Saber quienes somos, conocer nuestra Historia, entender nuestra época…

 HAN PASADO TRES MESES…

en Blog/DIARIO DE UN CONFINAMIENTO por

Se cumplen tres meses de la declaración del estado del alarma, y éste  definitivamente terminará el próximo día 21. Justo el día del solsticio de verano.

Sólo tres meses, la primavera del 2020. No es tanto, pero echando la vista atrás, parecerá que han sido muchos más y que la vida y el mundo anteriores a la declaración de la pandemia, quedan como muuuy lejanos

La llamada “nueva normalidad” parece que será como la vida anterior a marzo del 20 pero “distorsionada”; como lesionada por la recesión, la distancia social, y la tragedia de los 40 mil muertos. Y así durante mínimo un año si no más.

Se suele decir y con razón que la vida son etapas: personales, socioculturales, históricas… y ciertamente la pandemia es en sí misma una etapa que rompe con la anterior, y que genera para cuando termine, otra nueva etapa que no será  la que teníamos a finales del 19… Pero de eso ya hablaremos en el último texto que escribamos al respecto ya para el día 21.

Ahora queríamos comentar cómo durante estos tres meses he tenido infinidad de conversaciones telefónicas, casi a diario, con un montón de gente diferente; conversaciones sobre lo que estaba pasando, cómo lo estaban llevando, cómo se sentían, cuál era su situación, que iban a hacer y demás…

Y repasando ahora todas ellas, y diferenciando por un lado los que pasaron estos meses solos, y por otro los que los pasaron acompañados, tengo la impresión, entre otras cosas, de que muchos de ellos en la experiencia de convivir tanto tiempo consigo mismos o con sus parejas, se han tenido que enfrentar a sus “fantasmas y demonios”

En realidad es una cosa normal que entiendo va de suyo en esto de vivir y que en diversas ocasiones se acentúa; como puede ocurrir si te confinan durante meses… Y aquí la soledad ha ayudado a algunos a esclarecerse, madurar, y conocerse mejor y para mejor. Repasar y aplicarse también lecciones recibidas, enderezar rumbos y conductas, y apuntar mejor hacia lo que quieren, descartando lo que ya debe quedar atrás. En general, hacerse más conscientes, fuertes, y auténticos. Pero igual que se ha dado eso… ¡maldita sea! no son pocos a los que ese bregar consigo mismos les ha dejado aún más desorientados e incluso lastimados… Los “fantasmas y demonios” están ahí, como en los ritos de iniciación, para que superándolos, nos convirtamos en quienes “estamos llamados a ser”. La vida misma con sus gozos y miserias, sería como un “gran rito de iniciación”

Pero vaya, efectivamente y cómo señala la Tradición Sapiencial, la iniciación para algunos es una prueba dura de la que no siempre se sale bien parado y algunos de ellos van a necesitar ayuda… Incluso me parecería que colectivamente y como sociedad, estaríamos más ahí, que en el esclarecimiento y la mejora…

Por otra parte, están los que lo han pasado con sus parejas y familias y obviamente ya sabemos lo que nos encontramos. A mí me hace hasta cierta gracia… Los que han tenido como una especia de reencuentro gozoso con la mujer o el hombre que estaba a su lado y es su compañero, y confirman con ellos un destino y un camino, y se sienten felices y agradecidos por ello. Y los que precisamente en ese reencuentro han confirmado una unión agotada, que ya no da para más, donde el “hechizo del amor” se ha ido, la pasión también, y es solo la inercia y quizás un cariño y aprecio sordos, lo que queda… Para éstos, el fin del confinamiento es también el fin de una relación.

Pero vamos, todo esto lo digo muy a grosso modo, es una generalización y cada persona es un mundo, y no es este lugar para bajar a los detalles. En todo caso para unos y otros, lo vivido durante estos tres meses, en muchas ocasiones, podrá haber hecho un antes y un después y habrá supuesto un cambio de fase. Ya hemos dicho que se suele decir que la vida son etapas y ciertamente, todo esta desgracia de la pandemia, habrá dispuesto las cosas para que precisamente, pueda ocurrir así…

Ahora, justo es también señalar lo que nos hemos encontrado en muchas, muchas conversaciones y grupos de guasap durante estos tres meses. Sobre la vida que se lleva, se quiere llevar, a lo que se aspira, lo que se echa de menos, y cómo se plantea la gente la existencia. Y de verdad que el panorama invita a la misantropía…

Daría la impresión de que para el común de nuestros  contemporáneos la vida es ir a trabajar y hablar del trabajo, aunque se vaya sin vocación ni ganas; volviendo a casa pasar quizás un ratito antes por el gym y en casa darle duro al netflix, chatear con amigos tonterías o gresca política, petardear mucho en las redes, “jugar a las casitas” montando muebles o redecorando el salón, y los fines de semana soplar gin tonics con amigotes o tener comiditas familiares, con suegros, niños y cuñados. Y de tarde en tarde una excursión o vacación para hacer poco más o menos lo mismo pero en otra parte y así, que pasen lo años… hasta que te mueres. Y no hay más y de eso va la vida. Todo como muy pequeño burgués y sin más calado ni ambición. Sin propósito ni misión. “Como si no hubiera Valhalla”. Y es que la humanidad del nihilismo moderno es como así, burguesita y petarda. Una pereza

Pero bueno ya está, el 21 termina el estado de alarma y termina esta parte de la historia. Y seguimos después con la siguiente.  Y lo que tenga que ser dependerá más de nosotros y nuestra actitud que de ninguna otra variable.

La vida es ante todo nuestra actitud, carácter y personalidad, y sólo después, las cosas que nos va pasando… Cuidar y formar bien lo primero es lo que da confianza en uno mismo y sentido y rumbo a la vida, también es lo que permite ponerse el mundo por montera y vivir la vida como viene. Aprendiendo y forjando el alma con todo. Y eso, es lo que realmente importa; pues para nosotros, sí que hay Valhalla

Gonzalo Rodríguez Gonzalo Rodríguez García es doctor en Historia por la Universidad de Castilla-la Mancha. Su tesis doctoral trató sobre la antigua Hispania céltica y su cultura guerrera. Formado en filosofía e historia sigue la línea doctrinal de la Sophia Perennis y la Escuela Tradicionalista.

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