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EL RETORNO DEL REY

HAY QUE LUCHAR POR EL RETORNO DEL REY

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“El señor de los Anillos” y en general toda la obra de Tolkien, es una fuente de enseñanzas espirituales que a través del leguaje tradicional del mito y la leyenda, no deja de trasladarnos una vía y camino para afrontar la vida y entender el Mundo y nuestro tiempo. Así lo hemos planteado anteriormente al hablar de Gandalf o del papel del hobbits, y así lo planteamos de nuevo al acercarnos al mitema del “Retorno del Rey”; auténtico argumento de fondo de la Guerra del Anillo. Los paralelismos que a partir de aquí puedan trasladarse a nuestra época  no dejarán de ser tan sugestivos como reveladores…

*

A lo largo de toda la epopeya del señor de los Anillos, está presente como trama de fondo el arquetipo de la “restauración del reino perdido”…

En Gondor gobiernan senescales, un gobierno provisional, aunque se haya prolongado en el tiempo, y que no es sino un interregno hasta la llegada del “Retorno del Rey”. Retorno que supone la restauración de un orden y armonía perdidos. Una renovada unión de los pueblos de la Tierra Media en un reino compuesto y diverso, pero articulado y vertebrado como un solo cuerpo. Con un rey legítimo a la cabeza a través del cual, la lealtad de los habitantes de la Tierra Media para con “los dioses” de Valinor, los convierte en paladines de los Valar tanto frente a las acechanzas de “la Sombra”, como para la realización del proyecto que para la Tierra Media pensaron los dioses.

El “Reino de Gondor” tiene así el carácter de un Regnum, no es un mero acto de voluntad y fuerza para la instauración de un poder político. Sino que es ante todo la realización a través de sus gobernantes y súbditos, de por decirlo así: “un pensamiento de Dios para el Mundo”. Un proyecto de reino que lo será no sólo como expresión de la voluntad y la fuerza humanas. Sino como expresión a través de dicha voluntad y fuerza, del pensamiento que los dioses Valar proyectaron para “Arda”. Para la Tierra Media. Aquí las páginas del Valaquenta y de la música de los Ainür, y en general del Silmarillion, serán especialmente esclarecedoras. Pues en ellas encontramos cómo Tolkien hace de la “Creación”, una visión inspirada por el dios supremo Eru Ilúvatar a  los dioses Valar. Visión que éstos deben llevar a cabo y que a su vez debe concretarse en hacer de la Tierra Media, el hogar de “los hijos de Ilúvatar”. Léase aquí Elfos, Hombres, Hobbits… Hijos de Ilúvatar que estarán llamados a su vez a la fundación de un reino que sea a su escala, la continuación y desarrollo de esa visión que Eru Ilúvatar inspiró en los Valar. El Regnum se convierte así en el proyecto y plasmación a escala humana, del proyecto mismo de la Creación.

Y sin embargo, bien sabemos que dicho proyecto se puede mal lograr…

Entre los Valar está Melkor, el dios corrompido por su propia ambición y “voluntad de poder”. El “Lucifer/Satanás” de Tolkien que mal logrará a Arda y a sus criaturas y hará de la historia de ésta, una historia de lucha secular contra las fuerzas del Mal. Fuerzas que una y otra vez sabotean la Tierra Media y que llegada la Tercera Edad y ahora con el “demonio” Sauron al frente, han terminado por provocar la pérdida del reino a su vez que amenazan desde Mordor, con avanzar sobre la Tierra Media y hacerla suya definitivamente.

Es decir, a escala de los dioses de Valinor, y a escala de los habitantes de la Tierra Media, el “pensamiento de Dios para el Mundo” (del dios supremo Eru Ilúvatar), debe llevarse a cabo al modo de una encomienda o tarea en la que nosotros mismos nos hacemos vectores activos del proyecto divino y por ende, llegamos a ser lo que estamos llamados a ser. Cumplimos tanto con nuestro destino, como con nuestra libertad. Pero cuidado… siendo así, al mismo tiempo estamos abiertos a la ignorancia, el miedo, la ofuscación, la corrupción, la debilidad… Y dicha condición de “paladines de Dios en el Mundo” es cosa entonces que no viene dada sin más, sino que es algo debemos realizar por nuestro propio esfuerzo y en lo que podemos fallar o peor aún, podemos corrompernos y envilecernos y apuntar así justo en sentido contrario al del designio divino…  Dicha corrupción y envilecimiento es precisamente lo que estará detrás de Sauron y sus huestes.

Todo esto configuraría lo que podríamos llamar el sentido espiritual o metafísica del Regnum y de su historia y discurrir en el tiempo. En la que la “pérdida del reino” sería señal y símbolo de una caída, de una lucha mal llevada, pero no todavía derrotada. Pues las fuerzas del Mal avanzan pero no llegan a imperar. Y el “rey oculto” y sus leales siguen vivos preparando y luchando “la restauración del reino perdido”. Por supuesto aquí estarán Aragorn, los Montaraces y Gandalf…

Figuras todas ellas en las que la llama del “Reino” sigue viva y el horizonte de su restauración sigue presente. Sigue teniendo sentido y sigue siendo el “argumento político” de la Tierra Media. Independientemente del olvido de algunos o de muchos, de la desunión y recelos entre sus regiones y pueblos, de la amenaza creciente del Enemigo y su sombra. El argumento como hemos dicho “político” de la Tierra Media, el “Reino de Gondor”, no ha muerto. El Regnum que como encomienda fue dado a los Hombres para su realización en el Mundo, sigue en marcha aún a pesar de su caída si sus leales no olvidan y siguen la lucha. Acumulando fuerzas y manteniendo la llama para llegado el momento, y tal como hace Aragorn en el señor de los Anillos, mostrarse y hacerse público empuñando la “espada rota” que volvió a ser forjada. Poniendo fin al ciclo del “rey sin espada/la tierra sin rey” que había discurrido durante los años del interregno, y en los que la “vida a la intemperie” de los Montaraces, les hizo valedores y merecedores de un “rey oculto” que ahora se desvelaba. Y de una espada rota que ahora volvía a ser forjada…

La lealtad en la intemperie durante los años del “reino perdido”, de la “espada rota”, del “rey oculto”, de la “tierra sin rey”; son de este modo la forja del alma para los Montaraces y para todos los que desde su lugar, sea cual fuera, ni olvidaron ni quisieron darse por vencidos. Todos ellos así herederos simbólicos de esa espada rota que cuando se forjó de nuevo y la empuño Aragorn, se la llamó “llama del Oeste”…

 “¡No tienes derecho a desesperar!” clama Gandalf contra el senescal del Gondor cuando éste pretende quitarse la vida y la de su hijo en una pira funeraria. El “reino” no es sólo una construcción humana perecedera y contingente, o una manifestación más o menos consciente de una comunidad natural o tribal. El Regnum ésta entreverado de un designio divino y hasta la consumación de los tiempos puede ser defendido, aún cuando se encuentre destronado y sin corona ni espada. Los que desesperan no entienden ni quieren entender lo que está juego, son víctimas de su propia ofuscación y debilidad y hacen el juego a Sauron y las fuerzas del Mal. Ya sea si abandonan o desesperan. Ya sea si se repliegan a sus “comarcas” y “naciones”. Pues el designio último de la guerra contra Mordor no es sólo la destrucción del Anillo Único sino el “Retorno del Rey”. Por eso en la batalla final a las puertas mismas de Mordor y capitaneando a las “pueblos libres” de la Tierra Media, va Aragorn empuñando la “llama del Oeste” (Andúril). La espada que volvió a ser forjada para a vida o muerte, en lealtad sin fisuras y hasta el final, no renunciar a los Dioses, no renunciar al Reino y aún con todo en contra… no desesperar. Siempre confiar…

Y es que la batalla final parece perdida aún cuando es afrontada con coraje y decisión por el rey retornado y sus seguidores, concentrándose todas las fuerzas de Sauron en frente suyo en apabullante superioridad numérica. Pero ya sabemos que la arrogancia del Señor Oscuro es su debilidad y perdición, y no puede ni imaginar que un humilde hobbit haya “cargado con la cruz” del Anillo Único hasta el Monte del Destino para destruirlo. Pues el “Retorno del Rey” y el fin de la Sombra incumbe también a las gentes sencillas de Hobbiton. Y eso Aragorn y Gandalf siempre lo tuvieron presente y nunca lo olvidaron. Y Sauron obviamente, nunca lo entendió…

*

En definitiva, sea cual sea lo malhadado de la situación, y aunque el interregno se prolongue, el “olvido del reino” cunda entorno nuestro, y la vida montaraz a la intemperie pueda a veces hacerse solitaria, la consigna es clara:

Hay que luchar por el Retorno del Rey.

Hay que ser leales del “rey oculto”, del “rey que vendrá”. No vale ni desesperar, ni abandonar, ni olvidar, ni replegarse a la patria chica y carnal de nuestra “comarca” o “nacionalidad”. El proyecto político por excelencia para la Tierra Media es el Regnum. Por caído que esté u olvidado que se encuentre, esa es nuestra patria espiritual y terrenal. Designio divino que es a su vez encomienda para los hombres y mujeres de este Mundo, para llevarlo a cabo con esfuerzo y humildad, y en cuya lucha, más allá de la victoria o la derrota, se cifrará nuestro verdadero sentido y libertad. Cualquier otra cosa nos aliena de nosotros mismos y del sentido misional de nuestras vidas. Cualquier otra cosa seamos conscientes de ello no, no esclaviza a Sauron…

Gonzalo Rodríguez Gonzalo Rodríguez García es doctor en Historia por la Universidad de Castilla-la Mancha. Su tesis doctoral trató sobre la antigua Hispania céltica y su cultura guerrera. Formado en filosofía e historia sigue la línea doctrinal de la Sophia Perennis y la Escuela Tradicionalista.

1 Comment

  1. Me encanto tu punto de vista de la obra de Tolkien, que leí muchas veces y me ayudó a dar una perspectiva más a la misma, dado que la misma es tan épica y espiritual que a veces me era difícil aplicarla a la vida real, a lo cotidiano, que se ha tornado muy crudo y nihilista como dices en tus escritos, en esta época, te inspira pero no esperes herramientas para lidiar con ello, me decía. Lo de los magos también me ayudó en ese aspecto. Soy partidario de una postura más reflexiva e intimista, que lúdica y representativa que ostentan los grupos Tolkienanos en general.

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