen en la propia cultura germánica del mundo visigodo. Cultura que será el molde fundamental de los reinos cristianos del norte de España, ya sea en León, Castilla, Navarra o Aragón.

En definitiva, un episodio en un cantar de gesta del Medievo español, que cargado con elementos fundamentales del imaginario mágico de la Europa más ancestral, convierte a uno de nuestros héroes más emblemáticos, en portador del antiguo don del “furor”. Don que le llegará a través de esa escena tan fascinante como evocadora, en la que tras ayudar a un leproso a cruzar un río, éste a la noche le susurrará al oído y mientras el héroe duerme, que le ha sido concedido un “poder” que le convertirá en un guerrero formidable…

*

El voto de las cinco lides, el desafío a una lucha de campeones, la peregrinación a Santiago, el leproso, el vado del río, la noche en unas ruinas, san Lázaro y el don guerrero, el duelo contra el campeón navarro, los “calores” del Cid, su victoria inapelable… Una secuencia completa que conecta la cultura popular de la Edad Media española, con temas e imágenes esenciales de la más antigua tradición heroica europea. Una vez más los tesoros olvidados de nuestra literatura mostrando un antiguo camino, hoy día mayormente perdido…

 

Magia y Épica en la literatura medieval (II)

en Blog/España/Espiritualidad por
El cantar de Mío Cid

Magia y Épica en la literatura medieval: El cantar de Mío Cid

El cantar de mio Cid, es nuestro gran cantar de gesta… escrito por un autor anónimo a principios del siglo XIII en plena Edad Media, y en la gran época de la épica medieval, en él las leyendas y romances que trenzaron los juglares durante cien años, alrededor de la figura histórica del Cid Campeador, tomarán cuerpo en una gran “saga”. Un gran relato en el que el héroe desterrado y su mesnada, a golpe de espada, razias y cabalgadas (“si con moros no lidiamos nadie nos dará el pan” verso 34-673), consiguen finalmente el triunfo de conquistar Valencia y hacer del Cid su señor.

El héroe cumplirá de este modo un gran destino y su honra quedará recuperada y engrandecida. La nobleza de título pero sin hazañas que conspiró contra él y que después quedará retratada en los cobardes y viles infantes de Carrión, se contrastará con el humilde infanzón castellano que por “sus obras”, merecerá la fama y la gloria.

El Cid es así uno de los grandes arquetipos de la tradición española en lengua castellana. Un héroe a través de cuya figura todo un ideal antropológico de hondas raíces identitarias y espirituales, se manifiesta con esplendor y fuerza aleccionadora. No podía faltar entonces en “La Forja y la Espada”…

Los fragmentos del cantar están elaborados a partir de la versión del texto antiguo de Ramón Menéndez Pidal y de la prosificación moderna llevada a cabo por Alfonso Reyes.

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Según la leyenda y el romancero, fue en la jura de santa Gadea, que se sembró la enemistad entre el rey Alfonso y el Cid Campeador. Obligado el rey por el propio Cid a jurar ante los “espatarios” del finado Sancho II, que nada había tenido que ver en el asesinato de éste, el recelo que aquel día se sembró, será el que finalmente propiciará el destierro del Campeador… Destacados miembros de la nobleza leonesa, envidiosos de la fama y buen nombre del héroe castellano, aprovecharán el desencuentro del rey Alfonso con el antiguo armiger regis de Sancho II, para intrigar contra él. Siendo entonces que tomando como excusa el enfrentamiento del Cid con el noble leonés García Ordoñez, por el cobro de las parias de la taifa de Sevilla, se declarará la “ira real” y el Cid será desterrado de Castilla…

Es precisamente con el “cantar del destierro” que comenzará la gesta o “saga” del Cid Campeador. Todo ello conforme a una línea argumental en la que a la deshonra del destierro con la que comienza el cantar, se contrapondrá la honra final, recuperada y enaltecida, de casar a sus hijas con los reyes de Navarra y de Aragón. Hasta el punto de decirse que los “reyes de España” a partir de ese momento, serán descendientes del Cid (versos 152, 3722-3724).

En el camino, los buenos augurios al partir al destierro. Después la vida montaraz a la intemperie acompañado de su leal mesnada, haciendo la guerra por su cuenta contra los moros. Ganando riquezas y plazas y sabiendo mantenerlas. Finalmente la conquista de Valencia, convirtiéndose en señor de ésta. Defendiéndola contra los reyes moros de Marruecos y los imponentes ejércitos que mandan para recuperarla. Saliendo siempre victorioso y cada vez más grande en fama, tierras, hombres y riquezas.

Todo un hilo argumental que parecerá hundir sus raíces no sólo en la propia historia del Cid, sino también en tramas de antiguos relatos tradicionales a lo largo y ancho de toda Europa, en diferentes sagas y leyendas tanto del Medievo, como de la Europa pagana. Como si en la vida del Cid y a partir de la idealización inevitable de un cantar de gesta, lejanos ecos de la Tradición, pudieran aún hoy estar llegándonos…

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El Cid sale al destierro: Primer augurio.

El Cid cabalga al destierro y al salir de Vivar y entrar en Burgos una señal… Un córvido de alas negras. El pájaro de Lug y Wotan. El augurio del antiguo mundo celto-germano que al comenzar el héroe su aventura, le reconforta y da confianza. “¡Albricias!”-exclama el Cid-“ahora somos desterrados pero algún día, volveremos cargados de honra”…

A la salida de Vivar vieron la corneja a diestra, e entrando en Burgos la vieron a siniestra; Meció mío Cid los hombros y sacudiendo la cabeza: “¡Albricias Alvar Fañez que echados somos de tierra, más a gran honra tornaremos a Castiella!”

(versos 2, 10)

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Llanto y ánimo en el destierro y confianza en la Providencia:

El Cid deja atrás mujer e hijas. Se le arruga el corazón ¡Cuándo volverán a verse! No termina de partir y va girando la cabeza para verlas una vez más. Pero su leal camarada Minaya le anima el corazón y devuelve el coraje: “¡Dejémoslo estar!”. Confiemos en la Providencia y hagamos nuestro camino. Espoleemos los caballos y vayamos adelante. Si Dios nos dio un alma, también nos dio fuerza. Las penas por eso algún día pueden tornarse en alegrías…

El Cid a doña Jimena íbala a abrazar, doña Jimena al Cid la mano va a besar, llorando de los ojos non sabe que se far (…) agora nos partimos ¡Dios sabe el ajuntar! (…) Mío Cid de los vasallos va ya a cabalgar, todos esperando tornando la cabeza va…

A la sazón fabló Minaya Alvar Fañez: “Mío Cid, nacido de madre en buena hora ¿qué es de vuestro ánimo? Pensemos sólo en aguijar y dejémoslo estar. Aun todos estos duelos en gozo se tornarán. Que Dios nos dio las almas, consejo nos dará”

(versos 18, 368-382)

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Última noche en Catilla: Segundo augurio.

Es la última noche antes de salir definitivamente de Castilla y el Cid a pesar de las tribulaciones, queda dormido de manera plácida y profunda. Tiene entonces en sueños una visión “sobrenatural”. Un ángel se le aparece y reconforta: “¡Cabalgad mío Cid! Confiad en vosotros mismos. Todo ha de salir bien”. Un episodio malhadado de nuestra vida puede no ser, sino el camino que conduce a la Gloria…

Venida la noche, el Cid se acostó y un dulce sueño lo invadió. El ángel Gabriel a él vino en visión: “Cabalga Cid, el buen Campeador, que nunca en tan buen punto cabalgó varón. ¡Todo te ha de salir bien mientras vivas!”. Cuando el Cid despertó, la cara se santiguó.

(versos 19, 404-410)

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El Cid y sus 300 saquean por libre tierras de moros:

Sin más bienes y riquezas que su coraje, sus armas y sus trescientos leales, el Cid se adentra en tierras de moros buscando fortuna. Como una mannerbünde de guerreros libres en pos de mejor ventura, la noche será su aliada y la razia, el espíritu resuelto y el ataque relámpago, su oportunidad…

El Cid y su mesnada cabalgan vagabundos por tierras de moros y pronto toda España estará sobre aviso, de que aquel que pueda ser su presa, estará en serio peligro…

Pasaremos la sierra, que es harto escabrosa y empinada, y así podremos dejar esta noche las tierras del rey Alfonso. Al que después quiera buscarnos, no le constará trabajo encontrarnos (…) en medio de un bosque maravilloso y tupido, mando el Cid parar y dar cebada. Allí manifestó a sus hombres que quería caminar de noche (…) toda la noche anduvieron sin descansar y cerca de un lugar que llaman Castejón de Henares, el Cid se puso a preparar una emboscada…

(versos 22, 422-436)

Mío Cid-le dice Minaya-tú que en buena hora ceñiste espada, puesto que ponemos a Castejón celada, conviene que os quedéis aquí con cien de los nuestros; a mí me daréis doscientos para ir en vanguardia. Con Dios y ventura ¡saldremos bien de la empresa!

Decís bien Minaya. Abrid vanguardia con doscientos hombres (…) arremeted con osadía, nos haga el miedo perder la presa. Por Hita abajo y por Guadalajara hasta Alcalá, asegurad toda la ganancia, que no por miedo a los moros se vaya a perder nada. Yo quedaré de retaguardia en Castejón que es buen abrigo. Si ocurriese peligro en vanguardia, presto mandadme aviso. De aqueste hecho va hablar toda España…

(versos 23, 439-453)

Ya rompían albores y venía la mañana ¡cuán hermoso Dios, el sol despuntaba! Los de Castejón se levantan, abren sus puertas y salen a sus labores y sus heredades. Todos se han marchado ya, dejando las puertas abiertas, y muy pocos quedan y los demás se han diseminado. El Campeador abandona entonces su escondite y cae sobre Castejón (…) se encamina a la puerta de la ciudad y los que la guardan cuando ven venir tanta gente, llenos de terror, la desamparan. El Cid entra entonces por la puerta franca, la espada desnuda en la mano y da muerte a quince moros que encuentra a su paso. Gana Castejón y su oro y su plata. Sus hombres se le acercan con el botín y sin preciarlo en nada, lo dejan en sus manos.

En tanto los doscientos que van en la vanguardia, corren y saquean toda la tierra. Hasta Alcalá llega la enseña de Minaya, y de allí vuelve con el botín Henares arriba y por Guadalajara. Traen grandes ganancias, rebaños de ovejas y vacas (…) Y donde se ve pasar la orgullosa enseña, no hay quien se atreva a asaltarlos por la espada. Vuelven con todo lo ganado hasta Castejón donde el Cid les esperaba.

(versos 23, 456-485)

*

El Cid reparte el botín entre sus hombres y Minaya renuncia a su parte con voto solemne:

Como una fratría guerrera del antiguo mundo celto-germánico, el Cid ejerce de “jefe redistributivo” y entre sus hombres reparte el botín. Pero efectivamente, como si el antiguo mundo de las mannerbünde indoeuropeas siguiera presente en la España Medieval, uno de sus hombres renuncia al botín. Como los guerreros consagrados a su jefe hasta la muerte de la antigua devotio hispánica, Minaya bien se paga su esfuerzo con la propia lealtad y entrega que profesa a su señor; y por ahora, no necesita más…

“Ilustre Campeador, mucho os lo agradezco. De esta quinta que me ofrecéis, hasta el rey Alfonso quedaría bien pagado, pero yo os lo devuelvo. Y aquí prometo a Dios que está en lo Alto, que yo no me satisfaga de lidiar en campo contra los moros sobre mi caballo, empleando mi lanza y metiendo mano a la espada, hasta que chorree la sangre por el codo, delante de Ruy Díaz, el gran combatiente, no he de aceptar ningún dinero. Cuando yo os haya ganado algo realmente valioso, aceptaré mi parte; entre tanto, tomadla toda para vos…”

(versos 24, 493-505)

Se satisface y paga con el luchar contra los moros a las órdenes del Cid. Consagrado totalmente a su señor. Y si más adelante algo destacable gana, entonces sí aceptará su parte, hasta entonces, la misma guerra junto al Cid es el pago que recibe por su lealtad…

*

Los moros cercan al Cid en Alcocer y éste sale a la carga para romper el cerco:

La vida de cabalgadas, venturas y saqueos acrecienta el poder y fama del Cid así como el temor de que pueda ir a más. Pronto tratarán de impedírselo…

El rey moro de Valencia está prevenido de las razias del Cid por tierras de moros en Castejón, la Alcarria, Ariza, Cetina y ahora Alcocer. Y se decide a pararle los pies enviando un gran ejército para cercarlo allí y acabar con él. El “desterrado” del rey Alfonso sin embargo, no se dejará amedrentar… Y al amanecer sale en tromba con sus huestes por las puertas de Alcocer, dispuesto a luchar a brazo partido contra los moros:

Abrieron las puertas y salieron, y las avanzadas moras al verlos, corrieron a dar la voz de alarma. ¡Con que prisa se arman los moros! Tanto es el ruido de sus tambores que se estremece la tierra…

(…)

Embrazan frente a los pechos los escudos, enristran las lanzas, envuelven los pendones y se inclinan sobre los arzones con ánimo de acometer denodadamente. El que en buena hora nació dice a grandes voces: “¡A ellos, mis caballeros, en el nombre de Dios! ¡Yo soy Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador!

(…)

Allí vierais subir y bajar lanzas, pasar y romper adargas, lorigas quebrantarse y perder las mallas, tantos pendones blancos salir enrojecidos de sangre, tantos hermosos caballos sin jinete. Los moros invocan a Mahoma los cristianos a Santiago, y a poco ha, yacían en el campo no menos de mil trescientos moros.

(versos 34, 693-696; 35, 715-721 y 36, 726-732)

A Minaya Alvar Fañez matáronle el caballo, lo acorren entonces mesnadas de cristianos. La lanza ha quebrado a la espada metió mano, y aunque va a pie buenos tajos va dando.

Violo el Cid Ruy Díaz el Castellano, y acercándose a un general moro que traía un buen caballo, tiróle de diestra tal espadazo, que cortóle por la mitad y el otro medio cayó al campo. Después se acercó a Alvar Fañez para darle el caballo: “Cabalgad Minaya que vos sois el mi diestro brazo y hoy en este día de vos haré gran bando. Ved que los moros están firmes, aún no los echamos del campo. Menester es que lo acometamos de cabo”.

(versos 38, 744-756)

A Minaya Alvar Fañez le salió bueno el caballo, de aquestos moro mató treinta y cuatro; ¡Oh tajante espada, cuan ensangrentado trae el brazo! Por el codo la sangre le va chorreando: “Ahora si estoy satisfecho, ahora llegarán a Castilla buenas nuevas de que el Cid Ruy Díaz en batalla campal ha ganado. Hay tantos moros muertos que pocos vivos ha dejado”.

(…)

Veíase al Cid sobre su caballo, espada en mano, fruncida la cofia y caída sobre la espalda la capucha de la loriga ¡Oh Dios cómo es de buen barbado!

A los suyos va diciendo: “¡Gracias a Dios que está en los cielos, nuestra es la victoria!”

(versos 40, 778-793)

*

El Cid, conquistador y señor de Valencia:

En tierras de moros, prendiendo y ganando, durmiendo los días y las noches trasnochando, ganando villa a villa Mío Cid pasó tres años.

(versos 71, 1167-1169)

Quien quiera perder cuitas y venir a ganar, vengase con el Cid que sabe batallar, que cercar quiere Valencia para a los cristianos dar.

(versos 72, 1189-1191)

El Cid continúa su carrera de “guerrero libre e independiente” en lucha contra los moros y si bien no ceja en mandar presentes al rey Alfonso (tratando así de lavar su buen nombre y recuperar el favor real) sus sucesivas victorias le conducen hasta Valencia, a la que finalmente pondrá cerco y tras diez meses de asedio conquistará.

La caída de Valencia en manos del Cid; conseguida por un caballero que salió desterrado de Castilla con 300 hombres y que a base de razias, batallas y victorias, ha conseguido juntar en torno suyo un ejército de 3600 (versos 77, 1263-1265), e incluso conquistar la propia ciudad de Valencia, se convierte en una notica que llegará hasta el último rincón de España… Tanto así que cruzará el estrecho de Gibraltar y llegará a oídos del rey de Marruecos. Éste juntando un imponente ejército de 50000 hombres (versos 88, 1625-1626), se decidirá entonces a desembarcar en las playas de Valencia dispuesto a poner fin para siempre con el Cid Campeador. El héroe castellano le recibe sin embargo sin temor alguno e incluso con alegría…

¡Loado sea el Creador y Padre Espiritual! (…) Con grandes afanes gané a Valencia que hoy tengo por heredad; no la he de dejar mientras viva (…) hoy están conmigo mi mujer y mis hijas (…) No puedo menos, he de empuñar las armas, mi mujer y mis hijas me verán lidiar; ahora verán cómo se vive en tierras extrañas; ahora van a ver con sus propios ojos cómo se gana el pan.

Suben al Alcázar su mujer y sus hijas y al alzar los ojos ven éstas el campamento y tiendas de los moros:

-“¿Qué es esto mío Cid en el nombre de Dios?”

-“Ea, honrada mujer ¡no os aflijáis!. Esto es la riqueza maravillosa y grande que viene a buscarnos. Apenas habéis llegado y ya quieren haceros presentes. Ahí os traen el ajuar para vuestras hijas…”

(versos 90, 1633-1650)

Izadas están las tiendas. Tañen presurosamente los tambores. Ya rompe el alba. El Cid exclama lleno de júbilo: “Gran día será este”.

Pero su mujer tiene miedo y quiere rompérsele el corazón, otro tanto acontece a sus damas y a sus dos hijas (…) Acariciándose la barba el Cid Campeador les dice: “No tengáis miedo (…) antes de quince días, si Dios quiere, estarán en nuestras manos aquellos tambores que ahora oís y os los traerán para que veáis como están hechos, y luego serán dados al obispo don Jerónimo para que cuelguen en el templo de santa María, Madre del Creador”.

(versos 91, 1657-1668)

Las tropas del Cid y las huestes moras del rey de Marruecos, tienen un primer enfrentamiento en la huerta de Valencia, donde los moros recibirán un primer correctivo perdiendo frente a las mesnadas del Cid a 500 hombres (versos 92 1675-1678). Sin embargo la verdadera batalla será al día siguiente…

“Oídme caballeros-les dice el Cid-hoy es un buen día, mejor será el de mañana. Antes de que aclare armaos todos; el obispo don Jerónimo nos dará la absolución, nos dirá misa… y a cabalgar. Iremos a atacarlos (…) en nombre del Creador y del apóstol Santiago (…) todos responden: “De voluntad y de corazón lo haremos”.

(versos 93, 1685-1698)

Cae el día y entrada es la noche. La gente cristiana se está aprestando sin tardanza. Al segundo canto del gallo, antes de que amanezca, les dice misa el obispo don Jerónimo (…): “Al que muera hoy lidiando de cara yo le absuelvo de todos sus pecados y Dios recibirá su alma”.

(versos 94, 1699-1710)

El Cid salta sobre su caballo Babieca, que provisto va de toda guarnición. Sale con ellos la enseña (…) con el Cid casi cuatro mil y denodadamente van a atacar a cincuenta mil contrarios (…) El Cid empleó la lanza y a la espada metió mano, mato innumerables moros, la sangre por el codo le está chorreando. Tres golpes le asesta al rey Yusuf pero éste escapa a caballo. Se oculta en el castillo de Cullera y hasta allí le sigue el Cid para alcanzarlo. De allá volvió el bienhadado, muy complacido de capturarlo. Entonces supo lo que valía Babieca de la cabeza hasta el rabo.

(…)

Alegre está el Cid, no menos sus vasallos, que Dios les hubo merced, que vencieron el campo (…) Con cien caballeros a Valencia es entrado, fruncida trae la cofia y el yelmo se ha quitado, así entró sobre Babieca, la espada trae en la mano. Recibiéronlo las damas que lo estaban esperando (…) “Me humillo ante vosotras, buen botín he ganado. Vos guardando Valencia yo venciendo en el campo. Así lo quiso Dios y todos los sus santos (…) Ved la espada sangrienta y el sudoroso caballo, así se vence a los moros cuando se lucha en el campo (…) Así dijo mío Cid, después se apeo del caballo…

(versos 95, 1714-1753)

La “saga” del Cid como la de un “héroe de antaño” le lleva finalmente a conquistar una gran ciudad y proclamarse señor de ésta. Allí recibe con alegría el desafío de defenderla y el orgullo de mostrar su modo de vida, espada en mano, manchado de la sangre de sus enemigos y sobre su sudoroso caballo. Hecho a sí mismo en la virtudes guerreras del honor y el valor…

Posteriormente los moros volverán a atacar Valencia esta vez con el rey Bucar al frente. De nuevo serán derrotados y en esta ocasión el obispo don Jerónimo se adelantará para arremeterlos, matando a dos moros con sus primeros golpes, rompiendo su lanza y continuando entonces con la espada, hasta matar otros cinco (versos 117, 2383-2389). El Cid y sus hombres por su parte, cargarán abriendo brecha en el campamento del rey Bucar, llegando a quebrar las estacas y rodar los postes que rodean las tiendas del rey moro, obligando a éste a escapar (versos 117, 2399-2402). Lo persigue entonces el Cid hasta alcanzarlo…

Mío Cid al rey Bucar llegó a alcanzar: “Vuelve acá Bucar, que veniste allende el mar y ahora has de habértelas con el Cid, el de la luenga barba. Tenemos que besarnos y pactar amistad”. A lo que Bucar responde: “¡Dios confunda tales amistades! Que traes espada en mano y te veo aguijar, o mucho me equivoco o en mis carnes la quieres probar

(…)

Al fin, a tres brazas del mar, logra el Cid emparejarle, levanta en alto la Colada y le descarga un furioso tajo que, arrancándole los carbunclos del yelmo, le abre la cabeza abajo hasta la cintura (…) Así venció la maravillosa y gran batalla. Así se honró el Cid y todos los que estaban de su parte.

(versos 118, 2409-2428)

Como la de un guerrero furibundo y barbado la espada del Cid golpea con una violencia inusitada, abriendo en canal a su enemigo de la coronilla hasta el vientre… Ya le hemos visto anteriormente en escena de similar violencia, cortando por la mitad a un general moro en el cerco de Alcocer.

El Cid espada en mano a hecho su camino. Del destierro y la deshonra a la conquista de Valencia y la victoria contra los reyes moros de Marruecos. Los buenos augurios y el sueño profético de los días de su partida se han cumplido. Sus esfuerzos y fatigas, vagabundo y saqueador desterrado de Castilla, han tenido su fruto, y ahora ya es señor de Valencia. Con su mujer y sus hijas orgullosas de nuevo a su lado.

El cantar continuará con el perdón real y su reconciliación con el rey Alfonso. Y finalmente incluso irá un paso más allá y tal como decíamos al empezar este artículo, tras la afrenta de Corpes y la derrota de los infantes de Carrión, las hijas del Cid se casarán con los reyes de Navarra y Aragón. Su humilde linaje acabará emparentado con el de los reyes de España y éstos, tendrán en su haber que sus hijos y nietos, llevarán la sangre del Cid en sus venas…

*

El héroe por excelencia de la España Medieval reflejará así en la “saga” de su cantar, no sólo los ideales de la sociedad medieval española, sino también algunos de los mitemas esenciales del mundo de la Tradición y su vis heroica. Uniéndose lo perenne y contingente en la vida y leyenda de un héroe castellano cuya saga, estará en los orígenes mismos de la tradición literaria española. Haciendo entonces de ésta, reflejo, lección y enseñanza, de las Verdades del Espíritu…

 

Magia y Épica en la literatura medieval (I)

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Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.

El poema de Fernán González es un verdadero tesoro de la literatura medieval española. Escrito en el siglo XIII, a partir de un posible cuerpo de antiguas leyendas que cantaban los juglares y que configuraban la “saga” del conde don Fernando; el poema las reelabora en un único relato coherente y ordenado, que es reivindicación tanto de los valores caballerescos y guerreros que encarna Fernán González, como de la propia Castilla, la Reconquista y España.

Dotado de toda una dimensión mágica y épica realmente sugestiva e inspiradora, en la que no faltan la Profecía, la Caza Salvaje o la Mesnada Celestial, no podía dejar de estar presente en La Forja y la Espada…

*

El destino del Héroe:

El Héroe, está destinado a cumplir un gran destino. A hacer de su vida y obra referente y ejemplo para las generaciones venideras así como fundación de un “nuevo tiempo” que simbólicamente, se recoge en muchas ocasiones en la idea del “reino bienaventurado” o “reino elegido”. El héroe así en este mitema, recibe en algún momento del comienzo de su saga, una señal que le indica ya su horizonte futuro de grandeza; las grandes gestas a las que está llamado y que a partir de ese momento, le espolearán para no desfallecer en su ventura y seguir confiado y decidido la misión encomendada.

Del mismo modo, esta señal que recibe, no la recibe de cualquier manera, sino que es siempre fruto de una situación inesperada, en ocasiones aparentemente casual, pero mayormente dotada del sello de lo providencial.

Tal será el caso de Fernán González, héroe fundador del Reino de Castilla que través de leyendas y romances, se nos presentará tanto como adalid de la Reconquista, como ejemplo palmario de virtudes guerreras y caballerescas. Siendo entonces que al comienzo de su saga, y en un episodio cargado de la imaginería propia del antiguo mundo celta, el héroe, se extraviará en una cacería persiguiendo un gran jabalí, llegando de este modo a una antigua y apartada ermita, cubierta por la vegetación, en la que un solitario monje, le rebelará su destino…

Para cazar un puerco metiose en las montañas (…) cabalgó en su caballo lejos de sus compañas (…) El puerco se acogió en un fiero lugar (…) huyo hasta una ermita, entró tras el altar. Aquella ermita estaba por la yedra cercada, por lo cual toda ella no se veía nada (…) No pudo por la peña el conde aguijar; reteniendo las riendas túvose que apear, por donde el mismo puerco entró en ese lugar, penetró en la ermita, llegó hasta el altar. Cuando vio don Fernando tan honrado lugar, dejó tranquilo al puerco, no lo quiso matar…

Imbuido de respeto por lugar que ha encontrado, Fernán González no puede evitar pronunciar una oración:

“Señor, a quien temen los vientos y la mar, si yo he errado en esto, me debes perdonar. A ti me manifiesto, Virgen Santa María, que de esta santidad Señora, no sabía; para hacer yo enojo aquí no entraría sino para dar ofrenda o a hacer romería”.

Acabada su oración aparece en la ermita un monje, habitante solitario del lugar que ha oído la plegaria de Fernán González. Su nombre es Pelayo y habiéndose apartado nuestro héroe de sus hombres y habiendo caído ya el atardecer, Pelayo le invita a hacer noche en la ermita.

Comparten para cenar un humilde pan de centeno que le ofrece el monje y ya en la oscuridad de la noche fray Pelayo profetiza el destino de Fernán González:

“Hágote, oh buen conde, de esto sabedor: que quiere tus acciones guiar el Creador (…) Harás grandes batallas en la grey descreída, muchas serán las gentes a quienes quites la vida, ganarás de la tierra una buena partida, la sangre de los reyes por ti será vertida”…

(versos 227-239)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ermita de san Pelayo. Donde a Fernán González se le habría profetizado su destino. Foto de Photoletum.

Efectivamente el fragmento seleccionado se comenta casi por sí mismo. El héroe, tal como ocurre en numerosas leyendas paganas de la Europa precristiana, extraviado en una cacería en un paraje agreste o boscoso, acaba por encontrar allí la clave de su destino, que a partir de ese momento, será el argumento definitivo de su vida…

*

La Caza Salvaje:

El continuo guerrear del conde con unos y otro aún a pesar de las heridas y fatigas acaba por hastiar a sus hombres que lamentan la vida sin tregua a la que se ven sometidos…

Estaban contra el conde fuertemente airados (…) porque debían siempre, por fuerza, andar armados. Holgar no los dejaba ni estarse sosegados; decían: “No es tal vida sino para pecados, que andan de noche y día y nunca están cansados; él parece Satán, nosotros sus criados.

Porque lidiar queremos y tanto lo amamos, no reposamos más que cuando almas sacamos; los de la Hueste Antigua, a éstos nos semejamos, pues todas cosas cansan y nunca nos cansamos”.

Los hombres de Fernán González deciden entonces decírselo. Están cansados de tanto batallar y quieren parar:

“Los vientos que son fuertes los vemos descansar; la mar que es airada, la vemos amansar; el diablo no se cansa, pues nunca puede holgar, nuestra vida a la suya se quiere asemejar”.

(versos 340-341)

El fragmento es interesantísimo, pues en un contexto de literatura medieval española, estamos encontrando y así lo hemos subrayado, la referencia a uno de los mitos fundamentales del antiguo mundo céltico y germánico. El mito de la “Caza Salvaje”, que obviamente aquí se nos presentará desde la perspectiva cristiana, asemejándose entonces “la cabalgata de Odín”, al mismísimo diablo…

La Caza Salvaje, conocida en Castilla como “Hueste Antigua”, hace referencia a la interpretación que desde el cristianismo medieval se hace del mito pagano de la mesnada espectral que acompaña al dios de la guerra. Mesnada espectral que a su vez estará referida a las antiguas mannerbünde o cofradías guerreras del mundo celto-germánico. Fratrías de hombres armados consagrados al dios de los muertos en combate y la magia guerrera del “furor”.

Desde el cristianismo, estas antiguas creencias y prácticas de magia guerrera, serán asemejadas al diablo y en las leyendas medievales referidas a la Caza Salvaje, la idea de lo infernal estará siempre presente. Si bien la idea de “condenación” no se encontrará como tal en los orígenes del mito.

En la misma línea y muy posiblemente, muchas de las mascaradas de invierno que aún se conservan en España y Europa, estén referidas también a los mitos de la “Caza Salvaje”, la magia guerrera y el “séquito de Odín”…

En todo caso, que en el poema de Fernán González, su mesnada no pueda sino asemejarse a la “Hueste Antigua”, con el propio conde don Fernando como líder de la hueste guerrera y “maldita” de las antiguas leyendas paganas, no dejará de ser altamente significativo…

*

La vida como Milicia:

Los hombres de Fernán González y como hemos visto, se quejan de la vida sin tregua que están llevando y quieren parar. Tanto batallar les ha hastiado y piden descanso. La réplica del conde será aleccionadora: la vida misma es lucha, la muerte es el descanso definitivo, el tiempo corre inexorable y no tiene marcha atrás, las grandes obras requieren grandes esfuerzos y hombres dispuestos a afrontarlos, la memoria de las hazañas y grandes venturas es el mejor legado que se puede dejar; nuestras vidas están llamadas a tener resonancia en los siglos por llegar…

“Nunca debe, el que puede, una lid aplazar, quien tiene buena hora otra quiere esperar; nunca un día perdido se puede recobrar, jamás en aquel día nos podemos tornar. Cuando el hombre su tiempo quiere en balde pasar, no quiere de este mundo otra cosa llevar sino el estar ocioso y dormir y holgar; de tal muere la fama cuando llega a finar.

El dichoso y el mísero ambos han de morir, ni uno ni el otro pueden de ello huir; quedan los buenos hechos: estos han de vivir, de ellos toman ejemplo los que han de venir.

Todos los que un gran hecho quisieron realizar, por muy grandes trabajos tuvieron que pasar; no comen cuando quieren ni cena ni yantar, los vicios de la carne débenlos olvidar. No cuentan de Alejandro las noches ni los días, cuentan sus buenos hechos y sus caballerías (…) si tan buenos no fueron, hoy serían olvidados; serán los buenos hechos hasta el fin contados.

Por tanto es necesario que los días contemos, los días y las noches en qué los expendemos; cuantos en balde pasan no los recobraremos; amigos bien lo veis, que mal juicio hacemos”…

(versos 351-360)

Con argumentos similares y previamente a este discurso, en la primera lucha que libra Fernán González contra Almanzor (derrotándolo en Lara), encontramos una situación similar. En este caso, teniendo que responder a algunos de sus hombres que se encuentran amedrentados, frente al poderío del ejército moro que comanda Almanzor. La réplica del héroe castellano será de nuevo antológica y en ella el ideal de la vida como milicia, se verá aderezado con el deber de recordar a los antepasados y tener presente su legado a la hora de afrontar las adversidades y amenazas, que puedan cernirse sobre la patria…

“No puede el Hombre la muerte excusar, bien sabe que no puede escapar, horada muerte debe a la su carne dar.

Si tributo pagamos y la tregua obtenemos, de señores que somos vasallos nos haremos; en vez de que a Castilla de su aflicción saquemos, la aflicción en que era se la duplicaremos.

Nuestros antepasados lealtad siempre guardaron, sobre las otras tierras ellos la heredaron; por guardar lealtad, sus muertes olvidaron; todo cuanto quisieron con ella lo lograron.

(…)

Fueron nuestros abuelos mucho tiempo afrentados, pues los tenían los moros muy fuerte arrinconados, eran en poca tierra pocos hombres juntados, por el hambre y la guerra eran muy azotados.

Aunque mucha aflicción, mucha cuita sufrieron, de otros siempre ganaron, lo suyo no perdieron, por miedo de la muerte nunca yerros hicieron, a los sus adversarios por esto los vencieron.

¿Cómo se nos habría todo esto de olvidar? Lo que ellos tuvieron debémoslo heredar; si recordamos esto, no podremos errar, puedemos todo aquesto de mala acción librar.

Esforzad, castellanos, y no tengáis pavor; venceremos las huestes de ese rey Almanzor; libraremos Castilla de aflicción y de error: él será vencido, yo seré vencedor.

(…)

De todos los de España me haréis a mí el mejor, será grande mi honra, la vuestra será mayor”.

(versos 210-224)

De nuevo las mismas ideas que hemos visto anteriormente pero en este caso acompañadas de la idea del deber patriótico. La vida como milicia y la muerte como horizonte seguro que paradójicamente, da sentido a la existencia y la espolea, más allá de la molicie o la cobardía. Todo un compendio así de principios tradicionales de sabiduría perenne para el Hombre de alma guerrera. Tanto frente al hastío de las luchas de la vida, como frente al temor a la muerte…

*

La épica de la muerte en combate y la ayuda celestial:

En la “saga” de Fernán González destaca su lucha contra Almanzor. Primero en Lara y después en Hacinas. A través de sendos episodios el gusto por la “poética de la guerra”, tan propio de la cultura medieval y antigua, se expresará con especial brillo, enmarcándose a su vez en la mistificación de la Reconquista y de la propia idea de España.

Esta idea mistificadora del combate, la lucha contra los moros, la Reconquista, Castilla y España, alcanzará especial relieve con la figura del apóstol Santiago y su Mesnada Celestial; que a modo de apoteosis final cerrará la primera parte de la “saga” de Fernán González.

A través de todo ello y de nuevo, toda una concepción del mundo ajena a la Modernidad, se nos mostrará con especial belleza y fuerza evocadora…

En el primer enfrentamiento entre Fernán González y Almanzor se nos dice así:

Ponían toda su fuerza en guardar a su señor, no tenían de la muerte ni pesar ni dolor, el deber les quitaba de la muerte el pavor; no había para buenos otro mundo mejor.

(…)

Caballeros y peones firmemente lidiaban, todos, cuanto podían, a su señor guardaban; al decir él ¡Castilla! todos se esforzaban; los moros con todo esto, las espaldas tornaban.

(…)

Fue Almanzor vencido con sus caballerías: allí fue demostrado el poder del Mesias; el conde fue David, Almanzor fue Golías.

(versos 266-272)

Sin embargo, tras esta derrota de Almanzor en Lara, el líder mahometano, volverá al ataque en son de yihad con un ejército imponente traído de África:

Cuando fue Almanzor la otra vez vencido con el pesar que tuvo a Marruevos fue ido; fue el llamamiento en toda África difundido; fue, como a guerra santa, todo el pueblo movido.

Los turcos y los árabes, esas gentes ligeras, que son en las batallas unas gentes certeras, con sus arcos de nervios y ballestas certeras, de éstos venían llenos senderos y carreras.

Venían los almohades y los benimerinos, trayendo en los camellos sus hornos y molinos; venían también moros del oriente vecinos: de todos estos eran cubiertos los caminos.

De estas gentes venían allá sin cuenta ni tiento, no eran del mismo origen ni de un entendimiento, más feos que Satán con todo su convento al salir del Infierno sucio y carboniento.

(versos 388-391)

Frente a la amenaza del Almanzor y su renovado ejército traído de África, Fernán González se retirará al monasterio de san Pedro de Arlanza a orar. Preparándose así para el terrible desafío que se cierne sobre él y sobre Castilla:

“Señor, Tú dame esfuerzo, buen juicio y poder, para que Almanzor logre matar o vencer”

(…)

El espíritu del monje que en su día le profetizo un destino glorioso, se le aparecerá entonces en sueños anunciándole de que el día de la lucha, recibirá la ayuda del apóstol Santiago y su mesnada Celestial:

De paños como de sol todo venía vestido, nunca cosa más bella viera hombre nacido (…) “Despierta, ve adelante, que hoy aumenta tu bando; vete para tu pueblo que ya te está esperando”.

“Otorgate el Creador cuanto pedido has: en los pueblos infieles gran mortandad harás, de tus buenas compañas muchas ahí perderás, pero con todo el daño, el campo vencerás”

(…)

“Yo estaré allí contigo, Él me lo ha otorgado, allí estará el apóstol Santiago llamado; Cristo nos enviará a ayudar su criado; será con tal ayuda Almanzor abrumado.

Otros muchos vendrán como en una visión, con blancas armaduras: ángeles de Dios son; cada uno traerá la cruz en su pendón; al vernos perderán los moros el corazón…”

(versos 407-414)

Magia y Épica en la literatura medieval: el poema de Fernán González.
Ruinas de san Pedro de Arlanza. Donde Fernán González se retira a orar antes de su lucha contra Almanzor. Foto de Photoletum.

Llegada la batalla contra Almanzor en Hacinas y tras dos días de lucha denodada, castellanos y moros siguen en tablas aún a pesar de lo crudo del combate. Fernán González lucha al frente de sus tropas y hace tan gran mortandad entre los moros, que ninguno osa ponérsele delante.

Sin embargo llegado el tercer día, los castellanos sufrirán el tremendo revés de perder al campeón castellano Gustio González al tiempo que los moros, conseguirán cercar al propio conde don Fernando. Lo apurado de la situación llevará a Fernán González a contemplar su propia muerte y claro está, a hacerla frente espada en mano…

Tenía fuerte cuita el conde don Fernando, iba por si ocurría, su muerte preparando; alzó arriba los ojos al Creador rogando; como si con Él fuera, así le está llamando:

“Pues no tengo la dicha de esta lucha ganar, aunque escapar pudiera, yo no quiero escapar, ni he de ver nunca yo más cuita ni pesar: me pondré en un lugar donde me han de matar”.

“Castilla quebrantada quedará sin señor; me iré con esta rabia, mezquino pecador, pues será ella cautiva del moro Almanzor: por no ver ese día la muerte es lo mejor”.

“Señor ¿por qué nos tienes a todos tanta saña?; por los nuestros pecados, no destruyas España. Su pérdida sería, por culpa nuestra, extraña, pues de buenos cristianos no había otra tamaña”.

(…)

“Pero no moriré así desamparado: antes tendrán de mí los moros mal mercado; tales cosas hará antes este cuerpo penado, que, mientras dure el mundo, siempre será contado”.

“Si me quisieras Tú tanta gracia otorgar que me pudiera yo a Almanzor allegar, no creo que pudiera vivo de mí escapar, yo mismo cuidaría de mi muerte vengar”.

(versos 551-558)

Preparado para la muerte, preparado para morir matando y pidiendo a Dios que le concede llegar hasta al moro Almanzor para matarlo con sus propias manos, el conde don Fernando lamenta a su vez el destino de Castilla y de España, en ciernes de ser destruidas por Almanzor.

Sin embargo, ha llegado el momento de que la promesa que se le hizo en sueños en san Pedro de Arlanza se cumpla. Y el apóstol Santiago y su mesnada de ángeles cruzados bajarán de lo Alto para ayudar a Fernán González y sus castellanos, a derrotar a los moros:

Oyó una gran voz que lo estaba llamando: “¡Fernando de Castilla, hoy aumenta tu bando!”

Alzó arriba los ojos a ver quién le llamaba, y vio que el santo apóstol encima de él estaba, con él de caballeros gran compañía llevaba, todos armas cruzadas, según le semejaba.

Fueron contra los moros las haces preparadas, nunca vio ningún hombre gentes tan esforzadas; el moro Almanzor con todas sus mesnadas fueron luego con ellos fuertemente embargadas.

Viendo en la misma enseña tantos pueblos armados, tuvieron muy gran miedo, fueron mal espantados; de cuál parte venían eran maravillados; lo que más les pesaba: que eran todos cruzados…

Dijo el rey Almanzor: “Esto no puede ser; ¿de donde creció al conde un tan fuerte poder? Pensaba yo hoy sin duda matarle o prender, y es él quien con sus gentes nos ha de acometer”.

(versos 561-564)

Almanzor y su imponente ejército, serán así estrepitosamente derrotados, y la ayuda celestial de Santiago y su hueste de ángeles guerreros, salvarán a Castilla y España de ser destruidas a manos de los moros. Al frente del ejército vencedor, Fernán González, en quien las promesas anunciadas para él en “la profecía” del monje Pelayo se habrán cumplido; al tiempo que a lo largo de la saga del héroe castellano, episodios e imágenes propias del legendarium de la antigua Europa, se habrán hecho presentes como eco de una esencia perenne, mantenida a lo largo de los siglos…

*

El poema de Fernán González es en definitiva, un regalo de la tradición literaria española, en este caso en lengua castellana, que nos acerca a los principios y valores, ética y estética, no ya del Medievo, sino de la propia Europa pre moderna. Encontrando en ésta, esa pureza, autenticidad, magia y épica que tantas veces se echa de menos, en los malhadados días de la Edad Oscura…

Son ruinas del pasado, cierto es que es así, y cierto es que no tiene sentido querer hacer revivir dichas ruinas. Pero su papel en el Kali Yuga no es ser revividas sino recordadas. Para a partir de dicho recuerdo, recibir la inspiración necesaria para buscar lo perenne y eterno que las ruinas señalan; y entonces sí, “hacer cruzada” para traerlo de vuelta a nuestro a tiempo…

 

Identidad y Tradición

en España por
Programa de Radio, España

En Radio Castilla la Mancha, en el programa “La Colmena” y en compañía de nuestro frater Daniel Gómez Aragonés. Reivindicando la Identidad, Esencia y Tradición de las tierras Manchegas y por ende castellanas.

Buscando los referentes identitarios de una región profundamente española en la que monjes calatravos, ciudades como Toledo, personajes como Don Quijote y parajes como Ruidera configuran un escenario cargado de Espíritu y raíces.

Itunes

Cervantes, Numancia y la idea de España

en España por
Cervantes, Numancia y la idea España

España sufre a día de hoy día un problema de conciencia identitaria. Un problema respecto del saber quiénes somos y cuál es nuestra historia e identidad. Es así que la actual crisis territorial, no es sino reflejo de una crisis de nación tras la cual subyace el problema de no saber o entender qué es España, quiénes somos los españoles y de dónde venimos.

Recordar y comprender dicha identidad, se convierte así en algo fundamental para lo cual la figura de Cervantes, podrá ser especialmente esclarecedora. Por su obra, por su vida, por el momento que le toco vivir, en Cervantes se darán todos los elementos para a través de su pensamiento, encontrar cátedra incontestable que nos ayude a conocer y entender el ser e identidad de España. Y efectivamente es así, pues es una de sus tragedias más representativas Cervantes, no dejó plasmada su idea de España…

*

La cuestión identitaria se ha convertido en uno de los problemas fundamentales que afectan a España. Nuestra crisis territorial no es sino una crisis de nación tras la cual subyace un problema identitario. Un problema de conciencia de nosotros mismos y auto conocimiento. Un no saber quiénes somos y de dónde venimos que debilita los andamiajes  de nuestra constitución política y ciudadana, y nos hace pasto de las derivas secesionistas. Cuestionándose el ser mismo de España como realidad histórico política, étnico cultural y antropológica que raíz común de nuestra diversidad, es a su vez fundamento de nuestra unidad.

Subyace así a la cuestión separatista un afán de ruptura de la comunidad identitaria española. Esto es, un soslayar la raíz común que constituye a los distintos pueblos de España y un hacer de las particularidades de cada uno, diferencias de nivel superior. Diferencias a las que no podrá corresponder más que el derecho de autodeterminación y el cuestionamiento de la España común. Raíz de todos y proyecto de convivencia y unión para unos pueblos y gentes que al fin y a la postre, son hermanos.

Se retorcerán así los conceptos y las palabras y se tergiversará la historia, planteando toda disensión acaecida en el proceso histórico político de España, como reflejo de un tiránico centralismo frente al que solo quedaría el anhelo de independencia.

Al mismo tiempo, un progresismo mal entendido en el que pesan todavía complejos y manías respecto del franquismo, habrá facilitado el camino al separatismo y sus tergiversaciones. Pues frente a la argumentación de los nacionalismos secesionistas, esos complejos habrán impedido generar un discurso sólido, articulado y veraz, capaz de ofrecerse a los españoles como narrativa identitaria común. Discurso por ende capaz, de desenmascarar las tergiversaciones del separatismo.

Mucho se oye hablar así del pueblo catalán, vasco o andaluz, y a penas se dice nada respecto del pueblo español. Entendido éste como el conjunto de pueblos hermanos y de raíces comunes del que formarían parte integral vascos, catalanes o andaluces. Hasta tal punto es así que para algunos, España sería solo un constructo jurídico superpuesto a unas naciones libres y autónomas, entre las que debería haber poco más que una relación de buena vecindad…

Nosotros creemos que esto no es así…

Cierto es que durante los últimos 40 años, hemos asistido al lento pero continuado proceso de demolición de la identidad histórica española. Por la vía de la relativización y el complejo, y por la vía del nacionalismo separatista. Pero la realidad de España y sus regiones y nacionalidades es otra. Y la constitución política de España, no es sino la plasmación  de una hermandad de fondo entre gentes y pueblos que tienen mucho más en común que diferencias. Gentes y pueblos que durante siglos y con luces y sombras, alianzas y enfrentamientos, han configurado una de las identidades más antiguas de Europa. Recordar y entender dicha identidad, reencontrarnos y reconciliarnos con ella, se convierte así en cuestión fundamental.

Para dicho fin, la figura de Cervantes se mostrará especialmente esclarecedora. Por su obra, por su vida, por el momento que le toco vivir, en Cervantes se darán todos los elementos para a través de su pensamiento, encontrar cátedra incontestable que nos ayude a conocer y entender el ser e identidad de España. Y efectivamente es así, pues es una de sus tragedias más representativas, Cervantes quiso dejar plasmada su idea de España. Idea para su época y para aquel tiempo, pero idea que aún pasados los siglos, hoy día sigue resultando tremendamente aleccionadora…

España y la profecía del Duero.

Rondaba ya los cuarenta años cuando Cervantes escribió “El cerco de Numancia” (Año 1585). Tragedia renacentista sobre el fin de la Numancia celtibérica frente a Roma, y tras un penoso asedio en el que lo numantinos prefirieron quitarse la vida a ser derrotados por el hambre o entregarse a la esclavitud. El episodio de la heroica ciudad celtibérica y su suicidio colectivo frente al general romano Escipión, habría servido así a Cervantes de inspiración para una de las obras de teatro más interesantes del Siglo de Oro. Pudiendo extraerse de la misma varios contenidos morales con la excusa de la sufrida guerra numantina: el amor a la libertad, la dignidad del vencido, la muerte honrosa, la victoria sin honra, etc… Sin embargo, entre estos temas se dará también una honda reflexión sobre el ser, la historia e incluso el destino de España. Reflexión que viniendo de Cervantes, no debe pasarnos desapercibida ni ser relativizada.

Dividida en cuatro jornadas, la obra en la primera de ellas, nos plantea ya lo esencial del argumento. El general romano Escipión por encargo del senado asume la “difícil y pesada carga” de rendir la ciudad celtibérica de Numancia. Subido a una peña Escipión arenga a los desmoralizados soldados romanos diciendo como sigue: “Avergonzaos, varones esforzados, porque a nuestro pesar, con arrogancia tan pocos españoles y encerrados defienden este nido de Numancia. Diez y seis años son, y más, pasados, que mantienen la guerra, y la jactancia de haber vencido con feroces manos millares de romanos”.

Los soldados turbados por las palabras de Escipión juran ponerse de su lado en la lucha contra Numancia, siendo entonces que se anuncia la inesperada llegada de unos embajadores numantinos que quieren parlamentar con el general. Escipión y los numantinos se reúnen y estos últimos le ofrecen amistad y paz tras tantos años de “porfía”, pero Escipión la rechaza: “A desvergüenza de tan largos años es poca recompensa pedir paces”. No hay armisticio posible con Roma y los numantinos marchan sabiendo que se reanuda de nuevo la guerra: “Al hecho, que guerras ama el numantino pecho”.

Escipión queda solo en su tienda junto a su hermano Fabio siendo entonces que se desvela su plan: “Pienso de un hondo foso rodearlos, y por hambre insufrible derrotarlos. No quiero yo que sangre de romanos coloré más el suelo de esta tierra (…) en tan larga, reñida y cruda guerra”. A lo que su hermano Fabio contestará: “Mejor será encerrarlos como dices, y quitarle a su brío las raíces. Bien puede la ciudad toda cercarse si no es en la parte do el río la baña”.

El argumento esencial de la trama es así puesto ya sobre la mesa y siendo conocido por todos cual iba a ser el desenlace final del enfrentamiento, la tensión dramática de la obra ira paso a paso en aumento hasta la catarsis final. Sin embargo antes de continuar con la trama, la obra al terminar la primera jornada hace un curioso receso. Un receso en el que Cervantes parecerá querer mostrarnos su idea de España:

Aparece en escena la propia “España”, como personaje de la obra, como personaje alegórico que representaría a la mismísima España. Su voz clama al Cielo:

“¡Alto, sereno y espacioso Cielo que con tus influencias enriqueces la parte que es mayor de este mi suelo (…) muévate a compasión mi amargo duelo, y pues al afligido favoreces, favoréceme a mí en ansia tamaña, que soy la sola y desdichada España”.

Lamentándose de su destino España plantea el “pecado original” de donde parecerían provenir gran parte de sus aflicciones:

“¿Será posible que de continuo sea esclava de naciones extrajeras y que en un pequeño tiempo yo no vea de libertad tendidas mis banderas? (…) mis famosos hijos y valientes andan entre sí mismos diferentes. Jamás en su provecho concertaron los divididos ánimos furiosos, antes más los apartaron cuando se vieron más menesterosos”.

Sus hijos viven divididos de espaldas entre sí, más aun cuando más necesitarían estar unidos.

Al tiempo frente a la amenaza romana, señala a Numancia como adalid de la libertad:

“Numancia es la que ahora sola ha sido quien la luciente espada sacó fuera, y a costa de su sangre ha mantenido la amada libertad suya y primera”.

Es entonces que lamentándose del cerco que sufrirán los numantinos invoca al río Duero que a la sazón, corre a los pies de la ciudad celtibérica:

“Y pues sola la parte por do corre y toca la ciudad el ancho Duero, es aquella que ayuda y que socorre en algo al numantino prisionero, antes que alguna máquina o gran torre en sus aguas se funde, rogar quiero al caudaloso y conocido río, que en lo que pueda, ayude al pueblo mío”.

Y el río Duero aparece en escena. Al igual que España también como personaje alegórico. Dice como sigue:

Madre querida España, rato había que hirieron mis oídos tus querellas; y si en salir acá me detenía fue por no poder dar remedio a ellas. El fatal, miserable, y triste día según el disponer de las estrellas, llega a Numancia, y cierto temo que no hay remedio a su dolor”.

Para Numancia la suerte está echada… y el río Duero lo sabe. Así lo “disponen las estrellas”. Sin embargo ese amargo final pudiera ser que fuera semilla y anuncio de algo grande:

“Mas ya que el revolver del duro hado tenga el último fin establecido de ese tu pueblo numantino amado, pues a términos tales ha venido, un consuelo le queda en este estado: que no podrán las sombras del olvido oscurecer el sol de sus hazañas”.

El olvido no caerá así sobre la heroica ciudad celtibérica y puesto que la luz de sus hazañas no declina, dicha luz parecerá ser promesa de un tiempo mejor: Comienza entonces “la profecía del Duero”, momento especialmente interesante de la obra de Cervantes…

“tiempo vendrá (…) que estos romanos serán oprimidos por los que ahora tienen abatidos. De remotas naciones venir veo gentes que habitarán tu dulce seno después que, como quiere tu deseo, habrán a los romanos puesto freno. Godos serán, que con vistoso arreo, dejando de su fama el mundo lleno, vendrán a recogerse en tus entrañas, dando de nuevo vida a sus hazañas”.

Anuncia la caída de Roma a manos de los Godos y la llegada de éstos a España.

“Y portillos abriendo en Vaticano, tus bravos hijos, y otros extranjeros, harán que para huir vuelva la planta el gran piloto de la nave santa. Y también vendrá tiempo en que se mire estar blandiendo el español cuchillo sobre el cuello del romano, y que respire solo por la bondad de su caudillo”.

Anuncia el saco de Roma por parte de las tropas del emperador Carlos V en 1527, haciendo huir al propio Papa, así como señala las victorias españolas en Italia durante el siglo XV y XVI. Victorias que plantea como resarcimiento de los españoles frente a los romanos, y que son a su vez puestas en relación con las victorias godas frente a Roma.

“Y cuando fuere ya más conocido el propio Hacedor de tierra y cielo, aquel que ha de quedar instituido virrey de Dios en todo el suelo, a tus reyes dará tal apellido, cual viere que más cuadra con su celo: católicos serán llamados todos, sucesión digna de los fuertes Godos”.

Señala la llegada del cristianismo y como éste, dará a los reyes de España nombre llamándolos católicos. Estableciéndose la continuidad entre éstos y los antiguos Godos. Una línea de continuidad entre los “fuertes” Godos y los reyes de España que se sobreentiende, habría adquirido especial plenitud con los Reyes Católicos propiamente dichos.

“Pero el que más levantará la mano en honra tuya (…) haciendo que el valor del nombre Hispano tenga entre todos el mejor asiento, un rey será, de cuyo intento sano grandes cosas me muestra el pensamiento, será llamado, siendo suyo el Mundo, el segundo Felipe sin segundo”.

Anuncia la llegada futura de un rey sin par que honrará especialmente a España y del que podrá decirse qué es “suyo el Mundo”: Felipe II.

“Debajo de este Imperio tan dichoso serán a una corona reducidos, por el bien universal y a tu reposo, tus reinos hasta entonces divididos: el girón lusitano tan famoso, que en un tiempo se cortó de los vestidos de la ilustre Castilla, ha de zurcirse de nuevo, y a su estado antiguo unirse”.

España en el futuro podrá fin a sus divisiones internas e incluso Portugal (“el girón lusitano”) volverá a España. “Por el bien universal” y por la paz, todo ello en la égida de un Imperio “dichoso”.

“¡Qué envidia, qué temor, España amada, te tendrán mil naciones extranjeras, en quien tú teñirás tu aguda espada y tenderás triunfando tus banderas!”

La profecía del Duero concluye celebrando la gloria de la futura España, unida, temida, amada y victoriosa de sus enemigos.

“Sirva esto de alivio en la pesado ocasión por quien lloras tan de verás”.

Ese destino de gloria es así alivio y consuelo para esa España afligida que ha de afrontar ahora, las duras y trágicas jornadas del asedio de Numancia.

El río Duero se despide tras su profecía-“Adiós, porque me esperan ya mis ninfas…” –y España le dice adiós deseándole los favores del Cielo. Se cierra la primera jornada del “Cerco de Numancia” y a través de ese río Duero que habla con voz de profecía, parece habernos hablado el mismísimo Cervantes…

*

¿Qué podemos decir nosotros de esta peculiar profecía? De esta semblanza de España que Cervantes ha recogido por boca del río Duero. ¿Qué idea de España refleja esta obra y es trasladada desde las tablas del teatro a los españoles del siglo XVI? ¿Qué puede decirnos a nosotros de nosotros mismos, a los españoles del siglo XXI, las palabras del río Duero de Cervantes?

Ciertamente creemos que sería un verdadero error en un país como España, tan desorientado en cuanto su identidad, al conocimiento y puesta en valor de su identidad e historia, dejar pasar las palabras de Cervantes…

Siendo así y a bote pronto, resaltarán las siguientes ideas:

-En primer lugar Cervantes traslada la idea de la existencia de España, que aparece incluso como personaje de la obra. Esto que puede parecer una obviedad no lo es tal en un país, donde a día de hoy puedes encontrar políticos, tertulianos y periodistas que no tienen reparo en ningunear la existencia histórica de España como nación de largo recorrido. Como nación de siglos de antigüedad presente ya, en la conciencia colectiva de los españoles del Siglo de Oro.

-En segundo lugar resulta a nuestro parecer interesantísimo que Cervantes, ubique en la España prerromana el origen mismo de lo español. Haga de Numancia y la España “ancestral” de los celtíberos, “patria originaria” de los españoles. Siendo hasta tal punto así que la conquista romana es presentada como afrenta que algún día, los españoles podrán resarcir.

-Tercero, se señala una suerte de “pecado original” de los españoles, de “mis hijos” dice literalmente España. Esa fuente de nuestros males y de nuestra debilidad no será otra, que la división entre nosotros. División que será aún más lacerante al enconarse justo, cuando deberíamos estar más unidos.

-Cuarto, la España Goda como fuente de identidad y episodio fundacional de nuestra historia. Episodio que genera una continuidad a través del tiempo que llega a los reyes católicos: literalmente “sucesión digna de los fuerte godos”.

-Quinto, la propia referencia a esa catolicidad como rasgo importante de la tradición e identidad española: “a tus reyes dará tal apellido, cual viere que más cuadra con su celo: católicos”.

-Sexto, el llamado Siglo de Oro y los tiempos del Imperio Español, como plenitud de España. Como apogeo de una nación unida y poderosa de la que forma parte también Portugal, y cuyas banderas triunfan ahora donde antes se veían privadas de libertad, y cuya espada se tiñe con la sangre de sus enemigos, habiendo sido Numancia la primera “quien la luciente espada sacó fuera”.

-Séptimo, la nula referencia a una herencia árabe o judía e incluso a la Reconquista. Como si algo tan conocido de todos en aquel momento, tanto para público como autor, pudiera obviarse a la hora de entender qué es España, cual es su identidad y cuál es su destino.

Estas siete ideas fundamentales que sobre España plantea Cervantes a través de la profecía del Duero, son a nuestro humilde entender altamente significativas y valiosas, pues vienen de quien vienen y son recogidas en un momento tan especial e importante para nuestra historia, como el siglo XVI. Ideas en las que se refleja una honda conciencia identitaria, arraigada en los ancestros, en la idea destino colectivo, de continuidad histórica a lo largo de tiempo y de superación a la postre, de derrotas y adversidades.

Cervantes nos ofrece así a los españoles del siglo XXI una sana conciencia identitaria que por desgracia a día de hoy, apenas existirá entre nosotros y que sin embargo, era objeto de una obra teatral de éxito en el siglo XVI. Ciertamente da qué pensar… Y es una pena que ideas que pudieron estar tan presentes en alguien como Cervantes, los españoles de nuestro tiempo o no sepamos de ellas o peor aún, nos avergoncemos de ellas y repudiemos en un gesto de estúpida endofobia. Endofobia de la que estamos convencidos, nada bueno se puede sacar…

Así para Cervantes y su profecía del Duero, el Imperio Español habría tenido su origen en las hazañas de los numantinos y en Felipe II, su punto culminante. Habría habido una “urheimat” y un cénit. Estableciéndose una continuidad y semejanza entre el pasado y el presente observándose, que si en la lucha contra Roma había desunión entre españoles, bajo Felipe II y habiendo unión completa, se habría conseguido la preeminencia de España sobre el resto de las naciones. Cuando los españoles llegan a la unidad de sus distintos pueblos, se hace posible realizar un gran destino, en este caso el Imperio.

Es así que en esta obra de Cervantes, esa “patria originaria” que sería Numancia, será mostrada como paradigma de unidad, como modelo de cohesión más allá de desavenencias internas. Unidad y cohesión que es recogida como lección del pasado para los españoles del siglo XVI que asisten a la representación de la obra. Al mismo tiempo se plantea la hazaña numantina, como el otro gran legado o lección de Numancia a los españoles, pues el heroísmo numantino se recogerá como anuncio de las futuras hazañas de España. Así al final de la obra literalmente se dice: “Indicio ha dado esta no vista hazaña del valor que en los siglos venideros, tendrán los hijos de la fuerte España, hijos de tales padres herederos”. Es decir la grandeza de España y su Imperio, guardaría una relación de continuidad con el coraje numantino y se hace posible gracias a la herencia de éste. En el pasado y más allá de la caída de Numancia, estaría el origen y legitimidad del presente.

En definitiva, la “Numancia” de Cervantes como un claro reflejo de una conciencia identitaria española de la que participa el autor y para la que los numantinos, serían la primera imagen de los antiguos españoles. Dándose una línea de continuidad histórica a través de la España Goda y la España de los Reyes Católicos que hace de los españoles de 1580, herederos de los numantinos y protagonistas de una unidad que ahora, engloba a España entera. Unidad que permite hacerla protagonista de un designio superior, que obviamente en tiempos de Cervantes, se leerá en clave imperial.

*

Patria originaria, necesidad de unidad, continuidad histórica a lo largo de los siglos, hazañas aleccionadoras, proyecto colectivo… ¿De verdad todo esto está demás? ¿De verdad no tiene Cervantes nada que enseñarnos con su Numancia, a los españoles del siglo XXI? ¿De verdad podemos seguir en ausencia de conciencia identitaria española y sufriendo de endofobia? ¿De verdad tiene sentido negar a España? ¿De verdad tiene sentido romper su unidad?

Yo pienso que no. Estoy convencido de que no. Y no por nada, sino porque es Cervantes, quien me invita a pensar así…

La figura del caballero como símbolo de prestigio en el mundo celtibérico. Fíbula de caballito de la necrópolis celtibérica de Numancia. 150 a.C. (Reproducido de Romero Carnicero 2001: 141).

Cervantes, Numancia y la idea de España.

¿Qué fue la Hispania Céltica? II

en Cultura Celta/España/Historia por
Figura 2-4: Etnias prerromanas de la península Ibérica. (Según Untermann 1987)

¿Qué fue la Hispania Céltica? II

Segunda Parte: Celtas y Protoceltas.

“Llegado este punto, consideramos que puede afirmarse como hecho histórico insoslayable, la existencia de una Céltica Europea y de una Céltica Hispánica integrada en ésta. Céltica Europea y Céltica Hispánica que fueron en sí mismas un fenómeno étnico y cultural, diverso y heterogéneo. Pudiendo decirse de la Céltica Hispánica que ésta, habría generado su modelo autóctono y diversidad propia de celticidad. Celticidad surgida en el propio solar Peninsular a partir de un mundo indoeuropeo arcaico, también propiamente hispánico y de antiquísimo arraigo en nuestro territorio…”

La Céltica Hispánica: Celtas y Protoceltas.

En primer lugar debemos entender la Céltica como una de las diferentes “provincias indoeuropeas”[1] (García Quintela 2005: 192), así como el conjunto de comunidades hablantes de una lengua celta en periodo protohistórico (García Quintela 2002: 54-92). Nosotros a esto último añadiríamos más allá de lo puramente lingüístico, la existencia de unos elementos de fondo y de carácter étnico e ideológico que caracterizarán con mayor calado lo céltico, tanto en relación al mundo cultural de la Edad del Hierro, como en relación a la “gran familia” indoeuropea. Lo iremos viendo más adelante especialmente cuando hagamos referencia a las ideas de Almagro-Gorbea (1992, 1993, 1994a, 1995, 1997, 1999b), de Peralta Labrador (2000), Sopeña Genzor (1987, 1995, 2005a y 2010a), Álvarez Sanchís (2001) ó Ruiz Zapatero (1993, 2001a, 2001b, 2005 y 2011). En este sentido será importante tener presente que la Céltica, perteneciendo a ese gran grupo étnico y cultural de lo indoeuropeo, será en todo momento un fenómeno radicalmente europeo, surgido in situ en el solar de Europa, y asociado a la Europa protohistórica de la edad del Hierro.

Esta céltica, más allá de la estrechez de planteamientos de quienes han querido circunscribirla exclusivamente al horizonte cultural lateniense[2], será diversa y heterogénea, polimórfica y dinámica. Netamente europea y “provincia” de lo indoeuropeo, pero al tiempo divisible en continental y gala, atlántica y británica, meridional e hispánica, e incluso oriental y gálata. Siendo al tiempo también diversa y heterogénea dentro de los diferentes subgrupos europeos que pudiéramos asignar al fenómeno céltico. De tal modo que para el ámbito hispánico podrá ser a su vez celtibérica ó lusitano-galaica.

Es la Céltica en definitiva patrimonio histórico y cultural de la Europa protohistórica o Europa de la Edad del Hierro, y elemento constituyente junto a tantos otros-de mayor o menor relevancia-de la propia identidad y personalidad europea.

Partimos así y como venimos diciendo, de la existencia para el marco general de la céltica europea, de distintos modelos de celticidad, siendo posible reconocer la existencia de un modelo propio de celticidad en nuestra península Ibérica. Este modelo Peninsular de celticidad nos referirá a su vez todo el conjunto de restos célticos de la Hispania protohistórica, sean estos celtibéricos o no (Hoz Bravo 2005: 420). Lo que a su vez y como podremos ver nos señalará también, el carácter diverso de la propia celticidad hispánica.

Esta idea de distintos modelos de celticidad se opondrá directamente, como ya hemos señalado, a los planteamientos estrechos y limitados a una celticidad exclusivamente “lateniense”. Y reconoce lo celta como un fenómeno mucho más amplio y diverso, de gran heterogeneidad, y con distintos grados y modos de evolución. Siendo en este “distintos grados y modos de evolución”, donde encontraremos las claves para la comprensión de qué cosa fue la Hispania céltica. Lo “celta” insistimos, lo entenderemos así como una de las ramas del gran tronco indoeuropeo, siendo en esa rama que deberemos situar, como un fruto más, el fenómeno de lo hispano céltico.

Este modelo “hispano celta” de celticidad aún ligado a la céltica europea, tendrá connotaciones propias fruto de su particular etnogénesis y del contexto concreto en el que se desarrolla. Esto es, un proceso de “celtización” en el que la celticidad hispánica, se habría ido configurando a partir de comunidades no antagónicas sino afines (las llamadas “comunidades indoeuropeas protocélticas”), que a través de un proceso gradual de interacción (de la más desarrollada sobre la menos desarrollada), termina por dar lugar a las distintas formas de celticidad hispánica. (Almagro-Gorbea 1992, 1993, 1995 y 2005b; Ruiz Zapatero 1999b, 2001b, 2005 y 2006; Almagro-Gorbea y Ruiz Zapatero 1992a; Ruiz Zapatero y Lorrio 2005 y 1988; ó Sopeña Genzor y Marco Simón 2008). “Distintas formas de celticidad hispánica” que adelantamos ya, serían básicamente y por un lado, las relativas a la pervivencia del antiguo sustrato indoeuropeo protocelta: El mundo Lusitano-Galaico. Por otro, las vinculadas al mundo céltico propiamente dicho: El mundo Celtibérico. Y por otro, las áreas de transición entre un mundo y otro en el ámbito de los pueblos vacceo, carpetano, vettón, astur o cántabro.

Es importante resaltar aquí, que este proceso de configuración de la Hispania Céltica, será posible por la existencia en la Península de un sustrato previo, asociado al antiguo mundo indoeuropeo y al que denominaremos “protocelta”, sobre el que diversas situaciones dinamizadoras de su cultura y sociedad, así como la acción de grupos celtas propiamente dichos, dan lugar a que surjan distintos niveles de mayor o menor desarrollo y grado de celticidad. Así como situaciones de mayor o menor pervivencia del susodicho sustrato protocelta (Almagro-Gorbea (1992, 1993 y 1995) (fig. 2-1).

Figura 2-1: Dispersión de elementos lingüísticos protoceltas. (Según Almagro-Gorbea 2001: 96).
Figura 2-1: Dispersión de elementos lingüísticos protoceltas. (Según Almagro-Gorbea 2001: 96).

 

En la actualidad, esta propuesta de un ámbito protocéltico e indoeuropeo como sustrato fundamental en los procesos de etnogénesis del interior, norte y noroeste Peninsular, entendemos será de gran importancia para entender qué fue la Hispania céltica. Esto es así principalmente porque cómo vamos a tener oportunidad de comprobar, los antiguos hispano celtas conservarán como uno de sus rasgos distintivos, la pervivencia de elementos vinculados a ese arcaico sustrato indoeuropeo. Nos referimos aquí a las cofradías guerreras de tipo iniciático, la consagración de los miembros de las clientelas guerreras a sus jefes mediante ritos religiosos como la devotio, o la exposición de los guerreros caídos en combate a los buitres (Sopeña Genzor 1987, 2004, 2005a y 2010; Peralta Labrador 2000 ó Almagro-Gorbea 1993, 1997 y 2005a). Este modelo de celticidad que encontraremos en Hispania, deberemos entender así que si bien, no es ajeno ni está aislado del mundo celta continental y atlántico, la mayor parte de su acervo cultural se originará sin embargo in situ, en el interior de la propia península Ibérica. Siendo de este modo un fenómeno netamente autóctono, que compartirá eso sí y en cualquier caso con la céltica europea, variedades lingüísticas o estructuras socioeconómicas y culturales.

En este sentido la Hispania protohistórica presentará un área indoeuropea en la que encontraremos en la llamada Celtiberia, una cultura consolidada y referente de celticidad hispánica. Este mundo celtibérico tendrá su origen en la llegada al extremo nororiental de la Meseta, de la llamada cultura de los Campos de Urnas[3], verdadera semilla del despertar de la celticidad hispánica (Ruiz Zapatero 1999b y 2001b; Ruiz Zapatero y Lorrio 1988; Sopeña Genzor y Marco Simón 2008 y Blasco Bosqued 1993). Dándose una dinamización del fondo protocéltico del interior Peninsular a partir de este foco, en un proceso de irradiación cultural y étnica que en grado de mayor a menor intensidad, y dirección este-oeste y este-noreste, generará un amplio territorio de marcada “celtización” en los territorios cántabro-astur, vacceo y vettón. Destacando a su vez una zona que parecerá conservar formas propias del sustrato indoeuropeo protocéltico, en la fachada atlántica y el noroeste Peninsular. Áreas del mundo lusitano-galaico (Almagro-Gorbea 1986, 1991, 1992, 1993, 1995 y 2009d y González García 2007 y 2011). Áreas éstas, en las que por decirlo así, “no llegará la influencia celtibérica”.

Este mundo lusitano-galaico será de este modo, claro exponente de ese sustrato protocéltico al que hemos hecho referencia anteriormente, y que arrancando ya en el mundo indoeuropeo del Bronce final, tendrá en la llamada “cultura castreña del noroeste”, clara expresión arqueológica.

El arco lusitano-galaico sería de este modo la máxima pervivencia de esas formas culturales del substrato previo indoeuropeo protocéltico (Almagro-Gorbea 2009d: 23 y 24). Quedando la mayor parte del interior Peninsular, desde los cántabros hasta al mundo vettón, como zona de transición entre el mundo el mundo lusitano-galaico, y el mundo celtibérico. Siendo éste último el máximo exponente de una celticidad hispánica propiamente dicha. De una celticidad hispánica próxima a los modelos de celticidad centroeuropeos, y la correspondiente cultura de oppida: de “ciudades celtas” como Numancia.

A grandes rasgos, este será el panorama étnico de la Hispania céltica, a la llegada de cartagineses y romanos a la Península. Siendo esto en cierta medida recogido por las propias fuentes clásicas al insistir éstas, en la alteridad y diferencia entre celtíberos y lusitanos, al señalar la mayor “barbarie y primitivismo” de los pueblos de la fachada atlántica y el noroeste Peninsular (Estrabón III, 3: 6, 7 y 8).

En este orden de cosas podremos señalar a lo “celtíbero” como plenitud del fenómeno céltico en Hispania, y a lo “lusitano-galaico”, como plenitud de arcaísmo indoeuropeo. Como pervivencia del previo substrato “protocéltico” a partir del cual, y en gran parte del interior Peninsular, pudo desarrollarse el mundo hispano céltico propiamente dicho. Siendo así que podremos reconocer al mundo vettón y vacceo, como formas culturales de transición entre las formas más propiamente célticas del área celtibérica, y las áreas más arcaicas del oeste y noroeste Peninsular (fig. 2-2).

Figura 2-2: Mapa de la Hispania céltica con límite de topónimos en –briga (céltico), distribución de gentilidades, distribución de inscripciones celtibéricas y teónimos lusitano-galaicos, y límites de los mismos. Nótese un área lusitano-galaica, un área celtibérica y un territorio intermedio. (Según Álvarez Sanchís 2003).
Figura 2-2: Mapa de la Hispania céltica con límite de topónimos en –briga (céltico), distribución de gentilidades, distribución de inscripciones celtibéricas y teónimos lusitano-galaicos, y límites de los mismos. Nótese un área lusitano-galaica, un área celtibérica y un territorio intermedio. (Según Álvarez Sanchís 2003).

 

Tendremos así una Hispania Céltica desarrollada desde un sustrato previo indoeuropeo (que hemos denominado protocéltico), que por influencia de la cultura de los Campos de Urnas, llegada de allende de los Pirineos, habría generado en primer lugar el surgimiento de una cultura Céltica en el noreste de la Meseta. Cultura que sería la cultura Celtibérica. Ésta, habría funcionado como verdadero “motor” de la celticidad Peninsular, extendiendo su influencia sobre zonas aledañas de también raigambre indoeuropea. Influencia que un esquema en “mosaico”, habría avanzado hacia interior Peninsular generando áreas de una mayor “celtiberización”, caso del área vaccea o vettona, pero también áreas donde dicha influencia celtibérica apenas llegará y será existente: el mundo lusitano-galaico. Áreas así del oeste y noroeste Peninsular donde se mantendrá entonces y a través de la llamada “cultura castreña”, la pervivencia del antiguo mundo indoeuropeo protocéltico. (Almagro-Gorbea 1986, 1991, 1992, 1993, 1994a, 1995 y 2009d; Ruiz Zapatero y Lorrio 1988; Ruiz Zapatero 1999b y 2001b; Peralta Labrador 2000 y García Quintela 2005).

Cabe señalar aquí, cómo esa cultura de los llamados Campos Urnas, verdadero catalizador de la celticidad hispánica, habría supuesto sin embargo y por decirlo así, una “indoeuropeización” fallida de amplias zonas del Levante Peninsular y áreas del valle del Ebro. Zonas donde su peso y su influencia no serán decisivos y que siendo territorios, que posteriormente formarán parte del mundo Íbero y no hispano céltico, nos llevan a pensar en el mundo Íbero como un mundo que parecerá no pertenecer a la gran familia indoeuropea. Como si los “antepasados” de los Íberos, hubieron sido refractarios y no afines, a la influencia indoeuropea de los Campos de Urnas.

Esto nos enfrenta a la cuestión del origen y fondo étnico y cultural del mundo Íbero, así como a la cuestión de la Hispania preindoeuropea. Tema apasionante en el que aún muchos de sus extremos permanecen pendientes de clarificación y que nosotros, no entraremos a estudiar aquí.

*

En definitiva…

Hoy día puede reconocerse sin duda alguna la existencia de una Hispania céltica, afecta a todo lo que podría llamarse mundo céltico Europeo, y originada sobre un sustrato previo, rastreable ya en la Edad del Bronce, de tipo incuestionablemente indoeuropeo. Esta Hispania Céltica tendrá en la cultura Celtibérica el máximo exponente de celticidad Peninsular, y en ella se darán los más altos desarrollos socioeconómicos, políticos, culturales y urbanos de la Hispania Indoeuropea. Estos en gran medida propiciados por su proximidad con el mundo Ibérico, del que obtendrá prestamos culturales que permitirán elevar su desarrollo, sobre el resto de sus “vecinos” célticos de la Meseta[4] (Lorrio 1997, 1999, 2000; y Burillo Mozota 1992, 1998 y 2011).

Desde dicha zona nuclear de celticidad que fue la Celtiberia y tal como hemos indicado, se producirá la “celtización” de amplias zonas del interior en ámbitos del mundo vettón, vacceo, carpetano o incluso cántabro. Si bien conforme se avance hacia el oeste y noroeste Peninsular, dicha “celtización” será cada vez menor. Alcanzándose un máximo arcaizante de pervivencia del anterior sustrato protocelta, entre los pueblos de la fachada atlántica y zonas de la cornisa cantábrica. Zonas ajenas a los modelos urbanos y socioeconómicos de la Meseta oriental, afianzadas aún en una “cultura de castros” ajena al mundo celtíbero y su cultura urbana de oppida (Almagro-Gorbea 1994a).

Esta diferencia entre el este y el oeste de la Hispania céltica, fundamentada en el mayor y menor desarrollo de una cultura urbana, y la menor y mayor presencia de elementos propios del substrato arcaico indoeuropeo, será recogida indirectamente por las mismas fuentes clásicas. Que asociarán siempre unos mayores niveles de “barbarie” a las áreas más occidentales y septentrionales de la Península. En este sentido, sí bien es verdad que con las fuentes conviene ser cuidadoso, no dejará de ser interesante constatar cómo hasta los mismos romanos, parecen haber tenido certeza de la heterogeneidad de la Hispania céltica, y de la diferencia entre el mundo Céltico de la Celtiberia, y el mundo Indoeuropeo protocéltico del oeste y norte Peninsular[5].

*

Llegado este punto, consideramos que puede afirmarse como hecho histórico insoslayable, la existencia de una Céltica Europea y de una Céltica Hispánica integrada en ésta. Céltica Europea y Céltica Hispánica que fueron en sí mismas un fenómeno étnico y cultural, diverso y heterogéneo. Pudiendo decirse de la Céltica Hispánica que ésta, habría generado su modelo autóctono y diversidad propia de celticidad. Celticidad surgida en el propio solar Peninsular a partir de un mundo indoeuropeo arcaico, también propiamente hispánico y de antiquísimo arraigo en nuestro territorio.

Del mismo modo y al tiempo, deberemos diferenciar un área Peninsular no indoeuropea, comúnmente denominada área ibérica, que ocuparía a grandes rasgos la fachada mediterránea, la mayor parte de la actual Andalucía y sur de la Mancha, la margen derecha del Ebro, y las laderas pirenaicas hasta el territorio Vascón. Quedando mayormente el resto de la Península como área indoeuropea y céltica.

En todo caso, Celtas, Íberos, Celtíberos, Indoeuropeos, Vascones, Tartésicos… Todos ellos configurarán el “zócalo étnico” de España y la raíz originaria de nosotros mismos: De Gallegos, Castellanos, Andaluces, Catalanes, Vascos, Asturianos… Patria originaria y matriz del devenir histórico y cultural español a través de los siglos: De la romanización, el Reino Godo de Toledo, la invasión islámica, los reinos cristianos y la Reconquista, la restauración y unificación de los Reyes Católicos y la aventura americana al otro lado del Mar, allá donde se pone el Sol…

Así lo planteó Cervantes en su “Numancia” y así lo planteamos nosotros, en la Forja y la Espada…

Figura 2-4: Etnias prerromanas de la península Ibérica. (Según Untermann 1987)
Figura 2-4: Etnias prerromanas de la península Ibérica. (Según Untermann 1987)

[1] Indoeuropeo: Entenderemos por el término “indoeuropeo” la cultura y lengua madre de la que surgirían después gran parte de los pueblos europeos de la Protohistoria y la Historia Antigua: Helenos, Romanos, Célticos, Germánicos… De un modo muy general podrá decirse que dicha “tradición madre” de la posterior cultura europea del mundo Antiguo y la Edad del Hierro, se cree que pudiera proceder de pueblos originarios de las estepas del norte del Mar Negro. Es lo que se ha venido a denominar “hipótesis de los Kurganes”. Esta misma hipótesis situará también la expansión de la cultura Kurgan hacia oriente, hasta el río Indo. Siendo esta circunstancia, constatada por la lingüística, la que generará el propio término “indoeuropeo”, que señalaría la expansión de este fondo cultural común desde el occidente europeo hasta el río el río Indo en Asia en un amplio periodo de tiempo que podría abarcar del 4000 a.C. hasta el 2000 a.C. (Gimbutas 1997 y 1980, Mallory 1997, Dexter 1997 y Villar 1996 y 2000).

[2] Lateniense: Referido al yacimiento arqueológico de La Tené. En Francia. Durante mucho tiempo considerado como paradigma de la celticidad y a día de hoy considerado como representante de la celticidad centroeuropea pero no exponente definitivo de celticidad.

[3]Campos de Urnas: Cultura típica de la evolución de los grupos protocélticos y célticos europeos cuyos cementerios tenían grandes extensiones, y se caracterizaban por fundamentarse en pequeñas urnas en las cuales se guardaban los restos de la incineración del difunto. Esta cultura se desarrollo en Europa Central en torno al 1200 a.C. en tiempos del Bronce Final y penetrará en la península Ibérica por los pasos del Pirineo oriental. Como ya hemos señalado su característica principal sería el rito de la incineración, siendo también portadores de una cultura en la que ya encontraremos rasgos típicos del posterior mundo céltico tales como la existencia de élites guerreras, o la existencia de un orden gentilicio (Blasco Bosqued 1993 y Mallory 1997).

[4] Breve reseña a la influencia ibérica: Podremos rastrear estas influencias ibéricas en diversos ámbitos, caso de la cerámica numantina. De iconografía y estilísticas propias, pero hechas con la tecnología a torno de la cerámica ibérica. Caso también del uso del alfabeto ibérico por parte de la cultura celtibérica, una de las lenguas celtas de la Antigüedad mejor conocidas precisamente por este detalle. Y caso también de determinados usos urbanos, que procedentes del mundo ibérico, supondrán un mayor desarrollo y evolución que el que puedan presentar el resto de sus “vecinos” célticos del interior.

[5] Generalidades en las fuentes clásicas: La fuentes clásicas a la hora de referirse a los pueblos del interior de la Península, si bien en ocasiones concretan exactamente a éstos, mayormente parecerán funcionar con vagas generalizaciones (Joao Santos 2009) en las que el mundo del noreste de la Meseta será el mundo celtibérico, el mundo del oeste y noreste Peninsular será el mundo lusitano, y el mundo del norte de Hispania será el mundo cántabro o astur. Sobre este esquema básico pueblos como los vacceos, vettones y carpetanos, situados en el interior Peninsular, aparecerán muchas veces como confundidos con los lusitanos (caso vettón) o con los celtíberos (caso vacceo y carpetano). Siendo en estas apreciaciones que a nuestro parecer, el mundo romano nos estaría señalando indirectamente los grandes grupos culturales hispano célticos. Recogiendo en esas confusiones de vettones con lusitanos o vacceos con celtíberos, la situación de pueblos que a caballo del mundo lusitano y del mundo celtibérico, Roma misma no termina de ubicar en una identidad propia y concreta.

Cervantes, Numancia y la idea de España

en España por
Cervantes

España sufre a día de hoy día un problema de conciencia identitaria. Un problema respecto del saber quiénes somos y cuál es nuestra historia e identidad. Es así que la actual crisis territorial, no es sino reflejo de una crisis de nación tras la cual subyace el problema de no saber o entender qué es España, quiénes somos los españoles y de dónde venimos. 

Recordar y comprender dicha identidad, se convierte así en algo fundamental para lo cual la figura de Cervantes, podrá ser especialmente esclarecedora. Por su obra, por su vida, por el momento que le toco vivir, en Cervantes se darán todos los elementos para a través de su pensamiento, encontrar cátedra incontestable que nos ayude a conocer y entender el ser e identidad de España. Y efectivamente es así, pues es una de sus tragedias más representativas Cervantes, no dejó plasmada su idea de España…

La cuestión identitaria se ha convertido en uno de los problemas fundamentales que afectan a España. Nuestra crisis territorial no es sino una crisis de nación tras la cual subyace un problema identitario. Un problema de conciencia de nosotros mismos y auto conocimiento. Un no saber quiénes somos y de dónde venimos que debilita los andamiajes  de nuestra constitución política y ciudadana, y nos hace pasto de las derivas nacionalistas. Tanto en el ámbito del cuestionamiento a la unidad de España como unidad de voto acerca de aquello que nos afecta a todos. Como cuestionamiento a la unidad de España respecto del ser mismo de España. De España  como realidad histórico política, étnico cultural y antropológica que raíz común de nuestra diversidad, es a su vez fundamento de nuestra unidad.

Se pretende así desde los nacionalismos y con excusa de las identidades culturales particulares de algunas regiones, afirmar tanto la ruptura de la unidad de voto, que no es sino la unidad de decisión respecto de aquello que nos atañe a todos; como afirmar la ruptura de la comunidad identitaria. Esto es, hacer de las particularidades de una región, diferencias identitarias de nivel superior a las que no podrá corresponder más que el  derecho de autodeterminación.
En ambos casos se retorcerán los conceptos y las palabras a través de sofismas y trampantojos argumentales. Se llamará así derecho a decidir y acto democrático a la voluntad de una parte integrada en un todo, a tomar una decisión unilateral respecto de ese todo sin contar él e independientemente de los efectos que sobre dicho todo, tenga dicha decisión. Y del mismo modo, se hará de toda disensión acaecida en el proceso histórico político de España, excusa de tiranía insoportable y anhelo legitimo de libertad. Haciéndose también de toda particularidad cultural o histórica, acento innegable de identidad diferenciada ubicada más allá de toda raíz común española. Por supuesto todo ello a costa de disparates históricos insostenibles y de demagogias políticas que de tanto repetirse, parecería que han ganado marchamo de veracidad.

De hecho, la hegemonía cultural de un progresismo mal entendido en el que pesan todavía complejos y manías respecto del Franquismo y de España, habrá facilitado el camino al separatismo y sus tergiversaciones. Pues mayormente no habrá tenido en frente un discurso sólido, articulado y veraz, capaz de ponerlo en evidencia y de ofrecerse a los españoles, como narrativa identitaria común. Generándose entonces una ofuscación en la comprensión del problema en la que a duras penas, se desenmascara la falacia independentista. Toda vez que la derecha, desde su tecnocracia, economicismo y estrechez de miras, poco o nada ha aportado para esclarecer el debate.

Mucho se oye hablar así del pueblo catalán, vasco o andaluz, y a penas se dice nada respecto del pueblo español. Entendido éste como el conjunto del que formarían parte integral vascos, catalanes o andaluces. España como unidad política materializada en la unidad de voto para aquello que nos afecta a todos, es así sistemáticamente relativizada por el “derecho a decidir”. Y el fundamento identitario del que surgiría dicha unidad política, es puesto en duda una y otra vez por los correspondientes “hecho diferenciales”, hasta el punto de que parecería que España, es solo un constructo jurídico superpuesto a unas naciones libres y autónomas entre las que debería haber, poco más que una relación de buena vecindad…

Sin embargo las cosas no son así. La realidad de España y sus regiones y nacionalidades es otra. Y la constitución política de España no es sino la plasmación  de una hermandad de fondo entre gentes y pueblos que tienen mucho más en común que diferencias. Gentes y pueblos que durante siglos y con luces y sombras, alianzas y enfrentamientos, han configurado una de las identidades más antiguas de Europa. Recordar y entender así dicha identidad, se convierte en algo fundamental para poder afrontar el desafío separatista y reencontrarnos y reconciliarnos con nuestra identidad común española.

Para dicho fin, la figura de Cervantes se mostrará especialmente esclarecedora. Por su obra, por su vida, por el momento que le toco vivir, en Cervantes se darán todos los elementos para a través de su pensamiento, encontrar cátedra incontestable que nos ayude a conocer y entender el ser e identidad de España. Y efectivamente es así, pues es una de sus tragedias más representativas, Cervantes quiso dejar plasmada su idea de España. Idea para su época y para aquel tiempo, pero idea que aún pasados los siglos, hoy día sigue resultando tremendamente aleccionadora…

España y la profecía del Duero.

Rondaba ya los cuarenta años cuando Cervantes escribió “El cerco de Numancia” (Año 1585). Tragedia renacentista sobre el fin de la Numancia celtibérica frente a Roma, y tras un penoso asedio en el que lo numantinos prefirieron quitarse la vida a ser derrotados por el hambre o entregarse a la esclavitud. El episodio de la heroica ciudad celtibérica y su suicidio colectivo frente al general romano Escipión, habría servido así a Cervantes de inspiración para una de las obras de teatro más interesantes del Siglo de Oro. Pudiendo extraerse de la misma varios contenidos morales con la excusa de la sufrida guerra numantina: el amor a la libertad, la dignidad del vencido, la muerte honrosa, la victoria sin honra, etc… Sin embargo, entre estos temas se dará también una honda reflexión sobre el ser, la historia e incluso el destino de España. Reflexión que viniendo de Cervantes, no debe pasarnos desapercibida ni ser relativizada.

Dividida en cuatro jornadas, la obra en la primera de ellas, nos plantea ya lo esencial del argumento. El general romano Escipión por encargo del senado asume la “difícil y pesada carga” de rendir la ciudad celtibérica de Numancia. Subido a una peña Escipión arenga a los desmoralizados soldados romanos diciendo como sigue: “Avergonzaos, varones esforzados, porque a nuestro pesar, con arrogancia tan pocos españoles y encerrados defienden este nido de Numancia. Diez y seis años son, y más, pasados, que mantienen la guerra, y la jactancia de haber vencido con feroces manos millares de romanos”.

Los soldados turbados por las palabras de Escipión juran ponerse de su lado en la lucha contra Numancia, siendo entonces que se anuncia la inesperada llegada de unos embajadores numantinos que quieren parlamentar con el general. Escipión y los numantinos se reúnen y estos últimos le ofrecen amistad y paz tras tantos años de “porfía”, pero Escipión la rechaza: “A desvergüenza de tan largos años es poca recompensa pedir paces”. No hay armisticio posible con Roma y los numantinos marchan sabiendo que se reanuda de nuevo la guerra: “Al hecho, que guerras ama el numantino pecho”.

Escipión queda solo en su tienda junto a su hermano Fabio siendo entonces que se desvela su plan: “Pienso de un hondo foso rodearlos, y por hambre insufrible derrotarlos. No quiero yo que sangre de romanos coloré más el suelo de esta tierra (…) en tan larga, reñida y cruda guerra”. A lo que su hermano Fabio contestará: “Mejor será encerrarlos como dices, y quitarle a su brío las raíces. Bien puede la ciudad toda cercarse si no es en la parte do el río la baña”.

El argumento esencial de la trama es así puesto ya sobre la mesa y siendo conocido por todos cual iba a ser el desenlace final del enfrentamiento, la tensión dramática de la obra ira paso a paso en aumento hasta la catarsis final. Sin embargo antes de continuar con la trama, la obra al terminar la primera jornada hace un curioso receso. Un receso en el que Cervantes parecerá querer mostrarnos su idea de España:

Aparece en escena la propia “España”, como personaje de la obra, como personaje alegórico que representaría a la mismísima España. Su voz clama al Cielo:

“¡Alto, sereno y espacioso Cielo que con tus influencias enriqueces la parte que es mayor de este mi suelo (…) muévate a compasión mi amargo duelo, y pues al afligido favoreces, favoréceme a mí en ansia tamaña, que soy la sola y desdichada España”.

Lamentándose de su destino España plantea el “pecado original” de donde parecerían provenir gran parte de sus aflicciones:

“¿Será posible que de continuo sea esclava de naciones extrajeras y que en un pequeño tiempo yo no vea de libertad tendidas mis banderas? (…) mis famosos hijos y valientes andan entre sí mismos diferentes. Jamás en su provecho concertaron los divididos ánimos furiosos, antes más los apartaron cuando se vieron más menesterosos”.

Sus hijos viven divididos de espaldas entre sí, más aun cuando más necesitarían estar unidos.

Al tiempo frente a la amenaza romana, señala a Numancia como adalid de la libertad:

“Numancia es la que ahora sola ha sido quien la luciente espada sacó fuera, y a costa de su sangre ha mantenido la amada libertad suya y primera”.

Es entonces que lamentándose del cerco que sufrirán los numantinos invoca al río Duero que a la sazón, corre a los pies de la ciudad celtibérica:

“Y pues sola la parte por do corre y toca la ciudad el ancho Duero, es aquella que ayuda y que socorre en algo al numantino prisionero, antes que alguna máquina o gran torre en sus aguas se funde, rogar quiero al caudaloso y conocido río, que en lo que pueda, ayude al pueblo mío”.

Y el río Duero aparece en escena. Al igual que España también como personaje alegórico. Dice como sigue:

Madre querida España, rato había que hirieron mis oídos tus querellas; y si en salir acá me detenía fue por no poder dar remedio a ellas. El fatal, miserable, y triste día según el disponer de las estrellas, llega a Numancia, y cierto temo que no hay remedio a su dolor”.

Para Numancia la suerte está echada… y el río Duero lo sabe. Así lo “disponen las estrellas”. Sin embargo ese amargo final pudiera ser que fuera semilla y anuncio de algo grande:

“Mas ya que el revolver del duro hado tenga el último fin establecido de ese tu pueblo numantino amado, pues a términos tales ha venido, un consuelo le queda en este estado: que no podrán las sombras del olvido oscurecer el sol de sus hazañas”.

El olvido no caerá así sobre la heroica ciudad celtibérica y puesto que la luz de sus hazañas no declina, dicha luz parecerá ser promesa de un tiempo mejor: Comienza entonces “la profecía del Duero”, momento especialmente interesante de la obra de Cervantes…

“tiempo vendrá (…) que estos romanos serán oprimidos por los que ahora tienen abatidos. De remotas naciones venir veo gentes que habitarán tu dulce seno después que, como quiere tu deseo, habrán a los romanos puesto freno. Godos serán, que con vistoso arreo, dejando de su fama el mundo lleno, vendrán a recogerse en tus entrañas, dando de nuevo vida a sus hazañas”.

Anuncia la caída de Roma a manos de los Godos y la llegada de éstos a España.

“Y portillos abriendo en Vaticano, tus bravos hijos, y otros extranjeros, harán que para huir vuelva la planta el gran piloto de la nave santa. Y también vendrá tiempo en que se mire estar blandiendo el español cuchillo sobre el cuello del romano, y que respire solo por la bondad de su caudillo”.

Anuncia el saco de Roma por parte de las tropas del emperador Carlos V en 1527, haciendo huir al propio Papa, así como señala las victorias españolas en Italia durante el siglo XV y XVI. Victorias que plantea como resarcimiento de los españoles frente a los romanos, y que son a su vez puestas en relación con las victorias godas frente a Roma.

“Y cuando fuere ya más conocido el propio Hacedor de tierra y cielo, aquel que ha de quedar instituido virrey de Dios en todo el suelo, a tus reyes dará tal apellido, cual viere que más cuadra con su celo: católicos serán llamados todos, sucesión digna de los fuertes Godos”.

Señala la llegada del cristianismo y como éste, dará a los reyes de España nombre llamándolos católicos. Estableciéndose la continuidad entre éstos y los antiguos Godos. Una línea de continuidad entre los “fuertes” Godos y los reyes de España que se sobreentiende, habría adquirido especial plenitud con los Reyes Católicos propiamente dichos.

“Pero el que más levantará la mano en honra tuya (…) haciendo que el valor del nombre Hispano tenga entre todos el mejor asiento, un rey será, de cuyo intento sano grandes cosas me muestra el pensamiento, será llamado, siendo suyo el Mundo, el segundo Felipe sin segundo”.

Anuncia la llegada futura de un rey sin par que honrará especialmente a España y del que podrá decirse qué es “suyo el Mundo”: Felipe II.

“Debajo de este Imperio tan dichoso serán a una corona reducidos, por el bien universal y a tu reposo, tus reinos hasta entonces divididos: el girón lusitano tan famoso, que en un tiempo se cortó de los vestidos de la ilustre Castilla, ha de zurcirse de nuevo, y a su estado antiguo unirse”.

España en el futuro podrá fin a sus divisiones internas e incluso Portugal (“el girón lusitano”) volverá a España. “Por el bien universal” y por la paz, todo ello en la égida de un Imperio “dichoso”.

“¡Qué envidia, qué temor, España amada, te tendrán mil naciones extranjeras, en quien tú teñirás tu aguda espada y tenderás triunfando tus banderas!”

La profecía del Duero concluye celebrando la gloria de la futura España, unida, temida, amada y victoriosa de sus enemigos.

“Sirva esto de alivio en la pesado ocasión por quien lloras tan de verás”.

Ese destino de gloria es así alivio y consuelo para esa España afligida que ha de afrontar ahora, las duras y trágicas jornadas del asedio de Numancia.

El río Duero se despide tras su profecía-“Adiós, porque me esperan ya mis ninfas…” –y España le dice adiós deseándole los favores del Cielo. Se cierra la primera jornada del “Cerco de Numancia” y a través de ese río Duero que habla con voz de profecía, parece habernos hablado el mismísimo Cervantes…

 *

¿Qué podemos decir nosotros de esta peculiar profecía? De esta semblanza de España que Cervantes ha recogido por boca del río Duero. ¿Qué idea de España refleja esta obra y es trasladada desde las tablas del teatro a los españoles del siglo XVI? ¿Qué puede decirnos a nosotros de nosotros mismos, a los españoles del siglo XXI, las palabras del río Duero de Cervantes?

Ciertamente creemos que sería un verdadero error en un país como España, tan desorientado en cuanto su identidad, al conocimiento y puesta en valor de su identidad e historia, dejar pasar las palabras de Cervantes…

Siendo así y a bote pronto, resaltarán las siguientes ideas:

-En primer lugar Cervantes traslada la idea de la existencia de España, que aparece incluso como personaje de la obra. Esto que puede parecer una obviedad no lo es tal en un país, donde a día de hoy puedes encontrar políticos, tertulianos y periodistas que no tienen reparo en ningunear la existencia histórica de España como nación de largo recorrido. Como nación de siglos de antigüedad presente ya, en la conciencia colectiva de los españoles del Siglo de Oro.

-En segundo lugar resulta a nuestro parecer interesantísimo que Cervantes, ubique en la España prerromana el origen mismo de lo español. Haga de Numancia y la España “ancestral” de los celtíberos, “patria originaria” de los españoles. Siendo hasta tal punto así que la conquista romana es presentada como afrenta que algún día, los españoles podrán resarcir.

-Tercero, se señala una suerte de “pecado original” de los españoles, de “mis hijos” dice literalmente España. Esa fuente de nuestros males y de nuestra debilidad no será otra, que la división entre nosotros. División que será aún más lacerante al enconarse justo, cuando deberíamos estar más unidos.

-Cuarto, la España Goda como fuente de identidad y episodio fundacional de nuestra historia. Episodio que genera una continuidad a través del tiempo que llega a los reyes católicos: literalmente “sucesión digna de los fuerte godos”.

-Quinto, la propia referencia a esa catolicidad como rasgo importante de la tradición e identidad española: “a tus reyes dará tal apellido, cual viere que más cuadra con su celo: católicos”.

-Sexto, el llamado Siglo de Oro y los tiempos del Imperio Español, como plenitud de España. Como apogeo de una nación unida y poderosa de la que forma parte también Portugal, y cuyas banderas triunfan ahora donde antes se veían privadas de libertad, y cuya espada se tiñe con la sangre de sus enemigos, habiendo sido Numancia la primera “quien la luciente espada sacó fuera”.

-Séptimo, la nula referencia a una herencia árabe o judía e incluso a la Reconquista. Como si algo tan conocido de todos en aquel momento, tanto para público como autor, pudiera obviarse a la hora de entender qué es España, cual es su identidad y cuál es su destino.

Estas siete ideas fundamentales que sobre España plantea Cervantes a través de la profecía del Duero, son a nuestro humilde entender altamente significativas y valiosas, pues vienen de quien vienen y son recogidas en un momento tan especial e importante para nuestra historia, como el siglo XVI. Ideas en las que se refleja una honda conciencia identitaria, arraigada en los ancestros, en la idea destino colectivo, de continuidad histórica a lo largo de tiempo y de superación a la postre, de derrotas y adversidades.

Cervantes nos ofrece así a los españoles del siglo XXI una sana conciencia identitaria que por desgracia a día de hoy, apenas existirá entre nosotros y que sin embargo, era objeto de una obra teatral de éxito en el siglo XVI. Ciertamente da qué pensar… Y es una pena que ideas que pudieron estar tan presentes en alguien como Cervantes, los españoles de nuestro tiempo o no sepamos de ellas o peor aún, nos avergoncemos de ellas y repudiemos en un gesto de estúpida endofobia. Endofobia de la que estamos convencidos, nada bueno se puede sacar…

Así para Cervantes y su profecía del Duero, el Imperio Español habría tenido su origen en las hazañas de los numantinos y en Felipe II, su punto culminante. Habría habido una “urheimat” y un cénit. Estableciéndose una continuidad y semejanza entre el pasado y el presente observándose, que si en la lucha contra Roma había desunión entre españoles, bajo Felipe II y habiendo unión completa, se habría conseguido la preeminencia de España sobre el resto de las naciones. Cuando los españoles llegan a la unidad de sus distintos pueblos, se hace posible realizar un gran destino, en este caso el Imperio.

Es así que en esta obra de Cervantes, esa “patria originaria” que sería Numancia, será mostrada como paradigma de unidad, como modelo de cohesión más allá de desavenencias internas. Unidad y cohesión que es recogida como lección del pasado para los españoles del siglo XVI que asisten a la representación de la obra. Al mismo tiempo se plantea la hazaña numantina, como el otro gran legado o lección de Numancia a los españoles, pues el heroísmo numantino se recogerá como anuncio de las futuras hazañas de España. Así al final de la obra literalmente se dice: “Indicio ha dado esta no vista hazaña del valor que en los siglos venideros, tendrán los hijos de la fuerte España, hijos de tales padres herederos”. Es decir la grandeza de España y su Imperio, guardaría una relación de continuidad con el coraje numantino y se hace posible gracias a la herencia de éste. En el pasado y más allá de la caída de Numancia, estaría el origen y legitimidad del presente.

En definitiva, la “Numancia” de Cervantes como un claro reflejo de una conciencia identitaria española de la que participa el autor y para la que los numantinos, serían la primera imagen de los antiguos españoles. Dándose una línea de continuidad histórica a través de la España Goda y la España de los Reyes Católicos que hace de los españoles de 1580, herederos de los numantinos y protagonistas de una unidad que ahora, engloba a España entera. Unidad que permite hacerla protagonista de un designio superior, que obviamente en tiempos de Cervantes, se leerá en clave imperial.

 *

Patria originaria, necesidad de unidad, continuidad histórica a lo largo de los siglos, hazañas aleccionadoras, proyecto colectivo… ¿De verdad todo esto está demás? ¿De verdad no tiene Cervantes nada que enseñarnos con su Numancia, a los españoles del siglo XXI? ¿De verdad podemos seguir en ausencia de conciencia identitaria española y sufriendo de endofobia? ¿De verdad tiene sentido negar a España? ¿De verdad tiene sentido romper su unidad?
Yo pienso que no. Estoy convencido de que no. Y no por nada, sino porque es Cervantes, quien me invita a pensar así…

Cervantes, Numancia y la idea de España.
La figura del caballero como símbolo de prestigio en el mundo celtibérico. Fíbula de caballito de la necrópolis celtibérica de Numancia. 150 a.C. (Reproducido de Romero Carnicero 2001: 141).

Pervivencias ancestrales de la España Mágica

en España por
Lámina II: Diablos de Luzón. Vestidos y tiznados de negro, con grandes cornamentas, cencerros y dentadura “feroz” hecha con patata cocida. (Alfonso Romo. Gabinete de prensa. Diputación de Guadalajara).

De las Xanas y Cúlebres, a las botargas, romerías y Vírgenes de la Encina.

Del universo feérico de las Hadas, los Gigantes, los espíritus del Bosque o el Hombre Lobo; a las mascaradas de invierno en la España más rural y ancestral, entre cencerros, rostros tiznados de negro, grandes cornamentas o feroces morriones; pasando por peculiares romerías en apartadas ermitas donde antiguas vírgenes aparecidas en árboles centenarios, nos recuerdan una lejana sensibilidad pagana…

 

Todo ello como un patrimonio etnoarqueológico desde el que aproximar una mirada a la España más ancestral y atávica, como una pervivencia residual del antiguo sustrato céltico e ibérico de nuestros más lejanos antepasados.

 *

Un anexo de nuestra tesis doctoral trató el tema del “Celtismo Contemporáneo” como un fenómeno a tener en cuenta en nuestro época, tanto por sus implicaciones espirituales como identitarias. A partir de dicho anexo hemos podido escribir un libro llamado precisamente “El fenómeno del Celtismo” del cual extraemos este fragmento para colgarlo en nuestro blog.

 

De todos los seres “fantásticos” que “rondan los caminos, peñas y ríos” de España y pueblan la imaginación del campesino premoderno, los más comunes no serían tanto los grandes dioses del panteón pagano (de cuyo testimonio en fuentes clásicas podremos tener cierta familiaridad) como los seres “numinosos” de menor entidad, cuyas referencias se encuentran mayormente en el ámbito popular de la pura leyenda, el cuento y la tradición oral[1]. Es lo que se ha venido a llamar el “universo feérico”, poblado por figuras femeninas como las ninfas, xanas y sirenas, por “genios” como el Nubeiro, o por gigantes terribles como el Ojancano. Y es que quizás precisamente, los grandes dioses del panteón pagano habrían sido los primeros en ser absorbidos por el cristianismo toda vez éste, se convierte en la religión oficial del Imperio Romano y el signo distintivo de la civilización medieval. Siendo entonces en el ámbito de los “elementales”, del sentir la naturaleza como ente animado dotado de alma en cada uno de sus elementos fundamentales: la tierra, el bosque, las aguas, las cumbres, las cuevas… que pudiera haberse conservado la antigua memoria de la Europa precristiana.

Es así como un mitema tan conocido como el de la sirena, podemos encontrarlo desde la Odisea a las leyendas medievales irlandeses, en un arco geográfico y temporal distante pero de muy posible fondo común en la antigua raíz indoeuropea. Y es que el estudio del universo feérico invita a una lectura comparada de mitos y leyendas en el que se destilan tanto raíces comunes, como un mismo sentir por decirlo así “Mágico”, de las fuerzas y misterios de la Naturaleza.

Tenemos de este modo en la cultura popular del noroeste Peninsular y vinculadas a las aguas a esas Xanas y Mouras que hemos señalado anteriormente cuyas características, no difieren de las ninfas del mundo clásico y que de carácter “semidivino”, maravillosas y terribles a un mismo tiempo, custodias de tesoros, raptadoras de niños, propietarias de mágicos amuletos y anuncio y puerta al “mundo invisible del Sidhe”, apenas se diferenciarán tampoco de las Hadas de las leyendas irlandesas.

En la misma línea, el folclore popular del noroeste Peninsular hará especial hincapié en una suerte de “dragón rural” que será la Cúlebre. Terrible serpiente gigante y alada del norte de España, arrasadora de prados, devoradora de ganados, atemorizadora de pastores y aldeanos, que como un dragón de cuento también deben ser derrotada por “un héroe”, también guarda tesoros o aprisiona doncellas y también se guarece en pozas y cuevas húmedas y oscuras. Convirtiéndose en el rival a batir, en la prueba a superar, en el peligro y maldición a desterrar para devolver la paz a la comunidad.

Y es ciertamente la serpiente un animal de simbolismo polisémico más aún en la figura del dragón, entendido éste como serpiente alada. Pero en lo que nos atañe al folclore popular, la Cúlebre no dejará de estar vinculada a lo telúrico e ínfero. A lo subterráneo, oscuro y húmedo. Ya sea esto en el ámbito más externo de las cuevas, simas y pozas del mundo natural, como a los propios subterráneos del alma si queremos entender también estos mitos, en una clave más espiritual. Y es que Xanas y Cúlebres quizás no solo deban entenderse como referencia al anima del las aguas y las cuevas, sino también y respectivamente a las facetas acuosas y oscuras del alma.

Y también en este breve repaso al universo feérico del noroeste de España podremos encontrar al “gigante terrible” de cumbres y montañas o islas solitarias. Es el Ojancano. Personaje del folclore popular cántabro y asturiano, tuerto y de fuerza descomunal asociado a parajes naturales especialmente indómitos y salvajes, amigo a su vez de lobos, forajidos y proscritos. Gigante que arrojará piedras desde los riscos a los caminantes, hacedor de estrechos desfiladeros y cortantes barrancos y que parecerá concentrar los males de la brutalidad y la crueldad, al modo de los Trolls de la tradición escandinava. Siendo a su vez en la tradición popular de las montañas cántabro-astures quien siembra el rencor, la envidia y el odio en el corazón de los aldeanos.

En los bosques por otra parte habitaría el Busgosu. Suerte de fauno de la cornisa cantábrica y genio de los rincones más remotos del bosque. También de la violencia sexual y la lascivia ciega del “celo” animal. Junto a los Ojancanos de las montañas y peñas, las Xanas y Sirenas de las aguas y las Cúlebres de las cuevas y pozas, el Busgosu de los bosques bien parecerá otra personificación más de las fuerzas misteriosas de la naturaleza. De esa concepción del mundo natural como un mundo “animado” que posee cualidad de “alguien” y no meramente de “algo” y que a su vez, puede ser reflejo simbólico de las distintas facetas del alma humana.

Es así también importante dentro del universo feérico del noroeste de España, la figura del Nubeiro. Señor de las tormentas, la lluvia, el granizo y los fenómenos meteorológicos. Genio del cielo atmosférico que en ocasiones se hace acompañar de carneros, lobos o cuervos así como de vestimentas oscuras, lo que puede invitar a pensar no solo en un feérico de los fenómenos atmosféricos adversos sino también y quizás, en una antigua divinidad del trueno y la tormenta degradada a “mero folclore”.

Otra leyenda del universo feérico que podemos también traer a colación en este brevísimo repaso podría ser, el mitema del “caballo espectral”. Que aparece inopinadamente en los caminos y arroja al incauto que osa subirse a su grupa a las aguas de pozas o ríos donde éstos se ahogan. Aguas que en el mundo céltico son símbolo del tránsito al Más allá y que en ocasiones parecerán poder llevar a la víctima del “caballo espectral”, de ida y vuelta al Reino de los Muertos. También serán reseñables las leyendas sobre lobos, hombres lobo y “lobisomes”, en Galicia, Portugal y Extremadura, posible eco de antiguas tradiciones de las fratrias guerreras y que incluso podrán sorprendernos con interesantísimos paralelismos, como el que encontramos en una cerámica ibérica de Elche (Fig. 4). En ésta, un joven guerrero armado con un venablo y en un paraje de foresta, se enfrenta a un gigantesco lobo metiendo su mano en la boca y agarrándole por la lengua en lo que parecería, una suerte de prueba u ordalía de un héroe fundador. Siglos después y en Asturias encontramos leyendas de hombres enfrentados a lobos en el bosque a los que derrotan, aferrándolos por la lengua. Leyendas e imagen cerámica que parecerán tener a su vez paralelo con la leyenda escandinava de Tyr, que pierde su mano al haberla introducido en la boca del lobo Fenriz como garantía mientras lo ataban con una cuerda encantada (Almagro Gorbea 2013: 272-273). Analogías de un lado a otro de España y de un lado a otro de Europa alrededor de lo que parece un mismo mitema en torno a la figura del lobo.

Figura 4: El “joven guerrero” frente al gigantesco lobo agarra su lengua. Una más que posible antigua leyenda que a día no podemos conocer en detalle pero de cuyos paralelismos, podemos inferir un posible sentido iniciático (Imagen en www.contestania.com).
Figura 4: El “joven guerrero” frente al gigantesco lobo agarra su lengua. Una más que posible antigua leyenda que a día no podemos conocer en detalle pero de cuyos paralelismos, podemos inferir un posible sentido iniciático (Imagen en www.contestania.com).

 

Y leyendas también en torno a los pozos y los manantiales subterráneos, con las tradiciones del pozo Airón y el “genio” del pozo[2]. Asociado a desaparecidos, ahogados, sapos, sierpes y a una suerte de “numen” que viviría en el pozo. Y las leyendas sobre los “trasgus”, en Galicia, Asturias y Cantabria y el duende martinico en Castilla. Vinculados por lo general a los hogares, siempre burlones y en ocasiones malévolos y análogos en gran medida al Goblin del folclore británico y centroeuropeo. Y por supuesto las leyendas de mouros en Galicia, que no sería los “moros” invasores africanos medievales, sino seres y criaturas anteriores a la llegada del Hombre a Galicia. Seres que duermen de día, trabajan de noche, levantan dólmenes y castros, custodian tesoros y que funcionarán de una manera muy similar a todo el mundo feérico que se documenta en las islas Británicas alrededor del mitema del “pueblo escondido”.

En general y esta es solo una levísima pincelada que tampoco tiene sentido aquí alargar o detallar más, los diversos seres fantásticos del folclore popular parecerán remitirnos tanto al ámbito de una sentir el mundo natural como animado o “dotado de alma”, como quizás a una más profunda lectura en la analogía del alma humana respecto de dicha “alma natural o universal”. Debiendo reseñarse en todo caso el paralelismo que podrá establecerse entre dicho mundo feérico Peninsular, y el que se encuentra y documenta en el ámbito de las Islas Británicas, e incluso en el ámbito escandinavo o de la antigua Grecia. Todo ello indicándonos un mismo sentir o misma mirada aún distanciada por el tiempo y la geografía, pero unida en la misma raíz ancestral indoeuropea.

Y en la misma línea podrá plantearse la cuestión de las leyendas sobre “procesiones de ánimas” o “comitivas espectrales”, concretadas en el folclore español en las leyendas sobre la Santa Compaña y la Güesa. Procesiones de difuntos y “almas en pena” aciagas para quien se cruce con ellas y que de nuevo, tendrán interesantísimos paralelos a lo largo del mundo celto-germánico de Irlanda a Escandinavia. Como el caso de la Fairy Host irlandesa o la Sluagh escocesa. También quizás en el ámbito análogo de las leyendas vascas del “cazador negro” y las almas de suerte funesta que le siguen, posible eco lejano de la “caza salvaje” que acompaña “al viejo dios pagano de la magia y la muerte”, convertida ahora en maldición desde la perspectiva cristiana.

Junto a estos personajes del universo feérico y las diversas leyendas sobre muertos y ánimas, todo ello aquí muy sucintamente señalado y a modo de mero indicativo, la indagación etnoarqueológica deberá necesariamente detenerse también en las fiestas populares. Y a la hora de aproximarnos a éstas, habrá que tener presente en todo momento el antiguo calendario céltico: Seis meses de Luz, seis meses de Oscuridad. Con puntos centrales de ambos periodos en los solsticios de Invierno y de Verano, ahora en Navidad y noche de san Juan, y fiestas principales en primavera y otoño del Beltaine en Mayo y el Samhain en Noviembre. Calendario en el que se organizarán las tareas del campo de una manera natural, de acuerdo a las propias estaciones, y para las cuales se darán unos determinados significados de orden espiritual y cósmico. Una visión cíclica del tiempo y el universo para la cual se incidirá, en la conciencia de un constante dinamismo de frio y calor, día y noche, sol y luna, todo organizado en torno a un eje central fijo e inmóvil, sostén “del sistema” que como en una inmensa rueda cósmica, es “centro” Inmutable y Eterno en torno al cual gira el círculo continuo del devenir, lo contingente y perecedero. Aquí la “rueda solar” o Swastika, tan abundante en el registro arqueológico como en la tradición popular, parecerá ser la correspondiente representación simbólica.

Sobre dicho calendario pagano se habría dado aparentemente, la superposición del mundo y las creencias cristianas, sus ciclos de Navidad, Carnaval, Cuaresma, Semana Santa, Virgen de Agosto, Santos y romerías… La Noche de San Juan-solsticio de Verano-será en este sentido especialmente interesante. Pues se recibe al “gran Sol” con bailes y música, y se “cruza la noche” más corta con fogatas y saltos rituales. También será interesante el día de Todos los Santos y la Noche de Difuntos. El Shamain céltico y el comienzo del Invierno, la noche de los antepasados, el homenaje a los ancestros y la reconexión con ellos. Y entonces la fiesta de las calaveras de ánimas. Tan conocidas como adulteradas desde la vulgarización del Halloween norteamericano, y también rastreables a lo largo y ancho de la geografía española. En éstas quizás el simbolismo céltico de la cabeza como sede del alma, quizás también el propio rito de las “cabezas cortadas”, tan caro al mundo céltico. Y del mismo modo la asociación de las calaveras de difuntos a los “mozos” de los pueblos, la noche, la ingestión de bebidas alcohólicas y también a cierta irreverencia u osadía. Lo que podría estar señalándonos el antiguo “banquete guerrero” del Samhain y sus ritos de confraternización e iniciación.

Al hilo de esta última referencia señalar también las llamadas “fiestas de mozos”, todavía relativamente abundantes en diversas áreas de España y muchas de ellas asociadas a mascaradas: las conocidas Botargas de la Alcarria, o los antes mencionados “Carochos” de Campo de Aliste en Zamora, o el interesantísimo caso de los Zamarrones de Saelices. Mozos vestidos de negro que corren y saltan hasta la ermita del pueblo, y que junto a las “Caballadas de Atienza”, con jinetes nocturnos y vestidos también de negro, parecerían formas residuales de antiguos ritos de iniciación guerrera. El carácter misógino de la “Caballada de Atienza” parecería abundar en esta idea, así como el hecho de que los Zamarrones funcionarían como “una sociedad dentro de la sociedad”, un grupo aparte pero dentro de la comunidad. Una suerte de mannerbünde o “sociedad de hombres” que representa a la comunidad, la defiende, pero se sitúa más allá de ella.

Fiestas similares se podrán encontrar en infinidad de pueblos y áreas rurales de toda España y de toda Europa, y pueden ser a nuestro parecer un filón muy importante en el estudio etnoarqueológico de nuestro folclore (Lám. II)

Lámina II: Diablos de Luzón. Vestidos y tiznados de negro, con grandes cornamentas, cencerros y dentadura “feroz” hecha con patata cocida. (Alfonso Romo. Gabinete de prensa. Diputación de Guadalajara).
Lámina II: Diablos de Luzón. Vestidos y tiznados de negro, con grandes cornamentas, cencerros y dentadura “feroz” hecha con patata cocida. (Alfonso Romo. Gabinete de prensa. Diputación de Guadalajara). 

Hemos mencionado en relación a los Zamarrones de Saelices, la presencia de una ermita en el rito. De nuevo en un ámbito cristiano, en este caso la ermita, la posible pista de un folclore de orígenes paganos. Es decir, interesantísimo para el ámbito de la etnoarqueología el estudio de las Vírgenes y las ermitas rurales, de las fiestas y ordenaciones del territorio establecidas a partir de las mismas. De ritos “circumbalatorios”, de división de términos municipales en cuatro partes con la ermita en el centro, o de apariciones de Vírgenes sobre árboles, principalmente encinas y robles. Y asociado a dichos árboles la bellota, el fruto del Quercus y entonces la bellota, como símbolo de fuerza y fecundidad. Como elemento esencial de la dieta en la Hispania céltica y como símbolo de poder todavía presente, en el bastón de mando de las alcaldías de algunas localidades especialmente rurales de España.

En definitiva, un amplio universo de seres fantásticos, fiestas populares, vírgenes y santos trenzados de paganismo, árboles sagrados y ermitas rurales, mascaradas y fiestas de mozos, y antiguas leyendas que recuerdan a viejos mitos, que nos ponen frente a la posibilidad de acercarnos, aunque sea lejanamente, a unas mentalidades no ya premodernas, sino quizás abiertamente precristianas.

La idea será así que el folclore rural Español, conservado en las zonas más apartadas de nuestra geografía, si bien ya quizás muy degradado y exangüe, nos estaría mostrando la materialización en el ámbito de la cultura popular, de ese pasado de creencias “numinosas” en un “alma misteriosa” del mundo. Alma oculta en cumbres, bosques, océanos, arroyos apartados o animales salvajes, y que mediante ritos y fiestas queda armoniza con el mundo de los Hombres. Formándose entonces un todo orgánico en el que “los dioses y los Hombres”, conviven manteniendo un equilibrio que no es, sino el orden mismo del Universo. Obviamente una idea como esta nos avanza lo que podríamos llamar “sensibilidad pagana”, quizás todavía residual en estos fenómenos culturales objeto del estudio etnoarqueológico. En parte por esto último dicho estudio no deberá ser dejado de lado, y lo que nos pueda enseñar el folclore, ser respetuosamente salvaguardado.

[1] La bibliografía aquí es amplísima y son abundantísimas las webs que de modo divulgativo tratan esta cuestión, no siempre con el debido rigor que cabría esperar. Nosotros en este trabajo, que pretende ser mayormente una reflexión sobre la cuestión del Celtismo, dejaremos aquí señalados algunos textos que sí que consideramos interesantes tanto en el ámbito más académico, como en el más divulgativo. Pero en ningún caso esta reseña pretenderá ser exhaustiva y una vez señalados a pie de página, no los recogeremos después en el grueso de nuestra argumentación más que puntualmente.
Destacamos así en el ámbito más académico a Reyes Moya 2012, Almagro-Gorbea 2013, Lorrio 2007, Alberro M. 2004 o González Echegaray 1980. En el ámbito más divulgativo lo más relevante consideramos que sería Callejo Cabo 1998, 1999 y 2000. Y Callejo Cabo y Canales Torres 1995 y 1997. Después también puede ser interesante Martín Sánchez 2002, y después una gran cantidad de obras divulgativas con mayor o menor trabajo de campo como puedan ser: Sordo Sotres 1995, Vaqueiro 2004 o Arrieta 1999… Cabe quizás mencionar una obra casi seminal en esta cuestión como García Lomas 1964.
 Acercándonos a ellos desapasionadamente y con cierta precaución, pero dotados de un enorme interés, hay que señalar aquí necesariamente dos libros más: El crespúsculo celta de William, B. Yeats (1985) y La comunidad secreta de Robert Kirk (2009). Auténticos clásicos en cuanto a lo feérico se refiere.
[2] Para el tema del Pozo Airón ver Lorrio 2007.

El papel del Folclore y la Etnoarqueología en el estudio de las raíces de España y Europa.

en España/Espiritualidad por
El folclore y la etnoarqueología en España y Europa

La Cultura Celta, más allá de su realidad histórica, ha llegado a ser un referente de determinadas formas de cultura popular de nuestro tiempo. Es lo que nosotros llamamos “El fenómeno del Celtismo”. A dicho “Celtismo” del siglo XXI hemos dedicado un anexo de nuestra tesis doctoral. A partir de dicho anexo hemos podido escribir un libro llamado precisamente “El fenómeno del Celtismo” del cual extraemos este fragmento para colgarlo en nuestro blog.

En el mismo planteamos que el estudio del folclore no puede ser ya dejado a un lado si queremos conocer las sociedades célticas y las raíces mismas del sustrato cultural europeo. Desde ámbitos académicos y hasta la simple divulgación pasando por los eruditos locales y los folcloristas, cada vez parece más claro que hay algo en el mundo tradicional más ancestral que nos acerca a las creencias de la Edad del Hierro. Ese algo debe ser reconocido, estudiado y puesto en valor. Incorporado como elemento de juicio y comprensión de qué cosa fue la céltica europea y a partir de ahí, como sana orientación para el Celtismo de nuestro tiempo.

El estudio del folclore y la etnoarqueología a día de hoy y desde ámbitos académicos, se está planteando como una posible fuente para el conocimiento de la Protohistoria, especialmente a la hora de afrontar cuestiones relacionadas con las concepciones sociales y la espiritualidad (Reyes Moya, P. 2012).

Frente a las visiones estrechas para las cuales el pasado solo podía estudiarse desde un determinado número de fuentes coetáneas, renovadas líneas de estudio e indagación plantean la potencialidad de un trabajo multidisciplinar en el que arqueología, folclore, fuentes clásicas y literatura tradicional pueden darse la mano. Acercándosenos entonces una “ventana” desde la que asomarnos a las mentalidades de la Protohistoria Europea. Especialmente en el ámbito de las creencias, los principios y valores. En el ámbito de la “religión”, entendida ésta como parte orgánica y esencial de las sociedades antiguas. Parte de la que no siempre los testimonios arqueológicos podrán darnos debida cuenta (Reyes Moya, P. 2012: 1-5).

El desprecio del Hombre Moderno por la tradición así como el estilo de vida mecanizado de nuestro tiempo, deja atrás y sepulta en el olvido siglos de conocimiento y construcciones cosmológicas ancestrales en las que un riquísimo patrimonio inmaterial, daba testimonios sociales, jurídicos y religiosos de un mundo que en muchos casos y con seguridad, se remontaba a la Edad del Hierro. Emerge así la idea de una continuidad de fondo desde la Prehistoria reciente, hasta la Historia posterior. Con una visión menos rupturista entre las distintas fases históricas. Como si por decirlo así: “los sistemas culturales invasores hubieran dejado mayor margen de maniobra y continuidad a las sociedades invadidas”. De este modo, será posible plantear la necesidad apremiante de coordinar con inteligencia las fuentes que trabaja esta renovada vía de estudio, especialmente en el ámbito de los testimonios orales y antes de que desaparezcan los últimos “hombre y mujeres-memoria”. Esos que aún hoy, pueden transmitir unas costumbres y tradiciones de origen ancestral, desde el mismo contexto en el que las aprendieron (Reyes Moya, P. 2012: 507-511).

Y no nos encontramos aquí frente a una cuestión menor… pues de todos los “sistemas culturales invasores”, el más laminador de toda tradición y creencia habrá sido la Modernidad. Y ésta, sí que habrá supuesto en numerosísimas ocasiones el final de sistemas culturales tradicionales cuyo conocimiento y análisis a día de hoy, pueden reconocerse como línea de investigación prioritaria para el estudio de la Hispania céltica.

Atendiendo a cómo el mundo hispano céltico nos remite a instituciones y cosmovisiones ancestrales de origen indoeuropeo, rastreables en distintos rasgos comunes de un extremo a otro de Europa, el estudio de la Hispania céltica desde el folclore y la etnoarqueología, se nos revelará capaz de ilustrar no ya la Protohistoria Peninsular, sino las raíces mismas de Europa (Reyes Moya, P. 2012: 508 y 511).

*

Se plantea así que la tradición folclórica de las zonas más rurales de España, especialmente en lugares del noroeste Peninsular no obstante no solo de esta área, puede ser estudiada en ocasiones como una ventana desde la que asomarnos, aunque sea en la lejanía, a principios, creencias e instituciones del mundo hispano céltico. En la misma línea, un trabajo similar podrá hacerse en el ámbito de las leyendas populares y la literatura tradicional premoderna (Almagro-Gorbea 2013), la cual también podrá suponer un reencuentro con las raíces protohistóricas y célticas de España. Y del mismo modo, cabrá plantear la adaptación por parte del Cristianismo, de algunos mitemas especialmente significativos del mundo hispano céltico. Tal será el caso del jinete heroico y guerrero y la figura de Santiago Matamoros, “guerrero celestial” e “Hijo del Trueno”, arquetipo heroico montado en su caballo blanco e imagen que conectará perfectamente, con el mundo de símbolos y principios de la tradición guerrera y ecuestre de la Hispania céltica (Almagro-Gorbea 2005).

La idea es entonces, que en determinados elementos de la cultura popular más antigua, y especialmente en la preservada en las zonas más rurales de España, pudiéramos estar recibiendo trazas diversas de los que fue el mundo cultural de la Hispania pagana y céltica. Este mundo habría pervivido disimulado y oculto en fiestas, leyendas, romerías, personajes míticos del mundo feérico, romances y tradiciones y en general, en todo un universo folclórico que de ser debidamente mantenido, recuperado y estudiado, puede darnos interesantísimo frutos en el conocimiento y reencuentro con las raíces célticas de la identidad Española.

Siendo importante entrar a valorar aquí la cuestión del folclore y desde el punto de vista que venimos señalando, como una cuestión de “pervivencias”. Cuestión que estará en el centro de todo estudio etnoarqueológico. Esto es: ¿Hay en el folclore pervivencias auténticas de las tradiciones y costumbres del pasado? Más aún ¿hay en el folclore pervivencias de la Edad del Hierro, del mundo Hispano celta; de lusitanos, celtíberos, astures y cántabros? ¿Es lícito usar el término “pervivencias” para aquello que podamos encontrar de interés en el folclore popular, o nuestras “pervivencias” no dejan de ser estructuras universales de pensamiento? (Arizaga Castro y Ayán Vila 2007: 463-464).

Estas preguntas serán clave para el debate etnoarqueológico y de ellas derivarán las premisas de la que debemos partir a la hora de estudiar el folclore popular, si queremos discernir aquello que realmente nos remite al pasado más remoto.

Tratando de abundar en claridad y concreción diremos, que el trabajo etnoarqueológico tiene que ser capaz de entender que folclore puede ser en un momento dado casi cualquier cosa: una canción popular, un traje regional o una romería… y que todo folclore es a su vez antropología. Ahora ¿es también arqueología? Bien, pues cuando dicha romería se celebra en el “Castro de san Torcuato (el santo del torques) y la comitiva procesional sube al santuario intemporal del “Pico Sacro”, parece ser que ciertamente sería lo más razonable pensar que sí (Arizaga Castro y Ayán Vila 2007: 447).

De igual manera el tema de las mouras encantadas gallegas, las xanas asturianas, las anjanas cántabras, las mairiak de Vascongadas y por otra parte las nereidas, ninfas o lamias del mundo grecolatino. Remitiendo todas ellas a un mitema análogo desde el Mediterráneo hasta los relatos medievales irlandeses pasando por el noroeste Peninsular, repitiéndose los motivos y comportamientos en un análogo universo feérico (Arizaga Castro y Ayán Vila 2007: 466-467 y 469) ¿No debería invitarnos a pensar en una “lejana supervivencia”? ¿No es acaso la etnicidad céltica una manifestación más del complejo y polimorfo mundo indoeuropeo? ¿No sería razonable entonces encontrar ahí la clave de tan interesante equivalencias a lo largo y ancho de Europa?

El oeste de Irlanda, la isla de Man y el interior de Gales, el noroeste Peninsular o lo altiplanos sorianos se configuran, entre otras muchas áreas de Europa, como paradigma de zonas periféricas de gran riqueza etnográfica y paisaje tradicional en cierta medida “fosilizado”. Su folclore, tradiciones y leyendas podrán sugestionarnos así la idea de “ecos lejanos de otro tiempo” y ciertamente el estudio serio de la cuestión y como venimos planteando, señala en esa dirección. Siendo entonces que con mayor razón, conviene manejarse con cuidado y rigor…

Es decir, el estudio etnoarqueológico estará llamado en gran medida a saber perfilar qué tipo de información es la que estamos recibiendo a través del folclore y cómo debemos valorarla: Desde la posibilidad de una de pervivencia del pasado lejano, hasta la manifestación de un patrón antropológico universal, pasando por la interpretación “arqueológica” que de un resto antiguo, estaría haciendo el saber popular (“los tesoros escondidos” de la “leyendas castreñas” gallegas serán aquí especialmente representativos (Arizaga Castro y Ayán Vila 2007: 452-57).

Es a partir de todo este orden de cosas que parece claro cómo debe platearse el estudio etnoarqueológico: Primeramente recopilando datos, haciendo el trabajo de campo y documentando tradiciones y folclores antiquísimos antes de que estos desaparezcan definitivamente con las nuevas generaciones. Más difícil el siguiente paso, en el que habrá que trazar sobre estos datos, las vías de una correcta interpretación. Los caminos para poder fondear en dichos datos, y encontrar las posibles pervivencias del mundo pagano precristiano. Aquí quedaría todavía un largo trecho por andar y en todo caso y a nuestro entender, será un ámbito llamado a darnos interesantísima información si sabemos interpretar correctamente, lo que nos llega desde “la tradición”. Hablamos de fiestas populares como la de los Zamarrones de Saelices, cerca de Segobriga, de ejemplos de arquitectura popular como el chozo asturiano, de objetos simbólicos como las calaveras de ánimas la noche de difuntos, de “lugares encantados” como el pozo Airón o de mascaradas y botargas de año nuevo como los “Carochos” de Riofrío de Aliste en Zamora…

En definitiva, un marco de estudio y trabajo que está aún por desarrollarse y que además en España, parece poder ser especialmente fértil debido a la gran cantidad de zonas rurales que han conservado sus más ancestrales tradiciones. De éstas, entendemos que con las debidas precauciones y matizaciones podríamos extraer elementos ideológicos y culturales provenientes del fondo atávico de los pueblos de España y Europa. Debiendo reconocerse para dichas tradiciones un valor de patrimonio cultural que debe ser cuidado, estudiado y conservado, sin por ello caer en interesadas y burdas recreaciones que con demasiada frecuencia, terminan por hacer un flaco favor a aquello mismo que quieren reivindicar.

Año 2015: España en el Laberinto

en España por
España en el Laberinto del minotauro.

En el 2015 se cumplen 40 años de la muerte de Franco, lo que es tanto como decir que hace 40 años que comenzó para España un nuevo periodo histórico que hoy día parece afrontar un cambio de etapa. Un cambio en el que la propia realidad de España se desdibuja y es puesta en solfa, y en el que antiguas problemáticas respecto de nuestra identidad y realidad nacional se enredan una vez más, generando confusión y zozobra.

Repensar España será así tarea fundamental de nuestro tiempo y aunque solo sea para a nivel personal resistir a la propaganda, la demagogia y la confusión, planteamos seguidamente algunas pautas y reflexiones que a modo de “Hilo de Ariadna”, permiten salir del Laberinto…

España sufre a día de hoy una Crisis de Nación, una Crisis de Identidad. Sin esta crisis el independentismo sería marginal e irrelevante para la vida política española.

Gran parte de esta crisis es debida al nacionalismo. A la ideología nacionalista. Ya sea por lo que fue en el pasado el nacionalismo por decirlo así “españolista” del franquismo, ya sea por el nacionalismo secesionista y antiespañol del separatismo catalán o vasco de nuestro tiempo. Este nacionalismo de un lado y otro enturbia y confunde la cuestión identitaria española.

Frente a este problema tanto la izquierda como la derecha españolas actuales parecen no saber dar una respuesta ni entender el problema. La izquierda, porque aparenta estar completamente fuera de juego respecto de la cuestión identitaria española, de la que parecen no tener si quiera conciencia. Y la derecha, tecnocrática y economicista, en la que a un aparente desinterés por la comprensión de la realidad desde las Humanidades, acompaña una obsesión por lo que llaman “marca España”, que poco o nada tiene que ver con la dimensión y cuestión identitaria de lo español y sus problemáticas.

Los orígenes de la problemática identitaria española pueden posiblemente rastrearse en las problemáticas de la España tradicional y premoderna a la hora de engarzarse en la propia Modernidad. Problemáticas que se traducirán en las dificultades para dar a luz un auténtico proyecto español de comunidad política y cultural en el Mundo Moderno.

En todo caso, y más allá de la reflexión y discusión sobre dichos orígenes, en lo que ahora nos atañe la cuestión fundamental es que el problema no lo tenemos tanto con el “hecho diferencial” catalán, vasco, gallego o andaluz… como con la ideología nacionalista propiamente dicha, y la ausencia a su vez de una verdadera conciencia identitaria española.

No tenemos así un problema con lo identitario catalán, vasco o gallego… tenemos un problema con el nacionalismo y el uso que éste hace de lo identitario. Uso que solo puede prosperar y resultar verosímil en sus tergiversaciones, en el contexto de una ignorancia e inconsciencia de la identidad común española. En el contexto de una suerte de “ignorancia de nosotros mismos”.

Paradójicamente, dará la impresión de que dicha carencia de una consciencia identitaria española, dicha combinación de “ignorancia, indiferencia y complejo” respecto de lo español, habrá nacido en gran medida como consecuencia del nacionalismo franquista y su uso abusivo e ideológico, unilateral y de parte de España y lo español.

Apropiación del nacionalismo franquista de la cuestión identitaria española, que una vez agotado el franquismo, parecería habernos dejado acomplejados y confusos respecto del valor y sentido de la propia españolidad. Toda vez que además dicho nacionalismo franquista, tiene en frente suyo los distintos nacionalismos secesionistas como “contra imagen y sombra” de su propio existir y accionar. Nacionalismos secesionistas que como en un movimiento pendular han hecho de los últimos 40 años una ocasión para su desarrollo, aprovechando dicho complejo y confusión.

El problema que afrontamos es así un problema no tanto político o económico como ideológico. Un problema con la ideología nacionalista, de un lado y del otro, y sus consecuencias y proyecto.

Insistimos en este sentido en que no hay un verdadero problema con el “hecho diferencial” catalán o vasco, sino con el plan que el nacionalismo separatista, desde el comienzo mismo de la democracia del 78, ha tenido, mantenido y cultivado con la excusa de dicho “hecho diferencial”. Plan que responde más a la ideología que a la realidad, para el que apenas cabe autocrítica ni cuestionamiento interno, y que a su vez no hubiera en ningún caso prosperado si no hubiéramos vivido en ausencia de una conciencia identitaria española. Ausencia larvada paradójicamente en otro nacionalismo, el nacionalismo franquista.

El problema es así el nacionalismo en sus diversas formas: centralista y separatista, pero nacionalismo en todo caso. Vicio y perversión de la virtud del patriotismo y adulteración y malversación de la sana conciencia identitaria.

En este orden de cosas creemos que no es exagerado decir que España se encuentra, desde hace quizás algo más de 100 años, en ausencia de un principio espiritual de cohesión nacional. Y es en ausencia de dicho principio, que ha prosperado entre nosotros el nacionalismo en sus formas más perniciosas. Si dicho principio hubiera estado asentado, el nacionalismo y sus problemáticas nunca hubieran llegado hasta el punto en que ahora se encuentran y estamos convencidos de que a día de hoy estarían en el ámbito de la marginalidad política.

Repensar España es así tarea fundamental de nuestro tiempo y en ella la conciencia identitaria española, común y a su vez diversa y heterogénea, debe saber imponerse a las adulteraciones de todo nacionalismo, cuyas argumentaciones difícilmente resisten la objetividad. Debiendo llevarse a cabo esta labor de mano de la reelaboración de esos principios espirituales de cohesión fraternal, sin los cuales la deriva nacionalista y el laberinto en el que nos ha metido no terminará de quedar atrás.

En este sentido y aunque solo sea para a nivel personal resistir a la propaganda, la demagogia, la confusión, y no dejarnos llevar por los disparates nacionalistas o desanimarnos frente al paramo identitario español, planteamos seguidamente algunas pautas y reflexiones.

*

En primer lugar, España, en su recorrido histórico político, étnico cultural y desarrollo antropológico, es una raíz común de la que surgen los distintos pueblos y regiones de España. España no es así una comunidad de vecinos de la que se entra y se sale sin más. No somos pueblos extraños entre sí conviviendo en un mismo lugar. Somos un conjunto de pueblos hermanos de cuya, por decirlo así, “consanguinidad” histórico cultural no podemos sustraernos sin romper la unidad familiar, sin afrentarnos entre hermanos, sin faltar a nuestra raíz común.

Tenemos de este modo las mismas raíces y somos las mismas gentes pero con diferentes “ramas”, “estilos” o personalidades colectivas. Pueblos hermanos que, cada cual a su manera, participa de una genérica “cultura española” o “ser español”, que todo visitante extranjero reconoce en cuanto pisa nuestra tierra. Hermanos así en una suerte de España pre política. Una España cultural y antropológica anterior a su cristalización en un proyecto político concreto. Una España de la que en este sentido se es no por sentimientos o filiación política, sino como el universo cultural, antropológico y étnico de hecho, a partir del cual hacemos nuestra vida y nuestra persona. Españolidad de hecho para la que nuestros sentimientos de españolidad o inclinaciones políticas ni aportan ni quitan nada al hecho de ser españoles. Pues en este ámbito, se es español no por filiación política o sentimental sino por identidad cultural y antropológica. Se tenga conciencia de ella o no.

Somos en este sentido una de las identidades colectivas de Europa, como puedan serlo los británicos o los escandinavos, y con mayor o menor acierto, y conforme a nuestras circunstancias y vicisitudes históricas, hemos conseguido “no dejar de ser españoles” y darnos un proyecto político común de siglos de antigüedad.

Dicho esto, España no solo será así una raíz común cultural, antropológica e histórica, sino que además, habrá sido con distintas formas y peculiaridades, un proyecto político común para dicha raíz y su diversidad de pueblos y regiones. España es también, y valga la redundancia, el proyecto político para las gentes de España.

Desde la Hispania Romana, que aglutina en un mismo ente administrativo a los distintos pueblos de la Hispania Antigua, al Reino godo de Toledo, primer “Regnum Spaniae” y, por ende, proyecto político común para toda España. Del ideal neogótico que en algún momento informó a todos los reinos de la España cristiana frente al Islam; León, Navarra, Aragón o Portugal… a esos primeros “españoles” que se mencionan en el Reino Franco para referirse indistintamente a los habitantes de Aragón, los condados catalanes y en general la Marca Hispánica. De la unión territorial de los Reyes Católicos y el rey Fernando afirmando que dicha unión “restaura” la unidad del reino godo de Toledo, a un Cervantes o un Lope de Vega que en repetidas ocasiones afirman su condición de españoles y su convicción política española.

España como proyecto político no es así un invento de Franco… no es una cascara vacía sin refrendo histórico a lo largo de los siglos. La España política es por el contrario una larga andadura, con luces y sombras, aciertos y desaciertos, mayor o menor consciencia por parte de los españoles, pero realidad inapelable que, desde la objetividad, no puede ser negada…

Dicha España política, por otro lado y como hemos señalado anteriormente, no se habrá construido sobre una miríada de pueblos extraños, naciones en sí mismas sin mayor vínculo entre sí que la vecindad territorial… No, no habrá sido así… La España política se ha proyectado y desarrollado sobre pueblos hermanos de raíces comunes, partícipes todos de una diversa pero fehaciente “cultura española” o “ser español”. Lo que nos configura como uno de los grupos étnico culturales de Europa (el de los españoles) grupo que como conjunto poseerá a su vez subgrupos dentro de sí, como puedan ser los catalanes, castellanos, vascos, extremeños o andaluces. Pueblos hermanos que no vecinos.

Vecinos tenemos. Marruecos y el Magreb son nuestros vecinos, y a la vista está que no son españoles ni nosotros marroquíes. También a la vista estará que si Marruecos y el Magreb son vecinos, Cataluña y Aragón son algo más, son pueblos hermanos…

Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, ningún pueblo de España existe por sí mismo como raíz propia desvinculada del tronco común de lo español. No somos una comunidad de vecinos… esto no es verdad. No hay distancias insalvables en nuestros distintos perfiles y personalidades colectivas como para considerarnos gentes extrañas. Somos pueblos hermanos y como tales políticamente debemos actuar.

Todo ello nos conduce en puridad a afirmar la existencia de un ámbito cultural español del cual participan los distintos pueblos y regiones de España, una “dimensión identitaria española”. Además, nos conduce a aspirar, más allá de desavenencias, desencuentros y rencores, a un proyecto político común para todas las gentes de España. A una España política que, unida en la diversidad y diversa en la unidad, de traducción política a nuestra hermandad antropológica, histórica y cultural.

*

Castilla, finalmente y en gran medida, capitaneó el proceso político de reunificación que supone el Medievo español tras la invasión islámica y la caída el reino godo de Toledo. Pero esa capitanía fue disputada por todos en algún momento del Medievo, ya sean Navarra, Aragón o Portugal, y todos ellos, al igual que Castilla, conforme al mismo ideal neogótico y la misma vocación de protagonismo e impronta en las distintas regiones de España. Castilla finalmente fue la que se impuso por los motivos que fuera y el castellano ha terminado siendo, desde hace mucho tiempo, la lengua común de toda España. Esto, sin detrimento de que existan otras lenguas españolas, como el catalán, el gallego o el vascuence, que siendo españolas no han tenido la repercusión del castellano. Esta preponderancia del castellano solo desde la ideología nacionalista puede usarse como arma arrojadiza, ya sea para laminar las otras lenguas de España, ya sea para hacer valer un independentismo antiespañol.

Por otro lado, este Medievo español nunca puede ser entendido si obviamos al reino godo de Toledo y su “Regnum Spaniae”. Su “Reino de España”, primera realidad política de una España unida que, como ideal de “unidad perdida”, alimentará el discurso neogótico de todos los reinos cristianos surgidos en España tras la invasión musulmana. Unidad perdida que afirmará el propio Fernando el Católico al hablar de “restauratio” con la conquista de Granada y que afirmará el pueblo llano cuando, en sus romances sobre la invasión islámica, la llamen literalmente: “La Pérdida de España”.

Españoles que como tales ya son señalados, en la Edad Media y en el mundo franco, los habitantes de la Marca Hispánica – ya sean aragoneses o catalanes – o donde Navarra y Aragón son señalados como reinos de España, en los versos del Cantar de mío Cid.

Del mismo modo, los conflictos entre foralismo y centralismo, entre federalismo medieval y austracista y centralismo borbónico, son conflictos no entre naciones sino entre modelos administrativos fruto de diferentes filosofías políticas. No son conflictos identitarios y de nación a nación, sino que para el caso concreto de la Guerra de Sucesión, suponen el enfrentamiento entre un modelo territorial de raíces medievales, y por tanto sesgos confederales, y un modelo centralista de raíces modernas e ilustradas. Modelo austracista y modelo borbónico que, en ningún caso, podrá suponer una lucha nacional de Cataluña contra España y que, por el contrario, es reflejo de las convulsiones que en toda Europa está produciendo el paso de la Europa tradicional a la Europa moderna. Conflicto que se prolonga durante el siglo XIX y al que también podrán adscribirse las Guerras Carlistas, enarboladas en no pocas ocasiones por el nacionalismo vasco como excusa justificadora de su discurso.

En este sentido, el largo, problemático y cruento proceso de cerca de tres siglos a través del cual España se va incorporando a la Modernidad (proceso que casi nos atrevemos a decir que concluye con la muerte de Franco), no es escenario de luchas nacionales por la independencia, sino escenario de guerras civiles entre españoles. Guerras civiles que no son sino la parte española de la “guerra civil europea” que supuso el tránsito de los modelos tradicionales de raíces medievales, a los modelos modernos enraizados en la Ilustración y la Reforma Protestante.

Solo la ideología nacionalista es la que haciendo uso tergiversador e interesado de la Historia, pretende que dicho proceso histórico sea reflejo de una lucha nacional por la independencia. Solo la ideología nacionalista, considera que aquellos conflictos son albur de una “lucha contra España y por la libertad”. Y es que como hemos señalado anteriormente, nuestro problema no es con el “hecho diferencial” de unos u otros, sino con el discurso que el nacionalismo quiere hacer de dicho “hecho diferencial” aún a riesgo de manipular la Historia.

En este sentido hay que insistir en que el problema que plantea el separatismo es en gran medida un falso problema, pues existe fundamentalmente porque hay nacionalistas. Y la razón de ser de los nacionalistas en primer lugar, e independientemente de todos lo demás, es crear su nación. Esto aún a costa de falsear y retorcer la Historia, falsear y retorcer las palabras y conceptos, exacerbar las identidades colectivas, enfrentarlas entre sí o dividir la sociedad. Y claro está, desde 1978 el nacionalismo no habrá hecho sino avanzar paulatinamente hacia donde indefectiblemente su propia naturaleza le tenía que conducir: la revuelta contra el Estado. Obviamente dicha revuelta se habrá visto precedida de la correspondiente demagogia y victimización en torno a ofensas y agravios a los que solo ya la independencia podría dar una respuesta digna…

Y sin embargo, la verdad es que si no existieran nacionalistas o, mejor aún, si la ideología nacionalista hubiera quedado desenmascarada, difícilmente se habría llegado al punto en el que ahora nos encontramos y los nacionalistas no dejarían de ser una opción minoritaria y marginal.

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Ahora, dicho todo esto, hay que hacerse cargo de que nos enfrentamos a “generaciones perdidas” para las que nada de lo que se pueda argumentar les va a hacer cambiar de opinión. Tenemos enfrente nuestro numerosísimas personas con las que difícilmente se puede argumentar racionalmente, pues han hecho una adhesión sentimental y casi religiosa a los dogmas del separatismo. “Suras del separatismo” que repiten como consignas de una religión revelada en las que la posibilidad de dialogo argumental, objetivo y racional es apenas posible. Y aún siendo evidente que no estamos hablando ni de religión ni de sentimientos, la deriva dogmática y sentimental está tan presente en no pocos ámbitos del nacionalismo separatista que tenemos que hacernos cargo de que el diálogo será prácticamente imposible. Pues sin un basamento de objetividad y racionalidad el diálogo político no es tal.

Del mismo modo, ya sea por el Franquismo, ya sea por la Guerra Civil, ya sea por alguna otra razón que se nos escapa, en esos mismos ámbitos del separatismo más acérrimo es fácilmente reconocible una profunda endofobia. Un odio a España y lo español y a todo lo que pueda simbolizar la presencia y realidad de España (más aún en el contexto de las regiones que se quieren independizar), que de nuevo nos retrata un perfil y discurso de difícil contra argumentación racional[1]. Pues lo que tenemos en frente es una exacerbación sentimental y prejuiciosa en la que España es caricaturizada de manera denigrante a través de tópicos casposos, que se enarbolan a modo de prueba fehaciente del carácter fracasado y rancio de una nación a la que no se pertenece y hay que dejar atrás.   De nuevo, frente a planteamientos como estos, poco o nada se puede hacer desde el diálogo. Y guste o no lo que estoy diciendo ahora, será una triste realidad el saber que en muchas ocasiones, en frente nuestro y en este debate, tendremos personas con las que será dificilísimo conversar de acuerdo a un horizonte de objetividad. Ni que decir tiene que en dichas posturas habrá mucho de contra imagen del discurso análogo pero antitético, que durante años se mantuvo por parte de algunos sectores del franquismo. Resultará así paradójico pensar que los últimos coletazos del franquismo no están tanto entre los nostálgicos del 20N, como entre quienes siguen luchando contra Franco 40 años después y desde el nacionalismo separatista…

Por otra parte, y quizás por el mismo motivo, la izquierda española no ha hecho sino ponerse de perfil con esta cuestión. Como acomplejada por España ha trasmitido, en no pocas ocasiones, la impresión de entender España más como un entramado jurídico que conforma un estado que como una realidad cultural, histórica y antropológica que conforma una nación de la cual dicho estado no es sino su plasmación política. Es sintomática la insistencia en no pocos sectores de la izquierda en hablar de “Estado Español” para referirse a España, y poner entonces el acento de la realidad nacional no en España sino en Cataluña, País Vasco, Galicia e incluso Castilla. España no tendría así sustancialidad nacional, y sí la tendrían sus regiones, siendo entonces que el estado central a la mínima resultará sospechoso de “españolismo”, de “franquismo”, de “centralismo”, de “fascismo”… Hasta tal punto llegará este dislate que el ámbito de la cultura popular afectada de endofobia y en maridaje de nacionalismo separatista e izquierda irredenta, a la música hecha en España se la llama “música estatal”, “rock estatal” o “movida estatal”. Negándose a decir que tal o cual banda de Rock es una banda de Rock español o de Rock hecho en España… En fin, otra muestra más de la dimensión casi patológica que alcanza el separatismo, así como del lenguaje cargado de sofismas con el que insistentemente se adultera el debate y confunde deliberadamente las cosas.

Ni que decir tiene que la derecha tampoco habrá hecho mucho para corregir esta irregularidad de nuestro país y en ella los complejos también estarán presentes. España apenas es reconocida así desde la derecha como realidad identitaria y su existencia y defensa se centrará en la Constitución, la “marca España”, los éxitos internacionales de unos pocos empresarios españoles y los éxitos deportivos cuando los hay. Una España sin arraigo y sin apenas raíces en la Historia que parecerá poder solo ofrecerse y defenderse desde “el patriotismo constitucional”, la obsesión por la estabilidad económica y el triunfo en las competiciones deportivas.

Con un panorama tan enclenque, tan acomplejado, tan confuso respecto de qué cosa es España y quiénes somos y qué nos une, no nos debe extrañar la indiferencia con la que no pocos españoles viven estas cuestiones. Como si la identidad nacional común y su plasmación política en un estado fuera cosa de segundo orden, en la que todos pecan de nacionalismo (tanto los separatistas como los que se oponen al separatismo), repitiéndose entonces el “mantra” de que el problema territorial es un problema de choque entre dos nacionalismos obcecados. Siendo entonces la solución una suerte de relativización de lo nacional y un repliegue a las preocupaciones individuales del ámbito más puramente personal: nuestro trabajo, los ingresos, la nómina, la hipoteca…

Obviamente una sociedad en la que la cuestión identitaria es vivida de manera exacerbada desde el nacionalismo o vivida desde la más pura indiferencia individualista y relativismo, es una sociedad con un problema grave de auto conciencia y auto conocimiento. Con un problema de identidad.

En este orden de cosas no estará de más que al patriotismo social, del que se hace gala en algunos ámbitos políticos – que con razón señala como enemigos de nuestro país a la corrupción, la desigualdad, el paro, la falta de oportunidades, la agresión al medioambiente o la falta de empatía y solidaridad para con los más desfavorecidos – se le una también un patriotismo identitario capaz de defender sin complejos la realidad de España. Un patriotismo identitario que afirme nuestras raíces comunes como un valor y vector de fuerza y apoyo mutuo; y nuestra diversidad y nuestra unidad como realidades que nos constituyen y enriquecen, y que no deben ser manipuladas por ningún nacionalismo de un sesgo u otro. Un patriotismo en el que la lucha contra el separatismo sea también un frente del patriotismo social, pues detrás de dicho separatismo hay casi siempre una renuncia a la fraternidad entre pueblos hermanos y una llamada a la insolidaridad.

Por desgracia, no parece que entre los partidos que hacen bandera del patriotismo social, la más mínima conciencia identitaria común tenga lugar; y compran la “mercancía averiada” y “jerga falsaria” de los separatistas, llamando “derecho a decidir” a lo que no es sino “derecho de autodeterminación”, defendiendo incluso referéndums vinculantes para regiones concretas de España. Como si la propia ejecución de dichos referéndums no supusiese ya una decisión unilateral de una parte respecto de un todo, que nos afecta y vincula a todos

La ausencia de un sano patriotismo identitario común para todos, afirmado en la diversidad pero español y sin complejos, en unión con un imprescindible patriotismo social, capaz de señalar los desafueros de un sistema en el que dinero pesa más que las personas, será una de las carencias más lacerantes del panorama político español.

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Tenemos así por delante una auténtica batalla cultural que trasciende el ámbito de la disputa política entre partidos; porque los complejos y limitaciones de las respuestas al separatismo desde la derecha y la izquierda, unido a la vivencia fuertemente ideologizada y sentimentalmente victimizada, exacerbada y en ocasiones incluso fanatizada del nacionalismo separatista, ha provocado la hegemonía cultural de este último. Una hegemonía en la que solo la adhesión a sus postulados o a la ambigüedad respecto de la realidad nacional española son tenidas por respetables, dejándose caer sobre cualquier otra opción un manto de sospecha de “españolismo”, “fascismo” o pensamiento reaccionario. Como si para el ámbito de la cuestión territorial solo en el nacionalismo separatista o en la relativización del valor de la unidad de España pudiera encontrarse una actitud de progreso y modernidad. Siendo la defensa de la Unidad posible prueba de una mentalidad casposa, rancia y anticuada… Defensa en la que no pocos creadores de opinión en radio y televisión evitan entrar, aun no siendo ellos nacionalistas y por un prurito de progresía que podría ponerse en duda si frente a los separatistas no muestran paños calientes… Hasta tal punto habrán llegado aquí los complejos que en España hemos tenido que aguantar cómo políticos de la más alta responsabilidad se manejaban con remilgos a la hora de reconocer la realidad nacional e histórica de España…

Es así a nuestro entender que en esta batalla cultural habrá que dar el Do de pecho, y esto independientemente de por donde vaya a discurrir nuestra malhadada situación política o económica. Es decir, más allá de cómo se desarrolle el conflicto territorial en las disputas políticas entre partidos, es el ámbito de la cultura donde tendremos que asentar en nosotros mismos y afirmar allá donde fuera necesario, y conforme a nuestra circunstancia personal, el convencimiento racional de que España existe y es una realidad histórica, étnico cultural y antropológica objetiva. Que diversa y heterogénea es un conjunto de pueblos hermanos de raíces comunes que tienen más que ganar que perder en la constitución de un proyecto político común. Proyecto solidario, de esfuerzos, fatigas y alegrías compartidas que, independientemente de su flexibilidad territorial, no puede quedar socavado en su unidad. Que ha llegado el momento de que, sin complejos ni veleidades nacionalistas, recuperemos una concienciación identitaria común respecto de nuestra condición de españoles. Españolidad que no será sino una rama más del gran árbol de la identidad europea. Afirmando desde aquí un patriotismo social en el que ninguno de nosotros pueda quedar tirado en la cuneta sin mayor culpa que haber sido una persona humilde y honrada, pero en el que tampoco vayamos a aceptar que se levanten fronteras entre pueblos hermanos. Una nueva España, regenerada y reubicada en su Historia e Identidad, reconciliada consigo misma, unida en la Fuerza, diversa en la Riqueza, solidaria y fraternal, que pueda ofrecerse a las generaciones que vienen como horizonte de esperanza y compromiso más allá del laberinto en el que unos y otros la han metido…

[1] Aquí el caso del separatismo etarra habrá sido especialmente horroroso, con un fanatismo nacionalista que no ha puesto freno al odio y se ha entregado de manera obscena al asesinato, el secuestro y el crimen sin hacer examen de conciencia, y en permanente auto justificación demagógica a partir de todo tipo de excusas y en la más flagrante insolvencia ética y moral.

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