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Tercera semana de confinamiento. Casi doce mil muertos…

El confinamiento se prolongará tres semanas más y después al parecer, habrá una etapa de transición en la que paulatinamente se irán restringiendo las medidas de alarma, para poco a poco, ir volviendo a una situación de «normalidad»… Lo pongo entre comillas porque la etapa de transición puede durar entre uno y dos meses, pero la «normalidad» no será tal…

Lo que nos encontraremos tras el confinamiento y la transición será otra cosa. Una «normalidad» siquiera aparente que señalará el tiempo incierto y entre subrealista y distópico que viviremos. Sobre la mesa tendremos para entonces alrededor de veinte mil muertos…

Es decir, hay que hacerse cargo y tomar conciencia, de que la pandemia no es un mero paréntesis. Es un cambio de fase. Y el escenario tras el confinamiento será el de una catástrofe. Con un tejido socioeconómico profundamente lesionado y una ciudadanía que en muchas ocasiones se mostrará temerosa y desconfiada.

Entiendo que esto, será lo primero que habrá confrontar, asumiendo por contra una actitud optimista y luchadora. Y desde la prudencia y la paciencia, cultivar una actitud valiente y decidida, sin lugar al abatimiento y dispuesta a asumir el cambio y poner en marcha la capacidad de adaptación. Todo ello con la lección que nos ha dado esta crisis del imprescindible e insustituible espíritu de comunidad.

En este sentido, el confinamiento y la situación que afrontamos, es también una ocasión para crecer en sabiduría, fuerza interior, autenticidad y solidaridad. Una ocasión para poner las cosas en su sitio y valorar lo realmente importante dejando en su lugar lo accesorio. Esa enseñanza y crecimiento en conciencia, fuerza, coraje, comunidad, amor, afectos verdaderos y disciplina, es el mejor homenaje que se puede hacer a los fallecidos. También a quienes desde los hospitales, supermercados, camiones, fuerzas del orden o granjas y campos, han mantenido en marcha la sociedad, a pesar del parón.

Pero habrá más. No es sólo cuestión de actitud. También habrá una factura política que pagar: La globalización y sus disfuncionalidades, el sin lugar del individualismo frente a los problemas reales, la necesidad de estados fuertes y sociedades maduras y unidas, la lealtad y respeto para todas las profesiones y oficios más allá del dinero que se gane, el desinflar la fascinación por el dinero como si fuera un fin en sí mismo y no un medio, el absurdo del separatismo, el guerracivilismo, la confrontación de géneros o el sectarismo de la «corrección política»; y claro está, en España y cuando pase todo, la más que posible falta de previsión y prudencia del gobierno las semanas anteriores a la crisis, y los errores, incompetencia y manipulación durante la misma.

Nos quedan tres semanas más. Estamos en el ecuador del confinamiento y éste, no es sino primer capítulo de todo un nuevo tiempo histórico y social que hace un antes y un después. Vamos a «otra cosa» que no es ni será exactamente lo que había antes. La experiencia puede que cambie para bien a muchos, a todos en algo. Y el ámbito económico y sociopolitico será casi el de una posguerra. Habrá que saber estar atentos y observar, ser pacientes y valientes, dedicados y esforzados, optimistas y a pesar de todo alegres, solidarios y críticos, luchadores y duros pero también tiernos y empaticos… dispuestos en definitiva, a sobre ponernos a todo…

Fuerza y Honor.

Gonzalo Rodríguez Gonzalo Rodríguez García es doctor en Historia por la Universidad de Castilla-la Mancha. Su tesis doctoral trató sobre la antigua Hispania céltica y su cultura guerrera. Formado en filosofía e historia sigue la línea doctrinal de la Sophia Perennis y la Escuela Tradicionalista.

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